Toda la reciente y pesada tensión que se produjo en una ligera discusión, fue disuelta ante la inesperada presencia de un niño pequeño, su cabello bastante desordenado de un color negro, acompañados de unos raros visores en su cabeza, sus ojos acuosos de un tenue lavanda, vistiendo unas ropas llamativas y coloridas. Su expresión era de total desespero, jalando insistentemente de la alargada gabardina negra de un humano cabezón, con la única intención de llamar su atención. Perplejo por la tan repentina información, desvió su mirada al infante que mantenía una mueca estresada, observandolo detenidamente... Se le hacía tan extrañamente familiar, esa tierna voz que juró escuchar muchas veces con anterioridad, pero.. ¿En donde?... Su mente intentaba procesar los acontecimientos tan rápido como le era posible, siendo arrastrado torpemente unos pocos metros a lo largo de la estrecha habitación, un "click" mental lo hizo reaccionar, deteniéndose abruptamente en su sitio, trayendo como consecuencia que el de visores cayera estrepitosamente al suelo, comenzando a llorar.
- ¡Maaary! -grito con lagrimitas en sus ojos- ¡Waaah! ¡El cerdito te odia!
- Bien hecho, cabezón. -lo miro con reproche- Lo hiciste llorar. -acusó molesto el de ojeras- Eres un encanto con los niños.. ¿Verdad?
- ¡Cierra la boca! -ordenó molesto, alejándose del castaño- Espera tu.. -murmuró ayudando al más pequeño- ¿Eres tu, Gir?
- ¡Si, Mary! -afirmó poniéndose de pie- ¿Acaso te olvidaste de cerdito, Mary?
- N-No.. -tomó en brazos al pequeño robot disfrazado- Es que no te reconocí con.. -se detuvo, pensando bien sus palabras- Has crecido mucho desde la última vez que nos vimos, asi que no pude reconocerte al verte. -mintió acariciando su mejilla- ¿Estás bien?
- ¡Mary! -chillo abrazando por el cuello al de lentes- ¡El amo está en problemas! -lloró con desesperación- ¡No se que hacer! ¡Ayudalo, Mary!
- "¿¡ZIM?!" -pensó reflejando auténtica preocupación- Escucha Gir. -lo llamó con falsa tranquilidad- Iré a verlo ahora mismo, necesito que me lleves hasta donde se encuentra el ahora. ¿Entiendes? -pidió bajando al robot.
- A la orden, Mary.
- Bien, ahora vamonos. -asintió con seguridad- Hablaremos sobre eso en otra ocasión. -señaló mirando de reojo al de ojeras- ¿Estas de acuerdo?
- Como quieras. -bostezo el de ojos azules, agarrando su taza- Buena suerte, "Mary" -bromeo dirigiéndose a las escaleras.
Unos cuantos gruñidos involuntarios escaparon de su labios, no podía evitar sentirse enojado cuando era provocado de esa forma, detestaba tener que lidiar con él, pero era consciente que no tenía tiempo para algo como eso, a lo que solo se dispuso a apurarse para seguir al sirviente robot de su rival.. No mentiría, estaba aterrorizado, muchas posibilidades terribles y abominables se dispusieron a torturarlo, esto sólo aumentó al recordar su pecado culposo al besar al irken, en donde fue merecedor de una severa paliza, para colmo sus heridas aún seguían impregnadas en su piel. Un frío miedo amenazaba con despertar para asustarlo, rogaba internamente que el extraterrestre estuviera actuando como siempre, y lo más importante que estuviera con vida.
No tenía tiempo que perder, necesitaba llegar lo más rápido posible a su lado..
- Por Saturno que Zim este bien... -
[...]
[...]
[...]
En las oscuras entrañas de un laboratorio subterráneo, una destrucción sin medida estaba siendo el principal factor de una ira descomunal, estaba sumergido en un estado total de completa histeria, cualquier objeto cercano era fácilmente arrasado, aplastado o eliminado en solo unos pocos segundos, lo único que se salvaba de aquella aniquilación autoimpuesta era su imponente computadora, la cual estaba encendida, mostrando una continua interferencia de una reciente comunicación, la principal razón por la que había sido alborotado, mucho más de la cuenta..
