Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


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CHAPTER XXII: Meraki.

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Cuando Mitsuki se había referido con "lo encontré", Katsuki sólo pudo suponer una cosa y no lo pensó mucho para ponerse de pie, dejando a Ochako con su abuela. Quizá se arrepienta de esa decisión, pero tenía que ver a lo que su madre se refería. Caminó detrás de ella hasta la biblioteca que contaba el ala oeste de la gran casa, las luces se encendieron y en medio del salón, yacía una mesa redonda sobre la cual, una caja de madera con un rótulo blanco en donde rezaba el nombre de Masaru Bakugo, descansaba.

―¿Qué mierda es eso?

Mitsuki lo ignoró para caminar hacia la caja y mirarlo desde allí.

―¿Recuerdas lo que te había dicho sobre el Meraki's Place y su relación con tu padre? ―Inquirió ella, él comenzó a acercarse―. Encontré los planos originales del edificio entre otros planos de proyectos sin construirse.

Katsuki dirigió una mano hacia la caja acariciando la superficie con tanto cuidado como si éste pudiese romperse ante un tacto brusco. Releía el nombre de su padre una y otra vez sin poder creer que aquello le pertenecía.

―Ábrelo ―Dijo Mitsuki, pero Katsuki levantó su mirada hacia su madre como un niño asustado.

Katsuki se relamió los labios y se mordió la punta de la lengua intentando contener las oleadas de ansiedad que subían por él. Tardó un poco pero finalmente, quitó la tapa de la caja para encontrar planos enrollados y amarillentos por los años que tenía encima. Tomó con cuidado uno de los planos y comenzó a desenrollarlo, apreciando el trazo a mano del mismo, era la modificación de una cafetería y a juzgar por su distribución, Katsuki reconoció que se trataba de Limerence.

Tomó otro plano e hizo lo mismo, pero ya no reconoció el diseño; volvió a tomar otro plano y luego otro hasta llegar a uno en particular que poseía las esquinas rotas, muchas arrugas en sus pliegues pero a pesar del maltrato, Katsuki no pudo negar que aquel plano pertenecía a Meraki's Place.

―Mira la firma del arquitecto ―Dijo su madre entonces.

Katsuki desenrollo mejor y fue al rótulo a un costado del plano para reconocer la firma de su padre y unas iniciales: B.M.

―Entonces era verdad ―La voz de Katsuki salió de él como si costara formular palabra por palabra, como si quemara el intento de hablar. Se llevó una mano a su cuello y se lo masajeó como cuando despertó de aquella pesadilla―. Papá diseñó todo esto.

―Tu abuela ha sido tan estricta con él como lo ha sido contigo; a diferencia tuya, él sí renunció a lo que amaba ―Dijo Mitsuki―, aunque al menos, pudo darse la satisfacción de construir el Meraki's Place.

―¿Dónde encontraste todo esto? ―Preguntó entonces Katsuki―.

―Shoto me ayudó ―Él la miró con urgencia, Mitsuki le sonrió con lágrimas en los ojos―. Me ayudó a camuflar nuestros viajes a Italia para buscar los viejos planos de tu padre de cuando estudiaba allí; tenía algunos datos sobre su casa de estudios, no estaba del todo segura pero fue gracias a Shoto que pudimos hallarlo.

―Carajo… ¿Por qué esperaste tanto para contármelo?

―Tú padre me lo pidió ―Katsuki la miró con urgencia―. Él no quería que siguieras sus pasos, que te alejaras de lo que amabas.

Su hijo se alejó de la caja, llevándose ambas manos a su cabello, comenzaba a estrujárselo―. La vieja hizo lo mismo con él…

―Escucha, Katsuki, no es momento para un escándalo ―Mitsuki conocía a su hijo y sabía que era capaz de incendiarlo todo si perdía el control.

―¡De qué demonios hablas! ¡¿Arruinó la vida de papá y no esperas que haga nada al respecto?!

