AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACIÓN ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Veintiuno

Bella

No puedo dormir. Estoy cansada, pero tengo muchas cosas en la cabeza. Edward y yo estamos acurrucados. Puedo sentir su cálido aliento en la nuca y su característico aroma a sándalo se magnifica después de hacer el amor.

He tratado de levantarme tres veces, y tres veces él me apretó y murmuró mientras dormía. No debe haber dormido en su vuelo porque está agotado. No puedo culparlo. Yo odio volar. Nunca me siento lo suficientemente cómoda para dormir.

Pero necesito levantarme y ver qué está haciendo Riley, si está despierto. Él no sabe que Edward está en casa todavía y que yo sepa, no es consciente que recuperamos el tiempo perdido en el momento en que llegó.

Todavía me sorprende que Edward le dijera a Riley que me ama. Me ama. ¿Cómo pasó esto? Una semana estoy en el punto más bajo de mi vida, y dos semanas después estoy enamorada del hombre perfecto.

Claro, él es once años mayor que yo, pero no puedo encontrar nada que no me atraiga. Es exitoso, guapísimo, a ambos nos encanta correr, y es prácticamente de la familia para mi hermano, aunque eso puede ser positivo y negativo ahora. Por lo que puedo decir, es un tipo ordenado y un infierno de protector. Y el sexo, no se parece a nada que yo haya experimentado.

La forma natural en que toma el control y me hace sentir como si fuera la única mujer en el mundo es asombrosa. He estado perdiendo todos estos años con mis aficionados novios no cualificados, tal vez porque sólo eran chicos. Edward es cien por cien, puro hombre, de pies a cabeza. A veces veo un poco de vulnerabilidad en sus ojos que no parece encajar con su personalidad, pero todos tienen algo que los hace débiles. Edward es algo para mí.

Echo un vistazo al reloj de la mesita de noche, las ocho treinta, Riley ya debería estar despierto. La Glock todavía está en la mesa con el cargador al lado. Me pregunto si la dejó a propósito o simplemente no se tomó el tiempo porque estaba demasiado cansado.

—Estás despierta. —La voz somnolienta de Edward llena mi oído y mi cuerpo cambia de marcha. Ya no tengo ganas de levantarme y quiero quedarme aquí en la cama y esconderme de mis problemas indefinidamente.

Me retuerzo en sus brazos y me enfrento a él.

—Tú también lo estás.

—La diferencia es que tú quieres estarlo y yo no. ¿Por qué sigues intentando irte?

Levanto la mano y la coloco en su desaliñada mejilla. Necesita afeitarse, ha pasado más de un día o dos desde que lo hizo por el aspecto de su reciente barba.

—No estoy intentando irme. Tengo mucha energía inquieta después de lo de anoche y muchas otras cosas en mi mente, empezando por el hecho de que mi hermano está durmiendo en tu sofá.

—No te preocupes por tu hermano, yo me encargaré de él.

Doblo mis codos y meto mis manos entre nuestros cuerpos calientes y ajusto mi pierna en su muslo.

—¿Crees que va a ser capaz de aceptar esto?

—Si le importamos una mierda, lo hará. Su principal problema conmigo es que me ve como un jugador que te va a engañar, pero no lo haré.

Me besa suavemente en los labios y me retira un mechón salvaje de pelo de la frente, metiéndomelo detrás de la oreja.

—Cuéntame más sobre ti. Siento que te conozco de toda la vida, pero no tengo más datos que el que eres un marine que vive al lado de mi hermano.

Él sonríe.

—¿Qué tipo de hechos te gustaría saber?

—¿Eres hijo único?

—Sí.

—¿Dónde naciste?

—Aquí en Washington. El nombre de mi madre es Esme. Ella tiene sesenta y cinco años. Mi padre era diez años mayor que ella. Era un Marine de carrera, así que nos mudamos mucho. Cuando él murió, mamá quería instalarse aquí y yo terminé también destinado aquí hace unos años.

