Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)
Nos vemos en el parque cerca de la casa. No tardes. –C
Extrañada que Clarissa decidiera salir de la casa tan temprano, y sin tener una cita, Alice subió a su auto para encontrarse con su madre.
La encontró en el área de juegos, ayudando a Tyler a quitarse el blazer del uniforme escolar. Al reconocer a su hijo, Alice corrió hacia ellos, más espantada que contenta de verlo después de tantos meses.
—¡Mamá! —gritó el niño al verla. Corrió hacia ella, abrazándola por las piernas. Alice se acuclilló y lo abrazó con fuerza.
—¿Cómo estás, cielo?
—Bien. La abuela Clarissa me compró un helado y me trajo a jugar. Papá dijo que te fuiste de viaje, pero fue muuuuuucho tiempo —se quejó.
Bueno, al menos Jasper no estaba envenenando a los niños en contra de ella.
—Sí, lo siento por eso. ¿Qué tal te la has pasado con la tía Bella y el tío Edward?
—¡Tengo mi propia habitación de Thomas! —gritó, emocionado—. La tía Bella la decoró sola. La de Jackie es de Pocoyó y tiene un enorme peluche en el que se puede sentar. Vanessa nos comparte todos sus juguetes y a Joey le gusta vernos bailar con él… Pero ellos fueron a la boda de la hermana del tío Edward… ¿Cuánto duran las bodas, mamá? Papá dijo que ellos se están tardando porque tuvieron que tomar muchos aviones…
Alice miró a Clarissa, sacudiendo la cabeza.
—La hermana del tío Edward vive en otro país, mi cielo, por eso tus tíos y tus primos se han demorado en regresar, pero pronto los verás. ¿Por qué no sigues deslizándote por la resbaladilla? Iré contigo en un momento, ¿sí?, solo tengo que hablar con la abuela Clarissa.
—¡Okey! —exclamó el niño, corriendo hacia los juegos.
—¿Te volviste loca acaso? —reclamó Alice, sentándose junto a Clarissa.
Clarissa rodó los ojos.
—No iba a dejar nuestro dinero en manos de esa abogaducha inútil que contrataste. Tyler es nuestra única garantía.
—¿Y qué planeas hacer con él? Espero que no sea pedir una especie de rescate para que… ¡Clarissa, por Dios! —exclamó, escandalizada. Eso ya era tocar fondo, no lo podía creer. Clarissa era capaz de lo que sea por dinero, incluso secuestrar a su propio nieto.
Esto iba a salir muy mal. Para ambas.
Ella la ignoró, dándole su celular.
—Llama a alguien, no podemos regresar a la casa —musitó, poniéndose de pie.
Cuando Clarissa se alejó, Alice pensó muy seriamente en llamar a Jasper y decirle dónde estaban para que fuera por Tyler, pero había extrañado a Tyler…
Unos días no harían daño. Además, no era como si fueran a torturar al niño para provocar a los Swan, el solo saber que estaba con ellas sería suficiente para que le dieran hasta las casas de la familia.
No supo a quién llamar, ya no le quedaban amigos. Por pura inercia, marcó el número de Heidi. Aún se lo sabía de memoria. Cruzó los dedos esperando que no lo hubiera cambiado.
Gracias al cielo, no fue así. Desesperada por salir del parque antes de que a Jasper se le ocurriera buscarlos ahí, le pidió hospedaje por unos días, alegando que la familia las había sacado de la casa. No le dijo que Tyler estaba con ellas, no quería que sospechara algo. Confundida, Heidi aceptó recibirlos; estaba trabajando, así que le dejaría la llave en una de las macetas.
Clarissa traía a Tyler en brazos cuando se acercó apresurada a Alice. Había visto el auto de Jasper pasando por el parque.
Estaba loca. De remate. En serio tenía que dejar de seguir a su madre a todos lados y en todos sus planes. Un día, las iba a llevar a la verdadera miseria… Si es que salían vivas y libres de ese nuevo disparate.
