Capitulo 35

Riddle se despertó aturdido y sin saber qué le había ocurrido, sin embargo, cuando se produjo la mirada a su derecho, lo entendió todo. A su mente regresó un recuerdo furtivo de la noche anterior, algo que le hizo gritar intentando que lo escucharan.

—¡Hermione! ¿Dónde estás? ¡Sé que estas cerca!

Dos de sus lacayos que llevaban un rato sentados en el suelo esperando a que su señor se despertara, escuchando su voz se levantaron de un golpe y se acercaron.

—¡Por fin despiertas, mi señor!

—Señor, nos tenías muy preocupados —hablo el otro hombre.

-. ¿Qué hacéis aquí? Deberíais estar en la misión que os comende.

—Dolohov se ha encargado de ello mi señor, nosotros hemos aprovechado para venir a visitarle —explicó el mortifago.

¿Sabes que anoche vino a verle, la señorita Tarner? —Susurró el otro hombre.

—Así que es cierto, no lo soñado —habló entre dientes Riddle.

—La puerta estaba abierta, mi señor y vimos a la señorita Tarner con usted.

En ese momento entro la Sra. Brow entró en ese momento, los hombres aprovecharon para salir de la habitación.

Cuando se quedará en un lugar, Riddle le preguntó si era cierto que Hermione se quedó con él mientras dormía. y la Sra. Brow le dijo que Hermione, acompañada de su amiga Sara, había llegado de madrugada y se había ido muy preocupada, asegurando que vendría a verlo de nuevo. Olivia quiso darle la infusión con las tres gotas de la poción para que volviera a dormirse, pero Riddle se negó a tomárselo. Quería estar despierto cuando la mujer que deseaba regresara de nuevo.

Hermione se levantó muy temprano aquella mañana, aunque en realidad, apenas había podido pegar ojo desde que conoció la noticia de Riddle. Estaba deseando que amaneciera para poder regresar a la mansión a verlo.

Ella sabía que no era prudente que fuera sola, así que, sin dudarlo, le pidió a Abril que la acompañara. Así tendría la excusa perfecta para poder salir de casa.

Sus padres estaban desayunando en la sala y Hermione tuvo que inventarse una excusa para que su progenitor no pusiera inconveniente a su salida.

—Voy a ir a elegir las flores para la boda.

—Voy contigo cariño —se ofreció la Sra. Tarner

—No es necesario mamá, tú descanse que necesitas aliviar ese dolor de cabeza que llevas días sintiendo. Ya me acompaña Abril —respondió besando a su madre en la mejilla.

Su madre se quedó conforme porque su hija llevaba razón, llevaba unos días con jaqueca y lo único que necesitaba en ese momento, era tranquilidad.

Una vez alejada de la casa de sus padres, se apareció en casa de Riddle.

—¡Buenos días, señorita Tarner! —La elfina hizo una reverencia ante Hermione.

—Buenos días. Vengo a visitar al Sr. Riddle, ¿Sería posible?

La elfina asintió convencida y se apartó a un lado para que las dos mujeres pudieran pasar al interior. La elfina las guio hasta la biblioteca. En ella estaba leyendo la Sra. Brow. Abril se quedé con ella, mientras Olivia le giñaba un ojo a Hermione, la elfina acompañó a Hermione al dormitorio de Riddle.

Hermione se quedó inmóvil en el umbral de la puerta, observando con detenimiento el aspecto del Riddle. Lo había visto unas horas antes, pero todavía volvía a horrorizarse por su apariencia tan enfermiza. Sí que era verdad que había recuperado algo de color en sus mejillas, pero la palidez seguía destacando en su rostro. La mujer no pudo evitar que se le encogiera el corazón.

Hermione se acercó lentamente a la cama donde estaba acostado Riddle, acompañada de su corazón que se iba acelerando en cada paso que daba hacia él. Se sentó en la silla que había en el lado derecho de la cama.

—¿Cómo estás? —preguntó sin esperar respuesta y sin saber que él la estaba escuchando—. Como dije… aquí estoy de nuevo. —Suspiró—. Tom, yo… me duele verte así. —Cerró los ojos.

—¿Tanto te importo ahora? —preguntó cuándo Riddle con una voz ronca.

