Kitty Trouble

Por phoenixmaiden13

Traducción por Alyssa S.


Capítulo 20

Los últimos días en la casa de la familia Ryddle se encontraban llenos de actividad. Los recientes y nuevos padres, Tom y Harry, descubrieron varias cosas sobre los mellizos, principalmente todo lo que no debían hacer. En primer lugar, a sus hijos no les gustaba estar separados, y apenas lo estuvieran comenzarían a gritar y sollozar hasta que no estuvieran al menos un metro y medio cerca. Eso hizo que unieran por magia ambas cunas que tenían en el cuarto de los bebés para que pudieran dormir juntos.

Además, tenían a una pequeña multitud que los visitaba con regularidad, en su mayoría eran seguidores de Tom que querían verlos. El resultado de esto fue que Harry y Tom se enterasen que a sus pequeños no les gustaba tener a tanta gente reunida a su alrededor. Todo terminó en un minuto y veinte de lloriqueos mientras los demás intentaban de todo para que dejasen de llorar, tales como haciendo muecas y mostrándoles juguetes (los cuales eran principalmente Slytherins) frente a ellos. Con el tiempo todos sus visitantes tuvieron que irse y finalmente, el llanto paró.

Otra cosa era que, si uno comenzaba a llorar, el otro lo haría aun no hubiera algo que lo provoque sólo porque el otro lo estaba haciendo. Tom estaba empezando a pensar que lo estaban haciendo a propósito.

Durante uno de los momentos en que los mellizos dormían, Harry y Tom se relajaron y fueron a tomar una siesta.

—No pensé que fuera tan difícil —Murmuró Tom estando su cabeza enterrada en su cama.

—Yo tampoco—Le contestó Harry, quien estaba tumbado boca arriba con las orejas encogidas y su cola colgada laxa a su lado. Ambos estaban agotados. No habían tenido una noche completa de sueño en días. Se despertaban varias veces y en distintas horas gracias a que sus bebés podían levantarse en cualquier momento. Cuando estaban tranquilos era la dicha pura, pero por lo general no dormían.

—¿Alguna vez abriste esa carta que recibiste?

Tom se quedó en silencio por unos momentos antes de responder.

—No lo creo. —Busco la carta que estaba en uno de sus bolsillos y la sacó. La miró con un cansancio palpable en su rostro antes de abrirla, sacando dos sobres de esta y dándole una al menor—. Esta es para ti. —Le dijo arrojándosela. Esta planeó un poco antes de caer abruptamente sobre el rostro de Harry.

Harry resopló para poder quitársela de encima, más esta se quedó en la misma posición.

—¿De quién es? —Preguntó mientras lentamente la tomaba con una mano y la mantenía frente a sí.

—No lo sé.

Harry la abrió y leyó el remitente.

—Oh. Es de Ron y Hermione. —Escuchó un sonido de provenir de su pareja en señal que continuase, cosa que le hizo reír —Sí, quieren más fotos de los bebés y quieren verlos en persona. También dicen, y cito: «¿Y cuándo diablos decidió Tom rendirse?» No se están quejando, están felices.

—Pensé que lo estarían. —Tom le dijo mientras leía su propia carta.

—¿De quién es la tuya?

—De Dumbledore.

Harry se dio la vuelta lentamente en la cama, hasta que topó contra Tom y permaneció allí.

—¿Qué dice? —Preguntó colocando su barbilla contra su brazo.

—El Ministro y él quieren reunirse conmigo para hablar sobre mis condiciones —Tom le respondió dejando caer la carta sobre la cama.

—Pero eso es bueno, ¿no es así?

—Sí, lo es. Sólo espero que todo vaya bien.

—¿Quieres que vaya contigo?

—No, creo que sería mejor que te quedes aquí. No creo que sea lo más seguro en este momento.

—Sí, tienes razón. —Harry le respondió mientras soltaba un bostezo.

—Por supuesto que la tengo. —Ante ese comentario, Harry le dio un golpe en el brazo—. Ay.

