Tocado por un ángel.
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Capítulo 21.
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Gracias a Adriana Molina por betear el capítulo.
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—¿Bella, todo está bien?
No me quise girar a ver a mi esposo, simplemente fingí estar distraída, para evitar contestar esa pregunta.
Me encontraba en el balcón de la habitación, hacía un buen clima y me sentía con ánimos de ver las pocas estrellas de esa noche.
Un pequeño dolor de cabeza cruzó mi sien, provocando un poco de malestar, los síntomas de mi embarazo solían ser más o menos llevaderos, me desagradaban las náuseas matutinas que tenía de vez en cuando, y los vómitos ya no eran muy frecuentes, o por lo menos no era un síntoma que fuera a permanecer durante los primeros meses, o eso pensaba.
Sentí las manos de Edward rodearme detrás de mí, y su calidez me hizo sentir muy cómoda. Me recliné un poco en su cuerpo duro, al mismo tiempo que sentí sus labios besar mi cuello.
Sus caricias eran encantadoras y me hacían olvidar lo que mantenía mis pensamientos ocupados en este momento.
—¿No te sientes muy cansado? —pregunté girándome entre sus brazos para quedar frente a él.
Él sonrió—Para ti jamás estaré cansado, Bella.
Tracé un camino con mis manos encima de su camisa, un recuerdo llegó a mi mente, la primera vez que habíamos llegado a Grecia, después de estropear la celebración de lo que pudo ser la fiesta de compromiso de Edward y su ex, cuando había terminado de hablar y despedir a su familia e invitados de muy mala manera, él subió a la habitación y me besó.
Había sentido pena en ese momento, pero ahora teniéndolo frente a mí, y mis manos tocándolo de manera audaz, me daba cuenta que habíamos logrado avanzar como una verdadera pareja de casados.
Miré su bello rostro durante unos instantes y luego metí mis manos dentro de las hebras de su cabello y lo acerqué a mí, nuestros labios se tocaron en un beso inocente y lleno de amor.
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Moví suavemente mis caderas mientras sentí su miembro endurecerse aún más dentro de mí, la posición en la que me encontraba, encima de él, hacía que pudiera disfrutar de cada una de las expresiones que hacía. Edward movió sus manos con suavidad desde mis caderas pasando por mi vientre, y deteniéndose en este, durante minutos.
Bajé la mirada para observar como acariciaba mi vientre. Él sonrió al percatarse de que era observado, y reanudando su recorrido, les llegó el turno a mis senos de ser acariciados por sus grandes y hábiles manos.
Arqueé la espalda al sentir la deliciosa sensación de cómo eran presionados entre sus manos, y como la presión de su miembro en mi interior se hacía más grande.
Mis caderas subían y bajaban en un vaivén a veces lento pero que constantemente cambiaba a uno rápido, que provocaba un remolino de sensaciones en mi vientre, sentía la necesidad de venirme.
Y Edward se dio cuenta de ello, porque levantándose hasta quedar sentado, me tomó de la espalda acercándome a él, y al mismo tiempo girándonos para cambiar de posición y quedar debajo de su cuerpo.
Cubriendo su espalda con mis piernas, el apoyó sus manos sobre la cama y arremetió contra mí, al principio suave y luego intensificando cada vez más las embestidas, pero sin llegar a ser bruscas.
Él había tomado la idea de no hacer el amor de manera tosca o desenfrenada, para no lastimar al bebé; Esa actitud protectora de él contra todo lo que me rodeaba, hasta de él mismo, me hacía reír y adorarlo cada vez más.
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Me encontraba recostada en el pecho de Edward, mi mano acariciando su brazo derecho.
—¿Hay algo que te este preocupando, Bella?
Mi mano se detuvo al escucharlo, luego de algunos minutos sin responder, deja salir un suspiro.
—¿Conociste a tu abuela, Edward?
Sentí a su cuerpo ponerse rígido pero la sensación fue cuestión de segundos, porque después siguió normal.
—Si. —Fue cortante su respuesta—¿Por qué lo preguntas?
—Jamás me había detenido a pensar en ella—empecé diciendo— pero cuando llegamos a Creta y Rosalie mencionó a tu padre y a tu abuelo, que hasta la fecha no sabía cuáles eran sus nombres. Le pregunté por ella, y dijo que no sabía nada.
Edward acarició mi espalda y respondió:
—Mi abuela es un tema cerrado en la familia, es mejor no indagar en ello, Bella. Déjalo así.
