Capítulo 28

Bubú

—¿Te vale aquí?

—No.

—¿Por qué no?

—Porque está seco.

—¡Oh dios! —se quejó Marley— ¿Ahora porque está seco? Rachel llevamos media hora buscando un estúpido lugar en este parque para sentarnos, y ninguno te gusta. Primero porque está mojado, y el césped te mancha la ropa. Y ahora porque está seco. ¿Cómo quieres que esté? ¡es césped!

—¿Por qué estás tan histérica? —cuestionó tratando de mostrarse serena.

—Porque estoy cansada de andar, y eso que me gusta andar. Tengo calor y Bubú me pone de muy mal humor.

—Pues no tienes razón, porque apenas hemos andado un poco. El tiempo está perfecto para salir a pasear y a Bubú lo llevo yo —replicó adelantándose varios pasos a la chica, mientras trataba de no estrangular al pequeño animal con la correa, porque se resistía a caminar por donde ella quería.

La paciencia era algo imposible de encontrar en ella cuando el perro de Kurt estaba cerca, pero aquel día tenía que soportarlo si quería llevar a cabo el plan. El mejor y más desconcertante plan que había aceptado en su vida.

Un mensaje de texto de Quinn tres días atrás de aquel martes, dio el pistoletazo de salida a lo que habían tramado para lograr que Brittany y Marley se conociesen de forma casual.

No fue fácil de digerir para Rachel comenzar una conversación vía mensajes con Quinn después de todo lo sucedido, pero el imprevisto encuentro con ella en la cafetería, logró que su ansiedad después de la pelea quedase en un segundo plano.

Sabía que las cosas seguían mal entre ellas, que las mentiras que ambas se habían regalado no se iban a olvidar con tanta facilidad, y que la relación que mantenían, fuese lo que fuese, no iba a continuar, al menos no por el momento. Sin embargo, aquel encuentro en la cafetería había abierto una puerta que ninguna de las dos esperaba encontrar, y que, a pesar de todo, había creado una pequeña ilusión por ver cómo iban a suceder las cosas a partir de aquel entonces.

No iba a negar que los nervios habían estado acusándola durante toda la semana. Primero esperando aquel mensaje de Quinn, y luego pensando en lo que iban a llevar a cabo, aunque era consciente de que aquellos nervios poco o nada tenían que ver con lo que había sufrido después de la discusión con ella y con Santana.

Era completamente diferente. El mal humor se había esfumado. La sensación de sentirse humillada también, y esa última respuesta que Quinn le dio a su pregunta acerca de un posible encuentro entre ella y Santana, eliminó cualquier resquicio de rencor que podría sentir.

Pensar que Quinn había mantenido relaciones con Santana apenas un par de horas después de estar con ella, la había estado martirizando. Incluso más que la propia disputa. Saber que aquello no sucedió, que Quinn no cayó en la trampa que Santana había planeado para acercarse, y recuperar su confianza, la tranquilizó tanto que pudo centrarse toda la semana en lo que realmente debía importarle; los exámenes.

Y aquel martes, después de 8 días dedicados en cuerpo y alma al estudio, había llegado el día en el que una vez liberada de cualquier asignatura, y a punto de empezar sus vacaciones de verano, llegaba la tan ansiada cita, improvisada, que había pactado con Quinn.

Era sencillo.

Brittany y Quinn estarían relajándose en aquel parque situado cerca del Royce Hall a eso de las 14:30 pm, justo después del almuerzo y antes de regresar a sus clases. Rachel estaba libre y Marley tenía varias horas de descanso hasta casi entrada la noche. Era el día perfecto para las cuatro, y tras varios mensajes enviados, los pasos a seguir estaban claros. La única pega era que Rachel no había contado con la intensidad de Marley, y las excusas absurdas que tuvo que poner hasta llegar al lugar indicado. Excusas que hacían referencia al mal estado del césped, o al sol que incidía de pleno y les molestaba, o al ruido de algunos chicos que se reunían cerca, o al canto de un pájaro que se posaba en un árbol. Cualquier motivo era una excusa perfecta para Rachel, por surrealista que pareciera, para no aceptar las múltiples propuestas de Marley para tomar asiento, y descansar un rato de aquel paseo con el perro de Kurt. Porque el pequeño animal había sido la excusa que Rachel había utilizado para obligarla a que le acompañase.