—No sé qué clase de demonio te poseyó para que creyeras que esto era buena idea. No me vas a ayudar en nada, todo lo contrario, solo vas a hacer que ellos logren quedarse con Tyler y que ni siquiera me den el dinero que se acordó en el prenupcial —le dijo, después de que se instalaran en la casa de Heidi.
—Un prenupcial que nunca fue válido porque no lo leíste. Mínimo, Alice, les sacaremos ese dinero, así que no sé en qué vamos a perder…
—Nos pueden encarcelar —murmuró. Clarissa rodó los ojos.
—Son muy cobardes para eso. Aquí no nos van a encontrar, jamás se van a imaginar que recurriste a tu ex mejor amiga, y ella no tiene por qué saber que Tyler está con nosotras.
Alice la miró como si le hubiera salido un tercer ojo.
—¿Qué?
—Ella está trabajando, ¿no?, y es una chica soltera, seguro tiene citas y cenas a las que asistir. Cenaremos y dormiremos a Tyler antes de que vuelva, así creerá que solo somos nosotras.
Sí, definitivamente a Clarissa se le había botado un tornillo. No podrían mantener a Tyler oculto de Heidi por quién sabía cuánto tiempo, no era un objeto que podrían meter a un hueco y taparlo con una pintura, por Dios.
Heidi llegó un par de minutos después de la hora de dormir de Tyler, haciendo que Alice creyera que tal vez Clarissa no estaba tan loca al pensar que podían mantenerle ese secretito a Heidi. Si esa era su hora común de llegada, lo lograrían.
—Perdón por no poder llegar antes —les dijo Heidi, con voz tensa.
—Ah, no fue nada. Ordenamos un poco de pizza, te dejamos unos pedazos.
—Estoy bien, gracias. Ya cené.
—¿Tuviste una cita? —le preguntó Alice, sonriéndole.
—No es un tema que me guste hablar contigo, Alice. Si me disculpan, iré a cambiarme.
Clarissa se rio a pierna suelta en la cara de Alice.
—¿Qué le hiciste? —preguntó.
—Nada —respondió Alice—, fue ella. Con tal de vengarse de Isabella porque le dijo que su novio la estaba engañando, me metió a mí en el problema.
Clarissa entrecerró los ojos.
—¿Y fue cierto o solo lo hizo para molestarla?
Alice apretó los labios.
—Fue cierto —confesó—. Estábamos en una cafetería, todos. Aunque Isabella lo hizo porque Heidi los insultó a ella y a Edward.
—¿Y nos trajiste a su casa, en serio? Nos hubiéramos quedado en Los Feliz…
—Bueno, tú dijiste que llamara a alguien.
—¿Y tu amante?
Alice rodó los ojos.
—Ni siquiera sé si siga en la ciudad. Me dijo una vez que en cuanto se graduara, se iría de aquí.
Clarissa alzó ambas cejas.
—Muy inteligente de su parte, irse de la ciudad y así salvarse del escándalo…
—Sí. Lástima que él lo vio venir mucho antes que yo y armó un plan de contingencia —masculló Alice, dirigiéndose al minibar de Heidi.
—Tú vivías con Jasper. ¿En serio nunca te diste cuenta de cuando tomó la decisión? —se burló Heidi, bajando aún en el traje sastre del trabajo, pero con pantuflas en vez de zapatillas.
Alice rodó los ojos.
—No sé si deba decirte esto, Heidi, pero él y yo no hablamos mucho después de la boda de su hermana —masculló, dedicándole una sonrisa condescendiente antes de beberse de un trago el tequila que se sirvió.
Clarissa lanzó unas risitas.
—Señoritas, ustedes tienen que solucionar lo que sea que esté pasando, o estos días serán un verdadero infierno —soltó ella. Alice rodó los ojos. Clarissa subió, dejándolas solas.
