Nota del autor 1: ni Digimon ni sus personajes me pertenecen, a excepción de aquellos personajes creados obvia, única y exclusivamente para el transcurso esta historia. Esta historia está realizada sin ningún tipo de ánimo de lucro, destinada nada más que al puro entretenimiento del lector.
Nota del autor 2: capítulo bastante, bastante largo. Paciencia recomendada, y mi más profundo deseo de que te guste a ti, querido lector.
Nota del autor 3: capítulo no recomendado especialmente a personas que padecen catoptrofobia, eisoptrofobia o derivados. A responsabilidad de dichos lectores queda si leer o no este capítulo.
Capítulo XIX: "El niño a través del espejo, Parte Tercera: Muere el amigo, permanece la Amistad"
-El juego que decidirá si tus amigos viven o mueren…-comentó el Octavo Señor Oscuro, embriagado por el eco de sus propias risotadas revotando en las paredes de aquel lúgubre y terrorífico estadio.
Tuvo que tragar saliva, pues realmente lo necesitaba. Toda aquella cadena de recientes acontecimientos sobrepasaba con creces cualquiera de sus malas fortunas vividas en el Mundo Digital. Su azulada y temblorosa mirada se deslizó cautelosamente en todos y cada uno de los reflejos de los espejos, en los cuales supuestamente se encontraban sus amigos encerrados en un mundo ajeno al Mundo Digital. Pese a la distancia presente, Yamato pudo apreciar como intentaban transmitirle sus fuerzas, en un vago intento por doblegar la desesperación, no sólo en sus rostros, sino también en lo más profundo de sus almas. Sintiéndose la peor basura del planeta, el muchacho de rubia cabellera apretó los puños fuertemente, para acto seguido fusilar con la mirada a un ChaosPiedmon que no paraba de reír, regodeándose en su inestable y mísera afición por herir al prójimo. Estallando en un mar de rabia y miedo, el Elegido de la Amistad decidió plantarle por fin cara.
- ¡Cállate! ¡Cállate de una maldita vez, psicópata de mierda! ¡Te juro que acabaré contigo con mis propias manos…! -espetó Matt, dando un paso al frente en aquella plataforma de forma rectangular.
- ¡Vaya, vaya, vaya! ¡Cuánta energía y bravuconería rebosas, muchacho! ¿Significa eso que por fin vas a dejar de un lado las tonterías…? -calló abruptamente, mostrando una tétrica y enfermiza sonrisa que erizó todos y cada uno de los pelos en el cuerpo del rubio. - ¿… Embarcándote así en el juego de tu vida…? -concluyó el Octavo Señor Oscuro, apuntando al Elegido de la Amistad con una de sus cuatro características espadas.
-No tengo elección…, y aunque la tuviese…, lo que más deseo ahora mismo es ver cómo te retuerces de dolor en tu lecho de muerte, preferiblemente gracias a mi intervención…, al igual que todos los de tu calaña…-susurró fría y falsamente el muchacho, esbozando una forzada sonrisa que derivó conjuntamente en una cara de póker. - ¿Qué tengo que hacer? - preguntó, intentando no mostrarse muy nervioso ante su rival, el cual no paraba de carcajearse.
- ¡Sabía que en el fondo de tu ser existía un frío y despiadado asesino! ¡Eso me gusta! ¡Hará la partida más interesante…! -exclamó ChaosPiedmon, el cual desestabilizó con aquel comentario a Yamato, restándole importancia al ladear ligeramente su cabeza hacia la izquierda. - Quiero que observes atentamente la zona derecha de tu plataforma de combate…
Totalmente rígido, como si de una columna se tratase, Yamato observó por el rabillo del ojo como varias baldosas de su plataforma de combate comenzaba a hundirse, descendiendo aparentemente a unos subniveles ocultos de aquella arena organizada por ChaosPiedmon. Al cabo de unos pocos segundos, un sistema altamente mecánico y automatizado volvió a traer de vuelta las desaparecidas baldosas, las cuales habían traído consigo algo con lo que el Elegido de la Amistad no esperaba encontrarse. Hallábase a su lado un soporte para espadas, de forma semicircular y forjado en hierro con numerosos y elegantes grabados, pieza digna de un coleccionista con exquisito gusto.
Siete majestuosas y brillantes espadas reposaban en aquel soporte, perfectamente ubicadas en sus correspondientes hendiduras. Todas y cada una de ellas eran prácticamente idénticas, de no ser por el color de sus empuñaduras, guardas y pomos, siendo reseñables además unos grabados en mitad de sus hojas. La espada central destacaba por un color azul intenso en su empuñadura y guarda, siendo el pomo un precioso y reluciente zafiro, o al menos algo que se le asemejase, y sin ningún dibujo grabado en la hoja. Otras tres espadas, ubicadas a la derecha de la primera, se caracterizaban por sus colores rojizos, un rubí como pomo y un grabado de una llama en su brillante hoja. A mano izquierda, el último trío de espadas destacaba por sus colores amarillentos, unas esferas de ámbar a modo de pomo y el grabado de una espiral en su respectiva hoja.
Por último, a mano izquierda del soporte para espadas, rebosaba un pequeño pedestal con tres dagas sobre el mismo, de empuñaduras de tonalidades verdosas, así como sus pomos, los cuales parecían estar hechos de esmeralda o peridonita, y cuyos grabados simbolizaban a dos serpientes formando una doble hélice. Desconociendo por completo el significado de aquellas espadas y su simbología, el Elegido de la Amistad buscó en la lejanía la mirada de ChaosPiedmon, el cual parecía más que gozoso por explicarle la dinámica del enfermizo y peligroso juego que él mismo se suponía que había creado. Sonriente de oreja a oreja, el Digimon arlequín empezó a gesticular y moverse con sumo brío, tal y como un payaso de un famoso circo que recibe por primera vez en la temporada a su público.
- ¡Permíteme introducirte de lleno al juego que cambiará tu vida por completo, Yamato Ishida! ¡He bautizado a este juego con el nombre de… "El Sepulcro de Cristal"! -tal nombre le provocó al muchacho un revuelco en el estómago, además de la presencia de sudores fríos y una ligera mueca de terror que el Octavo Señor Oscuro no paso por desapercibida, y eso le supuso una gran satisfacción que le permitió continuar con su charla más que encantado. -Con sumo gusto, te explicaré las reglas del juego: en esta sala hay cien espejos, como habrás podido observar…-reveló el Digimon payaso, señalando con la punta de su espada el vasto conglomerado de relucientes espejos. Yamato no se pronunció en lo más mínimo, así que prosiguió con su explicación. -Pues bien, con objeto de querer rescatar a tus preciados amigos, el objetivo de este juego es el de destruir todos los espejos salvo seis, donde todos y cada uno de los cien espejos contienen a una forma de vida en su interior. Tú decidirás, completamente a ciegas, quien vive y quien muere…, y para ello, tendrás que hacer uso de las armas que con anterioridad has presenciado…
-Las espadas tienen diferentes colores y simbologías entre ellas… ¿Se debe a algo en especial…? -preguntó el rubio, deseoso de culminar con la explicación de aquel juego, ideado por una mente perversa, sin lugar a dudas.
- ¡En efecto, muchacho! Cada espada tiene un significado y efecto para este pasatiempo: las espadas rojizas, cuyo dibujo corresponde a una llama, no sólo calcina por completo el espejo, sino que también lo hace explotar por completo. Las espadas amarillas, cuyo dibujo corresponde a una espiral, destruirán por completo un espejo totalmente aleatorio, además del seleccionado. Las dagas, verdes y con dos serpientes enroscadas, tienen una función más buena para ti…, y no es otra que regenerar cualquier espejo que se encuentre totalmente roto. Por último, la espada azul simplemente sirve para romper espejos, sin ninguna otra característica propia. -comentó ChaosPiedmon, cruzándose orgullosamente de brazos ante lo sublime que le parecía aquel pasatiempo.
Yamato gruñó audiblemente, apretando además sus puños en obvia señal de enfado. ChaosPiedmon le había colocado entre la espada y la pared, o mejor dicho, entre la espada y el espejo. Para salvar a sus amigos, no parecía haber otra alternativa que acabar con la vida de noventa y cuatro formas de vida, y eso le enfurecía a más no poder. El Octavo Señor Oscuro, sin tan siquiera sentirse avergonzado por el simple hecho de jugar suciamente con las emociones y vidas de los demás, esbozó una brillante y malévola sonrisa, riendo sin parar ante el dilema del Elegido de la Amistad. Fue por eso que, en un ataque de ira, Matt aferró fuertemente la única espada azulada de aquel set, lanzándola contra ChaosPiedmon en un abrir y cerrar de ojos.
Adquiriendo cada vez más velocidad, la espada parecía incluso rasgar el aire en su trayectoria, cuyo destino no era otro que el mismísimo pecho del Octavo Señor Oscuro, el cual frenó por completo el avance de tan peligrosa arma blanca con un mero gesto de sus dedos a tan sólo unos centímetros de su pecho. Tal acción sólo provocó más enfado en Yamato, algo que lo que el Digimon de nivel Mega se percató, riéndose audiblemente de la estúpida decisión del muchacho.
- ¡Me decepciona mucho tu actitud, muchacho! Te doy la oportunidad de salvar la vida de tus amigos y, sin embargo, te dedicas a perder el tiempo con acciones que por adelantado te diré que no tendrán efecto alguno…-tras chasquear su lengua intencionadamente, el Digimon arlequín depositó la espada en su lugar de origen con un simple gesto de su mano, observando fijamente al rubio desde la distancia. - ¡Aún hay más reglas para este juego, joven! Debes saber que tanto las espadas rojizas como las amarillas cuentan con un efecto multiplicador, pudiendo afectar a dos, cinco o incluso diez espejos de una sola tacada. Por último, cabe destacar que sólo la espada azul será la única que podrás utilizar ilimitadamente, mientras que las demás son de uso limitado…, así que deberás escoger con mucha cautela que espada utilizarás…-con suma altanería, el Octavo Señor Oscuro se cruzó de brazos, perforando al rubio con su maligna y brillante mirada. -Y bien… ¿Estás preparado…?