—Rachel ¡Basta! No pienso seguir caminando sin un objetivo concreto, así que aquí nos quedamos.

—¡No! —exclamó siguiendo el camino que la llevaba hacia la fuente Saphiro, donde ya debía estar esperándola Quinn.

—Pero… —se quejó dando varias zancadas hasta ponerse a su altura— ¿Por qué quieres seguir andando? Estamos en… —se detuvo, y lo hizo provocando la atención de Rachel que fingía no darse cuenta de nada, a pesar de que no paraba de mirar a su alrededor—. Ok Rachel, ahora sí —se mostró seria—. Vamos, sentémonos ahí mismo —señaló hacia una pequeña planicie que habían dejado atrás.

—No.

—Rachel — la detuvo del brazo—. Hazme caso, es el mejor sitio.

—Marley. ¿Por qué te pones tan pesada? Estamos paseando a Bubú, y ese no es un buen lugar para que se divierta un poco —explicó lanzando la vista al frente—. Además, Quinn —balbuceó sin poder contenerse. Le había salido del alma, ni siquiera sabiendo que debía estar allí y que iba a encontrarse con ella, le hizo poder controlar aquel perfecto susurro con su nombre que evidentemente, también pudo percibir Marley.

—Perfecto, te dije que nos quedásemos aquí —interrumpió la chica tras ver como Rachel había localizado a Quinn.

—¿Por ella? —la miró confusa— ¿La habías visto antes?

—La llevo viendo desde que hemos entrado en esta zona —explicó la chica—, y no quería que la vieses, y menos aún si está acompañada por esa rubia —murmuró focalizando la mirada— ¿Quién es?

—No lo sé— fingió alegrándose de haber logrado su objetivo, que Marley fuese quien descubriese a Quinn y no ella—. Vamos a saludarla.

—¿Qué? —volvió a tomarla del brazo tras ver como Rachel se disponía a avanzar hacia ellas— ¿Qué dices?

—Vamos a saludarla —volvió a repetir con normalidad—, así conocemos a esa chica —añadió.

—Pero… ¿Tú hablas con Quinn? —preguntó completamente confusa.

—Eh no, pero no veo el motivo para no hacerlo.

—¿Cómo que no ves el motivo? —se interpuso en su camino— Rachel, te recuerdo que esa chica te ha mentido, estáis peleadas y has pasado una semana enfadada con el mundo por culpa de ella. ¿Y ahora quieres saludarla? No será una de esas escenitas de celos, ¿no?

—No, claro que no —respondió convincente—. Marley, soy una persona adulta y sí, es cierto que Quinn y yo discutimos y lo he pasado mal, pero no vamos a guardarnos rencor toda la vida. Al menos no es lo que yo pretendo.

—¿Y ella? ¿Estás segura de que si te acercas no te va a gritar o humillar?

—Ya la saludé el día que estaba en la cafetería y ella me saludó, así que no, no veo problema alguno —sentenció—. ¿Vamos? — la invitó y Marley no supo qué responder.

Rachel ni siquiera la esperó a que lo hiciera, y tomó la delantera obligando a Bubú a que la siguiese a marchas forzadas. Y por supuesto también a ella.

Tuvo que volver a recuperar la distancia que la separaba con varias zancadas antes de llegar frente a Quinn y su compañera de aquella tarde. Una compañera que ella no conocía y que, si no llega a ser porque sabía quién era y lo que hacía allí, la habría llevado a perder por completo la cordura y morir de celos. Sobre todo, viendo la postura que las dos amigas mantenían sobre el césped.

Quinn sentada acariciando el pelo de Brittany que permanecía con la cabeza apoyada en sus piernas, mientras ésta jugueteaba con las hojas que iba a arrancando del césped. Una escena idílica entre dos chicas que podrían ser algo más que amigas.

