MARCUS FLINT
OREJAS
Thomas Flint es el mejor ingeniero de caminos de todo Londres y, más por desgracia que por suerte, los gemelos quedaron a su mando como parte de sus trabajos a la comunidad. Esos trabajos, mucho menos nobles que los de Hércules, consisten en limpiar túneles.
Putos túneles.
—Thomas. —Marcus siempre entra pisando fuerte. Fred se pregunta qué clase de psicópata llama a su padre por su nombre de pila. El hombre responde con un cabeceo. George no sabe si es tonto de remate o tan solo poco hablador. Ambos ponen un par de orejas en la conversación que mantienen padre e hijo en susurros.
—Estaba aquí. —Los hermanos alzan el rostro, dudosos de que la intervención sea para ellos—. El día que echasteis a perder el Callejón Diagon.
»¿Es cierto lo que dicen? —Sus palabras son amables, pero a su gesto lo acompaña un deje de acidez que a nadie le parece hacer ni puta gracia.
—¿Qué dicen?
—Que todo fue mentira. Que de algún modo nos encantásteis a todos.
—Es cierto. Más o menos.
La verdad siempre es un poco más compleja.
—¿Cómo?
Los hermanos se miran, pero no encuentran motivo para callar.
—Contaminamos el agua.
—¿Y los periódicos muggles?
—Un decorado falso.
Nadie parece entender la motivación de los dos adolescentes; pero él no es nadie. Él es el puto Marcus Flint y quiere respuestas.
—¿Y por qué?
—¿Y por qué no? —responden al unísono.
—Sois más imbéciles cada año que pasa.
»Me marcho, suerte con estos dos.
