Capítulo 27

Nala

Pantalón corto, camiseta blanca y el ordenador de Marley perfectamente resguardado en el maletín que llevaba colgado al hombro.

Rachel dejaba la bicicleta en el aparcamiento frente a la entrada de la cafetería Untittled, y trataba de serenar sus nervios tras asegurarse de que apenas faltaban 15 minutos para las tres en punto de la tarde.

No. No se había equivocado, ni había adelantado su llegada por los nervios, sino que lo hacía para tener una mejor visión de quien entraba y salía de aquella cafetería. Dudaba que Nala estuviese allí con tanto tiempo de antelación, y eso jugaba a su favor.

El maletín del ordenador entre sus manos, tampoco era casual.

Salir del apartamento y dejarlo allí, podría provocar un desaguisado digno de batalla campal si Marley regresaba al apartamento, y descubría la conversación en la pantalla o donde quisiera que se guardase. Porque a pesar de estar investigando durante más de media hora después de la conversación, Rachel no pudo descubrir qué tenía que hacer para evitar que su amiga se percatase de aquel pequeño detalle. Aunque lo cierto es que de poco le iba a servir cuando su querida Nala, si es que acudía a aquella cita, le recriminase su ausencia. Pero eso era algo que ya solucionaría.

Lo único que le importaba en aquel instante en el que ya se adentraba en la cafetería, era buscar la mejor mesa que le otorgara una visión completa de la pequeña sala que conformaba la cafetería.

Agradeció que no hubiese demasiadas personas, sin embargo, a punto estuvo de perder toda noción cuando entre aquellas personas, descubrió a alguien que sí conocía, y más de la cuenta, aunque no estuviese segura.

Una mesa con dos chicos que debatían sobre algo que leían, otra mesa más a la izquierda donde una chica tomaba café y anotaba algo en una libreta. En la tercera mesa que estaba ocupada, una pareja, ambos con sendos ordenadores frente a ellos, y sin apenas dirigirse la mirada mientras tomaban un café. Y justo en la esquina opuesta, junto a uno de los ventanales, una chica que observaba detenidamente la pantalla de su notebook, y permanecía ausente de todo lo que sucedía a su alrededor mientras escuchaba música a través de unos cascos.

Una chica que por supuesto conocía y que fue la que le hizo palidecer. Quinn.

Rachel se detuvo unos segundos en la entrada, observándola completamente desconcertada, y tratando de pensar con rapidez sobre qué hacer y cómo desenvolverse con la presencia de la rubia en aquel lugar. Y no tuvo más remedio que reaccionar cuándo ésta la descubría en el lugar.

La mirada de desconcierto de Quinn bien podía compararse con la de Rachel, que rápidamente la desvió hacia el lado opuesto, y se apresuró en recorrer la distancia que la separaba de la mesa que había decidido ocupar. Solo había una pequeña, pero diferencia abismal entre su mirada y la de ella; Quinn alzaba su ceja y Rachel no conseguía eliminar esa imagen de su mente, tanto que incluso llegó a tropezar con algunas de las sillas que le entorpecían el trayecto.

Recorrer algunos metros no era complicado, ni nada que pudiera resultar extraño a no ser que sintieses la mirada de Quinn escrutando cada movimiento, y siguiendo al detalle cada gesto que realizaba. Y eso era lo que Rachel sentía al tiempo que sorteaba las diferentes mesas y colocaba las sillas hacia cada lado.

Sabía que Quinn la estaba mirando, y aunque su corazón se había encogido a más no poder, podía escuchar sus latidos con tanta fuerza que temía ser víctima de algún fallo cardiaco.

Hasta la garganta se le había secado cuando tomó asiento en la mesa, y miró de soslayo a una Quinn que no había dejado de mirarla en ningún momento, solo en ese instante en el que sus ojos volvían a cruzarse y decidía recuperar su postura frente al ordenador. Pero sin poder eliminar la tensión que parecía apoderarse de ella.

Rachel no tardó en acomodar el ordenador sobre la mesa, y con paso firme se acercó a la barra dispuesta a pedir el cuarto café que se tomaba aquel día. Si sus nervios tuviesen pies, hacía ya horas que no había parado de correr, sin duda.

