Capítulo 20

Capitana.

—Mira esto —Dave detenía a Melanie en mitad del camino.

La actividad de aquel día estaba prevista para disfrutar del lago y de un agradable paseo en kayak. La mañana había sido ocupada por una extensa clase de dibujo, y tras el almuerzo, todo el grupo al completo se trasladaba hasta el embarcadero, donde iban a disfrutar de una nueva experiencia.

Todos menos Dave, que se había retrasado un tanto al pedirle a Quinn una mochila en la que transportar algunas de sus pertenencias.

Un error por parte de la rubia, que no fue consciente de lo que provocó aquel simple gesto.

—¿Qué es eso?

—Un trozo de globo.

—¿Un trozo de globo? —preguntó confundida la chica— ¿Para qué quieres trozo de globo?

—No lo quiero. Es una prueba. ¿Sabes dónde estaba?

—¿Dónde?

—En esta mochila —respondía alzando la bolsa—. Y, adivina de quien es. Correcto, es de Quinn.

—¿De Quinn? ¿Y qué hace Quinn con un…? —se detuvo— Oh no… ¿Fueron ellas?

—Te lo dije y no me creías. Ellas son las culpables, ellas nos lanzaron los globos.

—Maldita rubia. Tenías razón… Dios, ahora mismo voy a decirle varias…

—Hey, para —la detuvo—. Déjalas que crean que nos han engañado. Nos vamos a vengar.

—¿Vengar?

—Sí, ellas nos mojaron, pues ellas se mojaran hoy —espetó sonriente.

—¿Estás seguro?

—No he estado más seguro en mi vida —sentenció emprendiendo de nuevo la caminata hacia el embarcadero, lugar en el que se iba a llevar a cabo la primera actividad de la tarde.

Quinn también lo hacía, unos metros más atrasada, como siempre solía hacer cuando caminaban en grupo. El motivo, no dejar pasar la oportunidad de observar todo cuanto iba saliéndole al paso en aquel sendero. Y es que Quinn se detenía en cada detalle, buscando bajo cada árbol algún indicio de flores que no hubiese descubierto aún, y disfrutando plenamente de un camino que poco a poco iba llegando a su fin. Y por supuesto, tras ella, Rachel. Que había encontrado en entretenimiento favorito observándola.

Habían pasado la mañana acompañándose mutuamente mientras dibujaban. Una mañana que amaneció de una manera completamente distinta a las anteriores.

La conversación que mantuvieron durante la noche, en aquel maravilloso rincón mágico, las unió aun más de lo que ya estaban. Quinn se esmeraba en que la relación entre ellas dejase de necesitar las absurdas mentiras que llevaban a cabo para poder pasarlo bien. Sin necesidad de disimular nada, sin tener que actuar de forma extraña solo para ganar aquella guerra en la que estaban inmersas.

Quinn lo había decidido así, y estaba dispuesta a cumplido. No más problemas, no más situaciones comprometidas que pudieran volver a perjudicarla a ella. A Rachel.

Sentía aprecio por ella, siempre lo sintió a pesar de no demostrárselo. Conocía su integridad. Sabía que era generosa, que tenía un gran corazón, y por mucho que Finn se interpusiera entre ellas, siempre iba a estar ahí. Pero desde que toda aquella aventura había empezado, y tuvo la oportunidad de conocerla más personalmente, el aprecio se convirtió en algo más. En algo mucho más importante que el cariño o la preocupación.

Le importaba.

Se sentía mal si la veía mal, sonreía si la veía sonreír e incluso llegaba a sentir como su corazón se expandía al máximo cada vez que compartía alguna frase, sonrisa o mirada cómplice con ella.

Le gustaba estar a su lado, y eso era algo que no pensaba destruir por culpa de una estúpida discusión con Dave.

Sin duda, había conseguido llevar a cabo esa amistad que tanto había deseado Rachel, y ahora ella se beneficiaba como nunca imaginó.

