-LADY OSCAR NEWS DREAMS-

Arco II: "Identidad"

Capítulo XXVIII: "Súplicas de una Madre"

Eran los primeros días de enero de 1778, la vida de Fernanda como madre había sido tranquila gracias a su madre, que había hecho todo lo posible para mantener en secreto la existencia de Cosette. Allen y Cecilie la habían procurado todo el tiempo, dándole todo su amor a la pequeña niña que cada día crecía en hermosura y sencillez, libre de ser ella misma, sin ser forzada a crecer como una Princesa, tal como le había sucedido a su madre.

Sin embargo, su regreso a Francia era inevitable. Se habían mantenido en contacto con Anne todo el tiempo gracias a las cartas que el Conde Mercy les hacía llegar, siendo así como habían descubierto los escándalos en los que Marie Antoinette se encontraba desde que Axel von Fersen había regresado a Francia, sin poder disimular su claro amor por la Reina de Francia, sin poder pasar por alto tampoco el odio del pueblo hacia su hermana por su clara adicción a las apuestas, en las cuales había perdido cantidades exorbitantes de dinero.

Fernanda había dudado bastante en lo que debería hacer, pero finalmente había tomado la decisión de regresar a Francia para persuadir a su hermana y ayudarla a recuperar el amor de su pueblo, aun si eso significaba volver a ver a las dos personas que tanto daño le habían causado en el pasado. Cecilie, Allen y la misma Marie Teresa se habían negado rotundamente a que abandonara el Palacio, pero sabían que jamás podrían detenerla una vez que había tomado una decisión, por lo que habían permitido que se fuera con la única condición de que Allen fuera con ella.

Habían partido una noche fría de enero, en un carruaje pequeño conducido por Allen y jalado por Angie, su caballo que había estado a su lado desde que Marie se lo había regalado en Versalles. Fernanda se encontraba abrazando a Cosette, quien dormía plácidamente en el regazo de su madre, desconociendo totalmente lo que pasaría en su vida una vez que llegaran a Francia.

-"Realmente deseaba no volver jamás a Francia…pero Marie otra vez se encuentra en problemas, necesito ayudarla cómo sea…aun si no compartimos la misma sangre, para mí, ella siempre será mi querida hermana." – Pensó acariciando con sutileza el cabello de la pequeña que estaba en su regazo, incapaz de ver lo que sucedía a su alrededor. – "Dios me está dando la oportunidad de arreglar mis errores del pasado, de limpiar mi conciencia y decir la verdad de todo lo que sucedió hace más de un año…" –

[…]

Eran ya mediados de enero, y un baile se ofrecía esa noche en Versalles, Oscar entró acompañada de Rosalie y André al salón como se había vuelto costumbre, Axel se acercó a ellos buscando compañía, sabía que debía mantener cierta distancia con Marie para evitar rumores, la Reina había tenido exactamente el mismo pensamiento, por lo que se había mantenido sentada en el trono junto a su marido. Madame de Polignac y su hija Charlotte fueron anunciadas, ganando la mirada de la protegida de Jarjayes, quien todavía era incapaz de creer del todo que Yolande fuera su madre.

-¡La Princesa Marie Fernanda de Austria! – Exclamó el gran chambelán, anunciando la entrada de la austriaca.

Oscar y André se giraron en shock hacia la entrada del salón, clavando sus miradas sobre la joven que entraba al lugar, la mirada de la mayor parte de los presentes se centró en la joven que misteriosamente había desaparecido sin explicación alguna.

Fernanda lucía un ajustado vestido blanco con los hombros descubiertos y encaje en el borde superior de color dorado, un moño estaba en su pecho del mismo color con los bordes de color oro claro, las mangas eran medias y partían en el codo en tres pliegues de encaje: el superior de color blanco y los dos inferiores de color oro claro, en cada lado del codo había un moño pequeño idéntico al de su pecho, su marcada figura era seguida por la tela blanca hasta abrirse pomposamente en la parte baja, terminando en ligeros pliegues horizontales. Su cabello rubio estaba suelto como de costumbre, adornado por un moño blanco de bordes color oro claro y unos ligeros aretes en forma de gota dorados hacían juego con su vestimenta.

