Tomoe recibe a la comitiva de Abstergo y pronto les deja claro con quién están lidiando. Mientras tanto, los héroes escaparon de la Montparnasse, pero no parecen tener descanso: Ni bien salen de una y en seguida les cae un akuma encima. Marinette debería estar descansando. ¡GRACIAS POR LEER!


DISCLAIMER: Los personajes son propiedad de Thomas Astruc, Zag Toons y quienes hayan comprado las respectivas licencias. Assassin's Creed es del mismo modo, propiedad de UBISOFT. No estoy ganando dinero con esta historia, sin mencionar que no tengo ni donde caerme muerta: si me demandan, no van a sacar nada.


ADVERTENCIAS

La plaga todavía no ha sido purgada de estas tierras.
Cuídense y cuiden de otros. Mantengan la distancia, lávense las manos y a resistir como mejor podamos.

Abróchense los cinturones y no salgan a buscar el bicho

Puede haber spoilers de la tercera temporada.


MIRACULOUS CREED

Capítulo 22: Salto de Fe

Residencia Tsurugi. París.

Viernes, 16:17 hrs.

Lila se sopló el flequillo y se obligó a relajar la musculatura. Con disimulo miró a sus compañeros, tres agentes templarios, para ver si estaban tan inquietos como ella. Algo no le cuadraba: la residencia Tsurugi se sentía más solemne que nunca y un silencio le ensordecía el alma. La última vez le pareció escuchar más ruido, pero ahora nada. Frunció el ceño y se sacudió las aprensiones: esto era un trámite.

Curioso que de pronto, tras mucha insistencia de su parte, la vieja Tsurugi accediera a recibirla.

La italiana se ajustó su traje, procurando mantener su arma oculta. Se obligó a tranquilizarse, pues no veía que los demás agentes que la acompañaban estuvieran tan nerviosos, y ante cualquier cosa, todos estaban armados y los cuatro bien entrenados. Tomoe era solo una anciana ciega e indefensa, en una casa vacía, acompañada únicamente de un mayordomo que se veía demasiado escuálido como para ser saludable y de un chiquillo de quince que seguramente estaba jugando videojuegos en esos momentos. ¿Qué era lo peor que podía ocurrir?

—¿Qué es ese ruido? —preguntó uno de los templarios que la acompañaba.

¿Cuál ruido? Lila prestó atención con curiosidad. No, no escuchaba nada… quizás algo muy lejano, como una suerte de tap, pero… ¡eso no era relevante!

—¡Ah! El joven Tsurugi se encuentra practicando tiro con arco en el patio trasero —explicó el mayordomo mientras guiaba al grupo.

—¿Con este frío? —insistió el mismo templario.

—El joven Tsurugi es de la opinión que eso ayuda a forjar su carácter mientras cultiva su disciplina.

—Pfff. ¿No está para eso el gimnasio ese o como le llamen? —preguntó Lila aburrida— El mocoso debería estar con sus videojuegos, no jugando a Legolas.

—El dojo no está habilitado para el tipo de práctica que necesita el joven Tsurugi —volvió a explicar el mayordomo— Además, madame Tsurugi se encuentra ocupando el espacio en estos momentos.

Los Tsurugi eran extraños, de eso no cabía ninguna duda. Lila rezongó sonoramente: si no fuera porque a Phillippe le interesaba atraer a Tomoe a su causa, y con ello conseguir el apoyo de Tsurugi Robotecnia, ya se habría ido de ahí. De hecho, ni siquiera hubiera venido en persona de haber tenido la opción, sino que habría mandado a otro incauto a conseguir el favor de la bruja japonesa esta.

—Esperen aquí unos instantes en lo que anuncio su visita —pidió el mayordomo con su usual frialdad, deteniéndose ante la entrada al gimnasio como le llamaba Lila.

La mujer solo rodó los ojos, aburrida e inquieta, y esperó a que el hombre entrase con todo un ceremonial al dojo, dejando atrás al grupo. Algo no le cuadraba a la italiana, ¿por qué recibirlos en el gimnasio y no en el despacho? No podría plantar el micrófono de forma cómoda, se las tendría que ingeniar de alguna manera.

¡Esto la aburría! Quería irse de ahí, volver a la Montparnasse y supervisar las torturas a Marinette y a la rata esa. ¿Por qué tenía que estar ahí cuando no quería? Esto es un castigo muy cruel de parte de Phillipe. ¡Ah! Pero ya volvería a la base y ella misma se daría a la tarea de torturar…

—Mademoiselle Rossi. ¿quiere que llame refuerzos? —preguntó uno de los agentes, visiblemente preocupado— Este lugar no me gusta nada.

—¡No me digas que estás asustado! Es solo una casa japonesa en la mitad de París —se burló Lila— Y los residentes son una viejecita con su sobrino de quince.

—¿Le temes a eso? —se burló un segundo templario— Estaremos fuera de aquí en poco tiempo. ¡Esto es solo una visita rutinaria!

—Y espero que con buenas noticias. —Lila se sopló el flequillo—. Tomoe es un hueso duro de roer, pero casi la tengo en el bolsillo.

—No sé… esto me huele a trampa…

—¡No digas eso!

—Ahem —tosió el mayordomo con disimulo— Tomoe–sama los recibirá ahora.