Quizás por eso Marley observaba a Rachel, y se sorprendía por la calma que mostraba mientras caminaba hacia ellas, con una sonrisa dibujada en sus labios. No esperaba aquello bajo ningún concepto.

—¿Quinn? —balbuceó Rachel justo antes de llegar a donde estaban ambas. La reacción por parte de la rubia no se hizo esperar, y rápidamente buscó la procedencia de la voz, mostrando un leve gesto de sorpresa y tranquilidad a la vez, que también llegó a confundir a Marley— ¡Hola!

—Ho, hola Rachel —obligó a que Brittany se reincorporara y le permitiese levantarse—. ¿Qué haces aquí? —cuestionó completamente metida en el rol.

—Pues pasábamos por aquí, estábamos paseando a Bubú —señaló al perro que ya comenzaba a olisquear a Brittany—. Marley os ha visto.

—Oh bien —balbuceó recuperando los nervios tras posar la mirada en Marley—. Hola, me alegra verte.

—Lo mismo digo —respondió confusa.

—Eh Bubú, por favor — ¡Rachel tiró del perro que a punto estuvo de subirse a las piernas de Brittany, mientras esta ya empezaba a jugar con él—, deja de ser impertinente.

—¿Es tuyo? —preguntó Brittany divertida—, no me molesta. Es muy pequeño y lindo.

—No, no, es de un amigo nuestro —respondió Rachel mirando de soslayo a Quinn, que ya se había puesto de pie—, estábamos paseándolo un rato y buscábamos un sitio donde descansar.

—Britt mira, ella es Rachel —intervino Quinn incitando a la chica a que siguiese sus pasos y se levantase del suelo, pero no lo hizo. Jugar con el perro parecía más divertido para aquella chica de ojos azules y pelo completamente dorado, que lucía espectacular.

—Ah, hola Rachel —saludó con una enorme sonrisa—, encantada de conocerte.

—Ella es Brittany —añadió Quinn mirando a la morena que se limitó a sonreírle.

—Un placer —respondió Rachel devolviéndole la sonrisa.

—Y ella es Marley — Quinn señaló a la chica, que a pesar de la buena predisposición que mostraban ambas, aún guardaba algo de desconfianza por aquel extraño acercamiento—. Estudia música, igual que tú —añadió provocando la sorpresa en las dos.

—¿Sí? —cuestionó Britt que, en ese instante, si optó por ponerse de pie y dejar el perro en el suelo— Vaya. ¿En qué curso estás? —se interesó.

—En primero —respondió Marley—. ¿Y tú?

—En segundo No te he visto por el campus.

—Yo a ti tampoco —respondió la chica—. ¿Vas a las conferencias?

—Eh, no mucho, me limito a ir a clases, estudiar en casa, y trabajar. ¿Verdad? — miró a Quinn que permanecía en un segundo plano, al igual que Rachel, observando la interacción de las dos chicas desconocidas.

—Sí, así es. Es una chica trabajadora —añadió tímidamente.

—¿Eres de Los Ángeles? —se interesó Rachel buscando un poco más de interacción.

—No, soy, soy de Seattle.

—¿Seattle? —interrumpió Marley sorprendida— ¿Eres de Seattle?

—Eh sí —respondió extrañada por la reacción de la chica.

—Yo soy de Springfield, muy cerca de Redmond. ¿Lo conoces?

La sorpresa en el rostro de Brittany se asemejaba a la reacción de Quinn y Rachel tras ser conscientes de la cercanía de procedencia de ambas chicas, y cómo aquello se les había pasado por alto.

—Sí, claro que lo conozco, yo he estado en Springfield muchas veces. En el Memorial High School tuve una actuación con unos compañeros de clase.

—¿Sí?

—¿Es tu instituto? —preguntó Rachel un tanto perdida.

—No, no, pero es uno de los más importantes y celebran un certamen de talento musical de todo el estado. ¿Participaste cantando?

—No —volvió a hablar Brittany—. Lo hice bailando, teníamos un pequeño grupo de baile y pudimos participar hace cuatro años. Aunque no ganamos.