Por unos minutos que les parecieron horas, se mantuvieron en un incómodo silencio, mirándose la una a la otra.
Eso iba a ser un desastre, ¿por qué no se fueron a un hotel? Sería menos embarazoso.
—Así que tu castillo de naipes por fin se cayó —musitó Heidi.
—Así que la familia política de Ilaria compró la mayor fuente de ingresos de tus padres…
Heidi asintió.
—Mis padres no me hablan desde entonces, por cierto. Tenían otra oferta, no tan generosa, pero sí menos humillante.
—Bueno, esa fue tu culpa por decir mentiras de la princesa de la familia en los tabloides —escupió Alice—. Si te hubieras quedado callada y aceptado otro fracaso con discreción…
—¿Igual que tú, que has estado haciendo un escándalo para tener la custodia de Tyler, al punto de tener que robarlo? —murmuró Heidi, sorprendiendo a Alice—. ¿O me vas a decir que tu abogada te consiguió visitas solo de él y no de Jacqueline?, porque eso sería una mentira más descarada que las mías.
Alice tragó grueso. Eso era malo, era muy malo. No sabía si Heidi iba a llamar a los Swan, diciéndoles que estaban con ella, tal vez ellos no le creerían, pero ¿y si lo hacían? Además, no era robar, ella era la madre del niño, podía llevárselo si quería, aunque en el contrato prenupcial —que ella no leyó, lo que lo hacía inválido— dijera otra cosa…
—No sé de qué estás hablando —musitó Alice, nerviosa.
—Por favor, Alice, no soy estúpida. Cuando subí vi a un niño llorando en la oscuridad porque no tenía prendida una luz de noche ni a su muñeco de peluche. Tú y tu madre de verdad que no tienen vergüenza. ¿Tú crees que Jasper y su familia van a dejar que los niños se queden con ustedes, si Cynthia ni siquiera lo hará? ¿Y por qué solo Tyler? ¿Qué hay de Jacqueline? Oh, es cierto. Como es una niña, le estás haciendo exactamente lo mismo que tus padres les hicieron a ti y a Cynthia. ¿Sigues convencida que Jasper no va a pelear con uñas y dientes por sus hijos?
—¿Y dónde está, entonces? No me ha llamado, nadie de la familia, ni siquiera Cynthia; no han venido a ver si estamos aquí, ni mi abogada ha… —Heidi la interrumpió, azotando en la mesa una hoja con una fotografía de Tyler debajo de un enorme y rojo "¿HAS VISTO A ESTE NIÑO?", con los datos de Jasper para el contacto.
—Espero que hagas lo correcto, Alice. Ese niño no se merece ser una moneda de cambio. Va a estar bien con los Swan, y tú también lo estarás cuando aceptes que Clarissa es tu peor enemiga, no yo, ni Isabella. Solo Clarissa.
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Clarissa estaba desesperada. Esperaba que su plan de ocultar a Tyler de Heidi funcionara, pero obviamente no fue así. Ahora tenía un nuevo plan, que involucraba a San Francisco y un barco.
—Lo mejor será llevarlo de vuelta con Jasper —musitó Alice. No podían seguir arriesgándose más.
—¡NO! —gritó Clarissa. Alice miró alarmada hacia un imperturbable Tyler, que se mantenía entretenido con su celular en un juego que parecía entender bastante bien—. No. Escucha, aún podemos conseguirlo. Heidi no ha dicho nada, o ya tendríamos a todos los Swan aquí, tenemos que aprovechar esta oportunidad, irnos de aquí lo más pronto posible.
—¿Qué quieres ahora? ¿Esconder al pobre niño en una maleta? Clarissa, por Dios, aún podemos tener algo de dinero si lo regresamos antes de involucrar a la policía. Ya pasaron dos días, ya lo están buscando.