Con el ceño aún fruncido, el Elegido de la Amistad desenterró la espada azulada del soporte y, durante unos segundos, se limitó a observar su rostro en el filo de tan imponente arma blanca. Pese a desconocer por completo cuanto tiempo había pasado desde que su grupo se apeó del interior de Whamon, casi pudo apreciar como sus ojeras se habían vuelto más negras y pronunciadas, además de parecerle que había empalidecido más de la cuenta. Sin lugar a dudas, aquel paraje de mala muerte tenía la culpa de todo, sin olvidarse tampoco de sus constantes pesadillas y visiones, algo que sin lugar a dudas le estaba haciendo perder rápidamente la cordura.
Además, el juego homicida al que ChaosPiedmon le obligaba a participar era la gota que colmaba el vaso, la frágil línea que Yamato parecía estar a punto de rebasar entre la humanidad y la demencia absoluta. El silencio del Elegido de la Amistad, sumado a su mirada de pocos amigos, fue el aliciente que el Octavo Señor Oscuro necesitó para reír a pleno pulmón, mostrando orgullosamente sus dos pares de espadas.
- ¡Dicen que el que calla, otorga! -murmuró la variación de Piedmon, haciendo gala de su perturbadora sonrisa. - Sea pues, y una vez explicado todo… ¡Comencemos! Y para que veas soy generoso y que no hay trampa alguna… ¡Te mostraré no sólo como se hace, sino que también emplearé las mismas espadas que tú, y privándome del uso de las dagas restauradoras! ¡Observa con mucha atención…!
En el tiempo que dura un pestañeo, las características espadas empleadas por el Octavo Señor Oscuro desaparecieron de las cerradas garras de su propietario mediante una fina película de humo, tal y como fuesen objetos totalmente ilusorios. En su lugar, un soporte para espadas idéntico al ubicado en la plataforma ocupada por Matt, asiendo así la espada de detalles y colores azulados. Poco a poco, y no muy por encima del centenar de espejos estratégicamente colocados en aquella especie de estadio, surgió un espejo flotante, el cual ChaosPiedmon no dudó en destruir con el arma recientemente adquirida.
La punta de la espada colisionó contra el centro del cristal, por lo que, aparte de que dicha arma blanca desapareciese nada más tocar el espejo, este lentamente comenzó a fracturarse hasta quedar única y exclusivamente los restos de lo que fue en un tiempo mejor, marco plateado y oxidado incluido. Una vez concluida tal simulación, el rubio tragó arduamente saliva, horrorizándose al descubrir que macabro era una palabra que tanto a ChaosPiedmon como a su estúpido juego les quedaba más que corta. Sin embargo, el Digimon arlequín hizo caso omiso de la cara de espanto de su rival, únicamente guiado por sus ansias de juego.
-Hechas ya las demostraciones… ¡Es hora de que el juego comience! ¡Tú primero, muchacho! - exclamó totalmente eufórico ChaosPiedmon.
Ignorando por completo las palabras del Octavo Señor Oscuro, y tomándose todo el tiempo del mundo, Matt se limitó a observar con todo lujo de detalles cualquier características especial o inusual en los cien espejos allí presentes. Pudo vislumbrar que se encontraban distribuidos en cinco hileras, de veinte espejos cada una, y que todos eran exactamente idénticos, destacando ese precioso y elaborado marco de plata que parecía haber envejecido muy bien con el paso de los años. No obstante, algo captó por completo el interés del Elegido de la Amistad: voces. Numerosas voces parecían llamarle, atrapadas dentro de los espejos, rogándole por sus vidas. A medida que posicionaba su mirada en un nuevo espejo, una voz completamente nueva le acosaba, y fue justamente, en el bullicio provocado por las cien llamadas de socorro, donde pudo reconocer vagamente los tonos de voz de todos y cada uno de sus amigos.
No obstante, la pregunta era… ¿Cómo descubriría cuales eran los espejos idóneos, aquellos que mantenían cautivos a Gabumon y el resto de sus compañeros? Ni tan siquiera podía fiarse de que las voces fuesen reales… ¿Y si se trataba de un hábil y rastrero truco por parte de ChaosPiedmon? No podía, ni se atrevía tampoco, a correr dicho riesgo, por lo que asió con mano temblorosa la espada de detalles azulados y la lanzó contra el primer espejo que se le vino en gana, ubicado justo en el centro de la fila más cercana a su posición. Con suma elegancia y gracilidad, la espada recortó distancias contra el inmóvil e indefenso espejo, la cual desapareció justo antes de tan siquiera tocarlo, tal y como el Octavo Señor Oscuro informó con anterioridad.
Ante la mirada de Yamato, la espada azul reapareció misteriosamente en su respectivo soporte, sin obviar el hecho de que el espejo comenzó a fracturarse lenta e inexorablemente, no sin antes mostrar desde el otro lado una imagen que heló la sangre del muchacho de rubia cabellera. Un asustadizo Numemon emergió de la nada y comenzó a golpear violenta y desesperadamente el interior del espejo con sus pegajosas manos, rogando al joven que le salvase la vida. Escasos segundos después, el espejo se rompió en su totalidad, arrebatándole por completo la vida a un inocente, cuya triste y vacía mirada comenzó a torturar a Yamato, que, por mucho que cerrase los ojos, seguía presenciando con total horror la innecesaria muerte de aquel Digimon. Apretó sus puños al máximo, percibiendo un temblor en sus fruncidos labios, tal y como si buscase reprimir con todas sus fuerzas el llanto. El otrora líder de los Amos Oscuros le despertó de su trance gracias a una soberbia risotada, calificada como más que repulsiva por parte del muchacho.
- ¡No está mal! ¡No está nada mal, jovencito! Quizás esto se te dé mejor de lo que esperaba. No obstante…-poco a poco, el Digimon arlequín aferró una de sus espadas, concretamente una de detalles amarillentos. - ¡Ahora me toca a mí! ¡Yo te enseñaré como se juega de verdad a esto…! -exclamó ChaosPiedmon, reculando sobre su propia fisionomía para así captar la posición de tiro perfecta sobre su blanco a elegir.
- ¡Eres un…! ¡Eres un miserable…, un puto psicópata! ¡Hasta una cucaracha tendría más sentimientos que tú! ¡Todos los seres vivos que tienes atrapados en esas prisiones de cristal son inocentes! ¿Por qué les estás haciendo esto? ¿Eh? ¡Venga…, contéstame! -gritó desde el otro extremo de la sala Yamato, señalando con evidente agresividad al caudillo de aquellas tierras.
-Muy sencillo, muchacho: Porque son débiles, o bien porque no comparten los deseos de mi amo. Por consecuencia, todo aquel que no sirve o se opone a la Oscuridad… ¡Merece morir! -exclamó más que excitado ChaosPiedmon, lanzando una espada amarilla contra uno de los objetivos.
El Octavo Señor Oscuro optó por arrasar con el espejo situado en la esquina inferior izquierda del estadio, visto desde su perspectiva, siendo para Matt el espejo situado en la esquina superior derecha del estadio el que fue destruido. Debido a la naturaleza de la espada amarilla, se produjo un efecto multiplicador, rompiéndose así un segundo espejo, situado este en la esquina inferior izquierda desde la perspectiva del muchacho. Para alivio del Elegido de la Amistad, en ninguno de los dos espejos recientemente destruidos parecía haber prisionero de guerra alguno, por lo que respiró tranquilo durante unos segundos. Decidiendo emular a su adversario, el rubio se decantó por una espada amarillenta, y así, guiándose por todo aquel batiburrillo de voces, al parecer únicamente presentes en los confines de su mente, se produjo otro efecto multiplicador al colisionar con uno de los inmóviles objetivos, destruyendo consigo cinco espejos situados en forma de L por la franja media del estadio.
Los simultáneos estruendos, similares a bombas de cristal fragmentándose al unísono con la precisión de un reloj suizo, resonaron vilmente en el oído interno de Yamato, como si cada crujido tuviese el objetivo de apalear todavía más la conciencia del joven, inmerso de lleno en un pozo de culpabilidad en el cual parecía que había dejado bastante atrás el punto de no retorno. Sólo quedaba sumirse aún del todo en la miseria absoluta, un último empujón al abismo gracias a aquel enfermizo juego que segaría numerosas vidas en su cruel e indiferente proceso. Ya fuese por la presión, el alto precio que estaba en juego o por un simple atisbo de agotamiento psicológico, el Elegido de la Amistad vislumbró dentro de uno de los espejos que su espada de efecto aleatorio se encargó de destruir las siluetas de dos personas que, durante un solo segundo, consiguieron que su corazón se parase en seco.
De rostros blanquecinos y miradas tristes, sus padres, Hiroaki Ishida y Natsuko Takaishi, las dos personas que le dieron la vida, se encontraban arrodillados y abrazados el uno al otro, privando así a su hijo mayor de cualquier estímulo u orden corporal que le permitiese reaccionar ante tal broma que le jugaba el destino. Tal y como si una videocámara de gran calidad se encontrase filmando dicho momento a cámara súper lenta, el espejo comenzó a fracturarse a semejante velocidad, y fue entonces y sólo entonces cuando Matt pudo escuchar realmente a sus padres casi a través de las propias grietas que poco a poco surgían en la superficie pulida del espejo.
Una vez que la atención de su hijo mayor había sido captada, ambos progenitores posaron una de sus manos en aquella barrera que simbolizaba su prisión de cristal, pudiendo apreciar el Elegido de la Amistad que las tenían ensangrentadas. La sangre parecía filtrarse a través de las fisuras producidas en el espejo, impregnándose la atmósfera con el característico olor metálico de la sangre y entumeciendo así los sentidos del Elegido de la Amistad. Sin previo aviso, los dos adultos aporrearon el espejo, consiguiendo con cada golpe que el corazón de Yamato latiese más rápidamente, resultándole casi doloroso.
- ¡Matt…! ¿Por qué…? ¿Por qué nos has hecho esto…? ¡Has destruido a esta familia…! -le preguntó su padre, con un claro tono de decepción en su voz, a la par que le señala acusadoramente.
- ¿Qué hemos hecho para merecernos tu traición…? ¡Nosotros te queríamos, cariño…! -cuestionó su madre, entre murmullos y llantos.
