Hola chicos y chicas!
Traigo un nuevo capitulo :3
Que lo disfruten!
CELOS
Los acordes rebotaban contra mi cabeza causando que me palpitara, aunque seguro era porque estaba combinando el máximo volumen de mi ipod con una carrera acelerada que hace rato dejó de ser trote ligero.
No entendía de donde salía mi energía, normalmente lograba motivarme con otro tipo de música y aquella canción de Rock and Roll solo estaba en mi lista de reproducción porque su ritmo era pegajoso para hacer los quehaceres.
Cuando pasé de largo la tablilla que señalaba los tres kilómetros me di cuenta que no era energía lo que me hacía perder el ritmo de las zancadas, sino mi deseo inconsciente por terminar exhausta. Y otro poco la ansiedad que me revolvía las entrañas todavía.
El aliento me faltó obligándome a detenerme sobre la grava, me apoyé en las rodillas mientras boqueaba en búsqueda de oxígeno. Oía mi pulso detrás de las orejas y tuve que sacarme los audífonos para pausar los palpitares de mi cerebro. En cuanto los sonidos del parque inundaron mis oídos me sentí mucho mejor.
Las bicicletas al raspar la pista y el bullicio lejano de un grupo de deportistas me devolvieron a la realidad. Carraspee al incorporarme, me pasé la mano por la frente sudada y descubrí que mi visera no era suficiente para protegerme de los inclementes rayos del sol y el bochorno que se respiraba en el aire. Sentía el sudor pegarse a mi busto y hasta correr por mis piernas. Mala idea usar shorts.
Habían pasado dos días desde que la última vez que crucé alguna palabra con Sesshomaru, porque verlo era cosa aparte. Aún era mi profesor de patología diagnóstica y mi pesadilla hasta que mi solicitud fuera aprobada oficialmente. Tara me aseguró que, según su experiencia, era un hecho mi cambio de asesor puesto que el propio profesor Sesshomaru Taisho había presentado una negación tajante a encargarse de mi tesis. Los motivos que hubiese expuesto eran desconocidos por mí y hasta para mi amiga ya que dicho documento no pasó por sus manos. Aun así, cabía la gran posibilidad de que formara parte del trío de sinodales para mi examen profesional dado que era uno de los pocos especialistas en la facultad.
Inhalé profundo reanudando mi andar por el camino de grava de vuelta por donde llegué. Me abaniqué con la mano mientras me dirigía hasta la casa.
Era demasiado pronto para recibir ofertas pero al menos Jakotsu había cumplido con su parte, el único problema era que ya me había llamado un par de veces para preguntarme si prefería palomas o búhos para las esculturas que adornarían los pilares en la recepción.
Ni una ni otra, eso estaba claro.
Mizuki me telefoneó a unas cuantas horas luego de habernos visto con la noticia de que Shippo se había puesto más que feliz con la idea de la fiesta de soltero. Típico de él.
Hojo se negó rotundamente a fungir como mi chofer cuando estuviera en los preparativos, manteniéndose firme en su decisión al menos hasta que fuera el gran día, se tratara de una emergencia o la abuela Kaede se la pusiera difícil de nuevo. Por último y por más increíble que parezca, Aome era la única que todavía no cumplía con su encomienda, al menos no como esperaba: la morena postergó nuestro campamento en las tiendas de moda por un examen de radiología y rehabilitación que le estaba dando demasiados problemas. Así que solo me había atestado el correo electrónico con páginas de Facebook y sitios de internet de cada local en la ciudad donde pudiera conseguir un vestido de novia.
Gracias a Aome y su poca usual indisposición para perder el tiempo en compras era que había tenido que enfocar mi tiempo libre corriendo por el parque o estudiando hasta que los ojos me escocían.
Abrí la puerta mientras le daba un largo sorbo a mi botella, tenía tanto calor que estaría dispuesta a vaciarme el agua sobre la camiseta. Entré, me arranqué la visera botándola por ahí y di dos pasos hacia el salón, decidida a soportar su normal penumbra con tal de que el calor artificial del foco no terminara por rostizarme.
Sesshomaru tuvo razón cuando vimos el apartamento por primera vez, la falta de luz era un problema; gruñí internamente porque había vuelto a pensar en él. ¿Y cuándo no?
Entonces hubo oscuridad total.
