Aquiles estaba desesperado por decir lo menos, había estado registrando las grabaciones del concierto una y otra vez, pero no había nada que le ayudara a saber sobre Pat. Siempre estuvo con la mascara, en todo momento, desde que llegó hasta que salió. Solo había una pequeña fracción de segundo donde se la quitó, pero no bastaba para ver su rostro.
—¿Por qué huiste Pat? —Reprodujo una vez más el video. Consiguió muchos vídeos de parte de sus fans, en ellos se mostraba el momento exacto en el que cantaba para él.
¿Qué le había llevado a cantarle justo a él? No sabia decirlo exactamente, pero mirando al público, sus ojos habían encontrado a un ser tranquilo. Todas gritaban su nombre, reían y cantaban, pero el estuvo ahí, quieto. Solo veía al escenario. A pesar que el rubio no lo miro en algún momento antes de la última canción, lo había visto desde que se subió al escenario.
Era diferente, como una flor amarilla de campo entre un montón de flores blancas. El rubio sentía que podía distinguir sus ojos, incluso si hubiera un mar de ojos parecidos. Después de todo, el amaba esos ojos.
Mismos que su madre decía debía olvidar. Porque su madre, Tetis, seguía diciéndole que podía llegar a ser grande, que ese era su destino. Si embargo a Aquiles, eso no le interesaba, él solo quería a su Pat, su Patroclo. Una vida a su lado era lo único que deseaba, por eso había regresado a la vida con mortales.
Si el alma de Patroclo era mortal, podía ser que reencanara una vez más, entonces pudiera ser que la volviera a encontrar. Desde el principio sabia que las posibilidades eran casi nulas, que habían tantos mortales como granos de arena en la playa, pero eso no lo había desmotivado.
Las moiras aún le querían, al menos eso quería creer él. Porque después de todo, Patroclo estaba ahí, estaba muy seguro de que él estuvo ahí, que casi pudo retenerlo entre sus brazos, casi fue suyo de nuevo. Si sólo Andy no hubiese aparecido, si él no lo hubiera sujetado, Pat estaría con él.
O al menos habría visto su rostro, sabría como lucia y sería más fácil encontrarlo, pero no.
—Aquiles, el director dice que ya debes salir —Justo pensando en el diablo, este apareció. Andy estaba en la puerta del camerino, en una mano sostenía su celular y en la otra el pomo de la puerta, su ceño estaba fruncido. Lo cargaba así desde que amaneció, porque Aquiles se pasó la noche entera viendo los vídeos de su Pat.
—Si, ahora voy —Se levanto de su lugar. Estuvo frente a la computadora viendo el video, uno y otra vez. Cada plano estaba grabado en su retina.
—Ya deberías desistir de eso —Andy sonaba de mal humor, no era para menos. Si su novio, antes le prestaba poca atención, ahora está era inexistente.
Aquiles lo empujó fuera de su camerino, procuro apagar todo antes de salir y una vez fuera, le puso llave. Andy solo respiró hondo, colocó una sonrisa en sus labios y lo tomó del brazo para acompañarlo. El rubio se soltó de este casi al instante, lo último que quería era tener que lidiar con Andy.
—¡Aquiles! ¡Mi muchacho! —El hombre regordete de mejillas sonrojadas, que era el director de la obra de Aquiles, los recibió en la puerta del escenario.
—Jake, un gusto ver que Miami le hace tanto bien a tu rostro —El muchacho sonrió y el otro río jocosamente, su estómago vibró. Detrás del rubio estaba Andy con su sonrisa habitual.
—¡Y aquí estamos con el director de la obra de Aquiles! ¡Jake Steling! —El azabache había encendido su celular comenzando un directo para su Instagram —Recuerden que las audiciones serán pronto —Enfoco al hombre y este sonrió aún más —Saluda a la cámara Jake —
—Hola a todos —Hizo de la mano antes de sacar un pañuelo para limpiarse el sudor —No olviden audicionar, también que pronto habrá otro concierto de Aquiles, el de la voz de los Ángeles —
—Ahora unas palabras de Aquiles, mi novio, el protagonista de la obra. Misma que lleva su nombre —Andy se enfoco a él, río y luego enfoco al rubio. Él miro a la cámara y saludo con la mano, se debía a las fanáticas, no podía hacer un desplante en ese momento. —¿No es lo más hermoso que han visto en su vida? —Se acercó y besó la mejilla de Aquiles, este lo alejó con sutileza.
