Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia pues sí.

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-REVIEWS-

Betaworkshop460: Gracias. Hale.

Ravenna18: Muchas gracias por comentar, ojalá que este capitulo también te guste. Nos leemos, Harry.

PrinceMatt: Me alegra que te haya gustado, nos seguimos leyendo ¿no?, saluditos, Harry.

A Frozen Fan: Muchas gracias tía, no pensé que llegaría tan lejos con con eso que la inspiracion me abandona. La abuela de Elsa es totalmente inventada, una Karen de pies a cabeza (espero que entiendas el termino, de no ser así házmelo saber), me inspiré en la abuela de una amiga que hace comentarios bien graciosos sobre los latinos 🙂.

No pensé que esa escena del secuestro fuese a pegar duro hahaha, ese zanahorio es un caliente que ya que probó las carnes de Copito se hizo adicto. Usaré el #PrayforEugene en un futuro capitulo si no te importa. Un gustazo leerte, saludos y abrazos, Harry.


Hans.

Se ajusta los lentes de sol y toma un sorbo del vino en su copa, trata de fingirse relajado frente a los escrutadores ojos de Honeymaren.

—¿A qué hora llegaste? —pregunta la muchacha en voz baja.

—A las ocho— contesta de la misma manera.

—¿Dónde fuiste?

—Ya te dije que a seguir la fiesta con mis amigos— Lars los mira con una ceja elevada ante la forma tan confidencial en la que hablan, Hans le patea el pie bajo la mesa para que sea más disimulado.

—¿Por qué no me llevaste? —masculla y toma de su propia copa.

—A ver, mi mejor amigo se casó y el resto del grupo se fue a celebrar un poco más— explica antes de inclinarse hacia ella para los demás en la mesa no se den cuenta—. Ya te colaste a la boda, no creí que quisieras humillarte más al autoinvitarte al after.

—Eres un…

—Hablamos después.

Se encuentran en el brunch* celebrado en el espacioso jardín de la casa de los Solberg a la mañana siguiente de la boda, se han sentado con sus hermanos, Eugene y Rapunzel, llegó a su habitación después de dejar a Elsa en casa del oxigenado de Kristoff, para su buena suerte todos estaban dormidos, pero Maren lo bombardeó con preguntas ni bien despertó media hora después.

—¿Cuánto tiempo vamos a quedarnos? —le pregunta a la castaña—, comprendería si quieres irte en un rato más porque no conoces a nadie…

—Estoy haciendo amigos— lo interrumpe—, no actúes como si te importara porque lo único que quieres es irte a dormir, pues no, preferiste seguir bebiendo con tus amigotes después de la boda y ahora te aguantas.

"Contrólate, Hans" se ordena "no armes un escándalo".

Deja la servilleta en la mesa y se levanta, alegando ir al baño, Eugene lo sigue de inmediato.

—¿Estuvo fuerte la pelea? — pregunta el castaño después entrar al baño con él y trabar la puerta.

—¿Qué carajos haces? —inquiere con incredulidad, carraspea para recomponerse—. No es de tu maldita incumbencia, arenoso.

Eugene silba.

—Así de mal ¿eh? —niega con la cabeza—, sabía que terminarían enojados el uno con el otro y aun así accedí a ayudarte a llevártela hoy en la madrugada…

—Tú no sabes nada— lo interrumpe, apuntándolo con el dedo—, no quiero hablar de esto ahora, mucho menos contigo.

—Como quieras— levanta las manos conciliadoramente—. Demonios Hansy, Elsa está que echa fuego, y yo no sé tú, pero a mí sí me da un poco de miedo lo que vaya a hacerme.

—Esa buena para nada no va a hacerte nada, deja de ser tan marica.

—Puedo soportar lo que sea mientras no sumemos a Roy a esta ecuación— suspira—, ahora me voy, no vaya a ser que alguien se dé cuenta que estamos aquí solos, entiendo que tu reputación esté por los suelos, pero la mía no.

Sale antes que él pueda responder nada, Hans deja los lentes de sol en el lavamanos de mármol y se moja la cara con agua fría, tiene los ojos verdes hinchados por el alcohol y la falta de sueño.

