Misterioso príncipe II.

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Sacar a un príncipe de un castillo no era una tarea fácil y sin embargo, para la gran sorpresa de Varian, no era tan complicado, si era debido al propio descuido del personal interno del castillo encargado de la seguridad, de la confianza existente e impuesta sobre Eugene, o el hecho de estar oculto le favorecía, no supo dar una explicación adecuada a lo simple que parecía ser todo este escape, hubiera preferido la existencia de una persecución dramática, pero tal cosa no llegó, solo cruzaron la puerta como si nada, saliendo al exterior.

Sin duda algo lo preocupaba más que nada, era la facilidad de su cuidador personal en mentirle a la guardia real del castillo, era tan natural, que casi se lo creería de no ser porque estaba consciente de que él era el príncipe aquí y que realmente, no estaba durmiendo en su habitación luego de hacer sido reprendido como un niño, luego de una discusión demasiado infantil para su gran humillación.

No sabe cómo sentirse al respecto, furioso por el descuido, feliz por su ignorancia, preocupado por el poco interés mostrado, agradecido por la confianza en Eugene; tal vez cuando vuelva debe decirle a su padre respecto a la guardia real y sus pésimos servicios de guardia, quizá necesitan nevos reclutas y un mejor capitán, quizá lo comente a su padre luego, o tal vez no, nunca, debería aprovechar esa confianza en tiempos futuros.

No era un niño, pero el guardia se lo termino creyendo y solo había sonreído, alegando la curiosidad de los niños y el berrinche natural en alguien de su edad; permitiéndoles así, irse sin más, estaba molesto con eso, dejándole ver como un mocoso malcriado, pero al menos estaban fuera, no le dedico ninguna palabra mientras avanzaban por las oscuras calles, del ya siempre oscuro reino.

"Lamento lo de hace rato, su alteza", la voz de Eugene irrumpió el hermoso silencio reflexivo y sus pensamientos analíticos de la situación actual.

El joven no se dedicó a mirarle, manteniendo una mirada aprendida de su propio padre, una expresión seria, sin emociones, donde toda su ira y disgusto ardía en un fuego lento, y Eugene no tardo en entenderlo.

"Tenía que distraerlo de alguna manera", intento explicarse, pero se vio interrumpido por el alzamiento de una mano, pidiendo su silencio.

No tenía caso estar molesto, pues si siguiera con tal actitud, se vería exactamente como Eugene le describió al guardia, y no le dará el lujo de restregárselo en la cara más tarde, aunque quiere darle una patada fuerte bien justificada, pero lo hará más tarde, cuando menos lo espere y él baje la guardia.

Sus pensamientos pasaron rápidamente al pergamino escondido en el interior de la mochila, tomado exclusivamente de la sala secreta del castillo, donde mucha información era recopilada; repasando en lo poco que ha podido descifrar de este texto antiguo sobre una flor mágica, con capacidades curativas sorprendentes.

No fue fácil sobre todo con la distancia como principal problema, pero el conocimiento e información de los infiltrados en Corona, y en su mejor caso, residentes de su reino quienes habían vivido allí, trajeron esa información con ellos, en como una flor mágica salvo a la reina y a su bebe, para luego ser robado durante varios años, en como el rey con molestia impuso severos castigos a los criminales, sin importar que tan grave o insignificante fuese, obligando a muchas personas abandonar el reino.

Ahora, también había robado una carta de la mensajería, la cual su padre jamás alcanzo a ver o leer, en la cual invitaban a su familia, en su mejor caso, su padre y el mismo a la coronación de la recién llegada princesa, y si sabía bien, quería conocer mejor a esta persona. Parece ser indispensable verle, algo le indica que haga su camino a Corona, para encontrar a la joven princesa, finalmente puede conseguir alguien con quien hablar, además de Eugene, por supuesto.

