Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


La niña escuchaba a sus padres gritar, escondida en su armario y con su hermanita en los brazos. Nadie iba por ellas, como lo prometieron. Nadie las buscaba, a pesar de que ya había hecho esa llamada más de cinco veces.

¿Por qué las dejaban solas otra vez? ¿Por qué las seguían tratando como si no existieran?

Su hermanita desapareció en un pestañeo. Los brazos de la niña caían lánguidos a sus lados, mientras ella, confundida, la buscaba por ese armario que parecía no tener fondo.

Alice despertó agitada, empapada en sudor. El timbre sonó con desesperación, revelándose como la causa de que hubiera despertado antes de su alarma.

Decidió que quien sea que estuviera afuera, se podía ir directito al demonio. No estaba de humor para recibir visitas, y menos ese día, pero quien fuera no pensaba irse y dejarla seguir durmiendo; así que se levantó, refunfuñando por lo bajo.

—¿Qué haces aquí? —inquirió al encontrarse con su madre del otro lado de la puerta.

—Vine a asegurarme que no dejarás ir a Jasper sin sacarle la mitad de su maldita fortuna —respondió Clarissa, empujándola para entrar a la casa.

Alice rodó los ojos, cerrando la puerta.

—Si no has desayunado, en la cocina está todo lo que necesitas. Iré a darme una ducha.

—¿Dónde está tu sirvienta?

—La despedí —dijo desde las escaleras, encogiéndose de hombros—. Usa las manos por primera vez, Clarissa, por favor —escupió al ver como comenzaba a reclamar. No-Estaba-De-Humor.

Se mantuvo tanto como le fue posible dentro del baño, arreglándose para su graduación. No quería ir, pero… tenía que hacerlo. Recibiría su diploma y se largaría de la ciudad, ya no tenía nada que hacer ahí.

Tenía que ser honesta y decir que le aterraba encontrarse con los Swan y con su hermana, por eso no quería ir. No quería verles las caras, ni escuchar sus voces. Solo quería olvidarse de ellos y seguir con su vida.

Se colocó un mini vestido terracota ajustado con sugerentes cortes en el abdomen y el torso, lo acompañó con sandalias nude y aretes de oro.

En los papeles del divorcio, Jasper le permitió quedarse con la casa y con las joyas que había adquirido a lo largo de los años, su abogado le hizo saber que todo ese tesoro iba a seguir siendo de ella, que nunca le pedirían de vuelta nada. No quiso preguntar por los aretes de Elizabeth. Si ya no era la esposa de Jasper, no tenía por qué conservarlos, pero temía que si los mencionaba, Jasper los recordaría y se los quitaría. Aun así, no quiso usarlos ese día.

Quería recordarles a todos a qué familia había pertenecido hacía solo unas semanas atrás, pero no deseaba jugar con fuego, ni provocar escenitas en la graduación. Lo menos que pudiera enfrentarse a los Swan, mejor.

Clarissa la esperaba en la sala. Se había cambiado la ropa del vuelo por un descarado vestido.

Diablos. Cada vez se parecía más a su madre.

—¿Vas a ir vestida así a tu graduación? —inquirió Clarissa, mientras Alice sacaba del armario, que una vez fue de abrigos, la toga y el birrete negros.

—¿Y tú cómo sabes que es hoy…? —preguntó de vuelta Alice, sorprendida.

—Yo lo sé todo, hija mía. No podía perderme este día y tu reencuentro con los Swan, será legendario —soltó entre risas burlonas.

—No quiero que vengas, Clarissa. Creo que eso quedó claro cuando no recibiste la invitación.

—Lo mejor de asistir a fiestas, Alice, es no ser invitada a estas —respondió su madre, sin pena alguna. Alice rodó los ojos, tomando las llaves de su auto.

No pudo evitar que Clarissa la siguiera y subiera al asiento del copiloto. Tendría que soportarla todo el camino.

Decidió hacer oídos sordos a todo el parloteo de la mujer. Gracias a su buena suerte, al llegar a la universidad la separaron de inmediato para enviarla con el resto de los graduados. Apretó el paso al reconocer las cabelleras de las gemelas, escondiendo el rostro con el ala del birrete.

