Capítulo 21
Locura
Cuando despertó solo encontró oscuridad, humedad en el aire y un profundo ardor en su garganta. Se dio cuenta tarde que la oscuridad agobiante era tan solo sus ojos vendados.
Su cabeza dolía como nunca, tuvo que mantener los ojos cerrados al principio por las punzadas dolor, por lo que tardó demasiado en darse cuenta que había sido privada de la vista. Apenas recordaba por qué había dormido en primer lugar. La pelea con Reiji y Shuu, la tristeza y todas las emociones que habían volado sobre ella en las últimas semanas parecen no haber interferido con su sueño. Al recordar de golpe todo lo que pasó con los dos hermanos no pudo evitar sentir un poco de culpa. Pensándolo fríamente y luego de una siesta, se había comportado bastante mal. Bueno, no era su culpa que ambos presionen de derecha a izquierda su paciencia y el cariño que les tenía, solamente se sentía agobiada de tantas cosas que aquellos dos le daban a elegir. Shuu y Reiji posiblemente enamorados de ella. Había mucho que pensar y que perdonar si decidía estar con alguno de los dos… y por Dios, que ella solo tenía diecisiete años. Que los malditos bastardos sean vampiros no significaba un pase libre para decidir con quién estar para toda la vida. Habían reglas, y ser adolescente no era una fantasía.
¿Y dónde demonios estaba?
Por un momento pensó que estaba en su habitación, que sus ojos vendados eran tan solo una broma de los trillizos y solo se reiría, desataría la venda y todo volvería a la normalidad. Pero al levantar sus manos las encontró atadas fuertemente al respaldo de la silla.
Recordó al instante que los trillizos no estaban allí, que nadie estaba allí, en el aula que pensó estaba resguardada junto a su amigo más cercano…
Sousuke.
— ¡Sousuke! —no sabía por qué lo llamaba, pero fue lo primero que pensó—. ¿Estás ahí?, ¿puedes escucharme?
— ¡Yui! Por fin despiertas.
Al menos Sousuke estaba bien.
¿Estaban secuestrados? Dios, si los Tsukinami habían hecho algo o los Mukami para tomarla… esto era el colmo. Además de que se llevaron con ella a otro humano, ¿qué tenía que ver Sousuke en sus planes malignos? Esto era pasarse de la raya, incluso para los vampiros. Solo esperaba que cuando la desaten al menos le sirvan algo de comida y liberen a su compañero. Los demás no merecían su mala suerte solo porque una manada de seres sobrenaturales se habían encaprichado con ella.
Se escuchaban unos pasos lentos acercarse, una respiración humana con la densidad animal que ella desconocía. Yui intentó zafarse de las cuerdas que la aprisionaba, pero los nudos parecían adherirse a la piel de sus brazos.
Estaba tan confundida, no entendía qué estaba pasando y la atmósfera de peligro era tan densa que hacía temblar sus labios. Tenía ganas de llorar y no entendía la razón, se sentía en un peligro inminente. El desarrollo interno de sus sentidos dentro de la mansión Sakamaki había agudizado tanto tu instinto de supervivencia que conocía al dedo todas las situaciones en las que estaba. En ese lugar sentía un peligro mayor que la misma mansión, y eso la hacía temblar.
Pero el escalofrío que recorrió todo su cuerpo con un malestar inmenso que se alojó en lo más profundo de su pecho fue cuando dos manos acariciaron su rostro. Un aroma a canela y galletas desprendían esos dedos, y el tacto le resultó tan familiar que juró haberlo sentido en otra parte.
Entreabrió sus labios para decir algo, pero esos dedos con aroma dulzón los tocaron con suavidad.
— Tranquila, Yui —la voz de Sousuke retumbó sobre la piel de su rostro—. No tiembles, ya no debes sentir miedo.
Desató la venda que privaba la vista, solo para que los ojos rosados de Yui miren la gran sonrisa de su amigo. No dejaba de tocar su rostro, de sonreírle como si nada hubiera pasado. El aspecto de horror de los ojos rosados no pudo ocultarse.
Ni siquiera tuvo que pensarlo para darse cuenta de la locura dentro de aquella mirada dorada.
Desquiciada, oscura.
— Sousuke… —el hilo de voz que salió de su garganta fue todo el terror que ahorcaba a su corazón.
Lunática… familiar.
