CAP XIX

"De ninguna manera." Dijo Sera tajantemente a la vez que cruzaba los brazos y ajuntaba las cejas molesta.

"Sabéis que puedo hacerlo sin ningún problema. Yo sí que tengo esos requisitos y parece ser que soy la única con ellos a vuestra disposición." Dijo Shiho convencida cruzando también los brazos, desafiándola.

La tensión se instaló junto a ellos con este giro imprevisto en la conversación. Shiho se veía muy serena y tranquila con todas las palabras que decía, en cambio, ellos la miraban atónitos, como si acabase de perder el juicio por completo.

"Hay dos personas fuera de sí armadas dentro y no podríamos garantizar nunca tu seguridad con certeza. Podrían herirte Miyano. O herirte fatalmente y perder la vida." Dijo Takagi curvando las cejas un poco molesto. "No voy permitirlo. Kudo no lo haría y no me lo perdonaría jamás."

Todos callaron unos segundos y Shiho resopló ante tanta negativa por parte de ellos.

Solo debía entrar, curar a los heridos y desactivar los sistemas de seguridad para que la policía del exterior pudiese intervenir y acabar con el problema de una vez por todas. No era tan complicado, si se creían que era un médico podía moverse con más facilidad y aprovechar el momento de las curas para hacer movimiento. Le tomaría pocos minutos.

"También podéis buscar a otra persona que cumpla todo lo que necesitáis en el minuto que os queda para poder intervenir." Dijo la pelirroja tentándoles y poniendo un tono un poco burlón.

BIb bib bib bib

El teléfono que había encima de la mesa, con el que la inspectora había estado hablando con los atracadores, empezó a sonar y a vibrar continuamente, moviéndose sutilmente por la mesa, marcando de nuevo un número desconocido.

Eran ellos, ya no tenían tiempo a pensar nada más.

"Creo que se te ha acabado el tiempo para poder buscar a alguien más." Dijo Shiho, esperando impaciente la aprobación de Sato.

"Estás embarazada, Shiho…" Dijo Sato por lo bajo y muy preocupada mientras miraba su abultada barriga de reojo.

Tenía el teléfono aún sonando ahora entre sus dedos, dudando a más no poder en que decisión debía tomar. La vida de muchas personas podía peligrar con un simple movimiento en falso y pero en el fondo sabía que la pelirroja tenía toda la razón en lo que decía. Pero no sabía si esa era la idea correcta.

"Ya lo sé, pero voy a estar bien, Sato. Kudo está ahí dentro y se que entre los dos podemos acabar con esto. Confía en mí." Insistió Shiho sonriéndole para que se tranquilizase e intentando mandarle toda la seguridad que podía.

"No vamos a dejarte ir Shiho, y menos para entrar sola. Ya lo hemos hablado." Volvió a interferir Sera. "Es una puta locura. ¿Es que no te has parado a pensarlo?"

Masumi empezó a levantar la voz ante las incoherencias que soltaba Shiho y Sato dio un paso para delante y soltó el aire que retenía lentamente con los ojos cerrados.

"Está bien." Dijo finalmente no muy convencida.

"¡¿Qué?!" Sera abrió bien los ojos sin creer lo que escuchaban sus oídos.

Shiho amplió su sonrisa ante la respuesta y Sato cogió la llamada antes de que finalizase para comunicarse con el interior de la joyería.

Masumi seguía protestando y resoplando, negándose totalmente a lo que pretendían hacer y Shiho se limitó a buscar un uniforme y equipamiento para hacer las curas, ignorando totalmente a la morena de su lado.

Empezaron a dirigirse fuera una vez ya preparados y la científica no salió sin darle un beso a la frente de su niña, que dormía plácidamente bajo una manta, acompañada de Yumi.

Una vez fuera Shiho y Sato se hicieron paso rápidamente hasta el pequeño jardín de la joyería, dónde la inspectora frenó el paso para dejar a la científica adentrarse los metros que ella ya no podía cruzar, hasta la entrada del establecimiento, que abrió sus puertas de inmediato al ver a la pelirroja.

Todos aguantaron el aire mientras contemplaban como se adentraba paso a paso y se cerraban las puertas de nuevo justo detrás de ella. Ahora todo estaba en sus manos y que ellos tuviesen posibilidad de entrar solo dependía de lo que ella hiciese dentro a partir de ahora.

Confiaban en ella pero el riesgo siempre estaba presente.