—¿Cómo murió tu padre? Si no te importa que pregunte.

—No, está bien. Fue un ataque al corazón. Fue repentino, e inesperado, por supuesto. Murió en su oficina cuando estábamos en Francia, en el extranjero.

—Lo siento, Edward. ¿Cuántos años tenías?

—Diecisiete, fue hace mucho tiempo. Mamá se volvió a casar y lleva quince años con un magnate del petróleo. La hace feliz.

—¿Fuiste al instituto aquí?

—No, iba a dondequiera que estuviéramos destinados. Me gradué en Francia un año antes y luego mi padre murió, así que nos mudamos aquí. Fui a la universidad y me uní al Cuerpo cuando tenía veintiún años.

—¿Dónde fuiste a la universidad?

Él mueve la pierna y acaricia su cabeza en su almohada y me pregunto si no quiere decírmelo.

—Princeton. —Pone los ojos en blanco y yo me río. Pensé que se estaba avergonzando de dónde había ido, pero no creo que nadie pudiera estar avergonzado de ir a Princeton.

—Guau —digo impresionada.

—Sí, no se lo digo a mucha gente. Mi padrastro, Carlisle, lo pagó. Creo que intentaba impresionar a mi madre y funcionó. Se casó con él unos años después.

—Así que, eres súper inteligente y agradable de ver. ¿Cómo he tenido tanta suerte?

—Yo soy el afortunado, Bella. Nunca lo dudes.

—Solo soy una aspirante a cantante de Forks que trabaja como camarera en un restaurante de un pueblo pequeño. Dios, mi vida suena como una canción country.

—Canta algo para mí.

Gimo. Nunca sé qué cantar cuando la gente dice eso.

—¿Cuál es el problema? Eres una cantante, ¿verdad?

—Lo soy, pero me estás poniendo en un aprieto. Es temprano y aún no he calentado mi voz.

—Canta algo para mí —repite, apretándome fuerte. Deslizo mis brazos alrededor de su cuello y pienso en una canción.

—¿Qué canción usas para las audiciones?

Sill Fallin 'For You de Ellie Goulding.

—¿Cantaste eso para tu audición de Just Sing?

—Sí. —Parece como si hubiera pasado cien años desde que hice la audición para el espectáculo que se suponía iba a cambiar mi vida. Es curioso que no estar en el concurso de talentos más famoso del mundo es lo que cambió mi vida para siempre. Si el hecho de que me echaran de ese programa fue lo que me llevó a Edward, me alegro que ocurriera y lo volvería a hacer de nuevo si tuviera la oportunidad.

—Canta eso entonces —dice.

Me aclaro la garganta, respiro hondo y soplo antes de entrar tranquilamente en la letra. Puedo soplar como Ariana Grande y Christina Aguilera, pero las canciones de Ellie son más suaves y mi hermano está abajo durmiendo, así que hago todo lo posible por mantenerlo bajo.

Canto dos versos y él afloja su agarre y se apoya en su codo escuchando con creciente interés. Para el tercer verso, está sentado con los labios separados y el ceño fruncido entre sus ojos. No sé si le encanta o está enojado. Con esa expresión, podría ser cualquiera de ellas.

Termino con la letra que aún me gusta y lo miro con aprensión. No estaba tan nerviosa en el escenario frente a seis de los productores de música más poderosos del mundo que realizaban las audiciones para Just Sing.

Obviamente, importaba lo que pensara el panel, así es como te eligen para el show, pero se siente como si cantar para Edward importara más.

—Dios mío. —Se cubre la boca con la mano y se frota la barba con la palma de la mano—. Tu voz es… joder, Bella, estás desperdiciando tu vida aquí en esta pequeña ciudad trabajando como camarera con un talento como ese.