—Espero que te haya dolido. —Le dijo y rodó sobre su espalda.

—N... —Volteó a ver a su pareja, que lo observaba expectante y corrigió su comentario rápidamente—. Lo hizo. Me duele. Creo que me dejará un moretón. —Dijo, tratando de darle a su normalmente melodiosa y profunda voz un toque dramático.

Harry lo empujó juguetón y Tom se hizo a un lado, esquivándolo. El menor soltó una carcajada y se subió encima de él antes de decir palabra alguna.

—Creo que exageraste un poco allí.

—¿Ah, sí? Me lo imaginaba.

—Eres tan malo conmigo. —Harry le murmuró, una sonrisa fue colocada en sus labios mientras los rozaba suavemente con los propios de Tom.

—¿En serio? —Preguntó el ojiazul deslizando una de sus manos sobre el trasero de Harry, acercándolo aún más de ser posible—. Discúlpame. Déjame compensártelo.

Harry se estremeció de placer y se inclinó para darle otro beso. Sus labios se rozaban entre si ligeramente, bromeando su toque. Había pasado tanto tiempo desde que tuvieron sexo que ambos lo ansiaban con urgencia. Harry dejó escapar un gemido bajo cuando sus bocas se alinearon en familiaridad. Tom lo tomó de las caderas y los volteó, quedando él en la parte superior y presionó su cuerpo contra el de Harry, encajando perfectamente. Este volvió a gemir y abrió su boca para darle la bienvenida a la lengua de Tom, dejando que bailaran entre ellas en un enredo húmedo. Se besaron profundamente, dejando que su deseo se haga cargo de sus acciones y movimientos. Inclinando su cabeza hacia atrás, Harry cerró los ojos cuando Tom dejó su boca para besar a lo largo de su cuello, ronroneando de placer y arqueándose contra él, envolviendo su cola alrededor de la pierna de Tom en un estímulo de continuar.

—Ha pasado demasiado tiempo. —Tom le susurró mientras deslizaba sus dedos por uno de los costados y debajo de la camisa de su compañero. Harry solo pudo gemir en respuesta.

—Apresúrate, Tom. Antes que-

Fue interrumpido por un llanto infantil.

Tom dejó caer su cabeza contra el pecho de Harry y suspiró profundamente. Todo deseo y pasión se había ido, dejando solo el agotamiento.

—¿Por qué ahora? —Harry lloriqueó, aguantando las ganas de llorar.

—Será mejor que vayamos ahora antes que-

Otro llanto sonó.

—...el otro despierte. —Tom terminó, su tristeza siento palpable en su voz. Se hizo a un lado de Harry y se incorporó de la cama mientras frotaba sus ojos.

Harry se sentó, aturdido, y se dirigió a la puerta que conducía al cuarto de los bebés, Tom siguiéndolo justo detrás de él.

—¿Qué les pasa a mis gatitos? —Arrulló cuando llegó a la cuna. El llanto se detuvo, los mellizos daban leves gemiditos y parpadeaban somnolientos mirándolo con aquellas largas pestañas. Harry se inclinó y los recogió entre sus brazos—. ¿Tienen hambre? ¿Eso tienen? Apuesto a que sí—Les dijo mientras se sentaba en la mecedora—. Tom, ¿puedes...?

Tom asintió.

—Enseguida vuelvo. —Le dijo antes de salir de la habitación.

—Papi va a buscar su comida, ¿esta bien? Solo esperen un minuto. —Harry les dijo, sus mellizos balanceaban sus colas y le maullaban en respuesta—. ¡Oh, los dos son tan lindos! ¡A que sí lo son! —Los arrulló mientras les daba pequeñas caricias—. Mami les ama, lo saben ¿no? Y mucho. Solía hablarles cuando aun estaban dentro de mí. ¿Reconocen mi voz?

Félix bostezó y miró a su alrededor, parpadeando al voltear a ver a su hermana con aquellos ojos azul-verdosos que se encontraba frente a él, y luego miró hacia su madre y maulló.