La morena también se sentía bien. El simple hecho de ver que Quinn estaba dispuesta a acabar con todos aquellos líos por ella, le hacía sentir importante.

Quinn conseguía ese efecto en ella. Conseguía que todo volviese a una relativa calma cuando más alterada se sentía. Y le estaba mostrando a una chica completamente distinta a la que conocía.

Quinn no era la antipática capitana del equipo de animadoras, ni era la ex de su más que probable novio. Quinn era una chica divertida, con un talento increíble para el dibujo, con una curiosidad sorprendente por la naturaleza. Protectora, cariñosa y tal y como le había demostrado la tarde anterior, una conquistadora nata.

Los dos besos que se regalaron, uno por las circunstancias que lo rodeaban, y el otro por la diversión que existía en la escena, provocaron un antes y un después en ella. No sólo era el hecho de haber besado a una chica. Era el hecho de que aquella chica fuese Quinn Fabray, la misma que provocaba fuegos artificiales con sus besos.

Verla caminar con el móvil entre sus manos, sacando capturas de todo cuanto le llamaba la atención, no hizo más que incitarla a seguir con aquello, a continuar con la divertida venganza. Porque no podía permitirse el lujo de no seguir disfrutando de todas aquellas anécdotas, por mucho que al final terminase lamentándose.

—¿Capitana o marinera? —musitó al tiempo que se acercaba y la tomaba de la cintura. Quinn se sorprendía, no por la pregunta sino por la acción de la morena.

—Mmm…No sé. Depende —respondió alzando el brazo por encima de los hombros de la morena, y así caminar las dos juntas.

—¿De qué depende?

—De quien sea mi acompañante en el kayak.

—Mmm… ¿Aceptarías a alguien que no ha montado nunca en kayak?

—Claro. Siempre es bueno enseñar a las primerizas —sonrió divertida.

—Curioso. Al final vas a ser tú la culpable de todas mis primeras veces —espetó sonriente, algo que Quinn no hizo al escuchar la sentencia.

—No creo que eso le haga mucha gracia a Finn —respondió alzando la ceja y Rachel se ruborizó. Aunque fue consciente que había sido ella la que dio pie para que Quinn pudiese decir algo así.

—No me presiones, Fabray —bromeó deshaciendo el abrazo, y adelantando el paso—, aún no estoy preparada para eso —añadió regalándole un guiño de ojos que ni siquiera planeó.

Y Quinn volvió a sonreír satisfecha. Ver la actitud de la morena le tranquilizaba, porque era síntoma inequívoco de que se había olvidado un poco de la frustración que sentía al no tener noticias de Finn.

—¿Entonces qué? —volvía a cuestionar girándose de nuevo hacia ella— ¿Capitana?

—No tengo más opción.

No, no la tenía. El embarcadero no tardó en aparecer ante ellas, y una hilera de kayaks esperaban impacientes a ser utilizados por el grupo.

Un chaleco salvavidas y una pala o remo era lo único que necesitaban, ya que las tranquilas aguas del lago, permitía que el paseo fuera mas una actividad de relajación, que deportiva.

Quinn no dudó en adueñarse del asiento en la parte trasera del kayak que le habían adjudicado, después de la exhaustiva explicación de Miller, y de un monitor especializado en aquella actividad que los iba a acompañar durante el trayecto.

A Rachel le costó un poco más poder tomar asiento. El balanceo de la embarcación, y su falta de equilibrio, suponían una complicada tarea para posicionarse adecuadamente en su zona.

—¿Por qué me dejas aquí delante? Me da miedo ser yo quien dirija.

—Tú no diriges Rachel. De hecho, ni siquiera tenemos timón, ni orza. Aquí solo vale remar.

—¿Orza? ¿Qué es eso? —cuestionó al tiempo que trataba de acomodarse.

—No importa eso, Rachel. Tú solo rema por tu derecha, yo lo haré por la izquierda. ¿Ok?