Porque si de algo hubiera servido vivir con depredadores, era a saber reconocerlos. Y fue una idiota por no ver las señales.
— Ahora solo estaremos tú y yo. Yui.
El dictado semanal pasaba junto a los minutos eternos en el reloj de pared, haciendo eternas las horas que podrían haber usado para buscar a Yui.
Reiji se encontraba pensando sobre si mismo, sentado en su sitio con el bolígrafo en la mano, automáticamente dictando lo que hace años atrás había aprendido. Ya que tenía cosas más importantes en las que ocupar la cabeza no tenía sentido que su profesor le diga lo que ya sabía una y otra vez. De todos modos, estaba avanzado en muchas ocasiones.
No podía dejar de pensar en todo lo que pasó, aquellos días extraños que solo terminaron hace pocas horas. Haciendo introspección sobre sí mismo, tanto como para esconder sus colmillos sobre los labios y hacerse daño, sabía que todo había estado mal. Tenía problemas, estaba roto y lo sabía. No era algo anormal que vampiros y otros seres superiores a la raza humana tengan vidas miserables, o que en sus momentos de crecimiento alojen un trauma o un cambio drástico en su personalidad. Estaban malditos, siempre lo estarían y no había reparo en ello.
Sin embargo lo de Reiji era otra historia; pues él sí hizo a conciencia sus atrocidades. Nadie le enseñó, nadie le dijo que estaba mal y que estaba bien. Hundido en su propia mierda dejó que la envidia y el odio lo corrompieran igual que a sus otros hermanos. Estaba roto, lo sabía y no había querido reconocerlo hasta ahora. El solo hecho de sentirse miserable por asuntos de hace siglos atrás le hizo sentir náuseas, pero sabía que para dejar de sentirse así debía hacer lo correcto.
No sabía lo que significaba, era algo que debía encontrar por él mismo. Pero sea lo que sea sabía que involucraba a Shuu y una sincera disculpa.
Estaba claro en ese momento que Shuu querría verlo muerto apenas contase cómo fueron las cosas, pero era lo menos que podía hacer para perdonarse a sí mismo. No podía creer que la culpa lo estaba carcomiendo ahora, después de tantos años, y que una pequeña niña fuese el detonante de todo ese asunto.
Si tan solo Yui no estuviera enojada con ellos…
Bueno, la conocían. Sabía que su enojo no duraría mucho, tenía demasiada alma como para eso. O al menos eso querían creer.
Por fin los cursos habían acabado por esa noche y tenían tiempo para hablar con la humana antes de volver a la casa. Ambos hermanos habían dado por sentado (obviamente, sin decirse nada) que lo mejor para que Yui los perdonara o vuelva tranquila la mansión era hablar fuera. La entrada de la academia era el mejor lugar para conversar luego de las clases, por lo que sería ideal esperar y ojalá obtener una sonrisa de Yui para generar una tregua temporal.
Reiji y Shuu se encontraron al mismo tiempo en las escaleras que daban hacia la salida, ambos deteniéndose apenas reconocieron sus aromas. El mayor miraba a su hermano con los ojos entrecerrados y juraría tener muchas cosas que decirle dentro de su interior, pero decidió pasarlas por alto. Las cosas estaban demasiado caldeadas como para tirar más leña al fuego. Tan solo se quedó en silencio, esperando a que su hermano diga algo, o que siquiera soltara el aire dentro de sus pulmones. Eso sería suficiente, pensaba. Reiji solo se concentró en la mirada azul de su hermano y pedía a gritos no decir nada que pudiera hacerlos explotar; se había dado cuenta muy tarde que ambos estaban con la paciencia al límite y no dudarían en tomar palabras negativas como un ataque. Debía ser listo, sutil.
— ...Shuu —fue todo lo que pudo decir, a modo saludo y como reconocimiento, sin poder sentirse avergonzado.
El aludido levantó las cejas.
— Reiji.
El tono que usaba para saludarlo era seco, pero no distante. Eso le dio al menor cierta esperanza de poder tener una plática. Sería difícil pero lograría algo de esto. Siguió bajando las escaleras para acercarse más a Shuu.
— ¿Puedo tener unas palabras contigo? —al ver que el mayor no se movía, insistió—… podemos sentarnos en la entrada.
Shuu negó con la cabeza.
— Hay que buscar a Yui apenas termine su última clase e ir a casa.
