La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.

Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...

Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 11: Secuelas.

" Kuzan me recomendó al volver del Cipher Pol que escribir me vendría bien. Dijo que podría servime como una especie de terapia para dejar fluir todas las cosas que no me atrevería a decirle a nadie más, pero que de guardarlas, me terminarían ahogando.

Supongo que fue una manera de deshacerse de mi.

Después de cierto tiempo, el fue el primero en darse cuenta que el alcohol solía desaparecer "misteriosamente" de las reservas y que precisamente, yo, quien era la última en ir a dormir, era la primera en despertar también y aún así, no sabía nada.

Curiosamente no me reprochó mis acciones, si no que trató de convencerme a través de mis razones.

Dijo que tal vez, dejándolo salir, podría deshacerme de aquello que me afecta.

Yo creí que no me afectaría.

Realmente pensé que lograr dejar el escuadrón sería un cambio radicalmente positivo en mi vida, pero creo que es peor. Ahora que la peor parte ha pasado, soy capaz de recordarlo ampliamente en cada momento del día en dónde intentó hacer las cosas bien.

Como si no tuviese el derecho a redimirme.

Y cuando voy a dormir y creo que es el único momento en el que podré desconectarme, los recuerdos se presentan con más fuerza que nunca. Se convierten en gritos desgarradores que yo conozco, que ya escuché. Son gritos que le robé a personas en el pasado, y ahora ellos me acompañan reclamandome que les devuelva su voz.

Saben mi nombre y exigen verme arrastrada hacia ellos. Dicen que pertenezco allí, que no merezco la oportunidad que les quité.

Y creo que es cierto.

Tal vez, al irse, creyeron que solo serían un poco más de sangre en manos crueles e inhumanas. Pero la maldición del asesino, del ladrón y violador, del que dañó una vida, es vivir con los destrozos que causó, haciéndose daño a si mismo.

Dónde vaya, dónde corra y me esconda, aún los escucho gritar, aún los veo correr, aún siento sus manos tratando de determe.

Y quizá, al morir, no hay infierno ni paraíso, porque no hay peor infierno que este, que la culpa.

Kuzan se equivocó diciendo que esto podría haceme sentir mejor. Nada lo hace, excepto quizá, ver el mar.

De alguna forma me hace sentir tranquila, pura. Como si fuese capaz de lavar todos mis pecados y dejarme limpia. Y solo entonces, el a penas audible ruido de las olas, calla los gritos; y su azul, esconde todo lo demás.

Me gusta ver el mar cuando no puedo dormir, ni vivir, ni aguantar. Me gusta el mar porque puedo soñar despierta con que esta vida no es tan mala.

Yo no lo soy.

No lo soy...

Me gusta el mar porque no hace distinción entre sus hijos.

Ni marines.

Ni piratas.

Ni buenos.

Ni malos.

Ni mentirosos...Como yo."

Shanks despertó temprano, mucho más temprano de lo que a ningún pirata le gusta admitir, pero lo hizo cuando apenas salía el sol, entonces, decidió salir de la cama. Tal y como había notado desde hacía días atrás, exactamente desde que Ler había llegado al barco y habían iniciado una relación íntima , se dió cuenta que ella no estaba por ningún lado.

Al principio pensó que era casualidad, que simplemente la chica fue a la cocina o al baño cuando el reparaba en su ausencia. Pero no, al parecer ella siempre se retiraba no solo de la cama, si no también de la habitación luego de tener sexo. Ella esperaba que la respiración de el le indicara que estaba dormido y salía a donde sea que fuese en la embarcación para no volver hasta la mañana, a veces incluso lo esperaba directamente en el comedor o la cubierta.

Luego de reparar en aquel curioso detalle o más bien, en aquel patrón de comportamiento peculiarmente repetitivo, decidió ir tras de ella un rato después de sentirla y escucharla salir. Se dió cuenta que caminaba sola y callada, que llegaba y se mantenía de pie frente a la proa. Si era muy temprano todavía se interesaba en el cielo, si ya estaba amaneciendo parecía estar atraía hacia el mar.