—Ok.

La señal del monitor llegó apenas unos minutos después, cuando ya todos estaban dispuestos a comenzar con la relajante travesía por el lago Hope.

Un leve impulso de Quinn con el remo sobre el embarcadero, fue suficiente para que el kayak de las chicas se desplazase, alejándose de la orilla.

—¿Lista?

—¡Allá vamos! —exclamó entusiasmada.

Un entusiasmo que se desvaneció durante los primeros golpes de remo. Rachel no conseguía hacerlo de forma continua, marcando un ritmo que Quinn parecía llevar a la perfección, pero que ella no conseguía conectar.

—Uno —espetó tratando de guiarla—, dos…Vamos Rachel, yo marco el uno y tú el dos. ¿Ok?

—Ok.

—Uno…

—Dos…

—Uno…

—Dos…

La compenetración llegó al instante tras aquella idea de la rubia, y pronto ambas disfrutaban del paseo, completamente embelesadas en el paisaje que les rodeaba, y sin percatarse de la extrema cercanía que Mel y Dave comenzaban a tener con ellas.

El chico aún no había previsto su venganza por la guerra de globos, pero estar en mitad del lago, era una buena oportunidad para llevar a cabo su plan.

—Hey… ¿Tenéis bien asegurado el chaleco salvavidas?

—Por supuesto —respondió Rachel con la inocencia que siempre le caracterizaba.

—Bien. Dicen que este lago es profundo. Tenéis que tener cuidado.

—Dave, metete en tus asuntos —interrumpió la rubia apartándose de la pareja, y continuando con el agradable paseo.

Un paseo que duró más de 40 minutos desde que salieron hasta que, tras recorrer prácticamente todo el lago, comenzaron la vuelta al embarcadero.

—Me temo que hoy vamos a tener agujetas —Quinn buscaba algún tema de conversación con la morena.

Rachel apenas había hablado durante la travesía, ya que se limitaba a observar a su alrededor, disfrutar con la tranquilidad que le brindaba aquella actividad, y conseguir mantener el ritmo marcado por la capitana del kayak. Algo a lo que se acostumbró fácilmente.

—No importa. Merece la pena, ¿no crees?

—Sin duda. Lo único malo es tener que dejar el móvil en el embarcadero. Se pueden sacar muchas fotografías de este lugar.

—Procura captarlos con tus ojos. Memoria fotográfica, Quinn —espetó divertida—. Tenemos una maravillosa cámara de fotos en nuestros ojos.

—Eso hago, aunque sería más divertido con algo de música.

—Pues canta.

—¿Yo? Ni hablar, y menos aun teniendo una estrella delante de mí.

—¿Prefieres que cante yo?

—¿Hace falta que te responda?

Rachel sonrió. No podía ver la cara de Quinn, justo a su espalda, pero podía escuchar el tono amable de su voz, e intuía que también sonreía.

—Lo cierto es que hay una canción que me gustaría cantarte.

—¿A mí?

—¿A quién si no?

—¿Y por qué me vas a cantar una canción sólo a mí?

—Tenía pensado cantarla si me pedían algo en la fogata, pero como ya no vamos a seguir disimulando ante Dave y Mel, es absurdo que la cante ahí.

—¿Es una canción de amor? —preguntó divertida.

—Mas o menos…

—¿Y a qué esperas?

—Ok. Pero, antes que nada, déjame avisarte que me he tomado la libertad de cambiarle el título, y algunas partes a la letra.

—Con dedicatoria especial. Ok, ahora estoy impaciente.

—¿Te hace ilusión que te cante una canción en exclusiva para ti?

—Por supuesto. Espero que algún día lo hagas en las nacionales.

—¿Qué? ¿Quieres que te cante una canción en las nacionales? —repitió y la sonrisa de Quinn se convirtió en pequeña risotada—. Hey, sabes que soy capaz de eso y de más.

