!Hola a todos!

Prometí actualizar pronto y aquí estoy :). He leido sus reviews y he sentido su pena :c, lo siento tantoooo. Muchas gracias Aida Koizumi, Honna-chan, Naty U y darkness1617 por sus comentarios.

Y si eres nuevo aquí... ¡no olvides seguir la historia si te gusta!, para recibir notificaciones cuando vuelva a actualizar :3


'

Capítulo 22.- Me pierdes para siempre

(Perspectiva de Inuyasha)

Kagome se subió a horcajadas sobre mí e intenté abrazarla contra mi cuerpo pero no pude. La sentí besarme el cuello y bajar cada vez más con sus labios mientras abría los botones de mi camisa, con ello no pude evitar que gemidos roncos abandonaran mi boca. Me mordió en el abdomen y el fuego me invadió. Por un instante sentí un dolor punzante e insoportable en mi cuello que luego desapareció.

Con la vista muy borrosa y casi inservible la vi levantarse de la cama y quitar su vestido. Vaya… juraría que era rojo pensé, bueh no importaba, sólo quería sentirla a pesar de mi cansancio… Debía estar demasiado ebrio porque al intentar captar su aroma tampoco pude, de hecho, no había ninguno que pudiera detectar en el lugar.

Se subió sobre mi de nuevo, esta vez completamente desnuda.

– Tócame, Inuyasha. – demandó y tomó mis manos para ponerlas sobre sus pechos. Con todo mi esfuerzo los apreté levemente y ella gimió mientras se restregaba contra mí.

Las siguientes imágenes eran lagunas mentales pequeñas: Kagome desabrochando mi pantalón, Kagome masajeando mi miembro, Kagome posicionándolo en su entrada y luego oscuridad.

La próxima imagen era de ella saltando sobre mi mientras gemía con las manos sobre mi pecho. La única zona que podía sentir de mi cuerpo era mi cuello y dolía tanto que me mantuvo completamente distraído. Dios, ojalá estuviera mas consciente en estos momentos.

La sentí jadear cuando llegó a su orgasmo, y por primera vez en todos nuestros encuentros yo no tuve el mío, el cansancio me ganó y ya no pude recordar nada más. El dolor en mi cuello aumentó, sacándome un gruñido desgarrador. Ayúdame, ayúdame a quitar el dolor pensé y luego todo se desvaneció.


'

Desperté con un rayo de luz golpeándome de frente, arrugué mi entrecejo mientras intentaba acostumbrar mis ojos. Me sentí completamente desorientado, esta no era mi habitación. Miré las sábanas de la cama y tampoco las reconocí. ¿Dónde mierda estaba? El dolor de cabeza estaba matándome.

Me giré para abrazar a Kagome a mi lado. Mi rostro se desfiguró cuando noté que una Kikyo completamente desnuda estaba cubierta por las sábanas y abrazada a mi brazo. Me levanté con brusquedad y ella despertó de golpe para luego sonreírme.

– Buenos días Inu.

– Esto es un mal sueño – musité para mi mismo agarrando mi cabeza, las puntadas se hicieron más intensas y me apoyé en la pared para no perder el equilibrio.

– No lo creo cariño, esto es real, estás aquí conmigo. Hiciste el amor conmigo.

Miré hacia abajo y noté mi cuerpo desnudo.

– No… no, no – comencé a hiperventilar mientras intentaba no gritar por el pánico – ¡QUE MIERDA HICISTE!

– Nada, esta decisión ha sido tuya – exclamó mientras se cubría con las sábanas.

– ¡MIENTES! – exclamé mientras la tomaba por el cuello, intenté apretar con todas mis fuerzas y en un movimiento rápido con una de mis manos saqué el bendito anillo de su dedo para tirarlo por el ventanal, no tenía intenciones de arriesgarme. – Yo no haría esto, no dañaría a Kagome de esta forma.

– Deberías meditar las cosas – susurró en un lastimero aliento intentando quitar mis manos de su cuello – Quizás… quizás no la amas tanto. – Su voz sonaba interrumpida por mi agarre.