Quinn, después de su interrogante mirada llena de desconcierto y confusión, no volvió a mirarla, al menos Rachel no la vio en ningún momento dirigir su mirada hacia ella. Había vuelto a prestar atención a su ordenador, y olvidarse de su presencia. Justo lo que ella debía o tenía que hacer.

Estaba allí con la única idea de poder descubrir y conocer a Nala, y no para estar continuamente observando a Quinn, a quien hacía ya siete días que no veía.

Lo cierto es que no pudo evitar emocionarse, sobre todo, después de regresar a su mesa y situarse en ella con el ordenador abierto, para excusarse de su presencia en el local con algún motivo, y saborear aquel café que poco o nada tenía que ver con el que a ella le gustaba.

No podía evitar emocionarse al saber que Quinn estaba justo allí, a escasos metros de ella, y que ni siquiera parecía mostrar interés alguno, ni la más mínima curiosidad dada su total y absoluta pasividad.

La estaba ignorando como nunca antes lo habían hecho, y le dolía. Le dolía a pesar de saber que ella también estaba enfadada, que ella también se había sentido engañada y utilizada por ella y Santana.

No era justo para tener aquella sensación de culpabilidad en la que ambas habían tenido mucho que ver. Pero aun así no iba a ceder, no al menos hasta que ella diese un paso hacia adelante, si es que pensaba darlo algún día.

Trató de no pensarlo. Aunque era algo que se escapaba de sus manos, Rachel se limitó a permanecer sentada, y comenzar un escrutinio absoluto de todos los clientes que había en aquel instante en el bar, y los que podían entrar.

No había sospechosos, nadie cumplía con la vestimenta que Nala le había dado para poder encontrarse con ella, y quiso entender que aún no había llegado. Eso, o que le había mentido.

La pareja que se situaba frente a ella no estaba entre las opciones. La chica apenas terminó de tomarse su café, tomó de la mano a su compañero y ambos abandonaron la cafetería después de casi diez minutos de su llegada.

Quedaban dos chicos más, y una chica que centraba toda su atención.

Aunque no vestía tal y como Nala se había descrito, si podría ser el perfil que esperaba. Seguía escribiendo cosas en una libreta mientras disfrutaba de un café, completamente a solas y sin previsión de abandonar la cafetería en un corto espacio de tiempo.

Los otros dos chicos que hablaban sin parar tampoco completaban el papel de sospechoso, al igual que Quinn, a quien fue a mirar de nuevo por pura inercia. Seguía cabizbaja, con el gesto serio y una extraña mueca en la comisura de sus labios que hacía mostrar un halo de pena bastante desconcertante.

Fue en ese mismo instante, mientras Rachel la miraba sin ser consciente de que lo hacía, cuando Quinn alzó la vista hacia ella por encima de la pantalla de su ordenador, y conseguía aguantarla hasta que Rachel no pudo más, y cedió desviándola de nuevo hacia su café.

Empezaba a tener tanta necesidad por hablar con ella que incluso era capaz de tragarse su orgullo.

15:02 pm.

El ordenador le marcaba la hora exacta, y Rachel lanzaba la mirada hacia la entrada de la cafetería, tratando de olvidarse de la estupidez de acercarse a Quinn y hablarle, y centrándose en llevar a cabo lo que había ido a hacer. Habían pasado 13 minutos, exactamente desde que llegó a la cafetería, y ninguna chica con la vestimenta indicada, había dado señales de vida.

Sin embargo, si vio aparecer a quien menos esperaba en aquel momento, y que estuvo a punto de provocarle un paro cardiaco.

Marley accedía al interior de la cafetería acompañada por un chico y una chica. Rachel se descompuso. Era la última persona que deseaba ver, después de Quinn, en aquella situación, y al parecer el mismo desconcierto se adueñó de Marley tras descubrirla.

No tardó en disculparse con sus compañeros que no dudaron en acercarse a la barra, y se dirigió hacia ella, con paso firme y mostrando un gesto de confusión que empezaba a hacer temblar a Rachel.

La morena trató de sonreír mientras abría una página web al azar en el ordenador de la chica y disimulaba.

—¿Qué haces aquí? ¿No ibas a estar estudiando en casa? —fueron sus primeras cuestiones ante una Rachel que no sabía cómo controlar sus nervios.