—Mañana. Temprano —masculló Clarissa, ignorando a su hija. Alice rodó los ojos—. Prepara las maletas para irnos en la madrugada, sin decirle a Heidi. He hecho muchos contactos en este tiempo, conseguiré un barco a San Francisco para las cuatro… ¡Muévete, niña! No tenemos mucho tiempo.
Alice se debatió entre llamar a Jasper y seguir a su madre mientras guardaba la poca ropa que habían sacado de sus equipajes. Tenía que hacer lo correcto por ella y por Tyler, no quería terminar presa en algún feo lugar o recogiendo basura en la carretera.
Esa noche, le dieron las gracias a Heidi por su hospitalidad con una cena hecha en casa. No le dijeron a qué hora se irían ni a dónde, pero no fue necesario porque ella las escuchó. Esperó a que se quedaran dormidas y llamó a Liam, temía que los Swan no le creyeran si ella les daba el aviso. Pensaba que Liam tendría más credibilidad.
Cuando vio el auto de Edward frente a su casa, suspiró de alivio. Sí le creyeron a Liam. Abrió la puerta a las prisas y en silencio. No pudo evitar sentirse intimidada al verlos bajar del coche, Isabella en el volante, por supuesto. Esa gente podría destruirla en un abrir y cerrar de ojos, por eso no dudó en excusarse hasta el cansancio, librándose de lo que sea que Isabella tuviera planeado para Alice y Clarissa.
Alice despertó de un salto cuando la puerta de su habitación se abrió y las luces se encendieron. Solo alcanzó a ver un brazo cubierto de cuero negro y una manicura bien hecha que reconoció de Isabella. Esperando estar soñando, se levantó y corrió detrás de ella, viendo a Clarissa ser subida a una patrulla, con las manos esposadas.
Se pellizcó la muñeca para despertar de esa pesadilla, pero no fue así. No estaba soñando, lo que veía era cien por ciento real, no producto de sus peores temores. Isabella le sonrió, condescendiente.
—No hay cargos —musitó—. Todo lo hizo bajo amenaza de su madre, confío en que ahora ella hará lo que quiera, ¿cierto, Alice?
—Sí —murmuró, con voz temblorosa, dando un rápido vistazo al interior del auto, respondiendo a la inquisitiva mirada de Jasper, que ya tenía a Tyler en sus brazos. Tragó el nudo que se formó en su garganta, recordando el día que el niño nació, Jasper lo había sostenido en su pecho justo como lo estaba haciendo en ese momento, un gesto que le hizo darse cuenta que Jasper estaba destinado a ser padre, pero, incluso entonces, no sabía si ella estaba destinada para ser madre.
Isabella, Edward y Raoul subieron al auto antes de que este saliera acelerando de ahí, detrás de la patrulla.
Sin pensarlo ni dudarlo, Alice abrazó con fuerza a Liam y Heidi, dándoles las gracias por evitar que arruinara su vida por unos cuantos dólares.
—¿Quieres ir a la comisaría? —le preguntó Liam.
—Sí. Alguien tiene que decirle a Clarissa que es una cárcel, no un burdel —soltó. Liam las llevó a ambas a la estación de policía de la ciudad. En el camino, Alice despertó a la abogada para, por fin, informarle lo que había pasado. Hasta eso le había prohibido Clarissa: comunicarse con su abogada.
Para su sorpresa, ella llegó con un colega experto en asuntos penales, debido a que ese nuevo revés no era parte de su jurisdicción.
—Sabes que esto ha terminado con la pelea, ¿verdad? —inquirió la abogada. Alice asintió.
—Sí, lo sé. ¿Qué puedo hacer ahora?
—Aceptar los términos que ellos pongan. Ya no tienes la calidad moral para exigir otra cosa, lo llevaron a un nivel, Alice, que yo… que nunca había visto en mis quince años como litigante.