Bueno, no quería hablar con él. Pero Reiji no se iba a rendir. Si algo que tenían en común además de la sangre, era su perseverancia.
— Podemos esperarla fuera, solamente hay una salida y falta una hora con veinte minutos para que termine…
— Reiji, ¿qué quieres?
Se quedó en silencio, ¿qué tan perceptivo era su hermano? tragó lentamente saliva e intentó no verse nervioso. La ira con la que se defendía y atacaba comenzaba a aflorar por su garganta, pero debía detenerla si quería llevar a cabo sus disculpas. "Debes controlarte, debes controlarte".
Miró hacia ambas paredes y todo su alrededor antes de clavar de nuevo la vista en Shuu. Respiró hondo e intentó controlar sus emociones negativas.
Debía hacer las cosas bien.
— Solamente quiero hablar contigo, quiero contarte muchas cosas —murmuró.
Se miraron a los ojos por un minuto que pareció una eternidad. Reiji sabía que su hermano solamente estaba investigando, queriendo meterse dentro de su cabeza y descubrir sus planes. Siempre supo que Shuu, a pesar de siempre tomar siestas o quedarse en su habitación escuchando música, era igual que su padre: conocían al dedo a las personas con solo verlas a los ojos. Eso era lo que hacía que su talento para liderar el clan sea, para el ego herido de Reiji, imprescindible.
Lo sorprendió cuando Shuu soltó un largo suspiro y, sin ninguna emoción en su rostro bajó las escaleras.
— Está bien. Vamos, entonces.
Reiji lo siguió de inmediato, respirando profundamente. Un alivio repentino apareció en su corazón. Aquello había sido fácil.
Ahora vendría el verdadero desafío.
Cuando llegaron a las escaleras exteriores, ambos se sentaron en la entrada con aparente calma. Shuu se sorprendió al ver como Reiji no intentaba crear un muro entre ellos, sino que había cerrado la distancia entre los cuerpos y dejado solo unos treinta centímetros. El mayor se sentía incómodo con la mirada roja de Reiji en su rostro, nunca antes había recibido tanta atención de parte suya, menos en situaciones en las que ambos se disputaban algún lugar, una comida, un objeto, y ahora el amor de alguien.
Luego de un rato en el que ambos no dijeron una palabra, la campana del segundo descanso sonó y ambos se sobresaltaron.
— Demonios, deberían desinstalar esa cosa —se quejó Shuu.
— ¿Es un poco tarde para decir que yo fui el de la idea de tener una campana? —Reiji sonrió a medias, girando su mirada para que su hermano no lo viera.
Shuu alzó las cejas.
— ¿De verdad? —Reiji se encogió de hombros—. Woah, así que de verdad tienes un puesto muy respetable en la escuela… eso está bien.
— No creo que me lo merezca, después de cómo me comporté últimamente —bajó la mirada al suelo, observando el brillo en sus zapatos—. Estuve siendo un jodido inmaduro desde que se fueron esos cuatro.
De acuerdo, paremos aquí. Shuu se le quedó mirando con sus ojos bien abiertos. Si seguía de esa manera abriría la boca como un pez y moriría en ese mismo sitio. ¿Quién era este chico sincero y calmado? No su hermano, estaba claro. Por un momento creyó que todo esto era una broma y pensó en golpear a su hermano para que deje de molestar o meterse en su cabeza. No, Reiji no era de hacer bromas, era un tipo demasiado estirado como para dejarse llevar por "infantilismos". Lo tomaba por tonto, pero aquello estaba más allá de todas las teorías de su agotada mente.
Pero su hermano estaba allí, con su cabeza gacha con aspecto de derrota. Veía sus puños cerrarse con fuerza y la mandíbula tensa, sus ojos rojos relucir cuando la luz chocaba contra ellos. El cabello negro que siempre peinaba recto ahora estaba alborotado, y sin preocuparse desarmaba los puños y pasaba los dedos por el improvisado peinado. Cuando abrió sus labios para respirar Shuu entendió que esto le costaba demasiado, que Reiji se estaba esforzando por una razón que quizás ya estaba comenzando a conocer. Quiso reír, sorprendido y aliviado por esta faceta vieja de su hermano menor, pero solamente le salió un suspiro melancólico y una sonrisa a medias.