—Eh sí, pero, pero te hice caso —balbuceó tratando de estabilizar su pulso—. Pensé que quizás salir un poco me vendría bien y bueno, aquí también puedo estudiar algo.

—Ya, con Quinn justo ahí atrás. ¿No? —susurró Marley con intención.

—Eh ¿Quinn? —fingió torpemente mientras lanzaba una mirada hacia la rubia, que sin duda las observaba con el mismo halo de desconcierto que ella tenía— Eh no, no, ni siquiera me he fijado en ella. Además, ha llegado después que yo —mintió tratando de evitar que la discusión se alargara.

—¿En qué quedamos? ¿No sabias que estaba aquí o la has visto entrar?

—Eh… no sé, la vi entrar —se excusó— ¿Qué pasa? ¿También me vas a recriminar que salga a tomar algo?

—No, no, me parece perfecto —respondió.

—¿Y tú qué haces aquí?

—Pues he venido con Roger y Marion a comprar algo de café antes de seguir con las clases. Suelo venir aquí siempre.

—¿Ah sí? Vaya no, no lo sabía.

—Está cerca de mis aulas —explicó mientras gesticulaba en dirección a sus amigos, que ya pedían por ella en la barra—. ¿Y tú has venido aquí alguna vez?

—Pues solo una, con ella —miró de soslayo a Quinn.

—Es un buen lugar —respondió siguiendo con la mirada a Rachel, y centrándose en la rubia, que en ese instante volvía a mirarlas y le dejaba una nerviosa sonrisa a Marley, a modo de saludo, y que ésta devolvió con un leve gesto de su mano.

—¿Puedes dejar de saludarla? —musitó Rachel— Te recuerdo que se ha reído de mí.

—Solo he sido educada —replicó—. Ha sido ella quien me ha hecho un gesto.

—Ya, ya la he visto —respondió recuperando el mal humor que la acompañaba durante aquellos días—, pero eres mi amiga y no deberías darle el gusto.

—Ay, cállate Rachel —susurró molesta por la actitud—. Será mejor que te deje. No quiero terminar discutiendo de nuevo contigo.

—Ok, ok vete, pásatelo bien con tus amigos, y estudia mucho —espetó volviendo a centrar la vista en la pantalla del ordenador—. Y esta noche cuando regreses a casa, habla con tu querida novia, y así duermes con una sonrisa boba —añadió conscientemente.

—No tienes gracia. No eres divertida, Rachel. ¿Lo sabes?

—¿No vas a hablar con ella? —cuestionó esta vez con la firme intención de recibir la respuesta que necesitaba.

—No, no puedo hablar con ella, porque no está.

—¿Cómo que no está? —se interesó confusa.

—No, está de viaje, y no puede conectarse —respondió como si nada, pero para Rachel aquella respuesta no le fue indiferente, sino todo lo contrario. Una extraña sensación de malestar le golpeó directamente en el estómago— ¿Pasa algo?

—Eh no, nada.

—Tienes mala cara. ¿Estás bien de veras?

—Sí, sí claro —respondió tratando de sonar convincente, pero lo cierto es que ni ella misma lo creyó. Supo aguantar estoicamente la obsesiva mirada de Marley antes de que sus compañeros se acercasen a ella.

—Ok, te veo luego en casa.

—Perfecto —respondió tensa—. Que sea leve — añadió en referencia a las clases que iba a tomar, y a las que ya se dirigía tras despedirse de ella y de Quinn, a quien no pudo evitar lanzar una mirada y saludarla de nuevo desde la lejanía ante la atónita mirada de Rachel, que veía en aquel gesto un hecho de rebeldía contra su amistad.

Pero no era eso lo que rondó por su mente cuando vio desaparecer a su amiga. Ni siquiera se sintió ofendida porque le saludase. Lo que realmente empezaba a preocuparle, era ese dato que Marley le había dado de su querida amiga cibernética, y que no concordaba con lo que había estado haciendo durante todo el medio día.

Si Nala estaba fuera de la ciudad, ¿quién había aceptado aquella cita? ¿Quién supuestamente le había hablado aquella mañana cuando se suponía que Marley sabía que no estaba disponible? ¿Qué diablos estaba sucediendo?