—Pero vamos a dentro de una vez —Jake los ánimo a entrar —Sin filmar Andy —
—Claro —El chico lo miro y luego a su celular —Disculpen que sea tan corto, pero les mantendré informados de lo que sea. Se despide Andy candy, sigan siendo tan dulces como yo —Guiño un ojo a la cámara, tiro un beso y cerro el directo.
Aquiles no lo espero, solo avanzo por donde indicaba el director. Se estaría familiarizando con el lugar donde trabajarían. La mayoría de los actores ya habían sido elegidos, solo faltaban algunos soldados más. Y por supuesto, faltaba Patroclo, al menos otro más que sirva de reemplazo al actual, en caso de necesitarlo.
O quizá encontrar uno mucho mejor, porque el rubio siempre tenía problemas con los actores de Patroclo. Ninguno cumplía sus espectativas, o su mirada no era muy intensa, o su voz no estaba en el timbre correcto, o era muy alto para el papel. Cualquier excusa parecía molestar al rubio, pero es que el solo quería un Patroclo.
—Las audiciones serán en una semana, toda la próxima semana estaremos oyendo a nuevos chicos. Si encontramos a Patroclo y triunfamos aquí como en Nueva York, en unos meses Europa será nuestro destino —Decía el hombre mientras sus pies le conducirá hacia la parte de atrás del escenario. Habían personas muriendo el lugar, las paredes y reacomodando las cosas que iban sacando de cajas, otros estaban revisando equipos, luces, accesorios.
—Serás una estrella de fama mundial —Agrego Andy tratando de colarse en su brazo una vez más, pero Aquiles lo esquivó. Se dedicó a mirar como habían llegado las armaduras, veía con cautela cada detalle. Era una copia exacta de su antigua armadura, esa que usara Patroclo aquel día, como lo extrañaba.
—Sólo quiero ser la estrella de alguien —Murmuró cerca del traje, suspiro para avanzar a conocer a todas las personas con las que trabajaría ahí.
—Bien, Stanley —Jake llamó a un chico que tenía el cabello castaño tinturado, las raíces comenzaban a notarse de color amarillo —¿Ya conociste tu camerino? —
—Si señor —El chico sonrió, Aquiles solo se mostró serio —Estoy emocionado a pesar de que serán mis últimas presentaciones —
—Claro que si muchacho, serás una gran estrella con tu próxima obra lo aseguro —El hombre le dio unas palmadas en el hombro, el chico observo embelesado a Aquiles. Este le dio una ligera sonrisa, tenía ojos verdes como él y una sonrisa tierna, pero no era lo que el rubio buscaba. Además que su cabello no era natural. —Ahora debes ir a que te retoquen el cabello —
—Por supuesto señor —El muchacho dejo de mirar a Aquiles y asintió, luego otra vez se dirigió al rubio. El hombre se fue a revisar a las demás personas —Ha sido un honor trabajar como tu Patroclo —
—Eres agradable, estoy seguro que te ira bien en otros papeles. Tu voz es hermosa —Halago Aquiles, el chico se sonrojó furiosamente. Andy que aún seguía a lado del rubio, enrojecio también, pero de furia. Al parecer todos eran merecedores de los cumplidos de su novio, de su atención, de su tonta mirada soñadora.
Todos menos él.
—Ve a que te retoquen Stanley —El azabache lo empujo sin delicadeza haciendo que casi caiga al suelo, para su desgracia Aquiles le ayudo a no terminar en el suelo. Le dio una mirada molesta a Andy mientras tomaba al otro muchacho por la cintura.
—Ve a que te arreglen —Sugirió Aquiles, Stanley estaba aún más rojo, pero logró asentir y salió de ahí medio chillando. El chico era un gran fan de Aquiles, era su amor platónico.