Asentí, pero mi pecho resintió el dejo de decepción por sus palabras; No iba permitir que las cosas siguieran igual, aunque Edward me lo pidiera.
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La mañana siguiente todo marchó igual que cualquier otro día, despedí a Edward con un beso, y al momento que él cruzó la puerta de entrada, me volví hacia las escaleras.
Entré en mi habitación y cerré la puerta, tomé el celular de la mesita de noche y me disponía a marcar cuando unos toques en la puerta me interrumpieron.
—Adelante.
La puerta se abrió y entraron mis hermanos y Alec.
—Bella, ¿qué haces aquí? —cuestiono Fernando.
Tomé su rostro entre mis manos y le di un beso en su frente.
—Nada.
Alec colocó a Matt en la felpuda alfombra, mi hermanito hacía intentos por empezar a pararse.
Fernando entrecerró sus ojos mirándome.
—Está bien.
Él se sentó con su hermano y empezaron a jugar, riendo de las graciosas hazañas de Matt. Sentí la mirada de Alec y busqué sus ojos grises.
—¿Lo harás? —preguntó
—Sí—respondí con decisión.
Esa tarde en la habitación de Matt, cuando me dispuse a leer el diario de Anton, me sorprendió el final de su contenido.
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Luego de la partida de mi esposa a Nueva York, me sentí realmente solo, tuve la intención de detenerla, pero mi maldito orgullo y soberbia no ayudaron a mi resolución.
Creía que después de unos meses ella regresaría, pero me equivoqué, porque ella no regresó.
La soledad se hizo mi compañera, como las noches de insomnio que le siguieron, la necesitaba y lo sabía, pero mi necedad al creer que ella me había traicionado al marchase, no me permitió retractarme y decidí seguir adelante.
Por dos años no quise ir a la sucursal de Nueva York, porque creía que no sería lo suficientemente fuerte para no irla a buscar.
Cuando el tercer año llegó, llegué a Estados Unidos. Solo me quedaría una semana, al principio no pensé mucho en ella, el cuarto día inconscientemente terminé llegando a la floristería donde tenía el negoció su familia, entré y su padre me recibió.
—Anton, ha pasado mucho tiempo…
Fue su saludo.
—Billy, no sé cómo termine aquí, para ser sincero. —dije sin medirme.
—Te entiendo, después de todo lo que ha sucedido, creo que sería el último lugar donde desearías estar.
Él me invitó a una copa de oporto que tenía desde hacía muchos años, ambos bebimos, y cuando el licor quemó mi garganta lo sentí como un alivio.
—¿Cómo está ella? —pregunté después de un rato de hablar tanto disparate, sin tener sentido.
—Sabía que en algún momento lo preguntarías— dijo Billy —Al principio no fue fácil, ella lloraba todos los días, no salía de su habitación desde que llegó y eso nos rompía el corazón a su madre y a mí.
El saberlo no me hacía sentir mejor.
—Quiero verla—dije levantándome.
—Ella salió.
Salí de la tienda minutos después, y tomando un taxi, pedí que me llevarán al central park. Cuando estuve ahí, busqué a mi alrededor para encontrarla, Billy no me había dicho donde se encontraría, pero tenía la corazonada de que ella estaba allí.
Me adentré al gigantesco parque, y empecé a buscar desesperado. Los minutos fueron pasando y yo no la encontraba. Cuando me detuve debajo de un árbol, tratando de escabullirme en su sombra, fue cuando la vi, sentada a unos metros de dónde me encontraba.
Mi corazón se desboco y mis piernas corrieron por voluntad propia. El mismo lugar donde años atrás nos habíamos encontrado muchas veces, ella estaba allí.
—Estás aquí—dije entre jadeos por mi agitada respiración.
Ella se volvió a verme y sus ojos negros como la noche, se sorprendieron.
—¿Anton? —preguntó como si yo no fuera real.
Me arrodillé frente a ella y con una sonrisa dije—Sí.
Pasamos mucho tiempo en silencio, hasta que ella lo rompió.
—No debiste haber venido.
De todas las palabras que deseaba escuchar de ella, esas, no eran precisamente las que necesitaba en ese momento.
—Entiendo que aún sigas enojada conmigo, pero…
—No estoy enojada—interrumpió—Pero debo suponer que sí has venido hasta aquí, es porque deseabas verme, como yo lo he deseado desde que nos casamos.
—Cuando nos casamos, estaba ahí para ti. —recalqué.
—Al principio sí, pero luego creo que ambos nos perdimos…
Sus ojos se apartaron de mí, y prefirió ver a los patos que nadaban en el lago.