Varian siguió a Eugene sin protestar, ni decir alguna palabra, demasiado centrado en sus pensamientos, analizando el mapa mental del camino futuro a seguir con la finalidad de llegar a tiempo; el joven príncipe reacciono cuando fue golpeado brevemente, regresando su atención al plano terrenal.

Varian comenzó a alarmarse cuando se dirigió a una especie de cantina, aunque su apariencia externa se veía sombría y peligrosa, quizá solo era por el lugar donde viven, siempre había estado oscuro, y en cierta manera, le da un aspecto degradante al sitio; su cuidador y tutor se detuvo, mirando seriamente la puerta.

"Escuche bien, su alteza", su voz adquirió un tono peligroso, indicando que prestara atención u iba a lamentarlo mucho. "Estamos a punto de entrar en un lugar peligroso, si supieran quién eres…", él no tenía necesidad de seguir, la idea quedaba clara.

El joven príncipe se arrugo, aterrado de las posibilidades existentes en el aire, Eugene abrió la puerta, de un golpe, demasiado fuerte, atrayendo sobre ellos la atención de todos los presentes, quienes los miraban con sorpresa y un tanto enojados.

"¡Señor, danos tu mejor mesa!", exclamó el hombre sin ninguna aparente preocupación, carente de modales, aunque pareciendo un civil más, pero tonto.

El color de su rostro se puso blanquecino, no por los hombres de aspecto aterrador, si no por las condiciones donde estaban desenvolviéndose la reunión, ese lugar lúgubre, tan descuidado, levanto alarmas en la mente del príncipe, no estando consciente que lugares así existen dentro del reino, no era posible, su padre se aseguró de que la cuidad fuera segura para todos sus habitantes, sin importar el origen donde proviniesen.

El niño arrugo la cara ante la olla con colas de camaleones que veía sobresalir del recipiente, cuestionándose si realmente su padre se preocupaba por esta gente, y si era bueno ingerir comida en esas condiciones; mientras avanzaban, Eugene tuvo el descaro de seguir describiendo el lugar, como una especie de insulto, su cara se arrugo con disgusto ante sus palabras, preguntándose qué pasaba con el hombre.

Entonces el chico cayo contra el suelo, levantándose rápido, sacudiendo el polvo encima de él, escuchando a alguien cuestionar su estatura.

"Él está creciendo…", su tutor respondió sin más, o eso creyó al principio; "Oye, ¿Eso en su rostro es sangre?", pregunto Eugene, apuntando groseramente al desconocido.

Tiene tantas ganas de darle esa patada para que deje de hablar, claramente estaba haciendo enojar a estas personas, él mismo estaba enojado y no iban tales palabras dirigidas a su persona, "Este lugar es cinco estrellas, entiendo si es demasiado para ti…", dijo Eugene mientras lo arrastraba al exterior.

La puerta se cerró de repente, evitando su salida, todos estaban enojados, y ahora tenían a su estúpido guardia personal atrapado, y aunque quisiera que golpearan al hombre por ser tan valiente y estúpido al hablar, necesitaba que le guiase hasta Corona, requería de su ayuda, por lo cual se resignó a evitar tal paliza.

Aclarando su garganta, respiro un momento, calmándose a sí mismo, "¡Déjenlo ir!", su voz adquirido un tono autoritario, similar a su padre.

Sin saber porque, el cómo ni quien era realmente, todos soltaron a Eugene, dejándole caer al piso sin alguna advertencia, chocando con el suelo; el niño no pudo evitar sonreír, se lo merecía en parte, debía sentirse agradecido porque pudo ser peor. El hombre que iba golpearlo comenzó a acercarse de manera amenazante, alzándose de manera peligrosa, mientras todos los demás guardaban silencio, y Eugene mirando desde el piso sin poder hacer nada.

"¿Quién te crees que eres para darme ordenes?", dijo el hombre con un garfio por mano.

