-LADY OSCAR NEWS DREAMS-

Arco II: "Identidad"

Capítulo XXVII: "El Regalo de la Vida"

Varios días habían pasado, y había sido una sorpresa para todos en Schönbrunn el regreso de la Princesa Marie Fernanda, la más joven hija de la Reina. Las lágrimas cayeron del rostro de Marie Teresa cuando vio entrar a la sala del trono a la más pequeña de sus descendientes.

-¡Fernanda! – Exclamó Teresa levantándose del trono.

-¡Madre! – Exclamó Fernanda entre lágrimas, corriendo a abrazar con fuerza a su madre. - ¡Te extrañé demasiado, madre! –

-Oh, mi pequeña hija, yo también te extrañé… - Respondió Teresa con felicidad, correspondiendo el abrazo de Fernanda. - ¿Por qué has vuelto? El Conde de Mercy no me ha informado de nada. –

-Madre, necesito hacerte una pregunta y quiero que seas totalmente honesta. – Agregó Fernanda separándose de ella para verla fijamente, Marie Teresa se quedó sorprendida con la seriedad con la que hablaba la menor, así que asintió lentamente en silencio, incitándola a continuar. - ¿Quién soy? – Preguntó finalmente.

-¿De qué hablas, Fernanda? – Cuestionó Marie Teresa, mirándola.

-Sé que no eres mi verdadera madre, con el pasar de los años pude ver finalmente todo lo extraño que me rodeaba…así que quiero que me digas en este momento quién soy en realidad. – Explicó Fernanda con seriedad, sorprendiendo aún más a la Reina. – Por favor, madre, lo necesito. –

-¿Estás segura de que eso deseas? – Preguntó con voz firme la Reina, Fernanda asintió sin duda alguna, haciendo que Teresa soltara un suspiro largo. – En 1714 se firmó el Tratado de Rastatt, un soldado de Francia llamado Antoine de Beaumont escoltó a los representantes de Francia hasta Alemania, lugar donde se firmó dicho tratado. –

-¿Eso qué tiene que ver conmigo? – Preguntó Fernanda impaciente, sin entender de que iba aquella conversación.

-Todo. – Respondió Teresa con voz firme, callando a la menor sin ordenarlo en realidad. – Después de que el Tratado fuera firmado, Antoine, quien apenas era un joven de 18 años, fue enviado como espía a Austria bajo un nombre falso y se instaló en Viena como un simple campesino, yo era apenas una niña de 3 años, y una de las mucamas que me cuidó desde pequeña se llamaba Julia Lafere, era una simple huérfana de 16 años que trabajaba en el Palacio por su madre, que había muerto poco antes de un problema en el corazón. – Prosiguió relatando la Reina, caminando hacia uno de los ventanales de la sala. – Se conocieron por casualidad en el pueblo y en el año de 1735 se casaron con la aprobación de mi padre, quien desconocía la identidad de Antoine. – Se giró a ver nuevamente a Fernanda, soltando un pequeño suspiro antes de proseguir. – Tenía tan solo 2 años de haber sido coronado Reina cuando Julia, que se había convertido en alguien cercana a mí, concibió a su primera hija, Cecilie, y siete años después nació una segunda hija, a quien llamaron Anne. – Agregó caminando hacia ella.

-¿Qué…? ¿Cecilie? ¿Anne? Imposible… - Murmuró Fernanda atónita, comenzando a relacionar todo.

-Fue a mediados de 1755 que Julia me informó de su tercer embarazo, y pocos días después la identidad de Antoine fue descubierta por el Conde de Mercy, quien escuchó una conversación entre Julia y su esposo, fui informada de inmediato. – Continuó tomando las manos de Fernanda, quien seguía incrédula de todo lo que estaba escuchando. – Antoine se presentó ante mí suplicando que le perdonara la vida y que permitiera que su familia abandonara Austria, me prometió que había fingido su muerte algunos meses atrás para que no lo buscaran más, pero planeaba llevarse a vivir a su familia a un pueblo francés en donde tendrían una vida tranquila. –

-¿Qué les hiciste? – Preguntó la austriaca menor con un nudo en la garganta, temiendo a la respuesta.

-Acepté dejarlos ir con una sola condición. – Respondió Marie Teresa, con su vista fija en la menor.

-¿Cuál? – Preguntó Fernanda con la voz temblorosa.

