-Esto eso circulo de la superación...- la joven señalaba tres círculos transmutados con alquimia en el suelo -Esto es su entorno...- señaló el circulo exterior -Estos sos sus enemigos- apoyó su espada en el segundo círculo -Y este circulo, son ustedes- caminó hacia el circulo central -Aquí, aprenderán a...-
-¿¡De que rayos estas hablando, Gia!?- la interrumpió su prima, molesta -¡No puedo creer que Dante y tu!- señaló a los nombrados -¡Hagan esta estupidez!-
Ellos la miraron ofendidos y el hechicero, asintió, en total acuerdo a lo que dijo su mejor amiga.
-¡Nosotros no hacemos estupideces!-
Reclamó ofendida y tocando su pecho.
-Si, lo hacen. Esto es una prueba concreta de eso- se acercó a ella -Sabes bien, que la teoría de los círculos de superación, formulada por tu padre y mi padre- mencionó avergonzada -No funciona-
-Si funciona, mi padre me entrenó bien con esa teoría- pensó un momento -Bueno, en parte...-
-No mientas- mencionó apuntándola -La única que nos entrenó bien, fue la abuela Izumi... Aún recuerdo cuanto sufrimos ese verano-
Miró al hechicero y al alquimista que asintieron con terror. Ellos también habían experimentado los métodos de enseñanza de la abuela Izumi.
-La abuela es una sádica- dijo su amigo y miró alrededor, como si ella fuera a aparecer si lo escuchaba -Cada vez que la veo, siento terror-
-Tendría que haber escuchado a mi padre, cuando me advirtió del peligro que corría al ir a su casa ese verano- el alquimista cubrío sus ojos, temblando -Aún tengo pesadillas por sus métodos de enseñanza-
-No te atrevas a cuestionar los métodos de enseñanza de la abuela- lo apuntó su amiga con su espada -Te creía más hombre- acotó burlona.
-Me avergüenzas, amigo- la otra muchacha se burló del hechicero -No sigas buscando a la abuela... Ella no aparecerá para darte una tunda- terminó en el mismo tono -¿Si, Eyra?-
La alquimista había levantado la mano para preguntar algo. Esos cuatro juntos, a veces olvidaban que había mas personas presentes en el barco.
-Tengo dos preguntas- levantó dos dedos -La primera, ¿Ustedes acaso son primos o algo?- señaló a los jóvenes -Porque cada vez que hablan de sus padres, usan la palabra tío o tía antes del nombre y ahora, hablan de una abuela-
-De hecho, no- respondió el ojiazul -Nuestros padres son amigos desde muy jóvenes y a su vez, son muy unidos- abrazó a su amigo por los hombros -Ellos siempre están en contacto a pesar de vivir a kilómetros, ¿No es verdad, Dante?-
-Si, el tío Orphen, el padre de Seth, es mi padrino, al igual que mi padre de él- señaló al susodicho a su lado -Por eso los llamamos tíos. Somos como una familia sin serlo- aclaró la duda de la joven -¿Cuál era la otra pregunta?-
-¿Por qué Ciro está inconsciente?-
Señaló al capitán del navío a un costado del grupo.
-Yo puedo contestarte eso- indicó su hermana acercándose al sujeto y apartandolo con el pie, como si fuera algo desagradable -Se puso histérico, cuando vio lo que Dante le había hecho al barco y tuve que noquearlo- chocó su puño contra la palma de su mano -Dijo algo como, ¡Me quiero volver chango, mi barco!- arremeda imitándolo y causando gracia en todos los presentes -Tirándose el cabello con fuerza, como un loco y tuve que golpearlo. Si seguía haciéndolo, iba a quedar calvo- se excusó haciéndose la inocente.
-¡Ivette!- reclamó su hermana avergonzaba, por lo que había hecho -¡Es el capitán de la nave! ¿¡Qué pasara si te expulsa del barco cuando despierte!? ¡Te recuerdo que estas embarazada!- puntualizó molesta -¡Intenta no hacer más enemigos de los que ya tienes!-
-No lo hará, lo golpee por detrás- tomó un garrote entre sus manos mirándolo con orgullo -Sé que es un método un poco medieval, pero no quería escucharlo- palmeo el objeto contra su mano -Además, no sé de que te quejas...- levantó sus hombros, indiferente -Mira lo que le hiciste a Tristán- señaló un crucificado ladrón en la cofa del barco -Aún no comprendo como lo subiste hasta allá-
-No te lo diré...- lo miró con odio. Él tenía una manzana en su boca y estaba atado en la cofa, mirándola igual -Eso le enseñara a no robar mi comida, nunca más- volteó hacia la novia de su víctima -Lo siento, amiga-
-No te preocupes- sonrió sincera -Es por todos conocidos, que nadie puede tocar tu comida-
-No entiendo...- acotó el cazador señalando a la rubia y al ladrón -Es tu novio, ¿No se supone que tienes que ayudarlo?- ella negó -¿Por qué?-
Miró a su hermana que picaba con un dedo al capitán de la nave.
