Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.
Capitulo 28. RECUERDOS, RECUERDOS...
Hay muchas cosas que he evitado hacer estos años, una de ellas es recordar. Porque para mi los recuerdos no son solo fragmentos de mi pasado. Es una tortura, duelen, me enojan y eso trae como consecuencia que me deprima. Me ha costado muchas lágrimas e infinidad de noches en vela, seguir adelante... volver a sonreír.
¿Cómo no recordar mi segundo celo? Me sentí tan avergonzado, tuvieron que enviarme al psicólogo...
Un grupo de estudiantes rusos había irrumpido en nuestra pacífica y aburrida escuela aquel año, Viktor Nikiforov era el más notorio de todos. Dueño de un par de deslumbrantes ojos azul-celeste iguales a los del cielo de verano y su cabello platinado largo, atado en una coleta, hacían suspirar a muchas betas y casi a todos los omegas. Yo entre ellos.
Habíamos pasado varios días mirándonos desde lejos, o eso quería creer, tal vez no es a mí a quien mira después de todo. Coincidimos en varias clases, él llevaba cursos avanzados a los cuales yo no podía entrar. Tenía tantos deseos de poder sentarme a su lado y saber si yo era a quien miraba con insistencia. Si esas sonrisas iban dirigidas a mi persona.
Mi primer celo había sido tranquilo, el pediatra en aquel entonces me aplicó un supresor y apenas lo sentí. Para el segundo celo no estaba preparado pues no sabía con qué frecuencia se presentarían, hay omegas cuyo celo es solo dos veces por año, era un riesgo que debía correr pues la medicación excesiva a veces causa reacciones adversas.
Estaba en la escuela cuando empecé a sentir aquellas sudoraciones, las piernas me temblaban, no veía la hora de que terminen las clases para salir corriendo hacia mi casa. Con dificultad logré llegar a la salida para esperar mi autobús, aún no contaba con celular para llamarle a mamá o a papá.
Cuando los rusos llegaron, no sé qué me pasó, algún espíritu lujurioso me poseyó, empujé a Viktor hacia unos matorrales restregándome contra él
¡En frente de todos los estudiantes!
Apenas tengo recuerdo de eso pero lo que él me dijo jamás lo olvidaré.
—Yuuri detente ¡Por favor para!— jadeó. —No soy tan fuerte, hueles delicioso ¡Basta!— me detuvo y me tomó por los hombros. –Soy ruso Yuuri, no puedo hacer esto, no así.
— ¿Que?— alcancé a balbucear sin dejar se aprovechar su cercanía.
—Por favor, detente— sentí que alguien me jaló del suéter y me sostuvieron por los brazos impidiéndome tocar a Viktor. Empecé a llorar, no supe si por vergüenza o porque necesitaba sentir a ese alfa con desesperación.
—Tranquilo maldito cerdito, ya cálmate— escuché maldecir a mis espaldas. Eran sus primos, el pequeño omega gruñón y el otro que parece estatua de piedra.
"¡Suelten a Yuuri!" "¿Qué le hacen sucios rusos?" "No lo toquen" escuché gritar, eran las voces de mis amigos, Seung-Gil, Guang Hong y Kenjirou.
Se armó un jaleo que atrajo la atención de muchos estudiantes y algunos profesores, mi trasero estaba húmedo, mi respiración errática y yo me quería morir allí mismo. No podía evitar que mis brazos y piernas peleen por volver a estar en brazos de ese ruso en particular mientras mi dignidad era destrozada.
Escuché la voz de uno de mis tutores omegas quién pidió que los alfas se retiren del lugar pero le insistió a Viktor para que ayude a llevarme con él. Sus primos resoplaron, mis amigos continuaron empujándolos mientras yo seguía como un poseso humillándome cada vez más.
Me calmé cuando sentí el aroma y los fuertes brazos de alfa, me abracé a su cuello intentando pedir perdón dentro de lo poco que podía pensar.
—Lo siento, lo siento— lloré de vergüenza.
—Tranquilo Yuuri, no tienes por qué sentirte mal— susurró.
—Me quiero morir, perdón— sollocé, quise bajarme de sus brazos causando que casi cayéramos los dos. Me sostuvo con fuerza, tocando mi cuello con su nariz y apretando mi cuerpo.
—Sí quiero... si quiero estar contigo— su voz suave se había vuelto rasposa y seca. —Sólo espera, déjame hacer las cosas bien— susurró jadeando en mi oído. Me relajé, él volvió a sostenerme mientras caminaba murmurando cosas que solo yo podía oír. –Debemos crecer un poco más. Déjame cortejarte ¿Si? Primero seremos novios, luego nos casaremos y entonces...serás mío y yo tuyo. ¿Puedes esperarme?
Iba a contestarle cuando sentí en la espalda la rigidez de la camilla de la enfermería, no quería soltarlo pero después de sus palabras mis hormonas se habían tranquilizado, quizás por la sorpresa... lo dejé ir.
Desperté en casa, mamá me contó tuvieron que darme tranquilizantes y luego aplicarme mis supresores, me llevaron a casa para que pudiera descansar.
Cuando el celo pasó me sentía tan avergonzado que evitaba a toda costa cruzarme con los rusos, no podía evitar las habladuría y las burlas de mis demás compañeros por suerte mis mejores amigos no permitían que se me acerquen los graciosos que intentaban hacerme sentir mal.
Hasta que un día, después de muchos intentos por hablarme, Viktor me acorraló en un salón vacío, cerró la puerta con seguro y me miró seriamente.