Vio también a Liam a lo lejos, y al resto de los que alguna vez llamó amigos. Nadie la miró. Lo que más llamó su atención mientras esperaban a entrar, sin embargo, fue un periódico que leía una graduada. La fotografía familiar de los Swan ocupaba la primera plana, con su rostro en un pequeño rincón en la esquina de la página. Se lo arrebató, ocasionándole una mirada de reproche.

No todo era tan malo. La prensa se quejaba de no haber recibido la exclusiva antes de que salieran las fotografías y se hacían la misma pregunta que ella: ¿Por qué Charlie le permitió estar en las fotografías de la mañana, si no iba a estar en la cena? Eso era muy perverso, incluso para los Swan.

Odió cada maldito segundo de la ceremonia de graduación. Cada palabra, cada aplauso… Fue como si le arrancaran la manicure profesional con sierra eléctrica, mil veces más. Fue horrible.

Escuchó su nombre. Mary Alice Brandon. Y los de las gemelas. Ilaria Minerva Swan-Parker e Isabella Marie Swan-Cullen. En lo único que pudo pensar fue en que si hubiera sido más inteligente, habría aceptado agregar el apellido Swan a su nombre, en ese momento la habrían llamado al escenario como Brandon-Swan y le recordaría a la familia que, de hecho, seguía siendo una de ellos, que su diploma iba a dar fe del tiempo en el que fue una Swan, pero había sido una tonta, no supo ni tomar venganza antes de todo esto. Quiso demostrar que ella podía hacer lo que quisiera, que no iba a caer tan fácil en sus redes, y ahora salió perdiendo. Ya no era una Swan, ni siquiera de nombre.

Toda la generación se juntó para la fotografía final, Alice quedando a unas sillas de las gemelas. Ellas nunca la vieron, estaban más concentradas en sonreír a la cámara como si nada estuviera pasando. Por supuesto, las entendía, no querían mirar esa fotografía en diez años y recordar su graduación por el horrible momento que estaban pasando como familia. Por eso, Alice también sonrió. Ella en diez años quería haber olvidado su temporada en la familia y saber que su graduación había sido el comienzo de una vida nueva para ella.

El Departamento de Diseño de Modas quería sacar su propia fotografía de su generación, así que los coordinadores llevaron a los graduados al sitio más emblemático del departamento.

Cuando Alice volvió, se encontró con Clarissa coqueteando descaradamente con un señor que parecía tener esposa, a juzgar por el anillo que brillaba en su mano izquierda. Alice rodó los ojos. Lamentaba decir que eso ya no le sorprendía.

—Hola —musitó Liam, tomándola por detrás. Ella brincó—. ¿Lista para ir a celebrar?

—Sí. Sácame de aquí, por favor.

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Llegaron a la casa al anochecer, peleándose con la ropa para deshacerse de ella.

—Buenas —rio Clarissa desde el comedor. Liam dejó a Alice, sorprendido.

—Pensé que ya te habías ido —masculló Alice, volviendo a subir el cierre de su vestido.

—Te dije que estaba aquí para asegurarme que no hicieras nada tonto con el divorcio. Hola, tú eres Liam, ¿cierto? Te recuerdo de la boda.

—Sí. Es… un gusto verla otra vez, señora Brandon.

—Llámame Clarissa.

—¿Por qué no te vas a un maldito hotel y me dejas en paz?

Clarissa la miró, sonriéndole.

—¿Qué es esa manera de tratar a tu madre, Alice? —inquirió ella—. Yo de todos modos ya me iba, tengo una cita. Por cierto, ¿ya te habló de la pequeña charla que tuvo con Isabella Swan esta mañana? Me parece que le pidió una disculpa por su parte en… lo que sea que esto sea.

Alice miró a Liam sorprendida e indignada en partes iguales. Sorprendida por saberlo, e indignada porque, al final, las chicas Cullen tenían razón con respecto a él.