—Gracias, pero hay mucha gente como yo. Es una industria difícil en la que irrumpir, especialmente cuando la cagas y te dan la patada de un espectáculo de búsqueda de talentos.

—No, no, no me estás entendiendo. Eres fenomenal. No necesitas ese puto espectáculo. Necesitas un poco de dinero y un agente con conexiones poderosas. Riley siempre se jactó de lo buena cantante que eras, pero nunca dijo que podrías ser la próxima Whitney Houston.

Él está realmente entusiasmado con esto, tanto que me está haciendo sonrojar. El amor te vuelve estúpido, por lo que es parcial, pero es bueno ser apreciada.

—Bueno, gracias. Whitney Houston, ¿eh? Esa es una gran comparación, eres tan dulce. —Me acerco y froto sus bíceps para mostrar que aprecio el cumplido, pero no lo tomo en serio.

Entrecierra los ojos y me mira fijamente durante mucho tiempo hasta que me veo obligada a romper el silencio.

—¿En qué estás pensando?

—Tengo que decirte algo. He estado guardando un secreto que podría afectarte, y mereces saberlo antes que vayamos más lejos.

Oh, no, esto suena mal. Nada bueno ha salido de las palabras Debo decirte algo.

En ese momento se produce un fuerte choque en el piso de abajo. Me siento y levanto la sábana a mí alrededor. Edward salta de la cama, tira de unos calzoncillos hacia arriba y toma el arma que todavía está en la mesita de noche a mi lado. Empuja el cargador en la pistola y se mueve con fluidez por la habitación hasta la puerta.

Se vuelve hacia mí y pone un dedo sobre sus labios diciéndome que no haga ruido mientras presiona su oreja contra la puerta.

Ahí es cuando le oigo gritar.

—¡Edward! ¿Dónde estás? ¡Te voy a matar! —Es Riley y parece que está loco. Su voz es fuerte, pero al mismo tiempo temblorosa y perturbada.

Cuando no recibe una respuesta inmediata, sube las escaleras y golpea la puerta.

—Joder, sé que estás ahí dentro con ella, ¡abre la puerta!

Edward había bajado su arma en cuanto oyó la voz de Riley abajo. Sé que es estúpido, pero quiero que finja que no estamos aquí y espere a que Riley se vaya. Eso nunca va a suceder y tenemos que enfrentarnos a él en algún momento, así que es mejor que sea ahora mismo.

Edward quita el cerrojo y antes de abrirla del todo Riley se abre camino. Está vibrando de rabia y su cara está de un rojo remolacha cuando entra en escena. Sus manos se mueven de Edward hacia mí en la cama y de vuelta a Edward. Ve el arma en su mano y una sonrisa enferma se extiende por su cara.

—Me estás tomando el pelo con eso, ¿verdad? —Apunta a la pistola.

—Riley, no —dice Edward.

—Eres patético. ¿Lo sabes? Qué mejor amigo eres. Prometiste no tocarla y la estás follando justo debajo de mi nariz. ¿Estás haciéndole toda esa mierda perversa que haces con tus otras amigas? —Él vuelve sus ojos hacia mí—. Traté de decírtelo, B, él es un mujeriego, y te está jodiendo porque eres sexy y conveniente. Nunca vas a ser más para él que un lugar cálido para empujar su verga cuando sea demasiado vago para ir a la ciudad y encontrar a una de sus clientas habituales.

—¡Es suficiente! —ruge Edward y da un paso hacia Riley, el arma vacilando en su mano—. Te lo dije anoche, la amo, no es así con ella.

¡Ahora saca tu maldito culo insultante de mi casa y no vuelvas!

—Oh, Dios mío, ¡parar los dos! Edward, por favor, ve y guarda el arma antes que alguien salga herido. Y en cuanto a ti, Riley, soy una mujer adulta. Sé que es difícil para ti ver eso porque siempre has cuidado de mí, pero no necesito que me cuiden ahora mismo. Necesito que te retires y me dejes tomar mis propias decisiones en la relación.

