Asalto

Genevre y Prince se besaron tiernamente durante unos minutos más, tomándose por las cabezas.

-Qué bien besas, Prince, es alucinante, sólo con los labios. Nunca me habían besado así, sólo con los labios, vaya aventura contigo, no voy a conformarme con una noche, voy a querer más – le dijo Genevre.

-Buf, Genevre… se me acumula el trabajo en ese aspecto. Si he pasado dos semanas sin hacérmelo fue porque me saturé.

-Entiendo. Yo no soy muy exigente. De vez en cuando, cuando de verdad te apetezca, como ahora. No creas que antes te daba por ganado, ha sido todo un juego. Mejor si tengo que ganarte cada vez, me apasionan los retos. Me lo trabajaré, ya sabes, un desafío mental, como nos gusta a los águilas.

-Vaya, Genevre… me encanta tu personalidad. Ojalá hubiera sido Rave.

-No es la primera vez que me lo dices.

-No, no es la primera vez.

-Y que sepas que voy a conformarme con lo que me des, no te pondré en aprietos. En todo caso lo haré para retarte, también me pone que te hagas el duro y te niegues, que seas en cierto modo inalcanzable. Ya me la darás cuando te estrenes, menuda sorpresa me darás.

-Genevre, si sigues así voy a volver a ponerme…

-Pero Prince, si hace dos minutos que te has ido…

-Pues ya ves, yo soy así. ¿Qué le vamos a hacer…?

-Al final vas a quitarle la gracia, si en verdad eres tan fácil deja de interesarme.

-Vale, vale. Yo también seguiré jugando.

-Un ratito más de besos y entramos, pero dejemos de hablar, quiero sólo sentirte.

-Y yo.

Por fin se separaron. Él le dijo:

-Vamos a vincularnos con Valerie, a ver qué excusa ha puesto.

-Genial.

Lo hicieron, se vincularon con Valerie. Habló Prince:

-Valerie, cariño, ¿has disimulado nuestra ausencia?

-No, Prince, no he dicho nada, no habría resultado creíble, no he hablado con vosotros antes de entrar.

-Muy bien hecho, Valerie.

-¿Qué vais a decir?

-Que se me había caído la cartera del bolsillo al Aparecernos y hemos tenido que volver al callejón a buscarla.

-Buf… no es que sea muy buena, os habéis excedido un poco.

-Bueno – dijo Genevre – Que piense lo que quiera, el problema es mío, ya lo resolveré a mi manera, en principio vamos a poner esa excusa.

-Se me ocurre que podéis añadirle otra.

-Di, Valerie.

-En la calle a la que hemos salido desde el callejón había una librería. Que al volver del callejón os habéis quedado mirando el escaparate o incluso habéis entrado a preguntar por algún libro que os ha parecido interesante.

-Muy buena, Valerie. Muchas gracias, me salvas el culo el día de hoy, porque no quiero dramas, no al menos hasta mañana.

-Estupendo, guapa, me alegra haberte sido útil. Ya sabes, hemos de ayudarnos entre las chicas para poder hacer lo que nos dé la gana mientras no nos dejen.

-Genial, amigas para siempre.

-Ya lo éramos, preciosa. Por cierto, quizá te robe el novio yo también a ti, Lorenz es un encanto.

-Pues todo para ti, si me lo quitas de encima esta noche, encantada.

-Estupendo, nos compinchamos así. Nos hemos sentado los dos solos a una mesa, sentaos con nosotros estratégicamente, estamos frente a frente, tú te sientas junto a mí y Prince junto a él, así Lorenz no ve cómo te mira él.

-Prefiero al revés, para ser yo quien provoque a Prince.

-Bueno, entonces como prefieras, así Prince puede darme mimos y pongo caliente a tu chico.

-Estupendo.

-Buaaah… - exclamó Prince - Pero qué malas sois… nos manejáis como queréis.

-Prince, entiéndelo – le dijo Valerie – Las mujeres debemos servirnos de nuestras propias armas para que los hombres no os hagáis los amos del cotarro.

-Tienes toda la razón.

-Bastante es que estamos haciéndote partícipe de nuestras maniobras.

-¿Y ahora cómo haces para hablar con nosotros si estabas con Lorenz?

-Me habéis pillado saliendo del servicio y he vuelto a meterme.

