Chapter 22: Deseos
POV Edward.
Dejo a Charlyn cenando.
Tenía que estar con Renesmee, ella también merecía mi atención. No sé cómo vaya a reaccionar cuando conozca a Charlyn, ojalá que no se asuste. Compartir mi tiempo junto a Charlyn me llenaba de alegría y esperanza, una que hace mucho tiempo mi cuerpo había olvidado.
Cuando llegué mi cuerpo exhumaba vitalidad, así que sin perder tiempo fui en busca de la niña de mis ojos. Renesmee ya había cenado y acababa de salir de un "divertido" baño.
—¡Papi! Hoy fue un día muy diwertido —dijo, su vocecita estaba llena de felicidad.
—¿Sí? ¿Y me extrañaste?
—¡Tí! Siempre te estaño, papi. —Ay, mi niña, yo también te extraño, extraño a mamá, extraño a aquella familia que solíamos tener…
—Yo también. Siempre, hermosa.
—Entones, ¿me lees un cuento? —Sus ojitos estaban iluminados por aquella esperanza que recorría mi cuerpo.
—Por supuesto, princesa Renesmee. ¿Cuál desea?
─La pincesa y el píncipe valiente.
Me levanté por el libro que se encontraba en la repisa, y nuevamente me situé a su lado.
—"Había una vez en un reino muy lejano, una hermosa princesa y su padre, un hombre muy valiente…" —Creo que unas cuantas modificaciones a la historia no estarían de más.
Porque esta noche solo seríamos mi princesa y el "Rey" valiente.
—"Y entonces vivieron felices para siempre." —Cuánto daría para que aquella frase fuera aplicable a la dura, triste y muchas veces desconcertante realidad.
El reloj marcó las diez en punto de la noche y sus ojitos comenzaron a cerrarse, así que como el buen padre que me estaba proponiendo ser, la acomodé bajo las mantas y la cubrí. Me acercaba para darle su beso de las buenas noches, cuando una adormilada y suave vocecita susurró.
—Papi, ya quelo que mami no ete petdida y coocer a mi manito.
Una solitaria lágrima bajó por mi mejilla.
Besé su frente y me alejé, susurrando:
—Yo también quiero que tu mami no esté perdida.
Después de salir de la habitación, me fui a bañar y seguidamente al despacho. Tenía trabajo por delante, como aquella "pequeña" situación con James. Él tenía que pagar por lo que se atrevió a decir sobre mi Bella.
En una corta y concisa llamada a Jenkins, solicité que trabajara más a fondo para que encontrara todas las porquerías que escondía James, ─que estaba seguro que eran muchas. Quería verlo en la cárcel más putrefacta. Y quería más información sobre Charlyn, no me importaba el precio.
Al final el sueño me vence pasada las dos de la madrugada.
La luz del sol parece actuar como mi despertador. Las pesadillas parecen haberme abandonado tras aquel corto período de sueño… Anoche antes de dormirme fui a la alcoba que compartía con Bella y tomé uno de sus suéteres, lo coloqué cerca de mi rostro y aspirando su aroma, engañé a mi cerebro, queriendo burlar mis pesadillas, creyendo que Bella estaba conmigo… y dio resultado.
Después de estar desayunados y vestidos, Renesmee y yo ─jodida Alice y su obsesión con el rosa para mi pequeña, nos dirigimos al auto. Hoy iríamos con Esme.
—A ver, mi algodón de azúcar, vamos que tu abuelita y la loca de tu tía quieren hablar conmigo. Al mal paso darle prisa.
Al llegar a casa de mis padres, volví a fijarme en las sosas paredes blancas, decoradas con cuadros coloridos, y cada mesa o repisa en las cuales alguna foto de la infancia de mis hermanos y mía, o de nuestra adolescencia, hasta de nuestras bodas reposaba… Me quedé hipnotizado, observando una, justo en la repisa de la chimenea, de las tantas fotos tomadas el día de mi boda; Bella con su elegante y hermoso vestido, mi cara de bobo por no poder creer que ese ángel había llegado a mi vida y había decidido quedarse para siempre... Un sueño, un perfecto recuerdo.
Hasta que un dulce toque en el hombro por parte de mi madre y una mirada de compasión de Alice, me sacaron de ese maravilloso pasado.
—Sean breves, tengo mejores cosas que hacer que estar aquí. Y Alice, deja de vestir a mi hija como un jodido algodón de azúcar, ¿no crees que es tiempo de tener los tuyos? —dije, el desinterés y el aburrimiento estaban presentes en mis palabras. Además
de saber que era un golpe bajo para Alice, que por su tamaño tenía el útero bajo y otras complicaciones para concebir. Ya había tenido tres pérdidas, pero debía pagarme por esa maldita mirada de lástima.