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Le sube el cierre del vestido y ella se aleja para mirarse en el tocador de la habitación, la observa recogerse el cabello rubio en un moño desde su posición sentado en la esquina de la cama con la camisa sin abotonar y no puede evitar sonreír.

Deja de mirarme así, me estás asustando— vuelve a acercarse y Hans se levanta para permitirle que le abotone la camisa, ella le palmea el pecho un par de veces, toma su bolsa y hace amago de salir de la habitación.

Le ase el brazo y la pega a él de nuevo, entierra la nariz en su cuello y no puede evitar que una oleada de satisfacción lo golpee cuando sus fosas nasales se inundan de su loción de coco mezclada con el olor corporal de ambos, siempre le ha gustado que ella huela a él, desde que comenzaron aquella aventura.

Se marchan en la camioneta de Eugene después de haber dejado la cabaña tal y como la encontraron, se mueven por la carretera a un ritmo lento y disfruta ver a la rubia, con la sudadera negra que ha traído con él sobre su vestido, balancearse con las canciones que salen del estéreo.

El brunch es a las nueve con treinta, tenemos que ir más rápido— comenta.

¿Tienes prisa? —atrapa su boca en un beso rápido y poco delicado.

Un poco, sí— contesta al separarse—. Déjame con Kristoff, él me llevará a casa.

Gira en una avenida para poder dirigirse al área residencial donde vive el mejor amigo de la blonda.

¿Qué dices de no ir al dichoso desayuno y quedarnos aquí? —propone, su mano derecha se encarga de llevar el volante y la izquierda acaricia la parte interna de uno de los muslos femeninos—, me gustaría atarte a la cama y…

No te quieras pasar de listo, además— añade—, sería mucha casualidad que solo nosotros dos no asistamos y no faltará uno que pensará que estamos juntos.

Me paso por el culo lo que la gente piense— replica.

No creo que mi hermano y a tu novia estén de acuerdo contigo…

Hans la suelta y resopla.

¿Por qué siempre mencionas a Roland? ¿por qué siquiera hablas de Maren?

Porque a diferencia de ti, a mi no se me olvida que le estoy haciendo lo mismo que le hice a GoGo.

Eso una de las muchas cosas que me molestan de ti ¿sabes? —le da una mirada rápida antes de volver la vista hacia el frente—, primero te opones a vernos porque tengo novia y luego cedes a que hagamos de todo para finalmente volver a excusarte usando a tu hermano y a Maren de escudo, pero no es más que eso, excusas.

Eres un cabrón— responde, ofendida—. Si hay tantas cosas que te molesten de mi ¿por qué siempre estás buscándome? —trata de contestar, pero ella no lo deja—, porque eso haces ¿no?, no dejas de llamarme y enviarme snaps mientras estás en Rusia y no llevas ni medio día en Noruega cuando ya corriste a buscarme.

Hans se detiene en el inicio del camino que da acceso al vecindario de Kristoff, el rubio ya los espera.

Lo único que busco es sexo casual y sin compromiso porque para eso estás, no te creas tan importante.

Ambas mejillas le arden después que la rubia le asesta un par de bofetadas, los ojos cerúleos desbordan una colera fría, ella aprovecha el tiempo que le toma recuperarse para bajar de la camioneta, Kristoff, que ha presenciado todo, comienza a acercarse con cara de pocos amigos. Hans se baja de inmediato y logra alcanzarla.

Elsa, a ver… no quise… —trata de tomarla del brazo, pero ella se deshace de su agarre con brusquedad.

¡Déjame en paz! —chilla.

No grites, harás un escándalo y se van a dar cuenta— intenta razonar con ella y logra atrapar sus brazos.

Suéltala— Kristoff los alcanza y lo empuja para que suelte a la muchacha—, ¿estás bien, Els?

Hazte a un lado, déjame hablar con ella— el rubio se muestra impasible ante la mirada colérica que le dirige—. Elsa, dile a este imbécil que…

No me dirijas la palabra nunca más— lo corta—. Kristoff, no quiero que se me acerque.

Deja de ser tan cabezota…

¿Acaso estás sordo?, no quiere que le hables— el blondo se cierne sobre él, amenazante—. Déjala en paz, cabrón.