—Quiero dejar en claro, aquí frente a la policía, que yo nunca estuve de acuerdo con esto. Insistí en que regresáramos a Tyler con Jasper, en que Clarissa se conformara con esa muy generosa pensión…
—Alice, eres una mujer adulta, pudiste hacerlo tú, no esperar a que tu madre aceptara. Ella no lo iba a hacer…
—Bueno —musitó el abogado, acercándose a ellas mientras Liam le entregaba a Alice y a la abogada un vaso de café—, los abogados de la familia Swan están por llegar. Supe que la señora Cullen no presentó cargos en tu contra.
—No. Solo se aseguró de que viera lo que podría ocurrir si seguía dándoles problemas —respondió Alice, mordaz.
—Pues tienes suerte de que no lo hiciera, porque de otra forma, estarías compartiendo celda con tu madre.
Alice abrió los ojos de par en par, aterrada.
—¿No importa que Tyler sea mi hijo?
—Recuerda que el juez declaró que mientras se solucionaba el tema de la custodia, Jasper tendría a los niños —le dijo la abogada. Alice resopló, asintiendo—, lo que hiciste fue llevarte a Tyler sin el consentimiento de su tutor legal.
—Pero yo no me lo llevé, fue Clarissa.
—Y tú no lo regresaste con su padre, como debiste haberlo hecho —masculló el abogado. Alice rodó los ojos, dejando caer la espalda contra el respaldo de ese incómodo asiento en la estación—. ¿Por qué solo el niño y no la niña, también?
—Jacqueline no tiene mi apellido, ni yo estoy registrada como su madre. Al menos en eso Clarissa sí fue inteligente, de otra manera…
—Sí —asintió el abogado—, si se hubieran llevado también a la niña, los problemas serían más grandes.
—¿Qué pasará ahora con ella? ¿Se quedará aquí o…?
—Por eso los abogados de los Swan están viniendo, van a hacer formal la denuncia contra la señora Brandon. Puede que vengan también los señores Swan, Cullen y Parker a presentar su declaración, una vez que eso ocurra, se fijará la fecha para su audiencia y se le dictará sentencia.
—¿Van a necesitar a Tyler?
—Yo espero que no. Aún es muy pequeño y no hubo nada que reportar, ¿o sí?
—No —respondió Alice.
Los abogados de los Swan no quisieron hacer contacto con ninguno de ellos hasta que llegaran Jasper, Isabella, Edward y Raoul, lo que no ocurrió hasta esa mañana. Para sorpresa de todos, Jasper llevaba a Tyler en brazos. Alice se acercó furiosa a él, escapándose de sus abogados.
—¿Por qué lo trajeron? —reclamó, al tiempo que una oficial tomaba al niño y lo llevaba a otra oficina. Jasper ignoró a Alice, siguiendo a la oficial. Alice miró a Isabella, esperando una respuesta.
—Los médicos legistas tienen que asegurarse que esté bien —le dijo.
—¡Pero lo está!
—¡Por supuesto que lo está, Alice! Ellos tienen que saberlo para no empeorar la situación de tu santa madre.
—Va a ser todo, ¿verdad? ¿No tendrá que hablar con nadie sobre lo que ocurrió ni estar en la audiencia de Clarissa?
—Vamos a hacer todo lo posible para que eso no sea necesario —respondió uno de los abogados de los Swan. Alice asintió, aliviada. Isabella fue llamada a la oficina del ministerio para presentar su declaración, dejando a Alice con Edward y Raoul en un incómodo silencio.
—No digan nada —les pidió.
—No sé si mi boca neoyorquina se pueda callar más —soltó Raoul, sentándose en el lugar que había dejado Isabella.
—Por nuestro propio bien deberías intentarlo —masculló Edward, sentándose a lado de él, dejando una silla libre que Alice ocupó.
—Saben que Natasha no les hará la vida tan interesante como lo hice yo, ¿verdad? —musitó, haciéndolos reír a ambos.
—Ya que lo dices de esa manera… —se burló Raoul.
—Vamos, que ya estoy cansado de tener que decirle a Bella que se controle cuando ella solo reaccionaba a lo que tú decías.
