CAPITULO 35

EL PESO DE LAS MENTIRAS

PARTE III

Era domingo por la tarde, solo tres días después de haber vuelto a Hogwarts.

Había usado todo el día del sábado para terminar de ponerse al corriente con los avances de las materias de la escuela gracias a Daphne, quien fue lo suficientemente amable para prestarle sus apuntes.

Theodore había construido una rutina para mantenerse activo y ocupado. Por el día pasaba las clases normales y hacía sus deberes, y por la noche leía y practicaba Aritmancia y perfeccionaba runas antiguas, aprendía más de historia. Incluso logró conseguir de Snape un permiso especial para poder ir de noche a la torre de astronomía para estudiar las constelaciones.

El silencio de la noche mientras buscaba estrellas, ese era su momento favorito. Le ayudaba a pensar.

Era domingo, si, y ese día en particular no tenía especialmente nada que hacer. Durmió hasta tarde y fue directamente al almuerzo. Como en todas las comidas, comió evitando conversar y se retiró apenas terminó. Primero fue a la sala común, pero pronto fue invadida por sus compañeros de habitación, así que decidió salir cargando su mochila.

Fue así como esa tarde llegó a dar a la biblioteca.

Sacó una libreta, pluma y tinta. Entonces, como hacía por las noches en la torre de astronomía, se puso a escribir. Tachaba unas cosas, aumentaba otras… probablemente las anotaciones más desorganizadas que haya hecho en la vida, pero dado que su mente era un lio desde hacía algunos días, tenía sentido.

"Tenía todo el sentido del mundo"

No podía solo seguir dando tumbos. Tenía que actuar.

Tener claro todo.

Se sujetó la cabeza con una mano y con la pluma dio pequeños golpeteos sobre la libreta, luego, se puso a dibujar líneas paralelas en flechas y cuadrados.

Primero lo primero. El problema más cercando.

Hermione.

Y lo que le hizo…

No podía dejar de pensar en eso, era algo que lo atormentaba desde ese día, tanto, que no podía verla a la cara.

Se preguntó a sí mismo porque lo había hecho y aunque la respuesta estaba frente a él, todavía se resistía a aceptarla.

"Bueno, esto ya no se puede alargar más de la cuenta" pensó cansado.

Y la verdad… era que actuó sobre la marcha. Actuó como acostumbraba actuar cuando algo se salía de control: Arreglo lo que estaba mal.

Aunque el método, claro, fue el peor.

"Entré en pánico" se dijo "Era la solución más rápida y la tomé sin dudarlo"

Ahora ¿Por qué lo hizo?

La respuesta era simple.

"Te odio"escribió en su libreta.

Aunque claro, la palabra no era suficiente. Theodore vio odio dirigido hacia él muchas veces y acostumbraba arreglarlo de alguna manera, pero nunca pasó por su cabeza obliviar a nadie.

"No quiero que me odie" pensó mientras tachaba lo que había escrito hasta que se volvió una mancha negra.

Eso estaba claro.

Ahora ¿Por qué?

¿Por qué? Escribió. Y esa era pregunta que podía traer muchas respuestas.

¿Por qué no quiero que una persona en la que confío me odie? La respuesta era sencilla. Porque eso no era bueno, no le convenía.

Lo venía pensando desde hace días, sin embargo, no podía evitar conectar lo que él hizo, esa actitud… con su padre.

Él oblivió a Hermione porque hacer eso le convenía, era lo más rápido y efectivo.

Su padre le oblivió a él, seguramente, por lo mismo.

"Te pareces mucho a tu padre" le decían seguido. Theodore siempre creyó que hablaban de su aspecto. Al parecer, en eso también estaba equivocado.


Su padre le había mandado llamar hacía menos de media hora, apenas se reunió con él, le explico la situación complicada: que debía ir a la casa del Norte, pues invitados indeseados estaban allí.

Theodore no necesito explicación de esa parte, pues gracias a que su padre había conjurado sobre él el encantamiento que le daba entrada libre a todas las propiedades mágicas de la familia, sabía a ciencia cierta que había intrusos en una de ellas. Alguien se las había ingeniado para entrar sin permiso.

—Theodore, necesito que vayas allí y te encargues del problema.

—Voy con Theo —había dicho Edward, quien también había sido llamado.

—No —había contestado su padre— que estés allí podría complicar todo. Podrías terminar muerto.

Edward había puesto tal cara…

— Si es tan peligroso ¿Por qué quieres enviar a Theo solo? —"¿acaso estás loco?" parecía querer completar.

Theodore miró a los ojos a su padre, este le devolvió la mirada en una intensidad interesante. Hace tiempo no pasaba eso.

"La verdad, pareciera que ustedes llegan a entenderse con solo mirarse" le había dicho Hermione una vez.

Probablemente fuera cierto de algún modo.

—Mi padre sabe lo que hace, Edward —dijo Theodore dándole una palmada en el hombro al mago, luego se volvió a su padre— Entonces… ¿Qué debo hacer?

—Gana tiempo, lo más que puedas. Que permanezcan dentro —le dijo poniéndose de pie— Yo me hago cargo del resto para que nada se salga de control y esto se nos vuelva en contra. Cuando todo esté listo, te lo haré saber. Hasta entonces, queda en tus manos.

—Bien —dijo Theodore, asintiendo.

—La conexión Flu fue echada a perder, así que usaras un traslador. Morice te traerá uno —su padre camino hacia la puerta— Yo tengo que preparar otros detalles. Edward, espera aquí hasta que yo vuelva —luego, se volvió hacia Theodore— Tráeme buenas noticias, hijo.

—Sí, Padre —dijo sonando obediente mientras su padre se marchaba.

Cuando se volvió hacia Edward, este le miraba ceñudo cruzado de brazos— Si no me explicas que demonios….

—Lo oíste, hay intrusos en la casa del Norte —dijo Theodore hurgando en sus bolsillos y sacando el pendiente de amatista y poniéndoselo en el lóbulo de la oreja— seguramente ellos destrozaron la Red Flu.

— ¿No se supone que es la casa más segura que tienen?

—Lo es —dijo Theodore.

— ¿Acaso me he perdido de algo?

—Seguí tu consejo —dijo Theodore, mientras acomodaba su segunda varita en el bolsillo del pantalón y sujetaba la otra en la mano izquierda— últimamente intercambio bastante correo con mi padre —dijo incómodo— La casa del Norte no se me hizo tan especial que digamos, así que le hice la misma pregunta que tú.

— ¿Y?

Theodore suspiro— Y… es el lugar más seguro del mundo… Para todo aquel que sea un Nott.

Edward frunció el ceño— no entiendo…

—No tienes que —le dijo Theodore, sacudiendo la cabeza— Solo ayuda a mi padre. Yo estaré bien.

—Hay algo que no me estás contando.

"Secretos entre los secretos" pensó Theodore con cierta melancolía.

Theodore le miró con algo de pena— Sí, pero no importa. Seguro no tardarás en darte cuenta.

— ¿Secreto mágico? —Pregunto Edward— Invitados indeseados… —divago— Por Merlin… ¿Una Alianza?

—Supongo —le contesto Theodore.

El Elfo Morice entro en el estudio y se plantó delante de Theodore, con la mirada sumisa y las orejas apuntando hacia abajo— Amo —dijo extendiendo hacia él una pluma de plata.

—Gracias, Morice —dijo Theodore mientras tomaba el artículo con algo de sorpresa. Esa no era la actitud usual de Morice.

El elfo se marchó.

— ¿Supones? —pregunto Edward alarmado.

— ¿Qué más podría ser? —Le dijo Theodore— ¿Por qué si no mi padre me enviaría a mí en lugar de ir él en persona? Además, él acostumbra ir al grano en estas situaciones. Si no nos lo ha dicho claramente es porque no puede.

Edward se quedó en incomodo silencio.

—El lado bueno de esto, Edward —le dijo, con algo de falsa seguridad— es que me ha puesto a cargo. Parece que todo vuelve a ser como antes. Eso es bueno ¿No?

—Theo…

—Ayuda a mi padre. No sé qué planea hacer, pero si está bajo secreto mágico, a parte de mí, eres quien queda para ayudarlo. Adiós Edward.

Theodore activo el traslador y en un remolino vertiginoso, fue tragado por la magia.

Al primer lugar que llegó fue al tercer piso, en la habitación donde había dormido la vez que pasó sus días en aquella casa. Sin embargo, hasta allí podía escuchar los chillidos de consternación y dolor.

"Que no sea lo que estoy pensando"

Caminó rápidamente hacia la puerta y luego bajó apresuradamente las escaleras hasta el primer piso. Se detuvo al pie, tomó aire, se acomodó la capa y bajo a paso relajado.

Cuando llegó a la planta baja, se paró en seco al ver lo que sucedía frente a sus ojos.

Tini, echa un ovillo en el suelo, pequeñas salpicaduras dispersas por aquí y por allá de lo que podría ser sangre, difíciles de distinguir por el terciopelo rojo.

Más al fondo, la chimenea destrozada, los sillones del salón tirados aquí y allá. Todo un estropicio de muebles y cristales rotos por todos lados.

Y en medio de todo ese desastre, cuatro figuras en pie. Todos ellos con varita en mano.

—Oh —dijo uno de ellos, ahora apuntándole— ¿Y este quién es?

La mujer alzó su varita de nuevo y lanzó una maldición a la elfina, haciéndola chillar— Primero mascotas y ahora un niño —dijo la mujer bufando— ¿Acaso no hemos sido claros? Queremos a Philip.

"Mascotas" repitió en su mente, mirando a Tini un instante.

—Mi padre —dijo con voz firme— está ocupado en este momento.

— ¿Padre? —rio uno de ellos y el resto le coreo— ¿O sea que Philip si tuvo hijos? Por Merlin. ¡Debí haber hecho esa apuesta con Mulciber!

—Debiste hacerlo. Después de todo, su esposa tampoco estaba del todo mal. Seguro iba a intentarlo hasta el final —murmuro uno.

Theodore sintió su estómago arder, pero fingió que no lo escucho. Era necesario.

—Correcto. Mi padre —dijo de nuevo Theodore, intentando controlar la ira en su voz— y por eso estoy yo aquí.

—Pequeño niño —dijo la mujer— ¿Qué parte de "Queremos a Philip no has entendido"?

—Señora —contesto Theodore, dando un paso al frente— ¿Qué parte de "mi padre está ocupado" no ha entendido?

Otro de los magos se echó a reír, la mujer hizo un puchero. Pero luego, simplemente movió la varita y lanzo una nueva maldición a Tini, haciendo que de nuevo se revuelva en el suelo.

— ¿Cuándo es que se desocupa? —Dijo ella, acercándose un paso a Theodore— ¿Lo sabes, niño? Estamos comenzando a aburrirnos de esperar.

