Inuyasha no retiró la mirada de las personas frente a él, Hoyo se había encontrado con Aome temprano, ya que pronto tendrían un importante examen, ya llevaban un largo tiempo juntos, y a pesar de que Inuyasha incomodaba con su presencia, su constante mirada y pequeños gruñidos, los dos habían podido estudiar sin muchos problemas, de hecho, hasta estaban seguros de poder aprobar.

—No lo olvides Aome, lo importante son las fórmulas.

—Lo se, no te preocupes.

El chico tomó su maleta y sacó una pequeña hierba extraña de allí —Aquí tienes, esto te ayudará con los constantes dolores que tienes en la espalda...

La chica golpeó su frente algo molesta, seguro esto era culpa de su abuelo —Gracias...

—Bien, ya me voy.

—Cuidate.

Ambos voltearon a ver al chico de cabello plateado, pues esa palabra era lo menos duro que había salido de su boca, con relación a Hoyo, en muchísimo tiempo.

—Que bien... ¿Será que ahora te empiezo a agradar, Inuyasha?

—Era una amenaza, maldito.

El chico tembló en su lugar y terminó de tomar sus cosas rápidamente —Nos vemos en clase, Aome —y antes de que ambos pudieran pensar, el joven ya había salido de casa.

—No te costaría nada ser más amable con el.

—¡No quiero!