Di un respingo y quizás hasta solté un gritito cuando la mano me cubrió los ojos. Oí un que me mandaban a callar alargando la "ch". Los hombros se me tensaron de inmediato ante la orden susurrada contra mi oído, su aliento refrescó mi cuello casi de inmediato.
Mi corazón comenzó una acelerada carrera cuando su brazo se enredó en mi cintura desde atrás, pegando su pecho a mi espalda y mi trasero a su entrepierna. Avanzamos a trompicones y aunque debía saber hacia dónde nos dirigimos (dado que se trata de mi casa) estaba más ocupada en prestarle atención a sus labios contra mi cuello, depositándole delicados besos.
Sesshomaru.
Nos detuvimos cuando mis rodillas chocaron contra lo que debía ser la cama; retuve al aire lamiéndome los labios cuando su lengua se paseó desde la base de mi garganta hasta mi mentón. Su hálito jugó en mi oreja, sufrí un cosquilleo en mi vientre que pronto se convertiría en humedad.
Deslizó su palma por mi abdomen, introduciendo las yemas de los dedos por debajo de mi camiseta sudada; me volví lentamente mientras su mano se alejaba de mi rostro. Disfruté un poco más de la oscuridad al saborear sus labios.
Se sentían extraños. Abrí los ojos entonces.
-Kohaku—musité apartándome lo que su cuerpo y la cama me permitían. No mucho, en realidad.
Mi prometido buscó mi boca de nuevo, lamiéndome los labios. Tardé un largo instante en ordenar mis ideas que no me di cuenta sino hasta que Kohaku se agachó pasando las manos por debajo de mi trasero para levantarme. En un segundo estaba recostada con él encima de mí, empujando su cuerpo contra el mío sin dejar depositar besitos en la comisura de mi boca.
-Kohaku—sonó como una queja. Volvió a mandarme callar esta vez invadiendo el interior de mi camiseta con la mano, subiendo la palma a la altura de mis costillas. -Kohaku—volví a intentar esta vez subiendo las manos hasta sus hombros para apartarlo de su tarea de besarme la unión de mi cuello con el hombro.
Se acomodó sobre mí y pude sentir su entrepierna abultada debajo de los vaqueros. Me asaltó un acceso de ansiedad.
-Estoy sudando—le dije empujándole suavemente.
-No importa.
Al menos había hablado.
-A mí si—intenté removiéndome para salirme de debajo de su peso. Mordió mi hombro mientras se colaba hasta el sujetador luchando por deshacerse de él.
-Kohaku, por favor—pedí—Me gustaría darme un baño y además Aome llegará en cualquier momento—mentí.
-Te deseo, Rin—masculló al tiempo que su otra mano intentaba sacarme los shorts.
Me estremecí. Era la primera vez que escuchaba esas palabras viniendo de él, sonaban increíbles en su voz dirigidas a mí...y sobre todo, titánicamente ajenas. Como si en verdad no fueran dichas por él, el amor de mi vida, mi platónico desde los quince años. Mi sueño hecho realidad.
Esperé unos segundos a que mi corazón perdiera el ritmo y se me fuera el aliento de los pulmones pero no ocurrió. Tal vez era porque había dado por sentado que no las diría dado que cuando nos casáramos era evidente lo que ocurriría en la luna de miel.
-Espera—alcancé a decir empujando con más firmeza.
-No puedo—replicó. ¿Por qué me parecían indiferentes esas palabras con las que soñé por años?
-Por favor basta—me revolví debajo y solo entonces Kohaku, tras resoplar con fastidio, alzó el rostro para mirarme por primera vez.
Sus pupilas negras por completo me atravesaron inquisitivas.
-¿Por qué?
La pregunta sonaba fuera de lugar dado que íbamos a casarnos, invitaciones, pastel, anillos y juramentos incluidos…pero aun así me mantuve firme.
-Íbamos a esperar hasta la boda—le recordé todavía sin apartar mis manos de sus hombros.
-No quiero—se inclinó con la intención de besarme.
-Gritaré—no se me puede culpar, fue lo primero que cruzó mi mente. Oí una risita gutural llena de egocentrismo.
-Todavía no comienzo pero si quieres, hazlo—dijo contra mi pecho. Contuve mi intención por torcer los ojos ante su desplante de arrogancia.
-Hablo en serio—acoté—Gritaré tan fuerte que hasta tu hermano va a escucharme.
Kohaku resopló incorporándose sobre los brazos. Me miraba acusante.