-Vaya… genial.

-¿Venís ya?

-Sí, vamos ya.

-Vale, entonces salgo velozmente para llegar antes que vosotros, el servicio está bastante alejado de la mesa.

-Vale, nos desvinculamos y vamos despacio.

Se desvincularon de Valerie.

-Vamos allá.

Se tomaron de la mano para llegar hasta la entrada del pub, caminando lentamente. Se soltaron antes de entrar, Brad, que estaba en una mesa cercana a la entrada y frente a ella, los vio.

-¡Hombre, Prince…! ¿Dónde te metes…? ¿Haciendo de las tuyas…? Ya estaba temiendo que te hubieran pillado los bobits.

-Se me ha caído la cartera Apareciéndome y hemos tenido que volver al callejón a buscarla.

-Vaya, hombre, es que no vas preparado. ¿Dónde has dejado tu guerrera?

-Hoy hacía calor, Brad.

-Sí, es cierto, hoy hace calor, está nublado pero hace bochorno, para eso sería mejor que lloviera. Anda, sentaos, creo que Valerie y Lorenz os han guardado sitio. No paguéis nada, ya he dicho que me lo cobren todo a mí.

-De acuerdo, Brad.

Buscaron la mesa donde estaban Valerie y Lorenz, junto a la cristalera que daba a la calle transversal a aquélla por la que habían llegado. Valerie, que estaba de frente a ellos, los vio llegar y les dijo:

-Jo… Prince… cariño… ¿Qué os ha pasado? Estaba preocupada…

Se sentaron, Prince junto a Valerie y Genevre junto a Lorenz. Ella le dio un beso a su novio, en la mejilla, que él no le devolvió. "Lorenz tiene un buen mosqueo…"

-Perdona, Valerie, se me ha caído la cartera al Aparecernos y hemos tenido que volver al callejón – dijo Prince.

-Pues podrías haber entrado y haberme avisado, ¿no te parece?

-En el momento no lo hemos pensado, Valerie, lo siento.

-Habéis tardado mucho rato.

-Ha sido culpa mía Valerie, discúlpame – dijo Genevre – Hemos pasado cerca de una librería, soy loca de los libros, no he podido evitar detenerme a mirar el escaparate. Llevo desde Navidad encerrada en el colegio.

-Bueno, si ha sido por eso lo comprendo, cariño, yo también lo habría hecho si me hubiera dado cuenta, porque a la vuelta no vamos a poder detenernos, no pasa nada. ¿Me das un beso, mi amor? – le preguntó a Prince.

-Claro, preciosa – respondió él.

Se dieron un morreo.

-Yo también quiero, Lorenz – dijo Genevre.

Lorenz le dio a Genevre un frío y escueto beso en los labios. "Buf… Yo que pensaba que eran pareja perfecta y no lo son en absoluto. Piensa mal y acertarás, en este caso acierta, pero podría ser verdad lo que hemos contado, es perfectamente verosímil y hemos mentido muy bien, los tres. Lorenz se pasa de celoso, si además mata de hambre a Genevre no la merece en absoluto. Entonces ya no me importa robársela lo más mínimo."

-¿Seguimos con el tema con el que estábamos, Lorenz? – le preguntó Valerie.

-Sí, claro – respondió Lorenz.

-Podemos comenzar desde el principio, para que Genevre también se entere, ¿te parece?

-Claro, claro que sí, le va a interesar mucho.

-Tú, Prince, cariño, te vas a aburrir un poquito, porque a ti ya te lo conté.

-¿De qué estabais charlando? – preguntó Prince.

-Del anarquismo, a raíz de la manifestación que hemos montado esta mañana volviendo del campo de Quidditch.

-No me aburro en absoluto, Valerie, de hecho, pienso que deberíamos contárselo al máximo de Raves esta noche.

-Ya, ya lo hemos hablado la familia en el almuerzo, iban a encargarse esta tarde de avisar a todos los de casa que ya lo saben de que hablen con los águilas sobre ello en la fiesta.

-Muy bien, yo me encargo de los Gryff.

-¿Van a venir Gryff también? – preguntó Lorenz.

-Sí, por supuesto, los tres comandantes, Lily y otros cuatro de quinto año.

-¿No me digas que has invitado a Potter y Black?

"Menudo imbécil, ya verás qué corte le doy."