―¡No te mostré esto para que tomes represalias contra tu abuela, niño estúpido! ―Gritó su madre entonces―. Si te estoy entregando esto es porque no tiene caso que sus trabajos se pierdan en un rincón olvidado. Tienes más derecho de lo que crees sobre el departamento, mira la dedicatoria del plano.

Su hijo dudó un poco en hacer caso a las palabras de su madre, sentía mucha rabia y frustración dentro suyo como para hacerlo; bajó la vista al plano abierto del complejo de departamentos, le temblaban las manos pero finalmente, tomó el papel entre sus manos y lo volvió a extender buscando lo que su madre acababa de decir. Al dorso de la hoja, halló unos escritos en japonés.

Meraki: poner el alma, el corazón, la creatividad y el amor en todo lo que te apasiona. Es dejar una huella de ti en todo lo que pasa por tus manos y tu vida. Nunca te conformes, Katsuki.

―Él también fue reacio a acatar las órdenes de su madre y asumir la presidencia, claro que no era tan violento como tú, eso lo sacaste por mí ―Comentó su madre con una sonrisa―, él no quería dejar su gabinete ni sus planos; sin embargo, cuando Masaru supo que yo estaba embarazada, dijo que quería hacer un último diseño que sería sólo para ti, no sabía a qué se refería con lo de "último", él no quiso entrar en detalles.

―Él necesitaba la aprobación de la vieja. ―Mitsuki asintió.

―Tu abuela no estaba a favor de su trabajo como arquitecto ni su relación conmigo, pero él había hecho un trato: a cambio de construirlo y que nos deje en paz, él aceptó la presidencia de About Life Coffe. Y tras finalizar las construcciones, todos los proyectos de tu padre se guardaron en su viejo gabinete en Roma.

Los ojos de Katsuki se humedecieron, intentó contenerse, su garganta dolía al igual que su pecho. Tenía tanto dolor en su interior y en esos momentos, tenía tanto frente a él que no sabía cómo asimilar sus emociones. Desde hace cinco años, había reprimido el dolor de la pérdida que la muerte de su padre había dejado; sin embargo, al tener allí aquel regalo por parte de éste, todo en él salía a flote, todo lo que se guardó por tanto tiempo.

Porque su padre se rehusó a seguir las órdenes de Bakugo Shoen pero las terminó aceptando por su hijo y por la mujer que amaba.

Katsuki sintió los brazos de su madre y no se negó a su tacto cuando ella lo atrajo hacia sí, rodeándolo con cariño. Él la abrazó con fuerza y la sintió llorar en su pecho. Habían pasado tantos años pero finalmente, recuperó un poco de la memoria de su padre. Recordó los sueños con Masaru y comenzó a pensar si era algún tipo de mensaje que quería hacerle llegar y la insistencia por traer a su memoria, sus días en Italia.

―Feliz cumpleaños, Katsuki ―Susurró su madre con cariño.

Estuvieron un momento más así, abrazados, sin decir nada, sólo fundiéndose en los brazos del otro. Mitsuki se separó un poco de su hijo entonces, acarició sus mejillas con sus manos, caminó alejándose de él hacia una de las estanterías cercanas y de entre los libros, sacó un sobre blanco que Katsuki reconoció al instante.

―Mi propuesta de ayuda sigue en pie.

―¿Qué es eso? ―Ella se lo tendió y él tomó entre sus manos para estudiarlo. Lo abrió y encontró una copia de una de las hojas del testamento de su padre―. ¿Qué mierda…?

―Tu padre conocía tan bien a tu abuela que, a escondidas de ella, generó una cláusula que anulaba su control sobre la empresa y sobre los bienes. Shoto me lo había confiado no hace mucho, al parecer le revolvía la consciencia tener esto y no habernos hecho saber por orden de Shoen; me lo entregó unos días antes de que nos encontráramos en el cementerio.

Katsuki se apresuró a leerlo hasta el final y a medida que avanzaba, su ceño se fruncía cada vez más y sus dedos apretaban con fuerza el papel.

―¡Todos en ésta familia están mal de la cabeza! ―Explotó Katsuki tirando los papeles de vuelta a la mesa en donde tenía los planos de su padre―. ¡No me pienso casar sólo para disponer lo que ya me corresponde!