Qué va, se sentía a gusto cuando Reiji se desenvolvía y mostraba su verdadera apariencia: un adulto joven tranquilo y sincero…
— Creo que diste tu mejor esfuerzo, no todos tienen la paciencia suficiente para controlar a cuatro hermanos menores, una allegada, un irresponsable hermano mayor y que todo esté en armonía —bueno, sincerarse no era fácil, pero debía hacerle entender a Reiji que sus confesiones estaban en buenas manos—. Eres admirable, Reiji. Te respeto mucho por eso.
El hermano menor levantó la mirada y se encontró con los ojos azules de su hermano. Había un gesto en Shuu, una mirada que no lograba comprender del todo, con ese brillo en sus mejillas y el aura que te invitaba a someterte a una calma incomprensibles para los demás. Por un momento sintió que hablaba su madre.
Unas lágrimas silenciosas bajaron por sus ojos y mojaron las facciones petrificadas del vampiro. Ahora se encontraba contra cosas que no quería lidiar, algo que pensó no podía ver a causa de las aguas profundas que por quince años lo habían ahogado lentamente. Miles de emociones llenaron su interior cuando se adentró en los ojos azules de Shuu, se agruparon dentro de su estómago y subieron para estrujar sus pulmones. La sensación desconocida de ahogo y temor fueron tan fuertes que tuvo que hacer de tripas corazón para no gritar cuando las lágrimas se sentían correr por su piel de alabastro. Cerca de Shuu comenzó a temblar, conteniendo lo mejor que pudo.
Pero ya no podía ocultarlo más. Quince años era demasiado tiempo y la eternidad parecía no tener consuelo ante sus pesadillas, quince años en los que la culpa y la perversidad de un deseo retorcido aprisionaba sus verdaderos sentimientos. Ahora querían salir y no dudaron en romper a Reiji para tomar vuelo.
Su hermano mayor, sin moverse se le quedó viendo en silencio. Esperando paciente lo que años de serenidad dentro de sus sueños le dijeron que era lo mejor.
— Shu… —su voz parecía querer quebrarse en todo momento—. Quiero decirlo…pero las palabras se quedan atoradas.
Y su llanto se escuchó dentro del pecho,subiendo hasta su garganta y generando ese sollozo que puso de piel de gallina a Shuu. No necesitó ninguna aclaración por parte de su hermano menor cuando vio las mejillas colorearse y el dolor descubriéndose por fin dentro de esos ojos rojizos. Lo tomó en sus brazos con rapidez y cuidado, abrazándolo fuertemente. Sintió como las lágrimas de Reiji mojaban su abrigo, pero por más quejas silenciosas que daba el menor no lo soltó ni por un instante. "Perdóname, perdóname, perdóname…"
— Se quedan atoradas, Shuu… —con su voz ahogada buscó desesperado la salida—. No puedo decirlas…
— Está bien, está bien… —la voz suave que salía de Shuu parecía no consolar a su hermano—. No tienes que decir nada, Reiji, yo lo sé.
Cerró los ojos cuando Reiji dejó de luchar para zafarse y con el dolor que habitaba dentro de su corazón pudo ver a ese niño pequeño de grandes ojos rojos y gafas; escondido entre los arbustos, riendo debajo de las sábanas, mirándolo con resentimiento desde las escaleras y ahora allí, dentro de su abrazo.
Incluso si alguien llegaba de la nada y los veía así no importaba. Ahuyentaría a cualquiera que intentara romper la burbuja en la que estaban. Shuu hundió su cara en los cabellos negros de Reiji, sintiendo el aroma a cítricos de su perfume. Deseó que nunca termine ese abrazo.
— Estoy aquí, y estamos bien —le murmuró—. Estarás bien…
En algún lugar dentro de Reiji, aquel niño que estuvo cautivo durante tantos años sonrió por fin.
— ¡Shu… Reiji! —su voz se quebró al quedarse afónica de tanto gritar.
Parecía que la eternidad giraba en torno a ese cuarto oscuro.
Luego un buen rato en silencio, observando todo a su alrededor fijó que aquella habitación era una bodega; sin ventanas, solo una gran puerta y con la capacidad de albergar muebles pequeños. El olor a humedad se metía en sus fosas nasales y escuchaba un desagüe cerca, que le hizo sentir un poco asqueada debido a lo reducido del ambiente. Los brazos le dolían al estar en la misma posición y la sed quemaba su garganta. Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba allí.
— Reiji… ven pronto por mí… — las palabras salían por si solas de su boca.
