—Creo que me está gustando él… y no sé qué hacer con esto ya que no está bien.
Sintió las manos de Leo sobre sus hombros tensarse por un instante. Se mordió el labio después de confesar aquello y una lágrima convicta se deslizó por su mejilla sin detenerse ni pararse a pensar en la situación. Yuri notó que al liberar aquella verdad que llevaba días negándola, su pecho se aliviaba de cierta forma, sin embargo a la par de ese sentimiento, su parte racional, su parte rusa educada de forma disciplinada y dura le gritaba que estaba siendo un idiota al decir aquello que no debía sentir, que era algo inimaginable que debía tachar de una buena vez. Estaba tan confundido que un leve mareo llegó a su cabeza quitándole algo de fuerzas, pero gracias al agarre de Leo no cayó como un costal de papas al suelo.
—Yuri… —habló Leo finalmente después de fríos segundos que le quitaban el aire al nombrado—. ¿Por qué piensas eso? —preguntó, con la voz notablemente apaciguada, como si le estuviera dirigiendo la palabra a un niño indefenso.
—Porque… —se mordió más el labio ante esa pregunta, para su gusto muy difícil de contestar pues figuraba liberase de todos sus apenamientos y sentimientos acerca de Otabek y eso lo aterraba.
No quería hacer real lo que surcaba en su pecho, ya que si lo decía no existiría marcha atrás… Las palabras quedarían marcadas en el aire dejándolo completamente indefenso; mucho más de lo que ya se sentía.
—Yuri —Leo buscó la mirada pérdida del menor, pero no logró hacer conexión pues Yuri estaba navegando en sus pensamientos que realmente no veía nada que enfocaran sus ojos.
Otra lágrima rodó por su moflete avergonzado, mostrando más de su miedo que provocaba en él un fuerte nudo en su estómago como en la garganta.
—Leo —una voz pequeña y ajena a ellos dos visitó los oídos de ambos atrayendo la atención de estos. Guang salía de una habitación vestido con un pijama limón y miraba tímidamente a los presentes.
Yuri al ver al muchacho sintió un balde de agua fría en su cuerpo al percatarse de todo lo que había soltado en medio de su desesperación por comprender su malestar. De forma rápida y algo brusca se separó de Leo cayendo sentado en el sofá que anteriormente tomó asiento y se enjuagó sus estúpidas lágrimas que parecían no querer detenerse con nada.
—L-Lo siento, no sabía que había visita —dijo Guang sonrojado hasta las orejas y viendo a Yuri con algo de temor se metió nuevamente a la habitación cerrando la puerta.
Leo ante eso pareció que no supo dónde tirar ya que miró alternadamente a Yuri y a la puerta quizás debatiéndose a donde ir. Después de unos instantes, Leo terminó por quedarse en el salón dirigiendo sus dormilones ojos a Yuri, quien seguía secándose más lágrimas que salían sin piedad avergonzándolo más. Odiaba llorar frente a alguien, pues pensaba que era una muestra de debilidad y él no quería ser débil.
—Yu… —Leo no pudo acabar, pues el ruso se levantó del asiento con una cara aparentemente enojada.
—Olvida todo lo que dije… ¡No lo oíste! —rugió arrepentido por todo, no entendía por qué le conto eso a Leo, el cual era amigo de Otabek y de seguro iba a contarle todo a este último—… No es cierto… olvida toda esta mierda —añadió dispuesto a irse para llegar al exterior y enterrar su cara a la nieve por la vergüenza, sin embargo, leo tenía otros planes, pues lo sujetó de la muñeca no dejando que marchara.
—No te vayas, por favor déjame ayudarte —dijo Leo haciendo sonar su voz amable. Yuri miró insistentemente la puerta de salida deseando estar ya cerca de ella—. Yuri.
—No… —respondió sin voltear a verlo—. No… tú eres amigo de Beka, por eso no puedo…
—No le diré nada a Otabek —anunció el mayor agravando su voz envolviéndola en seguridad. Esas palabras lo relajaron un poco, aunque aún así las ganas de marcharse seguían presentes—. Te lo juro, él no sabrá nada de esto.
Dejó de hacer fuerza y Leo lo soltó lentamente para así permanecer los dos en silencio. Yuri miró el suelo notando su corazón tan acelerado que temió sufrir un infarto, pero a pesar de eso, del nerviosismo y del miedo que tenía a las palabras, habló con voz muy empequeñecida.
—¿Cómo sé que puedo confiar en ti?... —inquirió para después apretar sus labios en una línea que palideció a los segundos su piel.