-Mamá…, Papá…- susurró el joven, llevándose las manos a la cabeza desesperadamente, mientras su tono de voz se volvía frágil y tembloroso. -Lo siento…, lo siento mucho…
Durante un instante de enorme sobrecarga psicológica, el muchacho se frotó los ojos, buscando así el tan anhelado alivio que su atrofiado cerebro le pedía a gritos. Una vez que sus ojos estuvieron lo suficientemente descansados, descubrió que su mente le había jugado una mala pasada, pues ninguno de sus padres se encontraba en aquel mundo de ilusiones creado por ChaosPiedmon… ¿O sí lo estaban en verdad, pudiendo achacarlo su duda a un mero problema de cansancio? ¿Tendría algo que ver la visión de su yo alternativo, y así, junto con la poderosa influencia de ChaosPiedmon, estar boicoteando su salud mental, hasta el punto de no saber distinguir lo que era real de lo que se trataba de una ilusión…? Realmente se encontraba inmerso en un mar de dudas, y aquel enfermizo juego no le ayudaba precisamente a salir física y psicológicamente airoso, asimilándose este a un par de zapatos de cemento que ayudaban considerablemente a sumergirle del todo en la más absoluta miseria. No obstante, la rasgada y malévola risa de ChaosPiedmon le despertó de su ensimismamiento, devolviéndole así a la oscura y cruda realidad.
- ¿Qué pasa? ¿Te ha podido la presión? ¡Pues será mejor que te vayas acostumbrando…, porque esto sólo es el comienzo!
Con suma velocidad y fiereza, el otrora líder de los Amos Oscuros asió una de las espadas con simbología de fuego, destrozando así sin compasión el espejo central de la fila más próxima a su posición. Como era de esperar, el efecto multiplicador no tardó en manifestarse, mas el resultado dejó sin palabras al Elegido de la Amistad. Los veinte espejos que componían la columna central del campo de batalla estallaron uno tras otro, tal y como si se tratasen de veinte ataques terroristas a pequeña escala. Una insoportable mezcla compuesta por pequeños ruidos de cristal, humo y fuego fue la absoluta protagonista en la jugada llevada a cabo por ChaosPiedmon. Pese al imperante calor que se transportaba por el aire, Matt sentía frío, tal y como los sudores que invadían su cuerpo, fríos, precisos y letales como bisturís.
El juego se estaba volviendo cada vez más serio y peligroso, y a la vista quedaba con la última jugada de su adversario, con la que destruyó una decena de espejos de una tacada. Por consecuencia, las posibilidades de acertar en algún espejo que mantuviese preso a alguno de sus camaradas se incrementarían a medida que se fuesen sucediendo los turnos. Tal miedo fue manifestado en su cuerpo a modo de continuos y persistentes temblores, principalmente en manos y piernas. Su respiración se volvió más áspera e irregular, pues ya ni tan siquiera el coro de voces procedentes de los espejos le ayudaba a distinguir nada. Tenía que poner fin a toda aquella locura, y rápido, por lo que terminó jugándose el todo por el todo completamente a ciegas. Manteniendo la mente fría, agarró con cierta dificultad la espada azul, lanzándola contra un espejo totalmente aleatorio.
Tal y como las anteriores veces, la espada pareció evaporarse antes de tan siquiera impactar con el espejo, comenzando a fracturarse éste lentamente segundos después. Por segunda vez consecutiva ante tan extraño fenómeno, una persona importante para el rubio se manifestó, tratándose ni más ni menos de su querido hermano pequeño. No obstante, y por mucho que se diese una idéntica apariencia física, Yamato sabía que aquel muchacho atrapado en la otra realidad no era para nada su hermano Takeru. Su mirada, repleta de ira y desesperación, castigaba al Elegido de la Amistad, como si su última voluntad en vida no fuese otra que torturar y desmoralizar a su hermano mayor. En un acto de incontrolable rabia, TK le atestó un fuerte puñetazo a la barrera que separaba ambos mundos, como si en verdad al que desease golpear fuese a su hermano mayor. Sin hacerse esperar, el rubio menor comenzó a gritarle al otro, sin escatimar en una gran y generosa cantidad de insultos y barbaridades.
- ¡Vaya…! Así que esto es todo, ¿eh…? ¿Vas a dejar morir a las personas que realmente te importan sólo por salvar tu culo…? Pensé que eras diferente. No obstante…, me he equivocado de nuevo…-dijo el Elegido de la Esperanza, con un duro tono de voz que vertía tales palabras envenenadas contra su hermano.
-TK…, no…, no…-murmuró Matt, apretando su mandíbula al máximo a la par que se agarraba fuerte y dementemente su cabellera rubia con ambas manos.
Aquella nueva alucinación concluyó con la desaparición de Takeru, siendo sustituido por un Sukamon que rogaba a lo más sagrado su liberación. Sin la fortuna de su parte, el Digimon con apariencia de excremento amarillo desapareció de la vista de ambos jugadores al fracturarse por completo el espejo que lo retenía. Ante aquella nueva y desgarradora escena que relataba el fin de otra vida, el Elegido de la Amistad procedió a secarse el sudor de la frente con el dorso de la mano, para acto seguido desplomarse de rodillas contra el suelo. Comenzó así a hiperventilar, siendo superado por las circunstancias recientemente vividas, y sin pasar por alto las fantasmagóricas apariciones de sus familiares, los cuales le señalaban a él como el único artífice de sus desgracias.
Le dolían, sinceramente, todas aquellas acusaciones. Por muy falsas e imposibles que fuesen, le hacían daño tanto a su mente como a su concepción de sí mismo como individuo. Él jamás se atrevería a traicionar a su familia, ni a nadie que le importase, mas por unos instantes recordó a su yo de otra realidad alternativa, y todo lo lejos que se había atrevido a llegar por cumplir una caprichosa meta que tuvo como consecuencia final la traición a sus seres más queridos y la muerte acompañándole por doquier. El tiempo corría en su contra, y era su deber el detener toda aquella locura.
Sin embargo, durante un intenso momento de flaqueza, Matt cayó de rodillas contra el suelo, llevándose ambas manos a la zona del vientre. Su estómago parecía moverse a mil revoluciones por segundo, incrementando así sus ganas de vomitar ante la crudeza de todo lo recientemente vivido. Ante tal muestra de dolor, ChaosPiedmon no pudo evitar sonreír socarronamente, aferrando así una espada de tonalidad rojiza, pero reprimió su deseo ante los débiles susurros pronunciados por el Elegido de la Amistad.
-No…, basta…, basta… ¡BASTA YA! -gritó el rubio totalmente fuera de sí, con un claro deje de miedo tras sus palabras.
- ¿Cómo osas decirme que ya basta? ¿Así es cómo me agradeces que tengas la posibilidad de salvar las vidas de tus miserables amigos? ¡Aquí soy yo el que decide cuando algo acaba o termina, maldito insolente! - durante unos segundos, el compañero humano de Gabumon pudo apreciar como las rojizas pupilas del Digimon arlequín parecieron engrandecerse en aquellos globos oculares de color amarillo. No obstante, y pese a que apretó su mandíbula tras enfadarse sin ningún motivo aparente, su carácter cambió drásticamente, riendo como un demente totalmente bipolar. - ¿No te ves capaz de aguantar un poco más…? Es una verdadera pena… ¡Esperaba mucho más de ti, Yamato Ishida! -comentó divertido, adquiriendo la postura perfecta para lanzar la espada contra uno de los objetivos.
-Estoy…, estoy dispuesto a suplicarte por sus vidas si es necesario…-murmuró el rubio, totalmente decidido a tragarse su orgullo con la loable misión de salvar a sus amigos, lo que hipotéticamente pondría fin a aquella locura.
- ¿Ah, sí? Con que serías capaz de suplicar, ¿eh? Pues… ¡No oigo tales súplicas…! -exclamó el Octavo Señor Oscuro, llevándose cómicamente una de las manos a la oreja, fingiendo una profunda sordera que le impedía escuchar los lamentos de su oponente.
-P…, Por favor…-susurró titubeante el Elegido de la Amistad, a la par que sus pómulos se vieron bañados por sus propias lágrimas.
- ¡Alto y claro, escoria! ¡Llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre! - gritó desde la lejanía el otrora líder de los Amos Oscuros, buscando de manera más que intencionada herir con aquellas palabras al Elegido de la Amistad.
- ¡Por favor…! ¡Por favor, te lo suplico! ¡Detén toda esta locura! -rogó entre llanto y llanto el rubio, golpeando violentamente el suelo con sus puños, casi incluso sintiendo como todos y cada uno de los huesos de las manos se le fracturaban.
ChaosPiedmon dibujó una amplia y descarada sonrisa en su misterioso y dual rostro. Su intención de destruir a los Niños Elegidos usando a su favor la locura se había convertido en su principal objetivo, pero jamás hubiese pensado que tal misión se viese concluida tan pronto. Los humanos eran insignificantes, y no sólo físicamente hablando, pues tantos sentimentalismos, preocupaciones y debilidades convertían sus psiques en meras fortalezas de cristal, pequeños y delicados palacios de la soledad que podían ser bombardeados y penetrados por cualquier ser de intelecto y fuerza mental superiores. El muchacho tenía los días contados, se dijo hacia sus adentros, y, debido a tal premisa, el que en el pasado fue conocido como el cabecilla de los Amos Oscuros decidió relajar un poco su postura, cruzándose de brazos mientras observaba divertidamente al destrozado Elegido de la Amistad, ladeo de cabeza y chasquidos de lengua incluidos.
-Bueno…, tras esta pequeña humillación pública, te concederé lo que tanto deseas. El juego terminará…, dentro de dos turnos. Yo ejecutaré mi movimiento final…, y después tú darás la estocada final…
Dicho aquello, ChaosPiedmon lanzó la espada hacedora de fuego contra un espejo aleatorio, produciéndose así el famoso efecto multiplicador. Con una simetría perfecta, cinco espejos comenzaron a fragmentarse y arder, dibujando así la forma de una cruz vista desde el aire. Además, el espejo ubicado en el centro de aquella forma mostró una figura humana que Yamato reconoció a la primera. De cabellos y ojos igual de brillantes y ardientes que las llamas que rodeaban su prisión, la presencia de una joven que representaba el amor posaba ambas manos en el otro lado del espejo. No obstante, cualquier parecido de aquella muchacha que, hipotéticamente, respondía al nombre de Sora Takenouchi, con la Sora de verdad era pura coincidencia. Pese a que físicamente eran prácticamente idénticas, los ojos de la figura humana atrapada en el espejo destilaban un sentimiento que Matt solamente fue capaz de contemplar una vez en los ojos de Sora: el odio. Las palabras parecían habérsele atorado en la garganta, pues se vio incapaz de pronunciar frase u oración algunas. Aun así, aquella Sora envuelta en llamas no tuvo impedimento alguno para atacar verbal y psicológicamente al que tiempo atrás fue su novio de la adolescencia.