-Que el bebé que estaban esperando se quedaría en Austria conmigo, como prueba de su fidelidad hacia mí y que no intentarían traicionarme. – Respondió Teresa con voz firme, mirando fijamente a los ojos de Fernanda. – Me aislé en mi recámara el resto de mi embarazo al igual que Julia, pocos meses después nació Marie, fingimos que el parto se había adelantado pero que había un segundo bebé en camino que no había sufrido complicaciones, y poco más de un mes después nació esa bebé, una niña llamada Fernanda por petición de Julia. –

-Imposible…entonces… ¿Yo soy…? – Tartamudeó Fernanda con lágrimas, incapaz de creer en toda aquella historia.

-Así es, esa bebé fuiste tú. – Respondió Marie Teresa, apretando el agarre de sus manos. – Cuando te vi y te sostuve en mis brazos, era como si hubieras salido de mi vientre…como si hubieras nacido de mí, te quise al instante que no me importó saber que habías nacido con una malformación, te quise como a una hija más, y te cuidé como tal. –

-¡Pero me separaste de mis padres! ¡Me usaste como si fuera un tratado de silencio para mis padres! – Replicó Fernanda dolida, apartándose de Marie Teresa. – ¡No te importó el dolor de mis padres, ni tampoco si yo sufriría lejos de ellos! –

-Siempre procuré que fueras feliz, ¿acaso no te traté como a Marie, la más pequeña de mis hijas? Te enseñé modales, te di educación, te enseñé a leer y a escribir justo como a mis hijos, ¿acaso alguna vez hice distinciones entre ellos y tú? ¡Nunca! – Reprochó Marie Teresa, sintiéndose ofendida por el tono de voz de la menor. – Cuando cumpliste un año y ya no tuviste que depender de Julia, tus padres decidieron partir a Francia junto a sus dos hijas, pero Cecilie se negó a abandonarte, decidió quedarse en el Palacio para asegurarse de que crecieras dignamente y nada te faltara, tus padres no la detuvieron y se fueron sin más. –

-Conocí a Anne, mi hermana, en Francia…me contó que mis padres habían fallecido hace diez años por el dolor y la tristeza que les causó habernos abandonado a Cecilie y a mí aquí, en Austria. – Agregó Fernanda limpiando las lágrimas en sus ojos. - ¿Por eso no querías que fuera a Francia? ¿Para evitar que pudiera enterarme de todo esto? –

-No quería causarte un dolor innecesario, por eso jamás te conté la verdad. – Respondió la Reina con su mirada firme. – Pero ya la sabes, dime, ¿qué harás ahora? ¿Me odiarás? –

-Por supuesto que no. – Negó la rubia menor, abrazándose a sí misma. – Aunque me duele saber que fuiste capaz de arrebatarme de los brazos de mi madre, no puedo odiarte…no podría…en el fondo de mi corazón siempre serás mi madre, la madre cariñosa que me crio con todo su amor. – Agregó girándose a ver a Teresa. – Pero quizá tú me odiarás a mí. –

-¿Por qué dices eso? – Preguntó la mujer con intriga.

-Porque te fallé… - Respondió Fernanda desviando la mirada, mordió su labio inferior frustrada, pero sabía que no podía ocultar la verdad. – Yo…estoy esperando un bebé, madre… -

-¡¿Qué estás qué?! – Exclamó Teresa incrédula, caminando hacia ella. - ¡¿Cómo ha sucedido eso?! –

-No puedo darte los detalles…lo único que debes saber es que este hijo que llevo en mi vientre, al igual que yo, no lleva sangre noble en sus venas. –

-¡¿Qué dices?! – Exclamó la Reina tomándola de los brazos. - ¡¿Estás esperando un bastardo de alguien que no pertenece a la nobleza?! –

-¡No es un bastardo! ¡Es mi hijo! – Replicó Fernanda con molestia, mirando fijamente a los ojos de la mayor. - ¡Y no me importa no estar casada o que su padre sea un simple lacayo! ¡No me importa si la sociedad me juzga, incluso estoy dispuesta a irme de aquí si deseas echarme! ¡Pero voy a tener a este bebé, porque sin importar quién sea su padre, es mi hijo! –

-Fernanda… - Murmuró sorprendida Marie Teresa, soltándola. – Claro que no te echaría, eres mi hija. – Respondió con suavidad mientras la abrazaba, aferrándola a su pecho. – Quédate en tu habitación, pediré que alguien de confianza te atienda, mantendremos en secreto que estás aquí para que nadie se entere de tu embarazo, y cuando estés por dar a luz traeremos al mejor doctor para que los atienda, mantendré esto de la manera más silenciosa posible, así podrás pasar tranquila estos meses que serán duros para ti. –

-Gracias, madre. – Murmuró Fernanda agradecida, correspondiendo el abrazo. – Quiero que sean Cecilie y Allen quienes me sirvan, son la compañía que necesitaré para salir adelante. –