La puerta se abrió lentamente y Sousuke entró nuevamente. Yui se le quedó mirando, atenta a todos los movimientos y por donde caminaba. Instintivamente buscó una manera de escapar, algo que la deje libre poder correr hacia la salida y buscar a los hermanos Sakamaki. La impotencia se convirtió en miedo y corrieron como lágrimas en sus mejillas. Sousuke al verla se acercó, enjugando su llanto con los dedos. Con cada roce Yui intentaba evitar ser tocada, pero era imposible.
— ¿Qué tienes, Yui? —la voz de Sousuke ya no le parecía dulce y agradable, pues la manera cínica en la pronunciaba su nombre la advertía del peligro que corría en sus manos—. No me rehuyas, no después de todo lo que pasamos juntos.
Negó con la cabeza, entre el llanto silencioso y el temblor de su cuerpo lo miró a los ojos.
— ¿Por qué haces esto? —preguntó en un hilo de voz.
Sousuke se quedó en silencio, borrando la sonrisa de su rostro. El dorado de sus ojos parecía nublarse cada vez más, tanto como el brillo de la piel. Puso las manos en los hombros de Yui y sin dejar de mirarla contestó:
— Porque te amo, Yui Komori —lentamente comenzaba a sonreír—. Porque quiero que estemos juntos.
Yui no pudo dejar de llorar, y los gritos no se hicieron esperar conforme más ansiedad ahogaba el aire en su interior.
— ¡¿Y crees que tenerme de esta manera obtendrás una respuesta sincera de mi parte?! —bramó frente a Sousuke, que asustado se alejó de ella—. ¿Acaso no sabes lo que es esto? ¡Me has drogado!, ¡Me has secuestrado! Tienes que dejarme ir…
… y las palabras de Yui se convirtieron en balbuceos que explotaron en llanto otra vez cuando las manos de Sousuke apresaron sus mejillas y mantuvo sus ojos dorados pegados a los de ella. Estaba tan cerca que podía sentir su aliento golpeándole en la cara, ese temblor enloquecido en todo el cuerpo.
— ¿Acaso vendrás a odiarme solo porque te mantengo atada? No es algo a lo que no estés acostumbrada, ya que… tus "tutores" no tenían ningún problema si te dejaban en una silla toda la noche —escupió las palabras, con una voz contenida que prometía violencia—. ¿Para que me ames debo hacerte sangrar, también?
— N-no sé de lo que estás hablando…
El estruendo de aquella bofetada hizo eco en la bodega fría. Yui se quedó sin aire por unos momentos, envuelta en miedo ante la fuerza desconocida de Sosuke.
— Los he visto, veo como te tratan… ¡Y a ti te gusta! —una carcajada siniestra salió de las entrañas del chico y desbordando su boca no podía parar—. ¡Estás tan acostumbrada a ser dañada, Yui…! Pensé que te gustaría esto, de esa forma podrías sentirte como en casa… ¿No es así?
Se alejó de ella para buscar en su bolso y ante sus ojos sacó una navaja. Yui recordó aquel juego, esa tortura a la que Kanato tanto le gustaba someterla. Respiró hondo antes de siquiera poder gritar cuando Sousuke se le acercó. Se inclinó ante ella con tanta rapidez que no le dio tiempo para pensar, por lo que ambos se miraron directamente a los ojos.
— ¿Por qué no puedes ver que te amo tanto…? He hecho todas estas cosas por ti —mientras hablaba jugaba con la punta de la cuchilla sobre la ropa de Yui—. Deberías agradecerme, deberías ver todo lo que hago para que ames...
— Por favor, no lo hagas —rogó entre llantos.
Rompió fácilmente la camisa, rasgando la tela en ambos lados del pecho para poder ver su piel. Con las manos quebró la tela más y más, quitando los restos y echándolos al suelo. La sonrisa de satisfacción de Sousuke duró poco al contemplar el pecho desnudado de Yui, pues no pudo evitar fijarse plenamente en las marcas de mordidas en toda la extensión de su pecho, brazos y hombros. Como medias lunas cicatrizadas se juntaban y hacían un diseño tétrico en aquella pálida piel. Yui se sintió palidecer.
Pero cuando también vio las marcas en su piel, un sentimiento nuevo emergió de las profundidades de sus entrañas. Algo que Sousuke no podía ver, pero detectó como la satisfacción al verse descubiertas las cicatrices embargaba el semblante casi enloquecido de la niña. Intentando entender se alejó de ella, mirándola con detenimiento.
