Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


Las personas murmuraban al ver pasar al grupo que se dirigía a una de las salidas laterales. Por más que la señora Greengrass y su hija menor sonrieran a los demás como si nada estuviera pasando, las expresiones serias de su hija mayor y de los anfitriones revelaban todo lo contrario. Al llegar a la oficina, John ocupó su sillón detrás del escritorio, Draco y Hermione se instalaron en uno de los sofás, mientras que las Greengrass ocuparon el restante, quedando frente a frente a la pareja. Al cabo de unos minutos, Jane, Narcissa, Severus y Anthony Greengrass ingresaron en la estancia, dejando los asientos restantes a las mujeres.

—¿Se puede saber que está pasando, John? —dijo Anthony colocándose al lado de su esposa.

—Eso mismo quisiera saber, Anthony —respondió John. Dirigió su atención a su ahijado—. Draco ¿Me puedes explicar que está pasando?

El rubio fulminó con la mirada a las pelinegras antes de responder—. La señora Greengrass le mostró una grabación alterada a Hermione en donde se escucha mi voz insultándola y diciéndole a Astoria lo mucho que me gustaría dejar todo por ella—acotó señalando a la joven pelinegra con el mentón.

—¡Pero qué barbaridad es esa! —chilló Margareth con fingida indignación—. ¡Yo no le he mostrado ninguna grabación a la señorita Granger!

—Usted vino esta mañana a mi oficina para exigirme que dejara a Draco porque, supuestamente, yo le impedía estar con su hija —espetó Hermione—. Y como no quise ceder, me mostró esa grabación, donde…, donde decía que Astoria era la mujer de su vida y que yo era una chica malcriada y berrinchuda.

—¡Eso es una gran mentira! —vociferó la pelinegra mayor, levantándose de su asiento—. ¡Una calumnia!

—Y entonces ¿a qué viniste esta mañana al conglomerado? —intervino Narcissa, al ver que, tanto el señor Greengrass como Astoria, se disponían a defender a su esposa y madre respectivamente—. Porque, viniste esta mañana al conglomerado a hablar con Hermione. Tengo personas, registros y cámaras que confirman tu presencia, tanto en el conglomerado como en la oficina de Hermione.

Los presentes, quienes estaban como espectadores en un juego de tenis, ahora miraban expectantes a Margareth, quien estaba pensando a mil por hora como librarse de su culpa y dejar a Hermione como una mentirosa delante de todos. No era algo planificado, ya que en ningún momento se le ocurrió que aquella mocosa la delataría, pero bien podía utilizar ese contratiempo a su favor.

Aunque no estaba segura si resultaría teniendo a Narcissa Malfoy interviniendo en su contra, por lo que, quizás, era mejor utilizar una verdad a medias.

—Vine esta mañana para ultimar detalles de la entrega de los vinos por petición de Anthony —dijo ella, siendo secundada por su esposo quien asintió en confirmación—. Y admito que hablé con Hermione sobre mi opinión de que Astoria y Draco serían una pareja fabulosa, y de que no perdía la esperanza de que Draco reflexionara sobre ello y se casara con mi hija. Pero, en ningún momento le mostré ninguna grabación.

—¡Por supuesto que lo hizo! —bramó Hermione, al ver que aquella mujer la quería dejar como mentirosa delante de su familia—. Según usted ese audio servía para abrirme los ojos y que no siguiera impidiendo que Draco fuera feliz con Astoria.

—¿Y todavía tienes el descaro de seguir difamando a mi madre? —chilló Astoria, levantándose también del sofá—. ¡Porque ella te haya dicho la verdad no significa que tengas que estar inventando cosas sobre ella!

—Silencio, por favor —vociferó John Granger al ver que los ánimos se estaban caldeando—. Hermione ¿tienes esa grabación?

La castaña negó con la cabeza—. La señora Greengrass reprodujo la grabación en su teléfono.

—¿Ah sí? En ese caso esa dichosa grabación debería estar en mi teléfono ¿no? — Margareth extrajo su teléfono de su bolso de mano y lo colocó en la mesita central —. Pueden revisarlo, para que se den cuenta de que esta jovencita miente.