—Si lo hacen. Tú lo haces, ¿no Félix?

—¿Estás hablando con ellos otra vez? —Tom le preguntó al volver a la habitación con dos botellas de leche tibia.

—Por supuesto. Quiero que sepan quién soy—le contestó para luego acomodar a las preciadas cargas en sus brazos para que vieran al frente—Miren Raja, Félix. Es papá.

Los mellizos al estar en esa posición pudieron ver a Tom parado en la entrada del cuarto, y ante esto menearon sus colas ligeramente.

—¿Ves? Te reconocen. —Le dijo Harry, feliz.

Tom sonrió y le dio una de las botellas a Harry antes de tomar a Raja entre sus brazos.

—¿Me reconoces, sweetheart? —Le preguntó a la pequeña. Raja sólo chilló y envolvió su cola alrededor de su muñeca, poniéndose más cómoda en los brazos de su padre.

—Son tan inteligentes —Harry comento por lo bajo mientras alimentaba a Félix, que mamaba feliz de la chupeta en la botella.

—Sí, lo son —dijo Tom sentado en la mecedora colocada junto a Harry.

—Sacaron eso de ti —dijo mirándolo con una sonrisa en su rostro.

—Tengo la sensación de que se meterán en problemas cuando crezcan. —Tom respondió acomodando a la bebé en una posición mas cómoda en sus brazos mientras la alimentaba—Definitivamente, eso vendrá de ti.

—¡Oye!... Bueno, eso puede ser cierto.

—Es la verdad. Eres un imán de problemas. Todavía recuerdo cuando te perseguí por toda la casa y destruiste mis cosas.

—Tenía una razón. Estaba intentando escapar. —Harry le dijo en un puchero.

—Lo estabas haciendo a propósito.

—... Tienes razón. Sí lo hacía. —Harry rió y una atractiva sonrisa adornó su cansado rostro.

—Lo sabía. —Dijo su pareja mientras alejaba la botella ya vacía de su hija y la colocaba a un lado. La recostó sobre su hombro y le dio pequeños golpecitos hasta que eructó, Harry estaba haciendo lo mismo con Félix.

—Y allá van —dijo Harry mientras sus mellizos bostezaban y poco a poco volvían a dormirse. Volvió a recostar a Félix en su cuna antes que Tom colocara a Raja junto a él—. Iré a tomar una siesta. No sé cuando volveré a tener la oportunidad.

—Voy detrás de ti—dijo Tom siguiendo al menor fuera de la habitación de los bebés a la propia para obtener unas muy necesarias horas de sueño.

xxx

Una semana mas tarde, llego el día de la reunión con el Ministro y Dumbledore. Harry estaba acostado en la cama con los mellizos en el centro mientras acariciaba sus cabecitas mientras Tom estaba delante del espejo, preparándose.

—¿Estas seguro de que no quieres que vaya? —pregunto Harry. Estaba preocupado de que algo pudiera sucederle a su pareja. No le extrañaría que el ministro intentara hacer algo estúpido.

—Estaré bien. —Tom le aseguró, acomodando el cuello de su camisa una ultima vez antes de dirigirse a la cama—. Aun soy un Lord Oscuro, aunque me esté rindiendo. Aunque no creo que vayan a intentar algo.

Harry asintió y bajo su cabeza hasta la mejilla de Raja donde le dio un sonoro beso. Ella chilló feliz y agitó sus pequeños puños al aire.

—Quizás estoy siendo un poco paranoico.

—Lo menos que espero es mucha protección —dijo Tom con una sonrisa.

Ese comentario hizo a Harry reír.

—¡Tendrás todo un ejercito allí esperándote!

Tom rio y se acercó a los mellizos, sus iris desbordaban amor al observarlos.

—¿Vas a estar bien mientras estoy fuera?

—Me las arreglaré de alguna forma. —Harry dijo sarcástico, sentándose.

Tom se le acercó y lo besó profundamente.

—Vuelvo más tarde. ¿Está bien?