Theodore alzó la vista y miro a cada uno de los magos a la cara.

La mujer era Bellatrix Lestrange. Había visto su retrato una vez, pero la cara de la bruja frente a él no se parecía mucho a como se veía antes. Su cabello negro lustroso, característico de los Black estaba entrecano y salvaje. El rostro que una vez había sido hermoso, ahora se notaba golpeado por el tiempo. Los dientes amarillos.

Sus acompañantes no se veían mejor. Uno debía ser Rabastan; el otro, Rodolphus. No podía distinguirlos pues eran bastante parecidos con todo ese cabello y barba cubriéndoles gran parte de sus rasgos. El tercer mago ni sabía quién era, así que ni le importaba, si no recordaba su rostro no debía ser un mortífago importante.

Theodore sacó su varita y con magia levito uno de los sillones para traerlo a su lado y sentarse en él con elegancia. Incluso levanto uno de sus pies y lo entrecruzo sobre la rodilla, viéndose totalmente despreocupado.

—Mi padre tardara lo que tenga que tardar —dijo ahora, apoyando el codo en uno de los respaldos y el rostro en la mano extendida, mostrándose aburrido— pero como es un mago educado, me envió aquí para hacer de anfitrión.

Los magos se miraron entre sí en silencio.

—Les ofrecería algo de beber —continuó él— pero según parece, desmayaron a mi elfo, así que no se puede.

Bellatrix Lestrange camino hasta un sillón volteado, se cruzó de brazos y medio se apoyó contra el mueble maltrecho.

—Te lo dije, niño. Nos aburríamos.

—Supongo —le contesto— imagino que destruir mis muebles los ocupo bastante —dijo condescendiente mirando de nuevo los estropicios en el salón— cosas materiales, claro, no podría reclamarles eso a unos invitados por el poco entretenimiento que hay en esta aburrida casa —dijo restándole importancia— pero por otro lado… el té que prepara ese Elfo es mi favorito —dijo apuntando al bulto inerte que era Tini.

Bellatrix Lestrange se echó a reír.

Theodore se sintió asqueado.

Su padre una vez le contó de los principios de los caballeros del Walpurguis y su misión y visión para defender la ideología purista. ¿Cómo es que eso se había transformado en las grotescas criaturas que tenía delante? ¿Todo era por pasar tiempo en Azkaban?

—Por Merlin —dijo uno de los Lestrange varones— el niño suena justo como Philip.

—Mi nombre es Theodore —le dijo serio, clavando sus fríos e indignados ojos en el hombre— Theodore Nott.

—Relájate, muchacho —dijo el otro mago— ¿Dónde está Philip? ¿Por qué te envió aquí? Sea lo que sea que planee, debes saber que no puede rechazarnos. Alianza mágica, "Theodore" —dijo su nombre con un toque de burla— tu magnánimo padre nos debe protección. Tiene fama de cumplir sus tratos ¿Por qué no está aquí… ¡Para poner su estirada cara!?

Theodore guardo silencio un instante.

Luego, sencillamente se encogió de hombros— Señores Lestrange, y señora. Extraño —dijo mirando al cuarto mago— El cumplimiento de la alianza que mi Padre hubiera pactado con ustedes no se discute. —Les dijo— Mi familia siempre ha respetado las alianzas y los juramentos mágicos.

—Bien —mascullo uno de ellos mientras se acercaba para hablarle al oído al otro.

El tercer mago solo se dedicaba a mirarle. No le quitaba la vista de encima. No le gustaba.

Cuatro magos furtivos en la casa. Su padre, haciendo quien sabe qué afuera. Y él era quien debía hacerse cargo.

Theodore solo podía imaginar que la Alianza con los Lestrange debía de ser muy profunda, pues cuando se trata de protección, generalmente se protege a la línea de sangre entera. Entonces, Los Nott no podían dañar a los Lestrange y viceversa. Cuando mucho, Theodore era un rehén voluntario, por eso aquellos magos se mostraban tan desafiantes.

Notó como disimuladamente los tres magos tomaban posiciones en las salidas más cercanas, Bellatrix, por su parte, se sentó en el suelo frente a él, casi a dos metros de distancia. Movía la cabeza de lado a lado, como si al cambiar de ángulo pudiera ver algo.

Theodore descruzo la pierna y en su lugar apoyo ambos codos en las rodillas y el mentón entre sus manos, levemente agachado.

—Te ves igual que Philip —dijo la mujer con una voz dulce.

—Me lo dicen todo el tiempo —le contesto Theodore.

—Tiene una personalidad horrenda.

—Nadie es perfecto.

— ¿Y tú, pequeño? —Le pregunto con una media sonrisa que seguramente en su tiempo habría sido encantadora— ¿Eres horrible también?

Theodore se encogió de hombros— No sabría decirlo, pero todos dicen que soy un buen anfitrión.

—Me gustan tus ojos —dijo Bellatrix y le sonrió con los dientes amarillos— Escuchamos todo tipo de noticias en el camino —dijo jugando con uno de los risos de su cabello y ladeando la cabeza— algo acerca de una especie de… neutralidad…

Theodore ladeo la cabeza del mismo lado que Bellatrix— Es verdad —le contestó— un viejo aliado del Señor Tenebroso me atacó el año pasado. Quiso matarme. Nuestra alianza con el Lord termino por eso.

Los ojos de Bellatrix se entornaron— ¿Por qué haría alguien algo como eso?

Theodore negó débilmente con la cabeza— Quien sabe. No importa. Ya está muerto —le dijo restándole importancia— eso nos obligó a tomar esta posición. Ya no tenemos al Lord y El Ministerio nunca fue nuestro amigo, solo toma cosas de nosotros cuando nos necesita y da poco a cambio. Al menos el Lord era generoso —Theodore suspiro— El camino que nos quedó fue la neutralidad.

—Nuestro señor ha vuelto —dijo Bellatrix.

—Eso dicen —murmuro Theodore.

La cara de la bruja por un momento fue una máscara de ira, luego, volvía a su expresión infantil de pucheros— Es verdad. Él lo hizo. Él nos liberó. Solo el Lord tiene tanto poder para irrumpir en Azkaban, aplastar sus defensas y derribar sus paredes malditas.

Theodore fingió estar sorprendido— Increíble —murmuro.

—Lo es, su poder no tiene límites —dijo sonriendo— Seguramente eras un pequeño y rosado bebé para presenciar sus alcances, pero te puedo asegurar que ni en tus mejores sueños has visto tanto poder —Bellatrix sonaba extasiada— y como has dicho, por supuesto, era generoso. Muy generoso.

—Es de lo que siempre se habla —dijo Theodore.

—Si —dijo ella— ¿Sabes? Yo soy una de sus más grandes aliadas. La más leal, en quien más confiaba, por eso el primer lugar en irrumpir fue el ala donde me habían confinado. Quería que yo escapara —Dijo con una cara de felicidad, pero luego, hizo una mueca— tú debes saber que en estas situaciones, hay aliados y aliados. Y como siempre, los más comprometidos somos quienes llegamos a la grandeza o caemos hasta el fondo. Pero solo los verdaderos leales son los que aún después de haber caído nos mantenemos firmes en nuestros propósitos.

—Admirable —dijo Theodore.

—Por supuesto —dijo ella alegremente— por eso nuestro regreso será el más aplaudido, el más esperado, el más recompensado. El Lord nos espera y todos nosotros ascenderemos a lo más alto, la cumbre del poder de la magia. Nosotros… y quienes colaboren, por supuesto.

—Suena justo.

—Lo es —luego, Bellatrix le sonrió de nuevo— me gustas, pequeño Nott. Me gustas más que Philip.

—Oh, gracias —dijo Theodore.

—La alianza que tenemos con Philip es antigua y limita mucho a tu familia ¿Sabes? Seguro tú no lo sabías, por eso pusiste esa carita de sorpresa —dijo sonando triste.

—Bueno —dijo Theodore con algo de duda, y eso no tuvo que fingirlo— hay mucho que mi padre no me dice —hizo una mueca— es bastante reservado con los asuntos familiares. Seguro usted debe saberlo, señora Lestrange, él es ese tipo de persona.

—Bellatrix —dijo la bruja— llámame Bellatrix —dijo sonriendo de nuevo— tu padre pertenece a esa vieja generación, estirada y cortada con la misma tijera. Mis padres eran iguales —dijo rodando los ojos— obsesionados con la grandeza de la familia. Te lo digo yo, Theodore, la familia a veces estorba. Además, no puedes depender de tu familia por siempre. No puedes confiar en ellos. ¡No puedes! ¡Hay que tener individualismo! Mi sangre es tan pura como la de cualquier otro mago puro y soy más poderosa que la mayoría de ellos ¿Por qué no puedo luchar por algo si mi cobarde familia no tiene las agallas para hacerlo? A veces, hay que tomar las riendas por ti mismo, Theodore —ella entonces, extendió su mano— a veces, oportunidades como estás tocan tu puerta.

Theodore miró de la mano de Bellatrix a su cara, luego de vuelta a su mano.

— ¿Una alianza? —pregunto Theodore, casi sin mover un pelo.

Ella asintió— Es una oportunidad única. Te presentare al Lord como nuestro principal benefactor. Te recompensara a niveles inimaginables.

Theodore le sonrió— Oh, vaya. ¿Doy la imagen de que me estorba mi familia?

—Si —dijo uno de los magos, el desconocido— sonabas desesperado cuando llegaste —dijo apuntando hacia arriba.

— ¿Papi te asusta, verdad? —Dijo Bellatrix haciendo un puchero— No me mires así, asusta a todo el mundo. Sabes… había un rumor… de que estaba maldito, que por eso no podía tener hijos —luego se encogió de hombros— después de todo lo que dicen que hizo cuando era joven, me sorprendería que alguien no haya quemado su alma para maldecirlo —ella se echó a reír— si cuando yo era niña ya era legendario. Los Nott… esa… familia acumuladora de elfos —dijo haciendo una mueca desagradable, pero cuando se volvió a hacia él le sonrió con dulzura— la mano, niño. La mano y eso es todo. El resto podemos planearlo luego.

Theodore apoyó la espalda contra el sillón y volvió a poner el talón sobre su rodilla— Los Nott —dijo— somos neutrales.

Bellatrix guardo su mano, hizo un puchero— Supongo que los otros rumores también son ciertos —dijo sonando decepcionada— que el pequeño Nott es el perro faldero de su padre.

Theodore se echó a reír— ¿Lo dice quien cree que asaltaron Azkaban por ella, pero que al final de cuentas tuvo que meterse como una rata a mi casa y ponerse casi de rodillas frente a mí intentando convencerme de hacer una alianza? —Dijo venenosamente— Patético.