—¡Al fin! —exclamó Lila, quien no se tardó en chasquear los dedos— Jean Paul, ve al auto y contacta…

—Tomoe–sama los recibirá a los cuatro o no verá a ninguno.

—Pero mi asistente debe traerme un portafolio que olvidé en el auto…

—Si alguno decide retirarse, Tomoe–sama no recibirá a ninguno. —repitió casi de forma automática, como si fuera un robot más de la residencia.

—¡Es solo un portafolios!

—Entonces les pediré que se retiren.

Lila reprimió un tic en el ojo. Hizo un gesto con la mano, indicándole a Jean Paul que no fuera a ningún lado. No podía arriesgarse a perder así la entrevista. Con la respectiva dosis de drama, Lila exhaló una bocanada de aire y enfiló hacia el dojo, berrinchando como adolescente caprichosa. Ni bien cruzó la entrada, sintió un escalofrío recorrerle el espinazo cuando por breves instantes vio a Kagami frente a sus ojos, junto a su madre. Aquello la hizo detenerse de golpe unos momentos, enfriándole el corazón.

—¿Mademoiselle? —preguntó uno de los templarios, poniéndole la mano en el hombro, como asegurándose que estuviera bien.

—¡No me toques, pervertido! —Lila se lo sacudió de encima y echó a andar, directo hasta Tomoe.

La mujer se encontraba casi en el medio del dojo, enfrentando una de las paredes, en donde se exhibían unos lienzos escritos en kanji, cuyo significado permaneció oculto al intelecto de Lila. No lucía sus prendas usuales, sino un hakama tradicional en colores oscuros, junto con otros adornos que la hacían pasar más por una onna bugeisha en su mejor momento, que por una ancianita delicada. Un detalle que la italiana no debió haber pasado por alto era que Alma Negra colgaba del cinto de Tomoe, lista para ser usada. Lila se acercó a la mujer e hizo una reverencia burlona, restándole importancia a todas estas señales.

—¡Buenas tardes, madame Tsurugi! A nombre de Abstergo agradezco que por fin haya decidido escucharnos.

—Quisiera tener su entusiasmo, Rossi, pero no salto de gusto. —dijo Tomoe con frialdad, sin moverse de su sitio— ¿Qué quieren?

—Paz y prosperidad para nuestras empresas —sonrió Lila con zalamería— ¿Qué otra cosa podríamos querer?

Tomoe siguió sin moverse. Lila supo que iba a ser complicado conectar con ella. Arrugó la nariz y forzó su mejor sonrisa en el rostro: de pronto tenía la imperiosa necesidad de largarse de ahí, pero no podía. No confiaba en Tomoe y tenía buenas razones para no hacerlo. La japonesa también tenía contactos, seguramente sabía que ella había estado implicada en la muerte de Kagami. La policía la había individualizado, había testigos incluso, pero la influencia de Abstergo la había protegido que tomaran acciones legales en su contra. Era un secreto a voces que ella era la asesina de la heredera de Tomoe Tsurugi y que había salido libre de polvo y paja. Phillippe sabía esto, también James y Armand, ¿por qué la habrían enviado a ella a lidiar con esta mujer? Si era una broma, era una de muy mal gusto.

Esto seguro había sido idea de James. ¡Se las iba a pagar!

—Su empresa es punta de lanza en cuanto a robótica e inteligencia artificial, madame, sus sistemas de seguridad están entre los más agudos del mundo, sin mencionar que están a la vanguardia con nuevos proyectos e investigaciones en el rubro. Estimamos sobre todo en Abstergo Entertainment que podríamos generar una alianza poderosa si unimos esfuerzos. Estamos desarrollando…

—¿Formas más prácticas de matar a traición? —Tomoe por fin se movió. Giró la cabeza hacia ella, como si la estuviera mirando, antes de girar completa. El gesto fue un poco perturbador para Lila— ¿Sabes que haces aquí, mujercita?

—¡Madame! Me ofende. ¿Matar yo? Pfff. No sé por quien nos ha tomado. —Lila sentía las tripas de hielo, pero disimuló bien. Era buena mintiendo— Solo buscamos una alianza comercial…

—¿La misma alianza comercial que buscaron hace cuatro años?

—No era mi departamento…

—… pero también buscaban una alianza comercial —la interrumpió Tomoe de nuevo— Supongo que ya sabe mi respuesta. Es la misma que les dio mi hija Kagami en su momento.

Lila entrecerró los ojos e irguió la espalda. Intercambió miradas con los otros templarios, que comenzaron a moverse por el dojo, como en busca de salidas. ¿Qué era lo que pretendía Tomoe? Ella misma había pedido esa audiencia, por el teléfono había sonado como cualquier mujer de negocios que busca expandir su empresa. ¿Y ahora se encontraban con tan agrio carácter? Lila echó mano de su arma, pero no la desenfundó enseguida.

—No entiendo, madame. ¿Por qué invitarnos a venir si nos va a tratar así de mal?

—No entiendo, Rossi. ¿Por qué vienes a encarar a la madre de tu víctima?

Tomoe parecía estar hecha de piedra, Estaba nerviosa, pero muy decidida y ante todo, buscaba equilibrar el daño hecho a su familia, sin mencionar que era su derecho como madre devolverle el honor a su hija asesinada. Lila apretó los puños y le hizo una señal a los demás para que rodearan a Tomoe y la atrapasen.