Andy sabía que ahora estaba en problemas, aún más que los de hace un momento por interrumpir la investigación de Aquiles.
—Te he dicho que no trates mal a nadie —La voz del rubio sonaba aspera y severa, si esta fuera una cuchilla era casi seguro que el azabache no sobrevivía.
—¿O qué? A ellos si los defiendes, todos parecen importantes para ti. He entregado dos años de mi vida a ti —El azabache estaba al borde de las lágrimas —Hemos vivido los últimos ocho meses juntos, pero eres incapaz de siquiera tocarme. Nunca hay caricias para mi, todos entran en tu corazón menos yo —
Aquiles le dio una fría mirada. Andy esperaba que al menos se llegara a compadecer de él, trataba de que el rubio al menos sintiera algo, sin embargo este parecía de roca cada vez que se trataba de él.
—No todos son más importantes, pero ellos no intentan lastimar a otros para agradarme —El rubio tenía la mirada vacía mientras le hablaba, Andy se llevó una mano al pecho como si le doliera su indiferencia.
—Sólo lo hago porque yo hago todo por esta relación, pero no me das nada desde hace mucho —Comenzó a pasarse las manos por el rostro, limpiaba las lágrimas que empezaban a rodar por sus mejillas.
—Una relación que solo sigue porque tu aún lo quieres, yo he querido terminarla desde hace meses —Aquiles seguía serio, el único que seguía armando una escena era Andy, el paso sus manos por su rostro. Miro al rubio aún con los ojos cristalizados.
—¿Por qué no me amas?
—Porque amo a alguien más Andy.
—¿Qué tiene él que yo no tenga?
—Mi corazón entero.
—Pero el huye de ti y yo no —Reclamó con fuerza, su rostro estaba rojo y mojado por las lágrimas.
—Es porque tenemos que hablarlo, yo se que el me ama. Ve a lavarte el rostro, iré con Jake a revisar los trajes —Intento irse, pero el brazo de Andy lo detuvo.
—No me hagas esto, por favor —Rogó, el rubio se soltó del agarre —Déjame intentar ser lo que quieres —Se abrazo a él —Yo te amo, por favor —
—¡Aquiles! —Jake llamó desde el escenario.
—Te amo, hablaremos después —Andy le dio un rápido beso en los labios —Ve —Lo empujo antes de que Aquiles le diga algo —No me vas a dejar, yo seré Patroclo —Miro su celular —Nunca te encontrará, nunca —Le reprocho a una imagen de un chico con máscara en la pantalla. Pronto la elimino.
—Ya bajo la temperatura —Orión sacudió el termómetro, hace rato que ellos no habían estado expuestos a virus de mortales. Siempre pasaban en la Atlántida, ahí lo que pululaban eran más virus de animales marinos que de mortales.
Belerofonte estornudo y se volvió a esconder entre las cobijas, desde el fin de semana que no había dejado de estornudar. La gripe en sí, no era lo que le estaba matando, le estaba matando su propia cabeza.
Ver a Aquiles una vez más con aquel azabache, saber que sus labios y sonrisas le pertenecían a alguien más, eso sí le hería, quemaba. Miro la pantalla de su celular, para su desgracia Mary antes de saber todo le había dado el Instagram del novio de Aquiles.
AndyCandy
—¿Por qué estás con él? —Le preguntaba a la pantalla y la pegaba a su pecho —¿Ya me olvidaste? ¿En serio eres feliz? —Se hacia las preguntas más tortuosas mientras trataba de respirar.
Orión seguía ahí de pie, aunque el castaño seguía perdido en su mundo, él lo estaba mirando. Suspiro y paso su mano por encima de las mantas que cubrían al otro, trataba de reconfortarlo.
—Orión —Llamo con voz afligida y constipada —¿Seré fácil de olvidar? —
—Deberías preguntárselo a Aquiles —Contesto el rubio, el castaño se quitó las cobijas y le miró fijamente, luego se volvió a esconder.