―No seas necio, es tu única posibilidad para ir contra tu abuela. Masaru sabe lo que Shoen es capaz, además, Ochako podría…

―¡¿Te estás escuchando?! ―Interrumpió su hijo molesto, Mitsuki lo miró sorprendida―. No voy a obligarla a casarse conmigo sólo para que la vieja deje de controlarme. ¿Acaso todos creen que pueden manipularnos de ese modo?

―Katsuki, espera y escucha…

―¡Estoy harto de todo esto, de ustedes! ―Su hijo se alejó de ella, saliendo de la biblioteca, caminando furiosamente de vuelta al comedor sin encontrar a ninguna de las mujeres que recordaba estaban allí―. Carajo.

Una de las empleadas ingresó al comedor para limpiar el sitio así que Katsuki se dirigió a ella para preguntar por su abuela, recibiendo como respuesta que se hallaban en el solario del jardín. Escuchaba a su madre llamándolo para que se detenga, pero él sólo quería ir junto a Ochako y alejarla de la casa de la demencia en la que se convirtió su familia. Estaba harto de que todos intentaran controlar la vida de los demás.

Entonces vio a Shoen con una taza de café enseñándoselo a Ochako quien la veía expectante.

―¿Eso qué significa? ―Preguntó Ochako pero antes de que su abuela pudiera responder, Katsuki ingresó al solario.

―¿Qué mierda le estás diciendo, vieja? ―Bramó molesto, consiguiendo que ambas pegaran un respingo ante su voz.

―Katsuki, estás exagerando ―Ochako lo miraba preocupada por su forma de actuar pero él sólo podía ver con rabia a su abuela. Ésta le devolvió la mirada, dejando en la mesa la taza que tenía en sus manos hace un momento.

―Ya no tenemos nada que hacer aquí ―Fueron sus palabras para tomar la mano de Ochako y hacerla levantarse, fue brusco pero en esos momentos no pensaba en otra cosa más que en salir de allí.

Ochako se disculpó tanto con Mitsuki como con Shoen, siguiendo a Katsuki que no la soltaba, ingresaron al vehículo y él tenía las manos temblándole por la rabia.

―¿Qué sucedió? ¿Por qué estás tan molesto?

―Sólo quiero llegar a casa ―Insistió Katsuki.

La mujer le sorprendió verlo tan molesto y el haberla tomado con tanta fuerza le asustó de sobremanera. La castaña se llevó una mano a la muñeca que Katsuki había jalado con fuerza y la sentía arder, en verdad no sabía qué pudo haberlo puesto tan mal como para accionar de ese modo.

Llegaron al departamento y una vez dentro de su propia casa, Ochako cerró la puerta tras de sí para ver la ancha espalda de Katsuki tan tensa, él intentaba calmar sus nervios llevándose ambas manos a sus cabellos y peinándoselos hacia atrás, pero parecía imposible.

―¿Me dirás qué te tiene así? ―Preguntó Ochako entonces.

―No quiero hablar del asunto.

―Me sacaste a rastras de allí pero ¿ahora no me darás una explicación? ―Siguió insistiendo la mujer. Bakugo permanecía allí, de pie, sin decir nada. Ella se acercó a él para tomar uno de sus brazos―. Katsuki, háblame.

―No necesitas saberlo.

―¿Por qué no? ―Ochako comenzaba a molestarse―. Te sentirás mejor si me lo dices, soy buena escuchando.

Él la miró un momento en silencio, recordó la copia del testamento de su padre y la posibilidad de recuperar todo lo que le fue arrebatado por su abuela pero a costa de Ochako, a costa de su libertad. No, no podía arrastrarla en todo eso. Se alejó de ella para ir a su habitación.

―No quiero hablarlo contigo. ―Antes de cerrar la puerta, Ochako impidió que ésta se cerrara.