A pesar de que la odiaba me sentí un monstruo cuando noté su desesperación al no poder respirar, la solté y me pegué a la pared contraria en la habitación, mientras más lejos, mejor.

– Me drogaste, no puedo recordar nada mas que imágenes borrosas. Estás loca.

– ¿Al menos te confirman que tu y yo dormimos juntos no?, no estoy mintiendo.

Busqué mi ropa con desesperación mientras sujetaba mi cabeza, esperando que eso calmara el dolor. Mi marca quemaba como carne viva, eso me estaba mareando, tenía que salir de ahí lo antes posible.

Me vestí como pude y miré mi marca en el espejo de la habitación. Tenía pequeños cortes, pero bastante profundos y estaba inflamada en un aspecto rojizo. Mierda… Mierda

– ¿Te vas tan pronto?

Me acerqué y la miré con la mirada mas amenazante que pude formar.

– No tientes tu suerte, puedo matarte en un abrir y cerrar de ojos. – exclamé y sentí mis ojos arder en rojo – Quiero que esta sea la última vez que te cruces en mi camino, si llegas a tocar un solo cabello de la cabeza de Kagome otra vez… te buscaré y te torturaré arrancando cada extremidad de tu cuerpo con lentitud para luego quemarte viva, quedas advertida.

– Dudo mucho que seas capaz de matarme – musitó.

– No, no he sido capaz antes y mira como ha terminado todo. Pensé por unos instantes que seguías siendo la Kikyo que recordaba con angustia, pero con cariño de fondo. Hoy eres una persona completamente distinta, a esta persona no la conozco, a esta persona puedo matarla sin remordimiento si vuelve a acercarse a mi o a cualquiera de mis personas queridas.

Kikyo me miró con una mezcla de dolor y miedo.

– ¿Queda claro? – pregunté y ella sólo asintió.

– Ya me has dado lo que quería – susurró – Eres libre de irte, no aseguro que sea la última vez que nos veamos de todas formas.

Sentí el odio expeler por mis poros. Tomé mi chaqueta y salí de ahí con rapidez, no necesitaba cargar con la culpa de manchar mis manos con la sangre de alguien a quien había amado… La culpa de traicionar a Kagome ya era suficiente para destrozar mi corazón.

Mientras bajaba en el ascensor sentí lágrimas acumularse en mis ojos sin ser derramadas. Hundí mi rostro entre mis manos intentando encontrar la manera de volver el tiempo atrás.


'

(Perspectiva de Kagome)

Desperté cuando el sol entró por los ventanales de la habitación que no reconocía. Miré la hora, eran cerca de las siete. Me levanté rápido y el dolor en mi marca me recordó por qué estaba ahí en primer lugar y cómo habían sucedido las cosas. Al tocarla me sorprendió notar que había pequeños cortes profundos sobre ella que sangraban un poco, genial, ahora dolía constantemente. Eso era extraño, como youkai se suponía que mis heridas debían regenerarse rápidamente, pero éstas seguían ahí.

Bajé las enormes escaleras y encontré a Rin en la sala de estar leyendo.

– Buenos días Kag, ¿Cómo has dormido?

– Casi no he dormido. De todas formas vengo a despedirme, quiero agradecerte a ti y a Sesshomaru por todo, pero debo volver a mi casa y ver que haré a partir de eso.

Rin miró el cuello de la camiseta que traía puesta, tenía pequeñas manchas rojas.

– Tu marca, está sangrando… - su expresión fue de pánico.

– Si, no te preocupes, prometo lavar tu camiseta y traerla de vuelta como nueva, ¿tienes algún parche que puedas prestarme? – me miró y sus ojos se llenaron de lágrimas, yo no pude entender el por qué. Luego desapareció y volvió con vendas y me ayudo a ponerlas sobre los cortes.

– Muchas gracias – exclamé. Me miró con tristeza, la verdad no sabía la causa, pero mi sexto sentido me dijo que era mejor que no preguntara.

– Sesshomaru te llevará a tu casa, está duchándose ahora.