—No puedo, no resistiría verlo —se hizo una bolita en la cama. —Además, se ve feliz con él —
—O quizá, eso es lo que quieres creer —Orión acaricio la espalda de su hermano por encima de las cobijas —Mejor deja de llenarte la cabeza y duerme —El castaño asintió hecho una bola de mantas, el rubio salió de la habitación.
—¿Aún sigue enfermo? —Pregunto alguien afuera de la habitación.
—Algo —Respondió con tranquilidad el rubio, se dio la vuelta mirando a la pelirroja con una sonrisa ligera —¿Tu hermano no se molestara por verte aquí? —Ella sonrío divertida ante esto.
—Eso es lo que busco —Los dos rieron mientras caminaban por el pasillo —¿Y cómo has estado? —Ella miraba con disimulo el hombro del rubio.
—Muy bien —El solo le sonrió, por supuesto notaba donde estaba la mirada de Artemisa —No me duele, no te preocupes —Ella trago saliva y aparto la mirada.
—Por supuesto que no debe doler, fue hace siglos —Murmuró avanzando a la sala de estar, se sentó en uno de los sofás. Orión solo la siguió con la mirada, se quedó en la puerta mirándole.
—Pero aún te preocupa eso —Artemisa evito mirarlo —Ya te he dicho por mensajes que no me molesta —
—Deberías estarlo —Hablo entre dientes mientras el tomaba asiento en un sofá cercano —Te mate —
—No lo hiciste, ya te lo he dicho —Ella respiro hondo y le miro a los ojos —Era mi territorio, el de mi padre, no podías hacerlo —
—No regresaste, te mate —Repuso, el solo seguía sonriendo.
—No quería que te hicieran nada, no volví por tu bien. También te lo he dicho —Ella bufo.
—Eso solo lo dices para que yo no sienta alguna culpa —Él río mientras ella rodaba los ojos.
—Porque no debes sentirla, en todo caso el culpable es Apolo. Por chismoso, hablador y ser tan feo —El rubio miraba al techo, Artemisa frunció el ceño y resopló.
—Yo no soy chismoso —Una luz resplandecío en el asiento a lado de Orión y pronto estaba sentado ahí el Dios del sol. —Tampoco hablador y mucho menos feo. Yo soy la perfección misma —
—La perfección de un chismoso será —Hablo con fastidio Artemisa mirando a su hermano, Orión solo seguía sonriendo. Apolo solo puso un rostro de indignación total.
—Bien, sabia que él llegaría ¿Qué deseas Apolo? —El hijo de Poseidón le hablo con familiaridad. Apolo aprecio una taza de té de quien sabia donde, quizá de la propia cocina de la casa.
—Tu padre y el mío han hecho un acuerdo, que creo que les interesaría, más que nada a mi pequeño Percy —Bebió de su taza con tranquilidad, Artemisa le vio con los ojos entrecerrados. Que el se este tomando la molestia de venir a decírselos no era bueno. Y peor de la forma en que sus ojos brillaban.
—¿En que has metido a mis sobrinos ahora? —Interrogó la pelirroja a su hermano.
—¿Yo? En nada —Sonrió inocente, ninguno de los presentes le creyó.
—Espero que no sea ningún compromiso o algo así —Soltó Artemisa viendo la reacción de su hermano. Este sonrió aún más y bebió más de su te —¡Apolo! —
—El quiere —Replico, ella parecía más furiosa a cada segundo —Él estará encantado, lo aseguro —
—La última vez que interviniste en la relación de uno de ellos, no salió nada bien —Orión le dio una mala mirada al dios, este trago saliva. Claro que recordaba como salió todo, el como Teseo termino llorando por Hipólito. Una total tragedia meterlo con Hipolita, su matrimonio no fue bien y peor cuando el niño rechazó el amor.
—Pero aseguró que esta ira de maravilla —Dejo la taza en la mesita del centro. Una vez más, ni Orión, ni Artemisa, le creyeron nada de lo que dijo.
—Mi hermano no sabe lo que es un corazón roto y como sea por tu gran relación que el pruebe eso, te aseguro que mis flechas para la eternidad tendrán tu nombre —Apolo solo le sonrío.