—¿Qué? —inquirió. Liam tuvo la decencia suficiente para verse arrepentido—. Por favor, dime que esa es otra de las mentiras de Clarissa… —pidió. Liam no respondió, solo respiró hondo y tragó grueso—. Vete.

—Alice, por favor, lo hice sin pensar.

—Tú te querías salvar el maldito pellejo, Liam, eso es, sin importarte que me estabas arrojando a los leones. La manzana no cae muy lejos del árbol, al parecer…

Liam la miró con los ojos entrecerrados.

—¿De qué estás hablando?

Alice le sonrió, cruzándose de brazos.

—Las hermanas de Cullen nos hablaron del pasado de tu familia, que averiguaron cuando pediste trabajo con ellos.

—Eso fue hace más de setenta años, Alice, por Dios.

—Pero así es como tu familia ha conseguido su fortuna y sus contactos, son todos unos arribistas.

—¿Y tú qué? ¿Te quedaste todo este tiempo con Jasper para seguir viviendo del dinero de los Swan y asistiendo a todas esas fiestas? Tú no eres mejor que yo, Alice, ni que Heidi o Lauren, al menos ellas sí nacieron en cuna de oro, como yo, no como tú que llegaste aquí a base de un embarazo —soltó. Alice lo abofeteó con toda la fuerza que su delgada mano le daba.

—Es hora de que te vayas, Liam, y más te vale que no me vuelvas a hablar —le dijo. Liam recogió sus cosas y salió de la casa en silencio, sin dirigirle una mirada de despedida.

Alice desquitó todo su coraje con la sala. Rompió marcos de fotografías, golpeó cojines, se deshizo de la porcelana china…

Solo sobrevivió una fotografía, la de su boda. Aunque no duró mucho, porque la quemó. Ver las flamas consumir poco a poco ese recuerdo le dio una satisfacción inexplicable, casi placentera.

Sin saber cómo terminaron ahí, encontró los papeles del divorcio en la alacena. Los sacó y se los llevó al despacho de Jasper, en donde tomó una pluma y firmó en donde se requería. De pronto, el peso que tenía sobre los hombros desde hacía cuatro años se fue, dejándola respirar.

La mañana siguiente se levantó temprano. Quería llevarle a Jasper los papeles personalmente. Y también quería ver a los niños, los extrañaba…

Sabía que la niña no podría entenderle, pero quería disculparse con Jacqueline por todo lo que le había hecho en sus dos añitos de vida, y por haber sido tan descuidada como para poner en peligro su vida antes de que comenzara. Ella no había tenido la culpa de nada, fue Clarissa y su educación de perros.

No esperaba encontrarse con Clarissa en el comedor. Los estragos de la noche anterior continuaban tirados por la sala, Clarissa ni siquiera se había dignado a recoger un poco. Encima que llegó sin invitación…

—¿A dónde vas? —le preguntó al verla tomar las llaves de su coche, con el fólder de manila en la mano.

—Tengo que entregar esto —respondió, mostrándole el fólder. Clarissa se acercó a ella como quien acecha a su presa y le quitó el archivo de las manos.

—No —musitó.

—¿Disculpa?

—Dije que no. ¿Acaso leíste lo que contiene? ¡Es una burla!

Alice rodó los ojos.

—Por supuesto. Tú los encontraste y los moviste de lugar… Deja de meterte en mis asuntos, Clarissa, ya soy una adulta.

—¡Eres una maldita estúpida! —le gritó con coraje. Alice retrocedió, sorprendida—. ¡Te van a quitar a los niños y la indemnización es una bicoca!

—¡Es casi un cuarto de millón de dólares, Clarissa, por favor! Y, para ser sincera, no quiero quedarme con los niños. Si los mantengo cerca de ti y de Benedict, se convertirán en escorias de la sociedad. Van a estar perfectos con los Swan.

—¿A mí qué me importa con quién van a estar mejor ese par de mocosos? Si te quedas con ellos, te van a dar una gran pensión para mantenerlos, Alice. ¡Piensa!