—Lo sé. Por eso te lo digo. Pero ahora me conformo con que me cantes aquí, ahora…

—Ok. Pues ahora mismo…¡Heyyyy! —exclamó interrumpiendo el canto al sentir un golpe sobre su remo.

—¡Dave! —gritó Quinn al ver cómo era el chico quien daba varios golpes al remo de la morena, y conseguía que cayese al agua. Ni siquiera se habían percatado de la llegada de los dos— ¿Qué diablos haces?

—¿Yo? Nada —respondió con sarcasmo—. Ha sido ella la que se ha enganchado con mi remo.

—Me has golpeado queriendo —le increpó Rachel enfadada.

—Es vuestra palabra contra la mía —respondió el chico alejándose un poco.

—No seas imbécil, le has dado queriendo.

—No, yo soy testigo, ha sido un accidente —interrumpió Melanie provocando la sorpresa en Rachel y en Quinn, que veían como la pareja se alejaba, y ellas habían perdido uno de los remos.

—Vamos a intentar recogerlo —espetó Quinn—, y les vamos a dar su merecido.

—¿Cómo? Yo no llego desde aquí —replicó Rachel mientras observaba como el remo flotaba, y se alejaba cada vez más de ellas.

—Voy a intentar alcanzarlo con el mio…—respondía al tiempo que se ponía de pie en la pequeña embarcación.

—Cuidado Quinn, esto se balancea mucho —Rachel se sujetaba a ambos lados.

La rubia optaba por colocarse de rodillas y avanzar con su cuerpo hacia el agua, tratando de alcanzar el remo con el otro.

—No te muevas tanto, Rachel.

—Eres tú, Quinn. Si te tumbas hacia ese lado nos vamos a caer.

—Voy a intentar remar hasta ahí.

—¿Con un solo remo?

—Sí…Tampoco pasa nada. Haz contrapeso en ese lado —le indicó al ver como el kayak comenzaba a caer sobre su lado.

—Eso intento…

—¡Dios!¡Dios!¡Dios!

El pequeño barco comenzó a oscilar debido al balanceo que se produjo con su peso y el contrapeso de la morena en el lado contrario, y comenzó a zozobrar sin control alguno.

—¡Quinn nos vamos a caer!

—¡Aguanta ahí, Rachel!¡Aguanta! ¡Oh mierda!

—¡Quinn!

Absurdo. El rápido movimiento de Rachel por intentar detener la inminente caída de la rubia por la borda, provocó un feroz balanceo que terminó por lanzarla a ella también al agua, y el kayak se girase por completo, quedando boca abajo en el lago.

—¡Rachel, Rachel! ¿Dónde estás? —Quinn salía a flote buscando desesperadamente a la morena, a la que había perdido de vista tras descubrir que la embarcación estaba del revés— ¡Rachel!

—¡Quinn! —exclamó desde el lado opuesto— Estoy aquí.

—Rachel, ¿estás bien?

Quinn rodeaba la embarcación y se encontraba con la morena, flotando debido al chaleco salvavidas que llevaba, y aun con el susto reflejado en su rostro.

—Sí… ¿Y tú? ¿Estás bien?

—Sí, estoy bien respondía lanzando una mirada hacia el kayak— Mierda… ¿Cómo nos vamos a subir ahí?

—¡Chicas! ¿Estáis bien? —Miller se acercaba rápidamente con el monitor en su kayak.

—No, no podemos girar el kayak —se quejó Quinn buscando alguna alternativa para hacerlo.

—Es imposible que lo giréis ahí —espetó el monitor—. Nadad hacia la orilla, yo me encargo de arrastrarlo hasta el embarcadero.

—Chicas, hacedle caso. Estamos cerca del puerto, regresad por el margen del lago. ¿Ok?

Ambas asintieron. Dave y Mel habían observado toda la escena, pero ni siquiera se habían acercado, tratando de evitar que Miller supiera que había sido culpa de ellos.