— ¡Sucio mocoso! —dijo la bruja con una máscara de ira.

—Pensé que te gustaba, Bellatrix —dijo Theodore— Mis ojos, recuerdas.

Bellatrix entonces, miró hacia una esquina de la casa. Theodore miró al mismo tiempo. El tercer mago corrió hacia él, al mismo tiempo que hacía un movimiento de varita. Theodore intento agarrar la suya, pero esta, que estaba en su regazo, voló al instante lejos.

Por un instante sintió pánico. Por eso había un cuarto mago allí, a parte de los Lestrange. La alianza era de no agresión entre Nott y Lestrange, si ellos llevaban a un tercero y hacían que este ataque a Theodore… no rompían la alianza. Ese siempre debió ser su plan.

Theodore estaba llevando la mano a alcanzar su segunda varita cuando pasó.

Todo fue muy rápido, casi en un parpadeo. El hombre siquiera había estado cerca de tocar a Theodore cuando un borrón de figuras rojas abandonaba la pared, el suelo y el techo en forma cintas delgadas y estas se envolvía en los brazos y piernas del hombre, levantándolo en el aire. Gotas de sangre comenzaron a resbalar por sus sucios pies descalzos hacia el suelo.

— ¿Qué mierda…? —dijo antes de que las tiras rojas avanzaran por su cuello y le envolvieran la boca. Casi todo su cuerpo estaba envuelto, pero los extremos… como puntas de pies y manos, estaban goteando sangre.

"Crack" uno de los brazos del hombre adopto una forma extraña.

"Crack" el brazo con forma extraña se dobló sobre sí mismo al mismo tiempo que el hombre comenzaba a gritar y sacudirse, pero era un sonido amortiguado.

"Cuando digo que es la casa más segura de todas, no me refiero a su ubicación o a su accesibilidad. Me refiero, a que mientras estés dentro de sus muros, no existirá persona o maleficio que pueda siquiera tocarte para hacerte daño" había escrito su padre cuando él le pregunto acerca de la casa del Norte hacía unos días atrás.

"Con que de esto se trataba" pensó Theodore, aun sentando en el sillón, mirando fijamente como el mago se removía inútilmente, aun colgando del techo y siendo ahora sus piernas las que se comenzaban a doblar en formas extrañas.

Miro a los hermanos Lestrange, pero ellos tenían la boca abierta mientras observaban al mago que se sacudía en el aire.

Miró luego a Bellatrix la bruja también miraba hacia arriba, estupefacta, pero luego se volvió hacia él con los dientes apretados. La varita en la mano, poniéndose de pie lentamente.

"¿Quiere pelear?" Se preguntó Theodore mientras sacaba su segunda varita de un bolsillo interno de su capa y poniéndose de pie despacio.

— ¡Bella, no! —gritó otro de los magos.

"Atácame, atácame y esta tontería de alianza se acabará aquí mismo" pensó Theodore, confiado.

La casa, para él se sentía como si estuviera temblando. Podía sentir como si la casa fuera una especie de extensión de su cuerpo, no podría poner en palabras que era, pero si sabía algo: Si Bellatrix Lestrange quería hacerle daño y si le atacaba, le pasaría lo mismo que al mago que colgaba del techo.

Por el rabillo del ojo, vio como más cintas rojas se desprendían del techo, paredes y suelo, levitando y prácticamente rodeando a los magos intrusos por arriba, abajo y los lados.

"Crack" Theodore vio un instante hacia arriba. El hombre se sacudió de nuevo y más gotas de sangre mancharon el piso.

Echo un rápido ojo a los Lestrange, visiblemente afectados. Temerosos incluso.

Theodore no se dio cuenta, pero sonrió.

—Que linda casa —le dijo Bellatrix, ganando su atención— y que bonita cara acabas de hacer.

Theodore sintió entonces que una mano se posó en su hombro. Cuando volvió la cabeza para ver quién era, se encontró con Edward, varita en mano y apuntando a la bruja.

—Un paso atrás, Madame —le dijo— Nadie quiere romper la alianza de los Nott con los Lestrange, ¿verdad? —dijo solemne.

Luego, miró hacia Theodore.

"Yo si quiero" quería decirle con los ojos.

Bien Edward pudo rodar los suyos, pero permaneció serio y le hizo un muy disimulado no con la cabeza.

Theodore hizo una mueca y bajo su varita. Bellatrix hizo lo mismo.

La casa entonces, dejo de temblar. Las cintas rojas volvieron a integrarse en la alfombra y paredes, excepto de donde colgaba el otro mago, que ahora, a pesar de seguir doblándose en posiciones extrañas, permanecía inmóvil. Theodore ya no quiso mirar.

—Yo te conozco. Tu cara… me es familiar —dijo uno de los Lestrange.

—Soy Edward Greengrass —dijo el, aun permaneciendo serio— Seré el mediador de Philip. Theodore será el testigo.

Theodore alzó una ceja.

— ¿Ahora un mediador? —Se burló Bellatrix— El hijo era aceptable ¿Ahora un donnadie? —dijo cruzándose de brazos.

— ¿Quieren a Philip aquí? —Preguntó sorprendido— ¿De verdad? Con suerte ignorará la alianza y los matará en el acto. Trajeron con ustedes a alguien que atacó a su hijo, no deberían tentar su suerte, señores y madame, claro. —Dijo mirando a cada uno de ellos— Ya que Theodore nunca corrió peligro en primer lugar, Philip está siendo razonable y está dispuesto a considerar esto como algo educativo para su hijo… y también para ustedes. Después de todo, él siempre ha honrado las alianzas y espera el mismo trato de vuelta. Y espera que Theodore lo entienda —dijo mirándole a él.

Theodore se cruzó de brazos, por el rabillo del ojos miró el bulto inconsciente que era Tini.

—Mientras más rápido sea esto, mejor —dijo Theodore.

El arreglo fue rápido. Su padre prometía la protección, pero a cambio, los Lestrange debían permanecer recluidos en la casa del Norte, además de no permitir que se rompiera el secreto mágico. Nadie debía de saber que ellos estaban recibiendo ayuda de los Nott. Nadie.

Fuera de eso, los Lestrange no tenían demasiadas opciones. Su padre había usado el tiempo que Theodore les distrajo para levantar hechizos sobre la casa para convertirla en una especie de cárcel para aquellos personajes… intentar salir por las malas equivaldría a romper el secreto mágico y activaría la maldición que ello conlleva (perder el habla) y también con ello aplastar su alianza; serían considerados enemigos y los hechizos y maldiciones que Philip había puesto en la casa se les echarían encima, sin contar que si lograban sobrevivir a ello, afuera les esperarían los magos que Nott fuera a convocar para matarles allí mismo. Por otro lado, si querían salir por las buenas, debían romper la alianza primero y los Nott no les deberían nada; aunque claro, el secreto mágico permanecería hasta la muerte para ambas partes.

Sencillo pero efectivo. Todos los Lestrange firmaron con sangre un contrato encantado.

Quien atendería las necesidades de los Lestrange, sería Tini, pues ella era un ser mágico que estuvo dentro de la casa mientras su padre levantaba los hechizos restrictivos, así que tampoco podría abandonarla. Estaría atrapada junto a los mortífagos.

Theodore hizo una observación en ese punto. No quería maltratos físicos ni maldiciones.

—Ya lo dije —habló ante las miradas curiosas de los Lestrange— el té que prepara es mi favorito. Me enfadaré mucho si resulta que estropean a mi elfo.

Nadie se opuso, y Theodore también firmo.

Entrada la noche, abandonó la casa junto a Edward con ayuda de un traslador.

Philip Nott, magnánimo como él solo, les esperaba en el estudio principal. Edward le saludo con respeto, como siempre. Theodore solo se quedó de pie, mirándole.

Edward uso su alegre voz para relatarle a su padre los detalles interesantes de la corta reunión que tuvieron, además de responder lo que su padre le preguntaba, cuando Edward le dio el pergamino donde estaba el nuevo acuerdo con los Lestrange, el solo echó un ojo antes de volver a doblarlo y dejarlo sobre la mesa, seguramente sintiendo como es que Theodore no le quitaba la mirada de encima.

—Theo hizo todo un alboroto, pero creo que eso ayudo a convencer a nuestros indeseados invitados de firmar rápido —dijo sonriente— ¿Cierto, Theo?

—Probablemente —contesto.

Edward hizo una mueca disimulada hacia él. Últimamente pasaba eso: Edward, intentando incluirle en conversaciones.

—Ya veo —dijo su padre, clavando los ojos en los suyos.

—Edward, déjanos solos, por favor.

El confundido mago miró de Theodore a Philip y pareció desinflarse al retirarse en silencio.

— Bien ¿Qué sucede, hijo? —preguntó su padre, apoyando la espalda contra su sillón.

— ¿Hay más alianzas aparte de ellos?

—Vivos, no. No lo creo —dijo llevándose una mano al mentón— teníamos cuatro más durante la guerra mágica, pero los Lestrange son los que quedan.

— ¿Seguro?

—A menos que los muertos vuelvan a la vida, eso es seguro.

—Bien —dijo cruzándose de brazos.

— ¿Algo te molesta?

Theodore dio un respingo. Miró a su padre, luego al suelo. Luego de nuevo a su padre.

"Enfadarse está bien. Es normal"

¿Incluso con mi padre? Quería preguntarse.

"Tengo que dejar de mentir" se dijo "Continuar mintiendo solo me vuelve más sospechoso"

Luego clavó los ojos en los de su padre. "A la inversa es lo mismo"

— ¿Enviaste a mi elfo allí a propósito?

Su padre entorno los ojos, a primera vista, sorprendido.

— ¿Por qué crees eso?

Solo entonces Theodore se decidió a sentarse en uno de los sillones frente al escritorio— Desde hace un tiempo haces que me encargue de lidiar con los asuntos de la familia y yo he obedecido en silencio.

—No siempre —le interrumpió su padre.

—Pero te he obedecido —le dijo, su padre no refuto— sin embargo; siempre, de alguna manera… te involucras. Siempre pones a un tercero cerca de mí.

—Las contingencias son necesarias.

—Pensé que me enviaste solo esta vez —le dijo— pero no es así ¿Verdad? ¿Enviaste a mi elfo a propósito?

Increíblemente, Philip Nott suspiro.

—Lo hiciste —murmuro Theodore.

—Tenía que enviar a alguien primero —contesto encogiéndose de hombros— la intrusión fue rápida. Enviar a uno de nuestros magos rompería el secreto mágico —enumero con un dedo— Si iba yo, la persona que quedaba para poner encantamientos y maldiciones sobre la casa serías tú. Y claro, para esa tarea… entre tú y yo, yo era la mejor opción —dijo levantando otro dedo— solo quedaba enviar a un elfo —dijo como si fuera la decisión más sencilla del mundo y levantando un dedo más— Son mortífagos, cansados y frustrados. Se desquitarían con lo que fuera y claro, eso les distraería ¿Qué mejor que un elfo? Por un lado, son resistentes; por otro, para ellos era como el juguete perfecto.