—Jasper ha notado a Renesmee un poco solitaria, retraída. No es un psicólogo infantil, pero por el impacto de perder a Bella tan pequeña y tu absurda obsesión de decirle que está perdida, en vez de hablarle con la verdad y que haga un luto propio por su madre; se ha encerrado en sí misma. Un psicólogo infantil recomienda colocarla en una especie de guardería para que aprenda a interactuar con más niños y deje descansar a su mamá.
¿Recomienda? ¿Retraída? ¿Psicólogo infantil? Lo que quieren es quitármela. Me enfurecí.
—¿Terminaste? Alice, no te metas conmigo o con mi hija. Sé que lo que verdaderamente quieres es quitármela porque nunca podrás tener hijos. Solo buscando a quién robárselos. Que decepcionado estoy de ti. Tú, que te llenabas la boca hablando de que tu mejor amiga era Bella, y al tener la menor oportunidad, le quieres robar a su hija.
—Mientras decía todo lo que mi nublada mente quería gritar, me acercaba peligrosamente a Alice… y la acorralé contra una pared, gritándole todo.
Mi cabeza no fue consciente de lo que sucedía a mi alrededor, hasta que la voz y las manos de Jasper me separaron de Alice, mientras esta se deslizaba, llorando por la pared y aferrándose a sus rodillas. Esme corrió a abrazarla.
¿El mundo de repente estaba rojo? ¿Giraba sin control? ¿O solo era mi cabeza nublada por la rabia y la adrenalina? Era consciente de que Jasper me amenazaba con darme una paliza, mas sus palabras no tenían significado o validez para mí.
Lo esquivé y salí al jardín, donde mi papá columpiaba a Renesmee. La tomé en brazos y sin explicaciones o despedidas, me subí al auto y después de asegurar a mi hija en su silla, salí rápidamente de allí.
Manejé con precaución ya que la niña iba conmigo. Cuando llegamos a casa la dejé con Sue.
No quería ir a la oficina, pero tenía que comprar un apartamento para que Charlyn viviera. Tenía que ser alejado de la ciudad, pero de fácil acceso para cualquier emergencia y poder verla a la menor distancia. Llamé a un agente de bienes raíces quien me recomendó unas pequeñas cabañas con todos los servicios y muy cómodas.
Pasada la una de la tarde, anoté la última dirección solicitada y seguí buscando las cosas necesarias que le podrían faltar a Charlyn; ¿un auto? ¿Sabrá manejar? ¿O mejor contacto a un decorador? Por si acaso no nos gustaba la decoración de la futura cabaña.
La última cabaña fue la que más me gustó. Era grande, sencilla, cómoda y sin escaleras. Tenía grandes ventanales y un jardín extenso; garaje para dos vehículos, el de suyo y el mío. La recorrí minuciosamente, mientras la agente de bienes raíces me explicaba el precio, los impuestos y todas esas pequeñeces…
Firmé el contrato de compra. Sabía que podía reducir su costo, pero quería sacar la cabaña del mercado hoy mismo, y por supuesto traer a Charlyn aquí en el menor tiempo posible.
Benjamín, el decorador, observaba con detenimiento cada rincón de la cabaña mientras anotaba todas mis exigencias.
—Alfombra marrón, suave y acolchonada. —No quería que sufriera un golpe contra el suelo por descuido—. Sillas de madera, sofás cómodos. Como hay solo una alcoba, quiero uno sofá-cama que combine con la decoración. Aunque, pensándolo bien, más que contraste quiero comodidad… Continuando, debe haber un estante para libros, lámparas para que todo esté bien iluminado por la noche, una mesa de centro…
Al llegar a la cocina todo fue más fácil, solo se cambiaría el comedor.
—En la alcoba, quiero una cama grande con cobertores suaves, pero abrigadores. Tiene que quedar espacio suficiente para una cuna. —Pensaba colocar una para Renesmee, pues ella se quedaría con nosotros.
Pasé la tarde revisando que mis instrucciones se cumplieran al pie de la letra. La televisión con satélite instalada, el agua, la luz, la calefacción, la ropa colocada en su lugar…Todo donde correspondía; esta misma noche la traería a las seis.
Llegué al bar y Ángela, la chica gritona, trataba de golpear a James, mientras Jake la retenía y James se burlaba.
Cuando me vio, gritó:
—¡Edward, rómpele la cara a James! ¡Trató de violar a Charlyn!