Para la sorpresa de todos, un joven dos años mayor que la austriaca entró como su acompañante mientras le tomaba la mano. Su tez era morena clara, sus ojos color café claro y su cabello negro como la noche estaba atado en una coleta con un pequeño moño color vino. Su saco era de color vino con el doblez y la parte del centro color claro con botones dorados, el pañuelo atado en su cuello era color vino, su pantalón ajustado era color marrón y sus botas eran de color negro.

Marie se puso de pie y caminó hacia su hermana, quien había comenzado a caminar hacia ella junto a su acompañante para encontrarse a mitad del salón finalmente.

-¡Fernanda! ¿Dónde habías estado? – Preguntó Marie sorprendida, dirigiendo su mirada a su acompañante. - ¿Y quién es la persona que te acompaña esta noche? –

-Es un placer volver a verla, su Majestad. – Dijo Allen haciendo una reverencia. – Han pasado muchos años desde la última vez que le vi, cuando era solamente una Princesa austriaca de catorce años. –

-¿Eh? – Murmuró confundida Marie, analizando con cuidado el rostro del joven. - ¡Ah! ¡Imposible! ¡¿Acaso eres Allen, el compañero de juegos de mi hermana?! –

-Así es, su Majestad. – Respondió Allen con una sonrisa.

-¡¿Entonces…?! – Exclamó la Reina comenzando a relacionar las cosas. - ¿Estuviste en Austria este tiempo que desapareciste? –

-Así es, Marie. – Asintió Fernanda, tomando la mano de su hermana. – Perdóname por haberme ido sin decirte nada, pero en esos momentos me sentí tan nostálgica que solamente pude tomar mi caballo para regresar a nuestro hogar. –

-Oh, mi querida hermana, no tienes que disculparte, lo entiendo a la perfección. – Respondió Antoinette abrazándola con fuerza. – Pero, por favor, no vuelvas a abandonarme…ahora más que nunca necesito la compañía de mi adorada hermana. –

-Lo sé, Marie…por eso volví. – Apoyó Fernanda, correspondiendo el abrazo. – Te prometo que nunca más te dejaré sola… -

-Bueno, entonces disfruta de la fiesta. – Dijo la mayor separándose con una sonrisa. – Debo volver al lado de su Majestad. –

-Dale mis saludos a su Majestad, y dale mis sinceras disculpas por no ir personalmente a saludarlo, pero hay algo que debo hacer. – Agregó la menor con una sonrisa, dirigiendo su vista hacia Allen. - ¿Nos vamos? –

-Claro que sí. – Asintió Allen, sonriéndole. – Con su permiso, su Majestad. –

-Bienvenido a Francia, Allen, te encargo a mi hermana. – Se despidió Marie mirándolo de reojo, Allen asintió e hizo una reverencia, por lo que la Reina volvió a su lugar junto a su esposo.

-¿Qué harás ahora? – Preguntó el pelinegro mirando a Fernanda. – Comienzo a sentirme incómodo con las miradas de todos encima. –

-Te acostumbrarás. – Murmuró la rubia con una risita. – Necesito que me hagas ese favor. –

-¿De verdad lo harás? – Preguntó en un susurro, acercando su rostro al de ella. – Realmente no tienes qué hacerlo. –

-Es por ella, Allen, no por mí. – Respondió la austriaca en un susurro, dirigió su mirada hacia el sitio donde André y Oscar la observaban fijamente con una mirada en blanco y casi al instante desvió su mirada, soltando un leve suspiro. - ¿Puedo confiar en ti? –

-Sabes que siempre te voy a proteger y a cuidar. – Respondió Allen mirándola fijamente a los ojos. – Solo quiero que me respondas, ¿estás totalmente segura de que esto es lo que deseas? –

Fernanda clavó su mirada en la de él por unos momentos, quedándose en silencio. – Sí. – Asintió finalmente, girándose hacia donde las dos personas más importantes de su vida seguían inmóviles. – Vamos. –

-De acuerdo. – Asintió Allen tomando la delantera, apresurando su paso hacia ellos por indicaciones de Fernanda, quedando justamente frente a André. - ¿André Grandier? –

-Así es. – Respondió André saliendo de su trance. - ¿Quién lo pregunta? –

-Allen Gruber, es un placer conocerlo. – Agregó Allen mirándolo fijamente. – La señorita Fernanda desea hablar con usted en privado. –

-Monsieur Oscar… - Murmuró Rosalie, aferrándose al brazo de Oscar, notando cómo la mirada de Oscar se había vuelto dura y a la vez triste.