—Y el mío también —Aseguro Artemisa, Apolo se quedó sin brillo en ese momento —Y te aseguro que no descansaremos hasta que pagues cada lágrima que derrame el niño —
—Pero... no será mi culpa —Apolo sintió su integridad física en peligro.
—Pero como si lo fuera, lo tomaremos —Dijeron los dos al mismo tiempo, el Dios del sol decidió que era buen momento de irse de ahí.
—Al menos se mantendrá lejos de mi un rato —Artemisa se levanto del sofá donde estaba —Averiguare ese compromiso —
—Mantenme informado —Solicitó el rubio, ella sonrió y asintió antes de desaparecer —Ay Apolo, más vale que mi hermano no llore —Se levanto del sofá en el que estaba y camino hacia la cocina.
—En serio, aléjate Piritoo —Tritón sonaba cada vez más exasperado. Piritoo solo río de su enojo, le gustaba molestarlo, era tan fácil irritarlo.
—Sólo quiero que no comas solo —Si, él se había auto invitado a la mesa del azabache. Sus demás compañeros le observaban desde las otras mesas. —Tu hermano no vino hoy, así que he querido hacerte compañía —Tritón sólo respiro hondo.
Orión le había dicho que no podía matar al pelirrojo, ni a nadie, por muy molestas que fueran las personas, seguían siendo vidas y que no debía terminar con ellas. Y peor dejar en evidencia que era un dios. Así que estaba haciendo uso de toda su paciencia por no matarlo.
—¿Por qué solo comes mariscos? ¿No hay otra cosa que te guste?
—No —Contesto con sequedad, comenzó a comer en silencio. Piritoo lo veía mientras el mismo comía, el azabache le era muy interesante, desde su aspecto, hasta su forma de ser.
—Ya se que eres hijo de Poseidón —Tritón no le presto atención, no lo había negado y tampoco afirmado —Por eso eres tan bueno con los peces ¿verdad? Aunque también te gusta armar cosas. Había sabido que a los hijos del sacudidor de tierras más les gustaba destruir —
—Son falacias —Respondió por inercia, no era la primera vez que oía a alguien decir eso. Cuando la Atlántida estaba aún a flote, le escuchaba a más de uno de los semidioses y los mortales, decir eso. Y la respuesta a él le salía natural, no le gustaba que dijeran esas mentiras de su familia
—Si, eso está visto —El pelirrojo se acercó un poco más a él —¿Te gusta leer de arquitectura? Hylla me ha prestado unos muy buenos, podría enseñartelos —El azabache levanto la vista hacia él, le vio con cautela.
—¿Qué quieres de mi Piritoo? —A el no le gustaba que le dieran muchas vueltas a un solo asunto y sabia que el se traía algo entre manos. Piritoo sonrió mucho.
—Sólo quiero ser tu amigo ¿Por favor? —Suplico —No quiero que estés solo cuando no esté tu hermano, se lo que es estarlo —Tritón no detecto mentira en sus palabras, había investigado al pelirrojo. Su madre había muerto en combate hace un par de años, no tenía hermanos o parientes, tampoco pareja, vivía en un departamento, estudiaba la universidad y trabajaba ahí. Estaba solo en ese mundo.
—No quiero amigos —Hablo con franqueza —No me interesa tener ninguna relación con nadie, de ningún tipo —
—Podemos no tener nada, si eso quieres. Solo, permite que me siente contigo cuando Orión no esté y hacer algunos turnos contigo, prometo no hacerlos todos. Y dejar de acosarte tanto —Lo vio con ojos de cachorro herido. Unos a los que Tritón era inmune, los gemelos los ponían siempre que hacían una travesura, se los conocía bien.
—No, y aléjate de mi —Se levanto con su bandeja lejos de él, Piritoo solo lo dejo marchar con un leve puchero en los labios.
—¿Por qué eres tan difícil? —Se recargo en la mesa a mirarlo.
—Así que ¿No resulto? —Hylla se sentó frente a él, este negó con la cabeza muy decaído —Ya deberías dejarlo, pensé que no buscarías a otro así —Piritoo sonrió mirándole.