-Miroku vendrá hasta aquí para regañarte—a lo mejor era tonto, y sí lo era, pero no se me ocurría nada más.
Enarcó una ceja irguiendo el torso al mismo tiempo, se quedó hincado entre mis piernas, acariciándolas suavemente. Me sentí nerviosa y culpable al mismo tiempo, hacía apenas dos días que me enredé con su tío otra vez, que traicioné su confianza y ahora me negaba a él.
Apreté los labios con el corazón anudado.
-Quiero hacer esto bien—gemí acomodándome sobre los codos. Por primera vez en mucho tiempo en serio deseaba hacer las cosas correctamente, en el orden que se supone deben ir y en el camino indicado.
Seguía sin convencerlo, su expresión lo decía todo. Lo entiendo, Kohaku está hecho el bombón que siempre ha sido, sin embargo, simplemente no está bien aún.
-Nos vamos a casar en una semana y media—agregué, la fecha exacta era dos días antes del viaje de amigas. Todavía no se los había comunicado.
Solamente Miroku (por consiguiente Sango) y Shippo sabían, aunque claro que Mizuki no tardaría en enterarse con lo bocazas que es Shippo. Todavía me debatía en decírselo o no a mi madre y a Hojo. La pobre mujer ya tendría bastante con viajar con un esposo en silla de ruedas como para adelantarle la fecha y a mi primo le tenía miedo. Por el lado de la novia no habría muchos invitados a la ceremonia anticipada. Más bien ninguno.
-Tienes que esperar—rematé en tono juguetón. En mi vida hubiera pensado decirle eso a Kohaku Taisho, mucho menos en la posición en la que estamos.
Su gesto se endureció antes de recobrar su normal seriedad arrogante normal.
-Si es lo que quieres—apartó la mirada, sentí que me estaba dando por mi lado.
Aspiré hondo sentándome de forma decente sobre la cama, frente a él. Dado que él ya no decía nada me dediqué a contemplar su pálido perfil de delicadas líneas; sus labios delgados y su fino mentón medio oculto por los mechones negros que enmarcaban su rostro.
-Kohaku ¿tú me amas?—pregunté sin pensar. Él me miró fijamente con el ceño levemente fruncido.
-Voy a casarme contigo—respondió. Hice un mohín.
-Pero es porque me amas ¿verdad?—musité.
Lo oí resoplar cansinamente.
-Si me voy a casar contigo es porque la respuesta es obvia, Rin—el tono fue muy parecido al que usaba cuando dice "no digas tonterías".
Me sentí satisfecha porque de todas formas era lo más que podía pedir de él. Sentí un par de dedos contra mi frente y al instante alcé los ojos.
Nunca entenderé esa manía que tiene.
-¿Qué?—musité, preguntándome si acaso tenía algo en la cara además de sudor. ¿Grava? ¿Tierra?
-Tonta—dijo.
"Inmadura", golpeó la voz de Sesshomaru contra mi cabeza. De golpe me colgué de su cuello, lo saqué de balance lo suficiente para que nos fuéramos los dos contra el colchón.
-Rin—se quejó aunque no me apartó. Me apreté a él escondiendo la cara en su pecho, oyendo los latidos de su corazón.
-Lo siento.
Resopló pasando una mano debajo de su nuca y la otra por mi espalda.
-¿A qué hora viene Aome?
Tardé en procesar la pregunta hasta acordarme de mi mentira.
-En un rato.
Emitió un monosílabo, luego se escapó de mi agarre. Me giré sobre la cama mirándolo arreglarse la ropa.
-¿Te vas?
-Si me quedo aquí va a dejar de importarme si gritas y viene Miroku, mi padre y hasta Sesshomaru.
Mala elección de palabras, pésima. Me encogí en mi lugar.
Supongo que interpretó mi reacción como si me hubiese herido.
-Vendré esta noche—propuso acuclillándose para quedar a mi altura—No haremos nada, solo dame la tarde para calmarme—volvió a golpearme la frente suavemente al ponerse de pie.
-¿Te quedarás a dormir?
-Si quieres.
Asentí mientras Kohaku salía. Era nuestro fin de semana, al fin y al cabo.
-Por cierto—se volvió a medias, guardando las manos dentro de los bolsillos del pantalón—Ya está la reservación de la boda. A las cinco.
