Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18


Recomiendo: Can't Help Falling In Love – Haley Reinhart

.

Capítulo 20:

Avanzar

"Los sabios dicen que solo los tontos se apresuran

Pero no puedo evitar enamorarme de ti

(…) Sería un pecado

Si no puedo evitar enamorarme de ti

(…) Algunas cosas están destinadas a ser

Toma mi mano

Toma toda mi vida también…"

Estaba helada. Tenía una furia tan intensa y desequilibrada que solo concluyó una cosa: ese era el odio descomunal de una madre ante el daño que una víbora le había hecho a sus hijos.

¿Cómo se había atrevido? ¡Los había sacado de la seguridad de ella para llevárselos a quizá dónde! ¿Con qué fin? ¡Era inconcebible! ¿Qué clase de ser humano era esa maldita arpía?

—¿Bella? ¿Estás bien? —preguntó Rose, que venía trotando junto a Alice—. ¿Les pasó algo a los mellizos?

Alice frunció el ceño y le pasó una mano por delante de los ojos.

—Tengo que hablar con Edward —afirmó, apretando la mandíbula.

Las dos amigas fruncieron el ceño.

—¿Por qué?

Ella botó el aire y le limpió las lágrimas a Ava y a Noah.

—Alice, quita ese maldito espantapájaros de ahí —ordenó Bella.

La aludida hizo lo que le pidió y Bella se llevó a ambos para poder hablar más calmada con ellos.

—Chicas, algo muy grave pasó, por favor, ¿me dejan un momento? —pidió.

Ambas amigas asintieron y se dedicaron a atender a la nueva clienta, lo que les resultó difícil porque estaban muy preocupadas.

—Cariño —le dijo primero a Noah—, sabes que puedes confiar en mí. Soy mamá, ¿de acuerdo? Conmigo nada le pasará a papá.

Él asintió mientras más lágrimas salían de su rostro.

—Ava, preciosa, también puedes confiar en mí. —Le besó la frente con cariño—. Por favor, díganme qué pasó.

Los dos se miraron y comenzaron a quitarse los mocos con la mano.

—Ella nos tomó de la mano y tapó mi boquita —susurró la pequeña, muy asustada.

A Bella se le apretó el vientre.

—Dijo que eda amiga de papi y que nos llevadía lejos pada que el monstuo no le hicieda daño —afirmó Noah.

—¿Estaban conmigo?

Los dos asintieron.

—No nos quedíamos id, solo buscamos una puma.

—La casa de ella eda gande y ahí estaba el monstuo —contó Ava.

—¿Les dijo algo para que no me contaran ni a mí ni a mí?

Los dos asintieron nuevamente.

—Que el monstuo vendía con ustedes. Yo no quiedo que te dañe, mamá —sollozó Ava de manera desgarrada, subiéndose a su cuello.

Bella apretó la mandíbula y aguantó el odio intenso que comenzaba a crecer por dentro. Para calmarse, los abrazó, arrullándolos como si fueran bebés.

—Vamos a hablar con papá, ¿de acuerdo? —les dijo—. Con mamá nada malo pasará, se los juro. Siempre estaré aquí, siempre.

Sacó su móvil y le envió un mensaje a Edward, esperando a que pudiera verlo y él llegara a buena hora. Esto era grave y era necesario que él lo supiera.

.

Edward estaba escuchando lo que decía su padre en la reunión, a punto de quedarse dormido. Cuando sintió que su móvil vibraba, lo tomó sutilmente y vio que era Bella.

"Pasó algo grave. Necesito que vengas a por nosotros a la tienda

Te amo"

Inmediatamente después de leerlo frunció el ceño.

—Padre, necesito ir con mi familia. Es urgente.

Carlisle dejó de hablar y parpadeó.

—¿Qué tan grave es? —Se preocupó.

—No lo sé. Te hablaré más tarde.

Edward se metió al coche y manejó tan rápido como fue posible. Estaba aterrado.

.

Alice y Rose no podían creer lo que había contado Bella entre susurros mientras los mellizos intentaban recomponerse. Nunca los había visto tan asustados.

—¡Es una hija de…!

—Rose, ¡sht! Están los mellizos —dijo Alice—. Se le viene una dura. Nunca te había visto tan enojada.

—¡¿Bella?! —entró Edward entre gritos.

—Estoy aquí —respondió.

Él la tomó desde los hombros y la abrazó.

—¿Pasó algo con Ava o Noah?

—Tranquilo. Ellos están bien.

—¡Papi! —exclamaron al unísono, corriendo hacia él.

Edward botó el aire, mucho más aliviado.

—Cariño, necesito que vayamos a un lugar y que me prestes tu teléfono. ¿Confías en mí?

El doctor se quedó un momento boquiabierto. Bella no era la clase de chica que pedía el teléfono a su novio, debía tener una muy buena razón para hacerlo.

—Tranquila, estás temblando —susurró, sacando el móvil de su abrigo.

Tomó el aparato y le envió un mensaje al número de Kate, el que se encontraba en la zona de bloqueos. Esa maldita víbora iba a saber lo que era el amor de una mamá.

.

—Aquí está bien —dijo Bella, mirando a la rubia a unos pasos más allá.

