Hola, chicas! Aquí les traigo un nuevo capítulo, muchísimas gracias por los reviews, followers y favoritos. Nunca pensé que esta historia llegaría a tener tantos :) Un agradecimiento súper especial a Ali TroubleMaker, Caro2728, hadramine, Lelie08, Margo y a Ginnyblue, por sus lindos reviews. Cada uno de ellos es muy especial para mí y me animan a seguir escribiendo esta historia.


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Capítulo 18: Cruel Amor…

Su corazón se detuvo.

La tormenta había empezado, el peor de sus temores se había vuelto una funesta realidad, y finalmente la verdad había quedado expuesta ante todos.

El comedor, que siempre se había considerado tan bullicioso y ruidoso, ahora estaba en completo silencio. Un silencio tan estremecedor que podía apagarlo todo, y que no auguraba nada bueno.

Todos los alumnos habían callado tan pronto como la desquiciada de Astoria Greengrass había ingresado gritando al comedor. Ella lucía furiosa, su rostro estaba cargado de ira, cargado de aquella rabia que llevaba acumulada desde hacía tiempo, y que al fin parecía estar siendo liberada.

Todos, absolutamente, todos, la miraban atentamente y confundidos. Nadie podía creer lo que acababa de decir. ¿Qué Draco Malfoy y Hermione Granger, eran amantes?

-¡Se estuvieron acostando todo este maldito tiempo!-gritó Astoria nuevamente desesperada, mientras su hermana corría tras ella e intentaba detenerla.

-Astoria, por favor, ya basta.-le pidió Daphne angustiada, pero la azabache no entendía razones. Había sido invadida por el odio y la venganza, sólo quería que el mundo entero se enterara de lo que le habían hecho.

En un arrebato, se separó de su hermana y se acercó peligrosamente hasta la mesa slytherin, dirigió su vista hacia Draco y golpeó sus puños contra la mesa.

-¡Maldito bastardo!-gritó exasperada y escupiendo todo el veneno que llevaba por dentro.- ¿Cómo pudiste acostarte con ella todo este tiempo? ¡De todas las zorras que hay en Hogwarts, tuviste que engañarme con ella!-gritó Astoria mientras señalaba a la mesa Gryffindor. -¡Me mentiste! ¡Y con esa sangre sucia, maldita sea!-exclamó sintiendo que en cualquier momento lo abofetearía.

Draco intentó mantenerse sereno, sabía que la mejor manera de lidiar con ella, era ignorándola. Pero en esta ocasión, Astoria estaba descontrolada, lucía más neurótica que de costumbre y no sabía de lo que era capaz de hacer. El rubio no entendía cómo demonios se había enterado, pero tenía el presentimiento de que esto no acabaría nada bien, podía sentir la mirada de todos los alumnos sobre él, podía sentir que Hermione le observaba desde el otro lado, probablemente deseando que todo esto se acabara pronto.

- ¿A dónde demonios quieres llegar con todo esto?-le respondió Draco poniéndose de pie y decidido a enfrentarla.- ¿Tan difícil es aceptar que mi familia te necesitaba para salvar su reputación y recurrieron a ti como último recurso? Mírate, sólo estás dando un maldito espectáculo, Astoria.

Ella le miró con odio y con rencor. ¿Acaso pensaba que esto se iba a quedar así?

-¡Te lo mereces!-le gritó sintiendo que no le importaba hacer un escándalo.- ¡Tú y esa sangre sucia se merecen este maldito espectáculo!

Draco sintió que su sangre empezaba a hervir. No soportaba que esa psicópata continuara insultando a Hermione, ni mucho menos que la llamara sangre sucia.

-No te atrevas a llamarla así.-le advirtió el rubio perdiendo la poca paciencia que le quedaba.- ¡Nunca vuelvas a llamarla así!-enfatizó.

Astoria esbozó una sonrisa maquiavélica, y sin que nadie pudiera detenerla, se dirigió a la mesa gryffindor. De inmediato, Draco fue tras ella, pero fue en vano.