Los minutos empezaron a pasar más lentos dentro de la furgoneta policial, dejando a los agentes y a la detective con los nervios a flor de piel, a diferencia de dentro, dónde la científica se hizo paso con tranquilidad, después de que un atracador la chequease en busca de cualquier posible arma, se adentró a la joyería y sus ojos se toparon con los de Kudo rápidamente, dejándolo descolocado y atónito ante su repentina presencia.

"La policía me ha informado de dos heridos por arma de fuego. Me llamo Miyano y he sido asignada a entrar." Dijo Shiho con naturalidad, estudiando el estado de Shinichi de reojo.

"Mi compañero está herido en la pierna y el agente en el hombro, pero ninguna de las dos heridas parece grave." Dijo el atracador que parecía llevar la voz dominante.

Shiho quiso acercarse a Kudo principalmente, que de los dos era el que tenía la herida más grave, pero la mano del hombre le frenó por el hombro bruscamente y señaló a su compañero con el dedo índice.

"Primero mi amigo. El agente puede esperar un poco." Dijo muy seriamente, esbozando una sonrisa asquerosa. "Por mí, cómo si acaba muerto." Acabó diciendo con repugnancia.

La rubiofresa se mordió la lengua para no contestarte e intentó mantener la compostura mientras se acercaba al otro herido a regañadientes. Parecía más joven que el otro hombre, su mirada no era tan intimidante y no parecía tan agresivo como su compañero. Era la marioneta del equipo.

Procedió a limpiarle la herida para sacar la bala que se había quedado en su pierna cuando empezó a notar la mirada penetrante de Kudo a sus espaldas. No le hacía falta girarse y mirarle para saber lo confuso que debía estar por verla ahí dentro. Por no hablar de lo molesto que se sentiría.

Pero ella sabía cuidarse sola y conocía mejor que nadie sus límites. Si podía ayudar a la policía con esto, quería hacerlo, y más si el padre de sus hijos se encontraba involucrado en esa situación.

Empezó a coserle con cuidado la zona, sonriendo interiormente al seguir notando su mirada.

"¿Y la policía ha dejado entrar a una chica embarazada en un establecimiento con gente armada?" Preguntó el hombre más mayor sin acabarse de fiar del todo de ella. "Que incompetentes que son. "

Shiho se mantuvo calmada bajo su papel y empezó a vendar el brazo, ahora curado, de su compañero.

"Me quedan un par de semanas para poder coger la baja maternal. Esta es mi hora de trabajo y mi deber también consiste en ayudar en situaciones como estas si es necesario." Dijo ella muy segura de sí. " ¿Habéis pedido que interfiera un médico, no? Soy muy buena profesional y estaba en la zona, por eso me han enviado a mí."

El hombre la miró un poco menos dudoso pero sin acabar de fiarse de ella.

Shiho, una vez acabó, se levantó para dirigirse a Kudo, aprovechando para visualizar toda la sala en busca del panel dónde se encontraba el sistema de seguridad. Lo encontró muy cerca del hombre armado y el acceso para llegar a él se veía un poco complicado. Seguramente necesitaría la ayuda de Kudo para llegar a él.

Se agachó a su lado, dejando el botiquín al otro lado y revisando su herida sin cruzar mucho el contacto visual para ahorrarse enfrentarse a él.

"¿Se puede saber que haces aquí?" Le preguntó Kudo susurrándole. "¿Es que te has vuelto loca?"

"Shhh…Todo saldrá bien. Tú solo tienes que seguirme la corriente." Dijo muy suavemente intentando tranquilizarle. Ella notó rápido que estaba bastante molesto, pero ahora que estaban los dos ahí solo les quedaba ayudarse el uno al otro. Los dos sabían que si él hubiese estado en su lugar no se lo hubiese pensando ni un segundo.

"No, Shiho. ¿Llevas a nuestro hijo dentro y te atreves a entrar en estas condiciones?" Siguió rechistando e indignado el moreno.

Ella ignoró a todos los presentes en la sala que hablaban unos entre otros mientras le atendía, concentrándose solo en él y en cómo sus expresiones marcaban con firmeza la preocupación que sentía. Se permitió mandarle una pequeña sonrisa y le cogió la mano para acercarla a su barriga y así conseguir hacerle entrar en sí y calmarse.

"Si al final nace otra niña, te vas a llevar una desilusión." Le dijo ella al volver a mencionar a un barón.

Kudo paró de quejarse y se quedó disfrutando del contacto que sentía hacía su hijo a través de su madre. La paz que le llenó en esos segundos no podía describirla.

"Si nace otra niña la voy a querer con locura, cómo a su hermana. Pero se que esta vez vamos a tener un niño fuerte y sano." Dijo con los ojos bien iluminados, seguro de cada palabra que decía.