-Una vez más has demostrado que tu verdadera naturaleza es la de hacer daño, no solamente a mí, sino a todos aquellos que te aprecian, o simplemente a todos aquellos que te rodean… ¿Y yo estuve una vez enamorada de ti? ¡Qué estúpida fui! Ahora sé que me equivoqué por completo eligiéndote a ti… ¡Tai jamás tiraría la toalla! ¡Él lucharía sin descanso por aquellos que le importan, y no lloraría como una niñita asustada, tal y cómo tú haces! ¡Él es fuerte, y tú eres el verdaderamente débil! ¡Eres un cobarde y un debilucho, Yamato Ishida! Ojalá mueras esta misma noche…, para así pagar por todo el daño que me has hecho… ¡No sabes cuánto te odio...!
-Sora…-tras pronunciar el nombre de su ex novia, se abrazó a sí mismo, a la par que varias lágrimas brotaron de sus enrojecidos ojos. -No…, Sora…, por favor… ¡No me hagas esto…!
Afligido por tan duras palabras, el Elegido de la Amistad se irguió sobre su propia fisionomía como humildemente pudo, pues el temblor en sus piernas y la semilla de la culpabilidad anidando en lo más hondo de su pecho no ayudaban precisamente a que estuviese física y mentalmente entero. Era su turno, y el último turno de todo aquel macabro juego, por lo que pese a lo frágil que se encontrase, sacaría fuerzas de flaqueza de donde fuese necesario. Con un pulso exageradamente tembloroso, asió una espada rojiza, lanzándola bien lejos de su alcance y sin ningún rumbo preestablecido. Fue así como diez espejos aleatoriamente distribuidos en el escenario se volvieron pasto de las llamas, y víctimas de una fuerza de inexplicable naturaleza que consiguió que todas y cada una de las superficies pulidas comenzaran a fracturarse.
Tal y como si fuese una costumbre, los espejos se fueron rompiendo uno a uno, aunque el último de ello permaneció entero durante una mayor fracción de tiempo, lo que permitió al Elegido de la Amistad apreciar la figura de una nueva persona atrapada en aquella prisión de cristal. Dicha persona se caracterizaba por su alborotado cabello castaño, unas gafas de aviador y unos ojos color chocolate que, gracias al efecto del fuego a su alrededor, brillaron durante unos segundos con casi la misma intensidad que los rayos del mismísimo Sol. No le hizo falta realizar ningún esfuerzo para reconocer a aquel muchacho, pues Taichi Yagami no necesitaba presentación de ningún tipo. No obstante, y diferenciándose del resto de apariciones, el supuesto Tai no realizó movimiento alguno, y ni tan siquiera le dirigió una sola palabra. Simplemente allí estaba, parado, observando a Matt fijamente, asemejándose a un depredador en las sombras que no le quitaba el ojo a su presa más cercana. Empero, aquella especie de tortura psicológica fue la que crispó del todo el ánimo del Elegido de la Amistad, estallando por completo ante la indiferencia de su mejor amigo.
- ¿Tú también? ¿Vas a insultarme y a escupirme, tal y como han hecho los demás? ¡Pues venga! ¡Aquí estoy! ¡Búrlate de mí! -aulló cual perro rabioso Yamato, golpeándose el pecho en reiteradas ocasiones a modo de provocación. Aun así, ni con esas Tai parecía animarse a tal labor, por lo que el rubio se enfadó aún más. - ¡Deja de mirarme así! ¡No me mires así, como si te compadecieses de mí! Te crees mejor que yo, ¿no es así…? -pausó su pataleta verbal durante unos segundos, sonriéndole irónicamente a su silencioso amigo. -Lamento decirte que no lo eres… ¡No lo eres en absoluto! Siempre tienes que ser tú…, el eterno y querido protagonista… ¿Quién si no estaría dispuesto a darme la puñalada final? Oh, sí…, eso te encantaría… ¿Verdad? ¡Tenías que ser tú! ¡Pues aquí me tienes! ¡Vamos! ¡Hazlo…! ¡HAZLO DE UNA PUTA VEZ…!
Sin ser consciente de sus propios actos, Matt se llevó una de las manos al cinturón, consiguiendo con tal acto desenfundar la daga de hoja curva, aquella con el pomo en forma de lobo que encontró en el interior de aquel espejo que le mostró una versión alternativa suya, una versión totalmente maniática, desquiciada y desmedida en lo que a sadismo se refería y, por ironías del destino, a medida que se sucedían los segundos le parecía estar convirtiéndose en ese yo, aquel que no dudó en extinguir su propia vida con el arma que sostenía en su mano en ese instante. Simplemente se limitó a repasar sus propias palabras, horrorizándose al pensar que él solito había pronunciado tan graves acusaciones no sólo contra su mejor amigo, sino contra todos aquellos que se preocupaban por él. Aun aferrando la daga, sus ojos se depositaron en la brillante hoja curva y, durante un pequeño instante, Matt juró contemplar en su reflejo a aquel en el que tanto le horrorizaba convertirse.
Aquellos ojos amarillentos, resaltados por unas enormes ojeras, y su demencial sonrisa, supusieron la gota que colmaba el vaso en lo que a su estabilidad mental se refería…, ¿Acaso había llegado al borde de sus posibilidades, y su yo original había perecido, naciendo de sus restos un ser mucho más fuerte y oscuro? ¿O sería todo producto de una intermitente alucinación, provocada por el cansancio y la presión del momento? Con total sinceridad, ni él mismo lo sabía por aquel entonces, viéndose incapaz de distinguir lo que era real de lo ficticio. Tan sólo quería que todo aquello terminase de una maldita vez. Como si hubiese leído sus pensamientos, ChaosPiedmon accionó la campana que supuso su liberación mediante tres rápidos aplausos, captando así la entera y absoluta atención del destrozado muchacho.
- ¡Fin de la partida, joven! Fue divertido mientras duró. Ahora…, tal y como te prometí, cumpliré mi palabra y te devolveré a tus amigos…
Sin perder la soberbia y estúpida sonrisa de la que era portador, el Octavo Señor Oscuro chasqueó los dedos y, como por arte de magia, todos los espejos del estadio, e incluso los restos de los que fueron destruidos durante el transcurso del juego, comenzaron a levitar hasta quedar suspendidos en el aire a un par de palmos del suelo. Acto seguido, todos y cada uno de ellos, sin discriminar en absoluto a los que ya se habían roto, se desintegraron ante un atónito e incrédulo Yamato, todos salvo seis de ellos. Una vez desechados los noventa y cuatro restantes, los espejos supervivientes a tal proceso volvieron a establecer contacto terrestre y se posicionaron en su correspondiente lugar en el terreno de juego. Paulatinamente, las figuras de sus compañeros se manifestaron al otro lado de cada una de las superficies pulidas, y fue cuando el Elegido de la Amistad realizó una rápida cuenta para cerciorarse del todo.
Para su alivio, no se había producido ninguna baja: Gabumon, Wizardmon, Impmon, los mellizos y Tommy…, todos estaban en sus respectivos espejos, sanos pero no a salvo, pues con el otrora líder de los Amos Oscuros nadie estaba a salvo. Verlos en tal situación sólo bastó para que Matt desease salvarles de una buena vez de las garras del Digimon arlequín, del cual se encargarían más tarde. No obstante, y tal y como si hubiese leído la mente del Elegido de la Amistad, ChaosPiedmon levantó uno de sus dedos índices, atrayendo así la curiosidad y atención del rubio una vez más.
-No obstante…, yo te prometí que toda esta locura terminaría, y que te devolvería a tus amigos…-hizo una pausa intencionada, engrandando aún más su horripilante sonrisa. -Pero yo no te dije a cuantos te devolvería…, ni cómo te los devolvería…-comentó el ex líder de los Amos Oscuros, riéndose a pleno pulmón de lo ingenuo que fue su rival.
- ¿Cómo…? - titubeó el rubio, abriendo sus ojos al máximo, sin obviar el hecho de sentirse como la persona más estúpida del mundo.
- ¡Como lo oyes, chiquillo! ¿O de verdad pensabas que te lo iba a poner tan fácil…? No sería igual de divertido de ser así…-reveló el Digimon payaso del infierno, señalando con el dedo de su mano libre la espada que portaba en la otra. -Yo que tú no me desharía tan rápido de las espadas, pues todavía tendrás que utilizarlas una última vez... ¿Que Por qué? Yo te diré por qué… ¡Porque sólo podrás salvar a uno de tus amigos! ¡Y el resto morirán irremediablemente al destruirse sus espejos, tal y como todos a los que hemos matado anteriormente! ¿A qué es divertido? -sin tan siquiera con un ápice de vergüenza y cordura, el Octavo Señor Oscuro se desternilló de la risa, pudiendo apreciarse como numerosas y pequeñas venas comenzaban a extenderse por sus globos oculares, casi hasta rozar sus irises. Sin salirse de su papel de demente, señaló al cada vez más helado Elegido de la Amistad con su espada. - ¡Piénsatelo muy bien antes de actuar, pues si cometes un paso en falso no habrá vuelta atrás! ¡Tienes un minuto para tomar tu decisión…!
Sin previo aviso, tal y como si se hubiese activado la cuenta atrás de un cronómetro puramente ilusorio, los rehenes cautivos en los espejos comenzaron a golpear las superficies pulidas con una desesperación casi papable. Todos y cada uno de ellos imploraban por sus vidas a un Yamato completamente estático que no cesaba en la labor de reprenderse mentalmente por haber sido tan iluso de haber caído en un juego tan viejo y sucio como el que ChaosPiedmon había empleado. Sumadas a las voces de los acosadores espectros anteriormente presentes en los espejos, los gritos de auxilio por parte de Gabumon y los demás le impedían pensar con lucidez, asemejándose el pequeño y profundo habitáculo de su destrozada psique a una enorme jaula atestada de espíritus y monstruos que no paraban de gritar de dolor, ira o locura mientras le rasgaban vilmente las entrañas desde dentro.