Ninguna de las dos dijo nada. La excusa por haber perdido el remo de Rachel era la perfecta, y el profesor no le dio importancia alguna.

—Maldito Dave, ha podido matarnos —masculló la morena al llegar a la orilla.

—Nos la va a pagar, Rachel. Te juro por lo más sagrado, que ésta se la voy a devolver…—espetó Quinn enfadada.

—¿Por qué nos ha hecho eso?

—No lo sé, pero supongo que aún nos guarda rencor por lo de los globos. Estoy segura de que aun cree que hemos sido nosotras.

—Pues a mí me acaba de enfadar realmente. Todo esto ha dejado de ser una estúpida broma. Esto, esto ya es serio. Nos ha lanzado al lago.

—¿Ves? —Quinn se levantaba del suelo e incitaba a la morena a que también lo hiciese— Por eso te dije que era mejor acabar con todo esto. Al final la perjudicada eres tú. Dave no tiene límite.

—No, Quinn —respondía tomando de la mano a la rubia, tras sacudir con insistencia su ropa—, ahora sí que estoy segura de seguir adelante con todo. De hecho, nos vamos a vengar de tal forma, que se va a acordar toda su vida.

—Rachel, no…

—No, Quinn —la interrumpió buscándola con la mirada mientras ya tiraba de ella para emprender el camino de regreso—. Se ha pasado. Esto, esto realmente merece un buen escarmiento.

—¿Estás segura de que quieres seguir? —preguntó.

—Segurísima. Te juro que Dave va a ser el chico más gay de la tierra —masculló realmente enfadada.

—¿Y con Mel? Porque ya has visto que ella también ha sido culpable.

—Ah no, de ella no me hables ahora mismo, porque estoy por lanzarme al lago e ir a por ella. Ella, ella también va a tener su merecido.

—Guau…Rachel, me estás dando miedo —masculló sorprendida, dejándose arrastrar por el sendero que las devolvía al embarcadero.

—No pienso quedarme quieta después de esto, Quinn. Ha sido ruin.

—Rachel —murmuró obligándola a detenerse—, cálmate ¿Ok? Lo que nos han hecho ha estado mal, pero no pienses en venganzas. Realmente no quiero que esto se nos vaya de las manos, y me temo que ya se nos ha ido.

—¿Quieres que le dejemos tranquilo después de esto? —la cuestionó buscando de nuevo su mirada— ¿Te vas a quedar como si nada?

—No quiero que lo pases mal, no quiero que…que…

—¿Qué? —cuestionó impaciente esperando la respuesta de Quinn, pero ésta se hacía de rogar. La rubia parecía haber perdido el habla porque no encontraba las palabras adecuadas para terminar aquella frase, y se extrañó— ¿Qué ocurre Quinn?

Quinn permanecía en silencio. No pudo terminar la frase porque en su mente se hallaba inmersa en encontrar la fórmula correcta para apartar un extraño insecto que recorría el hombro de la morena, y se disponía a caminar sobre su pelo, con el mas que posible drama si ella llegara a percatarse del mismo— ¡Quinn! —exclamó tratando de hacerla reaccionar.

Y lo hizo. Quinn, sin apenas pensarlo, se abalanzó sobre ella y terminó abrazándola, ante la extraña y confusa mirada de la morena, que jamás esperó algo así.

Fue sencillo apartar el dichoso insecto de su pelo con aquel gesto y que Rachel no fuese consciente de ello, pero tras la acción, fue consciente de que no había pensado en una excusa para hacer lo que acababa de hacer. Aunque lógicamente, la suerte la iba a acompañar.

Si había alguien a quien podía abrazar siempre que quisiera, y no sentir rechazo alguno por ello, era precisamente a ella. A Rachel. Era evidente que la morena no iba a dejar pasar una oportunidad como ella, y tras varios segundos tratando de asimilar el improvisado gesto de la rubia, se aferró a ella dejándose llevar por el cariño.