Era claro que se refería a nuestra fecha adelantada; asentí en silencio.
-¿Crees que es mucho?—preguntó Aome de pronto. Alcé los ojos a ella sin estar enterada de a lo que se refería.
No la había estado escuchando desde que nos encontramos en la puerta de la facultad, tampoco cuando nos dirigíamos por los pasillos hacia el aula ni ahora que ella sacaba un refresco de la máquina expendedora.
-Rin.
-Me perdí—admití—Y no me culpes porque no has parado de hablar, Aome.
Torció los ojos.
-Solo quiero saber si no crees que sea demasiado llevar el bikini negro.
Fruncí el entrecejo.
-¿Ese al que tú llamas bikini y yo pedazo de tela?
Sus ojos chocolates se entornaron antes de sonreírme con vanidad.
-No es mi culpa que tenga más pechos que tú—replicó con ganas de molestarme. Lo logró.
Me di la vuelta dispuesta a ingresar al salón de clases. Aome me alcanzó a medio camino.
-Rin, no te pongas así—pidió—Solo quiero tu opinión. ¿Es mucho?
-Si vas en plan de conocer a un tipo para pasar el fin de semana, no—apunté todavía indignada.
-Ya sabes, solo quería fastidiar a Hojo—admitió aunque no era novedad para mí, lo que si me fue totalmente inesperado fue el tono desganado con el que lo dijo.
No conocía a gran detalle la historia completa de cómo fue que terminaron odiándose en tan poco tiempo; Aome se había ocupado en quejarse todo el tiempo de mi primo y él apenas me contó algo al respecto. Sin embargo, ahora estaba más que claro que Aome seguía rumiando por lo mismo.
Me frené y aunque sabía que la morena podía llegar a ser caprichosa y fastidiosa en muchos sentidos, debía admitir que Hojo se las gastaba solo para ahuyentar personas.
-Oye, Aome—suspiré—Si te pierdes por ahí será mejor que lo lleves contigo. Te ahorras la lencería.
Ella se rio encogiéndose de hombros.
-De acuerdo—ya había recobrado su normal coquetería—Tengo revisión de tesis con mi asesor Jinenji—avisó—Y luego el examen de radiología así que en la noche estaré libre ¿Vamos a beber algo?
-Kohaku quedó de pasar el fin de semana conmigo. El vestido tendrá que esperar—exclamé. No quería postergarlo más tiempo pero tampoco sentí que era el momento indicado para decirle sobre el cambio de fecha.
Aome frunció los labios despidiéndose con una mano desganada. Negué un par de ocasiones, debía ser difícil para la azabache encontrarse en medio de un grupo de amigas que se convirtió de pronto en un grupo de parejas.
A punto estaba de entrar al aula cuando un compañero me avisó que tenía un llamado de Dirección, gemí porque tendría que cruzar la explanada de concreto bajo el horrible calor.
Estaba casi segura del tema que querían tratar conmigo por eso no me extrañó la expresión confidente de Ayame cuando crucé la puerta.
El director, Koshiyomi Kenkon-en bata de hecho-me señaló un asiento y tras un saludo amable, dijo:
-El profesor Taisho se negó a seguir siendo tu asesor debido a la falta de tiempo.
Asentí mordiéndome el interior del labio.
-Sin embargo, eres su asesorada más avanzada de los tres—siguió hablando—No me parece moralmente correcto hacerte pasar por un cambio tan brusco cuando ya tienes fecha para tu examen y solo falta la autorización del proyecto final.
Estaba a punto de recalcar que no solamente él se negaba a seguir con eso, pero me concentré en algo que llamó más mi atención.
-No tengo fecha—repuse, ceñuda. De tenerla seguro que mis nervios estarían desatados desde hacía mucho.
El director me miró fijamente antes de rebuscar entre sus documentos, luego me extendió el calendario del auditorio. Allí, en letras grandes y negritas aparecía mi nombre junto con la fecha y hora.
A las cinco de la tarde el día de mi boda adelantada. Tenía que ser una broma.
-Yo no la pedí—musité más para mí que para el doctor Hoshiyomi, sin embargo aun así me respondió.
-La fecha fue asentada ayer, es la única que tienen libres dos de tus sinodales —repuso—el doctor Taisho y el doctor Jaken.
Me tensé de inmediato.
-¿Entonces, señorita Koizumi? ¿Sigue interesada en cambiar a su asesor con tan poco tiempo?