Draco fue quien se abalanzó hacia el teléfono y comenzó a revisarlo. Al cabo de unos minutos, lo dejó nuevamente en la mesita y negó con la cabeza—. No hay nada.

—¿Ven? Se los dije, yo no le mostré nada —dijo Margareth con aires de superioridad—. Ella inventó toda esa farsa de la grabación para enemistarnos con los Malfoy, simplemente porque le comenté mi punto de vista.

—Eso no significa nada —dijo Hermione entredientes, sonrojada por la rabia y la humillación—. Pudo borrarlo después de que salió de la oficina.

—No puedo creer que por un comentario se haya generado toda esta situación —espetó Anthony—. John, pensaba que habías criado mejor a tu hija, pero parece que esa periodista tenía razón, y su buen comportamiento es solo una fachada para cubrir sus…

—¡No se atreva a insultar a Hermione! — bramó Draco, levantándose abruptamente de su asiento y quedar a pocos centímetros del hombre.

—Draco, detente —exclamó John mientras le colocaba una mano en el hombro para retenerlo. Cuando sintió que su ahijado dio un paso hacia atrás dirigió su mirada al señor Greengrass—. No voy a permitir que hables mal de mi hija, Anthony, así que ten cuidado con tus comentarios sino quieres que me olvide de la cordialidad y te haga respetar por las malas.

—Entonces enséñale a tu hija a respetar y a no difamar a las personas —replicó Anthony molesto—. Y deberías pensártelo mejor, muchacho, si quieres a una mentirosa como esposa —le gruñó a Draco.

—¡Mi hija no es ninguna mentirosa! —vociferó Jane acercándose a ellos—. Si Hermione dice que esta mujer le mostró ese audio, quiere decir que lo hizo; no tiene ninguna necesidad de inventar tal cosa, cuando todos sabemos lo desesperada que está Margareth para que Astoria se case con Draco.

—No tengo ninguna necesidad de recurrir a esas artimañas —espetó la aludida con altivez—. Draco tarde o temprano se dará cuenta de que cometió un error al pedirle matrimonio a esta… señorita —señaló a Hermione con desprecio—. De hecho, bien puede darse cuenta ahora mismo de los alcances que puede tener ella cuando se siente amenazada por otra mujer.

—¿Amenazada? ¿Por quién? ¿Por tu hija? —Jane se carcajeó—. Mi ahijado es muy inteligente para caer tan bajo y hacerle caso a Astoria.

—¿Cómo te atreves…?

—Señoras, por favor.

Las mujeres quedaron en silencio y miraron hacia Severus, que había visto y escuchado las discusiones desde una de las esquinas, y que solo decidió intervenir al ver que, probablemente, ellas perderían los estribos y llegarían a otro tipo de pelea.

—¿Me permiten revisar el teléfono, por favor?

—Ya Draco lo revisó y no encontró nada —siseó Margareth—. ¿Qué más tienen que revisar?

—Tienes razón, Margareth, ya Draco lo revisó —concordó Narcissa, muy tranquila en su sillón individual—. Que Severus lo revise nuevamente no quiere decir nada ¿o sí?

Al ver que tenía la atención de todos, incluido su marido, asintió en respuesta y John le pasó el teléfono al pelinegro.

—No sé qué más tienen que revisar si está claro que Hermione es una mentirosa —dijo Astoria, muy satisfecha de sí misma—. Y pensar que te lo advertí, Draquito.

El ojigris solo bufó hastiado y se sentó nuevamente al lado de su novia, tomándola de la mano en señal de apoyo al ver como ella contenía las lágrimas por la rabia y la frustración.

—Señorita Granger.

La aludida miró al ex militar—. ¿Sí?

—¿Es ésta la grabación que escuchó? —inquirió Severus antes de que una voz conocida, proveniente del teléfono de Margareth, se escuchara en la estancia.

—Tu misma lo dijiste, necesito una mujer.

—¿Y entonces que es para ti Hermione?

—Una chiquilla malcriada y caprichosa que hace un berrinche apenas le dicen que no.

—¿Entonces no la quieres?

—No, no la quiero.

—Y si no la quieres a ella ¿Soy yo esa mujer que necesitas?