-¡Tú, maldita zorra!-le gritó a la castaña tan pronto como la vio al lado de Luna Lovegood.-¡No te bastó con el imbécil de tu novio y también tuviste que robarte al mío!-le espetó completamente ofuscada y deseando que el mundo entero ardiera.- ¡Te juro que me vengaré de ti y de ese bastardo! ¡Te arrepentirás!-le amenazó con ese tono de voz tan chillón e irritante.

Hermione se quedó congelada en su sitio, mientras sentía que la vergüenza recorría su interior. Todos los alumnos la miraban sorprendidos, podía sentir los murmullos, y el cotilleo a sus espaldas, podía ver las muecas de sorpresa en los rostros de Parvati Patil y Katie Bell. Sabía que Astoria era vil y cruel, nunca antes alguien la había tratado de ese modo, pero en ese momento, sólo pensaba en ella misma y en Draco. No quería que esto se volviera más grande de lo que ya era. Tenía que buscar una forma de detenerla.

¿Pero, cómo? La mujer estaba descontrolada y parecía que disfrutaba con cada segundo de aquel infierno.

-Tu silencio lo confirma, ramera.-escupió Astoria con desdén y no se quedó para escuchar una respuesta por parte de Hermione, por el contrario, sonrió para sus adentros cuando notó que unos cuantos metros más allá, se encontraba Weasley en compañía de Potter.

Ronald no entendía qué demonios estaba pasando, su cabeza daba vueltas y en lo único en que podía pensar era en las palabras de Greengrass. La confesión, lo había dejado literalmente sin palabras, lucía más pálido que de costumbre, y no podía evitar sentir que estaba en medio de una espantosa pesadilla.

-¡Weasley, despierta, tu noviecita ha estado acostándose con Malfoy todo este tiempo!-exclamó la exasperada azabache mientras le lanzaba unas fotografías al pelirrojo.- ¡Míralo con tus propios ojos, idiota! ¡Te estuvo mintiendo todo este tiempo! ¡Te decía que estaba haciendo un maldito proyecto para Slughorn, cuando en verdad se estaba follando a Malfoy! ¡Nos mintieron!-le dijo esperando que eso desatara la rabia en él.

Ron cogió las fotografías que Astoria le había lanzado sobre la mesa, y comenzó a mirarlas frenéticamente. Su expresión cambió a una de furia, cuando notó que en esas fotos Hermione y Draco estaban besándose en lo que parecía ser una ciudad muggle, abrazados y tomándose de las manos. Eso fue suficiente para que el desesperado pelirrojo pudiera sentir que la cólera recorría todo su cuerpo.

Ron alzó la mirada y fijó sus ojos en Hermione.

-¡Ron, no!-exclamó Harry e intentó detenerlo, pero él lo ignoró y fue decidido a enfrentar a la castaña.

Ella no supo si salir de ahí o enfrentarlo. De todas formas, una parte de ella le decía que se lo merecía.

-¿¡Qué demonios has hecho!?-le espetó incrédulo, mientras su rostro se teñía completamente de rojo.

Hermione sintió que su corazón se aceleraba, podía sentir que lo peor había empezado. Intentó pensar en qué responderle, ¿Pero en verdad tenía palabras para excusarse? Siempre había tenido una respuesta para todo, pero ahora… Ahora, no había nada que pudiera decir.

-Ron, no hablemos de eso aquí… Por favor, prometo explicártelo todo, pero no aquí.-fue lo más sensato que pudo contestar, mientras sentía que la humillación era peor que cualquier otro castigo.

Pero el pelirrojo hizo caso omiso a sus palabras y por el contrario, sólo consiguió llenarse de una rabia que nunca antes había sentido en toda su vida.

- ¡¿Es esto cierto, Hermione?!-le gritó sintiendo que la odiaba.

¿Pero para qué demonios quería que le respondiera, si eso era más que evidente?