Siendo más específicos, para centrarnos seriamente en la situación, un irken estaba gritando con odio palabras contundentes en su lenguaje natal, sus extremidades robóticas estaban activadas, siendo de este modo sostenido en el aire, mientras que apretaba fuertemente sus puños, reprimiendo inútilmente su devastadora carga emocional. Sus ojos magentas parecían haber tomado un color carmesí, resaltando de manera espeluznante en la oscuridad, a la vez que su respiración se desnivelaba gracias a los fuertes gritos llenos de resentimiento y frustración, era imposible siquiera la idea de controlar sus inestables sentimientos...
Siempre dicen que la verdad es muy dura de afrontar.. ¿Verdad?
Dolor, esa horrible emoción estaba siempre dispuesta a derribar cualquier minúscula sensación de bienestar que el mismo se esforzaba por crear, llegados a este punto su futuro se convertía en un juego de pura crueldad, disfrutando el solo hecho de torturarlo con cada pequeña e insignificante cosa que encontrara para eliminar todo lazo o contacto que se le brindaba.. ¿Por qué insistían en llenarlo de odio? Sentía todo su cuerpo arder en una rabia desmedida, hace tan solo unos minutos descubrió una verdad totalmente arrolladora que golpeaba con fuerza su tan bien formado orgullo de invasor, no, iba más allá de eso.. ¡Su imponente origen de ser un irken... ¡Destrozado!
Algo que en secreto seguía atesorando ahora se lo habían arrebatado, involuntariamente empezó torpemente a temblar, no existía algún lugar donde él mismo pudiera pertenecer, todo se lo estaban quitando de las formas más retorcidas y absurdas, que ni en su diabólica mente pudo planear... El daño proporcionado ya fue establecido, necesitaba cualquier tipo de alivio, el dulce instinto de venganza era tan embriagador, lo seducía a tal punto que ya no importaba.. El poco juicio que con dificultad conservaba se nublo, fantaseaba al dejarse llevar por el sentido de la destrucción y la locura, ya no era consciente de sus propios actos, su mirada cambió radicalmente dejando a cambio unos ojos vacíos, mientras que rompía fervientemente todo aquello que significara algo en su alrededor...
- Mis Altos.. El planeta Irk.. -susurraba entre ligeros sollozos- Todo lo que creí conocer... Se ha ido..
Instintivamente una de sus filosas garras de metal atacó de manera defensiva, a un sigiloso objeto que se mantenía en constante movimiento, atrayendo parcialmente la atención automática de seguir eliminando cualquier objeto que estuviera haciéndole frente, causando que el pequeño irken ni siquiera llegará a reaccionar, debido a que era controlado involuntariamente por alguna función interna de su pak, a lo que fue trasladado al estilo "araña", para así acabar con lo que sea que estuviese interfiriendo con su meditación personal.
Sorpresivamente, con unos ruidosos y estrepitosos lloriqueos, un pequeño robot se interpuso estúpidamente en el camino de su amo, intentando en el proceso, hablarle sobre disparatadas coherencias, con la intención de que se detuviera, sin embargo esto fue en vano, ya que fue olímpicamente ignorado, para acto seguido, ser lanzado con fuerza por los aires. Esta inusual acción, alarmó a un muy asustado terrícola, en donde el mismo estaba bien escondido detrás de una apartada camilla, intentando comprender e idear un plan para calmar la inestabilidad que atormentaba a tal grado la mentalidad de su antiguo rival.
- ¡GIR!
Ese grito involuntario, llamo la completa atención del ex-invasor, notando de inmediato la presencia de ese apestoso humano, empeorando de manera exponencial su creciente odio, a tal punto que solo en unos segundos, atacó con varias de sus garras directamente al carnoso cuerpo del intruso, este mismo apenas pudo esquivarlo con cierta dificultad, debido a la conmoción fue tomado desprevenido, sintiendo que cada una de sus extremidades temblaban, sus piernas apenas podían mantenerse en pie con un constante tambaleo, impidiendo que pudiera moverse con total libertad, sus manos sudaban por los nervios, mientras que su rostro se desfiguraba por el miedo de ver al extraterrestre sumido tan profundamente en el oscuridad del desespero.