-Pues sí, los he invitado – tajante - Black es ahora uno de mis mejores amigos. Algún día comprenderás por qué, no me apetece explicártelo ahora, prefiero que hablemos del anarquismo. Dale, Valerie.

Llegó el camarero.

-Buenas tardes, ¿qué van a tomar?

-Yo, una cerveza negra – dijo Genevre – Una Guinness.

-¿Y usted? – le preguntó a Prince.

-Yo una cerveza también.

-¿De qué marca?

Prince rio. "Buf… qué difícil es esto."

-Tráigale también una Guinness - dijo Genevre.

"Uf… salvado…"

-¿Quiere una Guinness?

-Sí, sí.

-Enseguida se las traigo.

-Muchas gracias.

El camarero se marchó.

-Gracias, Genevre.

-En los bares normales no te preguntan por las marcas, pero esto es muy elitista, ya sabes, el centro. ¿Has probado la cerveza negra?

-No he probado ninguna cerveza muggle, no sabía ni que existía la cerveza negra.

-Es más suave que la rubia y es también un alimento, tiene mucho hierro. Pienso que te va a encantar. Yo la he pedido porque me gusta más que la rubia y no sé si Brad tiene pensado comprar negras para la noche.

-Le pedimos que compre.

-Sí, podemos hacerlo.

-Yo voy a beber sólo cerveza esta noche.

-Sí, yo también, el alcohol fuerte no me va, y el vino, si no es comiendo, me da ardor de estómago.

-A mucha gente le da - dijo Valerie.

-Además, el vino muggle aquí, en Reino Unido, es muy caro, porque es todo de importación. Sólo producimos cerveza y licores fuertes. La Guinness es irlandesa.

-Vaya… - dijo Prince.

-Es mejor que nos abstengamos de comprar vino para la fiesta.

-Yo sí que quiero llevarme unas botellas, pero lo pagaré de dinero que tengo yo.

-Muy bien, entonces se lo pides a Brad, las llevas en tu mochila y las guardas en tu baúl. Y sobre las cervezas, si compramos de los dos tipos no nos aburrimos, compramos más rubia que negra, claro, a la gente le gusta más, pero si se acaba la rubia bien pueden beber negra o viceversa.

-¿No es malo mezclarlas?

-No, para nada. Y también pueden beber negra los chavales de tercero, si no llegan las cervezas de mantequilla.

-Claro.

Llegó el camarero con las cervezas y se las sirvió.

-Ya me ha dicho vuestro amigo que le cobre a él.

-Eso. Muchas gracias.

Prince y Genevre bebieron un trago de cerveza.

-¿Te gusta? – le preguntó Genevre.

-Sí, mucho.

-Prueba rubia de la mía, Prince, a ver cuál prefieres – le dijo Valerie, tendiéndole su vaso, del que apenas había bebido un trago.

-Gracias, Valerie.

Probó un trago de la cerveza de Valerie.

-Wooow… me encanta… - dijo Prince.

-Te gusta más que la negra, ¿verdad? – le preguntó Valerie.

-Sí, me gusta más fuerte.

-Pues ya sabes, esta noche, rubia. Si se acaba, negra. Más suave, para no emborracharse demasiado. Y si quieres, ahora, bébete la mía y yo me bebo la negra.

-No, Valerie, no me sentiría bien.

-Jo, Prince… mira que eres bobo, ¿eh? Yo he bebido cientos de cervezas y para ti es la primera, que la primera te guste mucho, nunca la olvidarás.

-Me has convencido, Valerie.

Valerie cogió el vaso de negra y le dio un trago. "Demostrándole a ese gilipollas lo que es el amor."

-Wooow… no me arrepiento de habértela cambiado, ¿eh? También me gusta mucho y casi nunca la tomo – dijo Valerie - Hace que este momento sea más especial.

"Valerie es maravillosa, la amo, la amo…"

-Dame besos, mi amor.

Se besaron con ganas. Valerie se vinculó con él.

-Mmm… qué ricos, besos de cerveza…

-Cierto, son más ricos así… Eres la primera a la que doy besos de cerveza.

-Wooow… qué gran honor…

-Te amo, Valerie.

-Ya, ya lo estoy sintiendo. Qué maravilla…

-Por cierto, nos hemos vinculado fuera del colegio sin pensar que podría sancionarme el Ministerio.