Respiró hondo, se quitó el cinturón y la siguió contemplando.

—¿Qué hacemos en la zona residencial de La Push? —preguntó el doctor, sacando a los pequeños de sus sillas.

—Déjamelo a mí. Ve tú hacia adelante, por favor —le suplicó.

Edward pestañeó. Al darse la vuelta, vio a Kate, que apenas acababa de darse cuenta de que había llegado.

—¡Edward! —exclamó con alegría, dando saltos hacia su dirección—. Pensé que era una broma cuando me decías que querías verme aquí en casa de mis padres.

—¿Kate? ¿De qué hablas? —Estaba muy confundido.

—Sabía que querías mejorar lo nuestro y que lo de Bella pronto iba a terminar. De solo leer el mensaje sentí que el mundo conspiraba a nuestro favor nuevamente…

Edward le quitó las manos de su cuerpo y la terminó por alejar.

—No te pedí que nos viéramos, mi relación con Bella no terminará, ¿por qué…?

—Si no fuiste, tú, ¿entonces…?

—Fui yo —espetó Bella, con cada mellizo tomado de su mano—. Fuiste muy estúpida para creer que Edward iba a enviarte un mensaje de ese estilo. Creí que no funcionaría, pero ya veo que sí.

Kate abrió los labios sin entender, mientras que Edward miraba a su Ojitos Marrones, sin reconocerla del todo. Ava y Noah estaban muy asustados al tenerla de frente y tan pronto como se vieron rodeados del bosque que rodeaba la casa de los Denali, comenzaron a llorar.

—El monstuo está ahí —dijo Noah.

Edward vio hacia la dirección y notó al espantapájaros que había a unos metros de distancia.

—¿Qué ocurre? —preguntó él, agachándose para tomar a sus hijos en los brazos.

Bella tenía la garganta apretada y las manos empuñadas mientras miraba a la cínica mujer que tenía en frente.

—Hice todo esto para que no tuvieras excusas, Kate Denali —exclamó—. Haber tenido la frialdad y la crueldad de llevarte a mis hijos mientras los cuidaba, amenazándolos con que algo malo le iba a suceder a su padre… ¿Cómo pudiste?

Edward abrió sus ojos ante la sorpresa y miró a Kate, notándola nerviosa, y luego a Bella, que parecía decidida en romperle los dientes.

—Ava, Noah, ¿qué pasó con ella? —les preguntó, mirando a la rubia mujer—. ¿Hizo algo?

—Edward, es estúpido…

—¡Cierra la boca! —ordenó él—. Ava, Noah, confíen en mí, así como confiaron en mamá. ¿Qué pasó?

—Ella… —Noah apuntó a Kate—. Ella nos llevó y nos tapó la boquita cuando estábamos con mami en el agua. Dijo que ese monstuo iba a venid a comedte y que debíamos seguid con ella podque eda tu amiga, papi, y que mami no iba a venid nunca pod nosotos podque no nos quedía.

—¡Mami nos ama! —exclamó Ava, agarrándose de Bella de manera celosa, sacando todo su enojo infantil delante de la mujer que los había amenazado.

Edward frunció el ceño durante unos segundos y se levantó para enfrentarla.

—Tú lo hiciste —murmuró, conservando la rabia solo porque estaban los pequeños—. No puedo creerlo, fui tan estúpido de no darme cuenta y creer que el simple hecho de que mis hijos hayan querido evitar hablar era suficiente para saber que algo malo contigo pudo haber ocurrido.

—Edward, tus hijos están mintiendo. ¡Bella les dijo que me acusaran! ¿No ves lo obvio? —se excusó Kate, queriendo acercarse más a él.

Bella se interpuso.

—Cariño, ve a dejarlos al coche, no quiero que vean esto —pidió ella.

Él fue rápidamente a dejarlos al coche, poniéndoles algo de música para que se distrajeran de todo lo que iba a pasar ahora.

—Así que yo los obligué —espetó Bella.

—¿Cómo puedes acusarme de algo como esto? —se exaltó la mujer—. ¡Edward debes creerme! ¡Yo rescaté a los pequeños!

—Mis hijos no son mentirosos —le aclaró él.

—¡Pero fue Bella quien los orilló a acusarme! ¡Es obvio! Lo único que quiere hacer es que tú acabes odiándome para seguir quedándote contigo y con tu dinero. ¿No te das cuenta de que es solo una muerta de hambre? ¡Apenas y es educadora de infantes, por favor!

Bella sonrió con suavidad al escucharla decir aquello. En otra ocasión, podría haberle dolido, pero ahora no sentía más que gracia ante tanta palabrería absurda.

—¿Qué dijiste? —bramó Edward—. ¿Que Bella los orilló a mentir? ¿Eh? ¿Que mi novia es una simple… educadora? ¿Quién demonios te crees que eres para hablarle así?

—¡Pues ni siquiera parió a tus hijos! ¡No entiendo por qué le crees cada palabra a esta estúpida!

—¡Pero es su madre! —gritó furioso—. ¡Es y siempre será su madre!

Bella sonrió al escucharlo y le tocó la espalda para que la dejara a ella continuar.