La castaña cerró los ojos, y tragó espeso mientras pensaba en la primera vez que le había sido infiel con Draco. Aquella primera vez en la sala de menesteres.

-Ronald, lo siento…-fue lo único que pudo salir de sus labios.

Una simple frase fue suficiente para confirmar el engaño.

Harry puso una mano en el hombro de Ron e intentó calmarlo, mientras metros más allá, Astoria continuaba gritándole a Draco, pero el rubio ni siquiera le prestaba atención, no podía, él sólo miraba a Hermione y ella lo miraba a él.

Nos lo merecemos, pensó la castaña reconociendo su culpa en medio de aquel escándalo.

-¿¡Por qué?!-exclamó Ron desesperado y sintiendo que el mundo entero se le caía a pedazos.- ¿¡Qué demonios te hice para que me pagaras así!? ¿Qué demonios te hice, Hermione?-repitió ofuscado mientras se acercaba peligrosamente a ella.

Hermione se quedó de piedra. Nada de lo que él hubiera hecho, podía justificar la traición con la que ella le había pagado.

Lo siento, Ronald, pensó sintiendo que su mirada se empañaba. Lamentaba lo que le había hecho, pero no podía obligar a su corazón a amarlo, su corazón ahora le pertenecía completamente a Draco.

-Te amaba. Eras lo más importante para mí. Te amé como un maldito idiota. Confié en ti, en cada una de tus malditas palabras. ¿Y cómo demonios me pagas?-le preguntó con los ojos vidriosos.- ¡Me mentiste! Todo este tiempo estuviste acostándote con ese bastardo… ¿Por qué, Hermione? ¿Por qué de todos tuvo que ser con esa maldita serpiente?

Hermione sintió que las lágrimas amenazaban por salir, pero no haría de esto un jodido circo, le diría la verdad y acabaría con esto de una vez por todas.

-Lamento mucho que todo esto esté pasando, pero no podías obligarme a qué siguiera en una relación sin amor… Lo siento, pero siempre estuvo destinado al fracaso.-le respondió como otras veces, pero sabía que eso no serviría de nada.

El amor había sido cruel con Ronald Weasley, y eso era lo que el pelirrojo sentía en esos momentos de desesperación. Hermione había sido un cruel amor en su vida, un amor que había desgarrado su corazón hasta destrozarlo por completo.

-Ron, vamos, tenemos que salir de aquí.-le aconsejó Harry al mismo tiempo que notaba que Malfoy, completamente furioso, se acercaba a ellos. Sabía que esto no sólo quedaría en insultos.

De inmediato, Ron se acercó a Hermione y la miró directamente a los ojos. Estaba destruido, se sentía humillado y sólo quería herirla tanto cómo ella lo había hecho con él.

-Eres una cualquiera… Greengrass tiene razón, sólo eres una zorra.-masculló con desprecio.

De inmediato, Hermione sintió que alguien jaló de su brazo para apartarla del camino, y ante sus ojos vio cómo Draco avanzaba hacia el pelirrojo y le propinaba un puñetazo limpio directo en la cara.

Todo el alumnado ahogó un grito desesperado.

-¡No te atrevas a insultarla o juro que te mataré, maldito imbécil!-le amenazó tomándolo por el cuello completamente descontrolado.

Ron escupió sangre e intentó quitarse al imponente rubio de encima, pero le fue imposible.

Hermione trató de alejar a Draco, pero también le fue inútil, él estaba fuera de sí y no parecía querer soltar al pelirrojo tan fácilmente.

-¡Maldito mortífago!-le gritó Ronald con impotencia.- ¡Me robaste lo que más amaba! ¡No te bastó acostarte con media escuela, y tuviste que robarme a mi novia!-sentenció desesperado y frustrado de no poder hacer nada.

Aun tomándolo por el cuello, Draco lo miró con rabia.

-¡Yo nunca te la robé, idiota!-le dejó en claro y deseando poder lanzarle un crucio.- ¡Ella siempre fue mía! ¡Acéptalo, siempre será mía!-repitió mientras lo empujaba con violencia y el pelirrojo caía hacía atrás.