"Estás demasiado convencido." Dijo soltando una pequeña sonrisa.

"Y tú demasiado guapa." Le alagó él con sinceridad.

Ella se ruborizó y le dio un golpe con la palma en el pecho para que dejase de alagarla de esa manera. Él rio, ahora más tranquilo ante su reacción, aún con su mano en su barriga.

Shiho disfrutó de ello antes de volver a su faena, fijándose de reojo en que el resto no hubiese podido escucharles.

La científica pudo valorar rápido que la bala de su hombro era más complicada de extraer que la otra. No era una herida fatal, pero estaba cerca de la arteria y debía prevenir la perdida de sangre, cualquier tipo de posible infección y debía encontrar una manera fina para poder sacársela.

"¿Hay algún botiquín en el baño de este establecimiento?" Preguntó Shiho en voz alta, intentando captar la atención de todos los presentes.

"Sí, detrás de la puerta." Le comunicó una señora entrada en años y con pelo canoso, que por su vestimenta parecía ser la dueña de esa joyería. Estaba cohibida y sentada en un lado de la pared unos metros más lejos.

Se encontraban todos atados de manos y pies, teniendo apenas movilidad alguna.

Shiho miró fijamente a Kudo antes de levantarse y acercarse al atracador, mandándole toda la seguridad que sentía y buscando algo de apoyo en sus ojos. "La herida del agente es un poco más grave que la de tu compañero, ¿Podrías hacerme el favor de acercarme el botiquín? He gastado algunas cosas que no contaba con tu compañero y seguro que me viene útil con el agente." Dijo pacíficamente mientras se agachaba para dejar su mochila en el suelo, creando un punto ciego entre el atracador herido y el panel de seguridad. "Sino puedo salir a la ambulancia a por más cosas y volver a entrar." Le tentó ella.

"No." Dijo muy rápido el hombre. "No será necesario."

El hombre curvó las cejas ante lo que le había pedido y a regañadientes miró a su compañero para indicarle que vigilase a los presentes mientras él se dirigió resoplando al baño en busca de su petición.

Kudo entendió en ese momento que pretendía hacer la pelirroja así que aprovechó para intentar distraer al atracador herido, que no dejaba de mirarla con malos ojos.

"Vaya compañero con más mala puntería tienes." Le dijo burlándose y captando su atención. No le hacía gracia que fijase tanta atención en ella de todos modos. Su mujer en estado se merecía un respeto.

Bueno…Exmujer.

"Tsk…solo ha sido un mal tiro. Si no hubieses montado ese numerito ninguno de los dos estaríamos así, esto es por tu culpa. Todo iba según lo previsto hasta que habéis aparecido." Dijo él defendiendo a su compañero y volviendo su atención a la pelirroja, que disimulaba rebuscando en el interior de la mochila.

"Pelirroja." Le llamó vulgarmente para captar su atención. "¿No estás casada verdad? No llevas anillo puesto." Preguntó muy curioso al notar la ausencia de él.

Ella levantó la mirada y cuando vio quien le llamaba volvió a lo que estaba haciendo, sin hacer mínimo caso. No iba a ceder ante él y menos explicándole su vida privada.

"Podemos irnos juntos de aquí a donde quieras muñeca. Ahora tengo mucho dinero que podríamos gastar en cualquier cosa que imagines." Insistió el flacucho.

La científica le ignoró totalmente aún con la mirada fina en sus pertenencias, pero Kudo no pudo morderse la lengua ante esa falta de respeto.

"¿Es que no sabes tratar a una mujer?" Dijo Kudo entrecerrando los ojos muy molesto. "¿Acaso crees que saldréis de aquí a vuestro aire?"

El atracador herido se levantó ya muy cansado y molesto por sus palabras, dirigiéndose al detective. "¿Pero tú de que vas?"

Shiho aprovechó ese momento de discusión para intentar teclear el código de seguridad mientras Kudo seguía soltando cualquier palabra que se le ocurría, distrayendo con facilidad al chico. La clave era bastante larga y el otro atracador apareció poco antes de que pudiese finalizarla. Se levantó de inmediato disimulando y cogiendo el botiquín que le ofrecía.

Se acercó nuevamente a Kudo, con una arruga de molestia en el entrecejo por el procedimiento tan lento que estaba teniendo y se agachó para empezar a curarle.

"¿Has podido hacerlo?¿Está desactivado?" Le preguntó intrigado Shinichi, contemplando de reojo como el atracador con el que acababa de discutir seguía contemplándola fijamente aún después de todo.

"Me falta poner un par de números." Susurró Shiho resoplando.