—Porque somos amigos, Yuri. Lo amigos jamás se traicionan, y estoy prometiéndote no contar nada de esto a nadie, absolutamente a nadie —habló muy serio y seguro Leo.
Y con eso, al fin, después de muchos minutos, Yuri se atrevió a levantar su magnífica mirada verdosa al contrario. Sus ojos cristalizados denotaban tanta tristeza y dudas que si llegaba a mirarse a un espejo no podría reconocerse, parecía una persona completamente distinta. La seguridad natural que poseía Yuri se había esfumado, desaparecido como una gota de lluvia en el mar.
—Déjame escucharte, ¿Sí? Dicen que soy buen consejero, y quiero serlo para ti también —lo incentivó el moreno con una sonrisa que denotaba amabilidad como sinceridad.
Yuri aún no convencido pero ya cansado de estar batallando solo con lo que albergaba su pecho y con lo que le decía la su mente, asintió sintiendo una fuerte presión en sus hombros.
Volvieron a sentarse en los sofás donde antes estaban, sin embargo Leo esta vez corrió un poco el suyo en dirección a Yuri. Este último sin molestarse por eso miró hacia la puerta donde despareció la pareja de Leo y volvió a mostrarse muy inseguro. No quería que nadie más lo escuchara.
—No te preocupes por Guang, debe estar estudiando —Leo interrumpió sus inseguridades con una sonrisa—. Te escucho. Dime lo que quieras.
—Hum… —Yuri juntó sus propias manos entrelazando sus dedos para comenzar a apretar cada uno en busca de palabras.
¿Cómo iba a comenzar? ¿Qué iba a decir? No lo tenía claro… ¿Qué le quería contar a Leo? ¿Qué quería escuchar de él?
Sitiándose nuevamente ahogado y avergonzado, bajó la mirada logrando así tapar su expresión de desorden con su cabellera dorada. ¿Por qué estaba confiando en Leo? Escasamente lo conocía y no sabía si iba a cumplir su promesa o no.
"Porque somos amigos, Yuri. Lo amigos jamás se traicionan", recordó las palabras de Leo y eso no hizo más que desmoralizarlo más.
"Yo ahora mismo estoy traicionando a Beka por lo que siento…", caviló angustiado, pensando en que Otabek no merecía alguien así a su lado. El kazajo le había dado la confianza, le había mostrado parte de su vida y él estaba traicionándolo con sus estúpidos sentimientos confusos. No quería decepcionar la amistad de Otabek. No quería que él lo llegara a ver con horror.
—Yuri, ¿Estás aquí?
Leo pasó una mano frente a los ojos de Yuri, este último con eso reaccionó y se reincorporó en el sofá de forma inmediata para juntar sus ojos con los del mayor. ¿Cuánto tiempo se había quedado ensimismado en su mente? Con todo lo que pensaba le era fácil perder la percepción del tiempo.
—No sé qué decirte… —exteriorizó encogiéndose de hombros.
Leo solo asintió con una sonrisa.
—Veamos… —llevó una mano a su mentón mostrándose pensativo—. Dime por qué crees eso. ¿Algo que ocurrió te llevó a esa conclusión?
Yuri recordando la noche en la que despertó con una erección y que con solo la imagen de Otabek y el recuerdo de su perfume se pudo liberar, se sonrojó de manera violenta para terminar escondiendo nuevamente su rostro entre sus mechones rubios. Todo había sido culpa de ese hecho, por eso había comenzado a preguntarse lo que de verdad sentía por amigo.
—Yuri.
—Eh… —tomó una postura más erguida en el sofá. Posando sus manos inquietas en sus muslos desvió su rostro ruborizado a la derecha tratando de encontrar algo para distraerse o calmarse.
No podía confesar eso, era muy vergonzoso para él. No quería ni imaginar que cara pondría Leo al escucharlo, por eso trató de formular una mentira en escasos segundos, pero no logró nada. Parecía que su cerebro se había saturado.
—Hum… por lo normal —soltó nada convencido, pues sus palabras sonaron más a pregunta que a una afirmación.
—¿Lo normal? —Leo alzó una ceja.
Yuri tragó en seco, ¿De verdad tenía que decirlo? ¿Simplemente no podía empezar a hablar de algo, darle un consejo y ya? Odiaba hablar con los demás. Más rojo que el mismo color, se remojó los labios estando alterado y apretó sus manos en sus piernas.
