Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la historia.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor.
Hay OOC
19| Algo Diferente
Las semanas que siguieron a su reencarnación podrían haber sido las más felices de la vida de Hinata de no ser por el hecho de que había regresado mal, pensó ella, apartando el pelo de la frente de Naruto mientras éste dormía...
Poco tiempo después de su resurrección, se casaron sin armar ningún revuelo. Durante los primeros días, Hinata estaba muy débil a consecuencia de lo sucedido aquella turbulenta noche, pero tan pronto como se recuperó, Naruto le pidió a un ministro de la Tradición que oficiara una sencilla ceremonia en Byacourt.
La joven se sentía culpable por haberse casado con él sin contarle las dudas que tenía. En especial después de averiguar que Sai estuvo a punto de no poder arrancar a Ino del espejo.
En aquel hechizo había algo raro. Hinata podía sentirlo. Estaba distinta de antes.
Siguió con la costumbre de dormir durante el día, pero ahora sólo necesitaba unas pocas horas. Le daba igual si comía como si no, pero Naruto había averiguado cuáles eran sus platos preferidos y la tentaba con exquisiteces de todo el mundo.
Trató de llamar a Ino, pero le dijeron que ella y Sai se habían ido a una paradisíaca isla de la costa de Belice, o a otro lugar igual de maravilloso.
A pesar de que se moría de ganas de confesarle su secreto a Naruto, no quería preocuparlo... Él nunca había estado tan bien como entonces. Estaba siempre tan contento, haciendo planes para los dos, impaciente por iniciar su nueva vida juntos. Había empezado a restaurar Byacourt, y se lo veía feliz y satisfecho con lo que se imaginaba que iba a depararles el futuro.
Sin embargo, cuando Hinata se curó de un pequeño corte en menos de una hora, se quedó tan confusa que trató de sacar el tema.
—Estoy preocupada, Naruto. A veces, tengo la sensación de que... no soy humana —le dijo.
—Por supuesto que lo eres —contestó él cogiéndola en brazos y dando vueltas con ella por la habitación hasta hacerla sonreír. —¿Qué otra cosa vas a ser?
La mañana después de recuperar su cuerpo, Hinata se despertó con ruido de martillazos. Al parecer, Naruto se había tomado muy en serio lo de restaurar Byacourt, y cuando la joven empezó a estar más recuperada, el vampiro se sintió todavía más motivado, sobre todo al descubrir lo irresistible que a ella le parecía verle sudado.
Siempre que lo veía con la camisa húmeda por el sudor y los músculos tirantes por el esfuerzo, Hinata no podía controlarse.
—He vuelto a la normalidad —le explicó. —Y, al parecer, tengo una libido insaciable.
—Estoy dispuesto a sacrificarme —le respondió él.
Un día, lo vio en el estudio sin que Naruto se diera cuenta de que ella estaba allí. Se quedó observándolo orgullosa y sintió tal deseo que incluso empezó a temblar.
Mientras Naruto barnizaba con esmero la barra de caoba, la vio y dijo con voz aterciopelada:
—Te miraré bailar aquí. Te contemplaré durante horas, y luego saborearé tu piel húmeda de sudor.
Ni siquiera llegaron a la cama...
Sus palabras consiguieron que deseara volver a bailar, a utilizar el estudio de danza como nunca había podido hacerlo. Cuando se sintió del todo recuperada, empezó a ensayar de nuevo, su amor por el ballet intacto a pesar del tiempo transcurrido.
Nunca más podría bailar en un escenario, así que decidió abrir una escuela de ballet para miembros de la Tradición. Al parecer no existía ninguna, y le dio mucha pena descubrir que los pequeños inmortales, con sus cuernos, alas y voces de sirena, no podían asistir a las clases de los humanos.
Cuando le preguntó a Naruto qué le parecía la idea, él dijo:
—Seguro que se apuntarán todos los cachorros de la Tradición que estén dispuestos a ponerse tutus. —Y rascándose la cabeza, añadió: —Tendré que hacer el estudio más grande...
Naruto se agitó medio dormido, pero no parecía tener una pesadilla. Se dio media vuelta hacia ella, y Hinata le acarició la mejilla con los nudillos hasta que volvió a quedarse dormido. Últimamente casi no tenía pesadillas.
A pesar de que tenía cierta aprensión a volver a beber de ella, aquel único mordisco le transfirió los recuerdos de Hinata. Esta tenía miedo de que precisamente esos recuerdos fueran los que terminaran por llevarlo al límite, por romper la presa. Pero la verdad era que parecían estar ayudándolo.
