¡YAHOI! El de hoy. 25 de julio, Día del Apóstol Santiago, patrón de mi tierra y por tanto festivo autonómico, fiesta grande especialmente para los de Compostela. Hasta los reyes vinieron a la ofrenda aunque no los dejaron entrar en la Catedral porque estaba en obras y lo hicieron en una iglesia cercana.
Total, para lo que los quería la gente por aquí... más les valdría no haber gastado (nuestro) dinero y su tiempo.
Y sí, NO estoy muy contenta con la monarquía de mi país en estos momentos. Buscad en google y sabréis porqué... (puñetero ladrón; además de putero, ladrón; hay que joderse...).
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
Prompt de hoy: clones.
¡Espero que os guste!
¡Todo controlado!
―¿Seguro que estarás bien?―Naruto sonrió ampliamente a su dulce y amorosa esposa e inclinó el rostro para besar ese cuco ceño de preocupación que le arrugaba la frente.
―Solo van a ser un par de días, ¿no? ¡No te preocupes! ¡El próximo Hokage lo tiene todo controlado'dattebayo!―exclamó, golpeándose en el pecho con el pulgar.
Hinata suspiró y echó un último vistazo a la entrada de su hogar, antes de tomar su mochila y abrir la puerta.
―¿Sabes? Creo que iré a decirle al Sexto que mejor-
―¡Hinata, que yo puedo, de verdad! ¡Son bebés todavía, ¿qué puede salir mal?!―Hinata se mordió el labio inferior, la frente arrugándosele nuevamente por la preocupación.
Hacía una semana que se le había acabado la baja por maternidad. Días después, Kakashi la llamó a ella y a su equipo para encargarles una misión de rastreo. Kiba y Shino estaban eufóricos, puesto que iba a ser la primera vez en meses que volverían a salir juntos, como el equipo que eran desde los doce años. Hinata mentiría si dijera que no estaba un poquito emocionada. Pero… aunque iba a ser una misión corta… ¿qué madre abandona a sus bebés por algo como el trabajo? Peor aún.
¿Qué madre dejaba a sus bebés en manos de Naruto Uzumaki? No es que no fuera un buen padre―que lo era, el mejor, se desvivía por sus pequeños y los amaba con locura―, pero Naruto era torpe en lo referente a las tareas domésticas. Además: siempre había contado con su ayuda para cuidar de Boruto y Himawari, nunca había estado solo con los niños más que, a lo sumo, un par de horas. Sabía cambiarlos, darles de comer e incluso bañarlos y acostarlos… De uno en uno. ¿Sería capaz de hacer lo mismo con los dos a la vez?
La preocupación iba reflejándose cada vez más en el rostro de Hinata al tiempo que la sonrisa se borraba lentamente del de Naruto. Ahora, era el rubio Uzumaki el que ostentaba un pronunciado ceño entre sus ojos.
―¿Es que no confías en mí'dattebayo?―Un rubor de culpabilidad tiñó las pálidas mejillas de la joven.
―¡N-no es eso, Naruto-kun! ¡P-por supuesto que confío en ti! E-es solo que… e-es la primera vez que voy a dejar a Himawari y… ―Naruto sonrió, ahora comprensivamente.
―Lo sé―dijo él, bajando la cabeza y pegando la frente contra la de su mujer―. Pero, eh, todo va a estar bien. Yo estoy aquí y los cuidaré como nunca'ttebayo. ―Él sabía lo que Hinata estaba sintiendo en estos momentos, porque era lo mismo que él experimentaba cada vez que tenía salir a una misión y dejarla a ella sola con los niños.
Pero eran una familia de shinobis, necesitaban el dinero―Boruto y Himawari gastaban en ropa y comida el equivalente lo que él en un año en ramen―y, además, Hinata llevaba unos días cansada y medio deprimida―sí, él también se daba cuenta de esas cosas, no era tonto―, y tal vez pasar unos días fuera de casa le vendría bien para despejarse y desconectar.
La besó dulcemente, a modo de despedida. Cuando se separaron, sus preciosos ojos perlas lo miraban, brillantes.
―Anda, vete ya. Kiba y Shina deben de llevar ya un buen rato esperándote'dattebayo. ―Hinata se mordió el labio una vez más y luego, al fin, se dio la vuelta y salió casi corriendo de la casa, atravesando el pequeño caminito delantero a toda prisa, sabiendo que si demoraba más perdería el valor para irse.