—Oh, Quinn…—susurró abrumada aferrándose a su cintura— ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

—Sí, sí, es solo que….

—¿Te has asustado? —le preguntó con dulzura, y Quinn encontró la excusa perfecta tras asegurarse de que el insecto caminaba por el sendero y se alejaba de ella.

—Sí, me…me he asustado por ti —balbuceó sin apartarse de sus hombros.

—Tranquila. Estoy bien. Sé nadar y este salvavidas también me ayudó —trató de tranquilizarla.

—Cierto —añadió destruyendo el abrazo con sutileza—. Ha…ha sido un acto reflejo, lo siento.

—No te disculpes, Quinn —interrumpió mirándole a los ojos—. Estoy encantada de que me abraces. De hecho, estaría dispuesta a lanzarme al lago cada día si voy a recibir ese abrazo. Pero nada de preocuparse, ¿ok?

—Ok —respondió con una leve sonrisa.

Haber conseguido su objetivo de apartar el insecto de la morena sin que se diese cuenta, le hizo sentir bien. Pero no esperó que la manera de hacerlo, con aquel abrazo, terminase por hacerla sentir aún mejor.

Sin duda, los abrazos de Rachel eran acogedores, cálidos, a pesar de que ambas estaban empapadas, y no podía permitirse el lujo de no recibir aquellas muestras de cariño nunca más.

—Me gusta cómo abrazas, es…

—A mí también —le confesó Quinn—. Quiero decir, que me gusta como abrazas tú, no como lo hago yo. Porque yo no es que lo haga de una forma diferente al resto, pero tú…

Rachel comenzó a reír. Quinn hablaba sin control alguno tratando de explicar perfectamente cuales eran sus intenciones, y lo que sentía con aquellos abrazos, pero unos inexplicables nervios se habían apoderado de ella.

—¿Me estoy liando verdad? —cuestionó tras un breve suspiro.

—Creo que pasas demasiado tiempo conmigo. Empiezas a parecerte a mi — bromeó regalándole una pequeña carantoña en el hombro.

—Ok. Dejemos las charlas, y vamos al embarcadero antes de que vengan a recogernos.

—Está bien… ¿Vamos? —le lanzó la mano y Quinn se extrañó un poco. Ir tomadas de la mano no era necesario en aquellas circunstancias, ya que sólo debían caminar por un sendero que no mostraba dificultad alguna. Pero a Rachel parecía gustarle aquella situación, y Quinn terminó accediendo.

—Esto… Espero que no te olvides de que aún me debes una canción —murmuró al tiempo que comenzaban de nuevo el trayecto.

—Cierto…

—¿Y a qué esperas? —cuestionó divertida.

—¿Ahora?

—Me gusta escuchar música mientras paseo.

—No busques excusas. Lo que te pasa es que te mueres de ganas por saber lo que he cambiado de la canción. No lo niegues.

—Cierto, no lo niego —confesó sin poder evitar la sonrisa—. Pero también es cierto que me gusta pasear con música, y ahora mismo nos vendría muy bien un poco de banda sonora.

—Ok… Ok. Si mi capitana quiere que le cante su canción, yo encantada —le dijo regalándole una pequeña reverencia al tiempo que se soltaba de su mano.

Rachel volvía a prepararse y tras avanzar varios pasos más adelante y aclarar su garganta, se decidía al fin con aquel estribillo que no pudo continuar en el kayak.

Stranded at the drive in
Branded a fool

What will they say Monday at school?

—Oh dios, no me lo puedo creer —susurró al descubrir la canción que había elegido.

Quinn, can't you see, I'm in misery

We made a start, now were apart
There's nothing left for me

Love has flown, all alone

I sit and wonder why

Why, you left me, oh Quinn.