Tan pronto como cayó, Ron volvió al ataque, e intentó lanzarle un derechazo a Draco, pero el rubio lo esquivó con facilidad.

-¡Draco, déjalo!-exclamó Theodore tomando a su amigo por detrás.-Déjalo, sólo es un imbécil, no merece nada de ti. Sólo es un cobarde.-le recordó.

Theo intentaba calmarlo, pero él mejor que nadie lo conocía, y sabía que no podría detenerlo por mucho tiempo.

-¡Me has destruido!-repitió Ronald mirando a Hermione con odio y rencor.- ¡¿Cómo pudiste traicionarme con ese maldito mortífago?! ¡De sólo pensar en todas las veces que debiste acostarte con él, siento asco! ¡Y pensar que di todo por ti, por una ramera!-repitió completamente derrotado.

Ese fue el detonante para que Draco se soltara del agarre de Theodore, y cayera con Ronald sobre el piso.

-¡No, Draco!-gritó Hermione desesperada, pero los dos no se detenían y todo parecía empeorar.- ¡Draco, no, detente!-le pidió asustada.

El rubio le propinó otro golpe en el estómago, y si alguien no lo detenía sentía que lo mataría.

-¡Eres un maldito cobarde, Weasley!-le decía repetidamente. Draco nunca antes había sentido tanto odio por una persona, pero el sólo hecho de escuchar esas asquerosas palabras en boca de ese idiota, hacían que la mente se le nublara por completo e intentara hacerle pagar por su error. El rubio se aseguró de que Ronald estuviera viéndolo fijamente a la cara, y cuando finalmente lo logró, no pudo evitar decirle:- ¡Todas esas noches, después de trabajar en el proyecto de Slughorn, le hacía el amor en la sala de menesteres! ¡No tienes ni idea de lo bien que la pasamos, maldito idiota!-le espetó.

Draco sabía que ese había sido un golpe bajo, pero en ese momento, nada le importaba.

El rostro de Ronald estaba tan rojo por la ira y por las palabras que acababa de escuchar, que en cualquier momento explotaría.

-¡Eres un bastardo, asqueroso mortífago!-le gritó el pelirrojo completamente dolido, al notar que todo este tiempo ellos dos se habían estado burlando de él a sus espaldas.

-¡Draco, no! ¡No vale la pena!-gritó Theodore intentando sostener al rubio, pero él era más fuerte.- ¡Maldita sea! ¡Potter, controla a Weasley!

Harry intentaba agarrar a Ronald, y en medio del alboroto, uno de los puñetazos que iba dirigido hacia el pelirrojo, terminó estampado en la cara del azabache.

-¡Todo esto es por tu culpa, sangre sucia!-chilló Astoria acercándose a Hermione.

-¡No, Astoria!-gritó Daphne deteniéndola y sabiendo de lo que su hermana era capaz.

La azabache estaba decidida a abofetearla, pero Daphne la tenía agarrada de ambos brazos.

Hermione sentía que esta pesadilla no tenía final. Este era el maldito infierno sobre la tierra, y no había forma de escapar de él.

-¡Astoria, ya basta! ¡Sólo estás empeorando todo! ¡Si quieres hablar, hablaremos, pero no así!-le respondió Hermione tomando su distancia y asegurándose de que la idiota no se le acercara.

-No te atrevas a hablarme, maldita.-le contestó la azabache y luego la miró fijamente a los ojos.- ¡Tú reputación de niña buena se irá a la basura, y no te librarás de mí tan fácilmente! ¡Escúchame bien, ramera, te juró que me vengaré de los dos! ¡No sabes en lo que te has metido! ¡No me importa lo que tenga qué hacer, no me importa si tengo que hacer un pacto con el mismísimo demonio, te juró que me las pagarán, malditos traidores!-le gritó mientras sentía que haría todo lo que estuviera en sus manos para que nunca fueran felices.-¡Sufrirás tanto como yo! ¡Ya verás de lo que soy capaz, sangre sucia!-finalizó sonriendo con la maldad más pura en los labios.

