Este fic participa en la actividad extra de mayo de la Copa de la Casas 2019/20 del foro la Noble y Ancestral Casa de los Black. El fic tenía que tener relación de alguna manera con la guerra contra Voldemort y ser desarrollada entre el verano de 1997 hasta que finalizó la Batalla de Hogwarts. Yo elegí a Aberforth Dumbledore como protagonista.


Este fic ha sido beteado por Nea Poulain y nunca me cansaré de agradecérselo.


Por la gente pequeña

Aberforth miró el retrato de Ariana mientras se abría para dejar de pasar a los estudiantes. Nunca se cansaba de observarla. A veces trataba de imaginarse como sería si le hubiese dado tiempo a envejecer, dónde le habrían salido las primeras arrugas o si sus ojos hubieran dejado de brillar. Esos pensamientos solían acabar con una botella de whiskey de fuego y con el impulso de destrozar algo.

La conversación con el joven Potter seguía repitiéndose en la parte de atrás de su cabeza. Seguía sin confiar en Albus, conocía a su hermano, el chico simplemente era una parte más de su ajedrez. La diferencia es que esta vez parecía haber acertado con el bien mayor que quería defender, pero había vuelto a fallar. A Albus siempre le había gustado mover las fichas, quedarse sentado en su gran despacho, pensar, llegar en el último momento y salvar la situación. Ninguna de esas cosas incluían sacrificarse por una causa, porque Aberforth estaba seguro de que su hermano había sabido que iba a morir. No era el tipo de persona que dejaba cabos sueltos. Eso solo significaba una cosa, había descargado sin miramientos sus problemas sobre los demás.

Aberforth llevaba todo el año tratando con esos adolescentes rebeldes que aparecían a través del retrato, llenos de heridas y de valor. Se había enfadado la primera vez que lo habían visitado, pero los había terminado ayudando. Eran las personas que Albus debería haber protegido, en vez de dejarlos en las garras de los mortífagos. Pero aun así creían, confiaban en Potter, en su hermano y ni las torturas habían sido capaces de cambiar eso.

Los estudiantes seguían desfilando por el pasadizo. Eran muchos, en sus rostros había miedo y algunos trataban de empujar para salir antes, como si pudiesen escapar de Voldemort corriendo. Eran gente corriente, civiles, el tipo de gente que a Albus nunca le habían importado, los que no estaban destinados a un fin más grande que ellos. Como él, como Ariana. Pero aún quedaban muchos en el castillo, se habían quedado a luchar.

A Potter le había dicho que se había rendido y era verdad. Estaba harto de grandes causas que se alimentaban de personas pequeñas, como todos esos adolescentes luchando en el castillo, como Dobby muriendo en la mansión donde lo habían maltratado y como Ariana, quien no tuvo tiempo de vivir. Su hermana siempre había sido capaz de ver más allá de sus peores defectos, pero ni siquiera ella le habría perdonado que se quedase en el Cabeza de Puerco refunfuñando en una esquina mientras aún quedaba una oportunidad de salvar, aunque fuese a una persona. Tampoco sabía si podría perdonárselo a si mismo.

Avanzó hacia el pasadizo.

—Señor, ¿dónde va? —preguntó uno de los alumnos que acababa de llegar.

—Pues a quejarme, está claro, la última vez que lo vi esto era una taberna, no un hotel —contestó Aberforth con un gruñido, agarrando con fuerza la varita bajo la túnica intentando acallar su instinto de supervivencia.


Nota de autora: la verdad es que no tenía planeado entregar esta historia porque estoy hasta arriba de exámenes, pero me sentía un poco mal, así que me puse a escribirla. Tengo que agradecer a mis compañeras de Ravenclaw por la inspiración, porque estuvimos criticando a Dumbledore un día y gracias a ellas, se me ocurrió esta idea. La verdad es que Aberforth me parece un personaje interesantísimo, nunca había escrito sobre él, pero la verdad es que me ha encantado. Espero que os haya gustado a vosotros también.