-No tengo nada qué hablar con ella. – Respondió André con su mirada fija en la de Allen, retándolo.

-Insisto en que venga conmigo, es importante. – Insistió Allen, aguantando las ganas de llevarlo a la fuerza hacia Fernanda, quien les esperaba unos pasos atrás.

-Entonces que venga ella, no necesita mandar a su perro. – Agregó Grandier con grandeza, haciendo que Allen bufara molesto.

-Mire… - Intentó amenazar el pelinegro, pero la cálida mano de Fernanda lo detuvo. - ¿Fernanda? –

-Está bien, Allen, yo me encargo. – Dijo con una sonrisa la rubia, dirigiendo su mirada primeramente a Oscar, perdiéndose en el azul zafiro de sus ojos que tanto había extrañado, notando la melancolía con la que Jarjayes la veía. Su mirada se movió levemente hacia Rosalie, quien se aferró al cuerpo de Oscar como toda una amante, por lo que desvió su vista hacia el suelo, levantándola finalmente hacia André, quien la veía con dureza y, a la vez, culpa. – Necesito hablar contigo André, por favor. –

-Creo que fui muy claro contigo cuando dije que no quería saber nada de una cualquiera como tú. – Replicó André con voz dura e hiriente.

Un grito de terror emitido por Rosalie llamó la atención de todos cuando el fuerte puño de Allen golpeó el rostro de André, tumbándolo al suelo mientras un pequeño hilo de sangre caía de su nariz.

-¡André! – Exclamó Oscar mirando a su amigo en el suelo.

-¡No vuelvas a expresarte así de Fernanda, maldito sirviente! – Amenazó Allen con furia, siendo retenido del pecho por la austriaca.

-¡Allen, para! – Ordenó Fernanda preocupada. - ¡Por favor! –

-¡Pero…! – Intentó replicar Allen, pero la mirada de Fernanda fue suficiente para hacerlo retener nuevamente su furia interna. – De acuerdo… -

-¿Estás bien, André? – Preguntó Oscar ayudándolo a levantarse. - ¡¿Qué significa esto?! –

-¡André! – Exclamó Fersen acercándose nuevamente hacia ellos. - ¿Qué es todo este escándalo? –

-Estoy bien. – Dijo André poniéndose de pie. – ¿Por qué no aprendes a educar a tus mascotas? –

-Allen no es mi mascota, es mi mejor amigo. – Respondió Fernanda, reteniendo a Allen para que no hiciera otra estupidez.

-Y no voy a permitir que vuelvas a insultar a Fernanda. – Reprochó Allen con su vista fija en André. - ¿Me oíste? –

-André, independientemente lo que haya pasado, estamos frente a su Majestad, hay que guardar respeto a su hermana. – Agregó Oscar mirando a Fernanda de reojo. – Sin importar el tipo de mujer que sea. –

-Maldito… - Murmuró Allen girándose a ver a Oscar.

-Allen, basta. – Ordenó Fernanda soltando un suspiro. – No vine aquí buscando problemas, pero tampoco voy a permitir que me sigan insultando. – Agregó girándose a ver a André y a Oscar. – Solamente quiero conversar un momento contigo André porque es algo que tiene que ver contigo, pero si mantendrás este comportamiento agresivo entonces solo vine a perder mi tiempo. –

-No me interesa nada de lo que puedas decirme, tu vida no tiene ninguna importancia para mí. – Respondió André, mirándola con dureza. – Así que no pierdas más tu tiempo, y no hagas que yo lo pierda también. –

-¿Lo ves? A él no le importa, te dije que lo mejor era simplemente ignorarlo. – Dijo Allen mirando a Fernanda. – No te humilles más por favor, un hombre como éste simplemente no lo vale. –

-Mira tú… - Intentó amenazar André, pero fue interrumpido por la mano de Oscar.

-Este no es el lugar, André. – Dijo Jarjayes mirándolo de reojo. – Contrólate. –

-Fernanda, ¿puedes venir conmigo? Están llamando demasiado la atención, harán que su Majestad se preocupe. – Interrumpió Fersen, mirando a la austriaca. – Ven, por favor. –

-De acuerdo. – Asintió la austriaca, regresando su vista hacia André. – Mañana iré a la Mansión Jarjayes a visitar a Marrón, espero que me lo permitas al menos, Oscar. – Agregó girándose a ver a Jarjayes.