Algunos minutos después él apareció completamente vestido y listo para llevarme.

– Buenos días, ¿nos vamos? – Su mirada impasible mostró un poco de rabia por un momento al mirar mi cuello – Mierda.

– ¿Qué pasa?

– Nada, no soy la persona indicada para decírtelo. – Okey, esto me estaba asustando.

Cuando llegamos a mi apartamento, Sesshomaru antes de dejarme bajar me entregó una tarjeta con los números de Inu no, Izayoi, Rin y suyo.

– En el caso de que nos necesites, siempre estamos a un llamado de distancia. Cualquiera de nosotros.

– Gracias.

No me miró, sólo asintió mirando al horizonte. Era un hombre muy frío, pero me había ayudado cuando había estado en mi peor momento. Me pregunté internamente como sería con su esposa.

abrí la puerta del copiloto y salí. Antes de cerrar Sesshomaru volvió a hablar.

– Kagome… Espero las cosas salgan bien.

– Yo también.

Cerré la puerta y caminé rápido, el conserje no estaba.

Subí al piso de mi apartamento sin ganas y cuando levanté la mirada de mis pies pude distinguir a Inuyasha sentado frente a mi puerta, abrazado a sus piernas con la misma ropa formal de ayer, el pelo enmarañado, ojeras y ojos hinchados. ¿Había estado llorando?. Al verme se levantó rápido y caminó hacia mí. Me abrazó y hundió su rostro en mi cuello.

– Gatita – su voz sonaba quebrada – Estás aquí… estás aquí. – Pude notar desesperación en sus palabras.

Tuve pena por un segundo y sentí potente en mí el instinto de abrazarlo, pero la rabia lo cubrió cuando mi olfato de Youkai sintió el desagradable aroma de Kikyo sobre él, opacando mi aroma favorito.

– Hueles a ella, todo tu cuerpo emana su olor. – Inuyasha sollozó en mi cuello.

– Lo sé, lo sé.

– ¿Podemos hablar de esto en mi apartamento?, no quiero que los vecinos escuchen.

Se levantó de mi cuello y asintió. Caminamos el resto del pasillo a mi apartamento, ni siquiera me atreví a tomar su mano, al llegar a la puerta introduje la llave y empujé para abrirla.

Al entrar no encontré a Kouga, pero si una nota sobre la mesa de la cocina:

"He salido por el día, me estaba aburriendo aquí, vuelvo más tarde

Kouga"

– ¿Quieres café? – pregunté cordial, él negó con la cabeza, mientras se sentaba en el sofá.

– ¿Con quién te quedaste anoche?, pasé por mi apartamento primero pensando que estarías allí pero no te encontré, tampoco traes tu vestido. – exclamó. Entonces si había pasado por allí.

– La verdad no te incumbe, no soy yo la que tiene que dar explicaciones aquí, después de todo mi aroma no está tapado por el aroma de alguien más.

Agachó la cabeza y yo me senté a su lado.

– ¿Tu herida ha cerrado? – preguntó mientras me miraba preocupado por los espacios entre su flequillo. En ningún momento me miró de frente.

– Sip, aunque ha tardado bastante… ¿Dónde estuviste anoche? – pregunté, ya no tenía ganas de evadir mas el tema.

– En una habitación de hotel… con Kikyo. – Su respuesta me hizo estremecer.

– ¿Contestó tus preguntas? – sólo recibí un movimiento afirmativo de su cabeza como respuesta.

Pude notar su camisa con manchas rojas en la zona donde yo lo había marcado.

– ¿Tu marca está igual de magullada que la mía? – pregunté. Se giró para mirarme, sus ojos dorados se llenaron de culpa y pequeñas lágrimas se acumularon en ellos.

– Gatita yo… No quise hacerlo… no quise.

– ¿No querías hacer qué? ¿Inuyasha?

– El vino, el vino tenía algo.

– No entiendo nada de lo que estás intentando decir.

– Antes de contarte necesito que me prometas que escucharás toda mi historia.

