No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Mariel Ruggieri. Yo solo me divierto un poco.

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Edward se encontraba más tranquilo desde que había tomado la decisión de no pagar nada e ir a juicio y demostrar su inocencia. No era por el dinero; él contaba con eso y más, pero se sentía chantajeado por Tanya y si pagaba iba a ser como admitirse culpable, cuando en realidad no lo era. En realidad no le preocupaba ser procesado, ni siquiera ver arruinada su reputación y su carrera. Lo que temía era perder a Isabella.

Eso era lo único que no podría soportar. El resto no importaba.

En unos días lo citarían del juzgado para declarar, y estaba listo para hacerlo. Fue un alivio decidirse a ir con la verdad en la mano. Pero esa verdad debía saberla primero Isabella. Sin embargo, nunca encontraba la ocasión oportuna para decírselo.

Lo cierto es que tenía miedo. Lo aterrorizaba la idea de que ella no confiara en él y lo dejara.

Sacudió esos tristes pensamientos de su cabeza e intentó sonreír. Le estaba mostrando a su padre unos bocetos que ella había realizado para la decoración del pent-house del Sky Blue. Lo que había ideado era magnífico.

—Increíble. Es realmente bueno… ¿Y me dices que es autodidacta, que no se ha formado en ningún sitio? —preguntó Carlisle observando alternadamente unos planos y el ordenador.

—Ajá.

—¿Quién es, Edward?

—Es Isabella.

—La chiquita que baila maravillosamente bien, y te trae loco…

—La misma.

—Bueno hijo, te diré que has encontrado a la mujer ideal.

—Lo sé, papá.

Carlisle volvió a mirar los bocetos. Era un trabajo digno de un profesional de trayectoria. Sin duda que no era un proyecto del montón; esa chica tenía talento.

—¿Y crees que el techo del baño de la master suite puede ser de cristal estando la obra tan avanzada? Me parece genial la idea de tener una pecera sobre la cabeza, pero…

—Mira, no hay problemas con eso. Ella tuvo en cuenta hasta el más mínimo detalle. El pent-house tiene tres plantas, ¿verdad? Bueno, si pudimos instalar una piscina en la terraza, no va a ser difícil lo de los peces. Fíjate por donde pasan las tuberías, y aquí está el depósito ¿ves? Y este cristal se desliza.

A Edward le brillaban los ojos, y su padre lo contempló con curiosidad. Nunca lo había visto tan emocionado con un proyecto, ni tan entusiasmado con una mujer.

—… y ella le ha puesto un dispositivo que recoge el agua de lluvia. Es una pecera ecológicamente sustentable, papá. Será genial estar en el jacuzzi y tener esa estupenda vista. Y todo lo ha diseñado sin tener idea de que va a vivir allí.

Su padre alzó una ceja ¿De qué hablaba Edward?

—Sí, así como lo oyes. Me quedaré con el pent-house, me mudaré allí y la llevaré conmigo.

—¿Vivirás con ella? —preguntó incrédulo.

—Me casaré con ella, papá. En noviembre.

Carajo. Carlisle se atragantó con el café al escuchar eso. Cuando logró dominar el acceso de tos, tras serenarse, miró a su hijo que sonreía.

—Edward… ¿estás seguro?

—Lo estoy. La amo. Es una decisión tomada, pero sólo lo sabes tú y la familia de Bella. Y en mi cumpleaños anunciaremos el compromiso.

Carlisle se imaginó la cara de Esme y de Renata al enterarse y sonrió. Ese cumpleaños iba a ser una pesadilla para ambas. Pues qué bueno. No obstante, tenía sus dudas de que Edward actuara impulsado por sus instintos más que por amor.

—Hijo, sabes que nunca he metido las narices en tus asuntos personales, pero quiero hacerte una pregunta. Tú decidirás si me la respondes.

—Dime.

—¿Ya te has acostado con ella?

—Papá… me casaré dentro de nueve meses. Si estuviese embarazada agilizaría el trámite, ¿no crees? No temas, no está encinta.

—No es lo que me preocupa, más bien todo lo contrario. Temo que quieras casarte con Isabella para… bueno, para tener sexo con ella. Si es así, Edward, no es una buena razón para tomar una determinación tan importante.

Edward miró a Carlisle pensativo. Sabía que no tenía por qué responderle, y no quería hacerlo por respeto a Isabella, pero quería dejar aclarado el punto.