—Esas son injurias que me ofenden. —Lila sabía que tenía que ganar tiempo para emboscar a la mujer y salir de ahí tan rápido como llegaron— ¡Sé de su pérdida reciente! Y soy la primera en lamentarlo: conocí a Kagami cuando éramos niñas. Su muerte me pesa en el…

—Elige bien tus palabras, niñita. ¡Podrían ser las últimas!

—¡A mi no me amenazas, vieja! —Lila finalmente desenfundó y apuntó su arma contra Tomoe— NO tengo porqué estar soportando a una vieja menopáusi…

ZWISSSSSSSSSSHS—

—… ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!

La mano de Lila que sostenía el arma fue cortada como si fuera mantequilla por Alma Negra. Cayó al suelo soltando el arma y desatando una reacción en cadena. Tomoe, haciendo gala de una destreza casi perfecta, había desenfundado la katana y de un rápido movimiento hirió a la italiana sin dudarlo un solo momento. Rossi retrocedió varios pasos gritando de susto y de dolor, sujetando su muñón contra su abdomen, en un vano esfuerzo por detener la sangre. ¡No se podía creer lo que le había pasado! Los demás templarios, horrorizados, sacaron sus armas y se dispusieron a disparar contra Tomoe ni bien se dieron cuenta de lo ocurrido, pero no alcanzaron a hacer mucho. La japonesa esquivó el embiste de uno de ellos, Jean Paul, y en el impulso hirió a un segundo agente con el filo de la katana, provocándole heridas mortales. El tercero alcanzó a disparar una vez, pero no dio en el blanco de milagro: Tomoe simplemente lo atacó de frente, dando cuenta del sujeto en unas pocas estocadas.

Dos muertos y dos heridos en menos de cinco minutos. ¡Ahí tienen a la viejecita indefensa!

Jean Paul, quien había caído herido, se puso de pie a trastabillones e intentó correr hacia Lila para sacarla de aquí y huir ambos de aquél lugar, pero en ese momento se le clavaron dos flechas sucesivas en el hombro derecho, cayendo al suelo por la sorpresa y con mucho estrépito. Cuando se giró a ver quién lo había herido, vio al muchacho y supo en ese instante que no lo había matado a propósito: Kenji Tsurugi lo amenazaba con el arco tensado y la mirada más fría que viera nunca en un chiquillo de quince. ¡Un movimiento en falso y lo flecharía de nuevo!

—Quieto, cerdo. Obasan no te ha dado permiso de moverte, ¡Basura Templaria!

¡LOCA DE MI**DA! ¡¿QUÉ ME HAS HECHO?! —Lila gritaba de dolor y con justa razón. Intentaba detener la sangre con su otra mano, pero el terror y el malestar ya eran evidentes en su rostro. De puro orgullo se mantenía de pie, ya apenas. Con los ojos desencajados, encaró a Tomoe que caminaba tranquilamente por el dojo como si buscase algo— ¡Te Vas A Enterar, Connasse! ¡Esto No Se Va A Quedar Así! Vas A Saber Quién Soy Yo. ¡Maté A Tu Hija, También Te Puedo Matar! Con O Sin… ¡UGH!

De tanto hacer ruido, pese a su evidente desventaja, Lila le indicó a Tomoe exactamente dónde estaba y la mujer no perdió tiempo en atravesar a la joven con Alma Negra justo a la altura del hígado… quiso el karma que en el mismo lugar por donde habían atravesado las balas que mataron a Kagami. Lila palideció varios colores, y toda palabra le fue robada de su garganta.

Arigato —dijo Tomoe mientras retiraba la katana lo más lento que podía— Tus palabras me indicaron donde estabas. ¡Y con esto vengo el honor de mi hija!

Lila cayó sobre sus rodillas y hacia su costado cuando Tomoe retiró la katana, la que sacudió de un solo movimiento y regresó a su funda. Quedó ahí tirada, sudorosa y aterrada, a sabiendas que no le quedaban más que unos momentos más de vida, mientras se formaba un charco de su propia sangre. Por instinto se llevó la mano hacia su segunda herida… pero pronto perdió la consciencia y la vida…

Tomoe caminó entonces hasta el templario herido por las flechas de Kenji, quien del susto miraba como se habían desenvuelto los sucesos. ¡Era como haber estado metido en una película de Tarantino! Solo que la Kill Bill en este caso no era una actriz holliwoodense, sino una mujer madura, ciega y sin duda decidida.

—Templario: Ve y dile a tu jefe queTsurugi Robotecnia no está abierta para negociar con Abstergo. ¡LARGO!

A trastabillones, y evidentemente dolorido, Jean Paul se puso de pie y corrió fuera del dojo a perderse. El mayordomo, quien había presenciado todo desde la entrada, hizo una seña con la cabeza y partió tranquilamente tras el agente para asegurarse que hacía abandono de la residencia. Kenji, quien lo había dejado pasar, suspiró al cabo de unos momentos y armándose de valor, sin soltar el arco, se acercó a su tía, a quien abrazó con cariño.

¿Kenji–kun?

Obasan… Kagami-neesan fue vengada.