Naruto se quedó mirando la figura femenina hasta que esta desapareció en el horizonte. Luego, suspiró y cerró la puerta de la casa. Se volvió hacia las escaleras y miró hacia el piso de arriba.
―Hum… Aún siguen durmiendo. Creo que iré preparando el desayuno. Así ahorro tiempo'ttebayo. ―Asintiendo afirmativamente para sí, se adentró en la cocina y cogió un biberón de Himawari y una taza para Boruto. Llenó el biberón con la leche materna que Hinata había dejado en botes en la nevera y la taza con leche de la normal. Primero puso a calentar el biberón para Himawari y acto seguido lo pasó bajo el agua tibia del grifo del fregadero, para enfriarlo cuanto antes.
Luego puso a calentar la leche para Boruto. Se hizo con la caja de las galletas y preparó uno de los sitios de la mesa del comedor, poniendo un mantel individual, una cucharilla y las galletas.
Justo estaba comprobando la temperatura del biberón cuando escuchó el llanto ensordecedor en la planta de arriba. Sonriendo, subió las escaleras y se dirigió hacia una de las habitaciones. Abrió la puerta y entró. Se acercó hacia la cunita que había en un rincón y no pudo evitar derretirse ante la tierna visión que allí yacía: su pequeña bebé, su princesita de tan solo cinco meses, con ojos llorosos, haciendo pucheros y pataleando en el aire. Naruto alargó los brazos y la cogió, acomodándola contra su pecho.
―Hola, nena. ¿Qué tal está mi princesita?―Himawari abrió enormemente sus ojos azules y rio y pataleó al sentir los dedos de su padre hacerle cosquillas en el pecho―. Buf, creo que tenemos pastelón. ¿Qué dices? ¿Nos limp-
―¡PAPÁ! ¡PAPÁ, PAPÁ, PAPÁ!―Naruto suspiró.
―El gritón de tu hermano ya está despierto'ttebayo. ―Salió al pasillo. Himawari gimió al sentir que salían del cuarto―. Ya, princesa, lo sé. Iremos a ver qué quiere Boruto y luego te cambio el pañal, ¿de acuerdo?―La niña pareció conforme porque parpadeó una vez, como asintiendo. Naruto rio―. Esa es mi chica. ―Atravesó el pasillo hasta la habitación de su primogénito y abrió la puerta y encendió la luz―. ¿Qué ocurre, campeón?―Boruto volvió su rostro lloroso hacia él. Sus manos estaban convertidas en puñitos y hacía pucheros con su boquita de bebé―. ¿Boruto? ¿Qué ocurre? ¿Te duele algo?―preguntó el adulto preocupado, agachándose a la altura del niño.
Por toda respuesta, el pequeño rompió en llanto y se aferró a las ropas de su padre, que tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no caerse con los dos niños sobre él.
―¡Pedón! ¡Yo no quedía!―Los lloros de Boruto provocaron que Himawari rompiese también a llorar desconsoladamente.
Naruto cerró los ojos, respiró hondo y se armó de paciencia.
―¿El qué no querías, campeón? ¿Has tenido una pesadilla… ―Por toda respuesta, Boruto hipó y devolvió su vista a las sábanas de su cama.
Naruto siguió la dirección de su mirada y suspiró al ver una mancha sobre las mantas. Al parecer, Boruto se había hecho pis mientras dormía… otra vez. Sakura les había dicho que era algo normal. Boruto tenía algo de celos de que ahora casi toda la atención se la robase su hermanita pequeña, así que había empezado a hacerse pis en la cama como cuando recién le quitaran el pañal, hacía unos meses.
Suspiró y abrazó con su brazo libre el cuerpecito tembloroso de Boruto mientras hacía equilibrios con el otro para sostener a Himawari.
―Eh, no pasa nada, campeón. Un descuido lo tiene cualquiera. Papá a veces también se hace pis, cuando no le da tiempo a llegar al baño. ―Boruto separó su carita llena de lágrimas del cuello de su padre y lo miró.
―¿Sí?―Naruto asintió, serio.
―Sí, y no se lo dice a mamá, para que no se avergüence de haber escogido un mal papá'ttebayo―se inventó. Lo dijo tan serio, que Boruto se lo creyó, abriendo grandemente sus ojos azul claro. Luego sonrió y le puso una manita sobre la mejilla del hombre.
―Yo te quedo igual, papá. No she lo diré a mamá. ―Naruto se mordió el labio inferior, tratando de contener su risa.
Himawari escogió ese momento para chillar, indignada porque la hubiesen olvidado. Ambos rubios la miraron.
