Estaban a las afueras del acuario, habían disfrutado realmente de ver a tantos animales.
Saliendo de la tienda de regalos, estaban el trío de acosadores, pues ha insistencia de los dos menores, China se vio obligado a comprarles algo de la tienda de regalos.
—Tienen suerte que ellos aún estén ahí— dijo el chino entre dientes al ver que la pareja que acosaban aún se encontraba cerca de su perímetro.
—Vamos señor China, debería de relajarse— mencionó Canadá— Este lugar es lindo, ¿por qué no lo visitamos y dejamos de acosarlos por hoy?
—Sonará raro, pero, estoy de acuerdo con Canadá, deberíamos explorar este lugar, es muy, interesante— dijo el ruso con una pequeña sonrisa en su rostro.
China miró bastante molestó a los menores. Odiaba que se estuvieran comportando de una manera tan infantil, creyendo que esto era un viaje turístico.
—Hagan lo que quieran— se alejó de ellos al ver como la pareja de norteamericanos se iba.
—¿Deberíamos seguirlo?— cuestionó el euroasiático a su compañero.
—Non. Nosotros deberías disfrutar lo que queda de día; puede que, si tenemos suerte, el señor China cambie de opinión y decida regresar con nosotros para que se desestrese un poco— respondió el canadiense.