—Sueño con música y risas, y calidez —le explicó él. —Es... tranquilizador estar en tus recuerdos. Cuando estoy despierto, estoy contigo. Y cuando estoy dormido también. Me gusta.
Ella sabía que aún no estaba curado del todo. Le llevaría algo de tiempo, y lo único que Hinata deseaba era disponer de más tiempo. Ahora que volvía a ser mortal, anhelaba con fervor volver a la inmortalidad.
La vida podía ser maravillosa...
Dejando a un lado que no tenía ni idea de en qué se había convertido.
A veces, cuando se miraba al espejo, o si veía su reflejo en una ventana, vislumbraba la sombra de su aspecto fantasmagórico. Las sombras alrededor de los ojos y bajo los pómulos iban y venían.
De noche, su visión era tan aguda como cuando había sido un espectro, y cuando dormía, soñaba que flotaba y que podía mover cosas con la mente.
Esa misma mañana, se había despertado con un pétalo de rosa dentro del puño...
Mito la había visitado en multitud de ocasiones. Cada una de esas veces, los ojos de la valquiria la escrutaban con descaro. El día anterior mismo apareció en Byacourt y se pasó el rato sin decir nada, limitándose a mirar fijamente a su anfitriona.
—Mito, ¿qué soy? —le preguntó Hinata al fin.
—Complicada.
—Volví mal, ¿no?
Mito suspiró.
—No veo nada sobre ti.
Hinata tampoco veía nada respecto a sí misma. No se sentía humana... ni fantasma.
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«"Incómodo" no es adjetivo suficiente para describir este encuentro.»
—Siéntate, por favor —le dijo Nagato, señalando una de las sillas que había frente a su escritorio. Menma ocupaba la otra.
Naruto se había tele-transportado hasta el castillo de Blachmount, el hogar del mayor de los Uzumaki, para reunirse allí con sus hermanos... por petición expresa de Hinata. En Nueva Konoha era de día, y ella quería dormir la siesta, así que Naruto pensó que era el momento ideal para quitarse eso de encima.
Sus hermanos tenían muchas preguntas que hacerle acerca del pasado, y él quería comprarle Byacourt a Nagato.
Con la nuca rígida a causa de la tensión, se sentó de mala gana. Era la primera vez que dejaba sola a Hinata desde su regreso y estaba muy nervioso, pero estar de vuelta allí otra vez hacía que su desasosiego fuera de otro tipo.
—Creía que os vería a los tres —dijo Naruto. —¿Dónde está Yahiko? —seguro que él conseguiría relajar el ambiente.
—Missing in action —comentó Nagato. —Suponemos que tendrá que ver con su novia «secreta». Creo que por primera vez en toda su vida tiene problemas con una mujer.
—Tal vez le haga bien —respondió Menma, y luego le preguntó a Naruto: —¿No te parece muy surrealista estar aquí?
Este asintió. Aquel castillo era donde él y la mayor parte de su familia habían muerto. Sus hermanas pequeñas habían llorado mientras sucumbían una tras otra. Blachmount era donde Naruto había nacido y crecido... y donde había resurgido de entre los muertos.
Durante trescientos años, había odiado a Nagato por la decisión que tomó aquella fatídica noche. Ahora estaba en deuda con él por haberlo llevado hasta Hinata. Sin la decisión de su hermano mayor y la determinación de Yahiko, él jamás habría conocido a su Novia. Nunca la habría visto prepararse para irse a la cama, ni cepillarse el pelo.
«Como ayer mismo —pensó. —Mi Novia, mi destino, mi esposa por elección propia...»
—Yo me sentí igual cuando regresé por primera vez —dijo Menma.
Nagato tuvo un falso ataque de tos.
—No, no es cierto. En ese momento estabas demasiado ocupado dándome una paliza.
—La segunda vez entonces.
Se hizo un incómodo silencio. Naruto echó un vistazo al despacho. Nagato daba golpecitos en el escritorio con el bolígrafo. Menma estiró una pierna. Al fin, Nagato se levantó.
—Tengo algo que te pertenece. —Sacó una carpeta de un armario y se la pasó a Naruto. Dentro estaba el título de propiedad de Byacourt y todos los documentos del cambio de nombre.
—La noche en que recuperaste a Hinata firmé todos los papeles para que la finca figurara a tu nombre y al de ella.