Aspiré hondo y aunque debí parecer una completa chiflada tuve que preguntar.
-¿Puede darme una copia?—alcé el calendario.
Aunque había tratado simplemente no era tan valiente así que seguí mirando mi móvil como sospechaba que lo seguiría haciendo durante el resto de mi vida.
O al menos de la noche.
A este paso terminaría por llevarme mis uñas contra la mesa así que dejé de tamborilear los dedos sobre la madera, apretándolas contra el regazo en un intento inútil por controlar mi ansiedad.
Volví los ojos a la copia que el director Hoshiyomi había accedido a proporcionarme, mirar mi nombre ahí resultaba todo un hito y no de los buenos precisamente. Estaba feliz en parte, era cierto, pero porque implicaba que estaba más cerca de convertirme en médico general. Luego de tanto esfuerzo y estudio.
Sin embargo, también implicaba que estuviese muriéndome de miedo por dentro: una parte de mi pánico para el examen profesional adelantado y la otra de nervios para el momento en que le diera la noticia a Kohaku.
No me había puesto a pensar en ello seriamente porque di por sentado que cambiaría de asesor de tesis y ya está, empero con la noticia recibida lo primero que hice al llegar a casa fue ojear en engargolado que se había llevado Sesshomaru con anterioridad.
No tenía ni una sola corrección. Al principio lo adjudiqué a que no quería tomarse la molestia después de enterarse de mi decisión, luego, cuando me acordé que no dejaría pasar ni un momento para demostrarme mis errores, tuve que preguntarme si acaso los desvaríos de mi mente plasmados en esas hojas en serio estaban correctas.
Me removí incómoda sobre la silla del comedor, cuestionándome si en serio el neurocirujano Sesshomaru Taisho en su papel de hombre que me odia autorizó por fin mi tesis.
Sonaba ridículo si lo decía en voz alta.
Gemí indecisa poniéndome de pie hacia la cocina, apenas puse un pie sobre la loza regresé corriendo, tomé el celular y marqué el número de teléfono que me había jurado a mí misma ni siquiera acordarme.
Dio tono un par de ocasiones luego el pitido me indicó que Sesshomaru acababa de colgarme.
Entorné los ojos y me dispuse a escribirle un instantáneo.
"¿Autorizaste mi tesis?"
Volví a mi posición inicial: mirando el celular, crucé las rodillas y reboté la pierna mientras esperaba. Dios, una cosa es que sea un hombre ocupado pero vamos, él nunca agenda operaciones (menos consultas) luego de las seis de la tarde a menos que sea una emergencia. Las intervenciones del cerebro rara vez lo son.
¿Qué estás haciendo, Rin? Solo déjalo y ya. Se supone que estas decidida a seguir adelante con tu vida y más importante, con tus decisiones.
Con Kohaku.
Apreté los labios sintiéndome atrapada de nuevo, enfadada con la situación y lejos del alivio que debería significar terminar con el último contacto que pueda tener con Sesshomaru.
A punto de llamar nuevamente, oí los golpes secos contra la puerta. Me puse de pie con un salto hasta la entrada.
-Kohaku—saludé al verlo de pie del otro lado de la puerta. Esperé verlo con su mochila cargada de su ropa y enceres personales para el fin de semana, en su lugar solo jugaba con las llaves de su auto.
-¿Nos vamos?—directo como siempre.
-¿A dónde?—inquirí abriéndole el paso al departamento—Creí que nos quedaríamos aquí.
-Me gusta más mi apartamento—me pasó de largo mirando hacia todos lados, luego se giró a mí con el ceño fruncido-¿Dónde está tu maleta?
Sonreí avergonzada pero en el fondo agradecida con la idea, todavía no me hacía a la idea de otro hombre pululando en mi departamento.
Debo venderlo pronto antes de que termine por volverme loca con esas ideas insanas.
-Ya la hago—me escabullí por el pasillo hacia el dormitorio. Mientras guardaba un par de cambios dentro del morral, me devané los sesos para descubrir como mencionárselo a Kohaku. Iba a molestarse eso era seguro, sobre todo porque era algo que se supone que yo debería saber y comunicárselo de inmediato.
Estaba nerviosa y asustada, sentía la garganta seca y mi pulso irse acelerando.
Corrí el carrito en el cierre y entonces alcancé a escuchar mi chillón tono de llamada desde el salón. Salí apresurada sin identificar todavía mi reacción ante el posible remitente.