Nunca hacia nada más, solo permanecía allí, perdida, triste.

En su mirada se reflejaba algo que él no podía entender o explicar, mucho menos por la lejanía que los separaba, y aún así, era evidente que estaba enamorada de esa tranquilidad. Como si quisiera desaparecer entre las olas, como si se preguntara que hay más allá.

A Shanks se le estrujó el corazón de recordar lo valiente que fue un día cuando saltó del cielo buscando lo que creía, sería una mejor vida, siguiendo lo que románticamente esperaba que fuese el mar. Y ahora, el cielo parecía su objetivo, parecía como si quisiera alzar las manos y tocar lo que sea que estuviese más allá de el, de las nubes, de la atmósfera, del sol o de la luna. Quería tocar y conocer todo aquel lugar en donde no hubiese estado, creía que en algún lugar de el universo podía encontrar la paz.

Y todo eso lo sabía solo por sus ojos tristes. El pelirrojo descubrió entonces que la sangre maldita bajaba hasta casi desaparecer en las madrugadas. No poseía esa malicia, descaro y atractivo de la mirada de un dragón, solo el de un ser dolido, pequeñito, que buscaba su rincón el mundo.


- ¿Porqué miras el cielo de esa forma?

- ¿Mh? - Ler miró a Ace con atención mientras esté despegaba su espalda de la pared y se acercaba a ella, sentada en el borde de la casa del arbol.

- El cielo- apuntó el- parece como si buscaras algo y nunca lo pudieses encontrar.

- Quizá solo quiero estar tranquila- explicó ella dudando, sin estar realmente segura de porque sentía la necesidad de levantarse cada noche y mirar la luna, las estrellas, mucho más allá.

- Si, Luffy puede ser muy irritante a veces- comentó el sentándose a su lado y sonriendo, buscando hacerla sonreír. Aquella era una misión personal que no estaba dispuesto a comentarle a nadie.

- Tu también.

- Hace mucho tiempo no te molesto.

- Quizá solo extraño que lo hagas.

Ace se puso rojo en un instante, provocando una auténtica carcajada de la niña. - Eres una idiota descarada.

- Quizá- repitió.

- Ni siquiera debería haberme acercado a preguntar.

- Quizá.

- Eres una maldita rara, Ler.

Ella se encogió de hombros y guardó silencio mientras devolvía su vista a donde se encontraba originalmente. Luego de un momento, escuchó como el chico empezaba a roncar, por lo que estiró su brazo y lo retuvo de caer 30 metros hasta el suelo, desde donde estaba sentado.

Suspiró.

- Quizá - susurró mientras lo sostenía en un pequeño abrazo, valorando que tras 2 semanas armándose de valor para acercarse antes de quedarse dormido, se hubiese mantenido lo suficientemente despierto para que en una noche donde la notaba demasiado triste, le hiciese saber que estaba allí.

Ace era un maldito raro también.


Entonces decidió dejarla tranquila, de no hacerse mas preguntas con respecto a su abandono y la cama vacía. Cuando se retiraba, escucho la voz femenina, un poco ronca por el largo silencio:

- Puedes acercarte, no me molesta.

El quiso decirle que ese era su barco y ella solo una invitada o viajera, que era el Capitán y podía estar donde quisiera, pero se dió cuenta que incluso con aquellas verdades se sentía como un invasor de su privacidad. - No te preocupes, yo solo me sentí inquieto porque no estabas al despertar.

- Así que lo notaste, ¿Eh? - pronunció mirándolo levemente por sobre su hombro, despegando la vista del mar y pareciendo recuperar un poco de su brillo malicioso.

Ace la había seguido desde el primer instante en que la sintió irse. Incluso cuando como un niño, le era imposible controlar la profundidad e imprecisión de su sueño.

- Desde el primer día- confesó mientras se acercaba y le colocaba sobre los hombros una manta que había traído desde la habitación por si acaso se atrevía a enfrentarla.

- Gracias...- ella estaba fría, casi congelada, pero sorprendente tranquila.