―Oh, trajishte a Hima. ―Naruto asintió con un suspiro, mientras se levantaba con sus dos hijos en brazos.
―Sí, iba cambiarle el pañal cuando llamaste'dattebayo. ―Pero ahora no podía hacerlo. Tenía que cambiar y bañar a Boruto, mudar las sábanas de la cama infantil, poner una lavadora para que estuvieran limpias antes de que Hinata volviera mañana por la noche y, además, dar dos desayunos… y él era solo un hombre con tan solo dos manos… ¿o no?
Sonrió entusiasmado al pensarlo. ¡Sí! ¡Era perfecto! ¡Si podía estar en varios sitios a la vez acabaría antes! ¡Era un genio! Dejó un momento a los niños sobre la cama de Boruto e hizo un sello con las manos.
―¡Kage Bunshin no Jutsu!―Varias réplicas de sí mismo aparecieron en la habitación. Boruto gritó y aplaudió. Le encantaba ese truco de su papá que podía hacer que apareciesen varios papás al mismo tiempo.
―¿Qué pasa'ttebayo?
―¡Puaj, aquí huele a muerto!
―¡Oooooooh, Hima, mi princesa!
―¡Limpiaremos esto en un pispás'dattebayo!―Naruto respiró hondo y dio un par de palmadas.
―¡A ver, chicos! ¡Hay que repartirse! Yo bañaré y cambiaré a Boruto. Tú, cambia a Hima y dale el desayuno. Tú, muda la cama. Tú, pon la lavadora, echa también los pijamas sucios de los niños, así matamos dos pájaros de un tiro… Y tú, calienta los desayunos'ttebayo. ¿Entendido?
―¡Sí, señor!―exclamaron los clones, haciendo una pose militar. Naruto suspiró.
―¡Bien, pues a ello! Boruto, ¿quién es un niño bueno que quiere bañarse?
―¡Yo!―Encantado por poder a su padre para él solo durante unos minutos, saltó de la cama y corrió hacia el cuarto de baño, mientras se desnudaba torpemente por el camino. Uno de los clones de sombra fue siguiendo el rastro de ropa que el pequeño iba dejando. Otro arrancó las sábanas sucias de la cama, hizo una bola y se la lanzó, puesto que el otro clon ya seguía al que llevaba a Hima, para hacerse también con el pijama de la pequeña.
Satisfecho de que todo estuviera controlado, Naruto se metió en el cuarto de baño con Boruto. El pequeño rubio estaba al lado de la bañera, dando saltos, impaciente. Le encantaba bañarse, claro que le gustaba todavía más si lo hacía con su padre, pero tampoco iba a quejarse.
Naruto se arrodilló al lado de la bañera y la abrió. Reguló el agua fría y caliente y puso el tapón. Empezó a llenarse y, cuando estaba más o menos a la mitad, cogió a Boruto de las axilas y lo sentó en la bañera, dentro del agua. Boruto palmeó el agua, feliz, salpicando gotas por fuera. Naruto sonrió ligeramente y lo dejó hacer. Después ya limpiaría el baño, pero no podía negarle a su pequeño algo tan común y corriente como un baño en condiciones, en su propia casa, con su propio padre asistiéndolo.
―Papá, ¿badcos?―los ojillos azules suplicantes de Boruto desarmaron a Boruto.
―Claro, campeón. Ten. ―Le dio la red en la que Hinata guardaba esos juguetes, bajo el armario del lavabo, y Boruto la abrió y vacío los barquitos de goma sobre el agua, comenzando a jugar con ellos.
Echó algo de gel en el agua y cuando este hizo burbujas restregó bien con la esponja el cuerpecito de Boruto, mientras este jugaba despreocupado con sus barquitos de juguete. Cuando acabó lo sacó de la bañera y lo puso sobre una toalla que previamente había extendido en el suelo. Se dio cuenta de que se había olvidado de coger ropa limpia e invocó a otro clon para que fuera a buscarla mientras él secaba a Boruto.
―¿Papá?
―Dime, campeón.
―¿Y mamá?―Naruto suspiró.
―Mamá ha salido. Volverá enseguida.
―¿Y taedá helados?―Naruto esbozó una sonrisa.
―Seguro que sí, Boruto. Mamá traerá montones de helados. De chocolate. ―Los ojos de Boruto brillaron ante sus palabras.