– ¿Es necesario? Me estás asustando.

– Por favor.

– Ok, lo prometo.

– Anoche después de que me fui del evento llegué con Kikyo a su habitación de hotel, insistí en que me dijera la verdad, era lo único que necesitaba para salir de ahí. Según lo que me dijo, el día que se fue lo hizo por miedo, se sentía demasiado comprometida luego de que le pedí matrimonio.

– ¿Esa es excusa suficiente para ti?, uno no abandona a la persona que ama por miedo sin antes darle una explicación.

– No, no es suficiente, tampoco es suficiente su disculpa por haber permanecido lejos tanto tiempo, no le creí ninguna palabra.

– ¿Eso es todo? – Pregunté, eso significaba que después de todo no había pasado nada… Suspiré aliviada, podía perdonarlo por abandonarme si es que realmente había cerrado el ciclo de dolor con Kikyo.

– No – exclamó agachando la cabeza – Ella me dijo que volvió por mí, para estar conmigo otra vez, que me necesitaba. Fue cuando intentó besarme que mi marca dolió, y lo siento mucho, debe haber estado doliendo de la misma forma para ti.

– ¿Te besó? – pregunté, apretando mis manos sobre mis piernas, intentando contener la rabia.

– Mi quejido por el dolor la hizo darse cuenta de la marca y eso la hizo enojar. Después de eso todo son imágenes y recuerdos borrosos yo…

– ¿Tú que… Inuyasha? – musité, las palabras salieron con miedo de mi boca, temiendo por la respuesta a esa pregunta.

– Quería tenerme una vez más, quería que me acostara con ella... – Lo vi juguetear con sus manos de forma nerviosa abriendo y cerrando sus puños.

– Oh no… dime que no lo hiciste – lo miré fijo y no fue capaz de mirarme, sentí mis ojos perder el enfoque por las lágrimas - Lo hiciste.

– Ella me drogó con algo en el vino y yo… yo… me acosté con Kikyo – su voz sonó derrotada mientras bajaba su mirada, avergonzado.

Sentí un hormigueo en mis manos y al mirarlas noté que mis dedos estaban blancos por falta de circulación, estaba apretando mis puños en exceso. Unos segundos pasaron y no pude emitir respuesta, mi cuerpo no se movió, ni siquiera tuve necesidad de pestañear. sentí algo hacer clic en mi cabeza y luego humedad en mi cara, llevé mis manos a mis mejillas y sólo en ese instante pude notar que lagrimas rodaban por ellas.

– Lo siento tanto, jamás te traicionaría de esa forma estando consciente – su voz sonaba seria – Pero la droga me hizo verla como si fueras tú Kag porfav….

– Me traicionaste antes, estando totalmente lúcido… te fuiste con ella por tu propia voluntad. Decidiste que ella era mas importante que yo.

– Espera, no no, tenía que hacerlo, para mantenerte a salvo, ella iba a matarte.

– Inuyasha… morir probablemente habría dolido menos que esto. - la voz se me quebró y sentí mi corazón trizarse cada vez más – Mírame a los ojos y dime que no tuviste deseos de besarla antes de su supuesta droga.

Me miró y abrió su boca para hablar, unos segundos después la cerró y bajó la mirada. Esa era respuesta suficiente.

– Ella prometió...

– ¿Cuántas promesas te hizo antes de abandonarte hace tres años? – musité en un susurro desganado, de pronto ya no quería seguir hablando y el no siguió con su respuesta – Quiero que te vayas, ahora.

– Esto no volverá a repetirse, tú eres el amor de mi vida gatita, jamás te haría ese daño por mi propia voluntad… tú lo sabes… tú me conoces. – las palabras salían sin parar de su boca. Intentó tomar mis manos entra las suyas, pero las aparté con violencia.

– Lo sé – musité – Puedo creer que ella te haya drogado, puedo creer que no fueras consciente de lo que hacías y puedo intentar convencerme de que tus deseos de besarla fueran por el anhelo del pasado, por los recuerdos... Pero tus decisiones erróneas te llevaron a ello. Tú me abandonaste por ella, confiaste mas en ella que en mí. Rompiste promesas que me habías hecho.