Me frené al divisar a Kohaku de pie al lado de la mesa con mi móvil en una mano; lo miraba con expresión contrariada. Cuando me notó me extendió el aparato dedicándome una mirada afilada.
La mano me vibró ligeramente cuando sostuve mi celular. Era Sesshomaru. El estómago se me anudó.
-¿Por qué te llama a esta hora?—cuestionó Kohaku, demandante. Me mordí el interior del labio.
-Autorizó mi tesis—murmuré dándome golpecitos en la palma con mi móvil sonando todavía.
-Felicidades.
-Gracias—el aire se me escapó. Quería responder la llamada pero mi cuerpo seguía estático frente a Kohaku.
De pronto dejó de sonar.
-¿Por qué no respondiste?
Responderle que estaba preocupada por el contenido que tendría la conversación de haber hablado con Sesshomaru, estaba fuera de discusión.
-Seguro era sobre mi examen—dije por lo bajo, dando unos pasos de vuelta al dormitorio.
-¿Por qué ocupaste nuestra fecha para tu examen profesional?
Me frené de golpe con el corazón latiéndome a la velocidad de la luz.
-¿Cómo lo…?—me interrumpí al notar la copia del horario sobre la mesa. Me maldije internamente el haber sido tan descuidada con algo tan delicado.
Sufrí un repentino arrepentimiento al enfrentar la mirada de Kohaku, sus ojos negros estaban fijos en mí, inquisitivos.
-Me enteré hoy—admití acercándome lentamente.
-Cámbiala.
-Es la única fecha disponible de mis sinodales—repuse rápidamente. Debo reconocer que me asombré de la velocidad con la que encontré sonido en la réplica.
-No puedo cancelar mi examen y además nosotros tenemos la primer fecha que habíamos elegido para la…
-No dije que lo cancelaras—interrumpió—Solo te pido que la cambies.
Apreté los labios encogiéndome ante la dureza de sus palabras. Transcurrió un momento antes de que lo oyera resoplar cansinamente, seguro que ha caído en cuenta lo brusco que fue.
-Rin—se acercó hasta mí, peinándome el cabello detrás de la oreja—Es la fecha de la reservación y además en la misma hora.
Asentí.
-Lo sé, pero es importante Kohaku…-gemí.
-Y la boda no—endureció la expresión de nuevo, al instante negué aunque lo cierto era que me sentía más a gusto con la idea de conservar los planes como se estipularon desde un principio.
-Tú lo eres.
Torció los labios levemente.
-¿Quién no puede cambiarte la fecha?
Era claro que no pensaba ceder. Resultaba cómico que Kohaku Taisho pareciera desesperado por casarse conmigo y yo entusiasmada con la idea de esperar el tiempo planeado…dados nuestros antecedentes, claro.
-El doctor Jaken y Sessh…tu tío—me corregí aunque mi voz apenas fue audible.
-Bien—me tomó de la mano arrastrándome hacia la salida.
-¿A dónde vamos?—pregunté tontamente—Mi mochila está en el cuar…
-Sesshomaru estará con mis padres esta noche—dijo.
Me frené y aunque mi fuerza no era nada en comparación al menos logré que se volviera a mí. La interrogante brillando en sus ojos.
Ojalá hubiera pensado una excusa lo suficientemente buena antes de simplemente rehuir cualquier espacio que pudiéramos compartir Sesshomaru y yo.
Balbucee sin saber que decir.
-Tendrá otro día libre—exclamó él tirando de mi suavemente.
-No quiero un trato especial porque sea tu tío—bingo, excelente excusa, Koizumi. Ahora solo debes pensar que no lo tienes por haberte acostado con el susodicho.
Me tensé.
-Rin—dijo como advertencia.
-Es que yo…-ahora sí se me terminaron las justificaciones.
-Arreglaremos esto ahora—repuso con firmeza—No se opondrá.
-¿Cómo sabes?
-Lleva a cenar a una mujer esta noche, va a hacer lo que sea por quedar bien.
Pese a que me asaltaron las ganas de echarme a reír con la percepción equivocada que tenía Kohaku de su tío sobre lo complaciente que en realidad no era ni por equivocación, mi mente solo tuvo espacio para la palabra "mujer".
Y repentinamente estaba celosa.
Nuevo capitulo mañana XD
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