El clon volvió con un calzoncillo infantil, un pantalón y una camiseta de manga corta. Naruto tardó más de la cuenta en vestirlo porque su hijo no se estaba quieto. Cuando al fin terminó le encargó al clon que limpiara el cuarto de baño―a lo que su otro yo se quejó y refunfuñó pero obedeció sin más remedio―y él se hizo con las toallas sucias y bajó a la planta baja, a la cocina.
Donde lo recibió un pequeño caos: Himawari lloraba en brazos de uno de los clones mientras este y otro trataban de calmarla haciéndole carantoñas, biberón en mano. Otro clon había hecho un completo desastre con la lavadora y el desayuno de Boruto ya estaba frío.
―¡A ver, chicos, esto no funciona! ¡Cambio de planes! Tú, tú y tú: limpiad el suelo y poned la lavadora, ¡que no es tan difícil!
―¡Pues hazlo tú, listo!―El Naruto original resopló.
―Va, venga, fuera. Tú, calienta otra vez la leche de Naruto. Tú, trae a Hima. ―La bebé fue depositada en los brazos de su padre original y, como por arte de magia, paró de llorar. Se acurrucó contra el pecho del mayor y Naruto sintió como algo cálido se expandía en su pecho.
―¡Mi princesa me reconoce'dattebayo!
―Suertudo―murmuró uno de los clones.
―¡Hima, no te dejes engañar! ¡Es un bueno para nada'ttebayo!
―¡A callar todos y a mover esos cu… ―Calló de golpe al percatarse de la presencia de Boruto sentado a la mesa del comedor, mirando todo curioso―… ¡e-esos esqueletos! ¡A mover esos esqueletos, vamos, panda de vagos!―Quejándose, los clones empezaron a moverse de nuevo.
Naruto se sentó entonces en uno de los sillones de la sala, se acomodó contra el respaldo y acercó la tetina del biberón a la boquita de Himawari, quién empezó a chupar con avidez. Naruto sonrió, enternecido.
―Mi pequeña tenía hambre, ¿eh?―Himawari se ventiló su desayuno en dos minutos y entonces Naruto la colocó sobre su hombro y la puso a eructar, dándole golpecitos en la espalda.
Himawari expulsó dos gases y bostezó. Sonriendo, Naruto la acomodó sobre su pecho y se meció adelante y atrás mientras tarareaba torpemente una canción de cuna que Hinata solía cantarles a los niños para que se durmieran. Himawari cerró sus ojitos azules y poco a poco se sumió en un sueño profundo.
Naruto se levantó con cautela y la puso con toda la delicadeza del mundo sobre la mantita que de bebé que tenían siempre puesta en un rincón del salón. Agarró otra manta más grande para taparla y que no se enfriara y luego fue a ver cómo iba todo en la cocina.
Satisfecho, comprobó que la cocina ya estaba limpia y que Boruto terminaba su desayuno justo en ese momento. El clon que lo había estado vigilando cogió los cacharros sucios para lavarlos y él ayudó a su hijo a bajar al suelo.
―Boruto, los dientes. ―El pequeño hizo una mueca y negó con su cabecita.
―No me gusta―expuso, arrugando la nariz con disgusto. Naruto suspiró.
―Lo sé, pero la boca hay que tenerla limpita. ¿O quieres que le diga a mamá cuando venga que no me hiciste caso?―dijo, poniendo las manos sobre sus caderas y mirándolo con toda la seriedad del mundo.
Boruto hizo una mueca de disconformidad.
―¡Esh que duele!―se quejó el niño, señalándose las encías con uno de sus deditos. Naruto suspiró.
―Sé que puede ser algo molesto, campeón. Pero la boca hay que tenerla limpia y libre de gérmenes. ―Boruto frunció el ceño y ladeó la cabeza.
―¿Qué son gedmedes?
―Gérmenes, Boruto. Son… unos bichos malos que aparecen en las bocas sucias de los niños para comerles los dientes. ―Boruto abrió enormemente sus ojos.
―¿De vedá?―Naruto asintió, serio.
―De verdad'ttebayo. ―Naruto no midió el peso de sus palabras porque, inesperadamente, Boruto estalló en un inconsolable y ensordecedor llanto que no solo destrozó los tímpanos de todos los Naruto allí presentes, sino que, aún por encima, despertó a su hermana pequeña y esta lo acompañó en sus lloros.
―¡Ay, no, haz que se calle'dattebayo!―exclamó una de las copias, tapándose las orejas.
Naruto se frotó la nuca, gruñendo. Y eso que solo era el comienzo del día…
―Boruto, deja de llorar, hijo. Venga… por favor…
―¡No quedo bichos en miz dientes! ¡No quedo!