No tardó demasiado en ponerse a correr, siendo perseguido por un obstinado irken, para su desgracia el laboratorio estaba hecho pedazos, dando la sensación que en cualquier momento se derrumbaría, siendo sepultado en los escombros, no tenía un lugar en concreto para esconderse o refugiarse, y lo peor es que su mente estaba sumida en pánico, impidiendo que se le ocurriera alguna idea que pudiera utilizar para detenerlo, a lo que solo opto por la salida más sencilla pero a la vez suicida.. Intentar hablar con el.
- ¡Zim! ¡Por favor! -grito regulando su respiración- ¡Detén esto!
No hubo respuesta.
- ¡Por Mercurio, cálmate! -rogó con desesperación- ¡Este no eres tu! -insistió alzando su voz- ¡Necesito que te tranquilices, chico espacial!
Al escuchar esa palabra en concreto, el alienigena se detuvo mirando fijamente al de gabardina negra, con un suave brillo en sus opacos ojos, a lo que el de lentes con un paso lento, pero totalmente desconfiado, intentó acercarse hasta él, sentía el verdadero terror recorrer sus venas, sabía que el era el centro primordial de todo su odio, era inevitable no sentirse afectado al ver en tal estado a su rival, sentía miedo si, pero lo que más predominaba en su pecho eran esas dolorosas punzadas cargadas de culpa, por todo el daño directo y colateral que produjo con tanto egoísmo, solo logró que su némesis fuera realmente miserable, algo que en esos años se escuchaba demasiado bien, incluso se emocionaría por la desdicha ajena, aunque ahora eso era otra historia, no podía soportar más la escoria que era, sumando al sentimiento recientemente revelado al notar que lo quería a su lado.
Perderse en los instantes de reflexión, le costó muy caro, ya que fue tomado con brusquedad por los brazos, esto dolió demasiado para el humano debido a las recientes heridas recibidas, no quiso forcejear a lo que fue dócilmente elevado, hasta llegar a la altura del de ojos magentas, quien lo miraba con burla, mientras que soltaba unos cuantos gruñidos, dando la impresión de divertirse con el sufrimiento que él mismo producía.
- ¡ZIM!
- Te odio humano... -habló con lentitud, moviendo un poco su cabeza- Zim quiere atravesar tu garganta y arrancarte esa enorme cabeza tuya. -sonrió con malicia, apuntándole al pecho con una de sus garras.
- ¡Escúchame bien, Zim! -gritó con euforia, dándose falso valor- Si quieres matarme.. ¡Adelante! -ánimo sintiendo el filoso acero en su garganta- Puedes hacerlo, pero no te devolverá absolutamente nada de lo que perdiste.
- Voy hacerte sufrir desde tus entrañas, despreciable saco de órganos. -amenazó con severidad- No eres más que el causante de toda mi ruina. -gruño perforando parte de la pierna derecha del contrario, haciéndolo gritar- Voy a matarte.
- Tsk.. E-Estúpida lagartija espacial. -se quejó, ocultando su dolor- ¡Lo lamento! ¿Bien? -grito cerrando con fuerza sus ojos- ¡He estado intentando decirte eso, durante todo este maldito tiempo!
Las heridas se abrían, la sangre brotaba.. El persistente placer agónico de desvanecerse ante el dolor era cada vez más tentador...
- ¡Lo que de verdad siento es...-! -se detuvo, sintiendo un profundo dolor en su abdomen- ¡Jamás podré perdonarme a mí mismo por todo el daño que te hice! -empezó a forcejear el agarre que lo tenía apresado- ¡Incluso puede sonar muy estúpido llegados a este punto pero...-! -suspiro con fuerza, mirándolo directo a sus ojos- ...Te amo...
