Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es iambeagle, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is iambeagle, I just translate.


Thank you iambeagle for trusting me with your story!


Capítulo 25

Los pensamientos sobre Edward no se desvanecen fácilmente.

Veo el sobre sin abrir en mi cómoda y pienso en Edward. Manejo por ahí en su viejo carro y pienso en Edward. Como, apenas duermo y me siento medio viva, y pienso en Edward.

El trabajo es una agradable distracción, pero puedo notar que mi concentración está desviada. Se me pasa una fecha de entrega, y encima de eso olvido contestar las preguntas de unos cuantos clientes en un post de Instagram. Cuando Ben me llama a su oficina para preguntar qué pasa, es claro que está siendo demasiado amable. No invento excusas por mi falta de atención y me hago completamente responsable de mis errores, prometiéndole que mejoraré.

Cuando se acerca la tarde Leah, la chica que me remplazó como recepcionista, sugiere que unos cuantos de nosotros vayamos a la hora feliz. Mi instinto es decir que no, pero me detengo. Pasar otra tarde en casa apartada de todos no suena necesariamente tentador. Me contengo de responder, pero cuando escucho que Ben no irá, le digo que sí.

Es agradable salir por un rato, aunque sea tan sólo para mantener mi mente lejos de Edward. Por supuesto, mis pensamientos no se alejan de él por demasiado tiempo, pero se siente bien darme un pequeño descanso. Me digo a mí misma que sólo me quedaré por una hora y me apego a ello. Es sólo cuando me estoy yendo que me topo con Ben, que decidió unirse a todos un poco tarde.

—¡Hola! ¿Ya te vas? —Su mirada de decepción no pasa inadvertida.

Me paso el cabello sobre un hombro y asiento.

—Sí. Estoy algo cansada. Pero puedes ocupar mi lugar —digo, señalando nuestra mesa.

—¿Estás segura que no puedo convencerte de tomar un trago? —pregunta con esperanzas.

Mis pensamientos viajan de regreso a Año Nuevo, cuando empeoré las cosas entre Edward y yo por tomarme un trago con Ben.

—Estoy segura —le digo—. Estoy bien así.

Se queda ahí parado.

—¿Podemos hablar por un segundo? ¿A solas?

Mi corazón se acelera. Todos en la mesa están perdidos en sus conversaciones, en realidad no nos están prestando atención. No estoy segura de qué necesita decirme él en privado, pero voy contra mi instinto y digo:

—Seguro.

Con un asentimiento, me guía hasta que estamos de pie a solas cerca de los baños. Se aclara la garganta para hacer tiempo. Lo espero a que comience a hablar.

—¿Está bien todo? —cuestiona.

Mantengo la cara neutral.

—Sí, ¿por qué?

—Pareces distraída.

—Lo sé, lo sé. Y prometo que compondré mis mierdas en el trabajo, es que…

—No te pregunto como tu jefe; estoy preguntando como tu amigo —dice con gentileza, bajando la voz—. Sé que hablamos antes, sobre pasarte las fechas de entrega, pero no me refiero a eso. Estoy hablando de ti. Personalmente.

—Oh. —Siento que mi cara se calienta un poco, pero el pasillo está poco iluminado y espero que no pueda notarlo. En realidad, no quiero contarle sobre Edward porque se siente muy personal. Pero tal vez si soy un poco honesta, retrocederá—. Edward, mi ex novio, se mudó hace una semana.

—Cierto. A LA.

—Sólo estoy triste por eso. Lo extraño.

—Ya veo. —Hace una pausa, mira mi cara con demasiada cercanía mientras señala entre nuestros cuerpos—. ¿Estoy malinterpretando la vibra que hay aquí?

—¿Cuál vibra?

La esquina de su boca se alza de un lado.

—¿Que quizá puede haber algo más entre nosotros?

Dios, carajo, detesto esto. La confrontación, el sentimiento unilateral que claramente está sucediendo aquí. Edward tenía razón. O sea, más o menos ya lo sabía después de mi interacción con Ben en Víspera de Año Nuevo. Pero una parte de mí esperaba que cualquier atracción que él sintiera por mí desapareciera por sí sola y así yo no tendría que mencionar nada.

Pero eso es lo que la antigua Bella habría hecho. No le diría nada directamente a Ben para rechazarlo. Evitaría el elefante en la habitación para disminuir el golpe y mantener la paz. Saldría con él, tal vez lo dejaría follarme, luego le diría que no es él, soy yo. Eventualmente él perdería el interés y yo quedaría libre. Pero eso no me hará ningún bien. Ese comportamiento sólo me deja sintiéndome más sola que antes. Así que decido que necesito ser honesta.

—Sí —digo después de un momento.

La cara de Ben es difícil de leer.

—¿Sí, estoy leyendo mal las señales? ¿O sí, te gusto?

—¿Esto es siquiera… apropiado? —pregunto, medio riéndome. Pero no hay nada de humor detrás de ello.

—Lo siento. No intento hacerte sentir incómoda —declara, retrocediendo un poco.