―¡N-no te van a aparecer bichos, no te preocupes! ¡Ven con papá! ¡T-te los lavaré yo'dattebayo!―exclamó, ya desesperado porque Boruto no callaba y Himawari lloraba cada vez más alto.
Aún llorando, Boruto se dejó guiar al cuarto de baño de la planta baja y, llorando también, dejó que su padre le lavase los dientes, mientras en el salón Himawari seguía llorando, seguramente indignada y molesta porque le habían interrumpido la siesta de la mañana.
Naruto se preguntó si en algún momento del día la cosa podía mejorar…
O si tan solo iba a ir a peor.
Pero una cosa estaba clara: él daría lo mejor para cuidar de sus bebés y que así Hinata estuviese orgullosa de él.
¡Vaya que sí!
Finalmente, aquel largo y agotador día había llegado a su fin. Había dispersado a sus clones hacía apenas cinco minutos y estaba exhausto por el gasto excesivo de chakra. ¡Ni cuando luchaba en las misiones gastaba tanta energía! Pero, por fin, ya era de noche. Los niños dormían como angelitos tras una cansada jornada en la que habían hecho de todo: pintar, gatear, regar el jardín, ver un rato los dibujos animados―Naruto no quería volver a ver a una elefanta rosa en su vida―, ir un rato al parque―para lo que los clones resultaron ser la mar de útiles, puesto que Boruto se había aficionado a eso de escaparse y esconderse de su vista para que él lo buscara mientras dejaba a Himawari al cuidado de algún otro él…
No obstante, a pesar de las dificultades pasadas ese día, sonrió. Estaba para el arrastre, no podía mover ni un músculo y en cuanto apoyase la cabeza en la almohada caería como una piedra, pero, aun con todo y eso, había pasado un día genial en compañía de sus pequeños.
Se cambió la ropa de ese día por ropa para dormir y se tiró en la cama. Bostezó y se metió bajo las mantas, calentitas y suaves…
―¡PAPÁ, PAPÁ, PAPÁ, PAPÁ!―Se despejó de golpe y se levantó de un salto. Fue corriendo hasta la habitación de Boruto y lo vio sentado sobre su cama, con sus ojitos llenos de gruesas lágrimas―. ¡Hay un monstro! ¡Lo vi!―Con un suspiro, Naruto se agachó para coger a su hijo mayor en brazos y acunarlo así contra él. Boruto se aferró a su camiseta y él le acarició la espalda, sentándose sobre la cama infantil.
―Solo ha sido una pesadilla, Boruto. Vuelve a dormir. ―Boruto negó con la cabeza y Naruto suspiró nuevamente―. No va a pasar nada. Me quedaré contigo hasta que te duermas y te defenderé del monstruo si vuelve, ¿de acuerdo?―Boruto clavó sus orbes cristalinos en su padre.
―¿Dormir en la cama gande?―Naruto se lo pensó. Si se quedaba allí con Boruto era posible que el niño tardase mucho en volver a dormirse. Hinata solía hacerlo caer dormido en segundos, pero él no era su esposa, no era capaz de ejercer ese efecto calmante que ella proporcionaba a todo el que la rodeaba. Era única.
Resignado, se levantó con Boruto aún en brazos y salió de la habitación del niño hacia la suya, la que compartía con su mujer. Por el camino, como si hubiera intuido algo, Himawari también despertó y empezó a llorar. Pidiendo paciencia, Naruto fue entonces hacia el cuarto de su princesa y la cogió con el otro brazo.
Así, sosteniendo a los dos niños, volvió al cuarto de matrimonio y se dejó caer sobre la cama doble con sus dos hijos sobre su pecho. Los dos pequeños desprendían tanto calor que no le hacía falta ni mantas, pero a ellos sí podía cogerlos el frío, así que alargó la mano hasta asir la colcha y pasarla por encima de los tres.
―Bonas noches, papá. ―Naruto miró para la coronilla rubia de Boruto y acarició su cabecita con cariño.
―Buenas noches, campeón. ―Miró para la carita de bebé de su pequeña―. Buenas noches, Hima. ―La bebé hizo un gorgorito antes de, ahora sí, acompañar en un profundo sueño a su hermano.
Finalmente, podía descansar. Naruto cerró los ojos y dejó que las acompasadas respiraciones de sus pequeños lo arrullaran y lo hicieran caer poco a poco en los cálidos brazos de Morfeo.