Repentinamente el pesado cuerpo del amante de lo paranormal cayó, estampándose de espalda contra el duro y frío piso, trayendo como consecuencia, varios gruñidos y quejidos que mostraban el genuino dolor físico que había recibido, otro obstáculo más con el que debería lidiar en las próximas semanas. El rostro del humano estaba muy pálido, su mirada atemorizada a la vez que mordía con fuerza sus labios, intentó mover su cuerpo, recuperándose de los graves efectos de una intensa adrenalina, buscaba poder defenderse de cualquier tipo de movimiento que efectuará su rival, pero esto nunca paso. Se asombro al solo verlo paralizado, mantenía su terrorífica posición de araña, pero no parecía querer atacar.
Por otro lado, en los desastrosos pensamientos del ex-invasor, unas inadvertidas lágrimas amenazaron en formarse en sus ojos, esas palabras hicieron que finalmente despertará de su estado de "histeria". No comprendía exactamente lo que estaba pasando, no recordaba del todo bien porque fue que reaccionó como lo hizo. Desactivo sus extremidades robóticas, observando en el proceso, el estado deplorable de su laboratorio, mientras que poco a poco sus memorias resurgían desde el interior de la memoria de su pak.
- ¿Zim? -lo llamó el humano, desconfiado- ¿Estas bien?
- ¿Dib? -lo observó confundido- ¡¿Qué es lo que buscas en mi laboratorio?! -pregunto acusándolo con el dedo- ¡¿Acaso tu sucia bola de carne, vienes para destruirme?!
- ¡¿QUE?! ¡NO! -negó insistentemente con su cabeza- ¡Fuiste tu quien casi me mata, tonto irken!
- ¿¡AH!? -se cruzó de brazos- ¡MIENTES! ¡El increíble Zim no recuerda nada de eso! -gruño con una mueca pensativa- Eso no es..
- ¡Estas completamente loco! -replicó con molestia- ¡Destruiste todo tu maldito laboratorio! ¡Y estuviste a punto de aniquilarme! -insistió cubriendo sus heridas- ¡Por Saturno, Zim! ¡No te reconozco!
- En realidad eso es natural entre nosotros, humano. -encogió sus hombros, aburrido-Mi objetivo siempre ha sido matarte, somos enemigos.. ¿Recuerdas?
- Nunca he tratado de.. -se detuvo, bajando su mirada- O-Olvídalo, sera mejor que me vaya.. -hablo dándole la espalda al alíen- Tendrías que haberme eliminado.. -susurro en voz baja.
Esas heridas chorreantes de un brillante rojo, la fragilidad de la extinción de la vida humana, tenerlo en sus garras para acabar con la escoria que trajo tanta desgracia a su vida.. ¿Por qué de repente esto le dolía?
- Dib. -lo nombró con seriedad, haciendo que el de lentes volteara- Necesito preguntarte algo importante. -lo enfrentó con la mirada, acercándose al terrícola- ¿Que sabes exactamente de los vortianos?
- ¿De qué hablas? -pregunto confundido, agarrándose el hombro- ¿Que podría saber yo, que tu ya no sepas? -expresó devolviendo la mirada al irken.
- Eres su embajador, así que necesito tener mas conocimiento sobre su raza. -informo chasqueando su lengua- Sospecho que ellos son los verdaderos causantes de nuestro exterminio.
- ¿Por qué me dices eso? -suspiro con pesadez, intentando calmar sus alocadas emociones- ¿Piensas que ellos son..-?
- Dib.. -lo interrumpió con temor en su voz- Mira justo detrás de ti..
- ¿Zim? -se volteo con cierta dificultad- Oh, demonios.
Entre algunos insignificantes escombros, un excéntrico humano cumplía con su objetivo de investigar los orígenes de lo paranormal, siendo guiado a una muy curiosa y escondida base tecnológica, en donde se ocultaba la presencia de un alienígena, en otras palabras la verdadera naturaleza de su único amigo.
- Vaya, así que.. ¿Tu eres ese "Zim"? -hablo felizmente el castaño- ¿No es así, agente Mothman?
