19. Blanco

POV Mü


Si tan sólo fuera dolor, entonces no lo odiaría tanto, pero "dolor" y "desamor" son cosas diferentes.

Chou— Acid Black Cherry


Compartir un café con Milo, cada que necesita desahogarse, es una rutina que surgió como un acto de convivencia entre dos compañeros de cuarto, cuando nos conocimos en un campamento de arte en Estados Unidos; que dió por resultado una amistad inesperada, un viaje de un par de semanas (que se convirtió en una residencia sin fecha de regreso) y un terapeuta gratuito que le ahorra a Milo el bochorno de hablar con uno de sus hermanos.

— Ya no entendí. ¿Le vas a dar una segunda oportunidad? — pregunto mientras veo cómo termina de preparar su cuarta taza de café.

— Le dije que no y que deje de perder su tiempo, pero él insiste en que lo piense — dice revolviendo la crema en su bebida.

— Milo, si de verdad no lo quieres de regreso debiste ser firme. Cuando te lo propones eres muy cortante — veo como no despega la mirada de su café. — Mira, no te voy a decir que hacer o no, pero si espero que consideres bien tus opciones antes de hacer una locura.

— No tengo que considerarlo. No voy a regresar con él — comenta antes de darle un sorbo a su café.

Milo suele cumplir con su palabra pero Camus es "especial", aunque trate de negarlo aún siente algo por él (casi tan fuerte y profundo como todo el rencor que demuestra) y eso es peligroso porque, en estos años, he visto como la herida que carga en el corazón no ha sanado. Durante este tiempo, Milo se ha encerrado en un caparazón donde no ha dejado que nadie entre pero, con el regreso de Camus, no sé si hará todo lo posible para mantenerlo alejado y no salir herido o, por el contrario, lo aceptará de nuevo en su vida.

— No sé si eso me reconforta o me preocupa.

— Deberías estar feliz por mí — dice agarrando una galleta para comerla.

— Lo estaré — comento con una sonrisa. — El día que dejes de actuar como un idiota al que no le importa nada y decidas ser feliz; o cuando vea él ya pinta nada y huya corriendo porque le diste una patada en las bolas.

— A veces siento que lo odias más que yo — dice con burla.

— No lo odio, sólo no me cae bien; es una enorme diferencia. — respondo en mi defensa. — Odiarlo significa reconocer que existe y prefiero gastar mi tiempo en ti. Quiero verte feliz, sea con Camus o lejos de él, — noto su cara de asombro. — Deja de ser la dama en apuros que sufre por amor. Si le vas a dar una segunda oportunidad hazlo bien y sin rencores; si le vas a decir que se vaya díselo con todas sus palabras.

Milo suelta un suspiro — No quiero hacer nada, esta situación me está drenando. — dice con voz ahogada — En estos tres días he sentido toda la rabia, el miedo y la confusión que no he sentido en años. Anoche fue como estar en una montaña rusa: verlo entrar me hizo temblar, escucharlo decir que me ama me oprimió el pecho. Quería besarlo y golpearlo a la vez — un par de lágrimas comienzan a correr por su mejilla. — A su lado me sentí tan pequeño, sobre todo por lo diferente que luce ahora.

— Milo — sujeto su mano para darle apoyo.

Toma una bocanada de aire. — Si fuera el yo de hace años, al ver ese brillo tan blanco de serenidad y confianza que lo rodea ahora, habría corrido a sus brazos sin pensarlo. Pero ahora me doy cuenta de qué estoy teñido de negro y, aunque existe toda una gama de grises entre nosotros, jamás podremos mezclarnos nuevamente.

— ¿Qué es lo que realmente quieres?

— Lo único que quiero es estar en paz. Dejar de sentirme cansado e insignificante — dice con una media sonrisa en los labios y secando sus lágrimas.

— El cansancio es producto de que no has dormido bien desde que te llamó el miércoles. Y no trates de negarlo, tienes ojeras sobre las ojeras — veo como se ríe. — De lo otro, puedo decirte que te sientes así porque esperabas verlo tan deshecho como tú.

— Lo sé y eso me enferma.

— Me gustaría ponerte las cosas fáciles, pero no puedo. Tú fuiste el que habló con Camus y eres tú el que debe considerar si creer que todo lo que te dijo fue verdad o no. Lo que te puedo aconsejar es que te tomes la pastilla que te dio Kanon y duermas bien esta noche, que vaya que te hace falta — afirma con la cabeza — y mañana, con la mente en blanco, intenta contestar estas preguntas: si estas tan roto como dices ¿te puedes reparar tú solo?, ¿necesitas que Camus sea el que se encargue de pegar todos esos trozos? o, ¿entre los dos serían capaces de reconstruirse mutuamente?

— Gracias, no sé qué haría sin tí — dice apretando mi mano.

— Tendrías que pagar tu boleto para ir a ver mis obras — respondo en broma para animarlo — y yo sin ti me perdería de los recorridos gratis en el museo donde trabajas. Mira que me he ahorrado un dineral.

— Borrego interesado — ambos reímos ante la verdad.


Nota de autor:

Antes que nada una disculpa, pero tuve un pequeño bloqueo de cómo seguir la historia, además caí en la tentación de ver las ocho temporadas de AHS en Prime. Pero sigo viva.

Mü cambio mucho a mi plan original de hace años, y eso se debe a que amo el Mü de Arodnas en Romance Sanctuary.

Mil gracias por seguir leyendo esta locura y a Arodnas por sugerir "sangre" en este capítulo que termino con desearle a Camus un muy mal golpe (no me arrepiento de nada).

Nos vemos en el capítulo 20.