—Si eso es lo que te preocupa, te diré que no tienes por qué. Eso ya ha sucedido lo suficiente como para darnos cuenta de que queremos más. Papá, no es sólo una atracción sexual, esto es algo para toda la vida.

Estaba tan convencido de lo que decía, que Carlisle no tuvo más que asentir. Lo abrazó, conmovido. Amaba a Edward por encima de todo, y quería que fuese feliz. La pregunta era si esa niña de tan sólo dieciocho años podría darle a su hijo el hogar que él necesitaba.

—Si es así, no tengo más nada que decir. Tienen mi bendición y prometo guardar el secreto hasta tu cumpleaños. Eso sí, avísame unos minutos antes del anuncio porque quisiera tener una buena ubicación para poder fotografiar a tu madre y a tu abuela.

Edward rió.

—No estarán felices, ¿eh?

—No. Esme espera que formalices con Kate, es más, está segura de que así será, y es por eso que ha organizado esta fiesta. Y tu abuela Renata espera lo mismo, así que será un golpe para ambas.

—¡Con Kate! Lo que me faltaba… Papá, gracias por tu apoyo. Te haré un guiño para que te ubiques y le tomes la foto a ese par de locas.

—Y luego la subiré a Facebook. ¿Qué te parece?

Edward levantó su taza de café y tocó la de su padre en un improvisado brindis.

Estaba feliz; sabía que podía contar con él.

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Isabella, por el contrario, no estaba nada contenta. Salió bastante abatida de la Universidad de Montevideo y se sentó en el borde de la acera. Había ido a retirar la nómina de asignaturas, pues sólo faltaban dos semanas para el comienzo del curso.

"Se supone que debo estar feliz. Estoy a punto de iniciar mi carrera, estoy enamorada y pronto me casaré… ¿Pero por qué me siento así? Estoy angustiada. Hace días que me preocupa el tema del dinero y la posición social de Edward. No encajo en este mundo, y no encajaré en la vida de Edward. Desentono en todos lados menos en su cama. Ay, no saldría de allí para nada. Tengo mi autoestima por el piso, y pude percibir cómo me miraban de arriba abajo estas señoritas estiradas y pacatas. Sólo les ha faltado santiguarse a mi paso", pensó con amargura.

Sacudió la cabeza disgustada. No quería ir a esa universidad. Iría a la pública como tenía planeado, y luego, cuando tuviese el título se sentiría un poquito más confiada. El problema era decírselo a Edward. No lo tomaría bien, eso seguro, pero no podía andar por la vida cuidándose de no disgustarlo. Lo mejor era que se fuera acostumbrando al hecho de que ella tenía voluntad propia, y también derechos. Y que se hiciese a la idea de que ella jamás sería una dama de la alta sociedad a la que él pertenecía. No era su muñequita… aunque la había llamado su Barbie Puta y a ella le había encantado. Es que en las circunstancias en que lo había hecho, cualquier cosa que él dijera a ella le habría gustado.

Una conocida sensación de vacío en el vientre la sacó de sus cavilaciones. El día no había terminado, y tenía algo que hacer. Le hubiese encantado pasar por la oficina de Edward y escuchar una vez más lo mucho que le había encantado su proyecto para el Sky Blue, pero el regalo de cumpleaños que planeaba para él la tendría ocupada la tarde entera.

Hacía días que pensaba y pensaba qué obsequiarle. No tenía demasiado dinero y no quería darle otro intangible como la poesía de Reyes. Se le ocurrió un pastel… sí, era buena idea, pero primero tendría que aprender a hacer uno porque no tenía ni la menor noción siquiera de cómo empezar. No sabía preparar más que unos huevos revueltos. Decididamente tendría que perfeccionar sus dotes de Barbie Puta, porque como Barbie Cocinera sería un fracaso.

Le pediría ayuda a Marie, esas cosas a ella se le daban más que bien. Le haría un lindo pastel de cumpleaños con la silueta del Sky Blue, pues sabía cuánto amaba Edward ese proyecto. La había llevado a conocerlo, y ella lo había disfrutado mucho. Él quizás no tanto: se había pasado todo el tiempo echando furibundas miradas a diestra y siniestra. Es que los obreros la habían literalmente devorado con los ojos. Hasta algunos silbidos se escucharon por ahí. Isabella sonrió. Sabía lo bien que se veía con sus jeans, su camiseta ajustada y el casco blanco en la cabeza. Era la fantasía de la obra en construcción. Mmm… excelente. Guardó esa idea en su cabeza; ya la pondría en práctica. Lo de la colegiala había sido algo de otro mundo, y estaba decidida a hacer lo que su cuerpo le pidiese, pues sabía que iba a disfrutarlo tanto como él.