—De todas las cosas que pudiste hacerme, decidiste ir por la peor. Nada me importa si se trata de mí, sé la clase de mujer que soy y la valiosa en la que me he convertido. Pero tocaste a mis hijos y eso es imperdonable para mí.

Kate gruñó y se mantuvo de brazos cruzados.

—¿Mujer valiosa? ¡Por favor! Eres una enferma, ¿o crees que no me di cuenta de tus manías asquerosas? ¿O de la manera en que tienes para llamar la atención? Ve a un psiquiatra, ridícula, una mujer como tú jamás debería ser madre, ¡y por eso la naturaleza no te lo ha dado! Solo puedes robarte hijos ajenos y hacer creerle al mundo que eres capaz de criarlos.

Bella había dejado de escuchar, simplemente no lo pensó, dio un paso adelante y le dio un puñetazo en toda la cara, haciéndola tropezar hasta caer al suelo. Isabella respiró hondo, se acomodó la articulación y se quitó el cabello del hombro mientras Kate se miraba las manos ensangrentadas debido a lo que parecía ser una nariz rota.

Edward estaba en shock.

—Nunca te metas con una madre, Kate Denali —le dijo sin temor ni titubeos—. Porque te va a costar caro, comenzando por hacerte una nueva nariz.

—¡Maldita puta! —gruñó, lloriqueando mientras se intentaba tocar, muy adolorida.

—¡Voy a denunciarte y no me importan las repercusiones! —gritó, tan valiente como jamás se imaginó—. ¡Con ellos no te metas!

Kate iba a defenderse, pero Edward se puso delante de una decidida Isabella.

—Un paso más y no lo cuentas, Katrina —bramó él, volviendo en sí—. Lo que hiciste con mis hijos y con Bella no voy a perdonártelo nunca, ¿de acuerdo? —Le tomó la mano a su novia y la abrazó—. Hiciste que dudara de ella ¡y es mi culpa! No vuelvas a mencionar su enfermedad, la amo con eso y más, y estoy dispuesta a defenderla de ti y de todas las personas que la consideran menos madre. Te veré con mis abogados, esta vez has cruzado todo límite.

—Edward —gimió la mujer.

—No me supliques nada, secuestraste a dos pequeños de tres años. ¿Qué clase de monstruo eres? —gruñó—. Ni un paso más. Agradece que Bella solo te hizo añicos la nariz. Ahora, déjanos en paz.

Él se dio la vuelta y Bella se mantuvo firme, mirándola amenazante. Algo nuevo había nacido dentro de su cuerpo y estaba dispuesta a todo por luchar por su familia. Aquella mujer había cruzado una línea peligrosa en toda madre y no había vuelta atrás.

—Ya estamos aquí, tranquilos —afirmó Edward, regresando con sus polluelos, que lloraban inquietos con un par de dedos en la boca.

Bella reaccionó y salió de su rabia para tomar a uno de ellos mientras él se encargaba del otro. Ella los besó y los abrazó tanto como pudo, suspirando ante la agonía de imaginarse el miedo que debieron pasar alejados y amenazados por un monstruo que, si bien era un recurso básico para cualquiera, para dos pequeños inocentes era suficiente.

—Con nosotros nada va a pasar, se los prometo —juró ella, limpiándoles las lágrimas.

—¿Pod qué tienes sangue en la mano? —preguntó Ava entre suspiros de angustia.

Bella se miró y se dio cuenta de que realmente le había dado un puñetazo a alguien. Nunca pensó que eso iba a suceder alguna vez.

—No es nada, preciosa, estoy bien. —Le besó los cabellos y la acomodó en las sillas.

Edward quería que todos se calmaran y decidió que el mejor lugar era devolverse a la playa, donde al menos ellos podrían jugar un poco con arena y ellos hablar de todo lo que había pasado. Bella se quedó en los asientos traseros para aguardar el llanto de los mellizos con mucha paciencia, acariciándoles sus cabellos, besándolos y hablándoles para que recordaran que con papá y mamá jamás iban a estar en peligro, eso bajo nunca.

Cuando llegaron a la playa, ellos se bajaron y fueron a correr, mucho más tranquilos. Les recordaron que no debían acercarse al agua, a lo que acataron sin reclamo alguno. Mientras se sentaban a jugar con un poco de arena, Bella se sentó a unos pocos metros de ellos, mirándose las manos. Seguía sin reconocerse, hacía poco, si alguien le hubiera ofrecido una pelea, no se habría imaginado dando puñetazos directos en la nariz.

Sintió una mano en su espalda y luego unos besos en su cuello, besos que significaban contención y aliento. Los necesitaba.

—No puedo creer lo que hice —susurró.

Él se sentó a su lado y la abrazó.

—Debo decir que me ha parecido endemoniadamente sexy.

Bella rio con suavidad.

—Perdóname —murmuró él, sorprendiéndola.

—¿Por qué?