—Me estás evitando— dijo como si mis intentos por alejarlo le causaran tristeza. —¡Yuuuuri!— tenía aquella forma de pronunciar mi nombre alargando la "U" que me hacía sentir maripositas en el estómago.
—Lo... lo lamento tanto...
—¡No te disculpes! Por favor no hagas eso— tomó mi barbilla para que lo viera a los ojos.
—Es que yo...— mis ojos se aguaron, mamá me había llevado al psicólogo quien me aconsejó que hablara con Viktor y me disculpara formalmente pero no había tenido el valor.
—¿Recuerdas lo que te dije cuando te llevé a la enfermería?— preguntó. Asentí con las mejillas enrojecidas.
—Yo... entiendo. Necesitabas distraerme— me cuadré para hacer la reverencia. –Por favor Viktor, perdona mi atrevimiento...— no me dejó terminar, tomó mis mejillas en sus manos y me miró tan fijamente que las piernas se me volvieron de gelatina.
—¿Aceptas salir conmigo?
—¿Q..qué?— respiré como si me faltara el aire.
—No te estaba distrayendo, quiero salir contigo, me gustas mucho. Necesito conocerte más, pasar tiempo a tu lado ¿Me lo permites?
—Yo... yo... acepto— sonreí asustado aún.
Lo demás fue tan fácil, descubrimos que teníamos muchas cosas en común, gustos, en cuanto a música, sabores de helados, nos gustaban los mismos juegos. Nos volvimos inseparables, no pasó mucho hasta que me pidió ser su novio, acepté porque sabía que él me quería y yo no podía vivir sin él.
Una tarde cuando estábamos haciendo los deberes, nuestras muestras de afecto empezaron a subir de tono. Habíamos compartido besos dulces, apasionados y luego estaban los que por unos momentos nos hacían perder el control. Justamente en medio de uno de estos jugosos y calientes besos con metida de mano incluida, Viktor me sorprendió al proponerme algo.
—Yuuuuri, Yuuuuuri— jadeaba en mi oído.
—Mmmmm ¿sí?
—Quiero hacerlo contigo— restregó su erección contra mi vientre. Estábamos sobre mi cama, dándonos mucho amor.
—Pero... es peligroso...
—No durante nuestros celos... así, consientes de nuestros actos...
—También quiero pero... tú dijiste que debíamos esperar— le recordé.
—Quiero contarte algo— dejó de besarme, me abrazó y se acomodó en mi almohada para explicarme. Adoraba cuando se ponía así y me compartía sus costumbres, sus creencias y sus hermosos sueños. –En mi país es ley que los jóvenes alfas y omegas enamorados no deben pasar sus celos juntos. Es para evitar embarazos, uniones apresuradas o peleas familiares.
—¿Y cómo hacen para evitarlo?
—Allá no se convive tanto entre alfas y omegas como aquí. No tenemos esos supresores e inhibidores de feromonas que les colocan a todos. En San Petersburgo hay escuelas exclusivas para alfas y omegas.
—No lo sabía. Entonces no debemos estar cerca cuando llegue mi celo, ya sabes cómo me pongo— enrojecí.
—Te ves adorable pero no puedo, sé que no sería tan fuerte como para no marcarte.
—¿Querías marcarme?— pregunté asustado.
—Desde la primera vez que te vi, Yuuri pero no puedo hacerlo hasta que nos casemos.
—¿Ca... casarnos?— la idea de ser su omega y que me marque me causaba vértigo, como el descenso de una montaña rusa, a la vez me llenaba de calor y comezón. Sí, si quería llegar a todo con Viktor.
—No podría mirar a mis padres ni a los tuyos si te marco por no poder controlarme. No tengo nada que ofrecerte todavía, ni siquiera acabamos la escuela. Yo... me gustaría que pudiéramos esperar para enlazarnos hasta que nos desposemos.
—Viktor... suenas tan... anticuado— le sonreí. Soltó una suave carcajada.
—Lo soy— hundió su nariz en mi cabello. –Quiero hacer las cosas bien, sin embargo sé que no podré resistirme a ti por mucho tiempo, eres demasiado delicioso— nuevamente sus manos atraparon mis nalgas y gemí en su boca.
—Hagámoslo. Quiero que mi primera vez sea contigo— susurré.
—También será la mía, Yuuri, te amo— fue suficiente para dejarnos llevar y empezar nuestra vida sexual juntos. Claro que lo mantuvimos en secreto de nuestros amigos y familia, aquellos encuentros sucedieron en mi casa, cuando mis padres no estaban o algunas noches en las que Viktor se escapaba y venía a dormir conmigo.
Aquel tiempo lo recuerdo con tanta nostalgia pues fue la época más feliz de mi vida, cuando lo tenía todo y no sabía que iba a perderlo.
Es cierto lo que dice Kenjirou, mi celo me descontrola al punto de no razonar y sé que a Viktor le afecta demasiado, lo comprobé cuando fui a Rusia y pasamos esa noche juntos. Tuve tanto miedo de que me mordiera allí mismo.
Quizás voy a incomodarlo, él está comprometido y por un asunto de hormonas puedo causar algún problema. Debí pensarlo antes, no ser tan egoísta. Pero aquí en casa nadie va a poder ayudarme, estaría solo y Celestino nos aconsejó...
Además le pregunté personalmente, si él hubiera tenido problemas con eso me lo habría dicho... ¿o no? No habría bromeado conmigo, ofreciéndome el hospital como si fuera un hotel.
Bueno ya está hecho, dejé la solicitud y pasaré el celo hospitalizado y que Dios me ayude.