Hermione la miró con desprecio y sintió que la azabache había enloquecido.

-Eres una maldita demente.-le espetó Hermione cansada de guardar las apariencias.

-¿Cómo demonios me has llamado, perra?-inquirió frenética.

Pero la castaña la ignoró, no podía estar en medio de dos peleas, tenía que detener a Draco. Se sentía desesperada, temía que esto pudiera desembocar en una expulsión. Nunca antes lo había visto tan furioso y fuera de sí.

-¡Draco, no!-le pidió Hermione sabiendo que debía actuar rápido.- ¡Mírame!-exclamó esperando que él pudiera calmarse.-Por favor, detente. No sigas con esto, Draco. Por favor.-le rogó por última vez.

Sus ojos grises dejaron de fijarse en el imbécil de Weasley, y se posaron sobre Hermione, ella lucía aterrada, y por mucho que quisiera acabar con el maldito pelirrojo, se detuvo y sintió que lo hacía únicamente por ella.

-¡Dios mío, señor Malfoy, señor Weasley, deténganse ahora mismo!-exclamó Mcgonagall llevándose una mano al pecho y como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

La anciana directora sintió que tendría que utilizar su varita si esto continuaba así.

-Maldito cobarde.-escupió Draco mientras Hermione se colocaban a su costado.

-¡Maldito mortífago!-le insultó Ronald mientras le echaba una mirada cargada de odio al rubio y luego a Hermione.- ¡Malditos sean los dos!-sentenció.

Los ojos de Mcgonagall se abrieron como dos resortes al escuchar los insultos.

-¡Basta! ¡Este comportamiento es inaceptable en nuestra escuela!-les reprendió Mcgonagall completamente sorprendida por el descontrol de la situación. No tenía ni idea de qué podía haber desatado tal pelea, pero ciertamente no lo permitiría.-¡Todos me acompañarán a la dirección, ahora mismo!-les dijo, para luego mirar a cada uno de ellos.-Weasley, Malfoy, Greengrass, Granger, incluidos el señor Potter y el señor Nott.-ordenó furiosamente.

Harry dio un paso hacía adelante, e intentó intervenir, pero Mcgonagall lo interrumpió antes de que él pudiera decir una palabra.

-He dicho todos, señor Potter, absolutamente todos.-le calló tajantemente.-¡Que el resto de alumnos se retiren a sus respectivas torres!-ordenó esperando que eso calmara la tensión en el comedor.

El silencio estremecedor de minutos atrás, fue sustituido por un enorme bullicio, cientos de voces y conversaciones en las que sólo se escuchaban los apellidos de Granger y Malfoy. La comidilla del momento.


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Ni bien pusieron un pie en el despacho de la anciana directora, Mcgonagall no pudo evitar juzgarlos severamente por su lamentable comportamiento, y más aún, cuando sus mejores alumnos se encontraban involucrados en aquel horrible escándalo.

-¿¡Pero en qué demonios estaban pensando!?-les gritó ofuscada mientras miraba a todos con decepción.- ¿Dar esa clase de espectáculos en medio de todo el alumnado? ¿Irse a los golpes como sucios forajidos?-continuo diciendo con el mismo tono de voz autoritario.

Desde el momento en que habían ingresado a la dirección, Hermione no había podido evitar coger la mano de Draco entre la suya. Temía que este sólo fuera el principio de algo más grande. Pero en ese momento, temía más por el rubio, temía que Mcgongall acabara aplicando un castigo más severo y terminara por expulsarlo.

-En todos mis años de enseñanza, jamás había visto algo así. Estoy seriamente decepcionada de todos ustedes.-les dijo sin dejar de observarlos.

Astoria Greengrass miró a Mcgonagall con indiferencia. No quería estar ahí, sentía que si lo hacía, volvería a estallar en furia en cualquier momento, y más aún cuando vio como Draco entrelazaba su mano con la castaña.