—Siempre dudaste de ella, sobre todo en aquel momento de la crisis. No te creí, en realidad, no creí capaz a Katrina de hacer algo como eso. Perdóname, de verdad, no te creí mientras estabas herida, te culpé de todo…

—Eso pasó hace demasiado tiempo, ¿lo recuerdas? —lo tranquilizó, escondiendo su rostro cerca de su pecho—. No lo sabías, no veías maldad, lo entiendo. Nadie puede creer que en realidad una persona pueda hacer eso por celos o… ¡ni siquiera lo entiendo! Son unos pequeñitos de tres años, pasaron frío, quizá mucha hambre… —Su voz se quebró y comenzó a llorar—. Nunca sentí tanta impotencia, Edward, creí que se me iban a salir los ojos de la rabia.

—¿Nunca habías dado un puñetazo? —preguntó.

—Nunca. —Acabó riéndose—. Creo que fui certera. ¿Le habré quebrado la nariz?

—Ojalá —respondió.

—Vaya, qué rudo.

—Me lo has contagiado.

Acabaron riéndose mientras miraban a los mellizos, por fin más tranquilos en la arena.

—Nunca había sentido tanta furia en mi vida —confesó Bella—. Fue como si algo hubieran encendido dentro de mí.

—Te amo y amo que mis hijos hayan decidido que tú fueras su madre aquí en la tierra —afirmó él—. Chelsea estaría muy feliz de verlos tan protegidos.

Sonrió.

—Haría lo que fuera por mi familia.

Se besaron unos segundos, disfrutando de ambos. Se amaban, era todo y más.

—Tengo que llamar a mi abogado y luego establecer la denuncia, ¿bueno? Será algo complejo, son los Denali. —Bufó—. Pero esto no puede quedar así.

—Ve tranquilo, yo estaré vigilándolos, ¿de acuerdo?

Edward asintió y se fue al coche a hablar con más calma, por lo que Bella se levantó de la arena para ir con sus hijos. Sin embargo, antes de que pudiera estabilizarse, sintió un fuerte mareo que por poco la hace caer. Fue muy fuerte. ¿Había sido producto de la adrenalina pasada? No lo sabía, pero se sintió extraña. Aún así, lo dejó pasar y se fue a jugar con Ava y Noah, que solo querían el cariño de mamá.

.

Los abuelos Cullen se habían llevado a los mellizos por esta noche, lo que para Bella era un respiro para lo que planeaba hacer por su hombre.

Luego de ir a casa, asegurarse de que sus padres estuvieran bien y sacar su ropa, también se trajo a su negra bola de pelos. Edward le tenía terror pero fue el primero en decirle que lo hiciera, lo que le pareció muy tierno de su parte.

Ya en casa, miró el reloj mientras terminaba de cocinar y dejó que la cena se terminara en el horno. Edward llegaría en muy poco tiempo y posiblemente estaría hambriento y cansado. Se alistó tan rápido como pudo, poniéndose el vestido más provocador que había comprado en su vida y se calzó los tacones más altos que jamás había ocupado. Eran todo un suceso, se veía como una verdadera femme fatale.

Cuando terminaba de ponerse perfume, sintió la puerta de entrada abriéndose y sonrió, dispuesta a darle la sorpresa, buscando redimir sus errores y seguir demostrándole que lo amaba con locura.

—¿Bells? ¿Amor? —preguntaba él.

A Bella se le estremecieron las entrañas de la emoción. Corrió pasillo adentro y lo encontró de espaldas, con la bata colgando de su antebrazo. Le puso las manos a la altura de los ojos y él de inmediato sonrió.

—Bienvenido a casa —susurró de manera más sensual.

—Vaya, pero date la vuelta que quiero verte.

Cuando se lo permitió, a Edward casi se le cae la mandíbula de verla tan preciosa… y ese escote por poco se lo come.

—¿No vas a decir nada?

—Es que… —Parecía un lobo, a punto de echar la lengua afuera—. Dios mío, que suerte tengo.

Ella se sonrojó un poco y le tomó la mano.

—Te tengo algo especial, aprovechando que los mellizos están con tus padres. Debes estar muy cansado. —Le quitó la bata y la puso en el perchero.

—Huele maravilloso…

—Es la cena.

—Lo digo por ti. —Le dio un beso cariñoso—. La verdad, cualquier cansancio se ha ido al carajo al verte. Por Dios…

Bella se fue hacia adelante, mostrándole cuán corto y apretado era el vestido. Cuando se agachó un poco para revisar el horno, Edward pudo ver a la perfección los ligueros que acompañaban sus perfectos y deseosos muslos. Sintió que algo tiraba del pantalón.

—Te tengo algo que va a encantarte. ¿Vino? —preguntó.

Él no podía responder. Se veía tan hermosa, mucho más que lo habitual. ¿Qué era, maldita sea? No era solo el vestido, ni el maquillaje, ni la sonrisa deslumbrante que había, iluminando su rostro.

—Como te han comido la lengua, creo que lo tomaré como un sí.

Edward sacudió la cabeza y tragó.

—Perdóname, es que estoy fascinado… —La atrapó con sus brazos y la abrazó con fuerza, sentándola en sus piernas.

—Hey, que se enfriará. Quiero que todo esté perfecto, te dije que iba a seguir demostrándote cuánto te amo.

El doctor hizo todo lo que pudo para dejarla ir, no sin antes olerla con los párpados cerrados.