—Ok. Ten cuidado. —Harry le contestó bajando sus orejas ligeramente.

—Lo haré. —Tom rascó sus orejas para luego inclinarse y besar a los bebés en la frente—. Pórtense bien con mamá, ¿está bien?

Raja parpadeo mirándolo directamente, aparentemente registrando lo que le dijo y luego se puso a llorar, Félix siguiéndole poco después.

—Oh, oh. Creo que saben que te estas yendo. —Harry comento mientras los cargaba—. Papi regresará. —Les susurró.

Tom se mordió el labio inferior con un aire de culpabilidad y toco una de las pequeñas orejas de Félix.

—Volveré pronto.

Los gemelos solo lloraron con más fuerza.

—Será mejor que te vayas. Llegarás tarde. —Le dijo Harry.

—¿Estás seguro? —Le preguntó Tom.

—Sí. Yo me encargo. Ellos se calmarán pronto.

Tom asintió y beso a Harry por última vez antes de irse.

Harry miró a sus hijos que se retorcían para tratar de ver a dónde se fue su padre. Grandes y gruesas lagrimas corrían por todos sus pequeños rostros.

—Y ahora...—les dijo mientras los tomaba con más fuerza en sus brazos—. Qué vamos a hacer hoy, ¿eh? —Los mellizos solo hipaban y daban pequeños gemiditos tristes hacia él, doblando sus pequeñitas orejas que estaban cubiertas por el mismo tono de negro que el cabello en sus cabezas—. Papi volverá pronto, no se preocupen. Hasta entonces, ¿por qué no salimos a jugar?

Los pequeños parecieron mirarse el uno al otro como si estuvieran considerando lo que les dijo antes de mover sus colas y darle un gemido.

—¡Juro que ustedes son tan listos! Bien, vamos. —Salió de la habitación y bajo las escaleras—. ¿Ray? ¿Sevvy?

En un parpadeo, ambos se encontraban a su lado.

—¿Nos llamaste? —Preguntó Ray con una sonrisa.

—Sí. Aquí—le entregó a Félix mientras acomodaba a Raja entre sus propios brazos—. Vamos a salir al jardín, y pensé que sería una buena idea tener un pequeño picnic. —Girando hacia Severus, le dijo—. ¿Puedes conseguir una manta y decirles a los elfos que preparen un almuerzo para nosotros? —Severus asintió y se encamino por el pasillo a hacer su mandato.

—Estoy seguro de que ya lo tienes bajo tu pulgar. —Le dijo Ray con una sonrisa.

—¿A quién? ¿Sevvy? Sí, supongo que sí. Él no es tan malo. No le digas a nadie que dije eso. —Le advirtió.

—No lo haré.

—Bien. —Harry camino hacia un armario y sacó un portabebés, Ray tomó el otro y se dirigieron hacia la puerta donde Severus se encontró con ellos. Salieron hacia le exterior y montaron un pequeño picnic en el patio justo debajo de un árbol, jugando con los mellizos y platicando, hasta que sucedió algo sorprendente.

Estaban hablando y riendo, o la menos Harry y Ray lo hacían. El menor había tomado un puñado de dientes de león del jardín y los sopló pidiendo muchos deseos. La pelusilla blanca de la flor voló y se arremolinó a su alrededor provocando que estornudaran, incluyendo a los bebés.

Un minuto estaban gorgoteando felizmente en sus asientos y después que estornudaron... se habían ido.

Harry lanzó un fuerte grito alarmado y djó caer los tallos de las flores para precipitarse en el portabebés.

—¡Raja! ¡Félix! —Revolvió y palpó las mantas rápidamente en su búsqueda, hasta que su mano topó con algo peludo. Quitó la manta y una pequeña cabeza peluda apareció y parpadeó, observándolo—. ¿Raja? —susurró y retiro la manta del otro asiento donde un pequeño gatito cayó—. ¿Félix?

—Oh, mierda. —Ray exclamó con los ojos abiertos de la sorpresa.

—... Creo que tenemos un problema.