Hinata abrió la puerta de su casa con todo el sigilo del mundo. Era casi de mañana cuando al fin consiguió llegar a Konoha y atravesar la aldea en tiempo récord hasta el que era su hogar.
No había aguantado. Había estado todo el tiempo preocupada por Naruto y por los niños, preguntándose si él solo podría con todo. Era cierto que Naruto era alguien que tenía energía de sobra, para dar y tomar, pero Boruto y Himawari, como buenos Uzumaki, no se quedaban atrás.
Tales eran sus temores que no había podido apenas concentrarse en la misión. Finalmente, hartos de verla suspirar cada dos segundos, Kiba y Shino la habían mandado de vuelta, asegurándole que estarían bien y que ellos mismos se encargarían de explicarle todo al Hokage en cuanto volviesen, una vez acabada la misión.
Se descalzó y subió las escaleras sin hacer ruido. Decidió echar un vistazo en las habitaciones de los niños para comprobar que todo fuese bien. Se llevó un susto al encontrarlas vacías. Se adentró entonces en la habitación principal y sintió alivio inmediato al verlos allí, sobre la enorme cama de matrimonio.
Avanzó sigilosa hasta tener una completa visión de toda la imagen.
Era la estampa más hermosa y tierna que había visto en sus veintidós años de vida.
Su Naruto, el amor de su vida tumbado cómodamente sobre la cama. Sobre él, Boruto dormía todo espatarrado y a pierna suelta, aferrando la camiseta de su padre en una de sus manos. Así mismo, Himawari estaba tumbada boca abajo sobre su progenitor, aferrada con sus dos puñitos también a la tela de la ropa de dormir del rubio mayor.
Se le llenaron los ojos de lágrimas contenidas. Deseó tener una cámara de fotos para capturar la preciosa escena.
Se arrodilló al lado de la cama y apoyó los brazos sobre el colchón, ladeando la cabeza sobre los mismos, observando para no perderse detalle, queriendo grabar la tierna imagen en su mente para la posteridad.
Los rayos del sol que se filtraron por la cortina entreabierta hicieron a Naruto arrugar la nariz y apretar los ojos. Inhaló profundamente y debió de sentir algo porque abrió los ojos llenos de legañas y ladeó la cabeza, enfocando su mirada soñolienta en ella.
―¿Hinata… ―Ella sonrió y se estiró hasta tocarle el rostro, acariciándoselo dulcemente.
―Ssssssh… es temprano, vuelve a dormir. ―Naruto cerró los ojos, bostezó y aferró la mano femenina entre la suya.
―¿Ves? Te dije… te dije que podía… ―bostezó otra vez. Hinata sonrió, sintiendo las lágrimas retornar.
―Sí… ya lo veo… ―Naruto apretó su mano, como si quisiera impedir que ella desapareciera.
Con cuidado, Hinata subió a la cama y se movió hasta acurrucarse contra su costado, procurando no despertar a los niños.
Naruto le pasó un brazo por los hombros acercándola a él, sin soltarle la mano en ningún momento. Boruto se movió para cambiar de postura y se acomodó contra ella.
―Mamá… ―Hinata luchó por no llorar―de nuevo―y posó su mano libre en la pequeña espalda de su hijo.
―Estoy en casa―susurró, antes de cerrar los ojos para disfrutar de unas pocas horas de sueño junto a su familia.
No pensaba volver a dejarlos. Nunca. En cuanto pudiera hablaría con Kakashi y le entregaría su renuncia del servicio activo.
Su sitio estaba allí, en su hogar. Cuidando de su familia.
Y era una nueva etapa a la que se entregaría con alegría y tesón.
Era la decisión correcta. Lo sentía en lo más profundo de su corazón.
Fin ¡Todo controlado!
Vale, no sé en qué capítulo fue pero retiro lo dicho: ¡ESTE SÍ ES EL CAPÍTULO MÁS LARGO HASTA AHORA!
¡11 páginas, señoras y señores! ¡Nada más y nada menos! Me ha llevado lo suyo (y además tuve que parar de por medio porque aquí la gente no le da la gana de mover el culo ni para hacerse una mísera sopa), pero aquí está. Por fin. ¡Y es uno con los que más contenta estoy!
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
¡Muchísimas gracias por los suyos a: Marys y a Lila! ¡Gracias, gracias y gracias! ¡Sois un amor con patas! ¡Sois la repera! ¡SOIS LA LECHE! ¡Os quiero!
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí.
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
