Llevaba más de una hora bajo el chorro de agua caliente. Tenía la piel en carne viva, también de la fuerza con la que se la había restregado para quitarse la suciedad. Y aun así tenía la sensación de que en su piel quedaban restos de polvo y moho; que si inspiraba lo suficiente aún podría notar el olor de la humedad.

Desesperado por no poder deshacerse de esa sensación tan desagradable Levi acabó sentado en el suelo del cubículo y con la espalda apoyada en la pared. Alzó la cabeza, dejando que el agua empapara su cara para que, de ese modo, la sensación de estar ahogándose no solo fuera fruto de su imaginación.

No entendía por qué estaba así. Debería estar contento porque todo hubiera acabado bien. Se habían desecho de Nile, Erwin volvía a gozar del prestigio que le correspondía y él no había acabado en la horca. ¡Si hasta había recibido una disculpa oficial del mismísimo Comandante en Jefe! Por no hablar de que sus compañeros no le habían dado la espalda, aun conociendo todos sus secretos.

Tal vez eso era lo que lo complicaba todo. Lo que aún le costaba creer.

Chasqueó la lengua, tapándose la cara para protegerse de la cascada de agua. No era tanto que no creyera que sus soldados le aceptaban con sus defectos y virtudes, sino que en el fondo no creía merecerse ese apoyo.

No estaba acostumbrado a esa situación. Siempre había sido el marginado, al que todos tenían miedo y él estaba conforme con eso. Era lo único que había vivido. Con Furlan e Isabel le costó dar ese paso en que su vida dejó de ser solo él a tener que compartir un hogar las 24 horas del día.

Tiempo después, con Erwin, la cosa fue a más cuando directamente se vio obligado a que su seguridad dependiera de las decisiones de otra persona. Una persona que, por si fuera poco, no ponía las cosas fáciles en cuanto a confianza se refería, pues lo que le pedía era que directamente tuviera una fe ciega en él.

Y acababa de demostrarle que esa confianza no había caído en saco roto.

Erwin le había prometido que jamás le fallaría y había cumplido su promesa. No le había abandonado. Incluso se había enfrentado al ejército, poniendo en marcha un plan que solo podía definirse como locura, con tal de cumplir esa promesa.

¿Y qué había hecho él a cambio? Durante un tiempo no le creyó. Odió a Erwin porque no le explicara las cosas, cuando tendría que haber sido el primero en comprender que si no decía algo era por una razón y por un buen motivo. Siempre.

Así, en lugar de esperar paciente a que Erwin mostrara las cartas por las que había apostado, como siempre hacía, el tiempo que estuvo en los calabozos temió que le hubiera abandonado. Pensó incluso que durante todos esos años su relación no había sido más que un juego del Comandante para aprovecharse de él.

Y se sentía despreciable por ello.

Tal vez eso era lo que le impedía sentirse limpio, daba igual el tiempo que llevara en las duchas. Sí, sabía que en aquel instante fue el miedo lo que resquebrajó su confianza. Y lo importante era que al final siguió la orden de Erwin y confió en él… Pero durante un tiempo sí dudó de él. Y para Levi eso era como si le hubiera traicionado.

Había fallado al hombre que había cambiado su vida.

Capitán Levi Ackerman.

Levi golpeó la pared al recordar a Erwin pronunciando su apellido por primera vez.

Esa era la otra carga que le impedía celebrar las buenas noticias. Aceptar que todo había acabado y que ya podía pasar página.

Había sido humillante escuchar a un cerdo como Nile desgranar su pasado, con cada palabra que salía de su boca trayéndole al presente esos recuerdos que jamás podría olvidar. Pero ahora, además, descubría que Erwin lo sabía todo de él.

Absolutamente todo.

Lo cierto es que siempre había tenido sospechas. Era imposible que el gran Comandante Smith, que tenía ojos y oídos en todos los rincones dentro de los muros, no conociera la existencia de su pasado más oscuro.

No el de los asesinatos y el robo, sino ese otro anterior a conocer a Kenny y en el que intentaba no pensar mucho. El de ese niño que permaneció durante días junto al cadáver de su madre, a punto de morir de inanición, y que luego se pasaba los días enteros rebuscando entre la basura para llevarse algo a la boca. O esos otros días en los que, poco tiempo después, descubrió que si se llevaba otras cosas a la boca sería más fácil conseguir comida, por repugnante que fuera…

Todo eso lo sabía Erwin. Y a saber desde hacía cuánto.

Parte se lo había dejado intuir él mismo, por lo que en realidad no le importaba que lo supiera. Y nunca antes se había avergonzado de lo que tuvo que hacer, pues fue lo que marcó la diferencia entre vivir y morir.