-Mi nana te tiene el mismo cariño que a mí, así que no me meteré en su relación contigo. – Respondió Oscar, viéndola de reojo.

-Gracias. – Agregó Fernanda, volviendo a ver a André. – Si estás dispuesto a escucharme, te veré mañana, pero si realmente te importa poco lo que pueda decirte, no volveré a molestarte, porque mi consciencia quedará tranquila al saber que yo intenté hablar contigo, pero que has sido tú quien no ha querido escucharme. –

-Vamos, Fernanda. – Insistió Axel tomándola del brazo.

-Buenas noches. – Se despidió la austriaca siguiendo al conde sueco, Allen cruzó miradas una última vez con André de forma amenazadora antes de seguir a Fernanda fuera del salón, ignorando las miradas de todos.

-¿Qué está sucediendo, Fernanda? – Preguntó Fersen mirándola. – Desapareces y después llegas haciendo todo este escándalo. –

-Créeme que lo último que quería era hacer un escándalo. – Respondió Fernanda, soltando un suspiro. – Pero me sorprende verte de nuevo aquí. –

-Digamos que las circunstancias me trajeron de regreso a Francia. – Agregó Axel, dirigiendo su vista hacia Allen. - ¿Quién es el joven que te acompaña? –

-Allen Gruber, mi amigo de la infancia, recientemente estuve en Austria y cuando decidí regresar a Francia se ofreció a acompañarme. – Explicó Fernanda, mirando al pelinegro. – Allen, él es el Conde Hans Axel von Fersen, de Suecia. –

-Es un gusto, Conde Fersen. – Respondió Allen haciendo una reverencia.

-El gusto es mío, Allen. – Apoyó Fersen mirándolo. – Puedes llamarme por mi nombre, el título no es necesario. –

-De acuerdo. – Asintió Allen mirándolo.

-Fernanda, noté un ambiente muy tenso. – Agregó Axel girándose a verla. - ¿Puedo saber qué ha pasado entre André, Oscar y tú? Cuando me fui eran muy unidos, y ahora parece que fueran los peores enemigos. –

-De acuerdo, pero me gustaría que habláramos en un lugar más privado. – Respondió Fernanda mirándolo. - ¿Te parece si vamos a tu Mansión? –

-Muy bien, podemos ir en mi carruaje. – Apoyó Fersen con una sonrisa.

-Yo llevaré nuestro carruaje, ve con él. – Agregó Allen mirando a Fernanda. – Te ayudará a relajarte. –

-Sí, de acuerdo. – Asintió Fernanda siguiendo a Fersen. – "Oscar…eres aún más hermosa de lo que recordaba, sin embargo, no pude evitar notar algo… ¿Qué te atormenta tanto que incluso tus bellos ojos azules se han opacado en tristeza?" –

[…]

El camino había sido tranquilo, lo suficiente para calmarlos a todos después del mal momento que habían pasado en la fiesta. Fernanda se encontraba sentada al lado de Axel en el sofá de la sala de visitas, Allen había preparado té para todos con el permiso del Conde, quien miraba levemente a la austriaca con preocupación.

-Gilbert se ha quedado en Suecia, mi hermana tuvo algunos problemas, así que aceptó quedarse a cuidarla y ayudarla mientras yo estuviera aquí. – Explicó Fersen rompiendo el silencio, dando un sorbo a su té. – Debes extrañarlo. –

-Sí, han sido 3 años desde la última vez que lo vi. – Respondió Fernanda, agitando la taza con sutileza en sus manos. – Siempre solía darme buenos consejos cuando tenía dudas. –

-¿Puedo preguntar qué ha pasado con Oscar, André y tú? – Preguntó Axel curioso de aquella situación extraña.