-Porque son hombres- contestó está, haciendo la misma acción que antes -Te puedo asegurar, que si fuera al revés, nadie nos ayudaría-
-¿A qué te refieres?- indagó el vidente junto a ella, colocando una almohada en la cabeza de su capitán -Nosotros las hemos ayudado-
-Mejor no entremos en detalle- se incorporó mirando al cazador subir hasta cofa, para bajar al ladrón -Lo único que te diré, es que lo sabemos por experiencia propia, ya que nadie quiere ayudar a una bruja blanca-
La alquimista del grupo, se removió incómoda. Todos sabían a que se refería. Aunque ya lo había superado, aún le incomodaba recordarlo.
-Bien- aplaudió para llamar la atención y salvar a su mejor amiga de la incomodidad -¿Cómo entrenáremos, chicos?- habló a los mas jóvenes de la tripulación -Ya que Ciro, no quiere que usemos la magia o la alquimia aquí-
Ellos se miraron lo unos a los otros, sin respuesta. Un rugido de dragón desde las alturas, los hizo mirar a todos hacía arriba y ver como el animal, descendía en la popa con dos hombres en su lomo. Esa enorme criatura, había elegido a Horus y Osiris cómo vigías del barco junto a él, desde los cielos, según su ama.
-A unas millas de aquí- bajó el primer oficial de un salto del animal -Hay una pequeña isla- comentó a la tripulación.
-No es muy grande, pero podemos abastecernos de agua dulce y algunas provisiones- secundó su primo.
-¡Perfecto! ¡Marquen el curso! ¡Ratas inmundas!- todos miraron perturbados al capitán. No sabían cuando había despertado -¿Qué?- preguntó hosco, como siempre -Se preguntaran cuando desperté, ¿Verdad?- la tripulación asintió al unisono -Aunque no lo crean...- se balanceo un poco en su lugar -El dragón me despertó- señaló al reptil en la popa.
-¿Cómo?- preguntó sin comprender, la cazadora.
-No lo sé- levantó sus manos y sus hombros -Tan solo, escuche su voz en mi mente-
-Eso es extraño- acotó su hermano con duda, mirandolo -Voy a ayudar bajar a Tristán- miró hacía la cofa donde se encontraban el ladrón y el cazador, este último, no podía deshacer la alquimia que lo rodeaba -Quizás mi magia ayude-
-No me resulta extraño- indicó mirando a su amigo hechicero subir -Ellos descienden de los dragones antiguos, su abuelo era uno de ellos-
-Eso tiene mucho sentido, Dante. Quizás Ciro, puede comunicarse con ellos como lo hace Gia- señaló a su prima, que hablaba con la alquimista y la hechicera, que estaban arriba del dragón -En fin... Preparemonos, ya se ve la isla-
-¡Eres una vergüenza para la naturaleza!-
Exclamó la pequeña cazadora, apuntando con su espada el cuello de su hermano, que la miraba con terror y lleno de heridas. Hacía horas que habían desembarcado y se encontraban entrenando sin parar.
-¡Les dije que sería una mala idea!-
El vidente, se encontraba igual de deplorable que su amigo y todos los demás hombres, que eran parte de la tripulación.
-¡Cállate!- el capitán sostenía su nariz que no dejaba de sangrar -¡Eres un cobarde!- apuntó con su espada hacía la rubia de sus sueños, que lo miraba socarrona -¡Levantate, Tristán!-
Pateó al ladrón que se encontraba a su lado, un tanto desorientado, por el golpe que recibió de su novia.
-Eso les pasa por meterse con nosotras y tratar de enfrentarnos- se burló la vidente que se encontraba encima de la espalda del alquimista y que estaba inconsciente boca abajo -¿Qué pasa, Seth? ¿No dirás nada?-
El nombrado negó temblando y sacudiéndose de forma involuntaria. Había recibido una gran descarga eléctrica, en todo su cuerpo, producto de la magia de la hechicera de la luna. Tanto ella como su hermana, se encontraban aburridas, mirando como dos rubios de grandes ojos verdes, eran suspendidos en el aire por una gran jaula alquimica, desde las rama de un árbol.
-¡Ya es suficiente!- se incorporo furioso, el cazador -¡Su reinado de feminismo acaba hoy! ¡Brujas!- todos los hombres se posicionaron junto a él, apoyándolo y ellas, los observaron arrogantes -¡No me doblegare ante ustedes! ¡Jamás!- exclamó al universo -¡Por la libertad!-
-¡Por la libertad!-
Gritaron todos al unisono, enfrentándose a las muchachas como sino hubiera un mañana. No se detendrían hasta conseguir la victoria.
-¡Eso fue grandioso!- la alquimista del sol, comía pescado con emoción, hablando con sus amigas -¡Muchas gracias por ayudarnos a entrenar, chicas!- ya había anochecido y se encontraban cenando.
-Es cierto, fue muy divertido- apoyó su hermana, sonriendo a las jóvenes, que preparaban la cena -Mañana tenemos que intentarlo de nuevo-
-No fue nada, hacía mucho tiempo que no la pasaba tan bien-
Dijo la cazadora, arrojando pequeños leños a la hoguera y removiendo las barillas donde había pescados incrustados en ellas.