—Sí, eres la mujer de mi vida. Eres hermosa y con un cuerpo que muchos quisieran tener y poseer, y sé lo que quiero.

—¡Sí, ese es el audio! —exclamó Hermione aliviada.

—Pero esa es tu voz, Draco —dijo John desconcertado—. ¿Qué significa esto?

—Se los dije, esa mujer —Draco señaló a una pálida Margareth—, y Astoria elaboraron un audio alterado a partir de una grabación que seguramente hizo ella —esta vez señaló a la joven pelinegra—, cuando fue hace un mes a mi oficina para convencerme de que ella sería mejor esposa que Hermione.

—¡Eso no es cierto! —dijo Margareth—. ¡Seguro que Severus, en complicidad con Jane, colocaron ese audio en mi teléfono!

—El audio estaba en los archivos de reciclaje de su teléfono, señora Greengrass —dijo Severus impasible, colocando nuevamente el teléfono en la mesita—. Si no sabe encubrir bien su crimen, no culpe a quienes sabemos encontrar la verdad.

—¡Me están difamando! —chilló molesta—. ¡Anthony, has algo!

El señor Greengrass no sabía qué hacer, ni a quién creer. Sabía que su hija tenía un amor platónico por el único hijo de Narcissa y Lucius Malfoy, y que su mujer también ansiaba un enlace entre ambos jóvenes, pero… ¿llegar al punto de crear un insultante audio para interferir en la relación del joven Malfoy con la hija de John Granger? ¿Y después tachar a la muchacha Granger de mentirosa para ensuciar su imagen ante los Malfoy?

La voz del ex militar lo sacó de sus confusos pensamientos—. Si el señor Malfoy está en lo cierto, encontraremos el audio original en el teléfono de la señorita Greengrass.

—¡Oye! ¡Dame mi bolso, Daphne! —chilló Astoria persiguiendo a su rubia hermana por la oficina.

—¡No! ¡Ya me cansé de ver como tus estúpidos caprichos nos meten en problemas! —gruñó Daphne, revisando el bolso hasta encontrar el solicitado teléfono.

—¡Devuélvele ahora mismo el bolso a tu hermana! —bramó Margareth a su hija mayor, haciendo que ambas chicas se detuvieran en el acto.

—Madre, no puedes seguir…

—¡Devuélvele el bolso, Daphne!

—Dale el bolso a Astoria, princesa —dijo Anthony a su hija.

—Pero, papá…

—Dale el bolso a tu hermana. —la rubia estaba por gritar de impotencia cuando su padre agregó—. Pero el teléfono entrégaselo al señor Snape para que lo revise y termine con todo esto de una vez.

—¡Anthony!

—¡Papá!

Daphne asintió con una sonrisa satisfecha, en cuanto tuvo el teléfono en sus manos, le tiró el bolso a su hermana y le entregó el teléfono al pelinegro.

Al cabo de unos minutos, Severus reprodujo la grabación original, haciendo que la señora Greengrass se pusiera más pálida de lo que estaba y Astoria mirara con impotencia el suelo. Para cuando terminaron de escuchar el audio, el señor Greengrass estaba tenso como una cuerda, las dos pelinegras no sabían dónde esconder la cabeza; Draco, Narcissa, Jane y John, estaban con expresiones serias, mientras Hermione, a pesar de las circunstancias, se sentía doblemente aliviada al ver que se había demostrado que ella decía la verdad, y que Draco no le había mentido sobre aquella conversación.

—Mi familia y yo les debemos una gran disculpa —habló Anthony rojo de la vergüenza después de unos incómodos minutos—. Jamás pensé que mi esposa y mi hija actuarían de una forma tan vergonzosa.

—¡Anthony! ¡No tienes porque…!

—¡Silencio las dos! ¡Hablaremos muy seriamente en la casa! —les gruñó el señor Greengrass a su esposa e hija menor. Se acomodó su traje y prosiguió—: Lamento todos los daños ocasionados, y les pido que no lleguemos a mayores por este incidente.

—Yo también te pido disculpas en nombre de mi familia, Draco —dijo Daphne con pesar—. Jamás pensé que mi madre y Astoria llegarían a tanto con su encaprichamiento hacia ti.