—Estás generalizando, padre —dijo Theodore sujetando con fuerza uno de los respaldos del sillón— Tenemos cuatro elfos, pudiste enviar a cualquiera de los otros tres, pero enviaste al mío. ¿Hubo algún motivo para eso?

Su padre guardo silencio un momento.

Theodore sintió la necesidad de inclinarse hacia adelante— ¿Lo hay? —le dijo casi en un murmullo, luego agacho la mirada— ¿Vas a mentirme?

Su padre se removió en su silla. Theodore levantó la cabeza de inmediato, increíblemente, hacer eso había funcionado. El correcto Philip Nott no haría lo que él mismo criticaba.

Philip Nott apoyó la cabeza contra el respaldo.

—No estabas familiarizado con la casa —dijo solamente— la magia de protección que tiene es… peculiar. Siquiera yo sé exactamente cómo fue conjurada —él se detuvo un momento— Fue tu madre, ella lo conjuro para nosotros… en secreto, con magia de sangre. Su sangre… y parte de la tuya, hasta donde tengo entendido. Sucedió durante la guerra mágica y claro, yo estaba fuera en ese tiempo, así que no tengo demasiados detalles —su padre apoyó la cara en una de sus manos— Lo hizo a mis espaldas y francamente, no me gusta. Odio esa casa y si fuera por mí me desharía de ella, la quemaría hasta los cimientos —su padre volvió a apoyar la cabeza contra el respaldo del sillón— pero por otro lado, pensé en que sería útil para situaciones como esta. Supongo que tu madre me ganó esta partida.

Theodore se quedó estupefacto.

"Morice dice que el amo odia esta casa" había dicho Tini.

—Es cierto, envié a tu elfo a propósito —dijo tranquilamente— como acabo de decirte, no sé exactamente cómo funciona la protección de la casa. Solo sé que la reacción de la magia es inmediata cuando la amenaza es latente. Pensé en que podría ser mejor si estabas enojado —se encogió de hombros— por eso envié a tú elfo. Como te dije, son resistentes. Y como has podido comprobar, la protección que te dio la casa fue perfecta.

Theodore se quedó aún en silencio.

—Por un momento pensé en enviar a Edward —dijo como si estuviera divagando— siendo mestizo hubiera sido natural que los Mortífagos le hicieran algo, pero por supuesto, él es demasiado bueno entreteniendo personas y quizá no tendría el efecto deseado… por otro lado, si funcionaba, pienso que el resultado hubiera sido… inesperado —Philip le miró a los ojos.

—Quien sabe —respondió Theodore.

Pero si sabía a qué se refería su padre. Quitar a Tini y poner a Edward en su lugar. No quiso siquiera imaginarlo. Y tampoco quería contestarle a eso.

—Gracias por compartir esto conmigo, padre —dijo mostrándose humilde.

Su padre sacudió una mano— Me alegra saber que lo entiendes —dijo serio.

Theodore solo asintió— Si —le dijo mientras se ponía de pie— es bueno saber que siempre podemos hablar. Debo volver a la escuela ahora.

—Bien —dijo llevando una mano a los sobres en una orilla del escritorio y comenzando a abrirlo para vaciar el contenido— Cuídate, hijo.

—Tú también —le dijo en un murmullo antes de irse definitivamente.

Edward esperaba en el salón con mirada curiosa.

—Volveré a la escuela ahora. Adiós Edward —fue lo único que le dijo.


Theodore llegó a Hogwarts ya casi entrada la noche. Uso la capa de invisibilidad y se internó en el castillo, llegó hasta los baños cerca del comedor, entró en un cubículo y uso el giratiempo para volver a la hora del almuerzo.

Se quitó el pendiente de amatista y guardo el giratiempo antes de salir de allí.

En el comedor, ubicó a James y se sentó a su lado. Pronto, apareció Matthews y se les unió. Últimamente hacía eso, acercarse aunque no la llamara… sin embargo, era aceptable. Y mejor para que Astoria dejara de intentar lo mismo. Hubo un tiempo en que se preguntó si acaso Edward le había encargado hacer eso, pero cuando le preguntó, ella lo negó y dijo que era interesante estar cerca. Desconfió de inmediato aquella vez.

"No es nada interesante ser cercano a mi" pensó mientras la miraba "Si mi padre se entera de algo como esto, puedes terminar siendo una pieza en alguno de sus elaborados planes donde considera aceptable usarte si cumples el perfil" hubiera querido decirle en ese momento.

Miró a los magos con los que ahora se rodeaba. James estaba vinculado a él. Matthews era la prometida de James y también un Praethor. Ninguno de los dos era especialmente cercano, así que estaba bien.

Era lo mejor.

Eso se decía, ahora que debía ignorar las cartas de Amira y de las gemelas, ninguna de ellas aún habían jurado, así que las hacía vulnerables. Solo debía mantener correspondencia con aquellos cuyas familias ya eran suyas.

Vio de reojo a Lovegood saltar por uno de los pasillos del gran comedor. Incluso había dejado de hablarle a ella… y debía mantenerse así, aunque se sintió un desperdicio.

Una mancha de cabello alborotado se coló en su campo visual, atrayendo su mirada al instante.

"¿Por qué la estás siguiendo?" Pensó mirándola fijo mientras avanzaba como si quisiera cazar a Lovegood, pues no miraba hacia ningún otro lado.

Aunque se había acostumbrado a eso, hacer como que Granger no existía y francamente era productivo, pero a veces no podía evitar preguntarse qué estaba haciendo con su tiempo. Ella siempre terminaba metida en medio de algo. Y claro, en parte era molesto… darse cuenta de que ella era bastante buena ignorándolo también. Incluso plenamente consciente de que él mismo fue quien exigió eso… pues… Nada. Simplemente evitaba pensar en ello.

"¿Qué estará haciendo?" se preguntó, pero de pronto se vio interrumpido al darse cuenta de que Matthews le estaba mirando, así que volvió a fingir que Hermione Granger no existía. Era lo adecuado.

Al principio, pedirle que dejaran de hablar fue una salida rápida y una decisión tomada sobre la marcha. No podía hacer su propuesta en ese momento y no podía seguir cerca de ella como antes. Sin embargo ahora, dados los nuevos eventos, fue lo mejor que pudo haber hecho.

¿Qué había dicho su padre?

"Mezclar sentimentalismo y vínculos mágicos nunca ha resultado bien"

Theodore siempre había creído que podía sortear el sentimentalismo, ahora sabía que no era así.

Habían torturado a su elfo y él se había enfadado por eso.

Su padre sugirió que era el elfo o Edward, y eso le descolocó… pero al mismo tiempo, estuvo de acuerdo en elegir al Elfo antes que a Edward.

"¿Y entre Edward y Hermione?" no pudo evitar preguntarse, pero desecho la pregunta al instante. No quería siquiera cuestionárselo.

Por otro lado, Edward ya tenía un juramento, ya no podía vincularse.

Entonces…

¿Qué pasaría si acaso alguien vinculado a él… alguien que le agradara y le preocupara como Hermione terminara de ese modo? ¿Qué muriera incluso?

El vínculo es tan fuerte como lo es tu confianza en la otra persona. Sientes lo que sienten y ellos de vuelta.

¿Cómo sería eso?

Theodore se sujetó la cabeza, pensativo. Miró de reojo a James. Lo consideraba una pieza importante y bastante útil, admirable incluso… Pero no confiaba lo suficiente en él, era abismalmente distinto.

Si conseguía un vínculo con Hermione, sería como tener un arma de doble filo en la mano desnuda: La persona en quien más confiaría, pero la que peor le golpearía si la perdiera… siempre y cuando su actitud fuera como la de ahora.

"Tienes que templarte, Nott" se dijo "Ya no puedes permitirte ser como hasta ahora" y creyó que con eso, todo estaría bien.

Y como primer paso, decidió probarse a sí mismo.

Primero, Theodore le ordenó a Edward… acercarse a los Mortífagos.

Su padre dejo claro que no se involucraría con ellos, para él, sus medidas eran suficiente para que no les dieran problemas. Pero Theodore no pensaba del mismo modo. Lo adecuado era tener un ojo constante sobre ellos. Su padre no se opuso, y Edward, como el suicida que era, estuvo de acuerdo de inmediato.

Cierto día, fue a ver la casa sin avisar. Cuando bajó, escucho voces en el salón. Escucho a Edward reír.

¿Había alguien a quien Edward no lograra ganarse?

—Entenderán que no tengo mucho amor por mi estúpida madre —dijo él de pronto— después de todo, dejo que la embarazara mi imbécil padre.

— ¿Quién dices que era tu madre, muchacho? —pregunto Bellatrix Lestrange.

—Beatrice Greengrass —contestó Edward.

—Oh, Trice Greengrass —dijo Bellatrix con una sonrisa afilada— La hija de la rama media.

—Si —contesto Edward— Naturalmente, debió conocerla. Fue bastante celebre en su tiempo.

Bellatrix sonrió también, pero Rabastan, el mayor, fue quien habló— Yo no la recuerdo.

Su hermano fue quien respondió— Es a quien mató Clementine Greengrass cuando enloqueció —dijo como quien no quiere la cosa— dicen que la lanzó de la Torre de la casa de verano de Antón y luego se lanzó ella. La escandalosa navidad del setenta y cuatro…

—Oh —contesto el otro mago— claro, ya lo recuerdo —dijo— Clementine, la que fue primera esposa de Antón —luego miro a Edward— Así que mató a tu madre… —Edward asintió tranquilamente mientras bebía su té— siempre me dio curiosidad ¿de verdad también mato a la chica? ¿Cómo se llamaba? La primera hija de Antón.

Edward bajó la taza que tenía en la mano— Celeste, Celeste Greengrass —dijo de inmediato, luego miro a todos con un rostro relajado, el rostro que ponía cuando chismeaba— es verdad, ella lo hizo —dijo con tranquilidad— Estaba realmente loca. Hay quien dice que maldijo a Antón para que tuviera solo hijas. Quién sabe.

Bellatrix se echó a reír y los hermanos murmuraban algo así como un— te lo dije.

Theodore miraba fijamente a Edward, quien aunque tenía una sonrisa en el rostro, sus manos tenía puños cerrados. Edward nunca hacia eso, generalmente jugaba con sus dedos.

—Señores —dijo Theodore.

Los mortífagos le miraron de un modo extraño. Bellatrix le dio una sonrisa amarilla.