Esa fue la última cuestión que rondó por su mente antes de tomar la decisión de buscar aquella pequeña ventana de chat que pertenecía al foro, y que aparecía como desconectada en la barra inferior de la pantalla del ordenador.

Quería descubrir que estaba sucediendo, pero el desconcierto y la confusión no se iban a marchar de su mente tras conectar aquel chat, y recibir una notificación que aceleró aún más su pulso.

Nala estaba conectada y le había hablado.

Nala: Teníamos una cita ¿No?

Cinco minutos. Ese era el tiempo que aquella pregunta llena de sarcasmo llevaba esperando una respuesta, y el desconcierto comenzó a golpear a Rachel, que sentía como los nervios se iban apoderando de su estado anímico.

No supo por qué, pero no pudo evitar lanzar una mirada hacia Quinn, que un tanto ausente miraba a través del ventanal que quedaba a su lado, y la ignoraba por completo.

Satine: Sí, por eso te estoy esperando.

Rachel respondió con el temblor apoderándose de sus dedos y esperando una respuesta que tardó varios minutos en llegar.

Nala: ¿Dónde? Estoy en la cafetería y no estás.

Un sorbo de café que a punto estuvo de bañar su pantalla, y una reacción que la hizo levantarse de la silla como si algo la hubiese golpeado. Tanto que llamó la atención de los tres únicos clientes que había en el local en aquella hora. Los dos chicos que seguían con un libro entre las manos y Quinn, a quien miró con el gesto completamente confuso.

La rubia se percató del extraño movimiento de Rachel, y de cómo parecía querer gritar o salir corriendo de allí.

Tenía tal mueca de desconcierto que incluso llegó a asustarla. No dudó en cuestionarla con la mirada, y Rachel actuó cerrando de golpe el ordenador y sujetándolo entre sus brazos mientras se decidía a responder aquella inevitable cuestión que empezaba a azotarla.

No supo cómo pudo hacerlo, pero lo hizo.

Caminó hacia Quinn sin perderla de vista, con el gesto serio y tenso, tanto que Quinn no pudo evitar mirarla temerosa por la reacción que había tenido, y por como caminaba hacia ella.

Tomó aire cuando a punto estaba de llegar junto a la mesa, y se detuvo frente a ella aferrándose al ordenador portátil.

—¿Qué? —fue Quinn la primera en hablar tras el silencio incomodo al que la tenía sometida Rachel.

—¿Cuántas mentiras más tienes guardadas? —preguntó sin pensar.

—¿Qué? ¿De qué hablas? No quiero verte, ni quiero que me hables, así que déjame en paz, estoy ocupada.

—¿Ocupada? —replicó sin perder la compostura— ¿Con qué? ¿Tratando de reírte de otra chica más?

—¿De qué estás hablando, Rachel? Escúchame, no tengo ganas de discutir contigo. ¿De acuerdo? Ni de hablar

—Pues habla con Satine —soltó tratando de evitar que la voz se le quebrara. Sin embargo, no lo consiguió, y ese efecto unido al nombre, hicieron reaccionar a Quinn que abrió los ojos como nunca los había abierto, y dejó que su mandíbula cayese vertiginosamente.

—¿Qué? No, no, no me lo puedo creer —balbuceó—. ¿Tú eres Satine? — preguntó tensando la mandíbula, casi con una amenaza palpándose en aquella pregunta.

—¿Tú eres Nala?

—Oh dios mío, oh dios —se lamentó cubriéndose la cara con las manos—. No me lo puedo creer, no me lo puedo…

—¡Yo sí que no me lo creo! ¿Cuántas mentiras más tienes guardadas? Por amor de dios, Quinn. ¿Estás enferma?

—¿Enferma? Tú sí que eres una enferma —respondió tratando de no alzar la voz—. Te has dedicado a pedir citas cuando se supone que estabas conmigo, que yo te gustaba. ¿Y me llamas mentirosa a mí?

—¿Qué? No, no, yo no he pedido citas —replicó.

—Sí que has pedido, tres, de hecho.

—¡Yo no! —respondió rápidamente— Fue Marley.

—¿Qué?