—Tú no tienes la culpa, Daphne —aseguró Draco, mirando a su amiga con cariño—. Nadie elige a su familia —le sonrió antes de regresar a su seriedad para, esta vez, dirigirse al patriarca de los Greengrass—. En cuanto a no llegar a mayores, tendría que pensarlo.

—Por favor, no podemos considerar que fue un pequeño desliz por parte de dos mujeres celosas…

—¡Anthony!

—¡Silencio!

—No fue un "pequeño desliz", señor Greengrass —siseó Draco, mirando con desprecio a las dos mujeres en cuestión—. Usaron una grabación con mi voz para falsificar un audio, y eso es un delito.

Tanto la señora Greengrass como su hija abrieron los ojos desorbitadamente y miraron horrorizadas al rubio.

—No pensarás en denunciarnos —tartamudeó Margareth nerviosa.

—¡No puedes mandarnos a la cárcel por una tonta grabación, Draco! —gimió Astoria mientras se acercaba a él y lo agarraba del brazo—. Solo queríamos que la tonta de Hermione te dejara tranquilo para que por fin te dieras cuenta que solo yo puedo ser tu esposa, que estamos destinados a estar juntos.

—Por Dios, Astoria, ten dignidad por una vez en tu vida — espetó Daphne a su hermana—. Y resígnate de una vez que Draco no te quiere, no te quiso y nunca te querrá como esposa ni nada que se le parezca.

—Deberías escuchar a Daphne —gruñó Draco, soltándose del agarre de la pelinegra—. Ya has ocasionado demasiados problemas a tu familia por tu terquedad.

—¡No! La única culpable de todo es ella ¡ella! —vociferó Astoria señalando con rabia a la heredera de los Granger—. ¡Ella se metió entre nosotros, ella interfirió en nuestro destino de estar juntos! ¡Te voy a matar, maldita! —y se abalanzó hacia la castaña, pero fue detenida por el joven abogado.

—¡Ya basta, Astoria! ¡Basta! —bramó Anthony, quitándola de los brazos del rubio—. ¡Se acabaron tus tonterías! ¡Nos vamos ya! —y salió de la oficina, arrastrando a su histérica hija y sin dejar de disculparse con los presentes.

—Nosotras también nos vamos, con permiso y nuevamente les pido disculpas por este bochorno —dijo Daphne, llevando por el brazo a una cabizbaja y pálida Margareth a la salida que, para sorpresa de todos, se retiró sin ninguna queja o gesto de odio.

Una vez la familia Greengrass se retiró de la oficina, todos respiraron aliviados, inconscientes hasta ese momento de la gran tensión que se respiraba en aquella amplia estancia.

—Ni siquiera he dado el discurso de bienvenida y me siento exhausto —comentó John tomando asiento nuevamente en su sillón.

Jane se acercó a su esposo y comenzó a masajearle los hombros por encima de traje—. Pues yo no puedo creer hasta qué punto las personas pueden ser tan malintencionadas.

—Lo que yo no puedo creer es como Margareth fue tan estúpida como para creer que nosotros colocaríamos en entredicho las palabras de Hermione —gruñó Narcissa, dejando su máscara de tranquilidad a un lado y dejaba salir su molestia—. Y encima de todo no oculta bien su crimen y quería culpar a otros de su error.

—¿Estás bien, Hermione? —inquirió Draco a su prometida, aprovechando que los demás estaban distraídos en su conversación—. Te ves un poco pálida — acotó acariciándole la mejilla.

Hermione asintió—. Estoy bien, es solo que la presión del día me quiere pasar factura.

—Podemos irnos, nuestros padres entenderán que…

—No, tranquilo, estoy bien —lo cortó ella con una sonrisa. Le dio un corto beso en los labios—. Gracias por defenderme y por creerme, y perdóname por no haber creído en ti.