—Theodore —dijo Edward, mostrándose humilde. Los mortífagos miraron ese con aceptación.

"Si, alaba al sangre pura" pensó Theodore.

—Edward, sube —dijo en tono mandón— Señores —dijo a tono de despedida y se marchó escaleras arriba.

Escucho a Bellatrix mascullar algo y el resto reírse.

—Veo que ya estás familiarizado —le dijo Theodore cuando entró a su habitación luego de tocar.

Edward se encogió de hombros— Algo así —dijo mientras se sentaba en uno de los sillones— son básicos. Maldecir aquí y allá, alabar allí y más acá. No es la gran cosa.

— ¿Estás seguro? —preguntó.

Edward le sonrió— Ah, Theo —le dijo— por eso me gustas, siempre preocupándote por los tuyos. No me mires así, no es una crítica, en realidad… solo es algo que me agrada —dijo apaciguándolo con las manos, luego soltando un suspiro largo— pero dada la situación, tengo que recordarte que no tienes tiempo para preocuparte por los demás. Ahora… ¿Alguna información en especial que quieras que saque de nuestros desagradables invitados?

Theodore hizo una mueca— Bellatrix menciono algo acerca de mi padre. Dijo que por todo lo que ha hecho cuando era joven, seguramente alguien le maldijo y que por eso no tuvo hijos.

—Ummm… —divago Edward— ¿Crees que eso sea cierto?

Theodore se encogió de hombros— Es probable.

—Yo no soy quien para discutir tú historial familiar, Theo, pero siempre pensé que eso tenía más que ver con que tu madre era mucho… mucho más joven que tu padre.

Theodore lo ignoro— Averigua que tanto de verdad hay en eso de la maldición.

— ¿Te preocupa una maldición?

— ¿No debería?

—Bueno… tomando en cuenta que todas las familias tienen al menos una… —dijo encogiéndose de hombros.

Theodore negó con la cabeza— solo confirma eso por mí.

—Hecho —le contesto.


—Daphne cree que le gustas a su hermana —le dijo Blaise casi al oído mientras caminaban hacia la clase de cuidado de criaturas mágicas.

Theodore reaccionó al instante, olvidando por completo en lo que estaba pensando.

— ¿Qué?

Blaise se encogió de hombros— Es lo que Daphne piensa, y como últimamente eres tan… sombrío, está preocupada —Theodore se quedó mudo—… vamos, viejo, conociendo a Astoria como la conozco, podría tomar la iniciativa. Tú sabes, San Valentín está a la vuelta de la esquina.

Él sacudió la cabeza y se frotó los ojos— Con que eso era —dijo.

Blaise soltó una risa nerviosa— ¿Astoria ya tomó la iniciativa?

—Merlín, no —dijo indignado— como sea. No estoy interesado. Dile a Daphne que no pierda la cabeza por eso. Si ella desanima a Astoria, mejor.

—Ah, Theo. Te falta tacto —dijo caminando a su lado— Te lo digo en serio, si Astoria aparece delante de ti y habla contigo al respecto, debes ser educado, amable y rechazarla de un modo…

—No voy a tener este tipo de charla contigo, sé que hacer —le dijo acelerando el paso— aunque gracias por el aviso.

Theodore entonces uso a Matthews como escudo humano, ordenándole quedarse siempre estar cerca durante las comidas e incluso sentarse en la misma mesa cuando estuviera en la biblioteca. Un poco más y le pediría que le acompañara durante San Valentín.

Matthews al parecer era más perceptiva de lo que esperaba, pues se dio cuenta de lo que ocurría y un día le pregunto si quería que arreglara el asunto. Theodore le dio permiso. Astoria lo miraba raro a partir del día siguiente y Theodore la ignoró, no es que le importara demasiado. De todos modos, él no había hecho nada.

Lo interesante vino luego: El artículo de Potter en el Quisquilloso. Incluso rompió su regla de no hablar con Luna para preguntarle cómo es que sucedió consiguió algo como eso y cuando ella le dijo que todo había sido plan de Hermione, de alguna manera se sintió orgulloso por ella. Lograr hacer tambalear la credibilidad del Ministerio de magia y a la sociedad mágica con un artículo en un tabloide era demasiado mérito.

Lo leyó, por supuesto. Incluso le hizo gracia como ese hecho sacudió a sus compañeros de casa. Desde hacía un tiempo, casi todos los días Draco se había reído de su familia por su neutralidad, llamándole por todo tipo de sobrenombres a sus espaldas, pero nunca a la cara. Ahora, seguramente ya a nadie le parecía una broma ser neutral.

Theodore incluso tuvo la osadía de leer el artículo en sus narices una noche poco antes de dormir. Draco hizo todo un escándalo, pero Theodore fingió no escucharlo mientras Blaise le llamaba exagerado, ya que todos en la escuela lo habían leído.

Ver a Draco sulfurado todos los días era algo… bastante satisfactorio. Verlo correr detrás alumnos que podrían tener el artículo era divertido, porque nunca se acababan. Theodore puso su grano de arena y desembolso galeones para comprar más números y encargo a Star conseguirlos con los alumnos que solían traficar cosas de afuera de la escuela y dispersarlos por todos lados.

Era su venganza personal.

De haber sabido lo que eso provocaría… quizá se lo hubiera pensando mejor. O quizá no. Theodore siempre actuaba sobre la marcha y en esa ocasión no fue diferente.

Se enteró por Blaise, el mismo día en que sucedió.

— ¿Supiste Nott? —le dijo en complicidad mientras volvían de la cena, inusualmente contento— Pansy le está echando la bronca a Draco.

—Buenas noticias para ti —le había contestado Theodore. A Blaise le gustaba Pansy, eso lo sabía todo el mundo.

—Algo así —dijo llevándose ambas manos a la nuca— Pero no puedo divulgarlo. Se lo prometí a Pansy.

"A sí que quieres que yo lo haga" pensó. Bueno, en todo caso, se lo debía.

—Oh, vaya —dijo disimulando.

—Pero es un chisme tan bueno —dijo casi lamentándose, luego se le acercó para hablarle bajito— Draco atacó a Granger.

Él se volvió hacia Blaise de inmediato— ¿La atacó? ¿Por qué?

—Wow, wow —dijo Blaise, haciendo señas con las manos— tranquilo, no creo que haya una guerra de prefectos.

"No parezcas tan interesado" se dijo a sí mismo.

—Entonces supongo que no la mando a la enfermería —dijo encogiéndose de hombros, pareciendo estar relajado.

"¿pero qué tiene que ver Pansy…?"

—No me estás entendiendo —dijo Blaise alzando una ceja sugerente— Draco "atacó" a Granger.

Theodore se paró en seco— No es cierto.

—Si lo es. Pansy me contó, ella vio todo. Le reclamó a Draco y él le dijo que estaba loca —Dijo Blaise riendo y caminando de nuevo con las manos detrás de la nuca— Quien lo diría. Al final puede que toda esa fijación con la pobre Granger solo fuera tensión sexual. Ojala se difunda rápido, no puedo esperar a escuchar todas las maneras con las que molestaran a Draco y… ¿No vienes Nott?

Theodore se quedó un momento en silencio, pero reaccionó al instante— ¿Crees que eso te conviene? —Le preguntó— Dudo que Pansy este alardeando de esto. Si el rumor se esparce, te apuntará a ti.

Blaise también se paró en seco— Supongo… pero ese chisme lo puede esparcir alguien más…

Theodore levantó las manos— ¿Y que Pansy se desquite conmigo por exponer su humillación? No lo creo. No pagaré por sus frustraciones.

Y solo se alejó caminando fingiendo que Blaise no existía.

Pero no se detuvo allí.

Más tarde, por la noche, durante la ronda de prefectos, Theodore tomó su capa de invisibilidad y estuvo mucho tiempo asechando la ruta de Pansy. La atrapó en un descuido cuando ella volvía del baño de prefectos. Fue tan fácil hacerle legeremancia… y fue más fácil aún encontrar el recuerdo específico.

Quería saber. Si no hacía eso, no había forma de saber que pasó en realidad. Eso se fue lo que se dijo mientras lo hacía.

Y vio todo.

Pansy estaba buscando a Draco, preguntó a algunos alumnos y ellos le apuntaron a donde ir. Camino por los pasillos, hasta que oyó ruido extraño. Forcejeo. Luego un grito femenino.

"¡Suéltame!"

Era un grito aterrado, por eso, Pansy caminó más a prisa con la varita en la mano. A pesar de ser algo insensible, Pansy seguía siendo el tipo de chica que se solidarizaba con otra en ciertas ocasiones. O al menos, eso pensaba ella en ese momento. Aceleró el paso, levantó la varita y al girar en uno de los pasillos, se quedó congelada.

Draco tenía a Granger acorralada contra una pared, las manos sujetas hacia arriba. Desde el ángulo en que Pansy estaba, veía perfectamente como Draco llevaba la cabeza casi sobre el cuello de Hermione y parecía susurrar algo, pero Pansy no alcanzó a oírlo.

— ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! —gritó Pansy.

Draco se alejó de ella al instante, algo que Hermione aprovecho para liberar sus manos y empujarle en el pecho y casi aventarlo al suelo. Hiso un accio y la varita que estaba tirada en el suelo llegó a su mano y la sujeto contra su pecho. Sus muñecas estaban rojas, igual que su cara, el rojo furia. Su capa estaba arrugada, incluso su cabello estaba desordenado.

—Enviare esa nota a la profesora Sprout —dijo con voz dura, indignación pura… no, indignación e ira… sin embargo, miraba al suelo, pero luego miró a Pansy a los ojos.

Theodore vio tanto en ellos…

Pero luego ella se fue casi corriendo, arreglándose el cabello en el camino.

Y entonces, Pansy comenzó a gritarle a Draco.

Theodore paró allí.


Había cosas que puedes tolerar y otras que sencillamente no.

"¿Por qué no te has vengado?" esa era la pregunta que Theodore lanzaba mentalmente como una especie de reclamo cada vez que veía disimuladamente a Granger pasar por el pasillo delante de su mesa para llegar a la suya.

Quería preguntárselo, pero no debía.

Como supuso, ese rumor no se extendió. Blaise incluso le dio las gracias por evitar que lo echara a perder con Pansy, quien se mantenía distante de Draco.

Mientras que Theodore, solo podía observar.

Las cosas deberían haber ido bien… pero entonces… claro, Draco no podía solamente quedarse quieto y callado.

Se acercó un día, como si nada mientras volvían de Hogsmade.

—Eh, Nott —dijo sonriente, alcanzándole casi corriendo.

—Draco —había dicho Theodore, mirándole de reojo.

— ¿Sabes algo? —Dijo casual— Aquí entre nos, creo que ya ha sido suficiente de esta tonta competencia.