Pero después de que Nile hubiera diseccionado públicamente su origen sí que se sentía avergonzado. Cómo podía él, una persona que había visto lo peor de la humanidad, ser el hombre de mayor confianza de Erwin Smith, hasta el punto de que el Comandante hubiera apostado todo a su carta para defenderle. Para salvarle.

Peor aún, ¿cómo era posible que Erwin, sabiendo lo que había hecho y lo que le habían hecho, aceptara su presencia? Que incluso la buscara. Que permitiera que él, una rata de las cloacas, le dijera lo que debía hacer.

En teoría nada había cambiado entre ellos. Desde que se conocieron Erwin supo de dónde venía y parte de lo que había hecho y ello no impidió que le ofreciera la oportunidad de unirse al Cuerpo de Exploración. Y aunque aquella petición escondía más de lo que parecía a simple vista, cuando se desveló la verdad quiso seguir contando con él. Y cuando tiempo después fue Levi quien le ofreció un nuevo pacto en el que el Comandante sería el sometido, Erwin también lo aceptó.

Aceptó su palabra como si viniera de un igual.

Pero ahora no entendía cómo pudo hacer aquello si lo sabía absolutamente todo de él.

Ir a por lo que más quería.

La confesión de Erwin todavía le removía por dentro.

Nunca albergó esperanzas de que el Comandante buscara en él algo más que un cuerpo caliente. No era ningún iluso y desde el principio tuvo claro que los dos estaban cómodos con que su relación fuera puramente física. Y con el tiempo, cuando quedó claro que ahí había algo más, tampoco le importó que nadie dijera nada. Cuando se marchaba de la habitación de Erwin, después de que el Comandante le hubiera follado o al revés, según fueran las necesidades de aquella noche, nunca confió en que Erwin le pidiera que se quedara. Que le dijera que quería tenerle a su lado porque le quería.

Esas palabras nunca se escucharon y Levi nunca las anheló. Sabía que era absurdo que nadie, y menos aún el Comandante Erwin Smith, tuvieran esos sentimientos hacia él.

Pero entonces Erwin descubrió el complot que se estaba formando para asesinarle, temió por su vida y Levi tuvo que quedarse en la retaguardia, sin poder hacer absolutamente nada para evitarlo.

Entonces fue él quien deseó decir esas palabras prohibidas. Quien descubrió que habían estado ahí, en la punta de su lengua durante años, y que ahora tenía miedo de no poder pronunciarlas jamás.

En esa ocasión Erwin le desarmó como jamás imaginó que alguien pudiera hacer con él. Cuando le ofreció su cama, sus brazos y su corazón durante aquella noche que podría ser la última que compartieran. Y aunque aquellas palabras siguieron sin decirse en voz alta, ni de él hacia Erwin ni al revés, entonces no le importó. No hacía falta decir nada cuando era una verdad evidente.

Ahora le aterrorizaba que Erwin sintiera hacia él algo mínimamente parecido al cariño.

No podía ser que el gran Comandante del Cuerpo de Exploración le prefiriera a él, a un ladrón, un asesino y un muerto de hambre que tuvo que hacer lo indecible para sobrevivir, por delante de cualquier otro ser humano.

- ¿Necesitas ayuda?

La voz de Erwin, aunque surgió de imprevisto, no le sobresaltó. Levi apartó las manos de la cara y encontró al Comandante junto a la puerta del cubículo. Seguía con el uniforme puesto, lo que significaba que no había seguido su propia recomendación de refrescarse un poco para quitarse parte de la tensión acumulada.

Verle allí cuando tendría que estar durmiendo por tres días seguidos hizo que la presión en su pecho se intensificara un poco más. Hasta el punto de que no fue capaz de responderle.

Erwin tomó el silencio de Levi como permiso para acercarse, después de cerrar la puerta para que nadie les molestara.

- Tardabas en volver y quise asegurarme de que estabas bien –explicó, sentándose en el suelo junto a su Capitán.

- Vas a mojarte el uniforme –dijo Levi, tarde, pues ya tenía la ropa empapada.

- No importa.

El Comandante guardó silencio, dándole pie para que dijera algo. No dejaba de ser él quien llevaba una hora en las duchas y a saber cuánto tiempo tirado el suelo. Y también quien se había pasado los tres últimos días en los calabozos. Si alguien necesitaba hablar y liberarse, ese era Levi.

El problema era que el Capitán no tenía ni la más remota idea de por dónde empezar.

Pasaron casi diez minutos en los que nadie dijo nada. Erwin dándole el espacio que su Capitán necesitaba, aunque sus hombros se estuvieran rozando, y Levi buscando la manera de empezar aquella conversación. Una que necesitaba tener y que al mismo tiempo le aterrorizaba, pues una vez terminada ya no habría marcha atrás.