―¿De verdad vas a alejarme de ese modo? ―Él veía en sus ojos decepción, no quería lastimarla pero la insistencia en la mujer lo sacaba de quicio―. Katsuki, no sé nada sobre ti… Yo de verdad quisiera que confiaras en mí. El aniversario de tu padre te marchaste sin decirme nada y lo comprendí, pero hoy me pediste que sin importar lo que suceda en la casa de tu abuela, yo estaría aquí y aquí estoy…

―Ochako, sólo nos acostamos un par de días y ¿quieres que te confíe mi vida? ¿También con Iida eras así? ―Sus palabras fueron filosas, sintió el momento exacto en el que éstas cortaron parte de Ochako y él se maldijo a sí mismo cuando comprendió cuán profunda fue la herida al ver los ojos de la mujer frente a él. Ella retrocedió unos pasos cuando él intentó acercarse―. Ochako, yo no…

―No ―Dijo ella entonces dirigiéndose hacia la puerta sin mirarlo ya―. Nunca fui así con Iida.

Katsuki se dirigió a ella y tomó su muñeca para impedir que se marchara pero ésta se deshizo del agarre con fuerza, sorprendiéndolo. Entonces vio los ojos dolidos y molestos de la mujer, reflejando su propia imagen.

―No vuelvas a tocarme ―Fueron sus palabras antes de dejarlo solo. Katsuki nunca había escuchado su voz tan fría y tan molesta, seguía tieso en su sitio cuando ella abandonó su habitación.

Se dejó caer sobre su cama, se llevó ambas manos a su frente. Estaba tan molesto con su familia que terminó lastimando a la única persona que intentaba ayudarlo. La culpa y la frustración fueron sus compañeras esa noche de su cumpleaños a horas de que el veintiuno de abril comenzara. Él no durmió nada esa noche, no podía, tenía muchos fantasmas rondando su mente como para intentar cerrar los ojos.


Al día siguiente, Katsuki salió de su habitación para dirigirse a la de Ochako y tratar de hablar con ella pero el vacío en ésta fue quien lo recibió, ella volvió a salir más temprano que de costumbre para no verlo y en verdad, era incapaz de culparla. Él era temperamental e impulsivo que cuando la rabia lo nublaba, no sabía a quién terminaba hiriendo en el camino y cuando todo terminaba, cuando el episodio de rabia terminaba, quedaba todo en llamas a su alrededor.

Ochako fue a quien lastimó el día anterior y seguía repitiendo una y otra vez la mirada que le dedicó tras sus palabras, el dolor, la decepción y el enojo que le provocó. Carajo, no había pegado el ojo en toda la noche pensando en eso y quería arreglar las cosas con Ochako pero ésta no se encontraba en ningún sitio. No tenía más que hacer que darse una ducha y prepararse para ir a trabajar.

No contaba con que aquella rutina de no ver a Ochako en todo el día más que en su puesto de trabajo, duraría un par de días más porque cuando culminaba el horario laboral, Ochako se retiraba con los primeros empleados y cuando llegaba al departamento, no escuchaba absolutamente nada en su habitación.

El miércoles a mitad del día, Katsuki se recostó contra la pared del edificio de Towers en el callejón que Ochako solía utilizar para descansar del trajín del día. Ella lo estaba evitando y él sólo necesitaba verla un momento para sentir que no se derrumbaría en cualquier instante. Encendió un cigarrillo y dio una calada profunda para cerrar los ojos y sentir la nicotina haciendo su trabajo.

La puerta del callejón se abrió y vio a Ochako saliendo por ésta, pero apenas ella lo reconoció allí, se detuvo.

―Creí que estaría vacío ―Dijo para sí misma antes de girar sobre sus pies con intenciones de marcharse de allí.

―Ochako, espera ―Él estiró su mano hacia ella pero se detuvo antes de tocarla. Recordó su modo de tratarla y las palabras que ella le había dicho hace unos días. No quería tocarla sin su consentimiento, no quería sentirse peor que antes. Ella notó aquella pelea interna pero no se inmutó en absoluto―. Necesito hablar sobre lo sucedido el lunes.

―Para mí quedó todo muy claro, Bakugo ―Ella había puesto una barrera entre ambos que lo fastidiaba de sobremanera.