— ¿Cuál competencia?

Draco hizo una mueca— Malfoy y Nott —dijo— la que comenzaste cuando decidiste rechazar a la Brigada.

—No comencé ninguna competencia. Solo hago lo que me parece, Draco —le dijo serio— lo que considero adecuado.

—Oh, vamos —dijo Draco riendo— aquí entre nos, solo lo hiciste para darme la contra.

—No es así, no sé porque piensas eso —dijo Theodore y se encogió de hombros— yo tengo principios, Draco, y por eso, hay cosas que nunca haría —le dijo, quizá con algo de voz fría— Aunque claro, quizá sea algo que tú puedas entender.

El recuerdo volvió, aún fresco en su memoria, latente. La indignación y la ira ajena, pero constante.

"Hiciste algo inaceptable" quería decirle.

Draco hiso una mueca, pero luego volvió a mostrarse amigable— No seas tan digno, Nott —le dijo mientras le pasaba un brazo por los hombros, usando ese movimiento para acercarse a su oído— los dos sabemos que los Nott solo tienen los principios que les convienen.

Theodore sintió la ira crecer en su interior. Ese fue un buen golpe, debía reconocérselo.

"Tiene razón" dijo una voz en su mente, recordando que él hizo algo bastante parecido hacía no mucho tiempo, arrinconando a la misma chica en contra de su voluntad. ¿Si Draco era detestable por eso, no debería serlo él también?

Theodore pasó la mano para quitarse el brazo de Draco de encima.

—Es verdad, soy un convenenciero —le dijo sonriendo con maldad— pero precisamente por eso es que nunca quise unirme a los actos de circo en los que siempre terminas enrollado ¿Qué dice eso de ti? —Dijo encogiéndose de hombros— Ah, Draco, si quieres caer en vergüenza perpetua es tu asunto. Peco de compasivo, pero no tanto como para acompañarte en tus patéticas caídas. El chiste de los duelos en segundo, el tipo al que una chica le rompió la nariz en tercero, aquel al que convirtieron en un hurón en cuarto… El lame botas de Umbridge en quinto… ¿Qué tontería harás en sexto?

—Estás cruzando la línea, Nott.

"Tú ya lo hiciste pensó"

Theodore solamente le sonrió— ¿Y?

Como esperaba, Draco sacó su varita. Theodore casi sonreía de satisfacción mientras echaba la mano a la suya.

"Tonto y predecible Draco" pensó.

Vio la floritura y Theodore estuvo preparado para repelerla al instante con la varita en la mano izquierda, sin embargo, mientras extendía el brazo, cubría su mano derecha con la túnica para usar su segunda varita. Ese duelo terminaría antes de comenzar.

Sin embargo, fue en vano. Incluso a Theodore le pilló de sorpresa que la varita de Draco no expulsara hechizo alguno. Hubo chispas, purpura, si… pero terminaron en la cara de Draco, quien pegó un grito al instante.

Theodore se quedó congelado en su sitio.

¿Qué había pasado?

Lo que sucedió después, fue un tanto confuso.

A Draco lo llevaron a la enfermería.

A Theodore lo llevaron a la oficina del director mientras le interrogaban acerca de que hechizo había utilizado contra Draco… al mismo tiempo que le confiscaban la segunda varita.

Primero llegaron los padres de Draco exigiendo compensaciones y haciendo un escándalo. Luego, su ocupado padre envió a una comisión de magos encabezados por McGrath.

Fue bastante tedioso escuchar a Lucius Malfoy escandalizarse, pero fue divertido de ver como McGrath lograba imponerse solamente manteniéndose serio y hablando poco.

Pero luego de revisar la varita de Draco se verificó que esta había sido estropeada con un maleficio; y como la brigada era realmente un dolor de cabeza para todo el alumnado, concluyeron que Draco había sido saboteado por algún tercero, con la mala suerte de que le estalló un encantamiento en la cara.

Pero la única conclusión a la Theodore había llegado es que Draco le había tendido una trampa. ¿Qué más podía ser?

Después de todo, nadie menciono el hecho de que fue él quien había querido iniciar un duelo.

Sin embargo, no pudo hacer nada para escapar del delito de estar en poder de dos varitas. McGrath discutió mucho acerca de las razones: Desde seguridad, autoprotección, incluso uso de excusa las deficiencias de la seguridad del castillo evidentes el año pasado y haciendo hincapié de que habían mortífagos prófugos sueltos por Merlin sabe dónde y todo era un riesgo.

Al final, Theodore no pudo escapar de un castigo ejemplar. De tener dos varitas pasó a tener ninguna y sería así durante todo un mes. Arregló que James estuviera a cargo de su vigilancia, y de todas maneras consiguió una tercera varita y esta vez mejor guardada, indetectable y solo para emergencias… lo cual era lo mismo que tener nada. Su mano aún se sentía desnuda.

Y aunque en realidad fue muy estúpido todo lo que sucedió, lo peor es que estaba más enfadado por el hecho de que todo mundo creía que era por darle en la cara a Draco con una maldición, cuando en realidad, siquiera había hecho eso.

Y a parte de todo eso, las miradas sobre él. Miradas de todo tipo. Miradas de ira, de admiración, otras divertidas, de desconfianza…. Pero a partes de todas esas, había una mirada preocupada que no podía sacarse de encima.

Theodore estaba en la biblioteca, solo. Sacó de su mochila la pequeña libreta, tinta y pluma. Busco la página donde se había quedado la última vez.

"¿Por qué?"

Eso había escrito en la página donde había quedado hacía ya un tiempo.

Esa pregunta tenía muchas respuestas y aunque podría hacer una lista de ellas, bueno, la principal, seguía evitándola.

Theodore movió los pies, intranquilo. Se quedó mirando la hoja en blanco por mucho rato. Luego miró hacia las ventanas de la biblioteca, la luz natural que entraba por ellas. El silencio y el olor de libros viejos y un ligero toque de polvo y humedad, característico de una biblioteca.

Tomó un largo respiro y dibujó líneas en su cuaderno.

"Bueno, Theodore Nott" se dijo a sí mismo "por tu propio bien, es hora de confesar"

Una persona no podía funcionar ni reaccionar bien si acaso había cosas que uno ignoraba de sí mismo.

Y después de todo… luego de todos los eventos de los últimos días, luego de pensar en todo lo que ocupaba su mente todo este tiempo, lo que lo distraía, lo que le causaba ira, indignación… y también lo que lograba calmarlo.

Lo que quería hacer si acaso pudiera hacer lo que quisiera.

Lo que llevaba pensando desde hace unos días y se obligaba a ignorar.

Theodore hizo un garabato, soltó la pluma y se pasó una mano por el rostro. Miró de nuevo por la ventana y volvió a tomar la pluma, pasó la hoja y volvió a dibujar líneas.

"No seas infantil" se dijo.

Pero se levantó en ese mismo instante, tomó sus cosas y se fue a su habitación. Sacó de uno de los cajones su capa de invisibilidad y metió en uno de sus bolsillos el giratiempo y uno de los trasladores a la casa del Norte.

Apenas llegó, le ordeno a Tini traer una lechuza, escribió un mensaje rápido y lo envió con el animal, luego aviso a Tini que Edward seguramente llegaría pronto, que le recibiera y que le hiciera pasar al tercer piso, además de ordenarle que se quedara en el segundo piso y que no subiera hasta que él la llamara.

Tini se fue en silencio, aun cojeando. Incluso comparó esa indignación con lo otro y no. No era lo mismo.

Se removió el pelo y se sentó en la cama, esperando en silencio.

No supo cuánto tiempo paso, pero hubo golpeteos en la puerta y luego Edward entró.

Theodore alzó la cabeza al instante.

— ¿Theo? ¿Paso algo? —dijo entrando y luciendo realmente preocupado— Tu mensaje fue realmente…

—C-creo que tienes razón.

Edward alzó una ceja— Ooookey… ¿Y tengo razón en…?

—Todo —murmuro, pero sin mirarlo. Escuchó sus pasos y supo que se apoyó contra la pared cercana— y-yo… solo estoy haciendo una estupidez tras otra.

—Theo, no estoy entendiendo nada.

—Lo de Malfoy —contesto.

—Fue una trampa, tú no hiciste nada, eso ya ha quedado claro —dijo Edward, restándole importancia— Philip no está enojado, tranquilo.

—No me refiero a eso —murmuro— la verdad… la verdad es que yo si quería hacerlo. Iba a hacerlo.

Edward entornó los ojos— Vamos Theo ¿Por qué ibas a hacer…? —luego él sacudió la cabeza— no, no me contestes, no importa. Seguramente hizo algo para….

Theodore asintió— No a mí —le dijo.

Edward se quedó un buen rato en silencio— ¿Qué hizo ese niño?

Theodore tenía una mano cubriendo su cara— Atacó a Hermione.

—Define atacar —preguntó.

Theodore casi se hecho a reír de lo hilarante que era todo. Incluso Edward conocía la diferencia.

—El tipo de ataque que no te manda a la enfermería —dijo molesto— no sé exactamente que quería hacerle, pero… solo, solo no la soltaba y ella se veía aterrada.

—Niño imbécil —mascullo Edward mientras se pasaba una mano por el cabello— ¿Supongo que ahora entiendes porque no me gustan la mayoría de engreídos niños sangre pura? Creen que tienen la libertad de hacer todo lo que… —Incluso él sonaba enfadado— ¿Ella está bien?

—Hasta donde sé —Contesto Theodore— No puedo hablarle y preguntárselo.

La cara de Edward se volvió de piedra— Theo ¿Qué hiciste?

—Puse distancia —le dijo— la aleje.

— ¿Y cómo viste que fue atacada?

—Fue en un recuerdo.

— ¿Un recuerdo?

—Hice legeremancia en el testigo.

Edward se veía asombrado— Legere…. —luego, sacudió la cabeza— Por Merlin, Theo, mejor dime todo desde el inicio.

Y Theodore le contó… le contó todo. Absolutamente todo. Cómo encontró a Hermione por casualidad el día que fueron a pedir alargar su permiso de salida en Hogwarts, como él también la arrincono de algún modo en un armario. Lo que sucedió en el pasaje oculto el primer día que estuvo de vuelta, como le hizo un obliviate; la promesa injusta que le arrancó.

Le explico la ira, la rabia, y las ganas que tenía de maldecir a Draco desde el momento en que se enteró de lo que hizo… pero más que todo eso, más fuerte que eso, quería volver a hablar con Hermione.

Como Edward lo predijo, no lo soportaba. No ahora, no cuando ella parecía también querer hacer lo mismo. No soportaba como lo miraba de lejos.

—Solo hago una estupidez tras otra —murmuro.