—Pues estoy incómoda. —Me aclaro la garganta—. De verdad me gusta mi trabajo, pero ¿es esta una de esas ocasiones donde si no salgo contigo me vas a despedir o…?

Abre los ojos como platos, como si no esperara que yo fuera tan directa.

—Mierda. No, Bella. Lo siento. No intentaba hacer esto tan raro. Claro que no haría eso.

—Bien. Entonces sí, estás leyendo mal las señales. Sigo enamorada de Edward —digo con honestidad—. E incluso si no lo estuviera… no creo que sería bueno que algo pasara entre nosotros.

Asiente, se pasa una mano por la quijada.

—Lo entiendo. Y aprecio la honestidad. Lamento si me puse muy intenso. De verdad creí… —vacilando, me deja espacio para hablar. Cuando no digo nada, asiente—: Bien. No importa lo que creí. Estaba equivocado.

—Esto no hará que las cosas sean raras entre nosotros en el trabajo, ¿cierto?

—Para nada —promete—. Lo siento, una vez más.

—Está bien.

Su sonrisa es amigable, aliviada.

—Bien. ¿Te veo mañana?

—Suena bien.

Se hace a un lado, haciéndome un gesto para salir antes que él. Así que eso hago, y sigo caminando hacia la salida sin molestarme en mirar hacia atrás.

XXX

Cuando llega el fin de semana, me encamino a Forks para celebrar una Navidad atrasada con Charlie. Al estacionarme veo un carro que nunca antes había visto en el camino de entrada. Brevemente me pregunto si Charlie estará saliendo con alguien, pero si es así, no he escuchado nada al respecto.

La curiosidad me pica cuando entro, la puerta ya está abierta.

—¿Papá? —llamo, dejando sus regalos debajo del árbol antes de quitarme el abrigo.

—¡Acá estoy! —grita Charlie desde la cocina.

—Dios, está heladísimo allá afuera, casi…

Al doblar la esquina, encuentro a Renee sentada en la mesa y Charlie frente a ella. Ella no dice nada, sólo me sonríe sombríamente. Mis ojos saltan entre ellos dos, notando la frente de Charlie arrugarse con preocupación y tal vez un poco de culpa también.

—¿Qué está pasando? ¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto acusadoramente.

—Quería pasar las fiestas con ustedes —dice tímidamente y la escudriño por un momento. No está usando maquillaje, su cabello está atado en un chongo bajo y se ve… derrotada. Su mirada no es distante, así que es fácil notar que por una vez está sobria. Se ve triste. Se ve ansiosa. Se ve como el papel perfecto para alguien que está intentando enmendarse por tercera vez en su vida. Pero esta vez no voy a caer en ello.

Cruzo los brazos sobre el pecho y pregunto:

—¿Qué le pasó a Florida?

—Estuve ahí un tiempo, pero no funcionó.

—¿Así que decidiste regresarte arrastrando hacia Charlie? —suelto de golpe, completamente enojada; por él, por mí—. Papá, no vas a dejarla hacer esto, ¿verdad?

Charlie se para de la mesa, acercándose a mí.

—Bella, tranquilízate. Nada va a pasar. Pensé que sería lindo que pasáramos algo de tiempo juntos. Es todo.

—Esas son mierdas. Ella está intentando arrastrarse de regreso a nuestras vidas para poder joderlas de nuevo. Y no voy a dejar que eso suceda.

—Eso no es lo que intento hacer —replica, su voz suena cuidadosamente neutral—. De verdad sólo quería verte. Te llamé…

—No es cierto.

Se encoje ante mi tono.

—Bueno, quería hacerlo.

La cocina se queda en silencio, como si me estuvieran esperando para hablar. Como si me estuvieran esperando para darle mi bendición y dejarla quedarse.

—No puedo hacerlo —digo, mirando a Charlie—. No la quiero aquí.

—Bells…

—No. Si ella se queda, entonces yo me voy.

—No la has escuchado —dice Charlie con severidad.

—No quiero escucharla —contesto de golpe, y me pregunto cómo se sentiría ver a la gente hablar de mí como si no estuviera en la misma habitación que ellos. Me pregunto si de verdad es tan desmoralizante como ella lo hace ver—. La hemos dejado salirse con la suya en esto por un chingo de tiempo y ya he tenido suficiente. —Mi garganta se cierra mientras intento no llorar.

—Está bien —murmura, mirando a Charlie—. Me iré.

Él la mira y sacude la cabeza.

—Renee, no. Si Bella no quiere tener una conversación como adulta, entonces… es libre de irse.

—¿Es en serio, papá? —espeto, la emoción se está alzando en mi pecho—. Dime, ¿cuándo Renee ha actuando como un adulto? Huye de todas sus responsabilidades. Se aprovecha de la gente y ahora que finalmente se ha quedado sin personas en quién apoyarse, regresa. ¿Cómo puedes no verlo? —Charlie no responde porque sabe que tengo razón—. Se supone que tú debes estar de mi lado, no del de ella. Carajo, ella te dejó. Lo hará de nuevo.

—Cielo, estoy de tu lado —insiste Charlie—. Sólo quiero que hablemos todos. No quiero que evitemos esto para siempre; no es saludable. Creo que le debemos el escucharla.