Alice suspiró. No quería decir que tenía razón, pero…

Isabella no dejaría que sus sobrinos estudiaran en escuelas públicas, ni que usaran ropa de segunda mano… Tanto que ella misma sería capaz de dar esa pensión de su propio bolsillo.

Pero siquiera pensarlo, le hacía sentir tan sucia…

—Estás loca —le dijo—. Ahora entiendo por qué salí tan dañada.

—Y tú no entiendes nada. Esa familia te humilló de la peor manera al poner a esa zorrita de clase alta en tu lugar durante la cena, y ni siquiera se atrevieron a difundir sus fotografías familiares porque estás tú con ellos.

Bueno, eso era cierto. El resto de la familia sí hizo públicas sus tomas de día, excepto ellos. Suponía que estaban ganando tiempo para volverlas a hacer, con Natasha esta vez.

Eso le movió algo en el interior.

Los Swan le dieron la noticia del divorcio de la peor manera, sacándola de su fotografía familiar y poniendo a Natasha en su lugar, además, no la dejaron ni despedirse de sus hijos, aunque Cynthia se tomó literalmente un minuto para abrazarla por última vez…

Sin saber cómo, Clarissa volvió a atraparla en sus redes de codicia y ambición.

El primer paso de la mujer fue hacer que Alice solicitara la custodia completa de los niños, a pesar de lo que estaba estipulado en el contrato prenupcial y en la demanda de divorcio. Como causal dijeron que Jasper estaba viviendo en ese momento con su hermana, quien, por cierto, tenía doble trabajo y dejaba a sus propios hijos con una niñera la mayor parte del día, eso quería decir que Tyler y Jacqueline también serían cuidados por una sola niñera. Si se quedaban con Alice, dijeron, ellos tendrían a la abuela mientras su madre trabajaba en las mañanas, y aun así podrían ver a Jasper porque no pensaban irse de la ciudad, aunque fuera mentira.

Mientras la jueza evaluaba la situación, a Jasper y Alice se les fue retirado el pasaporte, lo que significaba que él no podría ir a la boda de Irina Cullen. Toda la familia había sido invitada, pero por las nuevas circunstancias, Isabella e Ilaria fueron las únicas que pudieron confirmar. Deberes del emporio.

Al enterarse de esto, Alice hizo una pequeña celebración, mientras Clarissa pensó en lo que harían cuando las gemelas y sus maridos se encontraran en Inglaterra.

Ante la negativa de Jasper y el resto de la familia en aceptar dejar a los niños con Alice, ellas hicieron que su abogada sospechara de un posible maltrato, incluso aunque sabían que los Swan nunca pondrían una mano encima de los niños y Cynthia. Una trabajadora social fue enviada a las casas de Isabella e Ilaria.

No debió haberles sorprendido la visita de Isabella un par de días después.

—Así que nosotros maltratamos a Tyler y Jacqueline —musitó ella cuando Alice abrió la puerta—, así que ahora está mal que su tía salga a trabajar, mientras su madre no llega a su casa dos noches seguidas —continuó. Alice quiso cerrarle la puerta en la cara, pero Isabella lo impidió colocando su clutch beige entre ellas y usándolo de impulso para entrar a la casa. Caminó lentamente al interior, Alice lo hizo de espaldas, aterrada por la actitud tan calmada de su futura excuñada. Dios. ¿Hasta cuándo iba a temerle a la Princesa cuando se pusiera de ese mal humor tan sereno? Es que lucía tan amenazante—. ¿Cuánto quieren para dejar a mis sobrinos en paz?

Clarissa se rio en su cara. Alice la miró con el ceño fruncido, sorprendida. ¿No era eso lo que ella quería? ¿Ver a Isabella dar esas patadas de ahogado y aprovecharse para dejar incluso a los Cullen en bancarrota?

—Nada, por supuesto, solo que nos los entreguen. Van a estar mejor con nosotros, acéptalo. En tu familia todos trabajan, tus hijos se quedan con una niñera, y pasará lo mismo con mis nietos si se quedan con ustedes. Además, Isabella, no olvides que nosotras sabemos muchas cosas que pueden incluso separarte de tu marido, ¿de verdad quieres que nos vayamos a juicio?