No volverás a tocarme jamás ¿me oíste?, no voy a permitir que me pongas un dedo encima de nuevo— sisea la albina y tira de Kristoff en dirección del camino que da a la casa del muchacho. Parece recordar algo, se detiene y se saca la sudadera para arrojársela a la cara.

Quédatela, hasta donde sé te gusta coleccionar sudaderas de los tipos con los que duermes ¿no?

Kristoff bufa y trata de abalanzarse sobre él, pero la rubia lo detiene.

Las únicas sudaderas que me gusta quedarme para olerlas después son las de Jack.

Conduce hasta su casa con las manos temblándoles de rabia.

¿Cómo ha podido ser tan idiota?

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Lo primero que ve al salir del baño es a Honeymaren, sus ojos ambarinos lo examinan con preocupación.

—¿Te sientes bien, cielo? —pregunta.

—Solo tengo resaca— contesta—, vámonos ya, nos vamos mañana y quiero dormir un poco.

—¿Mañana?, creí que nos quedaríamos hasta la semana que viene…

—¿Y a que te quieres dejar?, la boda de Roland, que era la única razón por la que vine, ya pasó y no tengo nada más que hacer aquí— replica—. Tu madre no los soporta así que tampoco tienes que…— se interrumpe al ver como el rostro de su novia muta de la preocupación al dolor—, perdóname, yo… yo estoy muy cansado y…

—Vámonos a casa— corta con seriedad y él solo atina a asentir.


Elsa.

—No me pegó, por Dios— musita en voz baja a Kristoff para que Vivienne y Anton no los escuchen. El brunch ha empezado hacía ya una hora y el padre de los niños, al ser socio y amigo de su padre, fueron invitados, los pequeños no dudaron en correr hacia ella cuando la vieron—. Ese bastardo puede ser todo lo que quieras, pero jamás me ha tocado un pelo de esa manera.

—Pues como haya sido— replica el blondo—, una más y le parto la cara, te lo advierto.

—No habrá otra, de verdad.

—Eso espero, siempre te dije que ese idiota iba a terminar pasándose de cabrón y tu no me escuchaste, seguiste largándote con él a esa cabaña en medio de la nada y yo no insistí, pero no más porque…

—¡Hans! —se congela ante el grito de felicidad de la pequeña rubia, observa fastidiada al ver como el rostro serio del bermejo cambia a uno más amable cuando levanta en brazos a la niña.

—Hola, hermosa, no te había visto— dice el muchacho afectuosamente, los ojos azules e interrogativos de Vivienne revolotean hasta posarse en la muchacha castaña a su lado—. Ella es Maren, mi novia.

Ver a Vivienne aceptar a la otra rusa la molesta lo suficiente para acercarse a ellos.

—Vivienne, tenemos que ir con tu papá— Elsa extiende las manos para quitársela al pelirrojo, pero él ejerce presión en su agarre.

—Está con nosotros ¿puedes darnos un segundo?, gracias.

—Vivienne— vuelve a llamarla, ignorándolo.

—Hans, creo que la pequeña tiene que…— Honeymaren trata de disuadir al colorado.

—Claro que no, ella quiere estar con nosotros y no vamos a ceder solo porque esta loca no puede compartir— su tono contundente calla a la rusa.

—Están sirviendo pastelillos, vamos antes que se acaben los de menta— sigue la blonda, evitando en todo momento hacer contacto físico y visual con el ruso.

—Déjala ya, Elsa— masculla con rabia.

—¡Hans! —ambos miran a Honeymaren, pero ella se centra en su novio—, algunas personas miran hacia aquí y están asustando a la nena— miran a Vivienne, cuyo labio inferior tiembla ligeramente—. Dale a la niña y vámonos de una vez.

Hans aspira con fuerza antes de apretar un beso pequeño en la sien rubia de Vivienne, ella lo imita, besando su mejilla y después extiende sus bracitos hacia Elsa, el bermejo afloja el agarre y permite que la blonda la reciba, no se molesta en mirarlo y se aleja de los rusos sin decir nada más.

—¿Qué estaba pasando allá? —pregunta Merida cuando los blondos llegan a una de las mesas llenas de postres—. Dime por favor que ibas a golpearlo, porque aposté cien coronas a que sí.