-Tuve una relación amorosa con André en secreto por varios años, exceptuando a la familia Jarjayes, a Victor de Girodelle y al mismo Gilbert, que tenían conocimiento total de nuestra relación, incluso estuvimos comprometidos a matrimonio. – Comenzó a explicar la austriaca dando un sorbo a su té. – A principios de octubre de 1775 decidí terminar mi relación con él porque me di cuenta de que no importaba cuántos años pasáramos juntos, jamás conseguí enamorarme de él… -

-Vaya, siempre presentí que había algo más que una amistad entre ustedes por su cercanía, pero no pensé que fuera tan profundo. – Murmuró Axel sorprendido de aquellas palabras. - ¿Entonces Oscar y tú se han peleado debido a eso? –

-Sí y no. – Respondió Fernanda con un suspiro largo. – Digamos que Oscar y yo estuvimos bien hasta que…bueno…André malinterpretó nuestra amistad cercana, creyó que nosotras éramos…amantes…y se volvió loco, me acuso de ser una cualquiera como lo hizo hoy, intenté explicarle las cosas, pero estaba tan ebrio que no me escuchó y…él… -

-¿Qué pasó con él? – Preguntó angustiado Fersen, impaciente por escuchar el resto de la historia. - ¿Te hizo algo? ¡Responde, Fernanda! ¡Si te hizo algo debes decirlo! –

-Me forzó a tener intimidad con él… ¡Pero no digas nada por favor! ¡Te lo suplico! – Exclamó tomándolo de las manos, preocupada. - ¡Nadie puede saberlo, Fersen! ¡Por favor! –

-Pero… ¡Es algo muy grave, Fernanda! ¡Tienes que decírselo a Oscar y, sobre todo, a Antoinette-sama! – Exclamó Fersen angustiado por aquella confesión.

-¡No puedo! – Interrumpió Fernanda entre lágrimas, cubriendo su rostro con sus manos. – No puedo…no soy capaz de enviar al padre de mi hija a la Bastilla, o peor, a la guillotina… -

-¿Qué? ¿Dijiste…hija? – Preguntó incrédulo Axel, la austriaca asintió lentamente sin descubrir su rostro. – Imposible… ¿Tuviste una hija producto de una violación? ¿De eso querías hablar con él hoy? –

-Oscar y André piensan lo peor de mí…me llamaron "prostituta" y "una cualquiera", desconocen totalmente la verdad de los hechos y, sobre todo, la existencia de mi hija… - Prosiguió Fernanda entre sollozos, volviendo a ver a Fersen mientras limpiaba sus lágrimas. – Por eso te ruego que no digas nada, guarda mi secreto, por favor…si alguien descubre la existencia de Cosette, la hija ilegítima de una Princesa con un simple sirviente, destrozaría la imagen de mi hermana, y no quiero causarle eso a Marie, ya tiene suficientes problemas como para darle uno más…así que Fersen, por favor, por el amor que tienes por mi hermana, te suplico que te lleves todo esto a la tumba. –

-Sigo creyendo que deberías decir la verdad, me parece injusto que Oscar te juzgue tan duramente siendo simplemente una víctima y no la culpable que André ha hecho que vea. – Respondió Fersen tomándola de la mano, soltando un suspiro. – Pero si la tranquilidad tuya y de tu hija está en mi silencio, entonces te prometo guardar tu secreto con mi último aliento. –

-Gracias, Fersen…muchas gracias de verdad… - Murmuró abrazando al Conde sueco, quien correspondió el abrazo.

-Si nadie cree en ti, yo sí…y te prometo estar aquí para ustedes dos siempre que lo necesiten. – Respondió Axel con una sonrisa suave.

- Sí, gracias. – Asintió Fernanda, separándose de él. – Cuando sea el momento, te llevaré a conocer a mi hija. – Agregó con una sonrisa, sintiéndose un poco liberada de su pesada carga. – Ahora debo volver a casa, debe extrañarme, es la primera vez que la dejo sola por mucho tiempo. –

-Es verdad, ¿dónde te estás quedando? – Preguntó Fersen, recordando que en el pasado se había alojado en casa de los Jarjayes. – Si lo necesitas, mi Mansión está abierta para ti siempre. –

-Gracias, pero estamos bien así, quiero mantener segura a mi hija. – Respondió sonriéndole. – Gracias por tu amabilidad, buenas noches. – Se despidió saliendo de la sala hacia la entrada, donde Allen la esperaba pacientemente. – Vámonos. –

-Sí. – Asintió Allen despidiéndose de Fersen, antes de ayudar a la austriaca a subir al carruaje para regresar al lugar donde ahora se hospedaban.

[…]

-¡Llegamos! – Exclamó Fernanda entrando en la casa.

-¡Bienvenidos! – Les recibió Anne, quien cargaba en sus brazos a la pequeña Cosette. – Mira, mamá y Allen han vuelto. –

-¡Mamá! – Exclamó la pequeña, extendiendo sus pequeños brazos hacia su madre.