—¿Hace cuatro años? Yo vi ese certamen, pero no te recuerdo. Dios, que pequeño es el mundo.

—Pues sí —respondió sonriente—. No conozco a nadie aquí de Washington, bueno ya sí.

—Eh Rachel —balbuceó Quinn llamando la atención de la morena, que al igual que ella permanecía completamente embelesada en la conversación que mantenían Marley y Brittany, y lo bien que había resultado aquel primer encuentro de las dos amigas cibernéticas.

—¿Qué? —miró a Quinn tras salir de su autismo.

—El perro — susurró—, se te ha escapado.

La primera reacción fue un tanto confusa por parte de la morena, que escrudiñó con la mirada a Quinn para saber qué significaba aquello, pero la reacción tardó poco en llegar tras seguir con la mirada la indicación de su mano, y descubrir cómo Bubú corría felizmente por una de las enormes explanadas que salían justo a la derecha del Royce Hall.

—Oh ¡mierda! — exclamó al verlo— ¡Bubú!— gritó al tiempo que pasaba entre Brittany y Marley, y emprendía una dificultosa carrera por el césped para lograr alcanzar al animal.

Aquella reacción fue perfecta para Quinn, que, aprovechando la situación, decidió seguir sus pasos y dejar a las dos chicas a solas, aunque solo fuese por unos minutos.

—Voy con ella —dijo sin darle opción a ninguna de las dos para que siguiesen sus pasos, y comenzó a correr con sus ya reconocibles zancadas.

No tardó mucho en llegar hasta donde Rachel se había detenido. Un par de árboles rodeados por unos frondosos arbustos era el lugar donde Bubú había ido a detener sus pasos, y Rachel ya se esmeraba por recuperarlo.

—¿Dónde está? —preguntó la rubia tras ver que el animal no estaba allí.

—No lo sé —respondió asfixiada—, se ha metido por aquí. Dios ¡no puedo perder a Bubú o Kurt me matará!

—Relájate —se acercó al extremo opuesto de los arbustos—, no debe haber ido muy lejos, pero es tan pequeño.

—Por eso mismo, es tan pequeño que cualquier cosa lo mata —espetó histérica.

—No hay nada aquí que lo pueda matar —replicó Quinn buscando entre los arbustos que rodeaban los árboles.

—¿Ah no? ¿Te tengo que recordar que aquí venías a visitar a un cuervo? —recriminó sin siquiera mirarla, y Quinn lo agradeció.

Agradeció que la morena no estuviera mirándola cuando le recordaba aquel detalle, porque habría sido testigo de su cara de sorpresa tras ver como recordaba aquello—. Si ese maldito cuervo encuentra a Bubú, será el fin. Es como un ratón.

—Rachel creo, creo que está por aquí — musitó tras creer ver movimiento entre varios matorrales y tratar de centrarse en el animal— ¡Aquí está! —exclamó al ver la cabeza del perro sobresalir entre un matorral.

—¿Dónde? —preguntó Rachel acercándose rápidamente, pero no necesitó respuesta alguna. Le bastó bajar la mirada hacia el suelo y descubrir al animal con varias ramitas enganchadas en el collar y la correa—. Oh Bubú —susurró tomándolo entre las manos—, no vuelvas a hacerme esto. ¿Me oyes? —le replicó mientras lo alzaba para mirarlo a los ojos—. Ni se te ocurra volver a escaparte.

Fue tan tierna y divertida la escena, que Quinn no pudo evitar sonreír al ser testigo de ella.

—¿Vamos? —volvió a hablar Rachel tras dar las órdenes al pequeño perro y dirigir su mirada hacia Quinn— ¿De qué te ríes?

—De nada —respondió volviendo a recuperar la seriedad que le caracterizaba.

—Ok. Vamos —volvió a añadir mientras intentaba recuperar el trayecto hacia donde se encontraban Brittany y Marley. Sin embargo, aquel intento quedó en nada por culpa de la mano de Quinn, que fue a aferrarse a su brazo y la detuvo.