Sudores fríos impregnaron su frente, sin pasar por alto el intermitente y horrible dolor de cabeza, la cual le parecía que le iba a explotar en cualquier momento, y algo parecido a un tic en una de sus cejas. Inmerso de lleno en la más absoluta miseria, tanto física como mental, Matt no era consciente de lo que le suponía aquella encrucijada impuesta por el Octavo Señor Oscuro: su corazón, ante cualquier pronóstico, le pedía que salvase a Gabumon de aquella muerte segura, pues no por nada era su compañero Digimon. Empero, y pese al pasar de los segundos, invirtió todas sus fuerzas para formar un raciocinio: no podía dejar morir a ninguno de sus compañeros. Era bastante consciente de ello, pero… ¿Cómo podría él hallar la solución a semejante trampa mortal? En tales circunstancias perfectamente podía definirse como un crío completamente aterrorizado por una situación que le sobrepasaba por completo, una situación que le amenazaba con dar a conocer su lado más oscuro y oculto.
Con su mirada totalmente temblorosa y vidriosa, vislumbró temeroso el soporte que ChaosPiedmon le había cedido, y, sin perder de vista la espada azulada, se puso en pie a duras penas, realizando acto seguido la que podría definirse como la mayor locura no sólo de aquella aventura, sino la mayor locura jamás realizada en su corta vida. Asiendo el mango del arma blanca con ambas manos, el Elegido de la Amistad ejecutó un perfecto giro de ciento ochenta grados, cerró los ojos y, tras un desgarrador suspiro de tristeza, dolor y locura, el filo acortó las distancias con el cuerpo del muchacho, el cual se disponía a acabar con su vida atravesándose el estómago con tan enorme arma. Era lo que, a su criterio, le parecía más justo y loable: en aras de preservar la vida de sus amigos, y sobre todo por el hecho de no querer convertirse en su verdugo, su vida llegaría a su fin ese mismo día, dejando atrás toda aquella locura.
Abriendo sus ojos a más no poder ante el inesperado giro de acontecimientos, ChaosPiedmon optó por tomar medidas al respecto, bastando un chasquido con los dedos para que tan peligrosa arma en manos del Elegido de la Amistad desapareciese por completo, por lo que la imagen de Yamato siendo brutalmente atravesado y ahogado en un baño de sangre fue sustituida por una más graciosa, que consistió en el rubio atestándose a sí mismo un puñetazo no intencionado con ambas manos. El mazazo fue duro, por lo que cayó de rodillas contra el pavimento sin dejar de toser, gruñir e incluso maldecir su suerte a consecuencia de tal golpe. Sin comprender del todo aquella decisión, la cual no beneficiaba al ex Amo Oscuro en absoluto, Matt buscó desde la distancia establecer contacto con un Octavo Señor Oscuro totalmente colérico.
- ¡Mal, mal, mal! ¡Niñato estúpido y cabezón! ¿Por qué te resistes a aceptar tu inevitable destino? ¡Solamente estás retrasando lo inevitable! -babeando cual perro rabioso, el Digimon payaso tomó un poco de aire, suavizando segundos después sus facciones y obsequiando al rubio con una cínica sonrisa. -Aunque visto desde otro punto de vista…, tu estúpida acción vuelve las cosas más interesantes, y…-murmuró, antes de adoptar una pose de combate, haciendo más rudo el agarre con su espada. -…Puesto que tú no te decantas por ninguno de tus amigos… ¡Yo lo haré por ti…!
Todo sucedió demasiado deprisa, pues en escasos segundos la variación de Piedmon proyectó su espada de fuego contra uno de los seis espejos restantes, por lo que, en consecuencia, éste comenzó a agrietarse y arder lentamente. Empero, tal y como si se encontrasen en un estado de total simbiosis, los cinco espejos sobrantes corrieron el mismo destino que su predecesor, estallando el conjunto total en un abrir y cerrar de ojos, dando lugar a lo que se podía asemejar a una hermosa lluvia de cristales envueltos en llamas. La situación fue tan súbita e inesperada que Yamato sintió una punzada en el corazón, sutil y grácilmente acompaña por un gemido que transmitía una sensación de profundo dolor tras perder a todos sus amigos de golpe. Con la mirada clavada en aquel estadio prácticamente reducido a cenizas, las temblorosas pupilas del Elegido de la Amistad conseguían transmitir sus más íntimos sentimientos, tales como la desesperación, la pena, la culpa y el miedo más desgarrador. Sin embargo, el Octavo Señor Oscuro se encargó rápidamente de despertarle de su ensimismamiento, al rebotar su cada vez más estridente y socarrona carcajada en los rincones de la sala.
- ¡A veces se me olvida lo susceptibles e ingenuos que podéis llegar a ser los humanos! ¡Por eso haceros sufrir es tan divertido…! Jugar con tu pequeña e insignificante mente ha sido realmente entretenido, pero ya me estoy empezando a aburrir… ¡Así que haremos un pequeño paréntesis por el momento…!
El Octavo Señor Oscuro volvió a chasquear sus dedos, y la sala en la que ambos combatientes se encontraban fue víctima de un inofensivo micro seísmo. Quedando así mostradas las grandes dotes de mago de ChaosPiedmon, todos los espejos fueron reconstruidos pieza a pieza, todo el centenar, sin excepción alguna ante un atónito Yamato. Tras un segundo chasquido, los espejos mostraron a cada uno de los prisioneros allí presentes: Gabumon, Wizardmon, los mellizos Ai y Makoto, Impmon, Tommy y diversos Digimon hasta llegar a los cien rehenes. Mediante un tercer chasquido, los cristales de los espejos se vieron afectados por una especie de efecto óptico con el que comenzaron a dar vueltas, tal y como si fuesen puertas giratorias.
Pasados unos segundos, tanto los compañeros de Matt como el resto de Digimon desparecieron lenta e inexorablemente, como si se tratasen de unos hologramas hiperrealistas. Tras un instante en el que su mente se quedó completamente en blanco, una especie de interruptor hizo clic en el cerebro de Yamato, el cual se irguió sobre su propia fisionomía como humildemente pudo, sin reparar en fruncir su ceño, apretar sus mandíbulas más que enfadado y señalar agresivamente a un ChaosPiedmon extremadamente soberbio y burlón.
-Maldito bastardo… ¡Me has engañado! ¡Me has utilizado…! -rugió lleno de rabia el Elegido de la Amistad, fulminando al Digimon de nivel Mega con el fuego azul de su mirada.
-Dicho así suena bastante feo por mi parte… ¿No lo crees…? -tras mostrar nuevamente aquella sonrisa que a Yamato le erizaba la piel, el Digimon arlequín se encogió de hombros e intentó parecer lo más inocente posible. -Simplemente utilicé la preocupación que tienes por tus amigos para llevar a cabo mis planes y darte a conocer tu verdadera naturaleza…, ni más ni menos. No obstante, y pese a tu fragilidad e ingenuidad humanas…, te estás resistiendo a todos mis ataques… ¡Lo cual hace la amenaza de que permanezcas aquí muchísimo más interesante! Tú y yo lo vamos a pasar realmente bien, Yamato…
-Me alegra saber de qué estás más que expectante ante la idea de que, tarde o temprano, acabe con tu vida…-durante un breve instante, el rubio dibujó como pudo una cínica e indiferente sonrisa, buscando mostrarse fuerte y seguro de sí mismo, aunque en realidad no fuese así. Acto seguido, su expresión volvió a mostrar el enfado y la indignación dominantes en lo más profundo de su alma. - ¡Ahora dime donde tienes a los demás, desgraciado! O te juro por lo más sagrado que…
- ¿Que me matarás? ¡Ja, no me hagas reír! Pese a que suena muy gracioso y grosero por tu parte, encuentro tu amenaza más que interesante. Veamos si eres capaz de cumplir tu palabra…
Como si el truco de magia no hubiese terminado del todo, detrás del Octavo Señor Oscuro comenzó a originarse una sombra en forma de espiral. Poco a poco, tal fenómeno paranormal se fue transformando en lo que parecía ser un espejo de aproximadamente tres metros de alto, y sin clase alguna de marco u ornamentación, solamente una lámina de vidrio bien pulida y brillante. Empero, y por mucho que aquello pareciese un simple espejo, el Elegido de la Amistad pudo apreciar como el efecto de la espiral se manifestaba en su interior hasta el punto de parecerse a un agujero de gusano, ejerciendo esos movimientos circulares que le hipnotizaban por completo y que le invitaban a adentrarse a través de la realidad, el tiempo y el espacio. ChaosPiedmon carraspeó, consiguiendo así por enésima vez la total atención del rubio, y señaló mediante un leve meneo de cabeza el objeto recientemente manifestado.
-Tus amigos se encuentran en el interior de este espejo. No obstante, he de advertirte que éste no es un espejo normal y corriente: su función es la de un portal dimensional, que a su vez incluye portales dimensionales menores…, algo similar a una especie de laberinto dentro del espejo, por así decirlo. Perfectamente podrías permanecer durante toda una eternidad dentro y no encontrar un camino a la libertad, algo que te haría caer de lleno al abismo de la locura…-fingiendo un despiste, el ex Amo Oscuro se golpeó levemente la frente, algo con lo que poco a poco consiguió crispar la poca paciencia de Matt. - ¡Oh, se me olvidaba por completo…! La característica principal de este espejo reside en la capacidad limitada de vidas a las que permite escapar de su interior. El mismo número de personas que entran en un comienzo son las que únicamente podrán salir, independientemente de si son los mismos individuos o de todos aquellos que se adentren en su interior entre medias…-le informó el Digimon payaso, haciéndose su sonrisa más y más grande a medida que observaba el horror manifestándose en el semblante de Yamato.
-Entonces…, todos aquellos que estén de más a la hora de salir del espejo…-susurró el rubio, sin atreverse tan siquiera a mencionar tal fatídico desenlace.