La tensión que sentía Naruto subió un escalón más.
—Puedo pagarte.
—Técnicamente siempre ha sido de tu Novia, ¿no te parece? Considéralo mi regalo de boda.
Naruto odiaba sentirse en deuda con nadie.
—Espera un segundo.
Se tele-transportó a Byacourt, fue a ver cómo estaba Hinata y la tapó con la sábana dándole de paso un beso. Luego, sacó una botella de whisky de la caja. Ella le había sugerido que se llevara una, pero Naruto se había negado a hacerlo. Regresó a Blachmount y se la dio a Nagato.
Este limpió el polvo de la etiqueta.
—Dios. ¿Es...?
—Tan bueno como te lo imaginas —terminó la frase por él.
Menma no perdió el tiempo y cogió tres vasos del aparador.
—¡Dejad de mirar la botella y bebamos!
Así lo hicieron. Dos horas más tarde, y con un whisky de más de veinte mil dólares en el estómago, Naruto decidió que ya no se sentía tan incómodo hablando con sus hermanos.
Cuando Nagato y Menma le preguntaron qué le había sucedido en los últimos tres siglos, él se lo contó. Cuando le preguntaron sobre Hinata, se vio a sí mismo relatándoles orgulloso las cualidades de su esposa.
—Nunca habéis visto a una mujer bailar como ella. Y compró la casa sola; una chica soltera, en los años veinte. —Incluso él mismo pensó que sonaba como si estuviera impresionado.
—Ni las cadenas, ni las drogas, ni la fuerza bruta pudieron controlar a Naruto —comentó Nagato divertido, —pero una pequeña bailarina lo ha domesticado en cuestión de días.
—¿Qué piensas hacer con lo de su mortalidad? —preguntó Menma.
—Buscaré el modo de hacerla inmortal. —Al ver que lo miraban preocupados, añadió—Ya sé que es difícil, pero tengo más probabilidades de conseguir eso que de seguirla después de la muerte. —Se terminó la bebida y, ausente, contempló el fondo del vaso. —¿No pensáis en nuestras hermanas cuando estáis aquí?
Nagato y Menma se hablaron con los ojos.
—Vamos a traerlas de vuelta —explicó Nagato al fin. —Hemos encontrado el modo de ir a buscarlas al pasado. No cambiaremos la historia, lo único que haremos será regresar aquí con ellas.
Naruto entrecerró los ojos. ¿Le estaban tomado el pelo?
—¿Cómo?
—Con una llave mística —respondió Menma muy serio.
El se puso tensó al escuchar la palabra «llave».
Su hermano menor volvió a llenar los vasos.
—Una diosa llamada Kaguya me dio una que sólo puedo usar una vez y con el único propósito de reunir a mi familia. Sé a ciencia cierta que funciona.
Si el escéptico de Menma decía que funcionaba, entonces es que era cierto.
—¿Y también tenías intención de ir a buscarme a mí al pasado?
—Sí, y la oferta sigue en pie —contestó Nagato. —Piénsalo, podrías borrar para siempre la sangre de tus ojos y eliminar de tu mente los recuerdos que tanto te atormentan.
—¿Y qué pasaría con mi presente?
—Desaparecería —explicó Menma.
—Sabía que os guardabais un as en la manga. —Ahora entendía que sus hermanos estuvieran tan seguros de su recuperación. —No me interesa.
Nagato hizo tamborilear los dedos.
—¿No quieres volver a ser humano?
—No más ojos ensangrentados, no más beber sangre —añadió Menma.
Naruto negó con la cabeza.
—Y no más fuerza necesaria para proteger a Hinata. Debo mantenerla a salvo. Si la historia no puede cambiarse, seguiré teniendo a mis enemigos tras de mí... y tras ella. —Vació la copa, odiando la realidad de sus vidas. —¿Por qué no lo hicisteis? ¿Por qué os molestasteis en capturarme? —En especial cuando no dejaba de escupirles sangre y de decir que los mataría.
—Queríamos que estuvieras lo bastante cuerdo como para poder elegir —respondió Nagato. — Te habríamos arrebatado la inmortalidad, y tú habrías perdido los recuerdos de tus últimos trescientos años. Era una decisión muy importante. —En voz más baja, añadió: —No quería cometer el mismo error por segunda vez.
—No hubo una primera vez —contestó él convencido. —Tomaste una decisión muy difícil, y estoy en deuda contigo.
—Genial, entonces supongo que no te importará ayudarnos a educar a las niñas.