"Soy otra Isabella", pensó. Cuatro meses antes, si le hubiesen dicho que iba a mostrarle a un hombre cómo se masturbaba, se hubiese reído a carcajadas. Y ahora…

Recordó que una vez había visto la película La doble vida de Verónica. Así se sentía. En ocasiones era la nena que Marie quería conservar para siempre. Pero cuando Edward se acercaba, era su muñeca. Una mujer salvajemente sensual, que estaba descubriendo los placeres del sexo de la mano de un hombre que le gustaba más que el helado de fresa. Oh. Otra vez esa sensación. Sería tan bueno hacerle una visita… Se miró en un escaparate y le gustó lo que éste reflejaba. Tenía puesto un pantaloncito de jean súper corto y algo desflecado. Una blusa campesina y sandalias. Se preguntó qué haría Edward si ella apareciera por su oficina, echara llave a la puerta y se quitara toda la ropa. ¿La tumbaría en el escritorio y le haría el amor? Estuvo muy tentada de hacerlo…

Pero no. Tenía una tarea importante que cumplir.

La idea del pastel le había gustado, y ya se las arreglaría para hacer algo digno, pero no era suficiente. Tenía pensado darle algo más. La inspiración había llegado sin avisar la noche anterior. Estaba en la cama, devanándose los sesos, pensando en qué más podía obsequiarle en su cumpleaños. Sólo faltaba una semana para el seis de marzo, y había descartado casi todo. Nada de ropa, pues él tenía un placard lleno de prendas de carísimas marcas. Una joya... Quizás. Un reloj o un anillo… Miró su hermosa sortija y recordó cuando Edward le pidió que se casara con él. Había sido maravilloso. Su rostro, cada cosa que le dijo. Todo estaba grabado en su corazón y aún podía saborear cada una de sus palabras. "…Te amo más que a mi vida. Tú eres única, Isabella. Lo último que quiero ver antes de dormir, y lo primero al despertarme, es tu bello rostro, mi amor". Ella también deseaba eso, y la espera se hacía interminable. Dormirse a su lado, despertarse con él. Verlo dormir…

Y de pronto supo cuál sería el obsequio perfecto. Sería algo sólo para él, y nadie más que él lo vería. Lo primero que tenía que hacer era tomarse una foto. Sonrió y puso manos a la obra.

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La obra. Tardaban una eternidad en hacerle consultas, mostrarle detalles. Estaba hasta la coronilla de la obra, de los obreros, de los planos, de los problemas. Hacía un calor de locos, y más de dos días que no veía a Isabella por culpa de la bruja de Marie. Tenía un humor de los mil demonios esa tarde, y lo único que realmente deseaba era darse un baño. Un baño en la ducha, y un baño de placer entre las piernas de ella. Pero no podía. Tenían que comportarse bien porque abuelita estaba aguzando el oído y la vista todo el tiempo. No los dejaba en paz, objetaba cada cosa que él proponía. O lo que es peor, intentaba sumarse a cada salida. ¡Habían tenido que llevarla al cine! ¿En qué época vivía esta mujer, por Dios? Bella pasó toda la película resoplando mientras la bruja reía a carcajadas y comía palomitas de maíz.

Marie era una piedra en el zapato de cualquiera. Cada vez que él intentaba acercarse a Isabella, allí estaba ella. Estaba comenzando a detestarla. Le hubiese gustado enviarle las bragas de Bella en un lindo paquete, con una tarjeta que rezara lo siguiente: "Tu linda niña chupa mi polla mejor que un chupetín. Pero continúa virgen, pues respeto la puta promesa que te hice. Con cariño. Edward".

Rió al imaginar la cara de la bruja al leer eso. Y luego se sintió un poquito culpable, pero solamente un poquito. Se lo diría a Isabella a ver qué le parecía.

Estaba seguro de que intentaría golpearlo y ya le pagaría él luego con la misma moneda. ¡Qué ganas de darle unos azotes a esa chica! La pondría en sus rodillas boca abajo, y luego le marcaría esas preciosas nalgas con unos lindos golpes. No, mejor no.

Era demasiado pronto para mostrarle su lado más perverso… Lo haría cuando llegase el momento indicado. Y a este paso, ese momento sería en la luna de miel. Maldita Marie. Mientras debían guardar las formas, no fuera cosa que esa loca le prohibiese a Bella ir a su fiesta de cumpleaños al día siguiente.