—Tú y Hans parecían los padres de Olaf cuando se divorciaron, peleando por la hija delante de la gente jejejejejejejeje— ríe Punzie antes de alejarse con las manos llenas de cupcakes.

—Yo te daría la custodia a ti, Elsie— le dice Eugene, la aludida se gira hacia él lentamente.

—Tú ni siquiera me hables— la apunta—, no sé cómo te atreves a hacer ese tipo de comentarios cuando colaboraste para que ese inútil me llevara con él— Merida y Kristoff clavan los ojos en el moreno—. Agradece que estamos en el brunch de la boda de mi hermano porque te juro que te daría una buena tunda a ver si así dejas de andar de alcahuete.

—Ya no estoy entendiendo nada— declara la pelirroja—, ¿en qué ayudó el hippie al ruso neurótico?

—Fitzherbert dijo que iríamos a CVS por aspirinas para Punzie, después la bajó media dormida de la camioneta y me dejó ahí sola para que el inútil de Hans me… ¡me secuestrara!

Merida silba.

—Eso fue demasiado, hasta para ti Fitzherbert.

—Pero me las vas a pagar, zarrapastroso.

El moreno traga saliva y oculta su nerviosismo mordiendo un pastelillo.

—Bueno— dice Merida después de un rato—, todos sabemos que el enojo entre estos dos es momentáneo, estoy segura que todo cambiará cuando te vayas a…

—A Cambridge— la interrumpe Kristoff, lanzándole una mirada elocuente—, va a irse a Cambridge, pero nada va a cambiar porque Els está decidida ¿o no?

La rubia asiente, Eugene se marcha después de engullir un par de pastelillos más bajo las miradas amenazantes de los rubios y la incrédula de Merida. Elsa se gira hacia su prima de inmediato.

—Por poco y te vas de boca con ese imbécil.

—Discúlpame, pero no soy adivina para saber quien sabe y quien no que estás por irte a Moscú— replica la bermeja.

—Solo lo saben mis padres, mis hermanos, tú y Kristoff. No quiero que se lo digas a nadie más, mucho menos a Punzie, a estas alturas considera a ese remedo de director de cine como un esposo que se va a ir de lengua con él y Eugene no va a dudar en ir corriendo a decírselo a Hans.

—Bien, no diré nada alusivo a eso— acepta la escocesa—. Por cierto ¿no vas a hacer una reunión de despedida o algo parecido?

—No, decidí que no.


Hans.

Camina por el pasillo del área de higiene femenino con cara de pocos amigos.

—No puedo creer que no trajeras tampones— masculla Hans al teléfono, deteniéndose frente al estante de toallas femeninas.

Es algo que puede pasarnos a las mujeres en cualquier momento, perdóname la vida— ironiza la castaña.

Estaban en casa del muchacho terminando de empacar para irse a la mañana siguiente cuando su novia decidió que quería tomar un baño, todo marchaba bien hasta que Honeymaren notó que Andrés acababa de llegar a visitarla de sorpresa, no tuvo de otra que ir al supermercado más cercano después de cerciorarse que no había ni un solo tampón en toda la casa.

La cajera le sonríe, orgullosa de su elección mientras pasa el paquete de tampones por la maquina de precios, paga y se dispone a irse, está llegando a su convertible cuando nota que GoGo acompañada de Honey Lemon, llevan sus compras al coche de la última y a pesar de su mal humor, no duda en acercarse para hablar con la asiática.

—Hey, hola— saluda, la diversión en el rostro de GoGo se esfuma al mirarlo, siendo reemplazada por la colera que él no nota en un principio—, no creí encontrarte aquí…

Ella lo interrumpe al abofetearlo con fuerza, Hans la mira con incredulidad.

—¿Qué carajos, Ethel?

—¡¿Qué carajos?! ¡¿eso es lo único que vas a decir?! —ladra—, ¡¿cómo te atreves siquiera a hablarme?!

—¿De qué estás hablando? —pregunta en voz baja al notar que una viejecita se ha detenido a presenciar el enfrentamiento—, no sé de qué vas, pero con esto ya van dos veces que me abofetean en el día.