Dios, sus hermanas iban a vivir de nuevo. Ahora tendría la oportunidad de conocerlas mejor. Y Hinata podría enseñarles a bailar. Sonrió, dejando atónitos a sus hermanos.
—¿Cuándo vamos a buscarlas?
—Haremos planes tan pronto como Yahiko regrese. Naruto abrió la boca para hablar, pero de repente se quedó helado.
«Algo va mal.»
Un escalofrío le recorrió la espalda.
—Regresaré —dijo, y se tele-transportó de inmediato hacia Byacourt.
Apareció en medio del fuego.
Hinata estaba soñado con volver a flotar y atravesar paredes, pero ahora quería despertarse porque su aliento había empezado a saber a... ¿hollín?
No podía inhalar aire suficiente, y tosía a cada bocanada de humo. En su aturdida cabeza tenía la sensación de estar envuelta en fuego, pues oía las llamas y notaba su calor. «¡Fuego! ¿Por qué no puedo despertarme?» Estaba mareada... necesitaba aire puro...
Al final consiguió abrir un poco los ojos y parpadeó incrédula.
La habitación estaba llena de humo negro. Las llamas subían por las paredes y se desplazaban por el techo. Los tablones que tenía encima se estremecían a causa de la presión.
—¡Hinata!
¡Naruto! ¿Estaba allí? A través de las llamas que los separaban sus miradas se encontraron, justo antes que una viga se partiera y parte del techo cediese delante de él.
Con un grito, se abalanzó sobre ella para intentar tele-transportarla lejos de allí, pero reapareció en el mismo lugar con los brazos vacíos, como si hubiera abrazado sólo aire. Cuando falló por segunda vez, se lanzó dentro del fuego, apartando las brasas con las manos.
¿Por qué parecía Naruto tan preocupado? Ella no había sufrido ningún daño, ni siquiera un rasguño. De hecho, no sentía nada. No percibía nada. Se sentía tenue.
Entonces miró hacia abajo. «No, no, no...» De cintura para abajo, su cuerpo estaba enterrado bajo los restos del techo que había cedido. Tendría que estar aplastándola. «¿Por qué sigo consciente?» ¿Dónde estaba el dolor?
Y entonces se dio cuenta...
«¿He vuelto a morir de nuevo?»
Volvía a tener su forma incorpórea, con su antiguo vestido negro y sus joyas.
Un estrépito sobre su cabeza llamó su atención. Con el techo caído, podía ver cómo el tejado se empezaba a combar en diferentes trozos. Estos empezaron a desplomarse, uno tras otro. Las maderas caían como lanzas, clavándose en el suelo.
En su intento de llegar hasta ella, Naruto las iba esquivando.
—¡Naruto! ¡No!
Una de las estacas lo alcanzó y se clavó en su cuerpo, tumbándolo. Un instante después, el tejado cedió y lo sepultó. Hinata lanzó un grito y se encontró flotando sobre los escombros, atravesando el fuego para llegar hasta él.
¡No podía encontrarlo, no veía nada! Entonces vislumbró algo de sangre filtrándose por entre una pila de escombros, hirviendo y haciendo burbujas.
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La noche encontró a Sasuke en un lugar muy conocido para él, sentado en el extremo del tejado de un apartamento del centro de la ciudad. El piso de su amada estaba en el bloque de al lado, y su ático y la piscina privada de la terraza se veían perfectamente desde donde se encontraba.
No tenía intenciones de ir allí esa noche, pero lo necesitaba.
Miró hacia el balcón y allí estaba ella: Sakura Haruno.
Sakura. Era un genio de las matemáticas que llevaba gafas pero no maquillaje, y se recogía la rosa melena en un moño tradicional; era más sexy que ninguna otra mujer que hubiera conocido jamás.
Y, como siempre, Sasuke se rascó la cabeza al verla limpiar de nuevo su ya limpio apartamento. «Humana desconcertante.»
La joven se moriría de asco si viera la casa de Sasuke. Otro ejemplo de cuan diferentes eran el uno del otro.
Sakura era una erudita, él un asesino. Cada aspecto de la vida de ella estaba perfectamente organizado. La idea que el demonio tenía de sus tareas diarias era despertarse, comer varias veces, hacer cosas y dormir. Y todas esas tareas eran opcionales.
La chica no bebía, y él se estaba tomando un trago en ese mismo instante.