—Satine es Marley —explicó—. Es ella quien habla contigo, y eres tú la que me has mentido. Eres tú la que me decía que te gustaba y aprovechabas cada noche para conquistarla.

—¿Marley? —balbuceó aún desconcertada— Oh dios.

—Sí, eso digo yo, oh dios. ¿Cómo he podido enamorarme de alguien como tú? Eres, un eres una arpía. Sí, Kurt tenía razón, eres una maldita manipuladora que…

—¡Basta! — la detuvo tras volver en sí— No te consiento que me insultes. ¿Ok? — miró a su alrededor para asegurarse de que nadie les prestaba atención, y tuvo suerte, porque los dos chicos que estaban en la cafetería habían desaparecido, y el camarero apenas se dejaba ver tras la barra.

—Te mereces eso y mucho más —replicó—. Escúchame, no te acerques a Marley. ¿Me oyes? Si lo haces te juro que…

—Yo no soy Nala —interrumpió silenciando a Rachel.

—¿Qué? Pero si me acabas de decir que…

—No soy yo, es una amiga mía.

La confusión se convirtió en un absoluto silencio entre las dos mientras se miraban casi sin pestañear, y trataban de calmar la ansiedad que se había apoderado de ambas.

—¿Una amiga? ¿Santana? —cuestionó Rachel con algo de temor.

—No, no —respondió cubriéndose de nuevo el rostro con las manos—, es Brittany. ¿Recuerdas que te hablé de ella? La chica que trabaja en mi casa.

—¿La jardinera?

—Sí, bueno no es jardinera, solo ayuda al jardinero para ganar un poco de dinero, nada más ella. Ella estudia música.

—¡No! —exclamó Rachel dejándose caer sobre la primera silla que aparecía junto a ella— Marley estudia música.

—Ya, ya lo sé —respondió sin saber muy bien que hacer, o como actuar. Quinn se mostraba pensativa, tratando de encontrar una solución a aquello, tratando de creer que estaba sucediendo de verdad— ¿Qué hacías haciéndote pasar por ella?

—Estaba harta —habló tras varios segundos pensativa—. Tenía miedo de que alguien estuviera jugando con ella. Estaba preocupada y hoy, no sé, fue casual. Estaba estudiando con su ordenador, y de pronto apareció esa ventanita con la conversación y no lo pensé — se lamentó—. ¿Y tú? ¿Por qué estás haciéndote pasar por ella?

—Por la misma razón que tú —respondió rápidamente—. Brittany me lo contó hace unos días y, bueno… Yo me asusté un poco — se lamentó—. Tenía miedo.

—¿Tenías miedo de que fuese algún pervertido o algo así?

—Sí, y bueno, también estaba preocupada por ella —desvió la mirada hacia la ventana—. Ella, ella es muy especial Rachel, y desde que la conozco he tratado de cuidarla.

—¿Especial? Pues es ella la que ha rechazado por tres veces a Marley.

—Lo sé —volvió a mirarla—, y la ha rechazado por eso mismo —explicó—. Britt es, es muy inocente, Rachel. Ella, ella confía demasiado en la gente.

—Pero eso no es razón para rechazar a Marley. ¿Recuerdas cuando llegó borracha? Era porque tu amiga la había vuelto a rechazar — intervino—. ¿Pensaba jugar con ella?

—No, no —interrumpió rápidamente—, ella jamás jugaría con alguien. La ha rechazado porque, porque es muy insegura, por eso te dije que me recordaba a ti —sonrió con dulzura—. Ella no se ve bien, ella cree que no está a la altura de nadie, y le da miedo, terror enfrentarse a alguien de esa forma. No solo dice cosas inocentes a las que le puedes dar doble sentido, sino que también es igual de insegura que tú. ¿Entiendes?

Sí, lo entendía, pero Rachel en aquel instante, no era capaz de responder por culpa de la sonrisa que Quinn había dibujado mientras hablaba de ella, y la comparaba con Brittany. Una sonrisa que había echado tanto de menos que incluso le asustaba ser consciente de ello. Y Quinn lo percibió de la misma manera.

Ver el absoluto silencio que prolongaba Rachel mientras la miraba, le hizo reaccionar, y eliminó rápidamente la sonrisa que mostraba para seguir con su tan típica seriedad.