Mientras sacaba el lomo y lo terminaba por rebosar en las uvas y romero, Edward no dejaba de mirar con ojos de degeneración. Se sintió fatal por estar tan pendiente de su trasero y de cómo rebotaba con soltura mientras taconeaba, pero no podía evitarlo. Cuando la erección hizo su aparición, tuvo que acomodarse el pantalón para no parecer un jovenzuelo, como antaño, cuando de solo verla se volvía loco. No había cambiado mucho, ¿eh? Posiblemente eso jamás sucedería.

Se levantó y fue a ayudarla, se veía tan pequeñita con la asadera y los guantes para el calor que no lo pensó dos veces.

—No, ve a sentarte, siempre quieres hacer todo por mí, esta vez es mi turno.

—¿Crees que quiero a una esposa que esté sirviéndome todo el día? —la molestó.

Bella se sonrojó en demasía al escucharla decirle esposa.

—Porque no encuentro nada más sexy que una señorita se deje agasajar —siguió jugueteando.

—Bien. —Ella rio—. Pues ayúdame con la asadera, pero te sientas.

—Claro que sí, mi amor.

Cuando Bella hubo servido todo, encendido las velas y dejado ir las esencias afrodisiacas, Edward apenas se aguantaba con la erección entre las piernas. Bebió vino para tranquilizarse mientras ella se sentaba a su lado, esperando a brindar.

—Quiero agradecerte por haber llegado a mi vida —mencionó—. No sabes cuán feliz me haces. Quiero seguir mostrándote que te amo y que insistiré en remediar el error, sé que aún estás dolido…

—Con solo decir esa primera frase has remediado todo, Ojitos. Ya no tienes nada que decir, solo verte es… —Suspiró—. Claro que dolió, pero te entiendo, finalmente lo único que habría querido es poder saber más para no solo darle un puñetazo, sino una patada directa en los testículos.

—Él volverá a buscarme, lo sabes.

—No entiendo por qué.

—Yo tampoco, cariño, es como si… no quisiera saber que soy feliz. Él tiene todo lo que quería, su trabajo, su dinero y un hijo biológico. Ya no le serví, ¿por qué insiste? —se preguntó.

Edward sintió tanto ahogo por buscarlo, pero solo pudo aguantarlo al acariciar su rostro.

—Es un poco hombre que sabe todo lo que perdió al hacerte lo que hizo. Engañar a tu amor es algo imperdonable, sobre todo si ese amor eres tú.

Bella recordó lo que nunca podría darle y eso, a pesar de todo, le seguía doliendo. Edward leyó perfectamente sus expresiones y de inmediato la besó.

—Tu amor es lo único que necesito, no tienes que darme eso para hacerme feliz.

Si bien, Edward moría por tener un hijo junto a ella, no quería mortificarse ante la imposibilidad, porque era feliz con ella y nada más.

—Me habría encantado, ¿sabes? A veces imagino a Ava y a Noah sosteniendo a un… bebé nuestro o que me abracen la barriga… —Suspiró—. Siempre me pregunté qué se sentiría poder disfrutar sus movimientos, su crecimiento y su vivencia dentro de mí. —Rio con suavidad—. Pero qué va, son solo sueños. Ava y Noah también me necesitan, soy su mamá y ellos mis pequeños. Nada de eso va a cambiar.

Él besó su frente y en aquel gesto le prometió que siempre la amaría, con cada aspecto de su parte. No quería fallarle, la amaba tanto que ya no podría pensarlo.

—Tengo tanta hambre —afirmó ella, sacándole una carcajada a su doctor.

Comieron entre risas, dulces caricias y conversaciones. La comida estaba divina y ni hablar del vino. Edward sentía que ya tenía las mejillas ardiendo debido a las copas que llevaba a cuestas, pero asumía que parte de ello se debía a cómo el escote seguía delante de sus ojos.

Bella se levantó de la mesa una vez que terminaron y se puso detrás de él para masajearle los hombros y frotarse contra su espalda. Sus músculos se notaban tensos debido al trabajo, así que se dedicó a cuidar de ellos mientras besaba su cuello.

—Estoy en el paraíso —susurró, suspirando de gozo.

—Siempre tendrás un paraíso conmigo —le dijo al oído.

Edward tenía las manos apretadas porque la erección le dolía, lo que junto al masaje lo hacía todo diferente. Las manos pequeñas y frágiles de Bella apretaban parte de él con suavidad, queriendo provocarlo más y más. Le dio un trago al vino para aclarar la garganta y con ello, ella provechó de pasar sus manos por el pecho duro de su doctor, abriendo su camisa para liberar el calor que salía de su cuerpo.

—Espero que con esto te quites la tensión del trabajo.

—¿Sabes con qué más se acabará la tensión? —le preguntó.

Y no esperó respuestas, simplemente le tomó la muñeca y le dio la vuelta con tanta fuerza que ella acabó sentada en sus piernas en un segundo.

—Contigo —añadió.

Bella se rio y lo besó de manera apasionada, mientras Edward acariciaba sus muslos, buscando los ligueros.

—Creí que podrían gustarte.

—No tienes idea de cuánto.