-¡Ven aquí, mi hermosa niña! – Dijo Fernanda tomándola en sus brazos, siendo recibida por un cálido abrazo de la pequeña. – Te extrañé mucho, mi dulce Cosette. –

-¿Y bien? ¿Cómo les fue? – Preguntó Anne mirando a ambos jóvenes. - ¿Pudiste hablar ya con su Majestad? –

-No solo eso, nos encontramos con André. – Respondió Allen rodando los ojos, recordando el agrio momento. – Ese idiota se atrevió a insultar y menospreciar a Fernanda frente a todos, maldito sirviente… -

-Allen, por favor. – Suplicó Fernanda exhausta. – Nos guste o no, André es el padre de Cosette y como tal tiene derecho a saberlo. –

-¡Pero él no lo merece! – Replicó Allen frustrado, asustando a la pequeña Andrea que comenzó a llorar asustada. – Lo siento, no quería asustarte, Cosette… -

-Ya, ya… - Murmuró Fernanda meciendo a la niña, tranquilizándola. – Mañana iré a la Mansión Jarjayes, independientemente de si André quiere escucharme o no, quiero decirle personalmente a Marrón que tiene una bisnieta. –

-¿Irás sola? – Preguntó preocupada Anne, mirando a su hermana menor. – No creo que sea buena idea, te traerá malos recuerdos… -

-Sí quiero salir adelante, tengo que dejar atrás todo eso, y la mejor forma es enfrentando el pasado. – Respondió Fernanda con seguridad, mirando a la mayor. – Así que sí, iré sola, y no quiero que ninguno de los dos se meta, ¿de acuerdo? –

-De acuerdo. – Asintió Anne, dirigiendo su mirada a Allen. - ¿Verdad? –

-Sigo diciendo que deberías dejar de humillarte por ese hombre, no vale la pena que te menosprecies de esa manera. – Insistió Allen exasperado, soltando un suspiro. – Pero no soy nadie para decirte lo que debes hacer, así que sin importar si es una buena o mala idea, te dejaré hacer lo que creas conveniente para que estés tranquila contigo misma. –

-Muchas gracias, Allen, Anne. – Agradeció Fernanda con una sonrisa. – Vamos a descansar, mañana será un día pesado. – Agregó soltando un bostezo, el cual fue imitado por la pequeña en sus brazos. - ¿También estás cansada, Cosette? –

-Sí. – Respondió la pequeña rascando su ojo.

-Entonces vamos a dormir. – Agregó Anne con una sonrisa. – Buenas noches a todos. –

-Buenas noches. – Se despidieron Allen y Fernanda, yéndose a descansar.

[…]

El día había llegado, Fernanda se encontraba en la entrada de la Mansión Jarjayes, dudosa de lo que estaba a punto de hacer. Vagos recuerdos de la última vez que había estado ahí llegaron a su mente, haciendo que su estómago se revolviera y sintiera unas fuerte ganas de vomitar. "Debo hacerlo, por mi hija", pensó recuperando las fuerzas, tocando a la puerta.

-¡Mi niña! – Exclamó Marrón abriendo la puerta, abrazando con fuerza a Fernanda. - ¡Oh, mi niña! ¡Al fin regresaste! ¿Dónde estabas? ¡Casi muero de un infarto cuando supe que te habías ido! –

-¡Nana, te extrañe tanto! – Respondió Fernanda abrazándola, sintiendo una calidez que había extrañado todo ese tiempo. – Perdóname por haberme ido sin despedirme, pasaron muchas cosas…y precisamente he venido a verte para hablar de eso. –

-Claro que sí, mi niña, ven, pasa. – Dijo Marrón abriendo la puerta totalmente para dejarla pasar. – He mantenido limpia tu habitación desde que te fuiste, para que estuviera lista el día que volvieras. –

-Gracias, nana. – Respondió Fernanda con una sonrisa. – No me quedaré, pero podemos hablar ahí en privado. –

-Sí, vamos. – Insistió Marrón contenta, acompañándola hacia la habitación. Fernanda se perdió en sus pensamientos de ver nuevamente aquél lugar y un escalofrío la recorrió, pero recuperó la compostura en el momento en que nana la tomó suavemente de la mano. – Dime, mi niña, ¿qué necesitas hablar conmigo? –

-Nana…lo que te voy a decir no sé si será bueno o malo para ti, pero siento que necesitas saberlo. – Respondió Fernanda sentándose en el borde de la cama, incitando a que Marrón hiciera lo mismo.