—Será mejor que hagas lo que ella dice, viejo. Guarda esa pistola antes que alguien salga herido —dice con una risa sádica.

¿Qué diablos está mal con él? Ni siquiera suena como mi hermano, suena como un extraño psicótico.

—Te dije que te detuvieras, Capitán. Cierra tu puta boca —dice Edward.

—¿O qué? ¿Me pegarás con tu bastón o dispararás esa pistola hasta que le hagas un agujero a todo lo que hay en la habitación antes que me aciertes?

Edward levanta el arma y apunta a Riley. Grito y salto de la cama envolviendo la sábana alrededor de mí. Lanzo mi cuerpo entre los hombres y los miro de uno al otro en un estado de shock. Edward baja el arma inmediatamente y se adelanta para alejarme de mi hermano.

—Tío, ¿vas a decírselo o vas a dejar que sea yo el que le dé la noticia?

—Te dije que te fueras. Legalmente puedo dispararte si no lo haces.

—No podrías dispararme aunque quisieras y lo sabes. —Riley centra su atención en mí—. Hermana, ¿ya te contó su secreto este hijo de puta desleal y mentiroso? No, por supuesto que no, o no estaría amenazando con dispararme y no seguirías jodiéndolo o planeando un futuro con él o lo que sea que estés haciendo aquí. —Baja los ojos a la sábana que cubre mi cuerpo desnudo y sus labios hacen una mueca de asco.

—¿Por qué te comportas como un imbécil con esto, Riley? La gente cambia, tal vez Edward nunca tuvo relaciones comprometidas, pero nos amamos el uno al otro. Esto es diferente, siento por él algo que nunca he sentido por nadie.

Él tropieza un paso atrás como si lo hubiera golpeado.

—Eso no es verdad. No lo amas, no puedes.

—Puedo y lo hago. —Suavizo mi voz tratando de llegar a él pero su ojos están vacíos, casi no lo reconozco.

—Se está quedando ciego, Bella. Lleva diecisiete años quedándose ciego y últimamente se ha puesto tan mal que ni siquiera puede conducir.

—¡Riley! —grita Edward. Me está sujetando alrededor de mi cintura, mi espalda contra su parte frontal. Su voz me ensordece temporalmente mi oído derecho y creo haber escuchado mal a Riley.

¿Dijo que Edward se está quedando ciego?

—¿Qué?

—Sí, no te dijo eso, ¿verdad? Eso es porque sabe que lo dejarías. También es por eso por lo que no se casará tampoco con nadie, ni tendrá hijos. Él no quiere arruinar la vida de una pobre mujer haciendo que ella cuide de él. Pero ahora está empeorando y necesita una niñera. ¿Qué dice eso de ti, eh? Supongo que a él no le importa joder tu vida, ¿verdad? ¿Eso te suena a amor, Bella? ¿Eh?

—Yo… —Sacudo la cabeza de un lado a otro sin poder hablar. ¿Es esto solo una táctica para alejarme de Edward o es que Riley dice la verdad? Edward se está quedando ciego.

—Cariño, escúchame, no estoy ciego. Tu hermano está enojado y está tratando de volverte contra mí. Vamos a vestirnos y te llevaré a algún sitio para que podamos hablar. —Me está hablando directamente al oído con una voz suave y tranquilizadora, pero mi mente está zumbando en confusión. Estoy tratando de poner estas piezas de información en un orden que tenga sentido, pero soy un desastre, no puedo pensar.

—No puede llevarte a ningún sitio para hablar. No puede conducir, no puede disparar, no puede enviar mensajes de texto con el teclado en el teléfono, y pronto ni siquiera podrá trabajar. ¡Así que ahí va tu bonito futuro! Sin trabajo, sin ingresos, sin nada.