Hermione había estado a punto de responderle automáticamente, sin darse cuenta de que aquellas palabras habían salido de la boca de Riddle. Levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los negros tono grisáceos de Riddle. A pesar de la debilidad de su mirada, sus ojos eran chispeantes.

—Respóndeme Hermione. —La mujer negó con la cabeza apartando sus ojos de él—. Yo siento algo por tí, Hermione —susurró adivinando lo que Hermione iba a confesarle.

—Por favor, no lo hagas más difícil —suplicó ella.

—No soy yo quién lo está complicando. —Riddle tomó aire dibujando una muestra de dolor en su rostro—. ¿Por qué rechazaste la proposición que te hice?

—Tom, yo no, no, no quiero…—titubeó.

—¿Tienes miedo? Lo veo en tus ojos. —Riddle acarició con la yema de sus dedos el brazo de la mujer, haciendo que su piel se erizara—. Tu cuerpo responde a mis caricias y noto como tu corazón se acelera cuando me tienes cerca. —Riddle llevó sus ojos a los pechos de la mujer, que subían y bajaban animadamente—. ¿Por qué nos niegas la oportunidad de estar juntos, Hermione?

Hermione se levantó de la silla confundida. No entendía a qué estaba jugando Riddle. Ella sabía que Mariene y él estaban comprometidos, ¿por qué seguía insistiendo en casarse con ella? ¿Era tan egoísta que quería tener a dos mujeres a su disposición? A demás su padre insistía en que se casara con Malfoy… y lo único que quería, era salir de ahí irse a casa.

Muy enfadada y totalmente encolerizada, se giró con el semblante cargado de rabia y le contó a Riddle todo lo que Mariene le había dicho. Riddle no entendía cómo ella, la mujer a la que le había demostrado todo su cariño, afecto, confianza, podía estar dudando de él.

—¡Deja de jugar Riddle, sé que te gustan este tipo de cosas, manipular a las personas! —exclamó furiosa clavando sus ojos en él.

—Hermione, todo es una vil mentira. ¡Qué no te das cuenta! —Intentó recolocarse en la cama, pero el dolor se lo impidió. Hermione, preocupada, se acercó a la cama para evitar que se levantara—. Es cierto que Mariene y yo hemos sido amantes varios meses. —La agarró de la mano para que no volviera a alejarse de él. Aquella confesión le dolió a Hermione—, pero eso fue antes de conocerte a ti. Te juro…—recordó la noche que él estaba borracho y rectificó rápidamente—, te aseguro que entre ella y yo hace mucho que no pasa nada.

—Si dices que es mentira todo esto, ¿por qué me engañó? —preguntó sin estar convencida de cuál era la versión verdadera.

—Ella está despechada porque yo la he rechazado y sabe que mi sentimiento te pertenece. Está celosa.

—¿Por qué debería creerte?

—Porque… aunque cueste creerlo siempre fui sincero contigo, Hermione. desde el primer día que te vi… y no hay ningún motivo por el que debas dudar de mí. —Hermione se sentó nuevamente en la silla, y se tocó las sienes con sus dedos. Estaba muy confundida y cansada de todo.

—Es cierto, pero entiende que no sé a quién creer ya, mi vida es un completo caos —respondió totalmente desesperada.

—Hermione —dijo mientras le agarraba las manos para que lo mirara a los ojos directamente—, lo único que sé es que estoy he…enamorado de ti. —Hermione abrió los ojos como platos y su corazón comenzó a latir con fuerza—. Siempre juré de no sentir nada especial por una mujer ni por nadie —aseguró suspirando con la voz entrecortada—, pero llegaste tú y estropeaste todos mis planes…

Riddle volvió a agarrarle la mano y tiró de ella con suavidad, invitándola a recostarse sobre su pecho. Hermione necesitaba volver a sentir sus brazos y sin pensarlo, apoyó su cabeza en su hombro derecho intentando no lastimarlo más, deleitándose con cada sensación que aquel hombre despertaba en ella.

—Hermione, no quiero una vida sin ti porque he descubierto que mi vida eres tú —aseguró admirando la belleza de Hermione.

—Ton, mi desconfianza se debe que mucho antes de conocerte, me lastimaron… y tengo miedo de otra vez sentir ese dolor.

—Nunca te haría daño, porque eres demasiado importante para mí. Lo único que deseo es tu felicidad. Tu sonrisa es mi mejor regalo. Hermione, no te negare he intentado rechazar a lo que siento por ti, pero ya no quiero seguir haciéndolo, porque… te amo.