—Podría ser peor —dijo Edward, quizá intentando sonar positivo, pero solo hundió más a Theodore— No pongas esa cara. Hablo en serio. Como yo lo veo, no has arruinado nada. Ella no te odia.

—Pero lo hizo.

—Pero no lo recuerda.

—Eso no quita que…

— ¡Nadie es perfecto! —Le dijo Edward— mira, si quieres ser el ejemplo de honestidad, adelante, ve, deshaz el hechizo y mira lo que sucede —Theodore puso mala cara— No, no lo harás, ese será tu sucio secreto por siempre. Lo hecho, hecho está, debes vivir con eso. Pero recuerda que los errores solo son errores cuando los cometes la primera vez. No debe haber una segunda. Por tu bien y el suyo, no debe haber una segunda. No creo que aguantes un gramo más de culpa.

Y no, realmente no podría.

—Esto no me puede estar pasando a mí —dijo Theodore cubriéndose el rostro, alejándose de Edward.

Inesperadamente, Edward solamente se echó a reír— Merlin, Theo. Estas cosas pasan todo el tiempo, los mestizos del mundo son prueba viviente de eso —luego se apuntó a sí mismo como si acabara de ocurrírsele— No te sientas mal, pasa hasta en las mejores familias.

Theodore puso mala cara y se fue hasta uno de los tocadores de la habitación y se miró el rostro, abatido.

Edward apareció a su espalda y le sujeto por los hombros, mirándole a través del espejo— Vamos, Theo. No es el fin del mundo. Ya lo aceptaste, ahora solamente te queda hacer algo al respecto.

Él aparto la vista— ¿Qué se supone que debo hacer?

—Primero que nada, Theo, debes resignarte.

"Ah, claro" pensó de inmediato.

Theodore solamente asintió en silencio— ¿Luego?

—Decidir

— ¿En serio? ¿Puedo? —preguntó con ironía.

—Claro que puedes decidir… —dijo él, sencillamente—…muy cuidadosamente que quieres hacer. Philip no te dio un mal consejo después de todo.

Theodore se volvió a él de inmediato— ¿Qué? ¿Esas son mis opciones? ¿Vínculo o amorío breve?

Edward se encogió de hombros— Si —le contesto— estás en un punto donde aún todo esto puede ser controlable; una vez cruces la línea, bueno, el problema será otro. —Luego hizo una pausa— aunque por tu cara… puedo adivinar que no quieres ni considerar lo segundo.

— ¿Cómo podría hacer eso? —dijo Theodore sintiéndose de alguna manera, alguien detestable.

Él no podría proponerle esa opción a Hermione, la respetaba demasiado para pensarlo siquiera, además, algo le decía que por ello si le odiaría.

"Entonces queda el vínculo" se dijo. Pero…

— ¿Estás dudando del vínculo?

Theodore asintió— el sentimentalismo y los vínculos siempre terminan mal, mi padre lo dijo.

—Algo de razón tiene —murmuro Edward— Así que… te gusta lo suficiente para no atreverte a jugar con ella, pero demasiado para arriesgarte a un vínculo mágico.

Theodore se sintió abatido.

—Bueno —dijo Edward— al final, siempre pueden ser amigos.

"Yo no tengo amigos" quería contestarle.

—No lo creo —murmuro.

—Ya se, ya se —dijo Edward apaciguándolo con las manos— no crees en algo como la "amistad", pero como yo lo veo… eso parecían antes de que…

—No —dijo Theodore— apostaré por el vínculo. Si no…

—Theo, no es necesario que decidas esto ahora mismo —le dijo cortándolo— solo piénsalo ¿Quieres?

Él asintió.

—Y cuando decidas que hacer, cuéntaselo a Philip.

Eso hizo que a Theodore le diera un escalofrío, pero también asintió.

Sin embargo, lo que menos tuvo fue tiempo para pensar.

El mundo mágico no tuvo la gentileza de alentar su acelerado ritmo para darle un respiro a Theodore.

La credibilidad del Ministerio llegó a su pico más bajo desde tiempos de la guerra, según todo aquel con quien hablaba, lo cual, por supuesto, de algún modo les beneficiaba aún más desde su posición de neutralidad. Los rumores de una futura guerra eran los que abundaban en todos sitios y la idea de tener un medio de transporte masivo y de gran alcance que no dependía del gobierno y se guiaba por una familia con fama de respeto absoluto por los juramentos mágicos… bueno, su credibilidad se volvía cada vez más sólida. La otra opción de transporte eran los trasladores y a menos que encantaras tus propios objetos, lo cual era tedioso, debían solicitar un registro en el ministerio que actualmente nadie confiaba.

Y por supuesto, mantener la imagen limpia de la familia se estaba volviendo increíblemente cada vez más difícil. Desde controlar rumores hasta esparcir los propios, enterarse de cada detalle escabroso que sucedía en el mundo mágico y evaluar si sus repercusiones les salpicarían… todo era… demasiado. Pero podía con ello.

Poco a poco, más pergaminos llegaban del resto de familias y Theodore se mantenía en contacto con todos ellos.

Edward le había escrito diciendo que se calmara y se involucrara menos, pero consiguió ignorarlo.

Su padre, por otro lado, escribió para alabarle que estuviera tan comprometido con la familia, eso le hizo sentir mejor.

Mientras, las cartas de Amira y las gemelas seguían acumulándose.

Aún quería maldecir a Draco, pero lograba manejarlo.

Aún quería hablar con Hermione, pero no era el momento y se esforzaba por no mirarla cuando pasaba cerca o tenían clases juntos. Se decía a sí mismo, que lo estaba manejando mejor ahora que había puesto nombre a lo que le pasaba con ella.

Sin embargo, podría decirse que en menos de una semana, colapsó. Bueno, la primera vez, y no había sido precisamente por involucrarse con mucho al mismo tiempo.

Increíblemente, fue por algo que soñó.


— ¿Se parecía? —estaba preguntando su padre.

—Un poco —murmuro él con voz débil e infantil.

— ¿Sí o no?

Theodore había levantado la vista hacia los hombres de pie a unos metros de él. Dos eran rubios, uno castaño… pero todos tenían en las túnicas un botón de plata con el símbolo de un circulo hecho con enredaderas.

—Tenían el mismo botón —dijo Theodore.

—Mi señor, nosotros no…

— ¡Silencio! —había gritado su padre, pero al mismo tiempo, alzó la varita y luego de chispas de colores, el hombre no pudo decir nada más— ¿Se atreven a llamar a mi hijo un mentiroso? —Nadie contesto nada— eso pensé. Adelante.

Luces de colores verdes salieron de detrás de ellos e impactaban en los cuerpos de los tres hombres y estos caían como pesos muerto al suelo. Luego, aparecían otras personas con capuchas negras y se llevaban a los pesos muertos.

—Los siguientes —dijo su padre— ahora, hijo…. Oh, no de nuevo.

Theodore sintió la vista nublarse. Estaba llorando.

—Ya hablamos de esto —dijo su padre con la voz dura— No puedes. N-O P-U-E-D-E-S —dijo enfadado— ¿Qué te han enseñado todos estos años? ¿Qué te enseño tú madre? ¿A arreglar todo llorando? Merlin, siquiera ella fue así jamás —dijo soltándole la mano y casi empujándole.

—P-papá….

Su padre se volvió en el mismo instante— papá no, Padre. Padre ¿Cuántas veces tengo que repetirlo para que lo entiendas?

Theodore no pudo decir nada, aterrado como estaba.

Su padre resopló— Cancelen todo, las audiencias continuaran mañana. Llévenselo. Y que alguien le vuelva a explicar que puede y no hacer hasta que lo entienda. No tengo tiempo para esto.

….

El techo de su habitación en la mazmorra apareció frente a sus ojos. Y su corazón latía a mil por hora… pero esta ocasión, por primera vez, recordaba lo que había soñado.

Y los sueños, más bien, las pesadillas; eran cada vez peores.

Una semana de eso fue suficiente para hacerle dudar de todo lo que conocía o creía conocer. Soñó con su madre, cortándole la palma de la mano en medio de la noche para hacer que gotas de sangre resbalaran hacia un cuenco extraño. Soñó con su padre, haciéndole partícipe de audiencias donde al menos un mago terminaba muerto y él terminaba vomitando o llorando y su padre se enfadaba por eso. Soñó con Tini, acariciándole la cabeza y obsequiándole un dulce mientras le escondía en una alacena de la cocina. Soñó con gente colgando del techo y doblándose sobre sí misma en medio de la noche, en la misma habitación que dormía y con su madre diciéndole que no pasaba nada, que su padre les cuidaba. Ese era el sueño más recurrente, pero era distinto cada vez.

Aun así, ninguna de las cosas que soñaba parecían sueños. Se sentían demasiado reales… por eso, cuando soñó con su madre, mientras él le confesaba que tenía miedo, ella quitó el anillo de su mano y luego de ponerlo en una cadena, se la puso a él al cuello y le enseño un pequeño mantra en Noruego mientras le decía que si tenía miedo, hiciera eso mismo mientras sujetaba el anillo entre sus manos y todo estaría bien. Pero al mismo tiempo, le hizo jurar que no le contaría a su padre que el anillo hacía eso. Jamás.

Cuando Theodore le había preguntado por qué, su madre primero lloró, luego, le contesto sencillamente diciéndole que era un secreto solo de ellos dos, mientras hacía la señal de silencio, sellando sus labios con un dedo de la mano.

Theodore recordó tan bien ese sueño, a tal detalle, que recito el mantra como su madre le había enseñado y efectivamente, el anillo se volvió una especie de poción de paz… y por primera vez en días, pudo dormir sin tener pesadillas.

Sin embargo, por alguna razón, no podía quitarse el sentimiento de terror cada vez que veía llegar la lechuza de su padre.

No tenía sentido en absoluto, sin embargo, así estaba… por alguna razón que no entendía… aterrado.

Theodore, cansado y agotado como estaba, tenía poco tiempo para hacer algo distinto a revisar correspondencia, asistir a clases, hacer sus deberes y cumplir su supuesto castigo. De alguna manera, consideraba eso como bueno.

Sin embargo, aún sentía una pesada mirada preocupada encima y cada vez era peor. Theodore sospechaba que Hermione rompería su promesa en cualquier momento. Eso le molesto, pues comprobaría que al final de cuentas, de alguna manera no era de confianza.

Pero por otro lado… por otro lado… de nuevo, no quería pensar en eso.

Cierta noche, recibió un pedido personal de Edward para reunirse con alguien por la noche en el bosque prohibido, así que no pudo negarse. Acudió allí junto a James.