Alice suspiró. Nunca debió contarle eso.

Isabella sonrió, ¿complacida?

—¿Te refieres a que Edward y Jasper saben que fue Alice quien inició el rumor de que nos casábamos porque yo estaba embarazada? —inquirió, sin borrar su sonrisa. Alice y Clarissa se miraron, aterradas.

—¿Cómo lo supiste? —le preguntó Alice en un murmullo.

—Edward me lo contó —respondió—, y Jasper lo confirmó hace unos días. ¿De verdad creías que mi marido me iba a guardar un secreto, y más si causó tantos problemas? Entre nosotros no hay secretos, Alice, pero te felicito por intentar arruinar mi matrimonio. Era la cereza en el pastel. Bueno, las cerezas —rio. También sabía del trato que había hecho con Esme.

—¿Cuándo?

—En la cena de Año Nuevo del año pasado. Cynthia las escuchó y nos lo dijo inmediatamente. Edward confrontó a su madre por eso, ¿jamás te preguntaste por qué el debut de Cynthia salió tan bien? Amenazamos a Esme con no invitarla si continuaba con sus jueguitos de preparatoria. Mi suegra es inteligente, sabe que tiene que continuar asistiendo a los eventos de la familia si quiere seguir siendo relevante. Ahora, Alice y Clarissa, ¿qué más tienen? Sorpréndanme.

No tenían nada. Ningún drama, ningún secreto, todos eran sobre Alice, y si querían quedarse con los niños, era mejor que esos no salieran.

—No nos vamos a quedar con los brazos cruzados…

—Yo sé que no —musitó Isabella—, pero sería mejor que lo hicieran. No van a ganar. En primer lugar, Alice, firmaste un prenupcial, te lo recuerdo, estuviste de acuerdo en que los niños se quedaran con nosotros. No puedes faltar de esa manera al contrato sin esperar consecuencias, ¿verdad? Gusto en saludarlas. Nos vemos pronto.

Isabella se fue tan de repente como llegó, dejando a madre e hija afectadas por su visita.

—¿Leíste ese contrato, Alice? —le preguntó Clarissa. Ella negó con la cabeza. Debió hacerlo. Dios, debió leer ese contrato, pero es que ella no creía que esto iba a suceder, todos esos estipulados en el apartado "DIVORCIO" le parecieron paja, situaciones a las que nunca se iba a enfrenar, ¿por qué lo habría leído si ella pensó que Jasper se casaba con ella porque la amaba, y que jamás se divorciarían?

Se sentía tan tonta.

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Debía recordarse otra vez por qué demonios le hacía caso a Clarissa. Su madre disfrutaba en silencio cuando le iba mal, y esa vez, estaba segura, no iba a ser la excepción.

¿Por qué la dejó presentarse en la fiesta por el bautizo de Joseph vestida de novia para burlarse de la familia y recordarles quién fue la única que se atrevió a desafiar sus reglas?

Ni siquiera en la última cena familiar se había sentido tan humillada. Todos en atuendos azules y blancos, y ella en ese diseño color maquillaje que, en cuanto se lo puso esa tarde, le hizo sentir horrible.

Solo sirvió para deprimirla más. Recordó su boda y las ilusiones que tenía de una vida mejor, de una vida más feliz, más dichosa… Debía quemarlo…

… pero era tan hermoso.

—¿Y? —le preguntó Clarissa al verla entrar a la casa. Alice le rodó los ojos.

—Supongo que ya estás feliz. Ocurrió justo lo que esperabas que ocurriera.

—La buena noticia es que ese vestido te queda tan bien como la primera vez, incluso a pesar de tus dos embarazos.

—¿Tienes otra idea, Clarissa? Tampoco te funcionó querer sacar a rastras a Cynthia de la casa de Ilaria y Raoul.