La tomó entre sus brazos mientras se besaban y aprovechó de tocar sus nalgas bajo el vestido.

—No tienes idea de cuánto te amo, Isabella Swan.

Ella no respondió porque estaba acalorada y muy excitada. Además, su perfume le daba hambre, como si no hubiera comido hasta hace muy poco. Se estaba volviendo loca y quería devorarlo en su totalidad.

Cayeron al sofá entre besos húmedos, disfrutando del sabor de sus bocas y de sus lenguas. Ella estaba sobre él y tan rápido como pudo comenzó a desvestirlo. Cuando desabotonó la camisa en su totalidad, comenzó a lamer su pecho mientras elevaba el trasero, volviéndolo loco. Al llegar al pantalón, vio lo que le estaba afectando a su doctor y sonrió.

—Llevas torturándome desde que llegué a casa.

Le sonrió y desabrochó la prenda, queriendo más. Pero Edward quería disfrutarla, demostrarle lo que era hacer el amor con todas sus letras. Sí, no era la primera vez que iban a estar juntos, pero desde que supo todo lo sucedido con ese imbécil, quería amarla mucho más, que se siguiera sintiendo hermosa, amada y deseada como la mujer que era. Así que la tomó y la sentó en el sofá, abriendo sus piernas con cuidado. Estaba despeinada y ruborizada, lo que le parecía aún más atractivo.

—¿Qué planeas? —preguntó con una sonrisa.

Esta vez fue Edward quien no respondió. Le buscó el cierre al vestido, que estaba en la parte derecha, y comenzó a bajarlo mientras disfrutaba de su cuello, mordiéndolo y lamiéndolo.

Bella jadeó.

—Vaya —susurró él al ver que llevaba un diminuto conjunto del mismo color del vestido.

Ya comenzaba a salivar como los depredadores.

—Quería estrenarlo para ti.

Él se mantuvo contemplándola, maravillado. Dios santo, qué afortunado se sentía de haber conquistado el corazón de esta mujer.

—No sabes cuánto me gusta.

Ella siguió sonrojada y sus ojos brillaron.

Edward lanzó el vestido al suelo y disfrutó de acariciarla contra la ropa, primero sus pechos, luego la intimidad. Bella comenzó a reírse cuando apretó sus caderas, sorprendida de verlo actuar de esa manera. Lo tenía enloquecido.

—¿Ahora qué harás? —inquirió con la voz alzada por el placer.

—Comerte.

—¿Cómo?

Edward bajó la tanga de hilo dental y disfrutó de ella mientras la miraba. A Bella le pareció tan erótico que se sintió húmeda, medio nerviosa y exaltada. El doctor tomó sus muslos, hundió sus dedos para que no se moviera y besó el monte con cuidado, asegurándose de preservar la expectación. Cuando la lengua hizo su aparición, haciendo un recorrido por los rincones externos, ella no ocultó los gemidos de necesidad. Para él fue suficiente para seguir su camino, abrir el vestíbulo de su sexo y lamer todo lo que había a su paso, con direcciones opuestas, con el ritmo progresivo, con el ímpetu que le provocaban sus gemidos, su manera de hundirle la cabeza y suplicarle que siguiera. Él buscó su orgasmo sin remedio y cuando sintió su explosión en su boca, mojándolo, siguió hasta que Bella suplicó por más.

Isabella nunca había disfrutado tanto desde que se había atrevido a explorarse a sí misma en soledad. Con Edward, además, complementaba el amor y eso la llevaba a un mundo que no tenía explicación y le fascinaba. Sus piernas temblaban, su pecho subía y bajaba y aún existían espasmos en sus músculos debido a la manera en que él le hacía el amor. Cuando subió para besarla, Edward bajó la mano hasta su erección y le pidió que se unieran, a lo que él no pudo negarse, estaba desesperado.

Le quitó el sujetador, hundió sus labios en sus senos y Bella aprovechó de quitarle el resto de la ropa. Edward ayudó en el cometido y cuando ambos estuvieron desnudos, se abrazaron para seguir el camino de una unión que necesitaban. Él se sentó en el sofá y ella se subió a horcajadas, rozándose. El doctor le acarició el rostro, contemplando esas mejillas rojas como manzanas y luego sus ojos, esos benditos ojitos marrones, mientras Bella lo miraba con amor, dándole su aprobación para continuar con lo que más ansiaba.

Y entonces se hundió en su interior, temblando, sometidos a aquel roce divino. Bella mantuvo el ritmo y Edward la acompañaba con las manos en las caderas. Se dejaron llevar rápidamente, muy juntos y abrazados, con la frente junta y la nariz tocándose. El sonido de sus cuerpos y de sus expresiones de placer se oía por toda la habitación, eran carne contra carne.

En una oportunidad, Edward sintió unos ojos verdes acechantes en la oscuridad y mientras se besaban él abrió los párpados ante el acoso que había tras ese ser en la oscuridad. Bella lo notó y miró, descubriendo que su gato estaba disfrutando de la visual, por lo que comenzó a reírse mientras rebosaba en placer.

—¿Por qué demonios hace eso? —preguntó él, viendo cómo el gato Halloween se acomodaba con naturalidad para seguir observando cómo hacían el amor.