—Espera Rachel —susurró tras lanzar una mirada a las dos chicas—, espera.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

—Míralas —señaló hacia Marley y Brittany—, están hablando y riendo, deberíamos dejarlas que sigan. ¿No crees?

—¿Dejarlas?

—Unos minutos —añadió—. Para que hablen un poco a solas.

—Sí, es buena idea —respondió volviendo a retroceder para lograr que uno de los árboles se interpusiera, y ni Marley ni Brittany lograsen verlas—. ¿De verdad esa chica tiene falta de confianza en sí misma? —cuestionó sin dejar de mirarlas— Es guapísima.

—Pues, aunque no lo creas, sí —respondió tras ella—. Me recuerda a alguien que conozco —añadió con algo de sarcasmo que Rachel no percibió, y no supo que estaba halagándola—. Aunque la verdad es que me está sorprendiendo. Nunca la había visto hablar tanto con una desconocida.

—Eso es bueno. ¿No?

—Buenísimo. Se han caído bien, y eso es lo mejor que podía suceder. Además, proceden de casi el mismo lugar, eso es un plus.

—Pues sí, sobre todo, para Marley, que está siempre viajando a su ciudad —añadió Rachel—. Tenemos que conseguir que tengan una cita. ¿No crees? —la miró por primera vez a los ojos.

—Pues sí, creo, creo que es la mejor idea —balbuceó tras varios segundos de mutismo al ver como Rachel la miraba casi sin pestañear.

Empezaron a ser conscientes de cómo de nuevo, a pesar de supuestamente estar enfadadas la una con la otra, volvían a hablar como si nada hubiese ocurrido, sin tener que fingir delante de sus amigas. Tal y como habían hecho en la cafetería, con la única diferencia de que, en aquel instante, a ninguna de las dos les apetecía recobrar su actitud soberbia llena de orgullo.

—¿Y cómo lo hacemos? —preguntó Rachel siendo consciente de que le era imposible dejar de mirarle a los ojos.

—Podríamos, podríamos organizar alguna cena las cuatro, y que se presenten solo ellas. No sé, buscar cualquier excusa para dejarlas solas.

—Es, es buena idea, pero… ¿Cuándo?

—No lo sé. ¿Cuándo podrías?

—Pues antes del domingo —respondió acariciando a Bubú—. Ese día vuelo hacia Ohio.

—¿Te vas? —cuestionó extrañada.

—Sí, empiezan mis vacaciones de verano —desvió la mirada por primera vez—. Tengo planes con mis padres.

—Oh vaya —musitó con algo apenada—, quiero decir me, me alegro.

—Es, es lo que hacemos todos los veranos —volvió a mirarla tras tomar una gran bocanada de aire.

Empezaba a sentir esa sensación de agobio en el pecho que no la dejaba respirar, y no era por la molestia ni el enfado. Era por saber que tenía a Quinn frente a ella, después de todo lo que había sucedido, después de sentirse humillada y no le guardaba rencor alguno. De hecho, todo lo que le apetecía era volver a recuperarla de alguna forma.

—Lo hacemos el sábado. ¿Te viene bien? —propuso Quinn.

—Eh sí, supongo que sí — reaccionó.

—Brittany también está de exámenes y supongo que Marley también lo estará, así que creo que es el mejor día para que se distraigan un poco. ¿No crees?

—Cierto, pero… ¿Y tú? —se interesó con sutileza— ¿No tienes nada que hacer?

—Estudiar —sonrió débilmente—, lo de siempre.

—Ok. Pues entonces lo organizamos para el sábado.

—Perfecto —susurró Quinn sin haber apartado la mirada de sus ojos en ningún momento, solo cuando Rachel la esquivaba presa de los nervios. Y eso es lo que hacía en ese instante la morena; desviar de nuevo sus ojos hacia el pequeño perro que tiritaba entre sus manos, y llenar de aire sus pulmones para lograr mantener la calma—. Será mejor que regresemos ya. ¿No crees?

—Eh sí —balbuceó tomando la decisión de girarse rápidamente, y emprender el trayecto hasta sus amigas, que ya empezaban a buscarlas con la mirada y a preguntarse dónde estaban.