—Tengo una, pero va a tener que esperar a que las gemelas se vayan a Inglaterra. Por cierto, olvidé decirte: ayer llegó la carta de aceptación de la escuela de Tyler.

Alice frunció el ceño, tomando la hoja que Clarissa le mostraba.

Los Swan tuvieron que dar una generosa donación para que el niño pudiera entrar a esa escuela, que era la mejor de la ciudad, porque estaba claro que por la situación en la que se encontraban, nunca lo hubieran podido aceptar.

—Tengo que dársela a Jasper…

—No va a ser posible. Por lo de ayer, Cynthia, Ilaria y su esposo pusieron una orden de alejamiento. En contra de ti y de mí, para toda la familia.

Alice se rio, contenta de podérselo decir, por fin.

—Eres una estúpida —soltó, subiendo las escaleras para irse a cambiar.

Le pidió a su abogada que recogiera la carta y se la entregara al abogado de Jasper, para que él… Clarissa estaba en serios problemas.

El lunes, la abogada fue a la casa por la carta y a darles una nueva demanda por incumplimiento de contrato.

—¿Por qué no me hablaste del prenupcial?

—Porque no creí que fuera un problema.

—Si en el prenupcial se acordó que en caso de divorcio la custodia de los niños sería de Jasper, no podemos proceder con nuestra petición, Alice. Tú aceptaste esos términos.

—Yo no supe que arreglaron ese contrato hasta que me lo dieron para firmar, y tampoco hicimos acuerdos para el divorcio. Jasper solo me dio los papeles y ya.

Algo en esa respuesta llamó la atención de la mujer. Se sentó frente a ellas, con una pequeña sonrisa.

—¿Lo leíste?

—No. Solo lo firmé. Ya sé, debí leerlo…

—Alice, si no lo leíste es inválido —le dijo, sacando su laptop de su maletín. Clarissa y Alice se miraron con una brillante sonrisa—. ¿De alguna manera alguien de la familia te presionó para hacerlo?

—Me dieron la opción de no firmar hasta no haberlo leído antes, pero yo no quise hacerlo. Jasper dijo que Elise lo obligó a arreglarlo, Charlie fue quien me dio la pluma y me dijo dónde firmar.

—Eso no fue presión —masculló la abogada—. Podemos apelar a que no lo leíste por un descuido, no vamos a decir que te presionaron porque ellos dirían que no lo hicieron, y tal vez hablaremos de como Jasper tampoco estuvo de acuerdo en eso… Le daré esta carta a su abogado, solo por información, ¿de acuerdo? ¿Dónde crearon ese contrato?

—Supongo que en Seattle. Ellos volvían de la ciudad cuando me lo dieron.

—¿Lo firmaste aquí en Los Ángeles?

—Sí…

La abogada tamborileó los dedos en la mesa.

—No pudieron haberlo acordado en Seattle y dártelo para firmar en Los Ángeles, Alice, tuvieron que haberlo hecho aquí. Déjame verlo.

Lo tenían a la mano, habían estado revisándolo una y otra vez desde que Jasper le dio la demanda. La abogada leyó el apartado de DIVORCIO, asintiendo en ocasiones, torciendo el gesto en otras…

—¿Qué?

—No hay nada sobre los niños, Alice.

Ella frunció el ceño, quitándole la carpeta. Tenía razón, los niños no estaban incluidos ahí, pero ella creyó…

—No puede ser. Jasper me dijo que me encontraría con sorpresas, yo…

—Y en todo caso, solo podrías pelear por Tyler, no por Jacqueline.

—Pero es su hija, también —reclamó Clarissa.

—No legalmente —corrigió la abogada—. En su acta de nacimiento, Jasper aparece como padre único, no hay registro de que la niña tenga mamá.

Alice se pasó una mano por la frente, frustrada. Sabía que el dejar que Jasper registrara a Jacqueline solo a su nombre les iba a traer problemas en el futuro. Como siempre, tenía que hacerle caso a Clarissa.

—Está bien, solo Tyler —masculló Alice.

—Necesitamos a los dos —dijo Clarissa entre dientes. Alice la mandó a callar. La abogada no podía saber sus intenciones detrás de su batalla por la custodia de los niños.