—¿Me van a extrañar?
—No —respondieron ambos al unísono. Alice les sonrió, asintiendo.
—Pues yo sí los voy a extrañar. Eran como mis hermanos.
—¿Eso es bueno o malo? —inquirió Edward.
—Teniendo en cuenta cómo se portó con Cynthia, yo creo que es malo.
—Oigan, sigo aquí —reclamó ella.
Raoul extendió su brazo por el respaldo de la silla de Alice.
—Hubiéramos sido épicos los tres, ¿no creen? Y los seis… uff…
—No creo que los Swan estén listos para eso —rio Edward.
—¿No creen que puedan formar ese equipo con Natasha? Porque cuando los vi el día de la fiesta de jardín de Cynthia, yo sí lo creí.
—Bueno, a Natasha no la conocemos tan bien como a ti. Tu boca es de miedo, y combinándola con las de las gemelas…
—Si solo la Princesa me hubiera elegido como su dama de honor…
—Aún no lo entiendes, ¿verdad? —soltó Edward, mirándola por fin a los ojos. Alice se petrificó frente a él—. Tú pudiste ser una especie de mejor amiga para ella, Alice, pero Ilaria es su hermana gemela, contra eso no puedes luchar. Eso no fue sobre devolver el favor, fue sobre Bella sabiendo que había una sola persona en el mundo, además de mí, que podía lidiar con ella durante la planificación de la boda y lo que ha sucedido después, y esa es Ilaria. Nunca fuiste tú. Ella esperaba que la entendieras, no que hicieras berrinche. Al final, se terminó dañando la especie de amistad que ustedes tuvieron y tu matrimonio con Jasper, ¿porque no fuiste su dama de honor?
—Guau. Llegué demasiado tarde a la fiesta —exclamó Raoul después de un prolongado silencio. Alice sacudió la cabeza, con diversión.
—Por favor, cuiden mucho a mis hijos. Sé que cometí muchos errores, pero ellos no lo son.
—Lo haremos —prometió Edward—. Bella mencionó algo sobre dejar que te despidieras de ellos apropiadamente…
Los ojos de Alice brillaron como no lo hacían en mucho tiempo ante la perspectiva de verlos una última vez antes de irse.
—¿En serio? —Edward asintió.
Alice iba a decir algo más, pero su abogada la interrumpió, pidiéndole que se acercara. Ella le confirmó lo que Edward le dijo, solo había algunas condiciones: sería en la casa de Bel-Air, con una supervisión exhaustiva y le darían el tiempo suficiente para decirles adiós. A Alice no le importó, ese permiso era todo lo que había deseado los últimos meses, aun si fueran dos minutos, diez segundos o a través de una ventana. Solo quería verlos una vez más. Y a Cynthia. Su hermanita querida, por la que peleó para darle una mejor vida. Ella también estaría mejor como una Swan.
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Cynthia le sonrió, caminando hacia ella en el parque con la mochila en el hombro. Al llegar, le dio un abrazo con un solo brazo, apretujándola con fuerza.
—Te ves bien —elogió Alice. Cynthia le asintió en agradecimiento.
—Y tú. Hace años que no te veía tan relajada.
—Me siento relajada. Con la fecha de la firma del divorcio siento que me quité un peso de encima.
—¿Segura que quieres irte?
Alice asintió.
—Necesito irme. Este lugar está lleno de malos recuerdos que no me van a dejar avanzar, así que… Sí.
—¿Volverás a Jackson?
—Como primera parada. Una vez que tenga lo suficiente, iré a algún lugar en el que los Swan nunca me encuentren.
—A menos que sea en el fondo del mar, no sé en dónde lograrás eso. ¿Estás lista?
—Por favor.
Cynthia asintió, vacilando un poco.