- ¿Desde cuándo lo sabías?

La pregunta fue un susurro bajo el agua que caía sobre sus cuerpos. Aun así, Erwin la oyó perfectamente. Y no dejaba de ser la pregunta que estaba esperando.

- ¿Acaso importa?

- No lo sé.

El corazón de Erwin protestó ante la poca energía contenida en la voz de Levi. No parecía él. Sabía que tardaría en superar todo lo vivido: el miedo a que le hubiera abandonado, la soledad de los calabozos, el trauma del juicio, saber que su pasado ya no era más un secreto…

Por supuesto, tenía la firme intención de estar a su lado todo el tiempo que fuera necesario, hasta que volviera a ser el Levi de siempre y todos los fragmentos se hubieran recompuesto.

Pero le mataba verle ahora así. Especialmente cuando él era el principal responsable.

- En el momento en que te vi supe que eras distinto –explicó, la vista al frente para que sus miradas no se cruzaran-. No era solo que fueras el mejor soldado que jamás había visto. Cada detalle que conocía de ti me demostraba que eras único. Lo que habías conseguido crear en un sitio tan lleno de miseria como la Ciudad Subterránea; la valentía de todos tus actos y que nunca respondían al egoísmo, pues solo querías ayudar a los más indefensos; ese carácter tan fuerte e indomable.

- Cualquiera diría que te enamoraste de mí a primera vista –replicó Levi, irónico.

- No. Pero reconozco que no tardaría mucho en hacerlo.

- Erwin…

- Está bien. No seguiré por ahí –le tranquilizó enseguida. Había dicho su nombre como si se hubiera quedado sin respiración, prueba suficiente de que todavía no era el momento-. Cuando te conocí lo que pude ver me bastó para confiar en ti… Pero no podía fiarme solo de mi intuición. Si hiciera eso no habría sobrevivido hasta ahora. Debía saberlo todo de ti para tener la completa seguridad de que eras el hombre que necesitaba –bajó un poco la voz, asegurándose de que nadie les oyera-. Y cuando supe quién era tu madre y lo de Kenny me desprecié por haberte espiado.

- No tendría por qué enterarme de que tú lo sabías.

- Aun así. Tú eras quien cabalgaba a mi lado. A quien enviaba a morir cuando salíamos de los muros y nunca me llevaba la contraria. He conocido poquísimos soldados en toda mi vida capaces de depositar semejante confianza en su superior. Y viniendo de un muchacho que ni siquiera estuvo en la Academia militar era un milagro poder contar contigo. ¿Y qué hacía yo? Husmear en tu pasado.

- ¿Así que lo dejaste?

- Al principio sí –dijo con pesar-. En cuanto supe cómo murió tu madre no quise seguir indagando. Pero entonces me propusiste ese pacto, viniste aquella primera noche a mi habitación y hablaste de todo lo que habías tenido que soportar. –Alzó la cabeza, permitiendo que el agua empapara su cara durante unos segundos-. Necesitaba saberlo.

A su lado Levi chasqueó la lengua.

- Para que luego digan que nunca hablo. En realidad soy un bocazas.

- No sé si más adelante habría seguido investigando, aunque tú no me dijeras nada –admitió Erwin-. Pero en ese instante no soportaba la idea de estar haciéndote algo mínimamente parecido a lo que tuviste que afrontar allí.

- Nunca fue lo mismo.

- Lo sé. Pero debía confirmarlo para tener la seguridad. He crecido con la firme convicción de que la información es poder. Y no es que quisiera controlarte con tus secretos. Pero era la única manera que tenía de poder saber más de ti. Y necesitaba saber más de ti si quería ayudarte.

El Capitán asintió con los ojos cerrados. Después de tantos secretos era fantástico conocer la verdad de aquel modo tan directo y de manos de su principal implicado.

- Al final tu plan dio resultado. Como siempre. Toda esa información te ha servido para acabar con Nile.

- Ojalá no hubiera tenido que usarla –murmuró con pesar, negando a continuación. Aquel no era momento de lamentaciones. No cuando todavía tenía a Levi intentando recomponerse.

El Comandante cerró el grifo y se puso en pie. Viendo que Levi no hacía amago de moverse buscó una toalla y se arrodilló a su lado para comenzar a secarle.

La intimidad de aquel acto fue lo que terminó de sacar a Levi del bloqueo en el que parecía haber entrado tan pronto como se hizo el silencio.

- No. –Le agarró de la muñeca para que no siquiera.

- Levi. –Le mió fijamente-. Nunca me ha importado. Nunca ha hecho que cambie de parecer sobre ti. Por eso no te dije que lo sabía. Estaba seguro de que, si te enterabas, pensarías que solo te veía como a ese niño muerto de hambre que debía prostituirse.