—Él es interesante, no puedo no intentar algo con él —Mordió su labio mirando la mesa, su mano acarició con parsimonia su cuello.
—La esclavitud es lo mejor, tenemos lo que a ti te gusta —Piritoo frunció el ceño y dejo de acariciar su cuello —Te aseguro que te encantarán mis hermanas Amazonas —Ella jugo con el sorbete de su bebida.
—No, no sería lo mismo —Dejo de fruncir el ceño —Aunque me alejaría de él, no te niego que suena tentador —
—Es lo mejor Piritoo —Aseguro ella, él solo suspiro.
—Lo pensaré ¿Esta bien? —Ella asintió, el se fue de ahí.
Las horas pasaron con algo de lentitud hasta la hora de cerrar el acuario. Piritoo seguía mirando al azabache, ahora lo hacía con más cuidado. El era un hijo de la guerra, siempre había sabido que la mayor parte de las veces quien ganaba era el más fuerte de la selva, ya fuera la Natural o la de cemento. Pero también sabia que las estrategias no podían faltar.
Así que debía encontrar una con la cual acercarse a Tritón, ese lindo azabache gruñón que por alguna razón le hacía cosquillear la piel. Hace mucho que el pelirrojo no sentía eso.
—Adiós Piritoo —Se despedía Ana cuando salieron. Él le hizo de la mano, miro atrás y notó que Tritón caminaba despacio.
—Adiós Tritón —Sacudió la mano despidiéndose de él, el azabache se detuvo, le vio de reojo. Piritoo estaba seguro que maldijo antes de hacerle de la mano.
—Por fin saliste —Una mano atrapó sostuvo con fuerza el cabello del pelirrojo haciendo que suelte un gemido de dolor —Tan encantador como de costumbre ¿Por qué te has cortado el cabello? —
—¡Sueltame! —Se removió y se liberó de aquel que lo tuviera, le dio una mirada algo aterrada a quien estaba ahora de frente a el. —Vete o llamaré a la policía, tienes una orden de restricción —
—Eso es solo dentro del establecimiento, estamos afuera —Tomo a Piritoo del brazo con fuerza, haciendo que de un grito ahogado de dolor.
—Que me dejes, tu y yo no somos nada —Pateo la pierna del tipo, pero este resistió el golpe y no lo soltó.
—Te daré lo que te gusta —Sonrió de lado antes de soltar un golpe contra el rostro del pelirrojo y mandarlo al suelo. Era más grande y más fuerte que él, como si se hubiese comido todas las pastillas de esteroides que venían en un frasco —Te atare y chillaras, te va a encantar —
—¡No! ¡Déjame, sueltame! —Piritoo se estaba desesperando, su brazo y su mejilla ardían, por la fricción, la hinchazón iba en aumento. El hombre pateó su estómago sacando todo el aire que tenía, solo salió una exhalación de sus labios. El tipo río.
—Yo no le veo lo gracioso —Susurro una voz a sus espaldas. Piritoo alzo la mirada, todo estaba un poco borroso, de un momento a otro el tipo estaba en el suelo caído y lastimado —Y no te vuelvas a acercar a él —
—Tritón —Logro decir mientras aún trataba de recuperar el aliento.
—Tsk —Hizo un sonido con la lengua, se agachó y le ayudó a poner de pie —Te falta entrenamiento —Piritoo le sonrió levemente, él había regresado a ayudarle. Acababa de golpear a un tipo por él, por salvarlo. —¿Crees poder ir solo a tu casa? —El pelirrojo aún estaba mareado, así que negó con la cabeza. Tritón resopló —Bien, iremos a la mía, hay que curarte esas heridas —
Ser la damisela en apuros, no fue la estrategia planificada, ni creía que contara como una, pero estaba resultando. Tritón lo ayudó a subir al auto, le puso el cinturón de seguridad con cuidado, fue gentil, lo que solo le encantó más a Piritoo. Después fue al asiento del conductor y comenzó a manejar. El pelirrojo casi había olvidado la última vez que un hombre había sido así de gentil con él ¿Seria que cambiaría cuando supiera sus gustos? Esperaba que no.