―¡Pues para mí no, carajo! ―Ella apartó su mirada de la suya, él exhaló profundo y apagó el cigarrillo contra el suelo―. Quiero llevarte a un lugar. ¿Podrías esperarme después de terminar la jornada?

―¿Tomará tiempo? ―Inquirió ella, él se mostró confundido ante su pregunta―. Quedé con Todoroki-kun para cenar.

―¿El idiota mitad-mitad?

―¿Hay algún problema? ―Él se mordió la punta de su lengua para negar. Ella asintió entonces, marchándose.

Katsuki la vio desaparecer y sólo deseó poder retenerla un poco más. En serio, era un completo idiota.

El día continuó con los pedidos regularmente cargados, era mitad de semana, no había tanto movimiento como otros días más concurridos, pero de igual manera, la demanda de clientes se extendía. Llegó la noche y de ese modo, muchos fueron dejando sus filipinas en sus respectivos vestidores, guardaban sus pertenencias en sus casilleros y se despedían de sus compañeros.

Uraraka se encontraba sentada en el banco del vestidor, con su cartera lista y su teléfono en sus manos, intentando tranquilizar su interior. Desde que regresaron de la casa de Bakugo Shoen y tuvo aquel roce de palabras con Katsuki, ella lo había estado evitando porque sencillamente, verlo le producía tanto dolor. Ella entendía que sus circunstancias familiares eran complicadas, pero intentó acercarse a él, intentó que encontrara en ella a alguien en quien apoyarse, pero sólo recibió rechazo y no sólo eso.

Ochako, sólo nos acostamos un par de días y ¿quieres que te confíe mi vida? ¿También con Iida eras así? ―Seguía repitiendo esas mismas palabras en su cabeza y se decía a sí misma lo ingenua que fue. Él no necesitaba hablar de sus problemas, él sólo quería un desliz.

Darse cuenta que se enamoró de alguien que la utilizaba de ese modo la hacía sentirse tan pequeña y patética. La noche que sucedió todo, no pudo conciliar el sueño, seguía pensando en lo sucedido sin poder detener sus lágrimas.

Al día siguiente a su discusión con Katsuki, ella se despertó más temprano que de costumbre, se aseó deprisa y se marchó sin desayunar al trabajo intentando no cruzarse con él en el departamento; durante sus horarios de trabajo, ella se mantenía concentrada en sus pedidos, no se molestó en corresponder las miradas de su jefe y trataba de salir temprano para no coincidir con él, de ese modo, tampoco lo veía en el departamento.

Aquello le duró un par de días más, pero ese en particular, lo halló en el callejón donde ella iba cuando sus días se tornaban grises para pensar o sencillamente a ver el tiempo correr durante su horario libre, mas no contaba con encontrarse con Katsuki allí.

Y ahora, ella aguardaba que todas sus compañeras dejaran el vestidor para marcharse con Katsuki a donde sea que él quiera llevarla. No quería prolongar mucho más el asunto, de hecho, esa noche debía verse con Todoroki Shoto quien le había conseguido contactos de otros sitios donde pudiese mudarse, había ahorrado lo suficiente ese primer mes para poder ver un nuevo lugar en donde quedarse.

Si aceptó la propuesta de verse con Bakugo fue para dar cierre a aquel episodio a su lado.

―¿No te vas aún, Uraraka? ―Preguntó una de sus compañeras al verla aún sentada en el banco.

―No, estoy esperando a alguien ―Respondió ella sencillamente.

―Hey, pero ¿todo bien con el jefe? ―Volvió a preguntar. Ochako la miró con duda―. Es sólo que algunos compañeros lo escucharon gritarte en el callejón del edificio. ―Ochako maldijo en su interior a Katsuki por ser tan impulsivo.

―Ya sabes cómo es él ―Ambas sonrieron con pesar―. Pero no fue nada, estoy bien.