Sin embargo, ella ya sospechaba. Cerró su laptop casi con violencia y encaró a ambas mujeres.

—Quiero que me aclaren una cosa: ¿de verdad hacen esto por el bienestar de los niños o porque quieren obtener algo de los Swan? Porque si se trata de esto último, perdón, pero no voy a seguir trabajando con ustedes, ¿de acuerdo?

Alice miró a Clarissa, molesta. Nadie podía saber eso.

—Es por los niños, solamente. Los Swan, sí, son una buena familia, se quieren mucho entre ellos, pero tengo miedo que puedan proyectar su odio por mí en ellos.

—Vi el informe de la trabajadora social. Le molesta un poco que los hijos de la hermana de Jasper pasen mucho tiempo con la niñera, pero calificó bien a los tres. Tienen una buena casa, una calidad de vida considerablemente satisfactoria y vio que adoran a los niños. No están haciendo nada mal.

Clarissa le dio a Alice un codazo en la espalda. Ella rodó los ojos. ¿Tenían que sacar ese tema justo ahora? Ya sabía por qué Edward e Isabella se quedaron en el país, no entendía las razones de Clarissa detrás de esas sospechas…

—¿Y qué hay de que no se hubieran ido a Inglaterra cuando heredaron?

La abogada frunció el ceño, confundida.

—Escuché acerca de eso. Fue raro, pero comprensible.

—Alice cree que Isabella quiere quedarse con la constructora.

¿Que Alice creía? ¿Ahora también en eso le mentían a la abogada?

—¿Y qué tiene que ver con los niños?

—Que les quitaría su patrimonio. Edward hizo exactamente eso en cuanto tomó el mando de su empresa familiar: decidió que su familia extendida no recibiría ninguna ganancia, solo sus padres, sus hermanas y, obviamente, Isabella.

Maldita la hora en la que le conté eso…

—No creo que suceda. Los Swan son muy estrictos con su línea de sucesión, si Isabella quiere quedarse con la constructora, tendría que pasar encima de Jasper, Tyler, Jacqueline e Ilaria.

Clarissa lanzó unas risas amargas.

—Claramente, no has hablado con ella. Por eso llevó a Jasper y los niños a vivir con ella, quiere controlarlos, así cuando llegue el momento de que Jasper tome el mando, él se va a dirigir a su hermanita y le va a dar absoluto poder.

No podía ser. Clarissa estaba convenciendo a la abogada, qué miedo. Era peor que Isabella.

—Bueno, eso tendría que verlo con el juez, no hará gran diferencia, pero tal vez sea un factor a tomar en cuenta.

¿Era en serio?

La abogada se fue, prometiendo otra vez entregar la carta de la escuela al abogado de los Swan.

Pasaron unos días sin que tuvieran noticias concretas de la situación del prenupcial. La abogada les decía que era casi seguro que el juez lo declarara inválido porque no hubo pláticas previas entre Alice y Jasper, y ese pequeño detalle de que ella nunca lo leyó en realidad…

Pronto, podrían iniciar la batalla con todas las de la ley.

Alice decidió que sangraría a los Swan tanto como pudiera, sin temer llevarse a los Cullen entre las patas, y a los Parker también. Se iría de la familia con bombos y platillos. Estaba decidida a que las siguientes generaciones la recordaran como la única que sobrevivió a la familia y pudo irse con la cabeza en alto. Quería ser un ejemplo de que se podía hacer con los Swan lo que se les diera la regalada gana. Quería que ellos la recordaran y sufrieran por dejarla ir.

La alegría de saber que el prenupcial había sido declarado inválido no le duró mucho. Ese mismo día, recibió otra visita inesperada.

No era Isabella esta vez, ni Ilaria. Mucho menos Cynthia.

Era Natasha. ¿Por qué? Solo ella sabía.

—Esto no puede ser legal —masculló Alice, dejándola entrar.

Natasha suspiró antes de sonreírle a Clarissa a modo de saludo.