– Lo sé, sé que cometí un error estúpido siguiéndola, quizás debí matarla ahí mismo, pero no pude… Lo siento tanto.

– Yo te amo… tanto que duele y siento que mi pena me está quitando el aliento. – la voz se me quebró – Pero no puedo perdonarte, ¿qué me asegura que no volverás a ir con ella si vuelve a aparecer? ¿Qué clase de amor propio estaría dándome si siguiera contigo?

– Te prometo, te juro por mi vida que no volverá a suceder gatita.

– No me interesa la verdad, quiero que salgas por esa puerta y no vuelvas aquí. – exclamé intentando mantener mi voz clara y firme.

– No gatita, necesito que hablemos bien las cosas.

– Anoche fue mi peor noche, ¿sabes por qué? Porque a pesar de que debía estar furiosa contigo… te extrañaba, extrañaba el calor de tu cuerpo junto al mío y mientras mi marca quemaba y punzaba con el peor dolor que he sentido en mis 24 años, pensé que no importaba, que podía perdonarte cualquier cosa, que sólo quería estar contigo. Pero me doy cuenta de que no es así… no puedo perdonarte esto.

– No me dejes, eso significa… significa volver al agujero del que había salido.

– Tuviste sexo con otra mujer, mujer que por cierto es tu ex y probablemente cada embestida tuya contribuyó a cada uno de estos malditos cortes… ¡que no cierran!. – exclamé arrancando las vendas de mi cuello con rabia – Esto es porque me has traicionado, tu propia marca en mi piel me castiga por un error que tú has cometido. No quiero verte, sal, tu elegiste esto cuando la seguiste anoche.

– Gatit…

– ¡SAL, AHORA!, si de verdad me quisiste déjame tranquila. – Sentí mis ojos arder, pude apostar que la rabia había borrado el color chocolate, dándole paso al rojo.

– Sabes que no dejaré de buscarte, no quiero vivir mi vida sin ti.

Me levanté del sofá y me moví con rapidez a la puerta de entrada. Estaba a punto de explotar en llanto y no quería llorar frente a él. abrí la puerta. Él se levantó del sillón y caminó con pesadez.

– Adiós Inuyasha. Este es uno de esos momentos donde no tienes elección.

Inuyasha me abrazó y su fuerza me superó con creces, no importaba cuanto forcejeara, no podía liberarme. Sentí el aroma de la sal en mi cuello y luego pareció sollozar sin control.

– Sé que me odias y es un error que me perseguirá por el resto de la eternidad, pero estás con vida, puedo sentir tu calor aún y eso me tranquiliza a pesar del dolor… Te juro que no importa si pasan semanas, meses o años. Yo esperaré por una oportunidad para volver a hablar. Eres mi compañera por marca y esa decisión la tomé con el corazón, porque estoy seguro de mi amor por ti. Tu naciste para mí y yo para ti… eso no cambiará. Estamos unidos en cuerpo y alma Kagome, ese lazo es irrompible.

Lo sentí inhalar varias veces, como si intentara guardar mi aroma en su memoria y levantó su cabeza de mi cuello. Lo alejé de mi cuerpo como pude.

– No me toques… no puedes venir aquí y abrazarme como si nada hubiera pasado. El olor de ella es tan fuerte sobre tu piel que ni siquiera puedo distinguir el tuyo. – No fui capaz de volver a mirarlo a los ojos dorados por miedo a que me derritieran y respondiera a su abrazo. – Espero que sus respuestas hayan valido la pena. – Me soltó resignado y cerró la puerta tras de él al abandonar mi apartamento.

Apenas lo sentí lejos me hundí en la miseria, me senté junto a la puerta y lloré con desesperación mientras me abrazaba a mí misma, intentando juntar mis pedazos. Sentí el frío a mi alrededor y la soledad me aterró.

*Flash back*

Hojo se levantó enojado de su asiento y me miró de frente, Inuyasha se puso frente a mi tapándome como si intentara protegerme.