Todo fue problemático. Lo muy problemático que puede ser tener frente a ti a magos que creen que puedes ser su última salvación de caer en manos de salvajes mortífagos. Theodore, compasivo como era, tuvo que poner todo su esfuerzo en mantenerse firme en lo que debía hacer: Mantener la neutralidad de la familia. A estas alturas, con Alemania comenzando la implementación e Italia y Suiza en puertas de firmas; no importaba nada más. No podían tener problemas con Mulciber ni con algún otro mortífago, no era sensato.

Rechazo a los magos de la familia Jeremiah lo más educado que pudo. Por un momento dudó de rechazar también a los niños que ofrecieron como pupilos, pero no quería complicaciones. No más de las que ya tenía.

—Nos dijeron que no eras como Philip Nott.

"En realidad, nos parecemos bastante" quiso decirle, pero en su lugar, les envió de vuelta con Edward, además de amenazarlos.

No se sintió bien hacerlo, pero era lo adecuado. Era lo que había que hacer.

Volvió junto a James en silencio hacia el castillo, pero en lugar de ingresar, caminó hacia la torre de Astronomía. Primero, quería reclamarle a Edward hacerle eso.

"Quizá es su venganza por haberle ignorado" pensó.

—Actúas más sensato que antes —había dicho James.

Theodore lo ignoró, pero luego siguió hablando y hablando… y solo le prestó atención cuando menciono el apellido de Hermione, diciendo que no entendía porque alguna vez fue cercano a ella.

"Me gustaba y no lo sabía" pensó.

—Era interesante —dijo en su lugar, mientras sacaba una lechuza de una de las paredes.

— ¿Era? ¿Ya no lo es?

"Quisiera que ya no"

—Algo así —contesto.

"No me haga esto. Ayuda a quien tengas que ayudar, pero no me hagas esto de nuevo" fue lo único que garabateo en el pergamino antes de firmarlo y enviarlo en el ave para Edward.

— ¿Vamos? —pregunto James.

Theodore vio con cierto deje de tristeza como desaparecía el ave.

—Ve primero —le dijo sin mirarlo.

—Pero…

— ¿No estabas aprendiendo a escuchar? Ve primero —le dijo dándole la espalda— me quedaré un poco más.

—De acuerdo –murmuro antes de irse escaleras abajo.

Pero ya le había engañado una vez, así que hizo una floritura y comprobó que se hubiera ido… cuando comprobó que aún había una presencia mágica a solo metros de él. La presencia de James estaba ya lejos.

Theodore se giró al instante. No había nada a su espalda. Extendió una mano, hacia donde calculaba que la magia le había dado ubicación de la otra presencia. Avanzó hasta que su mano se topó con algo… sintió textura suave y resbalosa al tacto, pero firme. Pudo sujetar la textura y tirar de ella hacia atrás.

Verla aparecer de la nada fue como ser golpeado en un lugar insospechado, como si lo fuera a dejar sin aire, pero estaba respirando normalmente. Se miraron el uno al otro directamente a los ojos.

— ¿Qué haces aquí? —le preguntó.

— ¿Importa? —le contesto.

Theodore solo se cruzó de brazos. La pesada mirada de preocupación no estaba en sus ojos, toda en ella era reclamos. De alguna manera les había seguido desde que salieron del castillo, y por supuesto, seguramente fue testigo de todo.

Si, toda ella era un gran reclamo.

"Y yo creyendo que te preocupaba" pensó momentáneamente decepcionado mientras contestaba a sus reclamos con lo que eran las respuestas lógicas con las que se regía.

Sin embargo, Hermione Granger tenía un punto de vista sesgado por una moral demasiado alta. Era como si nunca hubiera entendido del todo lo que significaban los juramentos mágicos y parecía creer que la compasión era algo que no debía tener limitantes.

Compadecía el miedo en lugar de resentirlo.

—Un juramento debe ser por devoción, no por miedo. Incluso acepto la ambición, pero no el miedo.

—El arrepentimiento también debería ser válido —replico ella— Es un error ajeno, de padres que ya no están, pero que hará que niños pequeños sufran. Los oí, que Mulciber es un asesino. No los abandones.

"Los padres siempre están" pensó.

—No los estoy abandonando —le contesto— Los Jeremiah hicieron su elección.

—Y ahora eligen agachar la cabeza y pedirte ayuda. Confiaron en que los ayudarás —ella se veía casi desesperada— Edward. Dijeron que Edward los ayudo y los envió contigo. Incluso confió en que podrías ayudarlos.

"Edward quiere volverme loco" pensó con rabia mientras le daba una respuesta razonable a porque Edward le enviaría a una familia desesperada si no era para probar su temple. Aunque probablemente estuviera equivocado.

Después de todo, le dijo a Hermione lo que él quería creer… si no, no sabría exactamente qué hacer con la culpa que comenzaba a sentir.

—No todo se trata de buena voluntad, Hermione. Hay reglas.

Ella le miró tan acusadoramente y con tanto dolor, que no lo pudo soportar. Lo miraba del mismo modo que le miraron aquellos pequeños niños con ojos llorosos en medio del bosque prohibido. Theodore solo quería salir de allí.

Pero cuando se dio vuelta, algo le detuvo. Ella le había sujetado del brazo. Theodore se paró en seco, miro de su brazo a la mano de ella, luego a ella.

"No me hagas esto" quería decirle, pero no podía.

—Esa familia —le dijo— Estarán agradecidos. Estarán más agradecidos que nadie en el mundo. Eres toda su esperanza. Si no los escuchas, puede que des una lección fuerte al resto de familias que tienes a cargo… pero no tendrás la lealtad que quieres de ellos. No confiaran en ti nunca. No lo harán y al final solo te tendrán miedo. Pero… pero si tú los ayudas ahora, te deberán la vida y el resto sabrá que cuidas de ellos a pesar de todo, no solo por conveniencia —ella tomó aire— No solo te respetaran, te amaran.

"¿Y si no soy de ese modo? ¿No merezco nada?" pensó enfadado "Me conoces y sabes que soy exactamente así, entonces ¿Por qué estás aquí?"

—Siempre he dicho que aprecio tu opinión, pero no recuerdo haberte dicho que podías tocarme si te daba la gana ¿De acuerdo? Suéltame.

Hermione le soltó de inmediato, pero le sostuvo la mirada. Casi parecía tan indignada como él— Yo tampoco te he dado permiso para eso —le dijo— pero nunca te reclame nada cuando te acercabas a mí y también me tocabas.

Ella dio un paso atrás, pero con la mirada en sus pies. Antes de darse cuenta, Theodore alargo la mano para que ella siguiera mirándole a los ojos… pero se detuvo. No debía. Ella tenía razón, no tenía derecho. Sin embargo, si se acercó. Iba a acercarse más, pero entonces ella habló.

—Pensé que éramos amigos —le dijo con la voz débil y la mirada herida.

Theodore sintió la boca seca, sin saber que decir exactamente— Es diferente. Yo no…

—No tienes amigos —ella complemento— Me lo dijiste una vez. No tienes amigos, tienes aliados —ella sacudió la cabeza— ¿Sería eso tan malo?

La pregunta quedó en el aire y ella continuó hablando, pero Theodore se atascó en esa pregunta. ¿Qué tan malo sería? Según Edward, ellos se comportaban como amigos antes.

¿Podría ser su amigo? ¿Volver a como era antes? ¿Ignorar el vínculo?

Ser cercanos sin vínculo de por medio. ¿Sería posible? ¿Podría?

"Después de todo… sería como era antes" pensó. Pero entonces, recordó a su padre, utilizando a Tini. Queriendo utilizar a Edward.

A su padre solo le importaba su seguridad, eso lo sabía. Y con un vínculo, esa seguridad se extendería a quienes sentían por él y por quienes el sentiría mediante la magia. Si no, lo contrario era lo más probable. Peligro. Peor que cualquier otro.

El reloj de la torre resonó, acabando con el silencio.

—Amigos no —le contestó— "Amistad" es una palabra quizá bonita, pero sobrevalorada. Una amiga no, mi aliada. La más importante. Una tonta pelea como la que tienes con esos que llamas amigos no haría que te ignore como ellos acostumbran.

—Pero una situación en la que creas que te he traicionado será suficiente para que me des la espalda para siempre —ella replicó y Theodore no supo que contestar— la diferencia es que la amistad perdona. Los aliados no. A ellos se les deja a su suerte si es que se equivocan ¿Es así, verdad?

"Idiota" se dijo "Ella lo entiende perfectamente"

Casi podría reírse de la impotencia que sentía.

Impensablemente, Hermione le sonrió, pero con tristeza— Tú mismo lo dijiste. El silencio es también una respuesta.

Ella se alejó otro paso.

Y ahora, Hermione elegía por él; obligándole a hacer algo. Su apuesta final.

—Hermione, espera —la llamó— Tú no me traicionarías. Nunca. Yo se eso. Y aunque pareciera que lo haces y todo apunte a eso, confiaría en ti hasta el final. Aún si planearas mi muerte solo confirmare que eso es así cuando recibiera el golpe. Ese es el tipo de confianza que tendría en ti —dijo mientras se quitaba el guante de la mano derecha y la tendía hacia ella— Aliada o amiga, puedes ponerle el nombre que desees. El vínculo entre nosotros será de esa manera, para siempre. Lo juro.

Los ojos de Hermione se pusieron vidriosos, pero cuando comenzó a hablar, cada palabra sonaba más a desahogo y tristeza que otra cosa. Ella ya había decidido.

— ¿Entonces esto es un no?

—Lo es —ella murmuro con la voz rota.

—Tenía que confirmarlo —dijo con la voz plana y se puso el guante de nuevo— Entonces esto es todo. Es una pena, de verdad. Voy a extrañar nuestras charlas. El trato entre nosotros ha llegado a su fin. Adiós Granger. Y suerte —le dijo, lo único que podría hacer por ella era deseársela— seguro la vas a necesitar.

Theodore le dio la espalda y metió las manos en los bolsillos, incapaz de hacer nada más.

"Perdiste Nott" se dijo "Ahora cumple y aléjate"

Ya lo había decidido, pero entonces ¿Por qué ahora parecía tan difícil?

"Siempre dije que insistiría" pensó y sacudió la cabeza.

—Tú ganas —dijo casi atropelladamente— Amigos. Seré tu amigo. Hagamos una…

Pero cuando se volvió hacia ella, ya había desaparecido.

—… alianza.


Y si, pues. Hermione se fué muy rápido.

Ah, creo que una vez hable de hacer la apuesta: ¿Quien cae primero, Theodore o Hermione?

A estas alturas la apuesta no tiene sentido jajajaja

Pero... ¿Sorpresa?

Ah, ahora viene lo chido. O lo peor. Como fuera a llamarse.

Curiosidades... pues... que tengo insomnio jajajaja

Saludos, y gracias por leer.