—Eso y más te mereces— contesta de la misma manera ya que Honey le ha advertido de la espectadora—. Siempre supe que eras un hijo de perra, pero el señor sabe que jamás pensé que llegarías a tanto.

—Si es porque traje a…

—No sabes la de veces que me quedé despierta pensando en cómo era ella— vuelve a interrumpirlo—, pasé todo el verano creyendo que se trataba de la francesa, Esmeralda. ¡Hiciste que odiara a una chica inocente!

—Ya no te estoy entendiendo, haznos un favor a ambos y explícate.

—¡Elsa! ¡hablo de Elsa! —Hans siente la sangre congelársele en las venas—, no me creo que fui tan estúpida, lo tuve frente a mi todo el tiempo y necesité que Hamada se pasara de copas para que me lo contara.

—Creí que habíamos dejado ese tema por la paz— consigue decir—. Además, ya me disculpé contigo y…

—Son unas perras, los dos— declara—. ¡Es la maldita hermana de tu mejor amigo!

—Ya estuvo bueno, cállate de una vez— exclama al ver a otras dos señoras unirse a la primera—, ya te expliqué cómo pasaron las cosas.

—Y cuando pensé que no podías ser más cabrón, traes a esta otra chica… tu nueva novia ¿no? —no lo deja contestar—, la traes y la sientas en la misma mesa que a esa muñeca de plástico. No sé cómo puedes seguir mirando a Roland a los ojos después de cogerte a su hermana.

Hans la toma del brazo con brusquedad, Honey, quien se había mantenido en absoluto silencio, da un paso al frente con porte amenazante.

—Cierra la boca, Ethel— aunque el pánico lo invade, no deja que ella lo note—. Entiendo que estés enojada, pero de nada te va a servir si se lo dices a Roy.

La muchacha deja escapar una carcajada incrédula y se suelta de su agarre.

—Eso es lo único que te importa ¿verdad?, estás tan preocupado de que Roland lo sepa que te da totalmente igual como me sienta al respecto— niega con la cabeza—. Despreocúpate, no voy a decir nada por más que quiera ver a Solberg aplastarte como a un gusano— le entierra las uñas en la parte trasera del cuello para que se incline a su altura y pueda susúrrale al oído—, debo reconocer que Elsa no tiene un pelo de estúpida porque la muy lista me amenazó con contar algo que no vale la pena que se sepa. Tu no vales la pena, Hans Westergaard.

Lo suelta y se aleja de él, hace una seña grosera en dirección de las mujeres mayores antes de meterse en el coche, Honey la sigue después de lanzarle una mirada de asco.

¿Acaso dijo que Elsa la amenazó? ¿a GoGo? ¿Elsa?

No puede evitarlo y se suelta a reír frente a las desconocidas.


Elsa.

Suelta un bostezo mientras camina por el aeropuerto junto a su padre y el discreto equipo de seguridad con el que suele viajar Agnarr, el sentimiento de que solo han pasado cinco segundos y no cinco horas la invadió ni bien bajó del avión, mostrándole el agradable cielo azul de Moscú. La brisa fresca la envuelve.

—Ha habido un ligero cambio de planes— informa su padre en tanto siguen al hombre alto que los ha ido a buscar al aeropuerto.

—¿A qué te refieres? —pregunta cuando llegan a una elegante y espaciosa camioneta, Agnarr sube junto a ella mientras los otros dos suben sus maletas y la pequeña valija de su padre.

—Tu abuelo llamó, dijo que…

—¿Le preguntaste por qué no fue a la boda de Roy?

—Él y tu hermano ya han hablado— contesta, los hombres suben y se ponen en marcha—, como te estaba diciendo, llamó para decirme que tengo que ir a un congreso en Manhattan— la rubia lo mira de inmediato y su padre añade rápidamente—, le dije que me quedaría unos días contigo y después volvería.

Agnarr titubea y Elsa suspira.

—Comprendo si tienes que ir, papá, no te preocupes.

—Es un hecho que asistiré, la cosa es que no vas a quedarte sola. Hace un año que tu abuelo dejó su retiro exprés y volvió a los negocios, se ha estado haciendo cargo de las oficinas que tenemos en Asia.

—¿Qué no estaba en la Bahamas?

—Ahora vive aquí en Moscú.