-Me estás asustando, ¿qué sucede? – Preguntó preocupada por la seriedad del rostro de Fernanda, sentándose a su lado.

-Nana…tú sabes que André y yo fuimos pareja mucho tiempo, incluso pensábamos casarnos…pero me di cuenta de que mi corazón siempre amó a otra persona, y terminé con André definitivamente, discutimos…y bueno, esa fue una de las razones por las que me fui sin decir nada, no quería que Oscar o él me buscaran… - Explicó soltando un suspiro pesado mientras apretaba las manos de Marrón. – Espero que no me odies por haber ilusionado a tu único nieto, pero créeme que la vida se ha encargado de hacerme pagar con un amor imposible el mismo daño que le provoqué a él…y ahora…jamás podré estar con esa persona que amo porque…porque yo… - Murmuró comenzando a sollozar, dirigiendo su mirada a los ojos angustiados de la nana. – Nana…tengo una hija pequeña, se llama Andrea Cosette…y es tu bisnieta. –

Marrón se quedó en shock ante aquellas palabras, incapaz de procesarlas. Fernanda se preocupó de la reacción de su nana, temerosa de que a su edad el impacto de la noticia pudiera perjudicar su salud.

-¿Nana…? – Preguntó preocupada, quedándose sorprendida de ver las lágrimas que comenzaban a caer de los ojos de Marrón. - ¡¿Nana?! ¡¿Qué sucede?! –

-Oh Dios, oh, Dios mío… - Murmuró Marrón en llanto, sacando un pañuelo de su delantal para limpiar su rostro. – Mi niña… ¿Lo dices enserio…? ¿De verdad tengo una bisnieta…de André y tuya? –

-Sí, nana, tienes una bisnieta. – Respondió Fernanda con una sonrisa, abrazando a la mujer que comenzaba a llorar de felicidad. – Una hija de André…y mía. – Agregó separándose de la mujer, limpiando sus lágrimas. – Pero hay algo que tengo que pedirte. –

-¿Qué cosa? – Preguntó Marrón mirándola, intentando tranquilizarse.

-No puedes decírselo a nadie, ni siquiera a André. – Pidió la austriaca con seriedad, confundiéndola. – Si llegase a saberse la existencia de Cosette podría perjudicar a mi hermana, y no deseo eso…planeo contárselo personalmente a André, pero se ha negado a hablar conmigo…así que nana, te lo suplico, por el bien de su Majestad, de André y de mi hija…no puedes decirle a nadie, nana, prométemelo. –

-Mi niña… - Murmuró Marrón sorprendida, pero en el fondo sabía que tenía razón, una hija bastarda de un sirviente no le daría buena reputación a Fernanda, ni mucho menos a la Reina. – De acuerdo, guardaré el secreto. – Asintió la mujer, prometiendo guardar el secreto.

-Gracias… - Susurró Fernanda, abrazándola nuevamente.

Estoy aquí por una razón, pero también he venido a limpiar mi consciencia. Aun así, no planeo perjudicar a nadie por un destino que yo misma me busqué, no le deseo ningún mal a nadie, ni siquiera a las dos personas que me despreciaron e insultaron de la peor manera…lo único que puedo hacer es rogar porque aquellos que saben de la existencia de mi hija guarden el secreto por su seguridad, y ruego para que André quiera escucharme, para que sea consciente de la vida que nació de él y de mí, eso es lo único que deseo…después de todo, las súplicas de una madre nacen del deseo de proteger a nuestros hijos por sobre todas las cosas.


¡YAHALLO! xHimemikoYukix aquí~

¡Llega el capítulo recién horneado! Bueno, Fernanda ha regresado a Francia con la compañía de Allen y Cosette, ¿será que André dejará de lado su obstinación y la escuchará para descubrir la existencia de su hija o se quedará sin saberlo por su necedad de ignorarla? ¡Los leo en los comentarios!

¡SALUDOS Y AGRADECIMEINTOS A TRINY10! Es un hermoso sentimiento el que tengo cada vez que leo un review tuyo, ¡gracias por seguir esta historia! ¡Espero que me acompañes hasta su final!

¡Dudas, comentarios y demás son recibidos en los reviews y respondidos en la siguiente actualización!

¡NOS LEEMOS!