-Ya, vaya tela...

-Pero no ha ocurrido nada, ya habría recibido la carta.

-Cierto, no detectan esta magia. Estupendo, podremos seguir vinculándonos en verano.

-Vamos a dejarlo, Genevre y Lorenz ni siquiera hablan, hay que arreglar esto antes de volver al colegio.

-Cierto, cariño, de lo contrario Genevre va a tener problemas en cuanto se quede a solas con él.

-Haz pareja con ella para volver al callejón a no ser que consigas ligarte a Lorenz.

-De acuerdo.

Se separaron.

-Bueno, ya tengo gasolina, como ya te he contado, Lorenz…

Valerie habló durante más de media hora, relatando con detalle la manifestación de la mañana y la base de las ideas libertarias y feministas más prolijamente que cuando se las relató a Prince, relacionándolo también con la historia de la magia, pero sin desvelar todavía la existencia de las Magias Ancestrales.

Miraba todo el tiempo a Lorenz, que no le quitaba ojo y le hacía numerosas preguntas, muy interesado, y también alguna Genevre, de vez en cuando, pero muchas menos, pues ella estaba dedicándose a mirar y provocar a Prince y él le correspondía a ratos, cuando estaba seguro de que Lorenz estaba absorto en la conversación con Valerie.

Genevre le hacía caídas de párpados, se pasaba la lengua por los labios y también los dedos, se los mordía e incluso se metía un dedo en la boca como si fuera otra cosa, y a un tiempo, le rozaba las piernas con las suyas por debajo de la mesa. Incluso, en un momento dado, se tomó los pechos con las manos y los amasó como si fuera él quien se los tocara.

Prince pasó todo ese tiempo caliente como una moto. "Cómo me pone que estemos en público y al lado de su novio, que puede pillarla en cualquier momento. No le importa tener gran bronca con él con tal de provocarme a mí por una sola noche o quizá una relación muy esporádica. Tengo un don, y es que vuelvo locas a las mujeres, son capaces de hacer cualquier cosa con tal de tenerme."

Cuando acabaron con el tema que trataban, Valerie sacó otros que pensó que interesarían a Lorenz y consiguió retener su atención, hasta que se estableció una animada charla entre ambos, con risas y bromas, como era habitual en Valerie y en Lorenz en la primera impresión que Prince tuvo de él. Ya habían acabado las cervezas hacía rato y Prince se disculpó para ir al servicio.

Estaba lejos, el pub era muy grande. Se metió en el servicio de caballeros. "Buf… ahora tengo que esperar a que me baje, qué movida…" A los veinte segundos, apareció Genevre y se vinculó con él.

-¿Qué haces aquí? – le preguntó él.

-Venir a seguir preparándote para la noche, la sorpresita que te he dicho que iba a darte – y autoritaria – Venga, a un retrete.

Lo empujó y lo metió en un retrete, cerró la puerta tras ella y pasó el pestillo.

-¿A qué esperas? Bájate la ropa y siéntate – le ordenó ella.

Él lo hizo, se sentó en la tapa cerrada del retrete con los pantalones y la ropa interior bajada.

-¿Mano o boca? – preguntó ella.

-Boca, boca…

Se arrodilló ante él y se lo hizo con la boca con muchas ganas, disfrutándolo.

-Wow, Genevre… quiero que dure…

-Si dura voy a tener una bronca muy gorda, espera a la noche como espero yo.

-Cierto, tienes toda la razón.

-De hecho, si puedes acelerarlo, mejor.

-Quizá te moleste.

-Estás dejando de ser duro, Prince, y me gusta mucho más que seas duro.

-Está bien – tajante y amenazante – Tú te lo has buscado.

La aferró por la cabeza con fuerza y la dominó como solía hacerlo.

-¿Lo has tragado alguna vez? – le preguntó.

-Nunca, siempre acabo con la mano.

-Pues hoy vas a hacerlo.

-Ni de broma, si lo haces te muerdo y te la arranco.

-Buaaah…

Estalló gritando y disminuyó el ritmo.

-Tarde, pequeña, a tragar. Cómo me pone haber sido el primero. Las que te esperan… Que no me entere de que se lo haces al imbécil de tu novio.