Inclino mi cabeza hacia abajo y me tapo los oídos sosteniendo la sábana contra mi cuerpo con la parte superior de los brazos para evitar que se caiga.

—¡Detente! ¡Cállate, Riley! —grito y salgo del abrazo de Edward. Lágrimas de rabia saltan de mis ojos, pero no quiero que ninguno de ellos me vea llorar. Me arrastro por la habitación y tomo mi ropa del suelo y la paso a toda velocidad hacia el pasillo—. Ustedes dos seguir adelante y mataros el uno al otro. Hagan lo que quieran, dejenme en paz. —Salgo y doy un portazo, pero cuando intento alejarme me doy cuenta que la sábana quedó atascada.

Eso es el puto colmo. Emito un grito frustrado y dejo caer la sábana. No me importa quién carajo me vea desnuda en este momento. Pisoteo hacia el baño donde doy un portazo tan fuerte que sacude una fotografía gigante de un lente de cámara que cuelga de la pared detrás de la puerta.

En medio de todo este caos, me detengo y miro el cuadro por un segundo y pienso que es una manera extraña de decorar un baño. ¿Qué carajo me pasa? Me pongo los pantalones cortos y me abrocho la camisa sin sujetador debajo. No tuve tiempo de buscar debajo de las cosas, quería salir de allí lo más rápido posible.

Me miro en el espejo. Dios mío, mi pelo está horrible. ¿Adónde voy a ir con este aspecto, con mi jodido pelo sobresaliendo por todas partes? Y sin zapatos, maldita sea, olvidé mis zapatos.

Escucho que se abre la puerta del dormitorio y a una persona bajando las escaleras. La puerta principal se abre y cierra y me quedo sola con uno de ellos, la pregunta es, ¿cuál?

No oí ningún disparo, así que nadie está muerto. Eso es bueno, supongo. Necesito salir de aquí y tomar distancia para poder pensar.

Oigo un clic detrás de mí y me doy la vuelta para encontrar a Edward parado en el umbral de otra puerta que tiene acceso a este baño. Miro más allá de él y veo un dormitorio extra. Genial, un maldito baño de Jack y Jill(13). Y tanto para escabullirse sin ser vista.

—Iba a decírtelo. —Da un paso hacia mí—. De eso es de lo que quería hablarte. —Dos pasos más y está parado frente a mí—. Debí decírtelo antes, pero no esperaba que me robaras el corazón como lo hiciste.

Le miro a los ojos y veo ese pequeño pedazo de vulnerabilidad que siempre he visto allí, pero ahora ya no es tan pequeño. Y ahora sé por qué está ahí. De repente las cosas se reúnen. Su tendencia a no mirarme nunca de frente, querer ir a la ciudad caminando en vez de conducir, los errores de ortografía en sus mensajes de texto, la falta de muebles en su casa. Todo esto puede ser fácilmente explicado por su falta de visión.

—¿Por qué? —Hay tantos por qué, que no está seguro de a cuál me refiero.

—¿Por qué no te lo dije?

—No, ¿por qué te estás quedando ciego? ¿Te lastimaste, es genético? ¿Qué lo está causando, y puede ser arreglado?

Él baja sus ojos al suelo.

—Se llama degeneración macular. Usualmente hay una causa, pero en mí no la han encontrado. Comenzó cuando tenía diecinueve o veinte años. Apenas fue nada los diez primeros años, un poco de visión borrosa, dificultad para conducir de noche, pero nada que unas gafas no pudieran ayudar. Pensé que era un diagnóstico erróneo o que lo estaban dramatizando hasta que llegué a los treinta. Entonces apareció una mancha en el centro de mi visión, lo que me dificultaba ver cualquier cosa directamente en frente de mí.

—¿Y ahora?

—Tu hermano no estaba mintiendo sobre esa parte. Ha empeorado en los últimos dos años y especialmente en las últimas semanas.

—¿Duele?

—No. —Alza la vista con una triste sonrisa.