Su compañera se marchó de allí y ella aguardó unos cinco minutos más para salir, cerrando el vestidor detrás de ella. Vio a Katsuki en la salida del edificio con un cigarrillo en los labios. ¿Cuántos llevaba en el día? ¿Acaso no pensaba en su salud? Negó con la cabeza, erradicando esos pensamientos, ya no tenía por qué preocuparse por él. Caminó hacia Katsuki, sin mucho ánimo, cuando él la vio, apagó el resto del cigarrillo contra el suelo.

―Traje el vehículo ―Habló y ella sólo asintió.

Ambos se dirigieron a donde dejó aparcado su auto y en un mutismo absoluto, él encendió el vehículo para ponerse en marcha; la emisora transmitía la melodía de Pink Moon de Tash Sultana para bien o para mal, pero ambos compartieron una mirada que ella apartó casi al instante, dirigiéndose hacia la ventana a su lado. No hablaron durante todo el trayecto, ella se encargó de tener la atención puesta en la ciudad que se alzaba delante de sus ojos; Ochako comenzó a percartarse que iban alejándose del centro mismo de Tokio, aunque no deseaba preguntar. ¿A dónde iban?

Pasaron unos diez minutos más para que Katsuki estacionara el vehículo en una dársena para vehículos frente a un parque que ella no supo identificar, sólo podía ver los faroles iluminando la noche y dando mayor notoriedad a los grandes árboles de cerezo que tomaban protagonismo en el sitio. El vehículo se detuvo y Katsuki apagó el motor, aspiró profundo para mirarla entonces.

―¿Dónde estamos? ―Preguntó Ochako. Ella sólo veía un parque lleno de árboles de cerezo y pocas personas.

―El otro día dije cosas que no sentía ―Inició Katsuki―, te lastimé y te ofendí. No espero que me perdones, pero necesitaba traerte aquí.

Él no esperó a que ella hablara, sencillamente bajó del vehículo y ella lo imitó después. Ochako lo vio ingresando al parque, se aventuró detrás suyo, observando todo con ojos curiosos, era la primera vez que estaba allí y podía comprender cuán bello era; el parque se ubicaba sobre una altura pronunciada que permitía visuazliar el centro de Tokio desde allí.

Vio a Katsuki caminando con seguridad hacia un punto en específico, lo notaba seguro en su andar, comprendiendo que él conocía a la perfección el sitio. Ochako lo vio detenerse frente a un banco en particular en cuya posición podía observarse mejor la magnificencia que Tokio representaba. La vista era asombrosa y ella no cabía del asombro.

―Tenía quince años cuando me escapé de casa tras una discusión con mi abuela ―Inició entonces Katsuki mirando el horizonte―, había corrido tanto por tanto tiempo hasta que llegué aquí y me desplomé en el suelo. Mi padre tardó un poco pero terminó hallándome, nos sentamos aquí después. ―Apoyó su mano sobre el respaldo del banco―. Ese día él pudo reprenderme o sermonearme, me lo merecía; sin embargo, me contó que en éste mismo parque, conoció a mi madre.

Ochako lo miró con sorpresa entonces, él le devolvió la mirada con una pequeña sonrisa que la hizo flaquear.

―Ella lo había lastimado con una pelota de fútbol, rompió su nariz y manchó el libro que él leía. Típico de mi madre, aunque en lugar de explotar como todo Bakugo, mi padre no podía dejar de observarla, me dijo que fue lo más hermoso que vio en su vida ―Katsuki se encogió de hombros―. En el aniversario de mi padre vine aquí, estuve todo el día sentado en éste banco pensando en la vida que mi padre vivió. Éramos tan distintos, él siempre fue calmo, sereno y buscaba evitar conflictos, a veces creo que no es hijo de Shoen.

―Sin duda ―Otorgó ella sin poder evitar sonreír. No podía imaginar a un Bakugo siendo sereno.