-De acuerdo, así será. – Respondió Teresa asintiendo, acariciando el cabello de la joven. – Todo estará bien, yo te voy a cuidar. –

-Lo sé, madre…gracias. – Agradeció la austriaca con una sonrisa. – Muchas gracias… -

[…]

Los meses habían pasado y el embarazo de Fernanda había avanzado con normalidad. Su relación con Cecilie se había vuelto más profunda ahora que conocía su lazo sanguíneo, anécdotas sobre sus padres eran relatadas por su hermana mayor antes de dormir, al mismo tiempo que ella le contaba sus experiencias vividas en Francia. Habían mantenido comunicación con Anne mediante cartas, las cuales habían sido enviadas por el Conde Mercy como un favor especial hacia Fernanda y su madre.

Por otro lado, su amistad con Allen se había vuelto íntima desde que el joven la cuidaba prácticamente todo el día en su aislamiento, aunque él no lo confesara abiertamente, Fernanda podía percatarse de los sentimientos que él tenía por ella, incluso había llegado a comportarse como si fuera el padre del bebé que esperaba, siendo cariñoso y atento como un esposo, algo que ella necesitaba en esos momentos, por lo que lo dejó pasar.

Era 14 de julio de 1776 y finalmente había llegado el día en que la joven daría a luz. Los dolores habían durado una semana entera, y el parto había durado 10 horas por las complicaciones físicas que Fernanda padecía, el doctor que la atendía era uno de los mejores en toda Austria, siendo asistido por Cecilie y Allen. Marie Teresa esperaba ansiosa fuera de la habitación de Fernanda, aguardando por noticias positivas, un llanto le indicó que el bebé finalmente había nacido y se puso de pie, viendo cómo Allen salía a toda prisa hacia ella.

-¡Es una niña! – Exclamó emocionado Allen, haciendo una reverencia ante la Reina.

-¡Felicidades, hermana! – Agregó Cecilie limpiando al bebé con cuidado. – Es una niña preciosa. –

-¿De verdad…? Me alegro… - Murmuró Fernanda entre jadeos, exhausta. – Quiero verla… -

-Por supuesto. – Respondió Cecilie envolviendo al bebé en una sábana rosa, llevándola hacia la cama donde Fernanda se encontraba recostada. – Con cuidado. – Murmuró acomodando la bebé entre los brazos de su hermana menor, notando cómo ella sonreía a pesar del claro cansancio en su rostro.

-Hola, preciosa, soy tu mamá… - Murmuró Fernanda viendo fijamente a la niña en sus brazos: su piel era ligeramente morena y se encontraba colorada, unos mechones de cabello castaño caían por su frente y sus ojos entreabiertos eran de color esmeralda, idénticos a los suyos. – Te pareces a él…a tu padre. –

-¿Ya tienes un nombre? – Preguntó Cecilie sentándose en una silla a su lado.

-Sí. – Asintió Fernanda con una sonrisa.

-¿Cómo te encuentras, hija mía? – Preguntó Marie Teresa entrando en la habitación.

-Cansada, madre, pero feliz de ver que ella nació sana. – Respondió Fernanda girándose a verla.

Teresa caminó hacia la cama para mirar a su hija y después dirigió la vista a su nieta. – Es preciosa, aunque tenga el cabello de diferente color, sus ojos son idénticos a los tuyos. –

-Sí. – Asintió Fernanda, regresando la vista hacia su bebé. – Mira, ella es tu tía Cecilie y ella tu abuela, Marie Teresa. –

-Y dinos, ¿cómo la llamarás? – Preguntó Allen emocionado, sentándose en el borde de la cama del lado contrario a donde estaban las dos mujeres.

-Andrea Cosette. – Respondió Fernanda con una sonrisa. – En Francia significa "la victoria del pueblo", un nombre peculiar para una niña que ha nacido a pesar de las dificultades, victoriosa, hija de dos pueblos...nacida de un lacayo francés y de la hija de una campesina austriaca. –

-¿Y Andrea? – Preguntó Cecilie curiosa.

-Es un recordatorio del hombre que le dio la vida, aun cuando él no lo sabrá jamás. – Respondió Fernanda en voz baja.

-Aunque no tenga a su padre cerca, el amor de uno jamás le hará falta. – Agregó Allen tomando la mano de Fernanda, sonriéndole cálidamente. – Te prometo que te ayudaré a cuidarla como si fuera mi propia hija, no te voy a dejar sola. –

-Gracias, Allen… - Murmuró Fernanda sonriente, agradecida.