Se nos avecina una guerra, Alma Negra ya está tranquila —respondió Tomoe aguantándose las lágrimas, mientras se dejaba abrazar por su sobrino— Pero quiere participar de ella…

El espíritu de Kagami que residía en el butsudan se tranquilizó.


Tour Montparnasse. París.

En esos momentos.

El tiempo pareció ralentizarse. Era como si estuvieran rodeados de agua, la caída era controlada y casi placentera: apenas sentía una brisa en la cara. No se sentía como una caída al vacío normal y ella sí que tenía experiencia en eso. Hacía años que había perdido la cuenta de la cantidad de veces en las que había saltado al vacío como Ladybug, solo para quebrar la caída ayudada por su yoyo, un lucky charm, o por el mismo Chat Noir. No. Esto era diferente, incluso a ratos parecía que más que caer, flotaban en el aire. Se aferró en un abrazo al torso de Adrien, quien parecía tranquilo y que también la rodeaba con sus brazos. ¡Hasta lo sintió ronronear!

—Ugh… —una oleada de náuseas le turbó los sentidos y Marinette se tapó la boca por reflejo.

—Ya casi…

¡POOOOOOOOOOOF!

De pronto el mundo recuperó la velocidad normal del tiempo de sopetón. Una explosión de sonidos y olores le abrumaron los sentidos por momentos. Marinette, confundida, le costó procesar que habían caído en la parte de atrás de un camión que transportaba residuos de jardinería y que el golpe había sido como si hubieran caído de poca altura sobre un mullido colchón de plumas y no desde el piso 38. ¡¿Qué Carajos Acababa De Pasar?!

Adrien no la dejó disfrutar de la sensación eso sí o de meditar mucho qué diablos había pasado. En menos de un estornudo estaba de pie y arrastrándola con él fuera del camión a tirones.

—¡¿Por Qué No Nos Matamos?!

—¡Magia! Luego Te Explico… ¡Vamos!

—¡Saltamos Del Piso 38! ¡Sin Transformarnos!

—¡Andando, Que Nos Persiguen!

—¡NO NOS MATAMOS!

Mareada, confundida y con su estómago intercambiando sitios con su cerebro, Marinette se dejó sacar del camión y arrastrar quizás unos 20 metros cuando se dobló sobre sí misma y vomitó sobre la acera.

—AaarghCOFCOFCO… Uuugh —Marinette se irguió como pudo y retrocedió unos pasos, asqueada y con el horrible sabor ácido en la garganta. Sintió que Adrien le sobaba la espalda— ¡Necesito un momento…!

—¡No Podemos!

—No me siento bien… —Era evidente que Marinette no mentía—. Estoy muy desorienta… ¡UGH!

—Lo siento ma lady —Adrien cortó por lo sano: la tomó en volandas y echó a correr lo más rápido que pudo—. ¿Subiste de peso, ma vie?

—Te odio…

—No, no me odias. —se burló el gato mientras corría con ella en brazos.

A lo lejos podía ver a Julián, quien se perdía cerca de unos edificios cercanos. Lo siguió sin cuestionárselo: confiaba en que tenía un plan y no se equivocó. Ni bien pudo alcanzarlo, notó que estaban en una suerte de callejón de servicio y que la van de Mariya estaba ahí, pero… no era ella la que estaba al volante.

—¿El Gorila?

—¡A la van no! —exclamó Julián, quien todavía protegía a Minnie entre sus brazos— ¡Sígueme!

Adrien alcanzó a intercambiar miradas con el Gorila, quien le miraba ansioso, pero aliviado de verlo entero. ¿Acaso estaba con Antoine? Argh. Luego seguía preguntando, pero de que se estaba poniendo ansioso, se estaba. Siguieron a Julián hacia el interior de un estacionamiento, pero se adentraron mucho: pronto vieron el mercedes de los Agreste con el motor andando, a Mariya al volante y a Nathalie muy ansiosa esperando de pie frente a la puerta del copiloto.

—¡Suban Ya, Que No Tenemos Todo El Día!

Julián se subió de un brinco en la parte de atrás. Adrien tuvo la delicadeza de dejar a Marinette sobre sus pies para dejar que se subiera sola, pero le dio un buen empujón de incentivo, antes de abordar él mismo. Nathalie entonces se subió al auto, cerró la puerta y se puso el cinturón de seguridad.

—Todos respiren profundo —pidió con tanta autoridad que nadie se atrevió a desobedecerla.

En ese instante, una copia exacta del mercedes y sus ocupantes pasó por el lado y salió del estacionamiento. Todos aguantaron la respiración: Adrien y Marinette intercambiaron miradas estupefactas. ¡Esas no eran las ilusiones de Rena Rouge! ¡Para nada! Eso era…

—¿Qué? ¿Nunca han visto un sentimonstruo? —preguntó Nathalie con toda la tranquilidad del mundo.

Mariya asintió y echó a andar el auto, partiendo en la dirección contraria a la que había tomado la copia, y antes que pasaran diez minutos estaban saliendo hacia la calle y se incorporaban al tráfico, sin señal que los estuvieran persiguiendo. Mil dudas arrasaron con las neuronas del grupo, pero en esos momentos había cosas más importantes.