-¡Todo es culpa de Granger y de Malfoy, directora Mcgonagall!-gritó la azabache sin poder contenerse, y señalándolos con aquella arrogancia y actitud despótica que la caracterizaba.- Sus queridos prefectos han estado follando todo este tiempo a nuestras espaldas... ¡Malfoy era mi prometido! ¡Y la sangre sucia era novia de Weasley!-escupió con rabia.

Mcgonagall pestañeó dos veces, mientras los demás la miraban sorprendidos.

-¡Por dios, señorita Greengrass! ¿Cómo se atreve a hablarme así? ¡No permitiré ese vocabulario en Hogwarts!-le espetó horrorizada de que uno de sus alumnos actuara de ese modo.- ¡Si bien tengo entendido, es usted quien comenzó este escándalo! ¡Le prohíbo terminantemente volver a usar esos despreciables adjetivos o me veré en la obligación de notificarlo al ministerio!-sentenció tan pronto como pudo.

Era de conocimiento público que la palabra sangre sucia estaba prohibida, y Mcgonagall sentía que aquella alumna estaba jugando con fuego. Sólo estaba esperando que volviera a repetirlo, y de inmediato, lo notificaría.

-Pero, directora…-intentó decir la muchacha sin arrepentimiento alguno.

Mcgonagall alzó su varita y la observó con severidad.

-Cállese, señorita Greengrass o me veré en la obligación de utilizar un encantamiento silenciador con usted.-le advirtió mientras volvía su mirada al resto de los estudiantes.- Esto no se quedará así, señores... Esta es una escuela respetable, no un vulgar reformatorio. A todos se les quitará cincuenta puntos de sus respectivas casas.-les dijo.

Theodore frunció el ceño confundido. Probablemente, al igual que Harry, sintió que la directora estaba siendo injusta con ellos dos.

-Y recibirán las respectivas sanciones del caso, por supuesto.-continuó diciendo con rectitud.-Tendrán detención al finalizar sus clases durante un mes. Mañana se les procederá a informar qué profesores se les asignará a cada uno. Y aunque todos sean mayores de edad, he de recordarles que sus padres serán notificados sobre estos lamentables hechos.-les dijo mientras les daba una última mirada.- Sólo un escándalo más, y no duraré en proceder con la expulsión, señores. Hablo en serio, señorita Greengrass.-le advirtió por segunda vez.

Hermione no dijo nada, intentaba poner atención a lo que Mcgonagalla decía, pero en lo único en que pensar era en la mirada asesina que Astoria le había estado dirigiendo durante todos esos minutos.

-Señor Potter, señor Nott, y señorita Granger. La detención para ustedes será sólo por dos semanas.-les indicó mientras miraba a los tres jóvenes.-Lamento que tenga que ser tan severa con ustedes tres, pero si no doy las medidas ejemplares, el resto de alumnos pensará que pueden hacer lo que les venga en gana, y Hogwarts es una escuela honorable.-les explicó sin nada más que agregar, ni entrar en detalles.

Harry asintió en silencio, mientras la directora les echaba una última mirada.

-Ya pueden retirarse.-les comunicó mientras hacía una pausa y se dirigía a dos de sus alumnos.-A excepción del señor Malfoy y de la señorita Granger.-concluyó la mujer asegurándose que el resto de los jóvenes se retirara en silencio.

Astoria puso los ojos en blanco, y con la misma actitud desafiante, se adelantó en dejar la oficina, seguida de Harry y Ronald.

Hermione le dirigió una mirada a Draco, y este le hizo un ademán con la mano para que no dijera nada.