-Ni de broma, Prince, no lo merece, por algo nunca se lo he hecho.

-Yo tampoco me he hecho merecedor todavía.

-Por supuesto que te has hecho merecedor, me pones muy caliente.

-No quiero volver a dejarte a medias, déjame hacértelo.

-No, Prince, aquí me va a costar mucho, no sabes cómo me gusta, tenemos que tomarnos tiempo.

-Claro.

-¿Ves cómo sí que te haces merecedor? Te preocupas de que yo no haya acabado y eso que te he dicho antes que no me importa. Cualquier otro miraría sólo por sí mismo y más aún un Rave, ya sabes, individualistas, somos un desastre para el amor. Tenemos muchas cruces los Rave. Ya has acabado, me voy.

-No, por favor, abrázame unos minutos… - apenado.

-Vale…

Ella se sentó a horcajadas sobre él y se abrazaron.

-¿Te peso? – le preguntó ella.

-Nada. Tú no eres individualista en absoluto, eres muy generosa.

-No, Prince, no te equivoques, sí que lo soy. Todo lo que te estoy haciendo lo estoy haciendo porque me da la gana, no lo hago por ti, lo hago por mí misma, porque me pone y me gusta.

-¿No me quieres un poquito? – apenado de nuevo.

-Por supuesto que te quiero, no un poquito, te quiero mucho, ya sabes que estoy dispuesta a jugarme la vida por ti. Pero separo ambos sentimientos, una cosa es el amor profundo que le tengo a tu persona, a tu manera de ser y a todo lo que representas, y otra son mis impulsos animales. Podrían ir por separado, podrías no atraerme y seguiría amándote igualmente, pero no haría nada contigo. O podrías ponerme mucho y despreciarte como persona y me lo haría igualmente contigo, sin amarte.

-Pues eso último no me gusta de ti.

-A mí tampoco, no tiene por qué gustarte todo de mí. Voy a confesarte algo, ya que hemos comenzado con las confidencias.

-Dime.

-Me lo hacía con uno de los maléficos de mi casa sabiendo que era maléfico.

-¿Con el guaperas?

-Sí, con el violador al que marcaste de por vida. Era mi amante.

-Buaaah… Genevre… - muy alarmado.

-Lo que te digo, soy individualista, voy a lo que voy – sin perder la calma.

-Entonces no vas a asustarte de algo que quiero confesarte yo.

-Ya sé lo que es. Que querías ser Mortífago.

-Eso.

-Pues no, no me asusto, tú al menos rectificaste, y vaya manera de hacerlo, jugándote la vida. Yo era comandante del Ejército y seguía haciéndomelo con el individuo en cuestión, incluso después de que nos avisaras. Lo mío es mucho peor. Te lo he contado también para que sepas a qué atenerte conmigo y puedas echarte atrás antes de colgarte más.

-Gracias por hacerlo, pensaré en ello.

-Ya me he quedado sin fiesta esta noche.

-No, Genevre, simplemente pienso que tienes un problema que has de superar, no creo que sea bueno separar así un sentimiento de otro, el amor profundo de la atracción y el placer sexual, y que por eso tu relación con Lorenz tampoco es buena. Debes esforzarte en encontrar a alguien que cumpla todos los requisitos, que lo ames profundamente y al mismo tiempo te atraiga.

-Tú, pero eres inalcanzable.

-No lo soy, Genevre, yo también te amo, otra cosa es que no pueda darte de mí todo lo que quisiera, pero es sólo una cuestión de falta de tiempo y energía, no de voluntad. Y mejor todavía que lo ames y te atraiga, sería que te atrajera porque te gustara mucho su manera de ser, al margen del físico. Genevre, le das mucha importancia al físico.

-Vaya, Prince, vaya charla reveladora. ¿Quién lo hubiera dicho? Ya te digo que me devuelves todo lo que te doy.

-¿Nunca habías hablado de esto con nadie, con alguna amiga, con Julia, por ejemplo?

-Nunca, águilas individualistas, no vamos aireando esas cosas.

-Jo, Genevre… Otro error, debes aprender a comunicarte y dejarte influir por los demás, abrirte y hablar de tus cosas. Charla con Valerie, con Deborah, con Alice e incluso con Lily y Cecile, todas ellas son muy sabias en estas cuestiones. Y también conmigo siempre que quieras.