Las apariencias engañan la mayoría de las veces;

no siempre hay que juzgar por lo que se ve.

Molière


- Madame la Duchesse, Pensavo che non la avremmo vista fino a cena. (Creí que no íbamos a verla hasta la cena.) – La mujer enmascarada soltó a Julie, dando amplias zancadas hasta pararse frente a André.

- Mio cugino divertente! (¡Mi primo gracioso!) – Exclamó la duquesa con voz aguda. - Fortunatamente siamo familia (Afortunadamente somos familia)

- Dolce come sempre (Dulce como siempre)

- Vieni qui! (¡Ven aquí!)- Envolvió al hombre de ojos verdes en un apretado abrazo, su máscara apenas moviéndose.

- Hans se quedó parado donde estaba, Alain observando la escena con una ceja levantada mientras Diane se cubría la boca para bostezar disimuladamente.

- Chi è quello? (¿Quién es ese?) – El conde se estremeció cuando la mujer lo apuntó, tratando de mantener la vista fija en los ojos de la mujer que apenas se traslucían por los agujeros de la máscara, la tenue luz que entraba por los ventanales junto con las de las velas que colgaban en un candelabro le permitió ver el tono de los irises de la duquesa; un azul oscurecido por las sombras de la tarde.

- Lord Hans Axel von Fersen, conde de Fersen, cara (querida) – Presentó André, la duquesa estirando una mano enguantada llena de pesados anillos de oro y gemas preciosas para ser besada por el hombre sueco. – Ella es Nicoletta de Bramante, Duquesa de Montmorency, Comtesse de Périgord y Baronne de Préaux.

- È divertente, sembra uno di quei cani che i cortigiani amano (Es gracioso, parece uno de esos perros que aman los cortesanos)

- ¿Qué fue lo que dijo? – Preguntó Hans, secándose las palmas de las manos en el pantalón.

- Que usted es muy simpático, Lord Fersen, sí, eso fue lo que dijo. – Tomó a la duquesa de los hombros, apretando los dientes para presentarla con los amigos de su sobrina. – Ellos son Alain y Diane Soinssons, hijos de Matilde, la amiga de Oscar.

- Penso di ricordare quel nome (Creo que recuerdo ese nombre) – Puso un dedo cubierto de tela sobre los labios pintados de la máscara, levantando la cabeza para mirar el techo antes de volver a su primo. - ¡Bernardino!

- Sì, mia signora? (¿Sí, mi señora?) – Un sirviente viejo como Étienne llegó corriendo al lado de la mujer, esperando la orden de su patrona.

- Porta i miei ospiti nelle loro stanze (Lleva a mis invitados a sus habitaciones) – Ordenó, girándose para comenzar a caminar hasta el pie de las escaleras principales. - Tra due ore verrà servita la cena, da parte mia, andrò a rinfrescarmi nella mia stanza, non voglio che nessuno mi disturbi. (En dos horas se servirá la cena, por mi parte, iré a refrescarme a mi habitación, no quiero que nadie me moleste)

- Come dici tu, mia signora (Como usted diga, mi señora) – Sin decir una palabra más, Nicoletta subió las escaleras con paso elegante, sosteniendo su vestido con ambas manos para evitar resbalar.

Los cinco invitados más Meadows se quedaron de pie antes de que Bernardino los mirara de forma amable, sonriéndole con ternura a los más jóvenes.

- Si me permiten, los guiaré a sus respectivos cuartos, Madeimoselle Julie ¿no le importa compartir el apartamento del ala oeste con su amiga? – Dijo con un fuerte acento italiano.

- No, Bernardino, será algo bueno tener algo de compañía en ese lugar tan grande.

- Entonces, por aquí.


- ¿Por qué usa una máscara? – Julie parpadeo un par de veces antes de mirar a Alain detrás de ella mientras Diane se paseaba por la gran antesala de los dos cuartos del apartamento asignado a ellas.

- Tío André y papá me dijeron que había sufrido un accidente cuando niña que le marcó la cara y las manos, debe usar la máscara cuando está presente alguna persona, tal parece que su deformación es horripilante, aunque a veces pienso que es para ocultar algo más, incluso he llegado a confundir el tono de su voz con el de mi papá.

- Entonces es una excéntrica. – Susurró Alain contra el oído de la joven pelirroja, aprovechado que su hermana había ido a ver la habitación que habían preparado para ella.

- Podría decirse que sí. – Tragó grueso cuando sintió un suave beso en su mejilla. – Papá dice que cuando murió mi abuela, la única que podía heredar sus títulos era la tía Nicoletta, aunque ella ni siquiera pudiese hablar francés, aunque creo que puede hablarlo, pero simplemente no quiere despegarse de Italia, eso puedo entenderlo.

- ¿Por qué?

- Porque ¿qué?

- ¿Por qué dice que puede entenderla?

- Cuando viví en Rusia muchas veces quise escaparme de casa y regresar a Francia.

- Eso se llama nostalgia, Julie, cuando me enlisté, yo también la sentía, en especial cuando comenzaron a asignarme misiones fuera de París. – Olfateó el pelo rojizo con una leve sonrisa, cerrando los ojos para disfrutar de su aroma. – Si Diane no estuviera por salir de esa puerta, la giraría y besaría su boca…Julie…

- Y si Diane no estuviera, yo…yo dejaría que me besara todas las veces que usted quisiera. – Contestó en un susurro, separándose de golpe cuando Diane se asomó fuera de su habitación, llamando a su hermano y a su amiga con una mano.

Alain suspiró, apretando fuertemente su puño antes de seguir a Julie.


Mojó con un trapo limpió su rostro, suspirando levemente mientras sentía como el frío contacto del agua besaba su piel.

Agarró rápidamente su máscara cuando escuchó que golpeaban su puerta, su mirada centrándose en la entrada de su habitación.

- Sono io (soy yo) – La voz de André se dejó escuchar.

- Vai avanti, passa (Adelante, pasa) – El ruido de los goznes de su puerta al abrirse hizo que se estremeciera suavemente, observando como su primo entraba en su cuarto.

André cerró detrás de él, su mirada fija en el rostro de la mujer que ocupaba el lugar.

- Al fin puedo verte sin la máscara.

- ¡Baja la voz! No quiero que Julie o Hans nos escuchen. – Frunció el ceño, André acercándose para dejarse caer al suelo al lado de donde ella estaba sentada, disfrutando de los cojines que ella dejaba tirados para estar más cómoda en su habitación.

- ¿Cómo debo llamarte? ¿Nicoletta? ¿Olive? ¿Oscar? Dime, porque ahora ya se me está enredando la lengua con tantos epítetos que tienes.

- Aquí soy Nicoletta de Bramante, idiota.

- La duquesa está un poco tocada, incluso Julie piensa que es rara.

- Lo sé. – Se puso de pie, llevándose las manos a la nuca para soltar su cabello, peinándose los mechones cortos para acomodarlos alrededor de su cara.

- ¿Qué vas a hacer? Digo, no creo que le hayas ordenado a Hans venir hasta aquí por nada. – Nicoletta se adelantó, tomando su máscara como si pudiese enterrar sus dedos en el yeso de la que estaba hecha.

- Mañana llega otra invitada, alguien que me va a sacar a Hans de encima de una buena vez.

- ¿Quién?

- Es una sorpresa, André, tienes que ser paciente.

- A veces pienso que estás loca. - La mujer sonrió, levantando la máscara por sobre su cabeza.

- Así soy yo, querido André.