-No sé qué decir…-sentenció Mcgonagall volviendo a su escritorio y tomando asiento.-Sé que son mayores de edad, y no debo meterme en la vida privada de mis alumnos, pero esto ha cruzado los límites.-reconoció la anciana mientras les miraba, y por unos momentos, recordaba aquella primera vez que los había visto en Hogwarts, cuando sólo eran unos niños de primer año.-Son los mejores alumnos de su clase, por eso decidí hacerlos prefectos… Tarea, que debo reconocer, han realizado a la perfección.-hizo una pausa.-Pero estos escándalos son inaceptables y son ustedes quienes deben dar el ejemplo, más aún por las posiciones que ambos tienen en sus respectivas casas. Espero que esto no se vuelva a repetir.-les pidió.

Por un segundo, Hermione pensó que les destituirían de sus cargos, pero Mcgonagall les dirigió una mirada que la castaña no supo cómo interpretar, parecía una mirada triste.

-No soy quien para juzgar sus actos, pero sólo les pediré que guarden decoro mientras se encuentren estudiando en Hogwarts.-concluyó mientras hacia un ademán con su mano para que se retiraran.

Ambos salieron del estudio de la directora, y caminaron sin decir absolutamente nada hasta que llegaron a los fríos pasillos del castillo. El silencio reinaba, y no había ni una sola alma en el lugar.

Hermione sintió que Draco la detuvo, y sus miradas se encontraron. No dijeron nada por unos breves segundos, y fue el rubio quien rompió el silencio.

-Espero que algún día puedas perdonarme por todo esto…-fue lo primero que salió de sus labios.

La castaña parpadeó dos veces. Tenía muchas cosas en la cabeza, pero no entendía por qué él insistía en culparse.

-No tengo que perdonarte nada… Sabíamos que esto sucedería, Draco.-le dijo colocando ambos manos contra su pecho.-Tarde o temprano saldría a la luz.-reconoció pensando en la desagradable situación y en la vergüenza que todo eso le había causado. Lo cierto era que ya estaba hecho, y no había forma de cambiar el pasado.

Draco negó con su cabeza. Su semblante era calmado, pero cuando los recuerdos del escándalo en el comedor inundaron su mente, sintió un profundo y exasperante fastidio.

-Pero no de este modo, Hermione…-respondió intentando mantener la calma, pero las imágenes se repetían una y otra vez en su cabeza.- Todas las cosas que ese estúpido imbécil dijo… Si pudiera matarlo, lo habría hecho.-sentenció frustrado.-Y esa maldita demente…

Hermione entendía el enfado de Draco, ella también se sentía completamente fastidiada con la humillación a la que habían sido sometidos, pero no había nada que pudieran hacer al respecto, ambos sabían que tanto Astoria como Ronald reaccionarían de aquella manera. Y por ahora, lo mejor que podían hacer era ignorar las miradas inquisitivas, y el cotilleo de la gente a sus espaldas.

Ella colocó una mano en su mejilla, y examinó su rostro brevemente, buscando algún cardenal o posible daño que pudiera haber obtenido durante la pelea, pero el rostro del rubio lucía impecable, y a juzgar por su apariencia, nadie podría adivinar que hacía sólo una hora atrás había estado enfrascado en una riña.

-Eso no importa, Draco… ¿Crees que en verdad me importa lo que nos hayan dicho?-le preguntó intentando restarle importancia a los insultos.

Ciertamente, Hermione jamás habría imaginado que Ronald podría dirigirse a ella y utilizar aquellos despreciables calificativos, pero una vez más, eso había servido para saber que él jamás había sido el indicado.

Draco miró hacia abajo.

-Nada de eso tiene valor.-le afirmó Hermione con aquella voz que parecía asegurarle que todo estaría bien.- Sé que fue horrible y la humillación no será fácil de olvidar, pero… estamos aquí, juntos. Tú yo. Eso es lo único que importa.-concluyó acercando su rostro al suyo.

Sus labios se encontraron una vez más, y se perdieron en un desesperado beso que pareció ser tan dulce y tan profundo al mismo tiempo. Aquel beso que necesitaban para calmar el tormento que carcomía sus almas, y el que necesitaban para poder sentirse a salvo en los brazos del otro.