No vengas llorando aquí cuando descubras la mierda que es este chico – musitó, mirándome con desprecio – Hay por ahí en el mundo una persona que podría hacerlo olvidarte y dar media vuelta sin pensarlo dos veces, ¿no es así Inuyasha?

*Fin flash back*

Que justo apareciera esa imagen en mi cabeza terminó de romperme… Después de todo Hojo había tenido razón. Cuando había terminado esa relación pensé que había sido el peor dolor existente, pero me había equivocado. El dolor actual me quemaba, me torturaba y parecía no tener fin.

Cogí mi teléfono del bolsillo trasero de mi jeans, no lo había revisado desde la madrugada, tenía 20 llamadas perdidas de Inuyasha. Me prometí a mí misma desaparecer, pero antes de eso tenía que llamar a dos personas. Marqué a la primera.

– ¿Kagome?

– Sango…

– Kaaag, desapareciste de la nada anoche, estaba preocupada, Miroku me dijo que te fuiste con el hermano de Inuyasha, y me ha contado algo del drama y de lo mierda que ha sido, pero no me ha contado todos los detalles… ¿Necesitas hablar de ello?

– ¿Puedes venir a mi departamento? Por favor. – Mi voz sonó quebrada al final e intenté controlar los sollozos, me sentía una tonta.

– Ay Kag… voy saliendo, te veo en 20 – exclamó.

Corté la llamada y cuando estaba por marcar a Kouga apareció por la puerta, que abrió con las llaves que le había pasado.

– Hola Kag, planeaba volver más tarde, pero empezó a hacer frío y vine por algo para abrigarme, el día está…. – Sólo en ese entonces me vio sentada en el suelo, probablemente con los ojos hinchados de tanto llorar – no no no, no puedo verte así otra vez…cariño ¿qué pasa?

Se hincó a mi lado y sólo me abrazó mientras peinaba con sus dedos mis ondas azabache, yo me hundí en su pecho y lloré por un largo rato, suficiente como para que el conserje diera aviso por el citófono que Sango quería subir. Kouga contestó y dio la orden de que pasara. Sentí los golpes rápidos en la puerta y Kouga abrió por mí. Sango entró con una rapidez borrosa mirando por todos lados hasta que me encontró. Me tendió la mano para levantarme y yo la tomé segura, de todas formas, estar en el piso tirada no era la mejor imagen de dignidad.

Caminamos hacia el sofá y Kouga nos siguió en silencio. Al sentarnos quedé en el medio de los dos

– ¿Alguien puede explicarme que mierda pasa? – exclamó Kouga – Kagome salió de aquí ayer por la tarde con la sonrisa más amplia que había visto en su rostro y me la han devuelto rota.

Ambos me miraron con preocupación y comencé mi relato…


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Subí a mi auto estacionado frente al departamento de Kagome y por un momento no supe que hacer, la realidad no parecía real sin ella a mi lado, sin sus sonrisas, su mirada de pena y odio terminó de hacerme sentir como la peor escoria que pisaba este planeta. No fui capaz de encender el motor, alejarme de ahí significaba asumir que la perdía e intenté aferrarme al lugar todo lo que pude.

Vi entrar a Kouga al edificio, había olvidado que estaba quedándose ahí, probablemente el chico me odiaría y nunca tomaríamos las cervezas que habíamos acordado, yo acababa de destruir a su mejor amiga. Un rato después apareció Sango y bajó de su auto dando zancadas, probablemente Kag la había llamado.

Eso me dio un poco de esperanza, Sango podría decirme que era lo que planeaba Kagome hacer ahora. Encendí el motor y emprendí marcha a mi apartamento.


'

Al llegar allí Miroku estaba sentado en el sofá, había olvidado que era fin de semana y no había que trabajar.

– Hola – saludé. Miroku no me miró y tomó sus cosas para ir a la habitación – ¿Estás ignorándome ahora? ¿Eso harás como mejor amigo?