—¡¿Marinette?! ¿Estás bien? —Adrien se volvió histérico a su novia, antes de posar su mirada en su hija, quien tenía los ojos llorosos— ¡Ven aquí, ma souris!

Adrien tomó a Minnie en sus brazos y la acunó contra su pecho, revisándola con las manos por posibles heridas. La beba comenzó a gimotear contra su papá y se sujetó de sus ropas con la fuerza de una lapa. Marinette se sintió profundamente aliviada de verlos reunidos y a todos escapando de ese lugar, así que se recostó contra el respaldo del asiento y se permitió suspirar… por fin se le estaban pasando las náuseas, pero el saborcillo metálico permanecía en su boca. Le dolía la cabeza. Cada pocos segundos era víctima de la atención de Adrien, pero era un acoso bienvenido y cálido. Julián parecía estar bien, jugaba con los controles del alza vidrios, Mariya no se veía herida y Nathalie… ¿De dónde había salido? Suspiró y cerró los ojos, reprimiendo una arcada.

—¿Todo bien Marinette? —preguntó Mariya mirándola desde el retrovisor.

—Desorientada y mareada…

—Siempre nos pasa algo en el primer salto de fe… en mi caso, me rompí una pierna. —se lamentó Julián.

—Yo estuve con tinnitus un mes… —rezongó Adrien. Mariya no comentó nada.

—¿Salto de fe?

—Son puntos desde los cuales podemos saltar al vacío sin que nos pase nada al aterrizaje. Estupendas vías de escape. Están señaladas por palomas o restos de nidos. —explicó Mariya— Es un arte encontrarlos, pero hace falta un par para usarlos.

—Por eso les dicen saltos de fe. Somos pocos los asesinos que lo practicamos en estos tiempos. —añadió Julián— ¿Cómo están ustedes dos?

—¡Qué bueno que preguntas! —reclamó Adrien— Nos secuestraron, nos dieron una paliza, intentaron torturarnos, retuvieron a mi hija como rehén, casi nos matan y escapamos rocambolescamente de la Tour Montparnasse. ¡¿Cómo esperas que estemos?!

—El estrés es esperable en una situación así —dijo Nathalie— ¿Necesitan ver un médico?

—No, mujer, nos las arreglamos —gruñó Mariya.

—Nathalie. ¿Qué haces aquí? No es que no me alegre verte, pero… —Adrien se interrumpió al sentir las manitas de su hija aferrándose a sus ropas. Le sobó la espaldita para darle seguridad.

—No has leído la carta, Adrien —afirmó Nathalie con un suspiro— Te ruego que lo hagas antes de explicarte mucho más.

—Estábamos en plena misión, tuvimos algunos traspiés y nos cruzamos con un templario —comenzó de pronto Julián, ocultando el nombre a propósito de aquél— Nos dejó un mensaje y se retiró… decía que había templarios en la mansión Agreste y que teníamos que huir de ahí lo antes posible.

—Nos comimos el mensaje —añadió Mariya— ¡Julián! ¡Ya Deja De Jugar Con Los Controles! ¿Acaso nunca te habías subido a un mercedes, campesino?

—¡Nunca! —exclamó con vergüenza el aludido. Julián frunció el ceño, se cruzó de brazos y continuó— Intentamos ir por ustedes, pero nos fue imposible. Minutos después los dos salieron como alma que lleva el diablo de la mansión.

—Recibí un mensaje que decía algo parecido. Alerté a Adrien y escapamos con Minnie —Marinette suspiró— No llegamos muy lejos.

—Las cosas de la niña están en el maletero. —explicó Nathalie con voz muy profesional. Entrecerró los ojos y siguió hablando— El Gorila y yo también recibimos mensajes que nos alertaron de su predicamento y que contactásemos a estos dos: ninguno lo pensó dos veces. Yo estaba en casa con mi familia.

—¿Y el sentimonstruo? —preguntó Adrien, pero Nathalie se quedó en silencio. Sin embargo la mujer giró la cabeza en dirección de Adrien y Marinette, como dándoles a entender algo…

… Fue cuando vieron a Duusu asomándose tímida por el respaldo del asiento antes de volver a esconderse.

Se quedaron de una pieza. Adrien tragó saliva: definitivamente tendría que leer la carta que le había pasado Nathalie hacía ya bastante tiempo. ¿Dónde la habría dejado? Se sopló el flequillo

—Sigo un poco mal… —se quejó Marinette, tratando de cambiar el foco de atención.

Adrien rodeó a Marinette con el brazo, y esta se dejó recostar en el hombro del chico. Minnie la miraba con un puchero, por lo que la diseñadora aprovechó para sonreírle y acariciarle la carita. La peque no perdió mucho tiempo y rápidamente se inclinó hacia su madrina, acurrucándose entre ella y su papá. Julián les sacó una foto.

El resto del viaje transcurrió en silencio. Primero dejaron a Mariya y Julián en un parque para que pudieran llegar a casa por sus medios, luego se reencontraron con el Gorila y Antoine en el estacionamiento de un supermercado para hacer intercambio de autos. El viejo guardaespaldas aprovechó de revisar a Adrien y gruñir de lo lindo al verle las heridas que exhibía en el rostro; hizo lo mismo con Marinette y con Minnie, luciendo visiblemente angustiado. Tuvieron que calmarlo. Como fuese, se despidieron de los Foissard al cabo de un rato, prometiendo una visita para hablar con más calma, Nathalie les hizo prometer que leerían la carta, y por fin se fueron.