Como si estar al borde de la hipotermia no le molestara en lo absoluto.

El recordó aquella peculiaridad y que desde siempre su tacto había sido como el de un muerto.A cualquiera podría haberle parecido aterrador ese detalle, incluso ella solía decirlo pero el la calmaba recordándole que era algo que la hacia especial. Que nadie podía borrar las huellas que dejaban sus manos.

Ler se sintió abrumada al encontrarse esperando el pequeño vapor que solía crearse cuando Ace le intentaba hacer entrar en calor con su fruta, y solo lograba un espectáculo parecido a un sauna.

El hombre la distrajo envolviendo las manos pálidas y pequeñitas con la suya, que lograba cubrir las dos. Ella lo miraba atentamente, como esperando el reclamo.

No llegó.

- Mh...¿Padeces de insomnio?

Ace parecía un trastorno de sueño también, uno totalmente contrario de ella.

"Deja de pensar en el" se dijo la marine.

Ler se encogió de hombros. - Me resulta imposible dormir en un lugar extraño, lleno de personas desconocidas.

- Pero tú conoces este barco, viviste mucho tiempo aquí. Y nos conoces a nosotros, fuiste parte de la tripulación - tratando de sonar convincente y obligarla a descansar más, le recordó aquellos hechos que parecían evidentes.

No para ella.

- Ninguna persona es la misma después de tanto tiempo- dijo finalmente en un suspiro cansado, mirando al rededor- y hay demasiados tripulantes nuevos.

- Nadie te hará daño, Ler- fantasmas del pasado y de promesas no cumplidas se lucieron como destellos frente a los ojos de la joven que decidió evitar el contacto visual.

Ler ya no confiaba en Shanks.

Shanks lo sabía.

- Supongo que no- dijo restándole importancia al asunto y fingiendo un leve temblor. Echó un vistazo tras de sí, notando que algunos tripulantes comenzaban a levantarse- todos han sido muy amables y...

- Basta. No tienes que fingir.- el tono de voz del pelirrojo sonó molesto, decepcionado.

- No intentes ir a donde no quiero estar entonces, Shanks.- respondió ella con cautela, sin querer elevar el tono de voz como el- disculpa si te molesta pero no tienes que hacer nada más que dormir después de que acabes.

El frunció el ceño, la perturbación en el ambiente como clara señal del enojo que estaba sintiendo:- Lo dices como si te estuviera usando. No eres una cualquiera.

"- Solo eres una puta, Ler.

- Y aún así, tú no eres mejor que yo, Ace."

Ella lo miró directamente, notando como los demás comenzaban a mirarlos y decidió no continuar aumentando la repentina pero justificada ira del pelirrojo:

-Lo siento. - pronunció inclinándose levemente y dándose la vuelta con intención de volver al dormitorio.

Shanks, como un maestro que tiene control sobre sus emociones respiró con fuerza y se tocó las sienes, viéndola partir y decidiendo que había sido un grave error irrumpir de esa forma su costumbre mañanera. No planeaba darle más vueltas al asunto hasta que la escuchó susurrar:

- Es solo la costumbre...

"En el mundo hay muchos tipos de personas:

Están los sordos, los que deja de escuchar a su humanidad.

Están los ciegos, quienes desconocen la maldad que tienen enfrente.

Están los mudos, aquellos inocentes que no tienen la oportunidad de gritar.

Y en estás noches me pregunto, ¿Que soy yo?

¿Quien elige la posición en la que una persona vive su vida o deja de vivirla?

Me gustaría saberlo...Me gustaría hacerlo antes de morir, tal vez solo así conoceremos el descanso al otro lado, sabiendo porque nuestras vidas valían tampoco, porque nuestro recorrer se asemejaba a un juego.

Uno en el que no hubieron apoyos, no hubieron paradas, uno en dónde no existía ningún premio.

Un juego muy cruel y desventajoso para nosotros.

Me pregunto si quien movió las fichas un día, sabía las secuelas que nos dejaría el resto de los que nos quedaba por vivir. Porque siendo tan jóvenes, ya no queremos hacerlo."