Eugene entró en pánico, si decía quién era, estaban en problemas; su intención solo había sido asustar al niño, no que saliera herido por intentar defenderlo, esa nunca fue su intención…

"No me creo nadie para exigirle algo, señor…" su voz era dócil y tranquila, "De verdad lamento las palabras de este hombre hacia su establecimiento", dijo, bajando la cabeza, temiendo por su vida y la del idiota de su acompañante.

"¿Crees que es un buen establecimiento?", pregunto dudoso de la veracidad de sus palabras.

"Tengo algunas opiniones…"

La calma se volvió ira, mientras el garfio se cernió en su cuello, pero debía mantenerse calmado, Eugene parecía enloquecer de terror, el niño levanto ambas manos, sin temer al hombre, solo reafirmaría su idea de estar diciendo falacias.

"No de ese tipo, pero ¿De verdad este lugar es así?", estaba preocupado por las condiciones del establecimiento, "Parece peligroso, alguien podría resultar herido", dijo mientras merodeaba por el área circundante.

Simplemente era aterrador, pero era debido a las condiciones del lugar, no por las personas en el interior, solo estas atacaron cuando Eugene, valientemente decidió insultarlos justo en la cara; han respondido como cualquiera lo hace en tal situación.

"¿Qué pasa con la comida?", había problemas de los cuales, el rey no está enterado, su padre ha dejado tan descuidado a sus habitantes. El problema era más grave de lo inicialmente imaginado, mientras revisaba el interior de unos estantes, aterrorizado por la vista.

"¿De verdad te importa?", cuestiono, aun sospechando de su veracidad, pero fue silenciado de manera abrupta.

"¡Por supuesto!", exclamó demasiado rápido, girando a ver el origen de la pregunta, "Podrían enfermarse y morir, ninguno de ustedes merece eso", grito alarmado porque no le creían.

"Las colas de camaleón son deliciosas…", Varian tuvo que hacer todo lo posible para no hacer una mueca de asco y dolor.

"Pero estoy seguro de que puede haber mejores alimentos", respondió con calma.

"¿Por qué te importa?", la voz del fondo, paso a preguntar, elevándose entre las otras voces que hablan a la vez.

Forman parte de su reino, le importa que sucede con ellos, son residentes, habitantes reconocidos, "Sus vidas son valiosas e importantes, sin importar quien sean o lo que hayan sido", dijo con seguridad y una sonrisa, aun cuando no pudo decir todo lo que hubiera deseado, esperaba que el mensaje llegara a ellos.

El hombre se cernió sobre él, mirándole con una dura mirada analítica, pero su postura no vacilo; pero fijándose mejor, había lágrimas en sus ojos, y los demás parecían tener similitudes en expresiones, tanto tristes, felices, eufóricas, llena de emociones indescriptibles de alegría y compasión.

De repente fue levantado del piso, sujetado por el hombre con cuidado para no herirlo, "¡De verdad le importa!" exclamó, recibiendo un coro de gritos eufóricos, sorprendiendo a Varian por su felicidad.

"A nadie le ha importado antes…", dijo uno mientras limpiaba las lágrimas de sus ojos.

"¿El rey sabe de esto?", Varian dijo preocupado.

"Por supuesto, pero no hay mucho que pueda hacer", fue la respuesta que obtuvo a cambio.

El reino no era precisamente un lugar de naturaleza abundante; la mayor parte de los alimentos no eran cultivados allí, eran del exterior, traído de diferentes regiones, incluso las lejanías del reino, donde la maldición existente en el interior del castillo no alcanza a llegar.

La tierra es estéril, incapaz de hacer florecer alguna cosa viva, a excepción de rocas negras puntiagudas y peligrosas en su superficie oscura.

Varian ya tenía en mente varios planes de cómo ayudar con este problema, iba a darle solución, y necesitaría ayuda; Eugene solo permaneció en el piso, observando con confusión como el joven príncipe hablaba con los ladrones, convictos y rufianes, como si fueran amigos de toda una vida, incapaz de creer la naturalidad de su conversación.