El hecho que Nathalie era Mayura les cayó como pared de ladrillos y eso iba a necesitar una conversación más a fondo, que bien podrían dejar para otra oportunidad.

Eran casi las 19 de la tarde cuando Marinette entró a su departamento. Cerró la puerta tras de sí y se dejó caer al suelo, con el peso del mundo encima. Adrien había partido a dejar la van a donde fuese que la escondían y prometió volver al otro día, una vez que Minnie descansara un poco. Quizás estuvo así una media hora, poco más o menos, antes de animarse siquiera a moverse.

—¡Qué Día! —murmuró Marinette algo angustiada, mientras apoyaba la cabeza contra la madera, mirando al techo— Y ni siquiera pudimos averiguar nada de Gabriel.

—Lo que cada vez es más evidente: no tengo pruebas, pero apostaría mis galletas que sí es Papillón —Tikki revoloteaba angustiada— ¿Te sientes bien, Marinette? ¿Te duele algo?

—¡Todo el cuerpo, Tikki! —Marinette se levantó de su sitio— Quiero una ducha, calmantes, quiero a Adrien y dormir —la chica no pudo evitar un puchero— ¡También quiero a Minnie!

Marinette se sujetó las manos mientras caminaba a su cuarto. Como que tenía ganas de llorar con histeria, pero reprimió tal cosa. Todavía sentía náuseas y bastante malestar y sin duda… necesitaba un apapacho de Adrien. ¿En serio tenía que haberse ido? ¿No podía quedarse en casa con ella esa noche? Sobre todo por Minnie: estaba horriblemente preocupada por la peque y como que sentía la necesidad de mantenerla cerca, de asegurarse que estuviera bien, que nada le hubiera pasado. ¿Y si llamaba al padre de la bendición para invitarlo a su casa junto con la niña? Hizo otro puchero, y reprimió el malestar general que tenía.

Estaba muy susceptible.

—Marinette. ¡Es importante! Tienes que decirme cómo estás, ¡Al detalle!

—Tikki: me secuestraron junto con Adrien, me dieron una paliza, James me manoseó… —Marinette entendía que eso había sido parte de algún plan que no comprendía, pero no lo hacía menos perturbador— … salté del piso 38 sin estar transformada…

Marinette se llevó la mano a la cabeza y se dejó caer sobre la cama. ¿Qué onda James Warlock? No eran amigos, nunca lo habían sido, y ni siquiera se podía justificar una cercanía a través de Chloé, pues su relación con la hija del exalcalde después del colegio ni siquiera mejoró. Había visto al sujeto un par de veces en su vida, por lo que no se justificaba que una probable amistad con ella hubiera bastado para salvarle el pescuezo y arriesgar el suyo propio. Había que ponerle atención, el hombre algo tramaba y no podían dejar ese cabo suelto. Marinette se dobló sobre su estómago, sintiéndose cada vez peor.

El estrés del día por fin se estaba manifestando.

—¡MARINETTE! —Tikki le dio unas palmaditas histéricas en la cara— ¡Tú no estás bien!

—¡Claro que no! Solo… dame cinco minutos…

—Tienes que ir al hospital.

—¿Y cómo explico todo esto?

—¡Di Que Caíste Por Las Escaleras! Pero Es Urgente Que Vayas…

Marinette espabiló bastante. Abrió los ojos llena de curiosidad y se sentó, ofreciendo su palma para que su kwami se posara. ¡Qué raro! Conocía bien a Tikki, habían pasado muchas cosas juntas y no era la primera vez que la veía tras una situación muy complicada. ¿A qué se debía este susto?

—¡Tikki! ¿Qué es lo que te pasa?

Tikki hizo pucheros y tembló de estrés. Se notaba que había estado jalando de sus antenitas. ¡Nunca había hecho eso! ¿Acaso estaría herida? Marinette la acunó con ambas manos, como intentando ver que qué le pasaba. La kwami sollozó un poco y por fin se obligó a respirar.

—Estoy preocupada. Mucho. ¡Hoy te trataron horrible! Te pegaron y todo y tengo mucho miedo…

—¿Miedo? Tikki, no es la primera vez que me pasa algo así…

—Sí lo es. —Tikki sorbió aire por la nariz—. Es la primera vez que te da una paliza… cuando llevas un retraso. —Marinette la quedó mirando en blanco, sin procesar exactamente lo que le habían dicho— Temo que no seas la única lastimada.

Marinette frunció el ceño, sin procesar del todo lo que Tikki le explicaba. Aunque poco a poco comenzó a caer en cuenta de la preocupación de la kwami. ¿Un retraso…? Oooouh. Eso. Naaaah. Nunca había sido muy regular y era muy pronto para… ¡Pero bueno! Err… no es que fuera imposible, pero ella todavía estaba descompensada, medio desnutrida y sí habían tomado precauciones con Adrien, sobre todo en el último tiempo, aunque… errr… no siempre y… Tuvo un tic en el ojo cuando comenzó a caerle la teja.

¡Naaaah! No podía ser ¿verdad? Seguro eran ideas de su kwami.