—Yo… bueno, yo me… —era tan difícil confesar eso, sentía que iba a morir—… yo me… mas… huh… me mast… —empalideció no pudiendo acabar. La mirada atenta de Leo lo aterró más, por lo que avergonzado se levantó del sofá percibiendo como su cara dolía por su rubor—. ¡No puedo hacer esta mierda! ¡Me largo! —chilló, sin embargo no se movió ningún centímetro del lugar.
—Tranquilo, Yuri —Leo le sonrió de forma amable, tranquilizándolo un poco—. No te estoy apurando en nada.
—Ya… —suspiró encontrando un poco de calma. Pensó más fríamente en lo que decir y se dio cuenta que no era necesario confesar eso, solo debía hablar de lo que se hospedaba en su pecho—. Yo… Yo pienso eso ya que cuando habló con él —se llevó su diestra en hasta su pecho—, mi corazón se agita muy fuerte, también me pongo idiota a su lado y termino diciendo y haciendo muchas estupideces… más de lo normal —confesó.
Leo asintió tomando enserio sus palabras, ante tal atención se sintió un poco más seguro, se veía que Leo no iba a reírse de sus estúpido y misterioso sentir.
—Pero esto está mal… ya sabes, a mí siempre me han gustado las mujeres y he tenido novias, además jamás me he fijado en algún hombre… y, y sumando más cosas, Otabek es mi amigo, es mi primer amigo y no puedo traicionarlo de esta forma, no puedo cagar la amistad que hemos formado… —prosiguió Yuri desesperado, imaginándose la cara de decepción de Otabek si se enteraba de todo—. No entiendo del todo esto que siento, pero sí sé que hay mucho miedo ya que existe una posibilidad alta de que sí me guste.
Enmudeció con esas palabras dándose cuenta que estaba comenzando a hablar sinceramente a alguien que no era ni su abuelo ni Otabek, se asustó un poco por eso pero de cierta manera Leo le brindaba un gran confianza.
—Entiendo —dijo Leo después de unos instantes, Yuri ante su voz tan repentina contuvo el aire temiendo en lo que dijera—. ¿Antes de él no habías tenido otras amistades?
Yuri negó con la cabeza no siendo capaz de hablar, pero se forzó en modular.
—Beka es el primero… antes siempre permanecía alejado de todos por ciertos motivos…
—Pero tuviste novias.
—Bueno, sí —afirmó Yuri llevándose su mano al cuello, este estaba realmente tenso—. Normalmente eran ellas las que se me acercaban, pero siempre todo terminaba al poco tiempo y mal —dijo recordando con cierta pesadez el motivo por el cual lo cortaban.
—Yuri —Leo se remojó un poco los labios para juego lanzar un pequeño suspiro—. Siento que es normal que estés sintiendo todo esto tan confuso, después de todo Ota es tu primer amigo y además se han hecho muy cercanos en poco tiempo… ¿Te sientes mal en no tener contacto diario con él?
Yuri asintió.
—Yo también me sentía así cuando lo conocí —confesó Leo con una sonrisa y Yuri se quedó más tenso de lo que ya estaba.
—¿Te gustó, Beka? —preguntó sorprendido.
Leo ante esa pregunta lo miró con sorpresa para luego reír y negar de forma inmediata.
—No —rio echando su cabello para atrás—. Me refiero a que yo igual me siento mal cuando no tengo contacto con Ota por días, veras, él ha sido un buen amigo conmigo que ya es alguien realmente importante en mi vida… a lo que quiero llegar es que Otabek produce este sentimiento confuso en todas las personas con las que habla, puedes hasta preguntarle a JJ, él también se siente triste cuando Otabek no está.
Yuri al acordar a ese sujeto puso una mala cara.
—¿Qué quieres decir?, no te estoy entendiendo —habló Yuri más confuso que antes.
—Me refiero a que Otabek es una persona muy confiable que se hace parte de tu vida fácilmente, puedo entender que lo extrañes y que por eso, quizás… estés sintiendo todas estas cosas tan extrañas para ti, pero no debes comerte la cabeza con todo. Verás Yuri, estás en una etapa de la vida donde descubres nuevas cosas y empiezas a ver el mundo de forma distinta, estás saliendo del cascaron… por eso no debes tenerle miedo a lo que sientes.