—Porque es un gato y los gatos son seres extraños.

—Tu gato es un demonio.

—Tal como yo.

—Estoy de acuerdo.

Edward le dio la vuelta y cayeron a la alfombra, continuando con cada roce y locura.

—¿Ahora estás mejor? —le preguntó ella, acariciando su cabello, ambos sudados.

Él rio y la besó, penetrándola con fuerza. Bella cerró sus ojos y disfrutó, dejando ir otro gemido de intenso placer.

.

Era muy tarde y Bella no quería despertar. Se movía entre las sábanas y aunque Edward la besaba y le decía al oído que le había preparado el desayuno, no había caso. Solo cuando él le llevó a Halloween y este comenzó a amasar sus pechos, ella reaccionó.

—Gato pervertido, eso solo puedo hacerlo yo —lo regañó, haciéndolo a un lado—. Buenos días, Ojitos.

Se sentó a su lado y le besó la frente.

—¿Qué pasa? ¿Te sientes enferma?

Ella pestañeó y se saboreó, un poco confundida.

—Solo… tengo mucha hambre. ¿Qué hora es? —preguntó.

—Las once de la mañana. Debemos ir a por los mellizos en un rato. No querías despertar.

Se restregó los párpados y bostezó.

—No puedo creer que dormí tanto. Dios mío.

—Vamos a comer.

La tomó de la mano y la instó a levantarse, lo que le pareció haber sido muy rápido, porque el piso le tembló. No dijo mucho y fue con él a la cocina, aprovechando de aumentar el hambre al oler lo que parecían ser fresas rebosadas en caramelo y hojuelas de maíz.

.

Bella estaba muy nerviosa y al vestirse se enredaba en sus propios esquemas mentales. La razón era simple, hoy comenzaba su terapia con Esme, no en la consulta, sino en su casa. Ella no quería tratarla como cualquier paciente, sino como su nuera y ya una hija más.

Edward notó lo que ocurría con ella y enseguida se acercó para ayudarle a ponerse los tenis, que era lo que le estaba costando. Él comprendía su dificultad y quería ayudarla a superar lo que la estaba mortificando. Sin embargo, notó que le avergonzaba que la viera así, por lo que se sintió tan adolorido que se agachó para sostener su cintura y mirarla a los ojos.

—Todo está bien, no te avergüences, ¿bueno? Vamos a mejorar, ya lo verás. —Le besó las manos y ella sonrió, mucho más esperanzada.

Él la amaba tal cual era, ¿no era momento de hacerlo ella también? Porque ¿cómo amabas sin hacerlo contigo misma?

Cuando llegaron a casa de los Cullen, los mellizos ya estaban desesperados por verlos. Luego de arrumacos y besos, Carlisle les prometió ir a por chocolates a una pastelería que había en el centro de Forks, por lo que se fueron canturreando. Mientras, Bella apretaba sus manos, sentada muy tensa en la silla. Edward estaba preocupado, mucho, y Esme lo tranquilizó.

—Querida, ¿qué te parece si simplemente charlamos tomando un té? La terraza es cálida —le dijo Esme.

Necesitaba ganarse su confianza, que entendiera que con ella todo estaría bien.

—Yo estaré contigo, te lo prometo —aseguró Edward, corriendo a sus brazos.

—En realidad, esta primera vez necesito, de todo corazón, que ella esté a solas conmigo —pidió su madre—. Te juro que podrá estar aquí para la próxima vez.

Bella entendía lo que quería hacer Esme. Ella no podía depender de Edward, por más que lo amara y se sintiera cómoda y feliz a su lado. En esta ocasión, debía abrirse por sí sola.

—Mamá… No puedo…

—Descuida —interrumpió Bella—. Tu madre tiene razón. Ve a dar una vuelta, estaré bien.

Era una mujer valiente, podía hacerlo, necesitaba que fuera ella sola a enfrentarse a su enfermedad… o abrazarla y hacerla parte de su identidad.

—Está bien —respondió él, besándole la frente y luego los labios—. Aprovecharé de… hacer algo muy importante.

Cuando se separaron, Bella miró a Esme, que le sonreía con dulzura, y se fueron juntas a la terraza para comenzar lo que sería un largo pero seguro proceso.

.

Edward iba en su coche, sabiendo que podría salir con un tiro entre ceja y ceja cuando hiciera lo que planeaba. Llegar a casa de los Swan hizo que su corazón latiera con fuerza y una cajita de terciopelo azul parecía que lo llamaba desde su bolsillo.

—Ya, está bien, es el momento de demostrar que soy un hombre con los pantalones bien puestos.

Botó el aire, se frotó las manos y fue hasta la puerta. Cuando Renée abrió, enseguida lo abrazó y le ofreció algo para beber o comer, pero él desistió amablemente. Si comía algo lo vomitaría ante el terror de tener que preguntarle esto a su suegro.

Charlie estaba cabizbajo, se notaba por su mirada. Contemplaba las fotografías de su pequeña nena, que ya llevaba varios días fuera de casa. No se había dado cuenta que Edward estaba mirándolo, así que carraspeó para llamar su atención.