-Por cierto, ¿Cuándo creen que despierten? Llevan inconscientes como unas...- la vidente contó con sus dedos mirando el cielo -Seis horas-
Las muchachas miraron hacía un lado, en donde se encontraban ocho jóvenes, inconscientes con múltiples heridas y moretones en sus cuerpos, producto de la batalla de esa tarde.
-No lo sé, pero por precaución...- sugirió la mayor de ellas y arrojó una soga a su hermana -Ayudame a amarrarlos, Amaia-
-Querrán venganza cuando despierten...- ajustaba tirando la soga con fuerza, apoyando un pie en la cara de su novio -Aunque no lo creo...- hizo un nudo como una experta -Les dimos una buena lección- palmeó la cara del ladrón con violencia.
-Estoy orgullosa de ustedes- acotó la heredera del sol y limpió una lágrima, falsamente -Dimos una buena pelea y salimos ilesas-
-Y eso que ellos nos superaban en numero- sonrió su hermana que masticaba lentamente para no tener nauseas -Son patéticos- limpió su boca con cuidado.
-Chicas... Tengo que decirles que las quiero- mencionó la pequeña alfa y miró a todas con ojos brillosos -Gracias por ser nuestras amigas-
-Las extrañare cuando nos vayamos de aquí- confesó la otra muchacha -Saben, Ivi y yo...- señaló a su prima -No tenemos amigas en nuestra época- la cazadora, asintió -Además de tenernos la una a la otra, ella tiene a Dante y yo tengo a Seth, después, a nadie más-
-Vaya... Eso es muy triste- la rubia se acerco a ambas y las abrazó -Nunca las vamos a olvidar, ¿Verdad, chicas?-
Volteó a ver a sus amigas y hermana. La hechicera, secaba sus ojos con tristeza y la alquimista la abrazaba para consolarla. Por otro lado, su hermana menor, corrió hacía ellas para también abrazarlas.
-Nunca las olvidaremos, lo juro- mencionó con tristeza. Ella nunca lloraba -Al menos, tenemos el consuelo de que las volveremos a ver-
Las otras dos jóvenes, se acercaron y también las abrazaron sin decir nada, no era el momento. Los muchachos, despertaron poco a poco y observaron el abrazo que ellas compartían.
-¡Oigan!- ellas voltearon al escuchar la voz del cazador -Aquí también necesitamos un abrazo-
Sus estados eran deplorables. Las hermosas jovencitas, se acercaron a ellos son caras sardónicas, pero el rugido del dragón puso en alerta a todos, logrando que el vidente, rompiera la soga con un pequeño hechizo.
-Amador, ¿Qué pasa?-
Su ama habló con él que sobrevolaba sobre ellos.
-¿Intrusos?- preguntó también el capitan -Bien, traelas- miró a la cazadora a su lado y ella, asintió -Horus, preparate y creo que tu también, Osiris- se dirigió a los vigías del barco.
-¿Que sucede, capitán?-
Pregunto su primer oficial, pero este no respondio, miraba hacía el firmamento.
-Amador encontró dos cuerpos inconscientes en el otro extremo de la isla- aclaró su duda la cazadora, mirando en la misma dirección -Ustedes son los únicos que saben medicina aquí, al igual que Amaia, preparense- los tres asintieron.
-No puede ser- susurró su prima al tener una visión -Malditos Drag Mata- cerró sus ojos de golpe.
-Ojalá solo fueran los Drag Mata, hermanita- había tenido una visión muy similar a la de ella -También fueron los nigromantes-
-¿Están por aquí?-
Preguntó el hechicero mirando alrededor con chispas de sus manos.
-No lo creo- respondió su amigo -Tu y yo, podríamos sentirlos si están cerca-
-Entonces, ¿Qué fue lo que paso?- la hechicera de la luna se acerco a ellos.
-Atacaron un barco de pasajeros que se dirigía a Amestris, pensando que era el Dragón Negro- respondió él.
-Ahí viene-
Señaló la alquimista al dragón que se veía a lo lejos.
-Denle espacio, chicos-
Todos obedecieron a la joven que se dirigió a su bolso, para extraer medicinas y que su hermana, seguro necesitaría.
La criatura, aterrizo con cuidado y dejo los cuerpos de dos jovencitas, lentamente, en el suelo. Una de ellas, tenía el cabello castaño claro y largo hasta la cintura. La otra, llevaba su cabello negro atado en dos largas trenzas. Ambas estaban heridas, pero al menos, respiraban.
-Manos a la obra, Horus- palmeo sus manos y las frotó con fuerza -Tu ya sabes que hacer, Amaia- indicó el ladrón, enérgico.
La joven se acerco a la hoguera para calentar unas mantas que habían llevado con ellos y un poco de agua, para limpiar las heridas en ellas, mientras sus dos compañeros, las asistían.
-¿Que piensas hacer con ellas, Ciro?-
Cuestino su amigo y el capitán, rasco su nuca, mirando a las dos jóvenes.
-Cuando despierten, serán bienvenidas al Dragón Negro-