»Cada sentir de esta vida, sea bueno o malo es algo magnifico y no debes limitarte a quedarte atrás. Sé que estas muy confundido, lo puedo ver en tu rostro, y no soy nadie para decirte lo que debes hacer, sin embargo, te puedo aconsejar en que despejes tu mente este tiempo y que enfrentes todo cuando Otabek vuelva, estoy seguro que con él cerca podrás aclarar más lo que sientes, sí de verdad te gusta o que solamente se ha hecho un amigo tan importante en tu vida que te provoca malestar cuando no está. Hay amistades muy fuertes que no pueden vivir sin el otro.
—Hablas como un anciano —comentó Yuri, tratando de ordenar todo lo que Leo le había dicho.
—Puede ser… —Leo se rio, para luego volver a sonreír—. Solo deja pasar el tiempo. Sé que no podrás descubrir tu verdadero sentir ahora ya que el causante de todo está lejos, pero cuando sea el momento apropiado déjate llevar, no reprimas lo que puedas llegar a sentir por miedo… Sé que sí las cosas no resultan como tú quieres y resulta que Otabek te… gusta, este llegará a entender todo, él no se alejará de ti por algo así. Eres importante para él.
Se sonrojó más a la vez que se sentía indefenso y pequeño. Le era difícil escuchar de otra boca que él era importante para Otabek.
—Siento que hablas muy confuso… —se quejó Yuri.
—Lo siento —Leo transportó una mano a su cabeza—. Quiero decirte más cosas pero no es el momento y estoy haciendo lo posible para no confundirte más.
—¿Qué cosas? —preguntó Yuri, elevando sus cejas a la vez que se cruzaba de brazos.
—Ya lo sabrás. Cuando tengas todo claro vuelve a hablar conmigo y te podré aconsejar mejor.
—No sé si vuelva a hablar contigo de esto, me haces sentir que habló con mi abuelo —soltó Yuri y sin querer aflojó un poco el ambiente.
—Crecí rodeado de muchos abuelitos, también iba a acompañar a varios en los asilos… quizás por eso habló de esta forma —exteriorizó Leo haciendo pensar a Yuri que este tipo quizás también le llegaría a caer bien a su familiar Nikolai.
Permanecieron en silencio por unos minutos, estaba vez no era un mutismo incomodo, era más ligero ya que el pecho de Yuri se sentía de cierta forma más aliviado por haber revelado lo que lo atormentaba y por haber escuchado las palabras calmantes de su contrario.
—Entonces… ¿Solo debo esperar y no comerme la cabeza con todo, ya que puedo estar confundido? —preguntó Yuri de forma tímida tratando de agarrar el punto importante de esa charla.
—Así es, ya todo se verá después, cuando llegue Otabek podrás ponerle nombre a tus sentimientos, quizás sea solo una amistad muy fuerte, admiración y en otro caso que te guste… —Leo al ver la cara de pánico de Yuri se apresuró en proseguir—, pero lo importante es que estés relajado y que lleves tu vida normal, de apoco, lentamente iras viendo que es lo que realmente te sucede. Y sea el resultado que sea no te asustes, todo se resuelva hablando las cosas.
—¿Cómo te diste cuenta de que eres… ya sabes? —preguntó Yuri algo incómodo.
—¿Homosexual? —completo Leo sin dejar de sonreír.
Yuri movió su cabeza de forma positiva poseyendo sus mofletes escarlatas.
—Siempre lo supe —confesó muy relajadamente dejando a Yuri sin palabras al verlo tan sereno mientras hablaba algo tan duro para él—. Las mujeres nunca me llamaron la atención, a pesar de que ellas sí intentaban algo conmigo.
—Ya veo, ¿Te fue fácil asumirlo entonces?
Leo negó con la cabeza mostrando por un segundo un poco de tristeza en el rostro.
—Nunca es fácil Yuri, no si tienes una familia homofóbica, pero ¿Sabes? Al fin de cuentas todo se termina aceptando sí tú aceptas primero lo que sientes… Así las cosas son más fáciles ya que te reconoces tú mismo. Después de todo no es nada malo amar a otra persona y no debería ser tan mal visto.
Asintió a sus palabras y permaneció mudo, sentía que había tocado algo sensible para Leo y no quería hacerlo incomodar más.
—¿Ahora sí quieres un té? Es de china —ofreció Leo volviendo a sonreír y Yuri sin querer negarse más ya que había recibido bastante ayuda de Leo, asintió respirando más relajado.
Definitivamente haber hablado con él fue tranquilizante y planeaba seguir su consejo.