Hermione no necesitó más palabras, una sacudida recorrió su cuerpo de arriba abajo. Levantó su cabeza del hombro de Riddle y se acercó a sus labios para besarlo con pasión. Sus lenguas anhelantes danzaban al mismo ritmo, encontrándose en todos sus movimientos y sus labios se negaban a separarse. Disfrutaron del beso como si llevaran una eternidad sin haber unidos sus labios.

—Riddle, tienes que saber que yo y Malfoy…

—Lo sé, pero eso no es un problema —la interrumpió Riddle.

—¡Pero no lo ves, Tom! Claro que lo es —gimió Hermione—, mi padre no me perdonaría otro engaño.

—¿Confías en mí, cariño? —preguntó agarrándole la cara entre sus manos, Hermione asintió—. Sigue preparando tu boda y…

—¿Cómo puedes declararte y ahora decirme que continúe con los planes de matrimonio? —preguntó enfadada apartándose de él y levantándose—. ¡No quiero casarme con él! Detesto a ese hombre.

Hermione, empezó a andar hacia la puerta para marcharse. Se sentía dolida y muy enfadada con Riddle.

Riddle desesperado por ver que la mujer que ama se marchaba, sacó las pocas fuerzas que tenía y con dificultad, se levantó de la cama. Un gemido de dolor hizo que Hermione se detuviera y mirara hacia la cama de él, sorprendiéndose al verlo levantado.

—¿Qué haces de pie? —preguntó al ver el gesto de dolor de él cada vez que apoyaba el pie.

—Impedir que te marches —caminó hacia ella cojeando mientras tocaba su pierna herida—. No voy a dejar que te vayas enfadada conmigo, te seguiré hasta donde haga falta para convencerte. Eres más terca que una mula.

—¡Vuelve a la cama Riddle! —gritó furiosa intentando evitar que él siguiera caminando—. No hagas locuras porque tu salud puede correr un grave...

—No me importa. No quiero seguir viviendo sin ti, Hermione. —confesó cuando llegó a su lado—. Ni está herida ni nadie me va a impedir demostrarte lo que siento por ti. Confía en mí, nunca dejaría que unieras tu vida a ese hombre —aseguró acariciando los brazos de ella.

—Y ¿puedes explicarme porque quieres que siga con los preparativos de mi boda?

—Para no levantar sospechas. Por favor, no preguntes nada porque mi plan puede fallar. —Hermione apartó la mirada confundida, Riddle le agarró el mentón para que volviera a mirarle—. Si alguna vez vuelves a casarte, puedes estar segura que el que te esté esperando, seré yo. —Hermione dibujó una sonrisa en el rostro, le gustaba mucho lo que Riddle le estaba diciendo—. ¿Me crees ahora?

—Te contestaré a tu pregunta solo cuando hayas regresado a tu cama. —Riddle besó a Hermione en los labios con anhelo y apoyado en ella, fue a acostarse de nuevo—. Confío en ti, pero, por favor, no me mientas.

—Te lo prometo.

Hermione se sentó en la silla que había al lado de la cama de él y relajados, empezaron a hablar de todo lo que había pasado en los últimos días. Riddle le preguntó a Hermione cómo lo había pasado en la casa de la hermana de Olivia. Ella le confesó que sus esperanzas de traducir aquellos libros se habían acabado y que ya no tenía confianza en encontrar la manera de regresar.

—¿Aún estás planteándote la idea de regresar? —preguntó desilusionado—. Pensaba que al declarándome…

—No te negare que tuve mis tentaciones y las tenía recientemente… pero, sería estúpido rechazar lo evidente. Y lo evidente es que siento algo por tí tan fuerte que me echa para atrás. Pero eso no significa que no tenga curiosidad por descubrirlo. —Lo silenció con un beso.

—Entrégale los libros a Sara, ella debe dárselos a Dolohov en su cita de esta noche.

¿Para qué? —Preguntó intrigada.

—Voy a intentar una última cosa. —Hermione iba a volver a preguntar, pero Riddle le selló la boca poniendo su dedo índice sobre sus labios—. No seas impaciente, no te prometo nada, pero si venta bien, quiero que sea una sorpresa para ti.