- ¡Quedarán atrapados y morirán irremediablemente! Una vez que el límite de personas permitidas escapa, el proceso se reinicia, eliminando a todos aquellos que permanezcan dentro del espejo… -reveló más que excitado el otrora líder de los Amos Oscuros, emitiendo una terrorífica carcajada que revolvió por completo las entrañas del Elegido de la Amistad, mas aquello fue sólo una pausa a su discurso. -Tanto tus queridos amigos como dos de mis secuaces están ya dentro esperándonos. Sin embargo…, eso no es lo verdaderamente importante. La cuestión es… ¿Mantendrás la misma entereza que las anteriores ocasiones…? ¿O recurrirás a la traición cuando tu vida corra peligro, y los pases hacia la libertad sean menos que la totalidad de tus dedos en ambas manos? Sólo hay un modo de saberlo…-murmuró con un desgarrador tono de voz, aferrando dos de sus espadas en el proceso. -Y no te lo pondré fácil esta vez…
Tras dicho comentario, toda la sala quedó completamente a oscuras durante aproximadamente cinco segundos. Al volver todo a la normalidad, los ojos de Yamato se vieron algo resentidos al contar de nuevo con iluminación a su alrededor tras un súbito e inesperado apagón. No obstante, tal factor no le importó lo más mínimo al descubrir dos importantes variaciones de su entorno: la presencia de un puente que conectaba su plataforma de combate con la de ChaosPiedmon, y la completa ausencia de este último en la sala. Comprendió así que el Octavo Señor Oscuro ya se había adentrado en las entrañas de aquel espejo, dispuesto a acechar contra su persona y jugar así a una oscura y sangrienta versión del gato y el ratón. Sacando fuerzas de su evidente flaqueza, el Elegido de la Amistad se benefició de la presencia del puente y emprendió una carrera a contrarreloj hasta llegar al espejo.
No obstante, a escasos metros de adentrarse de lleno en lo desconocido se paró en seco, respirando de forma muy agitada e irregular y, sin previo aviso, se dejó caer de rodillas contra el suelo y vomitó, impregnándose la atmósfera con tan característico y desagradable olor, además de liberar así una ínfima parte de su remordimiento. La tensión acumulada tras su permanencia en el Circo de los Horrores le estaba costando la salud y la estabilidad…, pero debía ser fuerte. Pese a que su cuerpo le rogase el absoluto reposo, Yamato no iba a detenerse hasta salvar a los suyos, aunque eso le conllevase la muerte. Tal motivación le ayudó a levantarse, limpiándose unos persistentes hilillos de vómito residentes en sus labios con el dorso de la muñeca.
Empero, y pese a que tal acto significó un gran esfuerzo, tuvo que agacharse de nuevo, pero no por el dolor. Haciendo gala de su chillona y malévola risa, una LadyDevimon voló casi a ras de la cabeza del muchacho, y, como si sólo hubiese buscado asustarle, se adentró de lleno en el espejo. Fue entonces cuando recordó las palabras de ChaosPiedmon: el mismo número de personas que entraban era el mismo que podía salir del espejo. Haciendo cuentas, dedujo que sólo ocho serían los afortunados que salir airosos de aquella trampa mortal, siendo diez los valientes que ya se encontraban en su interior, y una undécima persona que estaba en camino. Irguiéndose de nuevo sobre su propio eje, respiró profundamente e hizo acopio de todo su valor, adentrándose así en el espejo.
La primera sensación que le invadió fue como si, en lugar de cruzar por un portal interdimensional, hubiese atravesado el agua que caía de una cascada, tal y como si la superficie pulida del espejo estuviese compuesta del mismo elemento. Por supuesto, eso no le desagradó en lo más mínimo, pero sí lo que fue presenciando a medida que avanzaba en el sendero de la incertidumbre. Contando con la luz que le brindaba su encendedor y esporádicas y distantes antorchas de llamas azuladas, pudo escuchar numerosos coros de voces distorsionadas, con claros sentimientos de terror, agonía y dolor en sus continuos gritos. Además, un segundo ruido llamó peculiarmente su atención, pues se asemejaba muchísimo al que un objeto puntiagudo o cortante originaba al rayar una superficie de cristal. Fue entonces cuando un ruido sordo y rudo le alertó a su izquierda, así que buscó satisfacer su curiosidad. Empero, comprendió que aquello fue una mala idea.
Halló así una gran hilera de espejos a mano izquierda de su posición con seres verdaderamente escalofriantes en su interior, de tez extremadamente pálida, y de brazos huesudos y alargados con dedos de idénticas características, similares a cuchillas. Pese a que de por sí daban bastante miedo, lo realmente aterrador, bajo la humilde opinión del Elegido de la Amistad, residía en sus bocas negras exageradamente grandes y alargadas, sin obviar sus ojos, de cuencas completamente negras y vacías. Dichas cualidades le hicieron recordar a los famosos espectros protagonistas en películas de terror que narraban argumentos sobre las posesiones malignas, los exorcismos o el mundo de los muertos. Pese a que no se sentía intimidado por esa clase de películas, el mero hecho de compartir espacio con aquellos terroríficos seres le asustó, por lo que retrocedió un par de pasos sobre su posición, chocando levemente con alguna clase de superficie fría que emitió el mismo ruido, por lo que esta vez no fue la curiosidad la que le obligó a mirar, sino más bien el miedo.
Pudo apreciar que también a mano derecha se encontraba presente una hilera de espejos, en cuyo interior residían los mismos seres monstruosos, los cuales se encargaron de asustar aún más al Elegido de la Amistad mediante varios arañazos que no sólo rechinaron de forma muy desagradable, sino que también dejaron sus eternas marcas a modo de zarpazos en el interior de aquellos espejos. Visto lo visto, Yamato se limitó a correr, a avanzar sin tan siquiera mirar atrás, deseoso de abandonar aquella atmósfera cargada de oscuridad y locura. A medida que corría por aquellos pasillos que parecían interminables, numerosos espectros golpeaban las superficies pulidas mientras emitían lo más parecido a gritos de agonía. En varios de sus rápidos vistazos, pudo apreciar como desde el otro lado algunos de esos monstruos habían escrito mensajes con sangre. En un principio, Yamato creyó que tales mensajes podrían estar escritos en algún alfabeto raro, como bien podían serlo el alfabeto que usaban los Digimon en el Mundo Digital, e incluso el alfabeto cirílico empleado por los rusos y otras civilizaciones eslavas. Sin embargo, cayó en la cuenta de que, visto desde la perspectiva de los espectros, los mensajes estarían escritos, legibles y entendibles a la perfección.
Fuese como fuere, sus dudas quedaron disipadas al divisar los mensajes desde el reflejo de un espejo ubicado a su izquierda, helándosele la sangre tras leer dichas palabras. Escritos y entendibles en su idioma, el Elegido de la Amistad leyó palabras y mensajes tales como Ayuda, Salvad nuestras almas, Infierno, Locura, Soledad y Muerte, entre muchos otros y variopintos mensajes. Sintió un fuerte nudo oprimiendo su estómago y garganta, aterrado por descubrir el que podría ser uno de sus posibles destinos si fracasaba en aquella misión. Aquello debía tratarse de otro de los incontables trucos del Digimon payaso para desmoralizarle, puesto que el anteriormente mencionado dijo que sólo ocho vidas penetraron en el espejo, y de ser así, los pobres desgraciados afirmaban con sus mensajes de socorro que ya habían permanecido por lo menos una larga temporada allí, cuando ChaosPiedmon dijo que todos aquellos que estuviesen de más morirían inevitablemente, reiniciándose las cualidades del espejo como si de un ordenador se tratase. Aquello no era más que un simple complemento atmosférico que hacía su estancia allí más desagradable, pero no pudo evitar sentirse conmocionado ante la desgracia de que alguien pudiese sufrir de dicha manera.
Intentó ignorar tanto los desgarradores gritos como los ensangrentados mensajes, por lo que aceleró la marcha y corrió hacia la única dirección viable en aquel sendero. Tras varios minutos moviéndose en prácticamente la oscuridad absoluta, el ambiente cambió por completo, presentándose ante Matt una nueva sala. De distribución semicircular, aquel lúgubre cubículo era lo más parecido a una polvorienta y sucia trastienda. Numerosos objetos se encontraban tapados por telas viejas y roídas, la pobre iluminación se basaba en débiles llamas azules que surgían de candeleros anclados a la pared y, para colmo, tanto de las propias paredes como de varios emplazamientos, Yamato pudo apreciar unos simples elementos decorativos que le hicieron evocarse al pasado, y no precisamente a uno que fuese agradable: unos simples muñecos a modo de llaveros, pero bien elaborados y muy realistas, parecían observarle fijamente, estudiar cada uno de sus movimientos con enfermiza obsesión en aquella especie de ritual vudú. Pese a no haber estado de cuerpo presente, por así decirlo, durante aquellos sucesos, la piel se le erizaba al escuchar las palabras procedentes de TK y Kari al relatar el periplo que ambos muchachos tuvieron que soportar cuando Piedmon amenazó con convertirlos también en simples muñecos, tal y como a la mayoría de los Niños Elegidos, sus Digimon y sus aliados…, la primera vez en la que la Oscuridad estuvo a punto de salir vencedora, y así habría sido de no darse la milagrosa aparición de MagnaAngemon.
Un extraño ruido consiguió devolverle a la realidad, desviando por fin la mirada de aquellos pequeños y terroríficos muñecos. Fue mirando a sus alrededores cuando verdaderamente creyó hallar la fuente de tal sonido: detrás de una de las viejas telas, algo parecía moverse con mucho ahínco, de forma muy nerviosa. Invadiendo la ya bastante aterradora atmósfera con tales agresivos y ensordecedores sonidos, lo que quiera, o quienquiera, que estuviese al otro lado buscaba con desesperación llamar la atención del Elegido de la Amistad, el cual, con un pulso tembloroso dominando su mano, aferró con un gesto de terror y asco el viejo trozo de tela para acto seguido retirarla sin delicadeza, descubriendo así el misterio. Apiñados al otro lado, tal y como si viviesen dentro de una lata de sardinas, Gabumon y los demás aporreaban el cristal de un hermoso y enorme espejo, cuyo marco parecía estar hecho de obsidiana. El Digimon lobo fue el que más agradeció a su dios el reencuentro con su compañero humano, sin dudar este último en abrazar el espejo de la misma forma en la que abrazaría al pequeño lobo digital.
- ¡Matt! ¡Menos mal que estás bien…! ¡Ten mucho cuidado, y huye lejos! ChaosPiedmon no parará hasta encontrarte y acabar contigo…-exclamó Gabumon, horrorizado ante la pésima situación física y, posiblemente, mental de su querido amigo.