Quinn no tardó en reaccionar, y seguir sus pasos, sabiendo que aquellos largos silencios que se habían producido entre ambas, necesitaban algún tipo de explicación, de careo que las hiciese hablar y aclarar todas aquellas dudas que seguían latentes en ambas. Pero aquel momento no era el mejor.

—¿Dónde estabais? —preguntó Brittany tras verlas llegar. No así Marley, que veía como el gesto de Rachel mostraba algo que no sabía lo que era, y que aquel tiempo perdida junto a Quinn tenía algo que ver.

—Estaba en unos arbustos —explicó Rachel recuperando la posición junto a Marley.

—Pues menos mal que lo has encontrado, porque Kurt nos habría matado a las dos.

—Lo ha encontrado, Quinn —balbuceó mirándola de soslayo. La rubia llegaba en ese mismo instante a la improvisada reunión y sonreía nerviosa.

—Britt, nos tenemos que marchar —se excusó—, tengo clases en apenas media hora.

—Sí, yo también —respondió la chica—. Ha sido un placer conoceros —dijo sonriente—, espero que volvamos a vernos algún día.

—Sí, sería genial —añadió Marley complacida.

—Podríamos cenar las cuatro — aprovechó Quinn para soltar su idea ante la atenta mirada de Rachel, que volvía a perderse en sus ojos y olvidarse de lo que ocurría a su alrededor.

—A mí me encantaría —dijo Brittany.

—Y a mí — musitó Marley mirando a Rachel, buscando su aprobación a aquella cena.

—Es una buena idea — respondió la morena con apenas un hilo de voz.

—Perfecto —añadió Quinn más tranquila, aunque no lo suficiente como para mantener la calma y no mirar continuamente a Rachel—. ¿Podríais el sábado?

—Por mí perfecto —habló Rachel. Tanto Brittany como Marley se limitaron a asentir.

—Ok, pues hablamos y ya concretamos con el lugar y la hora — las miró a todas antes de detenerse en Brittany—. ¿Nos vamos? —insistió.

—Claro, vamos —respondió mostrando su mejor sonrisa—. Cuídense chicas.

—Y vosotras — respondió Marley segundos antes de que Brittany comenzase a alejarse, y Quinn lo hiciese con algo más de dudas.

—Ciao — balbuceó lanzando una fugaz mirada hacia Marley y deteniéndose en Rachel, que en ese mismo instante alzaba la mirada y se centraba en ella.

No respondió a aquella despedía con palabras, pero sí lo hizo con aquel gesto cómplice que ambas seguían manteniendo a pesar de todo lo sucedido.

Una complicidad que iba más allá de las dudas acerca de lo que podría estar sucediendo entre Quinn y Santana. A pesar de no saber qué intenciones habían llevado a Quinn a mentirle tal y como lo hizo, y por supuesto, a pesar de tratar de demostrarse que nada iba a volver a resurgir entre ellas.

Evidentemente, aquello era una utopía. Algo que no iba a suceder, simplemente porque nada se había apagado entre las dos. Porque no había nada que tuviese que resurgir, ya que nada se había esfumado.

La tensión, aquellos nervios en el estómago cada vez que sus miradas se cruzaban, y el necesitar constantemente llenar sus pulmones con una gran bocanada de aire que calmase la ansiedad, era síntoma inequívoco de que todo seguía su curso normal y lógico, entre dos personas que se atraen, se gustan y podrían jurar, empezaban a quererse. Pero eso era algo que quedaba tan lejos y tan aplacado por culpa de la desconfianza, que ni siquiera rondaban por sus mentes.

Lo único que ambas tenían claro era que necesitaban hablar, aclarar todo lo que sucedió y ver en qué punto iba a quedar aquella extraña relación. Y eso iba a terminar sucediendo, sí o sí.

Aunque para ser honestas, lo más importante en aquel instante para Rachel, no era lograr encontrar el momento perfecto para hablar con Quinn, sino saber interpretar el mejor de los personajes frente a Marley, y tener las respuestas adecuadas para el millón de preguntas con las que su amiga, la iba a bombardear a partir de aquel preciso momento.