¿Acaso iba a tener compañía esa noche? ¿Su lanzado novio quizá? Justo en el momento en que sus garras se clavaban en sus palmas, Sasuke oyó unos pasos que se acercaban.
«Maldito Itachi. —Su hermano lo había encontrado. —Y yo que quería mantener mis visitas en secreto...»
—¿Qué narices estás haciendo aquí arriba? —preguntó Sasuke.
—Lo mismo te digo —contestó Itachi, mirándolo decepcionado y furioso al mismo tiempo.
«Esa mirada no la conocía.»
—Me dijiste que no volverías a venir aquí.
—Estaba por el barrio —murmuró él.
—Los humanos están prohibidos para nosotros por un motivo. Si no te ha quedado claro hasta ahora, quizá deberías ir entendiéndolo ya de una vez por todas. Lo que pasó con la Novia del vampiro es la razón por la que mortales e inmortales no debemos mezclarnos.
—¿Estás seguro de que Hinata está muerta? —preguntó con los ojos entrecerrados.
Itachi asintió.
—He llamado a Mito para comprobarlo.
«¿Por qué los mortales se mueren con tanta facilidad?» Una pequeña estocada con la espada había terminado con la vida de aquella chica para siempre. No se merecía morir de esa manera.
—Si realmente está muerta, entonces ese vampiro estará buscando algo mío que destruir. — Sasuke miró a su alrededor. Uzumaki se lo había jurado. Si el demonio se acercaba a Sakura, estaría firmando su sentencia de muerte.
—Eso te da todavía más razones para resistirte a ella —dijo su hermano. —Tienes que olvidarla.
—¿Crees que no lo he intentado? —Sasuke se pasó la mano por uno de los cuernos. —¿Crees que no soy consciente de la mala pinta que tiene todo esto? Estoy acosando a una chica, una humana que es un milenio más joven que yo.
—Entonces, es una suerte que nos vayamos de esta ciudad de una vez por todas. Mito nos ha dado un nuevo medio para destruir a el que no muere, tenemos una misión que cumplir. Es la última esperanza que nos queda para reclamar mi trono. Ha sido muy clara en eso.
—¿Y en qué consiste? —preguntó, aunque no le importaba lo más mínimo. Aceptaría gustoso cualquier misión que le hiciese pensar en algo que no fuese lo que había hecho, y lo que estaba tentado de hacer con Sakura. Ni Mito podía intuir todas las locuras que estaba dispuesto a hacer por aquella chica.
—Recibiremos las instrucciones dentro de una semana. Tienes que estar preparado. Sasuke exhaló.
—Yo siempre lo estoy.
—Como te he dicho, hermano, ésta es nuestra última oportunidad. Tengo que saber que tienes la cabeza en su sitio.
—Te he dicho que estaré preparado —contestó con brusquedad. —Sea lo que sea, dalo por hecho. —Se levantó y miró a Sakura. Por última vez.
Con una última mirada furtiva a su amada, el demonio se dejó caer del tejado.
Justo cuando desapareció en la oscuridad, Mito salió del hueco de la escalera para encontrarse con Itachi.
—¿Cómo se lo ha tomado?
Él la miró, sin sorprenderle lo más mínimo que los hubiera localizado.
—¿No lo sabes?
—No, no lo sé.
—Es verdad, tú no eres una sabelotodo. —Itachi suspiró. —Ha asegurado que cumplirá con su deber.
Cuando Sakura volvió a estar a la vista, los ojos de Mito se fijaron en ella y sus pupilas se dilataron. Ladeando la cabeza, preguntó:—¿Y si se entera que Hinata todavía vive?
—No me siento cómodo mintiéndole a mi hermano —contestó Itachi. —¿Estás segura de que no puedo decírselo?
La valquiria se le encaró.
—He repasado una y otra vez todas las posibilidades. Billones de posibilidades dependen de este dilema: se lo digo o no se lo digo. Tiene que ser tal como te he dicho.
—¿Y has visto mi futuro?
—Parte de él —respondió. —Es extraordinario.
—Cuéntame —le ordenó él, moviendo la mano para que continuara.
—Itachi, en serio, tienes que aprender a pedir las cosas. Sea como sea, me esperan en otro sitio. Esta noche se me revelará un misterio y no puedo esperar.
—¡No me puedes dejar así! ¿Y si necesitamos contactar contigo?
Le sonrió, pero su mirada estaba vacía, con la mente en otro sitio.
«Demonio codicioso, Mito tiene muchas otras cosas de las que ocuparse.»
Continuará...