- No –la voz de Levi se quebró. ¿Cómo podía decir aquello y seguir mirándole de esa manera? Con tanto cariño que llegaba a doler.

- ¿Sabes lo que veo cuando te miro? –susurró con dolor cuando aquella simple pregunta hizo que Levi empezara a temblar-. Veo al hombre más fuerte que he conocido jamás. Y no lo digo por los titanes. Eres el único que ha sido capaz de mantenerme en pie cuando la situación era demasiado para mí. El único que consigue que pueda respirar aliviado cuando sé que tú estás al cargo de todo. Y te aseguro que absolutamente nada de lo que he descubierto de ti en todos estos años me ha hecho cambiar de opinión.

Un sollozo se escapó de los labios de Levi sin su permiso. En el acto el Capitán se llevó las dos manos a la boca, tratando de acallarlos.

- No –pidió Erwin, apartando con cuidado sus manos-. ¿Crees que me importa verte así? ¿Que ver llorar a mi Capitán va a hacer que me sienta menos orgulloso de él?

- Deberías –replicó, apenas pudiendo decir esa simple palabra por culpa de la respiración entrecortada.

- Pues no es así –dijo con más dureza de la que desearía, pero necesitando hacerle entender-. En las últimas semanas has tenido que soportar cómo te dejaba atrás cuando mi vida corría peligro. Y volví a hacerlo, incluso teniéndote a mi lado, cuando no podía contarte nada de lo que iba a pasar. Estuviste aislado durante días y no fui a verte ni una sola vez. Y cuando volvimos a vernos fue para que esa rata asquerosa de Nile te humillara delante de todos... ¿En serio crees que no tienes derecho a llorar por todo lo que has soportado en tu vida?

La pregunta salió rota de los labios de Erwin y eso fue lo último que Levi necesitó para liberarse. Para abrir esa compuerta que sabía iba a destrozarle, pero que también necesitaba como el respirar.

El primer sollozo fue el más difícil. El más doloroso. Le robó el aire y durante segundos solo sintió una presión en el pecho que cada vez le apretaba más y más. Era normal. Llevaba toda la vida conteniéndola.

Entonces Erwin apareció para ayudarle a liberarse de esa pesada carga. Sujetó sus mejillas con ambas manos, mirándole con ese orgullo que ahora Levi sí sabía que era real y que tal vez se merecía, pero al que le costaría acostumbrarse.

Quiso decir su nombre. Intentar explicarle lo muchísimo que significaba que estuviera a su lado. Que siempre lo hubiera estado.

Cuando no encontró la voz, todavía sintiendo que se ahogaba porque ese primer sollozo y que sería más un grito aún no había salido, comprendió que en realidad no hacía falta. No cuando Erwin le estaba mostrando esa sonrisa que dolía de lo hermosa que era. Agarró entonces la camisa empapada de su Comandante para apoyarse en su pecho. Y tan pronto como sintió el calor de su cuerpo salió el primer lamento de su vida.

Fue brutal. Desgarrador. Sentía que no iba a terminar nunca y que acabaría matándole del dolor. Y entonces los brazos de Erwin cubrieron su espalda, sin necesidad de decir una sola palabra, y ese sollozo adquirió otra connotación.

Ya no era como una puñalada que se clavaba en lo más hondo de su corazón. Era una puerta que se abría, aliviando la presión que ese corazón había soportado durante demasiado tiempo. Y cuanto más tiempo dejara esa puerta abierta más liviano estaría ese corazón. Más liviano se sentiría él.

Al comprender esa gran verdad Levi se relajó. Incluso dejó de preocuparle que alguien apareciera de repente y le viera así, llorando entre los brazos de su Comandante. Después de lo que sabían de él, aunque fuera una mínima parte en comparación con lo que Erwin conocía, era más que suficiente para comprender que tenía todo el derecho del mundo a hacer eso. Se había ganado esa recompensa.

Y eso era justo lo que estaba experimentando. Una recompensa en forma de liberación que, como había intuido al principio, tuvo un poco de todo. Primero ese llanto que dejaba escapar por primera vez en su vida, luego gritos de odio porque el mundo fuera ese lugar cruel en el que solo había tratado de sobrevivir, y finalmente esas risas de alegría porque por fin todo había acabado y ahora estaba entre los brazos de su Comandante.

A la mierda la protección que ofrecían los muros o la sensación de libertad al salir de ellos y respirar el aire puro o contemplar las estrellas. Nada de eso era comparable a sentir los brazos de Erwin ofreciéndole su protección, cariño y consuelo.

Ese sí que era el lugar más seguro del mundo. El mejor rincón de toda la humanidad.