—¿Qué vas a hacer con tu trabajo? Pensé que te iban a ascender pronto.

Su mandíbula se tensa cuando aprieta los dientes.

—Yo también lo creía, pero las últimas semanas han sido malas. La semana antes de conocerte, me desperté con un revés significativo y ha vuelto a suceder desde entonces. Tengo una visión periférica perfecta. Así es como me las he arreglado manteniendo mi trabajo durante tanto tiempo. Nadie lo sabe. Sólo Riley y mi cirujano ocular, y ahora tú.

—¿Ni siquiera tu madre?

—No, esto la va a matar. Está tan orgullosa de su hijo del Cuerpo de Marines. Ahora tendrá que decirles a todos sus amigos de la alta sociedad que su perfecto hijo es un patético ciego.

Frunzo el ceño tan fuerte que siento que se me arruga la frente.

—¿Es así como te sientes con la gente que es ciega?

—No de la gente, de mí. Soy un maldito Marine, Bella. Dirijo, organizo, soy respetado y admirado. Cuando esté ciego todo eso se habrá ido. Dependeré de otros para cosas básicas como conducir y hacer las compras. No podré hacer nada solo, no podré trabajar o salir a correr…

—Sus palabras se apagan y se sienta en el inodoro con los codos en las rodillas y se cubre la cara con sus manos.

Me arrodillo ante él y le quito las manos. Mi dominancia, toma el control del Marine que tiene lágrimas en sus hermosos ojos verdes y la derrota está escrita en toda su cara.

—Edward, ¿realmente me amas? Quiero decir que solo nos conocemos por poco tiempo, pero estoy segura de mis sentimientos por ti. Sé que estoy enamorada de ti.

—Sí, te quiero.

—Si me pasara algo, ¿me dejarías? —le pregunto.

—No.

—¿Qué harías?

—Te cuidaría.

Ahueco sus mejillas en mis manos y una sola lágrima se le escapa del ojo y se desliza por su mejilla hasta llegar a su desaliñada barba.

—¿Entonces por qué crees que yo te dejaría?

Se inclina con fuerza en mis manos y me clava sus dedos en el pelo a cada lado de mi cabeza. Es un hombre desesperado por la aceptación y la comprensión, pero no ha estado dispuesto a pedirla, así que se la ofrezco libremente con un beso.

Su boca está caliente y su beso es tentativo. Su olor y sabor familiares nublan mi mente y me llevan cada vez más lejos. Con cada segundo que pasa, es menos cauteloso y más receptivo, sus dedos se enredan en mi pelo y se inclina hacia mí para obtener más.

La angustia y el tormento irradian de su cuerpo y me duele el corazón por este hombre que ha estado sufriendo durante tanto tiempo. Si la anticipación es el peor tipo de castigo, Edward ha sido torturado durante diecisiete años.

Lo miro con una pregunta cuando se aleja de mí repentinamente.

—No quería que nada de esto pasara. No estaba buscando a alguien que me cuidara mientras me deterioraba, lo juro por Dios, Bella. No fuiste anunciada y no pude resistirme. Lo intenté, Dios, cómo lo intenté, pero no podía dejar de pensar en ti. Lo siento… —Me tira hacia su pecho y me acaricia el pelo enredado.

—No hay nada que sentir, y para tu información tenía algo que decir en todo esto, ya sabes. No tenía ninguna intención de renunciar a ti. Estaba esperando a que trajeras tu estúpido y testarudo trasero a casa.

Siento la vibración de su risa contra mi mejilla, y siento la liberación de al menos un poco de su ansiedad.

—Tan descarada —comenta.

—¿Y tu punto es?

—Te amo.

—Yo también te amo. Y no voy a ir a ninguna aparte. Esta ya no es sólo tu lucha, es la nuestra.

—Eso es lo que temo, nena, eso es exactamente lo que temo.


GRACIAS POR SUS REVIEWS