—Créeme que encontraré muchas maneras para cobrarme tu desconfianza —susurró Draco con una sonrisa traviesa que se atenuó aún más al ver su sonrojo, pero luego la miró serio—. No te culpo por desconfiar de mí, Hermione, hasta yo desconfiaría si escuchara una grabación tan buena como esa —soltó un profundo suspiro—. Aunque admito que me dolió mucho escucharte decir que no querías casarte conmigo…

—Draco, yo…

—No, escúchame. —el rubio la tomó de ambas manos y la miró fijamente—. Me dolió, pero tu mirada fue quien me sanó al mismo tiempo, al ver que no sentías realmente lo que estabas diciendo.

—No te imaginas el dolor que sentí en ese momento, el resquemor que quedó en mi ser al tomar la decisión de dejarte ir. —una lágrima escapó de los ojos de la castaña—. Fue horrible imaginarte lejos de mí, pero peor era imaginarte infeliz a mi lado.

—Eres una tonta ¿lo sabías? —gruñó él mientras le secaba las lágrimas—. Te lo dije una vez: soy egoísta y quiero que seas feliz… pero a mi lado, por lo que no te dejaría ir así sin más.

La morena sonrió emocionada—. Sí, ahora lo sé.

—¿Me quieres? —la morena asintió—. Entonces, sé egoísta al igual que yo y no me dejes ir —culminó con un guiño.

Hermione se carcajeó con ganas, una risa liberadora para ella—. Ya te habías tardado en soltar una de tus perlas, pero te lo prometo, seré egoísta contigo. —y lo besó apasionadamente, sintiendo como se detenía el tiempo y como todo lo demás dejaba de importar. Solo podía sentir la imperiosa necesidad de saborear aquellos labios que, solo por unas largas horas, pensó que ya no podría disfrutar de ellos nunca más.

Pero no era una necesidad unilateral, ya que Draco también le respondió de la misma manera, transmitiendo en ese beso, no solo su amor, sino también el miedo que sintió al existir la posibilidad de perderla.

—Eh, chicos…

Ambos salieron de su burbuja de amor y se separaron poco a poco, miraron a sus progenitores, quienes los observaban a su vez con una sonrisa socarrona.

—Saben que después de la fiesta pueden irse a realizar sus propios planes ¿no? —dijo Narcissa divertida.

—Solo nos besábamos, madre, estábamos muy conscientes de su presencia —replicó Draco socarrón—. Si no fuera así, Hermione ya no estaría sentada en el sofá sino en…

—¡Draco! —chilló Hermione, su cara haciéndole competencia a su vestido por la pena, mientras le daba un manotazo en el hombro a su novio, produciendo varias carcajadas en los presentes.

—Antes de regresar a la fiesta…, quiero saber qué harás con Margareth y Astoria Greengrass, Draco.

El rubio miró a su padrino con seriedad—. Sinceramente aun no lo sé, tío John, pero aun no descarto una demanda.

—Si decide llevar a cabo la acusación, allí están los teléfonos de la señora y la señorita Greengrass —acotó Severus señalando los equipos encima de la mesita—. También puedo indagar un poco más y descubrir quién creo el audio falso para que sirva de testigo a su favor.

—Si pudieras hacerlo te lo agradeceríamos, Severus —expresó Narcissa—. No está demás tener esa información en nuestras manos, se lleve a cabo la demanda ahora o no.

—Cissy tiene razón —concordó John—. Aun si se decidiera dejar esta incómoda situación atrás, siempre es bueno tener un as bajo la manga en caso de que esas mujeres quieran seguir con sus fechorías hacia mi hija.

Draco solo asintió conforme con la idea, por lo que, después de comentar algunas pautas, finalizaron la discusión del tema y se dispusieron a reintegrarse a la fiesta, a fin de olvidar el mal rato sufrido y de disfrutar de las buenas cosas de la vida.


Hola a todos, espero que les haya gustado el cap :)

¡Lo logré! Pude actualizar lo más rápido que pude n_n {para lo que me ausento, sí, eso fue rápido ;) }

¿Qué les pareció la discusión? Ya era hora que le dieran un stop a las Greengrass ¿no creen? (Ojo, excluyo a Daphne de este dúo de locas)

¿Y será que Hermione por fin le tendrá más confianza a Draco?

¡Falta poco para que termine la historia! ¡Que nervios! :s

En fin, ya saben, dejen sus comentarios, opiniones, sugerencias...

Nos leemos después. Besos a todos :*