-También yo la cuidaré mucho, después de todo, es mi sobrina. – Agregó Cecilie emocionada abrazando a su hermana. – Así como nunca te abandoné, no abandonaré a la pequeña Cosette. –

Marie Teresa asintió con una sonrisa. – Jamás estarás sola, nada le faltará a mi nieta ni a ti. –

-Gracias, madre…gracias, Cecilie… - Agradeció Fernanda sonriente, al borde de las lágrimas. – Yo también daré lo mejor de mí para que mi hija siempre sea feliz, ¡lo prometo! –

-Palacio de Versalles, Francia ~ Diciembre de 1777-

Muchas cosas habían pasado en Francia desde que Fernanda se había ido. La relación de Oscar y Rosalie era más fuerte desde que habían descubierto que Lady de Polignac era la verdadera madre de la protegida de Jarjayes gracias a las investigaciones de André. Por otra parte, la amistad de Grandier con su ama parecía haber vuelto a la normalidad desde que ambos habían decidido dejar atrás a la austriaca que tanto daño les había causado, siendo conscientes de que no volverían a verla jamás.

Fersen había regresado, y su relación con Marie nuevamente había provocado rumores entre la Corte, algo que sin duda preocupaba a Oscar, temiendo por el bien tanto de su Reina como de su amigo, pero preocupada al mismo tiempo por ser consciente del amor que ambos sentían por el otro que no podía ser correspondido por el hecho de que Antoinette estaba casada con el Rey de Francia y él muy pronto se casaría con una dama a la que no conocía.

Oscar entró en los aposentos de Marie e hizo una reverencia antes de arrodillarse frente a la Reina, quien la miró fijamente.

-¿Sucede algo malo, Oscar? Has pedido una audiencia formal hoy. – Preguntó Marie preocupada por la formalidad de su amiga.

-Yo, Oscar François, he venido preparada para recibir cualquier tipo de castigo. – Respondió Oscar mirándola fijamente, sorprendiendo a la Reina. – Me temo que tengo un consejo para usted, su Majestad. – Prosiguió endureciendo su rostro. - ¡Ha olvidado su papel como la madre y Reina de Francia! Habladurías sobre usted y el Conde Fersen se han esparcido por toda la Corte, ¿ha considerado cuán peligroso puede ser esto para usted si el Rey se entera? Aun si fueran verdad, hay muchos en la Corte que están disgustados con los recientes juegos y reparticiones de Madame Polignac, esto no es solo por las personas que piensan de esa manera. – Agregó bajando la mirada. – Se lo ruego, su Majestad, haga algo, de lo contrario correrá un gran peligro. –

Marie se mantuvo en silencio por unos momentos y después la miró fijamente. – Gracias, Oscar, por tomar cuidado en considerar mis asuntos, pero no parecer entenderlo… ¡Incluso tú no entiendes lo que el corazón de una mujer está buscando! – Agregó sorprendiendo a la menor, quien la miró. – Tenía solamente catorce años cuando me casé en Francia como la Princesa heredera al trono, era apenas una niña que gozaba de jugar alrededor y no sabía sobre el primer amor…para la alianza Austro-Francesa, he llegado a tener la Corona de Princesa, la Reina y ahora de la Madre de Francia, he olvidado que Marie Antoinette es simplemente una mujer. – Comenzó a explicar la Reina levantando la mirada, con lágrimas en sus ojos. – Pero, Oscar François, como una mujer podrías entender que soy una mujer con un corazón para vivir, soy una mujer que quiere amar y ser amada, esperar por alguien que me quiera por quien soy. – Agregó girándose a verla, sin poder detener las lágrimas que caían por sus mejillas. – Fersen…mi juventud fue desperdiciada conociéndolo y enamorándome de él, él fue mi primer amor…ni siquiera Dios puede detener mi corazón para que lo alcance, mi amor está floreciendo como una rosa carmesí… - Prosiguió juntando sus manos en plegaria, cerrando sus ojos tristes. – Su Majestad es un hombre admirable, amable y diligente, lo respeto con todo mi corazón, pero… ¡Pero no lo amo! ¡Somos marido y mujer solamente! Oh… ¡Quiero olvidar mi soledad! – Exclamó cubriendo con sus manos su rostro, sollozando con la voz ahogada. - ¡Es por eso que quiero seguir bailando y cantando, mostrando esos hermosos vestidos, jugando día y noche! –

-Con su permiso, me retiro. – Interrumpió Oscar haciendo una reverencia antes de ponerse de pie y salir a toda prisa de aquella habitación, algo dentro de ella se había removido de forma dolorosa, se recargó en una pared intentando recobrar el aliento.