Tikki voló de sus manos a su mesita de noche, de donde sacó un empaque. Lo tomó y se lo puso a Marinette en las manos, quien perpleja observaba la naturaleza del objeto.

—No eres la primera portadora que tengo, Marinette. Sé cómo se siente un organismo cuando comienza a… bueno… cambiar —Tikki hizo un puchero y bajó las antenitas— Lo conversé con Plagg…

—¿Lo conversaste con Plagg?

—Sí… y me encuentra razón… de hecho él se consiguió eso y prometió que no diría nada… pero si te demoras mucho, lo hará.

—¿Hacer qué? ¿Qué es lo que va a decir? ¿A quién? —Marinette frunció la nariz— ¿De qué hablas, Tikki?

—Se supone que debí haberte advertido ayer, pero no encontré el momento… y hoy casi me muero del susto —Tikki se notaba muy angustiada— Plagg quiere que hables con Adrien sobre… bueno…

La kwami no terminó de hablar, pero se limitó a señalar al objeto. Algo asustada, Marinette tomó el empaque para verlo más de cerca, mientras sus neuronas por fin comenzaban a funcionar y a atar cabos sueltos. Y mientras más pensaba, más sentido tenían los temores de Tikki. Marinette palideció al menos siete colores.

—¡Adrien Me Va A Matar!

—… Lo dudo, pero si se pone imbécil, sé dónde está la sartén de hierro —Tikki entrecerró los ojos— Y sé cómo usarla.

Marinette se puso de pie de un salto, soltando el empaque como si fuera una papa caliente. Retrocedió hasta la pared y ahí se quedó hiperventilando. Tuvo que obligarse a respirar profundo varias veces, mientras volvía a repensar todo lo que le había pasado ese día. ¡Con razón Tikki había estado tan asustada! ¿Y ella? ¿Cómo que es que no lo había pensado antes? ¿Y ahora qué hacía? ¿Qué se supone que tenía que hacer?

Con las rodillas flaqueándoles, se acercó a su cama, tomó el empaque y se lo llevó al baño, en donde sacó los contenidos y leyó las instrucciones. Si ya lo tenía en sus manos, mejor salir de dudas, aunque ahora que lo pensaba… la psiquiatra le había mandado a hacer un montón de exámenes que se había tomado el otro día, para comenzar su tratamiento, quizás le habían pedido una…

¡CRASH, BAAAAAAM, BAAAANG!

Un estruendo sacudió todo el edificio, como si algo estuviera golpeándolo desde las bases. Fue una sacudida horrorosa que la hizo pensar que estaban destruyendo el edificio a las patadas. Eran tan violentas las sacudidas, que Marinette cayó al suelo, por poco no se golpeó contra el lavamanos, y se vio impedida de moverse por lo que pareció una eternidad, en la que solo se limitó a proteger su cabeza de todas las cosas que le estaban cayendo encima, incluido los trozos del espejo. Era como un terremoto concentrado en su edificio.

¡SAL DE AHÍ! ¡SÉ QUE ESTÁS AQUÍ!

Por un primer instinto, Marinette quiso esconderse, pero su vocación de heroína la impulsó a salir. Aprovechando los descansos entre golpe y golpe, la joven se arrastró fuera del baño, tratando de esquivar los escombros y lo inestable del piso. A duras penas logró llegar hasta la sala… o lo que quedaba de ella. Ahí abrió los ojos a todo lo que le dieron: gran parte del edificio faltaba, como si hubieran arrancado un trozo de la estructura. Tuvo noción de que varios de sus vecinos se sujetaban de lo que fuese para no caer y muchos gritaban del susto o por auxilio, pero no les prestó atención… Marinette no era capaz de quitarle los ojos de encima a la ENORME MANTIS que estaba frente a ella. ¡Un Akuma! ¡¿Justo ahora?!

O sea, ¿En serio? ¡¿EN SERIO?!

Papillón hijo de la remolacha…

—¡Justo a quien quería atrapar! —dijo el akuma al verla, con un psicótico brillo en los ojos.

—¡¿Wang Fu?! —balbuceó estupefacta.

NO. Ahora soy el Maestro. ¡Y te vienes conmigo! —con un rápido movimiento de una de sus extremidades, el Maestro atrapó a Marinette, quien apenas pudo reaccionar.

La mantis dio un brinco en el aire y extendió sus alas, volando y brincando por la ciudad con su presa en las manos y rumbo desconocido.

Continuará.

Por

Misao–CG

Publicado el lunes 27 de julio de 2020


Próximo capítulo: Revelaciones

Papillón lanzó una patada, golpeando a Ladybug en el abdomen, mientras que desenfundaba el estilete de su bastón, liándose con Chat Noir en un repentino duelo. Como viese que Ladybug no se levantaba tras caer al suelo por causa de esa patada, Chat Noir decidió que ya era suficiente y redobló sus ataques. Papillón tuvo que lidiar entonces con un gato muy enojado que pronto dio indicios de ser inmisericorde con sus golpes. ¡Si no lo destruía ahora…!

¡TE TENGO! —Ladybug le saltó a la espalda y aplicó una llave para trancarle los brazos. Quizás no con la fuerza que hubiera querido, pero de todos modos logró su objetivo…


Notas finales: No les doy descanso a este par y encima se las pongo más difíciles que nunca. Para cuando acabe ese día, el par va a estar agotadísimo. ¡Pero ya saben lo que dicen! Esto no se acaba hasta que se acaba!