La blonda abre los ojos con horror al comprender lo que su padre se refiere.

—No, por favor no.

—Sí, vendí el loft. Te mudarás con él a su departamento, es muy espacioso y está perfectamente ubicado, cinco minutos más lejos de cada destino, pero eso ya lo arreglamos.

—Hubiera preferido que me metieras a una escuela militar— replica—, el abuelo Runeard es un dictador.

—No seas exagerada, siempre ha sido más blando con Anna y contigo.

—Lamento decirte, papá, que no puedo recordar si eso es cierto o falso, lo que sí puedo es contar con una mano las veces que lo he visto a lo largo de mi vida.

—Ya habrá tiempo para que se conozcan, además— añade—, tu madre y yo estamos más tranquilos ahora que vas a quedarte tu abuelo.

Elsa se siente tentada a contradecirlo y a tratar de convencerlo, pero sabe que de nada le servirá. Si algo aprendió su padre de Runeard Solberg fue, precisamente, a ser inflexible con sus decisiones.

La camioneta se detiene frente a un elegante edificio media hora después, Elsa baja con desgana y sigue a su padre dentro de éste, los guardias en la entrada los dejan pasar después que el tipo que ha ido por ellos les muestra una tarjeta de identificación.

El botones* sube sus maletas en un carro maletero* para poder subirlas en el ascensor, Agnarr presiona el botón del pent-house y las puertas se cierran.

—Dijiste que vivía en un departamento, jamás mencionaste que era el pent-house.

—En mi defensa diré que estábamos hablando del abuelo Runeard, debiste imaginarlo.

Elsa asiente, de acuerdo con él.

Las puertas se abren, dejándolos salir, la rubia reconoce que es bastante diferente al Hall del edificio, el hombre que lleva sus maletas tira del carro y toca la visiblemente pesada puerta de madera un par de veces hasta que se abre.

El tipo dice algo en ruso que la blonda no entiende y otra voz, que no le es del todo desconocida, contesta de la misma forma.

—Pórtate bien— le susurra Agnarr antes de entrar.

—Me alegra que estés aquí, te ves bien— escucharlo hablar en noruego le resulta más familiar—. ¿Dónde está?

Entiende que se refiere a ella, suspira para no dar más rodeos y entra. Se topa con un hombre tan alto como su padre mismo, solo que él lleva el cabello y la barba pelirrojos bien cortados con pocas canas adornándolos.

—La pequeña Elsie, ven a darle un abrazo a tu abuelo, corazón— lo ojos azules de Runeard son amables. ¿Siempre fue tan pálido?

—Hola— saluda antes de rodearlo por varios segundos.

—Que bueno que hayas llegado— dice, haciéndolos pasar. La blonda reconoce que quien decoró el pent-house tiene buen gusto—, verás que te va a gustar vivir conmigo.

Elsa se obliga a darle una sonrisa pequeña.

"Maldita suerte la mía".


ACLARACIONES:

Brunch: es el evento posterior a la boda, puede ser un desayuno o una tarde relajada.

Runeard ya llegó para unirse a la fiesta.

Botones: o porteros.

Carro maletero: no sé como los conozcan ustedes, pero los usan para cargar las maletas en los hoteles de lujo.


Aquí les traigo la actualización para que luego no digan que Harry Jade Hale es una perra desconsiderada… ok no.

Lo de la pelea entre el Helsa es justa y necesaria, ya saben que siempre tengo un motivo para que estos dos se agarren de las greñas como decimos en México.

Elsie ya llegó a Rusia, lo que tanto querían (me incluyo) y ahora sí papacitos y mamacitas, ahora sí se viene más acción.

¿Quieren spoilers? ¿quieren un adelanto? ¡yo sé que sí! aquí se los dejo: ¡se unen personajes nuevos al reparto de esta historia en el siguiente capítulo!... además del abuelo de Elsa claro está, hagan sus conclusiones.

Van a pensar que soy una pesada, pero la verdad me gusta ver a mi copo de nieve y al zanahorio peleándose los niños hehehehehehehehe.

Cualquier error ortográfico lo corrijo después.

Pues nada, espero leerlos.

Entonces qué… ¿Review? ¿No? Ok

Harry.