No lo podía creer. Rachel había cambiado el título de aquella canción, sustituyendo el nombre de Sandy por el de ella misma. Pero lo que realmente le tenía embelesada, era como con un simple gesto como aquel, conseguía provocarle tantas cosas. Y una sonrisa pétrea en su rostro.

Oh, Quinn baby, someday, when highschool is done
Somehow, someway, our two worlds will be one

In heaven, forever and ever we will be
Oh please, say you'll stay, oh Quinn.

Rachel comenzó a jugar. Cada frase que cantaba iba acompañada con una divertida sonrisa, y un repentino baile con los árboles que flanqueaban el camino, todo ello bajo la sorprendida mirada de Quinn, que aún trataba de asimilar que era su nombre el que aparecía en aquella canción.

Una canción que hablaba de olvidarse del qué dirán, de creer que quizás algún día, sus mundos volverían a unirse, y formar uno solo, para siempre.

Quinn my darling, you hurt me real bad
You know it's true, but baby you gotta believe me
When I say I'm helpless without you
Love has flown all alone

I sit, I wonder why

Why, you left me, oh Quinn.

¿Por qué me haces esto? ¿Qué hago? ¿Qué se supone que debo hacer?

Miles de preguntas golpeaban la mente de Quinn, que paso a paso iba destruyendo el espacio que la separaba de Rachel. Había terminado la canción con un "Oh Quinn", que aún resonaba en su cabeza, mientras la observaba divertida, esperando su reacción final tras la improvisada actuación.

—¿Te ha gustado? —preguntó impaciente.

El gesto de Quinn respondía afirmativamente a aquella cuestión, pero Rachel necesitaba oírla hablar. Algo que la rubia parecía no tener planeado.

Simplemente se limitó a caminar hacia ella. Por suerte, pensó, el embarcadero aparecía a escasos metros de ellas, entre una frondosa arboleda, y sabía que pronto volverían a la rutina, a enfrentarse con Dave y Mel. Pero en aquel instante, en aquel momento en el que se disponía a pasar justo al lado de la morena, sólo existía una reacción, un gesto, una acción para agradecer aquél regalo en forma de canción.

Rachel se estremeció. Quinn se acercó tanto que a ella que no fue consciente de lo que estaba a punto de hacer. Un sonoro y espectacular beso en la mejilla, que rompía todos sus esquemas, cuando apenas se había acostumbrado a recibir uno solo de sus abrazos.

—Gracias, Rachel —susurró frente a ella, con una enorme sonrisa.

—De, de nada…—balbuceó abrumada, viendo como la rubia volvía a ofrecerle la mano para caminar juntas.

—¿Vamos?

—Quinn… ¿Estás segura de que quieres entrar en el embarcadero así? — preguntó con apenas un hilo de voz, lanzando una mirada hacia sus manos, que volvían a estar unidas.

—No he estado más segura en mi vida, Berry —soltó, y Rachel volvía a enmudecer. De hecho, pudo sentir como un repentino temblor se apoderaba de ella al percibir la total y absoluta seguridad que mostró Quinn en su respuesta, e incluso algo de orgullo por hacerlo. No era la primera vez, ya lo sintió cuando a la salida del Somewhere in time, el club de ambiente al que acudieron apenas una semana antes, y el cual abandonaron de la misma forma en la que caminaban en ese instante, tomadas de la mano sin importarles lo que pudieran pensar o decir de ellas. Pero en aquel momento, estaban rodeadas por sus compañeros.

—¿Es parte de la venganza? —murmuró Rachel tratando de tener una razón lógica a aquel gesto que le regalaba.

—No —respondió contundente—. La venganza vendrá luego, esto es porque quiero…—se detuvo— Si tú quieres, ¿claro? —añadió buscando su aprobación. Respuesta que llegó con una de las sonrisas mas encantadoras que Rachel le había regalado, y un pequeño apretón de su mano como muestra de confianzas—. Quieres —susurró Quinn convencida.

—Quiero, capitana. Por supuesto que quiero.