—Antes, quisiera darte algo aprovechando que estamos a solas —le dijo, bajando la mochila a la banca en la que estaban. Sacó una pequeña cajita envuelta en rosa—. Sé que tal vez quieras olvidar tu tiempo como una Swan, pero te compré esto —musitó, entregándole la cajita—. Es un broche de cisne con diamantitos rosas, mi piedra de nacimiento, la tuya, la de Jasper y las de los niños. Fuimos una familia, buena o mala, pero al final nos tuvimos a nosotros cinco, siempre, y así será. Jasper me pidió, además, que te dijera que si algún día las cosas se ponen peor que ahora, puedes regresar y ser la incómoda ex esposa de la que no se puede deshacer.
Alice lanzó unas risitas.
—Dile que en la siguiente vida, pero que gracias. ¿Podemos irnos ya?
—Claro.
Subieron al auto de Cynthia para ir a Bel-Air.
Jasper no pudo tomarse el día para estar con los niños en la despedida, pero Isabella estaba ahí. La recibió a secas, aunque no esperaba menos de ella. Al final lo que ocurrió en su guerra por el poder en la familia, la batalla legal, lo de Clarissa… terminó arruinando sus últimas esperanzas de tener una separación pacífica con la que alguna vez fue su mejor amiga. Le dolía más de lo que quería aceptar, no la odiaba, solo ya no había más que una cortesía de ex cuñadas entre ellas. No las unía nada más ahora, ni Jasper ni los niños, ni el apellido que nunca compartieron. Eran solo Alice Brandon e Isabella Swan-Cullen, un par de mujeres que alguna vez, cuando fueron chicas, se identificaban como mejores amigas.
—Eugenia —indicó Isabella, haciendo que se llevara a Vanessa del cuarto de juegos para que solo estuvieran Tyler y Jacqueline. La niñera animó a Vanessa para que fueran a comer palitos de pan con chocolate—. Ty, Jackie, mamá está aquí —anunció. Tyler se acercó a Alice corriendo, seguido de Jacqueline.
Isabella y Cynthia salieron de la habitación, manteniéndose en la puerta con los ojos puestos sobre Alice.
La despedida fue corta, pero no sentimental para evitar asustar a los niños. Les dijo que se iría de viaje. Ambos lloraron un poco, pidiéndole que regresara pronto y diciéndole que la iban a extrañar. Se le rompió el corazón al decirles que debía irse, y que ella también los iba a extrañar.
—Gracias —le dijo a Isabella al salir de la habitación. Ella asintió—. Los vas a cuidar, ¿verdad?
—Con mi vida, Alice. Natasha también lo hará.
—Lo sé, de otra forma no podría irme. Dejé unos regalos para ellos, mi abogada los tiene. ¿Podrías ver que los conserven?
—Claro. ¿Dónde te estás quedando?
—Con Heidi. No quise volver a la casa. En los papeles dice que renuncio a ella, así que ustedes pueden hacer lo que quieran.
—Algo nos dijo Jasper. ¿Volverás a Jackson?
—Por poco tiempo, solamente. Irme de aquí es lo correcto.
—Definitivamente lo es. Livaldo te llevará a la casa de Heidi.
—Gracias, otra vez. Hasta pronto, Isabella.
—Adiós, Alice.
No pudo evitar darle un vistazo a la gran casa mientras se subía al auto. Y pensar que hacía unos años habría matado por vivir ahí…
Tuvo ese último atisbo a la vida por la que peleó tanto al estar en el auto con Livaldo. Le abrió la puerta trasera, se mantuvo en su papel de chofer y la despidió con un "señorita Alice" y una reverencia. Sin esperarlo, se había ganado el respeto de la familia con solo aceptar de esa manera tan digna y discreta que había perdido la batalla y al decidir irse en completo silencio. Eso debió hacerlo desde el momento en el que recibió los papeles, en vez de hacerle caso a Clarissa como si fuera una niña pequeña. Tal vez habría podido quedarse y ver a sus hijos, pero por todo lo que ocurrió, tenía que dejar hasta la casa que una vez odió con toda su alma.