Les había costado mucho convencerla de que la dejara asistir sin ella. Estaba invitada, por supuesto, pero no podía ir porque esa tarde llegaba su sobrino Alistair de Europa. Incluso llegó a insinuar que lo mejor era que Isabella se quedara con ellos, ¿sino qué iba a pensar el primo Alistair?

Finalmente accedió por dos motivos. Por un lado, porque Alec le aseguró que llegaría a tiempo para llevar a Isabella y mantenerla a salvo de las lujuriosas manos de Edward. Y por otro, porque investigó en internet a la familia Cullen, y había llegado a la conclusión de que la abuela de Edward era una encantadora señora respetuosa de la moral y las buenas costumbres, que jamás toleraría que pasara algo inadecuado en su casa. Eso le permitió respirar aliviada. De todos modos, les hizo notar varias veces que era un gran esfuerzo para ella dejar a Bella asistir a una insólita fiesta donde había que quedarse a dormir. Y cuando dijo "a dormir" , lo miró a Edward con sus temibles y feroces ojos, dándole a entender que a eso se refería y no a otra cosa.

Odiosa Marie. Era una piedra en su zapato, al igual que Tanya. Bueno, en realidad esta última era infinitamente peor. Ese tema lo agobiaba, pues sabía que se avecinaban tiempos difíciles, y tendría que poner a Isabella al tanto de todo. En cuestión de días recibiría la citación del juzgado, y sabía que en horas se filtraría el escándalo a los medios. Tenía que hablar con ella lo antes posible...

Estaba a punto de entrar con el coche al parking de su edificio, cuando vio que Jeremy, el portero, le hacía señas para que lo dejase allí. Al parecer quería mostrarle algo.

Edward entró al vestíbulo intrigado. ¿Qué querría?

—Señor Cullen, le han dejado algo.

—¿A mí? ¿Qué me han dejado, Jeremy?

—Esto.

Edward observó intrigado lo que el portero le mostraba. Era una especie de paquete envuelto en un papel amarillo, que debía medir más de un metro y medio de alto. Su contorno era irregular, y no tenía prácticamente nada de profundidad. Lo tomó y pudo ver que era muy liviano. Tenía escrito su nombre en el envoltorio.

Sólo eso. ¿Qué demonios sería y quién lo enviaría?

Agradeció a Jeremy y subió. Lo abrió ni bien llegó al departamento. Cuando vio lo que era, respiró hondo, muy hondo. Estaba más que conmovido. Tomó la pequeña tarjeta que venía adherida.

"Para que lo último que veas antes de dormir, y lo primero que veas al despertar, sea… a mí. Te amo, Edward Cullen. Feliz cumpleaños. Y recuerda que él próximo estaremos juntos de verdad, mi amor. Isabella".

Tenía ganas de llorar de la emoción. Bella era sorprendente. Oh, la amaba tanto, pero tanto. Le dolía la piel de no tenerla. Le ardía la boca de desear sus besos. Pero ahora tenía algo. Eso tenía que bastar para no volverse loco de ganas de verla cada día. Se sentó y los siguientes minutos no hizo más que contemplar extasiado… Allí, frente a él, tenía una gigantografía de una foto de Isabella a escala real. Era perfecta, como si ella estuviese presente. Su hermosa silueta, su carita de ángel. Llevaba puesto el vestido blanco de la primera vez, un bonito sombrero de paja y tenía a Vainilla en sus manos. La perrita le lamía el rostro y ella reía echando la cabeza hacia atrás. Y lo hacía como sólo Isabella podía hacerlo, con esa belleza sencilla, serena, y a la vez cargada de sensualidad que lo volvería loco los eternos nueve meses que lo separaban de ella.

La llamó por teléfono, le agradeció el hermoso regalo, y antes de colgar por fin le contó lo de Tanya.

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¡Hola, hola! Sé que muchas querían una actualización de esta historia jajaja finalmente llegó el día de la actu y aquí tienen! En unos momentos más subiré el capítulo siguiente n.n

Si les gustó la historia de La Loba de Plata, estamos a nada de llegar a la marca para subir la secuela jajaja me puse una meta secreta de comentarios en el último cap, es hasta el domingo… si la alcanzamos, habrá secuela! Jajajaja Así que no olviden pasarse por la historia y dejar su comentario.

No olviden dejar un comentario. Amo saber de ustedes.

¡Nos leemos pronto!