―Hace un par de años, mi madre me había hablado sobre la verdadera herencia de mi padre y su relación con el Meraki's Place ―Continuó hablando―, había algo que ella no podía decirme, no sin pruebas. El día de mi cumpleaños cuando me alejé de ti para acompañarla porque había "lo había encontrado", supe a qué se refería ―Ochako lo miró intrigada y él se encogió de hombros―. Mi padre estudió arquitectura en Roma cuando era joven, su sueño era construir edificios para la empresa de Shoen pero ella nunca se lo permitió, porque quería que él fuese el presidente de About Life Coffee. Mi madre por fin pudo hablarme con sinceridad sobre la historia de mi padre, de cómo mi abuela no aceptaba su relación con mi padre y de que, a cambio de ser él quien diseñara Meraki's Place y los permitiera casarse, aceptó ser el presidente de la empresa. Ese día, yo estaba nublado por el rencor hacia mi abuela, porque incluso mi padre, terminó vendiendo su alma al diablo.

Ochako lo veía con pena, comprendiendo un poco más todo lo sucedido ese día; cuando lo vio acercarse a ella ese día, vio tanta ira y dolor en él que no supo cuál fue la razón de aquel cambio en él; el conocer todo lo que Katsuki supo, la hizo entender un poco más su sufrimiento.

Él se acercó a ella y podía ver que él deseaba acercar su mano a la suya pero volvió a retroceder. Ella le había dicho que no volviera a tocarla, no quería sentir dolor, no viniendo de sus manos.

―¿Por qué me cuentas todo esto? ―Preguntó entonces Ochako.

―Porque quiero que formes parte de mi vida ―Él la veía con ojos sinceros, ella no podía negarlo―. Pero sé que fui un idiota y no necesitas perdonarme… Sólo quería decírtelo. ―Él, al comprender que no podía tocarla, guardó sus manos en sus bolsillos―. Puedo acercarte a donde sea que te espere el idiota mitad-mitad.

Katsuki se alejó entonces para caminar de regreso a su vehículo, ya no tenía nada que hacer allí; su intención fue ser sincero con Ochako y ya lo hizo, no podía forzarla a volver con él. Antes de poder llegar a su vehículo, sintió la mano de Ochako tomando la suya. Él se volvió a verla y ella lo atrajo hacia sí para abrazarlo. Él quedó un momento inmóvil antes de rodearla con sus brazos y sentirla nuevamente. La había extrañado tanto.

―Mi intención no fue presionarte, es sólo que odio verte sufrir solo ―Dijo Ochako, apegando su frente contra su pecho. Katsuki se alejó un poco de ella, llevó sus manos al rostro de la mujer.

―No quiero hacerlo ―Él acarició su mejillas con cuidado―, ya no más.

Ochako se paró en cuclillas para alcanzar los labios de Katsuki quien no dudó en acercarse más a ella y besarla. El sencillo roce de labios envió una corriente eléctrica en ambos, era la añoranza que sus cuerpos se tenían, ninguno de los dos podía negar cuánta necesidad despertaba uno por el otro; dos días sin sentirse, sin tocarse y un sencillo beso los hizo darse cuenta cuán fundidos estaban en el otro. Él profundizó el beso y ella se abrazó a él, rogando por más.

―Pospondré mi cena con Todoroki-san ―Dijo entonces Ochako llamando la atención de Katsuki.

―¿Es algo urgente?

Ella miró los ojos de Katsuki, esos rubíes brillantes y profundos que la observaban con tanta intensidad. Sonrió para depositar otro beso en sus labios. No, la idea de vivir en otro lugar en donde Bakugo Katsuki no se encontrara comenzaba a resultarle impensable.

―No, puedo verlo otro día ―Él asintió.

―¿Tienes prisa por irte?

―No, ¿por qué?

Katsuki se sonrojó un poco sin apartar sus ojos de los de la mujer.

―Nunca hemos tenido una cita en forma. ―Ochako sonrió.

―Es cierto. ¿A dónde planeas llevarme? ―Él tomó su mano y la llevó hacia el vehículo, ambos caminando tomándose de las manos.

―Cine de terror, palomitas y una pizza familiar ―Respondió él.

―Odio el terror.

―No pienso ver alguna comedia romántica ―Y la discusión sobre qué película terminarían viendo fue la que los acompañó todo el trayecto hasta el centro comercial.