-¿Por qué? Aun piensa que, aunque soy una mujer no puedo entender…el sufrimiento y la soledad de Antoinette-sama… - Murmuró para sí misma. – Como una mujer… Antoinette-sama… - Murmuró Oscar apretando sus puños frustrada, con lágrimas en sus ojos. – Tenía once años cuando mi padre me preguntó si dedicaría mi vida mi vida a servir a Antoinette-sama…pero… - Murmuró levantando la vista. – Pero solamente puedo observar como Antoinette-sama llega a estar atrapada en críticas y escándalos, ¡no puedo protegerla en todo aun si estaba en lo correcto al estar a su lado! – Exclamó dejándose caer al suelo frustrada. - ¡No podría protegerla…del todo…! – Agregó con su voz ahogada, ocultado su rostro entre sus manos, perdiéndose en las palabras de Marie Antoinette que resonaban en su cabeza junto a vagos recuerdos.

No entiendes lo que el corazón de una mujer está buscando.

-Te amo… ¡Te amo, Oscar…! – Repitió Fernanda, aferrándose al cuerpo de la mayor con todas sus fuerzas. – Si tú también me amas, por favor…hagamos las cosas bien esta vez…empecemos una vida juntas, no importa si nos tenemos que enfrentar a todos, ¡hagámoslo juntas…! –

Soy una mujer que quiere amar y ser amada, esperar por alguien que me quiera por quien soy.

-Es la primera vez…que te veo sonreír con tanta felicidad. – Murmuró Fernanda suavemente, extendiendo su mano para tocar con sutileza la mano de Oscar.

-Bueno, tengo motivos para estarlo. – Respondió la mayor, apretando con delicadeza la mano de la menor mientras entrelazaban mutuamente sus dedos.

Él fue mi primer amor…ni siquiera Dios puede detener mi corazón para que lo alcance, mi amor está floreciendo como una rosa carmesí…

-Dime algo, Fer, ¿qué somos ahora? –

-Lo que tú quieras que seamos. – Agregó la austriaca sonriéndole.

-Entonces, ¿estarías dispuesta a pelear contra todos los que se opongan a que seamos pareja? – Preguntó Oscar con voz seria, mirándola fijamente preocupada de su respuesta.

-Por supuesto. – Asintió Fernanda con una sonrisa dulce. – A partir de ahora estaré a tu lado siempre, nadie me hará dudar de mis sentimientos otra vez. –

No entiendes lo que el corazón de una mujer está buscando.

-Fernanda… - Murmuró con dolor, recordando el rostro destrozado que tenía Fernanda la última vez que la había visto. – Regresa, por favor… -

-Palacio de Schönbrunn - Viena, Austria-

Fernanda se encontraba recostando a la pequeña Cosette (de un año de edad) en su cuna, la observó dormir con tanta tranquilidad que le era imposible creer que aquella dulce criatura hubiera nacido producto de una violación que le costó el perder al amor de su vida. – Mi dulce Cosette…me pregunto si algún día podrás perdonarme por haberte negado la oportunidad de conocer a tu padre, quien ni siquiera sabe de tu existencia… - Susurró en voz baja, acariciando el rostro de la pequeña con sutileza. – Sin importar lo que me haya pasado, eres mi amada hija…eso nadie ni nada lo cambiará, te lo prometo… -

Al fin había descubierto mi verdadera identidad, finalmente sabía quién era yo en realidad. Tenía una familia en Francia que me esperaba, pero llegué demasiado tarde. Ahora tengo la oportunidad de formar mi propia familia rodeada de seres que me aman, y mi hija es el tesoro que encontré después de caer en la oscuridad…pero eso ya no me atormentará más, porque, aunque fue sin duda una tortura lo que viví ese día, André me dio el mayor tesoro de todos: el regalo de la vida.


¡YAHALLO! xHimemikoYukix aquí~

¡Nuevo capítulo! Finalmente nació Cosette, ¿qué será de esa pequeña bebé en el futuro? ¿Llegará a conocer el pasado de su madre? ¿Será que algún día sabrá quién fue su padre y cómo fue que la concibieron? ¿Qué pasará en la vida de Oscar, Fernanda y André a partir de ahora? ¡Los leo en los comentarios!

¡SALUDOS Y AGRADECIMEINTOS A TRINY10! Es un hermoso sentimiento el que tengo cada vez que leo un review tuyo, ¡gracias por seguir esta historia! ¡Espero que me acompañes hasta su final!

¡Dudas, comentarios y demás son recibidos en los reviews y respondidos en la siguiente actualización!

¡NOS LEEMOS!