- ¡No! ¡No te dejaré aquí…! ¡No os dejaré a ninguno…! Hallaré la manera de sacaros de este laberinto…, y juntos derrotaremos a ese malnacido de una buena vez…-gritó, entre desesperada y asustadizamente, el rubio, sin apenas darse cuenta del mayor agarre que estaba ejerciendo en el espejo.
-Ah… ¿De verdad te ves capaz de llevar a cabo tal empresa…?
Ante aquellas palabras mencionadas por el enemigo, Yamato se volteó agresivamente, sin encontrarse ni con el escurridizo Octavo Señor Oscuro ni con un mísero indicio de su ubicación. No obstante, una enorme figura comenzó a asomarse desde las sombras del otro extremo de la sala, lenta y elegantemente como un fantasma, casi siseante cual serpiente. El brillo de su enorme sonrisa y de sus afilados ojos rojizos se intensificó aún más en aquella habitación prácticamente envuelta en la oscuridad, mas semejantes resplandores no conseguían ni tan siquiera hacer sombra al de aquellas cuatro espadas, los juguetes más usados y preferidos del Octavo Señor Oscuro. Del mismo modo que un depredador que había acorralado a su presa, el Digimon de más de dos metros de altura comenzó a moverse en círculos alrededor del muchacho, el cual no dudó en adquirir una pose más bien defensiva. Empero, el Octavo Señor Oscuro tenía su mirada totalmente fija en aquel nuevo espejo.
-Fascinante mundo el de los espejos… ¿No lo crees, Yamato? Existen miles de creencias en ese planeta Tierra del que procedes sobre este objeto, un bellísimo objeto que los seres humanos habéis dejado de temer con el paso de los años…-durante un instante, ChaosPiedmon frenó su repetitivo movimiento para acariciar con extrema perversión la superficie pulida del espejo, divagando de nuevo acto seguido. -Puede que vosotros lo empleéis para un fin meramente estético, pero se cree que sus utilidades son muchísimo más profundas y transcendentales: algunas culturas de tu mundo creen que es conveniente cubrir todos los espejos en la casa en la que una persona ha muerto, o si no el alma de dicho desgraciado se quedará atrapada por siempre en el interior del mismo. Otra cultura establece que el espejo debe ser enterrado con el muerto, para que así su alma no deambule y protegerla así de los malos espíritus. En el folclore humano, una joven consiguió atravesar un espejo que le llevó a un mundo de lleno de curiosidades y fantasías. Utensilios que se emplean para la adivinación…, portales entre mundos…, rodeados de leyendas sangrientas y desagradables…
Volteándose agresivamente, el Digimon de nivel Mega estableció contacto visual con el Elegido de la Amistad, que le observaba de la misma manera en la que se observaría a un completo demente. Diminutas perlas de sudor frío descendieron grácilmente de la frente del rubio, el cual tragó arduamente saliva no sólo ante el hecho de tener a aquel monstruo tan cerca, sino también por el hecho de descubrir que no se encontraban solos en aquella habitación. Fueron unos sonidos de cadenas los que le alertaron y, alzando su mirada, Yamato descubrió a tres LadyDevimon, sonrientes y de brillantes y rojizos ojos, las cuales o bien se encontraban agarradas boca abajo en sus propias cadenas cuales murciélagos, o bien aferradas perfectamente a la pared, como si fuesen arañas. Cada leve pestañeo o movimiento realizado por el muchacho era totalmente estudiado por las tres Digimon ángel caído. No obstante, fue el ligero movimiento de las espadas de ChaosPiedmon el que le despertó de su ensimismamiento.
-No obstante, la cualidad que más me apasiona de los espejos es su verdadera capacidad reflectora. No sólo son capaces de mostrarnos nuestra apariencia física, sino que tienen la facultad de mostrarnos la sombra del alma…, mostrarnos nuestra verdadera naturaleza, aquella que bien ignoramos o nos negamos a aceptar. Dicho esto…, realicemos un pequeño experimento esotérico… ¡Y DESCUBRE LO QUE ERES EN REALIDAD…!
En un abrir y cerrar de ojos, la variación de Piedmon realizó sobre su propia fisionomía un movimiento circular con sus cuatro espadas, consiguiendo así que todas las zarrapastrosas telas de la habitación se rasgasen tras un perfecto y limpio corte. Fue así como numerosos espejos idénticos al ya presente quedaron al descubierto y, como si se encontrase en una desagradable atracción, Yamato tuvo la sensación de que la habitación había comenzado a dar vueltas. Numerosos efectos de lo más psicodélicos y pintorescos se fueron manifestando a medida que el Elegido de la Amistad permanecía atrapado en aquella macabra situación, pero por un instante la zona dejó de moverse a tanta velocidad, pudiendo apreciar que los recientemente descubiertos espejos le mostraban en sus reflejos a una persona que, en las últimas horas, había estado envenenando sus pensamientos.
Reflejado en cada uno de los espejos, pudo apreciarse a sí mismo, o por lo menos en gran parte de su apariencia: aquellos ojos amarillos, fríos y espeluznantes, sumados a sus profundas y pronunciadas ojeras, tan negras como la noche, y su enfermiza sonrisa mostraban a su versión más oscura, aquella que supuestamente residía en lo más profundo de su corazón. Sin gozar de tan siquiera tiempo para debatir la existencia de su yo oscuro, Yamato se llevó ambas manos a las orejas, privándose así de su cada vez más destrozado sentido del oído, a consecuencia de los infernales gritos de horror que las malvadas versiones de los espejos proliferaban continuamente en aquel cubículo. Como si por dentro le picase a más no poder la curiosidad, Matt dejó al descubierto sus orejas, deseando descubrir lo que sus reflejos decían. No obstante, los espectros atrapados en los espejos fueron desapareciendo a excepción de uno, justamente el que tenía delante, y el único que hasta ahora se había limitado a imitar sus movimientos. Cerciorándose de que aquello era verdad, el Elegido de la Amistad se acercó con cierto temor al espejo, comprobando así que el Yamato oscuro también recortaba las distancias. Posando su mano sobre el cristal, el rubio sintió un ligero escalofrío recorriendo su espalda no sólo al sentir como aquel monstruo posaba su mano sobre la suya, sino al percatarse de que reía entre dientes, dispuesto a hablar.
-Libérame…-murmuró sonriente, golpeando con ambas manos el espejo. Volvió a aporrear el espejo, con más agresividad aún. -Libérame…-esta vez, su voz adquirió un tono distorsionado y aterrador. - ¡LIBÉRAME…!
-No…, no… ¡NO! -gritó el rubio, aferrándose temerosamente la cabeza con ambas manos mientras caía de rodillas contra el suelo. - ¡Déjame en paz…! ¡DÉJAME EN PAZ! ¡No eres real…! ¡NO ERES REAL…! -fijó acto seguido su mirada cargada de odio en la del entretenido Octavo Señor Oscuro, dejándose guiar por la rabia y el miedo. -Te mataré… ¡TE MATARÉ…!
Fue así como una fugaz e insensata idea anidó en su mente, y terminó por expandirse a lo largo y ancho de la misma, hasta el punto de que su cuerpo terminó por funcionar de forma más bien propia. Raudo y veloz, Yamato depositó su mano derecha durante aproximadamente medio segundo sobre su cinturón, para acto seguido desenvainar la daga del lobo, aquella elegante arma blanca característica del yo oscuro presente justo frente a sus narices y que tan esmeradamente se había dedicado a custodiar, y atravesar el espejo sin ninguna contemplación. La reacción a tal acción no se hizo esperar, y el cristal comenzó a fracturarse en varios fragmentos de tamaños irregulares, distorsionando así la figura del fantasmagórico doble de Matt, el cual seguía sin perder aquella enfermiza sonrisa. Por su parte, el Yamato original no se vio aliviado consigo mismo hasta que la firme estructura del espejo se desquebrajó y yació a sus pies. Empero, la misma estridente risotada surgió en el interior del espejo ubicado a su izquierda, y con ella, la misma oscura presencia que el Elegido de la Amistad juró eliminar segundos atrás, por lo que se quedó sumamente helado.
- ¿Qué…? No… ¡No…! ¡No, no, no, no….! ¡NO! -gritó el rubio, sumido en el más absoluto terror, tal y como indicaban sus temblorosas pupilas, así como su dedo índice al señalarle. - ¡Desaparece…! ¡Aléjate de mí…! ¡SAL DE MÍ…! -chilló a más no poder, aferrando insanamente varios mechones de su cabello a la par que el demente reflejo reía de la misma forma.
- ¡Pero serás idiota…! No puedo alejarme ni salir de ti, porque nunca me he ido… ¿Sabes por qué…? Porque…-a medida que su voz se prolongaba, el sonido de la voz del Yamato Oscuro se extendió hasta el espejo del extremo opuesto.
-Yo…-prosiguió en un susurro casi viperino, duplicándose su figura en el espejo del extremo derecho, para, finalmente, mostrarse en todas y cada una de las superficies pulidas.
- ¡SOY TÚ! -gritaron al unísono, todas y cada una de las ilusiones, provocando un estruendoso coro de risas enfermizas que finalizaron por perforar no solamente el oído interno del rubio, sino también su desquebrajada alma.
-Basta… ¡Basta, basta, basta…! ¡BAAAAAAASTA!-gritó el Elegido de la Amistad, aferrando cada vez más y más fuerte sus mechones rubios y dando cansados y torpes tumbos, como si estuviese totalmente agotado por las falacias de aquellos fantasmagóricos dobles suyos.
Cayó inexorablemente de bruces contra el suelo, aquel suelo frío como el hielo, pero también codicioso cual arenas movedizas. Así era como se sentía: helado, percibiendo como la tierra se lo tragaba a pasos cada vez más agigantados. Tal vez ese fuese su sino después de todo…, descender a lo más profundo de los infiernos. No…, ya estaba en el Infierno. Cualquier destino que se le presentase a la vuelta de la esquina sería mejor en comparación con todo aquello. Intentó perderse en el rincón más escondido de su frágil y temblorosa mente para así cobijarse de sus nuevos y cada vez más persistentes acosadores. No obstante, las demenciales risas de sus réplicas oscuras terminaron por pisarle los talones, lo que finalmente su intención de darles, mentalmente hablando, esquinazo terminó derivando en una profunda provocación para el Elegido de la Amistad. Aun sosteniendo la daga del lobo en su tembloroso puño, la mirada de Matt se tornó fría como el hielo.