Siguió curándole en silencio, notando su mirada en ella a cada momento. Intentó no sonrojarse y actuar profesionalmente pero su mirada era tan penetrante en ella que había momentos que le era muy difícil. Una vez extraída la bala le limpió la sangre restante y se levantó para volver al botiquín a por las vendas. Su última oportunidad a introducir el código.

Su corazón empezó a acelerarse ante la presión que sentía, sus palpitaciones se escuchaban a través de sus oídos con fuerza, a causa de los nervios que sentía.

"¿Nos vais a dejar aquí dentro por mucho tiempo?" Volvió a hablar Kudo para intentar repetir su jugada distrayéndoles.

"Vas a quedarte todo el tiempo que necesite." Dijo fríamente el hombre corpulento. "¿Nunca te han dicho que hay veces que es mejor estar callado?"

"La policía está fuera, no se que pretendes conseguir, pero no tiene pinta de que ninguno de los dos salga de aquí libre." Vaciló Kudo confiando en sus compañeros.

El hombre corpulento, ahora bastante molesto, se acercó a él de mala gana y le dio un puño en el pómulo para hacer que se callase de una vez.

Shiho volvió su atención al panel en cuanto el hombre se había girado y finalmente pudo introducir los números que le faltaban. Desbloqueando por completo los sistemas de seguridad.

El aire que retenía por los nervios empezó a salir lentamente de su boca tras haber conseguido pulsar el botón final, liberando poco a poco la tensión de sus hombros.

El frío se notó en su cabeza al segundo siguiente y en ese momento se percató de que su sentido de guardia le había fallado en esa ocasión.

"¿Qué crees que acabas de hacer?" Preguntó gélidamente el atracador, apuntando el cañón de su pistola a su nuca, agarrando el arma con firrmeza.

Shiho se heló por completo. Su cabeza estaba en blanco. Sus nervios le habían jugado una mala pasada y no había sido tan sigilosa como debería haberlo sido. El frío que desprendía el metal en su cabeza le golpeaba con la realidad a la que se estaba enfrentando. Había fallado y podía tener graves consecuencias.

Reconoció la agitada respiración de Kudo y la imagen de su hija le vino a la cabeza. No podía fallarle. Sus acciones también tenían impacto a las personas de su entorno y des de que tenía una familia debía pensarse dos veces todas las decisiones que tomaba.

Y esta vez parecía no haber acertado.

"Hermano, la policía puede entrar en cualquier momento, ¿Qué hacemos? Nuestro coche está averiado." Preguntó nerviosamente su compañero herido.

"¡Cállate inútil!¡Eso ya lo sé!¡Si vas a hablar, que sea para decir algo útil que nos ayude a salir de esta!" Le dijo muy alterado ante ese cambio de situación.

Sus ojos negros volvieron a la pelirroja, que seguía de espaldas a él, para mirarla con pura furia. Apretó más la pistola contra ella para presionarla y la cargó con el pulgar.

"¿Te crees que soy imbécil?" Le preguntó nuevamente. "¿Eres policía, verdad?". Le preguntó agresivamente.

Ella siguió callada, controlando su respiración de espaldas a él e imaginándose todas las cosas que podían llegar a suceder.

"¡Levántate y pon las putas manos en la cabeza!" Le exigió chillando de mala manera, pensando interiormente en que hacer con ella.

Los demás rehenes se veían espantados y alterados ante lo que estaba sucediendo. Un solo movimiento con el dedo y su vida acabaría por completo. Acompañada de la vida que esperaba dentro de ella.

Se levantó y giró sin dudar, manteniendo una respiración tranquila para aguantar la compostura. No era la primera vez que la apuntaban a la cabeza, pero si que era la primera en la que no corría solo el riesgo de perder su vida.

Sus ojos se cerraron un momento mientras volvía a coger aire y cuando se abrieron se encontraron con los de Kudo, que la miraba con desesperación.

"¡¿Eres policía?!" Volvió a preguntarle. "¡No voy a preguntártelo una tercera vez!"

"No" Contestó ella suavemente, mintiendo a medias.

El atracador empezó a perder los nervios y le abofeteó la cara ante la respuesta que había recibido.

"¡No me mientas!" Le exigió, volviendo a levantar la mano para volver a golpearle. Pero ella de apartó un paso y volvió a contestarle.

"Soy científica, pero tengo buenos conocimientos médicos." Dijo ella sinceramente.

El hombre la miró muy confuso sin entender mucho y en el momento en el que escuchó la puerta abrirse se acercó a ella y la sujetó de los brazos para que no pudiese escaparse.

Utilizándola cómo rehén y escudo ante los policías que empezaron a entrar al establecimiento.