—¿Qué vamos a hacer? —reaccionó Quinn— ¿Le vas a decir a Marley que…?

—No, no ni hablar — respondió Rachel volviendo en sí—. Si le digo algo me quedo sin amiga, y es la única que tengo.

—Yo no quiero quedarme sin amiga tampoco —musitó cabizbaja—. ¿Crees, crees que si se conocen podrían no sé, llevarse bien?

—No sé cómo es Brittany, pero sí sabes cómo es Marley. Creo que a esa pregunta debes responder tú.

—Cierto —volvió a mirarla—. Podría funcionar. Ambas son buenas personas, y cariñosas. Tienen cosas en común. Britt está estudiando para ser profesora de música.

—Marley también. ¿Está en su curso?

—No, no creo que no, Britt es como nosotras y Marley es más pequeña. ¿No es cierto?

—Sí, tiene un año menos que yo —respondió pensativa.

—Escúchame podríamos hacer que se conozcan, quizás de ese modo hablen y no sé, puede que saquen ese tema del chat, y se den cuenta de que son ellas.

—¿Y por qué no mejor le dices a Brittany que acepte la invitación de Marley?

—No la va a aceptar, no tiene esa confianza. Te lo vuelvo a repetir, es, es muy inocente.

—¿Cómo de inocente?

—Cree en Santa Claus —respondió provocando la sorpresa en Rachel—. Pero igual es lista, es inteligente, solo que vive en un mundo paralelo al real. A veces a mí me gustaría vivir como ella —añadió con algo de melancolía—. Nunca tiene problemas en la mente, siempre los soluciona con la mejor de las sonrisas, y si no puede, directamente cambia para que todo vuelva a la normalidad. Es digna de admirar.

—¿Y qué vamos a hacer entonces? —volvió a cuestionar tras varios segundos de silencio entre ambas.

—Un encuentro fortuito. Podríamos hacer que se encuentren así, como si fuera todo casual, y las presentamos. No sé, un primer acercamiento para saber si pueden o no congeniar bien. ¿No crees?

—Sí, sí —desvió la mirada hacia la mesa—, puede ser una buena idea. Podríamos quedar alguna tarde sin que ellas lo sepan, y encontrarnos en algún lugar.

—Exacto, sería un buen comienzo. Ver cómo reaccionan sin saber que son ellas.

—Bien. ¿Y cuándo lo hacemos? —volvió a mirarla— Esta semana tengo cosas que hacer, estoy de lleno en los exámenes finales, pero puedo…

—Brittany no está en la ciudad. Está de viaje en Arizona y no volverá hasta el domingo. Podríamos quedar esa semana.

—Sí, sí, mucho mejor, porque creo que Marley también tiene algunas pruebas y es complicado que quiera salir así, como si nada. ¿Concretamos cuando ambas estén disponibles?

—Perfecto — susurró—, estamos a salvo mientras Britt esté fuera, no se conectará y no hablará con Marley.

—Sí, cierto, aunque no sé cómo me las voy a apañar para pedirle que me deje el ordenador todos estos días. Si ella ve la conversación, todo habrá sido en vano.

—¿La conversación? ¿La tienes guardada? — se interesó.

—Sí, me aparece ahí siempre que abro esa ventanita —se lamentó preocupada.

—Pero se puede borrar — explicó Quinn—, solo tienes que borrar el historial.

—¿De veras? — se sorprendió— ¿Y cómo se hace?

—Dame —dijo ofreciéndole la mano para que le entregase el ordenador, y hacer ella misma el trabajo.

Rachel dudó varios segundos, pero terminó cediendo y le entregó el portátil mientras ella se aventuraba a cambiar su sitio, y tomar asiento junto a Quinn para poder ser testigo de lo que hacía.

Y Quinn no se molestó en absoluto por aquella acción. Se limitó a abrir el ordenador y una vez que lo tuvo todo preparado, comenzó a explicarle las acciones a seguir para evitar que Marley se percatase de que habían estado utilizando esa aplicación sin su permiso.

—¿Y ya está? —murmuró Rachel sin perder de vista la pantalla— ¿Ya no se ve la conversación?