— ... ¿Por qué tu piel tiene esas marcas…?
La navaja cayó al suelo y Yui por fin lo desafió con la mirada.
— No tienes ni una mínima idea de lo que soy, Sousuke.
Próximo capítulo: Piel blanca como el hueso.
OoOoOoO
¡Hey!
Pues, Aquí estamos otra vez... seguramente me odian por tardar tanto xD
Pero bueno, cosas que pasan. A veces una se va y simplemente crece, nos gustan cosas distintas y todas esas cosas.
Bueno, pasaba a dejar un pequeño detalle para que entiendan masomenos el capitulo y así logren llevar el hilo de la historia. Comenzaremos con Reiji.
Problema 1 - Reiji:
Como vemos en toda la historia, Reiji al quedarse solo junto a Shuu y Yui comienza a ver el mundo de una manera distinta y como sus acciones repercuten tanto en su estabilidad mental como físico. Podemos observar que el cambio es tanto con Yui como con Shuu y logra tener una leve tolerancia con el hermano mayor hasta que la culpa comienza a comerlo por dentro. Esto sin duda es gracias a la humana ya que, al enamorarse de ella (o eso es lo que él dice, la autora no esta para dar spoilers sobre si es verdad o simplemente un capricho) se da cuenta de los errores que ha cometido a base del cariño que comienza a realizar como "amor filial verdadero". Como Reiji ha sido solitario desde pequeño, nunca tuvo alguien que lo ayude a sacar las emociones negativas que tenía dentro y eso generó un trauma psicológico que llevó a una personalidad retorcida en modo caparazón (es decir, que usaba la personalidad de un sádico para ocultar sus verdaderos sentimientos al ver como era ignorado por otras personas y sus seres amados). La cosa cambia cuando conoce a Yui y ve que ella de verdad se preocupa por él, y da el pie para que pueda ver las emociones que Shuu guarda y como el papel de hermano mayor ha quedado en el olvido debido al odio "irracional" que lleva Reiji dentro de si.
Problema 2 - Shuu:
Este problema es mucho mas complejo debido a la dificultad de leer los pensamientos de Shuu, ya que desde hace tiempo llevaba dudas de por qué Reiji había comenzado el resentimiento sobre su persona si desde pequeños habían sido buenos amigos y hermanos. Un headcanon que me gusta de este personaje es que la narcolepsia que sufre (y normaliza, como vemos en todos los juegos y anime) es debido a la depresión que lleva desde pequeño. La muerte de Edgar, la presión social de su madre, la familia toxica en la que está involucrado y el abandono emocional de su hermano fueron detonantes importantes para desatar esta personalidad depresiva y generando el caparazón de "desinterés" (que en realidad todo es una falsa, pues ama con locura a su hermano y esta enamorado de Yui). Lo que sucede en esta historia es que vemos a un Shuu mas despierto, con intereses fijos y todo debido a la estimulación de Yui sobre su interés en la familia. Abriendo el tema de la sucesión y como su padre interfiere, se ve obligado a contemplar el papel de hermano mayor y cabeza de la familia, lo que lo pone en situación de estrés crónico/agresivo y sufre fisicamente igual que Reiji. Ahora vemos el lado de este personaje que, mientras su hermano aprende a sentir culpa y pedir disculpas por las atrocidades que hizo (toxica la wea, porque todavía no le dijo que él fue causante de la supuesta muerte de edgar), él comienza a retorcer su personalidad en alguien activo y decidido: no quería sentir que estaba siendo pisoteado por el odio ilógico de su hermano, así que se pone los pantalones y le devuelve el mismo trato que le dio durante toda su adolescencia. Obviamente en este capitulo podemos verlo mas calmado, en el anterior lo veíamos peleando como niños junto a Reiji y en este se puede apreciar como mentalmente entienden al otro de una manera que solo la familia puede. Shuu al ver a Reiji destrozado emocionalmente se pone en su papel de hermano mayor y vuelve a cuidarlo como cuando eran pequeños. Esto hace un retroceso para bien en la personalidad del mayor, pero por el momento no puedo contar mas porque serían spoilers.
En fin, espero que el capitulo les haya gustado y prometo actualizar entre la semana que viene o la otra. ¡Gracias por seguir aquí!
Atte: Shelikernr.