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—¿Segura que no quieres que entre contigo? Puedo esperar fuera de la sala —le preguntó Liam al detenerse frente al juzgado. Alice sacudió la cabeza.
—Prefiero hacerlo sola. Y no quiero crear más escándalos. Si Jasper te ve, tal vez la situación se ponga color de hormiga.
Liam asintió, deseándole suerte. Alice bajó del auto, sonriéndole a su abogada cuando la vio esperándola en la entrada del juzgado.
—¿Estás lista? —le preguntó.
—Más que nunca.
Esperaron fuera de la sala a que el juez los dejara entrar. Jasper ya estaba ahí con su abogado. Saludó a Alice con un asentimiento y una sonrisa.
A ella no le pasó desapercibido que Jasper tampoco se había quitado el anillo de matrimonio. No es que significara algo para ella que aún lo usara, era solo que su matrimonio todavía no se acababa y él lo sabía. Eso significaba mucho para ella.
—Divorcio Swan contra Brandon, pueden entrar —indicó un oficial desde la puerta.
Se colocaron en lados separados, acompañados por sus abogados, de pie esperando que el juez entrara. Una vez que comenzó la audiencia el juez dio lectura a todas las condiciones de la demanda, preguntándoles a ambos si estaban de acuerdo con ellas, sobre todo cuando se habló de los niños, la casa y la pensión que Alice recibiría hasta que pudiera mantenerse por su cuenta. Esto último la sorprendió. Creía que se iba a quedar solo con la indemnización, pero Jasper no quería dejarla desamparada con lo que Elise decidió darle, así que asignó algo más de dinero para ella.
—Abogados, vengan al estrado por sus papeles —ordenó el juez. Ambos licenciados se acercaron y recibieron un sobre cada uno que llevaron de vuelta a sus mesas. Les indicaron a Alice y Jasper donde firmar antes de que el juez se pusiera de pie—. Por el poder que me confiere el estado de California, los declaro legalmente separados —vociferó, azotando el mazo contra la madera del estrado. Alice suspiró de alivio, sonriéndole a su abogada.
Fuera del juzgado esperaban Heidi, Liam y Natasha. Jasper y Alice se despidieron una última vez antes de acercarse a sus acompañantes. Natasha literalmente corrió a Jasper sin importarle nada, eso hizo sonreír a Alice. Ellos por fin iban a estar bien, perfectamente bien, y ahora ella también.
Heidi y Liam la abrazaron con fuerza, felicitándola por ese nuevo paso y por librarse de los grilletes de los Swan.
La llevaron al aeropuerto. Con el divorcio firmado ella ya no tenía nada que hacer en la ciudad. Sus amigos prometieron visitarla en cuanto supiera en donde se establecería, ella les prometió informarles sobre eso.
No la dejaron sola hasta que llamaron a su vuelo, solo bastó una última despedida para que ella subiera al avión con una sonrisa en el rostro.
Se sentía un poco triste por dejar el único hogar que había conocido los últimos siete años, pero sabía que era para mejor. Algo nuevo y emocionante le esperaba en donde sea que se estableciera, lo sabía. Iba a comenzar una nueva vida y eso le emocionaba.
Hola, hola. ¿Cómo están? Aquí apesta a últimos capítulos, quien sabe por que jajaja. ¿Les gusto el cap? Una de las cosas que quedaron sin especificar en Realeza fue como quedo la relación entre Jasper y Alice después del divorcio, todas supusimos que terminaron con ganas de matarse el uno al otro, ¿no? ¡Pues no! Jajaja. Era bastante importante para mi y para la historia que, al final, terminarán siendo corteses el uno con el otro.
Gracias a saraipineda44, piligm, Yoliki, paosierra, Tecupi y Dara por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. Nos vemos en el siguiente y en los reviews.
¡Ya nada más tres capítulos! Ay, nanis...
Annie.