– No me vengas con esa mierda ahora. Te advertí antes de que la cagaras, no quisiste escucharme, por ahora no quiero hablar contigo, pero cuando se pase mi decepción te escucharé, porque esa es mi labor. Tu cara me dice que has perdido todo y eso significa que soy lo único que te queda. Sólo por eso me quedo aquí.

– No necesito de tu lástima. – escupí las palabras con rabia.

– Oh créeme, la necesitas. – exclamó y dio media vuelta.

Me acerqué a gran velocidad y lo tomé por el cuello

– No, no la necesito – la voz se me quebró al final, mierda, esto no era digno de Inuyasha Taisho. Miroku me miró y tomó la mano con la que lo sujetaba, la apretó y se corrió, mi debilidad era notoria. – La perdí… perdí a la chica. – exclamé intentando contener mis lágrimas.

Miroku me abrazó y el nudo en mi garganta se hizo cada vez mas grande.

– ¿Estás seguro de ello?

– Si, no quiere verme, ni escucharme.

– ¿Quieres contarme que pasó?, Hay whisky en la cocina. – me palmeó la espalda y yo asentí. Había sido un estúpido y sabía que Miroku opinaría lo mismo, pero me sentía tan solo con mis problemas que no veía escapatoria por mí mismo.


'

(Perspectiva de Kagome)

– Voy a matar a ese hijo de puta – exclamó Kouga luego de escuchar mi historia – Me prometió cuidarte y mira como te ha entregado.

– Creo que lo mataré yo antes – le siguió Sango.

– Ninguno de los dos lo hará, porque eso no me haría feliz. Ambos están aquí porque son mis mejores amigos, y son los únicos que escucharán mis planes para el futuro.

– ¿Planes? – preguntaron al unísono.

– Me iré de Tokio, quiero empezar de nuevo en otra ciudad y empezaré a trabajar apenas pueda. La vida me pesa y duele demasiado, pero creo que, si me dedico a mi vocación de salvar animales, puedo mantenerme a flote.

– Puedes venir conmigo. – exclamó Kouga – En casa de mi madre hay una habitación disponible.

– Eso sería de mucha ayuda por las primeras semanas. – sonreí y Sango me miró.

– ¿Eso significa que ya no podré verte? – Su voz sonaba decepcionada.

– Por supuesto que sí, te daré mi nueva dirección apenas la tenga y por ahora cambiaré el número de teléfono, pero también lo tendrás, siempre y cuando prometas mantenerlo sólo para ti.

– Prometido. – me abrazó – No quiero que te vayas, pero te entiendo y te apoyo. Sin embargo, ¿crees poder perdonar a Inuyasha algún día? Creo que parte de su relato es verdad Kag… No lo veo capaz de traicionarte de esa forma.

– ¡No puede perdonarlo! – Kouga interrumpió.

– No lo sé Sango, por ahora verlo y estar cerca solo sigue destrozándome – levanté la mano a mi cuello – ¿puedes venir conmigo un segundo a la habitación? Quiero mostrarte algo.

Kouga me miró extrañado, pero no preguntó nada, se acomodó en el sofá y me miró.

– Esperaré aquí – prometió.

Al entrar en la habitación Sango me miró y yo moví mi pelo hacia un lado, había estado usándolo para ocultar la marca y la sangre de mi polera frente a Kouga. Las heridas sobre mi piel seguían abiertas, sangrando de vez en cuando y permanecía roja e inflamada.

– Oh dios Kag. – Se llevó una mano a la boca mientras arrugaba el entrecejo – ¿duele mucho?, puedo darte de mi sangre.

– No servirá. – sonreí triste – Esto es lo que significa para mí la traición de Inuyasha, ¿entiendes por qué quiero huir de aquí?, quiero creer que dejará de doler si me mantengo lejos.

– Eventualmente esos cortes deberían cerrar, lo prometo.

Intenté tocar la herida, pero el roce me ardió tal cual como había dolido antes. Busqué mi chip antiguo dentro de mis cajones y lo instalé en mi celular, me alegré al ver que aun funcionaba. Llamé a Sango a su número y el mío apareció en pantalla.