—¿Eh? ¡Manos Largas! ¿Qué haces aquí? ¿Has traído a mi hija? —dijo, alegre por verla.

—Tiene terapia, ¿lo ha olvidado?

Se pasó una mano por la cabeza, recordándolo.

—¡Cierto! —Tragó. La extrañaba mucho—. Mira, aquí tenía apenas dos años.

Él se acercó y tomó la fotografía, mirando a su adorable Ojitos Marrones como una pequeña personita dulce. Fue inevitable imaginarse a una nena así, de ella y suya.

Descartó la idea de inmediato. No le hacía bien.

—¿Qué pasa, Manos Largas? Te ves tenso.

Edward tomó aire y comenzó a tartamudear, sin saber cómo comenzar.

—Yo… Eh… Sa… sabe que amo a su hija, que…

—Pues deja las divagaciones y dime, ¿qué pasa? —insistió.

Se puso la mano en el bolsillo de su abrigo y algo tembloroso sacó la caja especial que le había comprado en un rápido viaje a Seattle.

—¿Y eso?

Edward tragó y se la enseñó.

—Vengo a pedirle la mano a su hija, señor Swan —afirmó, dispuesto a darle todos sus argumentos para demostrarle, como siempre, que quería vivir su vida al lado de su adorada Ojitos Marrones.


Buenas tardes, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. ¡Por Dios! Kate recibió su merecido, y vaya que deseaba escribir a Bella tan decidida por los retoños. Ya saben, nadie se mete con los cachorros de una leona. Ahora bien, las cosas entre estos tórtolos están cada vez mejor ¡y Edward está dispuesto a pedir su mano! ¿Qué creen que va a decir Charlie? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas

Agradezco los comentarios de PameHart, Angelus285, Lauguilln, Fernanda21, Gibel, LunaAzulmar, jupy, Srita Cullen brandon, DarkMak31, CeCiegarcia, liduvina, martuu341, monik, beatriz alejandra becerra espinoza, Flor Santana, Cary, Ceci Machin, SmilePaola, Salve el atun, Aidee Bells, almacullenmasen, LoreVab, Cris, Beth, Idalia Cova, Duniis, ROMINA19, florcitacullen1, Vero G, Belli swan dwyer, Bell Cullen Hall, FlorVillu, somas, carlita16, camilitha cullen, Robaddict18, selenne88, tulgarita, Esal, rosy canul10, DannyVasquezP, Saydiss, llucena928, kaja0507, esme575, Mela Masen, Nancygov, sheep0294, krisr0405, Damaris14, Markeniris, LizMaratzza, YessyVL13, joabruno, Smedina, LucyGomez, AndreaSL, Jade HSos, Car Cullen Stewart Pattinson, ariyasy, Ivette marmolejo, terewee, Skye Bennet, Ward, Vanina Iliana, Fernanda javiera, Melany, Santa , NarMaVeg, aliceforever85, Babi Cullen, anakarina somoza, SeguidoradeChile, Lys92 , JULIANA ALDANA P, julis9610, lunadragneel15, Luisa huiniguir, Ella Rose McCarty, morenita88, Jocelyn, Johanna22, Claribel Cabrera, GabySS501, Maca Ugarte Diaz, Gladys Nilda, ale 173, Gis Cullen, adrianacarrera114, ELIZABETH, LicetSalvatore, Pancardo, Tata XOXO, MaleCullen, lauritacullenswan, Alexandra Nash, maribel hernandez cullen, Nat Cullen, isbella cullens swan, Elizabeth Marie Cullen, michi cullen, Joa Castillo, beakis, Chiqui Covet, LadyRedScarlet, miop, debynoe12, Bells Cullen8, DanitLuna, Pameva, KRISS95, viridianaconticruz, AnabellaCS, calia19, saraipineda44, Elmi, Fallen Dark Angel 07, Brenda Cullenn, Noriitha, fernyyuki, Celina fic, alejandra1987, Dominic Muoz Leiva, piligm, Raquel Adorno, catableu, twilightter, Diana, Twilightsecretlove, Valentina Paez, Kamile Pattz-Cullen, Josi, Santa, Veronica, Rero96, Liz Vidal, BreezeCullenSwan, Lore562, NaNYs SANZ, stella mio, rjnavajas, CCar, Liliana Macias, Iza, Valevalverde57, patymdn, Jenni98isa, Mayraargo25, Jenni317, valentinadelafuente, freedom2604, Vero Morales, MariaL8, Tereyasha Mooz, Yoliki, cavendano13, morales13roxy, NoeLiia, Jeli, barbya95, katyta94, Abigail, Coni, Andre22-twi, Pam Malfoy Black, ClaryFlynn98, Heart on winter y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, muchas gracias de verdad por estar repartiendo su cariño, para mí como autora es fundamental y super entusiasta verlas expresarse respecto a lo que escribo, gracias de verdad

Recuerden que quienes dejen su review recibirán un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá

Pueden unirse a mi grupo de facebook llamado "Fanfiction: Baisers Ardents", en donde encontrarán a los personajes, sus atuendos, lugares, encuestas, entre otros, solo debes responder las preguntas y podrás ingresar

Cariños para todas

Baisers!