Salió de la casa de Leo cerca de las diez de la mañana, se había quedado más tiempo de lo planeado ya que Leo lo animó a probar algunos dulces chinos que tenían en el lugar y que le gustaron mucho. En ese periodo de tiempo también habló con Guang que salió de la habitación de forma tímida y aprovechando su estadía ahí también se disculpó con él por su mal comportamiento. No fue fácil soltar nuevamente esas palabras, pero sabía que debía decírselas también al novio de Leo, el cual aceptó de buena manera sus disculpas.
Cuando ya estuvo en la calle se comenzó a dar una vueltas para tratar de despejar su mente como le había dicho Leo, no sacaba nada carcomerse su sentir ni su cabeza si no tenía nada claro. Había decidió esperar a Otabek para poder definir de una buena vez lo que realmente sentía por él.
—Solo espero que solamente este confundido… no quiero arruinar nuestra amistad —susurró deteniéndose al sentir su móvil vibrar en su bolsillo.
Curioso vio la notificación viendo un mensaje de Yuuri, quien le decía que podía ir a su casa a jugar videoconsolas. Sin tener mucho ánimos de eso, ya que tenía el deseo de tirarse en su cama y dormir por el resto del día, le respondió un "No puedo hoy" a Katsuki para luego guardar su móvil queriendo irse ya a casa, sin embargo a los segundos le volvió a vibrar el móvil y un poco hastiado lo volvió a ver sabiendo de quien se trataba.
«Oh, lo entiendo, bueno cuando puedas puedes venir… eres bienvenido»
Hizo una mueca es su rostro al leer ese pequeño mensaje, no pudo evitar sentir algo de pena por su compañero ya que según recordaba, Yuuri estaba emocionado de que fuera a su casa a jugar. Suspiró para después lanzar un gruñido de frustración, la lastima no lo iba a convencer, sin embargo al ver nuevamente el mensaje, marcó rápido en su pantalla.
«Que molesto eres… agh, ya voy, pero ten algo para comer»
Enojado por haber sido débil con Yuuri se dio la vuelta para dirigirse a la casa de su molesto compañero. Quizás jugando un par de horas con otra persona iba a sentirse mejor.
Llegó a casa de Katsuki en menos de media hora. La madre de su compañero lo recibió encantada y le dijo que podía pasar al cuarto de Yuuri sin problemas.
Yuri sintiéndose algo extraño por la alegría de aquella mujer, le dio las gracias y subió las escaleras para terminar entrando en el cuarto de Katsuki sin llamar. Al ver a Yuuri en el teléfono carraspeo la garganta llamando su atención y el japonés se sorprendió al verlo en el lugar.
—Oh… nada —dijo Katsuki al teléfono hablando con quien sabe Dios—. Sí, ya llegó —sonrió—… Yo también, adiós.
Cortó la llamada para acercarse después a Yuri quien lo veía aburrido bajo el marco de la puerta.
—Ya estoy aquí —dijo cruzándose de brazos.
—Me alegro… lo siento, estaba hablando con un amigo… pero pasa —Yuuri se hizo a un lado para dejarlo entrar. Yuri fue de inmediato a sentarse a la cama.
—No sabía que tenías amigos —comentó Yuri mirando el lugar que estaba igual a la última vez.
—Sí… tengo unos poquitos —dijo Katsuki sonriendo tímidamente, cosa que hizo sofocar un poco a Yuri.
Plisetsky ya quería que Yuuri se mostrara menos tímido.
—Entonces… ¿Juguemos? —inquirió Katsuki al parecer sin saber que más decir.
Asintió mirando la consola de su amigo en una esquina, ya deseaba probar todo lo que tenía Yuuri para divertirse, sin embargo antes de que alguno se moviera alguien llegó a la habitación de Katsuki dejando un poco tenso al ruso.
—Yuuri, les traje refrescos y algo para comer —dijo Yuko entrando a la habitación con una sonrisa—. Oh, qué bueno es verte nuevamente —habló animadamente dirigiéndose a Yuri, el cual apretó su mandíbula al verla.
Con todo lo que había tenido en su mente estos días se había olvidado por completo de ella, por lo que nuevamente sintió ese pequeño remezón en su corazón.
"Mierda", pensó a la vez que asentía recibiendo el saludo de Yuko sin poder hablar por lo nervioso que se puso. "Sigue siendo tan linda"
Sin embargo, a pesar de ese pensamiento, la imagen de Otabek llegó rápido a su cabeza dejándolo descolocado y más enredado que antes.
.
.
.
~(***)~
¡Hola!
Quiero agradecer el apoyo en la historia, quisiera abrazar a todos.
Los quiero uwu
Bye!
De verdad lamento mucho este inesperado Hiatus.