LO QUE ME RECUERDA… Lean el fic Apariencia y Realidad de Abby Lockhart1, que les aseguro que los va a tener en la punta de la silla. =D

Por favor, cualquier error, gramatical o de ortografía, me lo dicen para poder arreglarlo si corresponde. Del mismo modo, estoy aprendiendo esto del uso del guion de diálogo y salí más cabeza dura de lo esperado, así que un poco de paciencia en lo que aprendo. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!


Pues sí, di varios sustos, Oriana, y como viste, no acabaron ahí. Este lote va a necesitar irse de vacaciones bien lejos una semana para sacarse el estrés. Ten, galletas de chocolate para resistir la plaga y ¡GRACIAS POR LEER!

¡OH SÍ, Buttercup77! Unas vacaciones muy merecidas, mira que pasaron las de Caín todo en menos de 24 horas. Ahora que se vayan a dormir y que ni los molesten. Ten, galletas de chocolate para resistir la plaga y ¡GRACIAS POR LEER!


BRÚJULA CULTURAL:

Traída gracias a la magia de internet y Wikipedia y otras fuentes que se señalarán en su debido momento…

Hakama: (袴) es un pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás) cuya función principal era proteger las piernas, por lo que originalmente se confeccionaba con telas gruesas y con algún diseño patrón. Posteriormente se convirtió en un símbolo de status o posición, algo que permitía distinguir rápidamente a un samurái, y evolucionó hacia una confección de tela más fina y de color liso oscuro (negro, azul índigo, gris).

Era tradicionalmente llevado por los nobles japoneses de épocas anteriores, especialmente los samuráis y tomó su forma actual durante el periodo Edo en donde tanto hombres como mujeres podían llevar la hakama.

También existía otra que era falda tubular (sin piernas); y una tercera que era una versión más larga de la segunda usada por los sirvientes o las visitas del shōgun (o algún otro personaje importante). El exceso de tela era doblado y se colocaba entre las piernas para evitar que pudiera esconder un arma, y en caso de atacar entorpecer su huida.

Actualmente sólo se usa un tipo de hakama llamado joba hakama, mayormente usada como parte del kimono para ocasiones especiales. También por los practicantes de iaidō, kendō, aikidō, aunque lo reservan para aquellos de mayor graduación (yudansha), y la visten diferente: en el iaidō y el kendō el nudo queda en la espalda, mientras que en el aikidō se deja al frente (por cuestiones de practicidad, para realizar las caídas hacia atrás).

La hakama se fija con cuatro tiras (himo); dos largas que provienen de cada lado de la parte frontal y dos más cortas que salen de la parte posterior que tiene una parte trapezoidal rígida llamada koshi-ate (腰板). Debajo de esa por dentro está la hakama-dome (袴止め) (un componente con forma de cuchara a veces referido como hera) que se coloca debajo del obi y ayuda a mantener la hakama en su lugar.

Hay varias formas de anudar la hakama: la "forma del guerrero" llamada shin musubi (nudo correcto) que es un nudo cuadrado simple con los finales del himo hacia adentro para que no se muevan al andar, y el "método común" o jumonji musubi (diez nudos) que se parece al kanji que representa ese número. En el caso de las mujeres, se puede también atar con el "nudo de la mariposa" o cho musubi que es el usado por las jinja maiko.

Tiene en su parte frontal siete pliegues, cinco en la delantera (tres a la derecha y dos a la izquierda) y dos en la parte posterior.

Onna Bugeisha: (女武芸者? mujer samurai), es un reducido grupo de mujeres que desarrollaron actividades bélicas como samurais en el Japón feudal. Miembros de la clase bushi (samurái) fueron entrenadas en el uso de armas para proteger su casa, familia y honor en tiempos de guerra. A pesar de su escaso número representan una importante e icónica presencia en el antiguo Japón. La Emperatriz Jingu, Tomoe Gozen, Nakano Takeko y Hojo Masako son los exponentes más característicos de este grupo.

Lapa común: Patella vulgata, es una especie comestible de caracol de mar, una lapa típica, un molusco gasterópodo de la familia Patellidae. Es endémica de los mares de la Europa occidental.

Ejemplares de esta especie fueron encontrados en cuevas como la de Altamira, donde habían sido utilizadas como alimento durante los periodos Solutrense y Magdaleniense, y sus conchas utilizadas como recipientes para preparar pinturas tales como ocre.

Tinnitus: o acúfenos, son un fenómeno perceptivo que consiste en notar golpes o sonidos en el oído, que no proceden de ninguna fuente externa. Pueden ser provocados por gran número de causas, generalmente traumáticas, ser producto de un síntoma de taponamiento de los oídos o de síndrome de Ménière. También pueden ser causados por situaciones de estrés por estudios, trabajo, entorno familiar, económico, social o exposición a ruido.

El término se utiliza para describir cualquier tipo de sonidos que nazcan en los oídos o cabeza y que son audibles solo por la persona afectada. Pueden ser pitidos o zumbidos que a veces son pulsátiles, percibiéndose a modo de latidos.