—No, ni la tuya ni las de ellas anteriores, pero mejor borrar todo que dejar rastro. ¿No crees?

—Totalmente —respondió convencida—, no creo que le importe demasiado ver que no están sus conversaciones. ¿Estás segura de que no se ve nada?

—Nada de nada —respondió algo más serena—, Marley nunca sabrá que te hiciste pasar por ella.

—Supongo que algún día se lo contaré —balbuceó mirándola—, pero va a pasar mucho tiempo hasta que eso suceda.

Radical.

El cambio en el gesto sereno de Quinn fue radical, y Rachel pudo percibirlo un tanto molesta.

Había pasado de mostrarse distendida a volver a recuperar la dureza con la que la había recibido cuando se acercó a ella, y Rachel imitó su gesto. Todo por culpa de una mirada que ambas se regalaron, y de la que no fueron conscientes hasta que vieron como habían ido acercándose lentamente sin ni siquiera darse cuenta.

Fue tan duro y a la vez delatador, que Rachel cerró de golpe la pantalla del ordenador y abandonó el asiento dispuesta a acabar con aquella imprevista reunión con quien se suponía, no quería volver a ver.

—Quedamos en concretar. ¿De acuerdo? —musitó desviando la mirada.

—De acuerdo. Te aviso cuando Britt esté aquí —respondió escuetamente.

—Ok. Pues… —tensó la mandíbula— Ciao. Que lo pases bien.

—Adiós —respondió Quinn tratando de evitar mirarla a los ojos.

Rachel lo supo, supo que Quinn esquivaba la mirada en todo momento, y mostraba una actitud forzada de repulsión hacia ella. Y lo supo porque eso era precisamente lo que ella estaba haciendo; tratar de mostrarse distante cuando nada en su cuerpo así lo quería.

Tomó una gran bocanada de aire y se giró dispuesta a alejarse de la mesa que ocupaba Quinn, y abandonar el local. Pero una extraña fuerza la hizo detenerse. Una fuerza que provenía de su consciencia, de su curiosidad y de su corazón. Había algo que necesitaba saber para poder al menos dormir con algo de tranquilidad, para poder concentrarse en sus estudios hasta que el tiempo lograse calmar el estado de ambas. Y necesitaba averiguarlo.

No había mejor momento que aquel para hacerlo.

—Quinn —balbuceó volviendo a mirarla—. ¿Puedo hacerte una pregunta y que seas completamente honesta conmigo?

No hubo respuesta por parte de la rubia, pero su mirada complaciente la invitaban a preguntar con total y absoluta confianza.

—Cuando Santana estaba en tu apartamento —susurró con dificultad— ¿Te acostaste con ella?

Tembló, sintió que el corazón estaba a punto de salirse de su pecho y que la saliva quemaba en su garganta al formular aquella pregunta. Pero tenía que hacerlo, tenía que saciar esa duda que estaba martirizándola por completo.

Quinn bajó la mirada y resopló lamentándose.

—Ok. No es necesario que respondas —volvió a hablar Rachel tras aquel gesto—, ya me ha quedado claro —añadió dándole la espalda y abrazando el ordenador entre sus brazos, dispuesta a marcharse de una vez por todas. Pero Quinn no iba a permitir que se fuera con aquella agridulce sensación.

—No —susurró con la suficiente contundencia como para que Rachel pudiese oírlo—Soy incapaz de estar con alguien por quien no siento nada — sentenció provocando que los nervios de Rachel se templaran, y una sonrisa de satisfacción se dibujase en sus labios. Aunque aquello Quinn no pudo verlo.

La morena no volvió a mirarla después de escuchar su respuesta y decidió abandonar la cafetería con la mirada de Quinn fijada sobre ella.

Era curioso como aquella respuesta había sonado con tanta rotundidad para ella, que ni siquiera la desconfianza que reinaba entre ambas surtía efecto.

Si le había dicho que no se había acostado con Santana después de haberlo hecho con ella, era porque no lo había hecho, y eso era irrefutable y probablemente, la mejor respuesta que quería recibir para calmar su ansiedad y ser consciente de que los rencores entre ellas, eran menos de los que pensaban y que una simple mirada podría acabar con cualquier resquicio de orgullo entre las dos.