—¡Yo no le debo nada! ¡Carajo, lo he intentado! —grito, dejando que las lágrimas caigan por mis mejillas—. He intentado con ella durante años y recibí nada a cambio. Ella no nos quiere y no nos ama. Entonces, ¿por qué habría de creerle ahora? ¿Por qué voy a dejar que esto sea en sus términos? ¿Eh? Dímelo, ¿por qué?

Después de decirlo todo, es como si el aire se hubiera escapado de la habitación. Me quedó ahí parada, llorando en mis manos, sintiéndome increíblemente herida y vulnerable. Charlie se queda callado, tal vez no se da cuenta de lo miserable que me ha hecho sentir esta situación. Renee sólo me contempla en un silencio sorprendido, finalmente reconociendo el trauma que ha creado.

Sé que soy tan culpable como ellos por permitir que esto pasara. ¿Cómo iban a saber el dolor que siento si nunca se los dije? Lo desvío con humor y mantengo a todos a un brazo de distancia para que no vean mi yo real. Aplasto todo hasta que no puedo sentir y luego pongo cara de valiente. Pero ya no quiero ser valiente. Quiero aceptar el dolor y quiero adueñarme de él. Al menos eso me debo a mí misma. ¿Pero a Renee? No le debo nada a ella.

—Bella —dice suavemente.

—No. No lo digas. —Sacudo la cabeza—. Puedes quedarte. Pretendan ser una familia feliz. No me importa. Pero me niego a ser parte de ello.

—No te vayas, por favor —me ruega Renee, pero ya estoy avanzando por el pasillo. Me sigue, viéndome ponerme el abrigo y buscar mis llaves—. No quiero entrometerme entre Charlie y tú. De verdad que no.

—No te des tanto crédito —murmuro sombríamente—. Papá y yo estaremos bien. Sólo me niego a quedarme y verte hacer esto de nuevo.

—Bien. Lo entiendo. Me odias —dice lastimosamente—. Créeme, te habría jodido más si me hubiera quedado.

Agarro la puerta, deteniéndome antes de abrirla.

—Esa no era tu decisión para que la tomaras por ti sola —digo, girándome para verla directo a los ojos.

—Sí lo fue, ¿no?

—Fue egoísta y lo sabes.

Siento la presencia de Charlie antes de verlo parado en el pasillo, viéndonos con atención.

—Tienes razón. Fui egoísta. Y estoy intentando hacerme responsable. Pero no me estás dejando.

—¿Cómo se siente? —pregunto en voz baja—. ¿Intentar llegar a alguien que te importa, sólo para que te ignoren completamente?

Abre la boca, pero no sale nada. Y, en realidad, no hay nada más que decir. Miro a Charlie, concentrándome en él por un momento antes de salir por la puerta y dejarla azotarse detrás de mí.

XXX

Después de dejar la casa de Charlie, tengo que detenerme en un lado de la carretera porque estoy llorando con tanta fuerza que apenas puedo manejar. Tal vez irme fue un poco dramático, pero no me importa. Quedarme sólo le hubiera mostrado a Renee que sus acciones y decisiones en todos estos años han estado justificadas, y me niego a seguirle dando esa aprobación.

Con el carro estacionado, lloro más fuerte de lo que he llorado jamás. Lloró por la relación que nunca existió con una mujer a la que nunca le importé. Lloro por Charlie y el dolor que debe sentir, a pesar de que parece que pone cara de valiente, probablemente por mi bien. Lloro por mi relación fallida con Edward y por no ver que él es la única persona, aparte de Emmett, a quién de verdad le importo y que tiene mis mejores intereses en mente.

Lloro y me maldigo por ser tan estúpida, tan cerrada, tan increíblemente escéptica todos estos años. ¿De qué me sirvió? No evitó que me lastimaran porque estoy dolida. No me ayudó a tenerlo todo porque me quedé sin absolutamente nada.

A pesar de eso, cuando mis lágrimas finalmente se detienen, me encuentro sintiéndome más ligera en cierta forma. Como si hubiera sido catártico decirle todas esas cosas a Renee. Me contuve por tantos años, evitando la potencial confrontación, pensando que estaba mejor aguantándome todo. Lo cual me volvió amarga, resentida y con un profundo dolor. Nunca pensé que permitirme ser sumergida en ese dolor me sanaría en cierta forma. Pero me acaban de demostrar que estaba tan, tan equivocada. Por una vez, estoy bien con el dolor.


Este viaje que Bella tiene que hacer sola para sanar es una de las cosas que me gustan de la historia. Les prometo que volveremos a saber de Edward pronto, y ¿respecto al sobre que le dejó? Pronto sabremos también qué es lo que contiene 😉

Estamos entrando en la recta final de esta historia, quedan 6 capítulos más. Y por si no lo han visto, publiqué dos nuevas traducciones: El Mejor Error de Todos y La casa del Farol, pueden seguirme leyendo allá cuando ésta haya terminado.

Como siempre, no olviden dejarme sus reviews y contarme qué les pareció el capítulo 😊