—No vine a molestar, Alice —le dijo.

—¿Entonces a qué viniste, maldita zorra de clase alta? —masculló Clarissa, enfrentándola. Natasha lanzó unas risitas.

—Así que fueron ustedes… Mis padres han creído estos meses que todas las habladurías sobre mí en Seattle han sido culpa de los Swan, pero ustedes iniciaron esa campaña.

Bueno, tal vez.

Natasha no podría casarse con Jasper si su reputación quedaba tan arruinada que sus padres terminaran culpando a los Swan. Fue el único plan de Clarissa que Alice aceptó seguir con gusto.

—Y, bueno, ¿qué esperabas? ¿Que me quedara cruzada de brazos mientras te veía robarte a mi marido?

—Quizá te sorprenda, Alice, pero Jasper fue muy sincero conmigo al comprometerse contigo: iba a ser para toda la vida. Él quería eso. Me dijo que siguiera con mi vida, él incluso me prometió que encontraría a alguien que me haría más feliz de lo que él podría haberlo hecho. Yo estaba bien siendo solo su amiga, parte de tu cortejo. El día de tu boda fui la mejor amiga más dichosa del universo, porque sabía que Jasper estaría bien, y eso era suficiente para mí…

—¿A qué viniste, entonces? ¿A regodearte porque al final lograste quedarte con él?

—A estas alturas de la situación, ya ni siquiera sé si eso llegue a pasar. Mis padres están tan enojados con los Swan que me han prohibido hablar con ellos, les dije que tenía un proyecto en Connecticut para poder venir. Solo quería decirte en persona que de verdad lamento como se dio todo. Yo no sabía cuáles eran las intenciones de Elise al llamarme esa tarde y hacerme ir a su casa con mi mejor vestido, tampoco sabía cómo estaban tú y Jasper; no había hablado con él desde la fiesta de Ilaria y Raoul, ni siquiera en la boda me acerqué…

—Tú sabías que yo… Te lo dije en la fiesta.

Natasha se encogió de hombros.

—No se enteró por mí, te lo juro. Se lo dije al día siguiente de la cena, porque nunca he podido guardarle un secreto. De verdad quería que fuéramos amigas, Alice, ahora obviamente eso no podrá ser, pero aún guardo la esperanza… Tú aún puedes ser feliz, y dejar que él sea feliz, sea conmigo o con otra mujer. La vida que ustedes tenían como pareja no era buena, y sé que tú estás consciente de eso, lo sabes. Vive, Alice, no solo existas. Tienes una oportunidad, nada más, aprovéchala, y si tanto amaste a Jasper, deja que lo haga también —le dijo. Le dedicó una pequeña sonrisa y se giró para irse.

Alice resopló, regañándose mentalmente por sentir arrepentimiento por la maldita campaña esa.

—Lo siento —se disculpó—. No quería hacerte eso, ahora que sé que no fue tu culpa, ni siquiera de Jasper. Ojalá finalmente te quedes con Jasper, no cualquier otra mujer que le haga la vida más imposible de lo que nosotras seremos capaces.

—Tal vez se lo merezca por tonto —rio—. Suerte, Alice.

—Gracias.

—¿No le creíste, cierto? —le preguntó Clarissa.

Sí, le creyó, por extraño que parezca.

Ella también esperaba ser su amiga, algún día.


Hola, hola. ¿Cómo están? Uff... Llego el momento ñaca ñaca de la historia, y de que manera llego. Podemos ver que no todo el drama fue culpa de Alice, sino de Clarissa, al final, ella estaba dispuesta a irse con elegancia, pero Clarissa la convenció de pelear y, bueno, ya conocemos el resto. Espero que les haya gustado este capítulo. Ya no nos falta casi nada para terminar, estamos a tan solo cuatro capítulos del final. ¡Que nervios!

Gracias a saraipineda44, piligm, Yoliki, Beastyle, Tecupi y Dara por sus reviews en el capítulo anterior y al resto de ustedes por leer. Nos vemos en el siguiente y en los reviews.

Annie. xx