- Entonces él no hizo nada para protegerla.

- No- repetí hasta el cansancio.

- ¿Pero la ayudó a llegar hasta Portgas D Ace?

- Hicimos un trato, y de su parte, aquel era el objetivo a cumplir.

Y se arrepintió grandemente de haber aceptado. Al encontrarlo, aquello tuvo resultados catastróficos.


- Déjame explicarlo.

- No quiero escucharte- la chica se acercó a él, tratando de alcanzarlo- no, vete Ler.

- Ace, yo...

El hombre la miró detenidamente un momento, antes de cerrar los ojos y suspirar con fuerza, como si estuviese teniendo una lucha interna consigo mismo. -¿Como pretendes que ignore algo que todo el maldito mar se empeña en señalar?

- A ti nunca te ha importado, ¿No? - ella parecía desarmada, indefensa y al borde del llanto o histeria, ninguno estaba seguro, pero sabían que no estaba bien.- tu siempre quisiste demostrar que las cosas eran diferentes, ir contra el mundo.

- Porque quería hacerme mi nombre, quería demostrar que era alguien diferente, Ler - Ace alzó la voz, golpeando con fuerza la pared a su lado, causando un leve temblor en la vieja habitación- tu te hiciste tu nombre...- introduciendo su mano en su pantaloncillo negro, el pecoso saco un pedazo de papel arrugado y se lo extendió- ¿Eres una persona diferente? Me parece que es la Ler más real que nunca vi.

"Ler,

puede que ahora mismo no se me note, pero cuando te veo solo quiero decir cuanto te quiero.

Y aún si, tengo miedo.

Y elijo expresartelo rompiendote el corazón.

P. D. A"


Ler se preguntó, después de haber recibido aquella carta, cuál era el temor de Ace. Porque, siendo ella culpable, el parecía incluso más atormentado que ella.

Lo supo el día en que entró al Heaven, cierto tiempo después.

-Preferiría arrancarme los ojos que volver a verlo de esa forma- soltó luego de un silencio, dejándose caer nuevamente sobre la mesa.

Shanks le acarició el cabello con su mano y apartó la botella de sake que aferraba ella con las suyas, mirando lo decaída y débil que se veía, sintiéndolo. Y no es que el pudiese hacer mucho, pero se sentía culpable después de haber permitido que se enterase de aquella forma tan dolorosa y vergonzososa, cuando se lo podría haber dicho el.

- Fue muy masoquista de tu parte quedarte allí, ¿Sabes?

- Quería saber hasta donde era capaz de llegar ese hijo de puta...- expresó con rabia, pero que en realidad no sonó de esa manera debido a que sus palabras se veían sofocadas en gran parte por la mesa bajo su rostro. Shanks, que trató con ella desde que era una tartamuda y balbuceante niña, la entendió a la perfección- y créeme que llegó lejos, muy, muy lejos...

- Que utilices esa clase de humor cuando claramente te estás deshaciendo por dentro me confirma que eres una masoquista de primera clase- la reprendió el suspirando y dejándose caer sobre su silla. Ler alzó su mano y levantó un pulgar para confirmar las palabras del hombre, pero se mantuvo enterrada en su pequeño hueco personal- ¿Que quieres hacer ahora?

No esperó que aquello pasara, porque conociéndola como la conocía, estaba seguro de que podría permanecer en aquella posición o con una depresión alarmante durante semanas, pero pasó. Lentamente la cabeza de Ler se levantó. Sus ojos entrecerrados como si pensara detenidamente su siguiente movimiento.

A Shanks no le gustó nada lo que vio a través de ellos.

"Ace era esa maldita pieza que nunca encajo correctamente en su cabeza. Como si verlo o no hacerlo, la desencajase completamente.

No sabía porque, pero esa pieza era necesaria en su vida aunque no supiese porque o para que funcionaba, pero a ella la hacia funcionar.

Desgraciadamente, estaba destinada a perderla una y otra vez."


- ACE. HIJO DE PUTA. SAL DE ALLÍ...