– Este será mi teléfono, y si vuelvo a cambiarlo prometo avisarte, porque sé el tuyo.

Sango me abrazó y acarició mi espalda con cariño.

– Volveremos a vernos pronto, te lo prometo Kag. Esto no es una despedida, es un hasta luego – me sonrió y secó las lágrimas de mis mejillas – Ningún chico merece tus lágrimas, no lo olvides.

Guardó mi contacto y se fue, mientras tanto Kouga me ayudó a armar mis maletas y avisar al arrendatario que ya no seguiría viviendo allí. Por suerte ninguno de los muebles era mío, lo que significaba cargar sólo con el peso de mi ropa.

Compré un boleto de bus junto con Kouga y al anochecer cuando el bus partió tuve pánico por algunos segundos. Eso significaba abandonar todas las esperanzas, todos los sueños que había puesto en esta ciudad. Me sentí cobarde por huir, pero luego me convencí de que era por mi propia salud mental. El desamor dolía mucho, pero esta vez no me hundiría en la depresión, la combatiría costara lo que costara.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Miroku me acompañó a beber whisky por el resto de la jornada mientras escuchaba mi historia, cerca de las nueve cuando ya había oscurecido, Sango tocó el timbre y Miroku se levantó para abrirle. La besó con delicadeza y por un momento tuve envidia de su felicidad. Sango giró su vista para mirarme con odio.

– Tú, maldita rata, como fuiste capaz de semejante estupidez, ¿te das cuenta de que has perdido a la mejor chica existente en este planeta?

– Sango… - Miroku intentó detenerla.

– No Miroku, tengo muchas cosas para decirle aún. Eres una mierda, espero que lo tengas claro. Y en estos momentos te odio un poco, porque por ti he perdido a la única amiga que tenía en esta ciudad – agaché la cabeza, me merecía todo ese desprecio – Pero a pesar de ello, eres mi amigo… y creo tu versión, te culpo sólo por tomar las decisiones que te llevaron a ser dopado… No puedo huir de nuestra amistad así como así, así que quiero que sepas que estaré para ti, en caso de que lo necesites, con mucha rabia, pero estaré.

– Gracias Sango

– Cállate. Miroku, ¿nos vamos?

– Nos vamos. – Respondió mi amigo.

– Oye Sango. – exclamé.

– Dime.

– Kagome … ¿ella está bien?

– No, pero lo estará.

– Puedo ir a verla, yo…

– Inuyasha… ella se ha ido, lejos de aquí, al menos hace un par de horas. Sólo encontrarás su apartamento vacío. – Mi corazón dolió como si alguien lo hubiera estrujado con la mano.

– Ya veo… - Tuve el impulso de salir a buscarla de inmediato, pero esperaría a que estos dos salieran del departamento.

– Se que irás por ella – Sango exclamó – No puedo detenerte, pero te aconsejaría intentarlo en algunos días, ahora está destrozada, no querrá verte y terminarás de romper lo poco que queda entre ustedes.

Tenía razón, pero mi plan no era hablar con ella, sólo quería saber si estaba bien.

Cuando por fin se fueron sentí el apartamento demasiado grande para mí. Fui a mi habitación y me tiré en la cama, el aroma de Kagome estaba en cada rincón y me invadió la ansiedad. Tuve miedo de olvidar… olvidar su sonrisa y su voz. Me permití llorar en soledad con todo el dolor que pude sacar mientras intentaba abrazarme a mí mismo para no sentirme solo; de pronto la vida ya no tenía sentido para mí.


'

Bien, en definitiva ha sido el capítulo mas triste que he tenido que escribir, de hecho releerlo para subirlo me hizo sentir como una villana :( sdjnfsd, de todas formas considero que Kag ha hecho caso a lo que su corazón le dictaba, las cosas no podían ser siempre de color de rosas para nuestros protagonistas.

Actualizaré el domingo sin falta, muchas gracias por leer y no se desanimen que queda harta historia aún!

Frani.