Hermione dejó de besarlo al cabo de unos segundos, y prefirió a aferrarse a él enterrando su rostro contra su pecho y aspirando su aroma. Por primera vez desde lo ocurrido, sentía que quería llorar y derrumbarse en sus brazos.

Había querido demostrarle a Draco que podía ser fuerte y que nada de esto le afectaba, pero era humana y lidiar con una situación así, no era nada fácil para nadie.

-Hermione…-susurró Draco contra su cabello y esperando poder consolarla de algún modo. Odiaba verla así.-Prométeme que serás fuerte…

La castaña presionó sus labios y miró a sus ojos grises.

-Sí… S-Sólo necesitaba…-le dijo sin terminar la oración.

-Lo sé, preciosa.-concluyó Draco entendiendo a lo que se refería.-Eres la persona más maravillosa que conozco. ¿Lo sabes, no es así?-le preguntó sintiendo que pronto todo esto acabaría.

-Y tú eres increíble…-susurró Hermione contra sus labios.

Draco esbozó una sonrisa, y no pudo evitar perderse en el hermoso rostro de la castaña. No importaba en qué situación estuvieran, ella siempre lucía preciosa.

-En cuatro meses todo esto terminará, y nos iremos de aquí.-le animó él, sintiendo que su destino estaba a punto de cambiar.

En los labios de Hermione se dibujó una sonrisa cuando escuchó sus palabras, y sintió esa seguridad con la que el rubio se lo había dicho.

Definitivamente, estaban haciendo lo correcto y nadie se los impediría. Absolutamente, nadie.

-Sí, tienes razón. Pronto todo esto se acabará.-repitió ella sintiendo que nuevamente volvía a sentirse en calma, gracias a Draco.

Pero aún había una interrogante en su cabeza, y no pudo evitar dejar de pensar en ello.

-¿En qué piensas?-le dijo Draco sintiendo que había algo que no le decía.

Hermione se tardó unos segundos en responder.

-¿Recuerdas que Astoria tenía unas fotografías? Las que le mostró a Ronald…-le dijo refiriéndose a aquellas infames fotos que habían desatado la furia del pelirrojo. Hermione no había logrado verlas con claridad, pero parecían que habían sido tomadas durante alguna de sus caminatas por el parque que estaba cerca de su casa.- ¿Cómo las consiguió? ¿Quién nos las tomó?-preguntó con curiosidad.

La interrogante también parecía flotar en la cabeza de Draco, y al igual que ella, nada se le venía a la cabeza.

-Puede habernos seguido, aunque es difícil, viniendo de ella nos habría enfrentado ahí mismo.-le contestó encogiéndose de hombros y restándole importancia.- Sinceramente, no lo sé, puedo esperar cualquier cosa de esa psicópata.-le respondió intentando no seguir pensando en eso.

Hermione asintió en silencio. Tenía una idea de quién podía tratarse, pero sentía que lo mejor era guardarse sus pensamientos para más tarde.

-Ven, preciosa.-le dijo Draco sonriendo y entrelazando su mano con la suya.-Salgamos de aquí.-sentenció sintiéndose libre de poder tratarla como lo que verdaderamente ella era: Su novia.

La castaña volvió a sonreír.

Ya no había nada que esconder.

Tal vez, no había sucedido de la mejor manera, pero si quiera, ahora podrían demostrar que estaban juntos.

Hablarían a sus espaldas, escucharían los murmullos y el cotilleo de las demás personas, les señalarían, y aun así, ellos seguirían juntos.

Siempre Juntos.


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Perdonen que haya sido tan corto! Prometo que el capitulo que viene será mucho más largo y con más drama :) Espero que este les haya gustado mucho y que haya llenado sus expectativas jajaja. No lo voy a negar, me encantó escribir la pelea, la reacción de Ron y la histeria de Astoria. ¿Será que en verdad está trastornada? :O

Por cierto, ¿Quién creen que tomó las fotografías? Sé que varias de ustedes ya lo saben, pero anímense a dejarme sus respuestas en un review.

Muchísimas gracias por leer, chicas! Nos vemos pronto :)