—Pero podemos recuperarlo, aún no es demasiado tarde—supliqué, pero ella negó.
—Tuvimos nuestro tiempo, Anton, y te lo agradezco por lo mucho que me hiciste feliz al estar a tu lado, pero ya no hay un nosotros.
Cuando se marchó de Grecia habíamos discutido fuertemente, y no había derramado ni una sola lágrima. Y ahora, tres años después, se veía tan serena y madura.
—Theo te puso en mi contra—dije como si eso pudiera explicar mi antiguo y frío comportamiento ante ella.
—No, Anton, él solo con amabilidad y astucia cizaño mi alma hacia ti, y a pesar que me resistí al principio de creer que me engañabas, luego tu actitud me hizo desconfiar.
«Sé que a ti te pasó lo mismo conmigo, me acusaste después de haber perdido a nuestro hijo, de que yo me había metido con Theo, y que mi bebé podría no haber sido tuyo. Mi corazón se quebró al escucharlo en ese momento.»
Había sido un completo idiota, y no me di cuenta de mi error, hasta que una noche, llegando a mi casa logré escuchar unas voces en el estudio, mi madre y Theo hablaban cínicamente.
Flashback un año atrás
—Anton lo superará, no debes preocuparte. —decía mi supuesto amigo acompañado de una risa —Pero debo admitir que sí perdió la cabeza por esa chica pobre.
—Se comportó como un tonto, y no quiso escucharme, pero la suerte estuvo de mi lado, y el aborto de esa niña fue lo que me dio un respiro de todo el caos que vino a hacer. —la voz de mi madre provocó un escalofrío en mi cuerpo.
—¿Tuviste algo que ver en ese incidente? —preguntó Theo.
—No directamente, pero si contamos que no le hice la vida fácil, entonces sí.
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Esa noche me culpé por haber permitido que mi esposa soportará a esas víboras hasta el cansancio. Ahora entendía porque me había dejado.
Fin del flashback
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Esa verdad había salido a la luz, secretamente hace un año, no vine a buscarla al instante que lo supe, porque no tenía el valor de verla.
—Perdóname—dije tomando su mano y llamando su atención.
—Ambos nos lastimamos, y sufrimos, no es solo tú culpa. —dijo y puso su otra mano sobre la mía.
—¡Pero permití que te lastimaran, cuando prometí que jamás lo haría cuando nos casamos!
Sin poder evitarlo alejé mi mano de su agarre y tomándola de sus brazos la acerqué para abrazarla.
—Dame una oportunidad de remediar todo en lo que te fallé—pedí.
No hubo respuesta al instante, pero cuando lo hizo, me destrozó.
—No, nos hemos hecho demasiado daño para dejarlo de lado, y solo intentarlo. Hubo palabras que salieron de nosotros y eso es difícil poder olvidarlo.
—Pero…
—Anton—dijo interrumpiéndome y alejándose de mi abrazo—Deseaba mucho verte, porque después de que me marche no tuve la oportunidad de despedirme de ti, ahora que te tengo aquí, puedo hacerlo.
«Gracias por amarme como lo has hecho, gracias por permitirme estar a tu lado y haber traído al mundo una hermosa niña, y por haber tenido en mi vientre a nuestro bebé, aunque fuera por poco tiempo. Recordaré solo los buenos y felices momentos que pasamos, y espero que tú también recuerdes de mi lo mejor.»
Cerré los ojos porque no podía soportarlo.
—Esme te necesita—suplique —Yo te necesito… ¡Puedo dejarlo todo por ti, por nosotros!
Ella negó muy segura de su decisión.
—Esme crecerá bien a tu lado, y sé que debe odiarme por haberla dejado. Y tú naciste para ser grande, tienes un don en los negocios, no deseo que lo desperdicies; Entiéndeme por favor. No lo hagas más difícil.
Ella se levantó dejándome sentado en la grama.
—Adiós Anton.
Seguí el andar de sus pasos mientras se alejaba. Todo había empezado en ese lugar, y también había terminado ahí.
Escuche el rugir de un trueno y minutos después la lluvia comenzó a caer empapándome a su paso. Dejé que las lágrimas por primera vez, desde que había crecido, acompañarán las gotas que caían del cielo gris.
—Claire te amo—dijo mi corazón, pero nadie lo escuchó.
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Ahora sabemos quién es la abuela de Edward, mi pregunta es:
¿Recuerdan a Claire?
Leeré sus respuestas en los reviews.
Nos leemos en el próximo CAP.