-Vais a morir, bastardos…, todos y cada uno de vosotros…
Tras aquellas palabras más bien parecidas a débiles susurros, el rubio se irguió sobre su propia fisionomía y corrió hacia los espejos, o, mejor dicho, se abalanzó sobre ellos, tal y como lo haría un lobo a punto de capturar a su presa. Brutales y fugaces estocadas fueron atestadas a cada superficie pulida que se interponía en la trayectoria de tan pequeña pero letal arma blanca. En cuestión de segundos, los espejos se vieron sometidos a una reacción en cadena, siendo destruidos uno tras otro y otorgando a los espectadores un efecto visual que los hacía parecer cascadas de cristal en miniatura. Respiró agitada y rápidamente, para finalmente acercarse hasta el espejo central, el único de ellos que aún quedaba en pie, junto con la única copia de su yo oscuro aún "viva". El residente en el espejo no suplicó física ni verbalmente clemencia alguna, sino que más bien pareció animar al Elegido de la Amistad mediante un leve movimiento de su mano y una enorme sonrisa transmisora de un profundo e irreversible desequilibrio mental.
Semejante provocación hizo que Yamato apretase el puño con el que sostenía la daga con fuerza, obviando por completo el hecho de que pequeños trozos de cristal se habían adherido a su piel, creando así diminutas heridas que derivaron en sangre, sangre que se deslizó suavemente desde la palma de su mano hasta la yema de su dedo pulgar, y, como la última hoja de un árbol resistiendo a la llegada del otoño, se mantuvo suspendida en forma de gota, hasta caer grácilmente contra el suelo, una tras otra vez y otra vez. Asemejándose la caída de cada gota roja a un segundo de tiempo, tan sólo bastó el impacto de dos gotas del líquido rojizo contra el suelo para que Yamato tomase postura, invirtiendo con ello todas sus fuerzas sobre sí mismo para finalmente ejecutar una brutal puñalada a aquel objeto del demonio. Empero, y como si todo ocurriese a cámara súper lenta, la imagen del Yamato Oscuro se volvió más y más intermitente hasta desaparecer por completo, y ser así sustituido por una figura que consiguió frenar la acción de Yamato: la pequeña figura de un lobo cornudo.
- ¡Ga… Gabumon…! - titubeó, completamente dubitativo ante su actual dificultad de discernir la diferencia entre realidad e ilusión.
De nuevo vencido por la desolación, se dejó caer de rodillas y posó una de sus manos en la superficie pulida, siendo imitado por su compañero digital desde el lado opuesto. A este último, cinco sombras se le fueron aproximando desde la distancia hasta captar la forma de todos y cada uno de sus amigos, aquellos que le acompañaron a aquella aventura y aquellos que debían conformarse por el momento con transmitirle al rubio todo su apoyo. Aporreando en un par de ocasiones el espejo, el pequeño lobo digital se centró en establecer el más claro y mínimo contacto verbal con su amigo humano.
- ¡Matt, Matt…! ¡Ten muchísimo cuidado…! ¡No te dejes engañar más por ese canalla…! ¡No somos una ilusión...! ¡No soy una ilusión…! ¡Yo estoy contigo…! ¡No te rindas…! – exclamó Gabumon, persistentemente y casi sin aire ante los numerosos e intermitentes consejos dados al Elegido de la Amistad. No obstante, la estridente risotada del Octavo Señor Oscuro hizo que se manifestara en su rostro el miedo.
- Tu estabilidad mental debe pender de un hilo muy fino si de verdad te fías de lo que dice una figura atrapada en un espejo…-masculló entre dientes el arlequín, riendo por lo bajo al presenciar a Yamato volteándose e interponiéndose en la trayectoria existente entre ChaosPiedmon y el solitario espejo. Verle extender sus brazos hacia los lados, a modo de "barrera" contra cualquier contratiempo, supuso la guinda del pastel, por lo que dio un paso al frente a la par que se desternillaba de risa. -… Y eso es justo lo que deseaba: jugar con tu pequeña cabecita hasta que te autodestruyeses irremediablemente. Y a todo eso… ¿No estabas tan obcecado en destruir el espejo, tal y como hiciste con todos demás…? Vamos, Yamato…, hazlo, destrúyelo. A fin de cuentas, es la única opción viable que has tomado a lo largo de tu miserable vida...- dio otro paso al frente, no sin antes desenfundar dos de sus espadas, apuntando con una de ellas al aludido. -Destruir los sueños y esperanzas de tus seres más allegados…, porque disfrutas de la traición y el dolor que los infliges…
El Digimon arlequín dejó escapar una estridente risotada, provocando así que el temblor se apoderase de sus labios totalmente fruncidos, mientras que su temblorosa mano seguía sosteniendo la daga. Sumido en una montaña rusa emocional, Yamato se planteó por un segundo afirmar la premisa expuesta por el Octavo Señor Oscuro, pues todo lo relativo a su relación con Tai y Sora era un claro ejemplo de cómo él, Yamato Ishida, se había aprovechado del daño causado a su mejor amigo para obtener un beneficio. Era la peor basura del planeta, se repetía constantemente hacia sus adentros, y, tal vez por ello se merecía todo el sufrimiento, tanto físico como psicológico, que por aquellos instantes estaba recibiendo.
Aun así, y pese al remordimiento y el dolor como estandartes presentes en lo más hondo de su conciencia, el Elegido de la Amistad se abofeteó mentalmente por pensar así. Los acontecimientos con sus amigos habían sido reales, sí, pero todo aquello fue cosa del pasado, cosas propias de adolescentes, y ni mucho menos se podía comparar a la realidad alternativa que se le había mostrado momentos atrás, donde su yo alternativo dañaba y mataba a las personas por el mero hecho de sentirse fuerte y poderoso, y no como una consecuencia de expresar sus sentimientos a una persona que probablemente jamás le había correspondido. El jamás se convertiría en aquel ser de fríos y aterradores ojos amarillos que se escondía en las ilusiones de aquellos espejos, porque antes se quitaría la vida. Fue por eso por lo que, bien lo hubiese meditado o no, el rubio dejó de temblar y corrió a gran velocidad hacia ChaosPiedmon, gritando a pleno pulmón durante el trayecto como si de un guerrero bárbaro se tratase, asestándole un ataque con su elegante arma blanca.
- ¡Je! Vaya, veo que aún te queda sangre en las venas… ¡Pero no será por mucho más tiempo! ¡Vamos, atácame! - le incitó el Octavo Señor Oscuro, haciéndole señas con los dedos.
Las ofensivas del Elegido de la Amistad fueron rápidas, pero para nada concisas. Cada estocada que debió impactar en el cuerpo del Digimon payaso terminaron simplemente por rasgar el aire a su alrededor gracias al esquive del Digimon de nivel Mega, ampliándose su sonrisa a cada intento fallido por parte del rubio. No obstante, uno de los numerosos intentos terminó por no ser en vano, pues fue aliciente suficiente para que el Octavo Señor Oscuro borrase la enorme sonrisa dibujada en su dual rostro. Tras una ofensiva que finalmente quedó en conato de apuñalamiento, el Digimon pudo presenciar como el humano había conseguido cortar algunos mechones de su estrafalario cabello pelirrojo, yaciendo tales hebras anaranjadas en el suelo cuales agujas de fuego. Frunció el ceño, pensativo ante el hecho de que ese golpe pudo haber estado muy cerca de haberse llegado a efectuar. Empero, y pese a la peligrosidad creciente que representaba un Yamato con cara de muy pocos amigos, el Digimon portador de espadas volvió a mostrar su endiablada sonrisa, no sin antes envainar tres de sus cuatro armas, señalando en el acto al muchacho con la única que portaba.
-¡Debo reconocer que me has impresionado, muchacho! Eres rápido. Rápido y de movimientos muy agresivos a la hora de atacar… ¡Me gusta! No obstante…-interrumpió la frase, decantándose por adoptar una clara pose de ataque. -… A tu técnica le falta algo… ¡Permíteme mostrarte cómo se hace…!
Sintiendo la daga como única protección, el Elegido de la Amistad no tuvo más remedio que cubrirse tras tan pequeña arma blanca ante el considerable ataque de ChaosPiedmon. Las dos armas rivales sintieron el acero de su enemiga, mas la enorme espada del Octavo Señor Oscuro, sin obviar la experiencia de éste como espadachín, consiguió que el rubio retrocediese sobre sus pasos de forma demasiado brusca. Ver a su enemigo recular como si se tratase de un ratón asustadizo provocó que ChaosPiedmon se sintiese henchido de soberbia, por lo que comenzó a reír entre dientes de forma totalmente despectiva. No obstante, la distracción ante semejante regodeo por parte de su rival le permitió al rubio atacar velozmente a su desprevenido adversario, lo que derivó en una finalidad bipartita: el Digimon de nivel Mega consiguió esquivar el ataque, sin sufrir heridas graves. No obstante, sintió algo líquido fluyendo sobre la yema de uno de sus dedos en la mano derecha. Fue así como inspeccionó su guante blanco, percibiendo que la parte de su dedo pulgar se había rasgado y teñido de rojo. Estaba sangrando, tal y como se demostraba ante un pequeño corte provocado por el Elegido de la Amistad. Tras observar su herida durante unos segundos, ChaosPiedmon miró a Matt directamente a los ojos, aunque con un brillo muchísimo más sombrío de lo habitual.
-Así que esto es lo que los humanos llaman sangre ¿eh? Lamento decirte que esto no es nada… ¡Yo te enseñaré lo que es sangrar de verdad…!
En un abrir y cerrar de ojos, ChaosPiedmon se movió veloz como el viento hasta aparecerse en menos de un segundo delante de las narices de su rival. Sin tiempo para reaccionar, la única acción a la que Yamato pudo optar fue sobresaltarse, o al menos intentarlo. Acto seguido, el Octavo Señor Oscuro propinó al Elegido de la Amistad una fuerte patada en el costado derecho, saliendo éste despedido hacia donde se encontraba ubicado el espejo y chocando definitivamente contra el objeto en cuestión. El impacto fue tan brusco que la superficie de cristal se agrietó tras la espalda del Elegido de la Amistad, para así acto seguido tocar de nuevo tierra firme y llevarse el muchacho las manos a la zona adolorida. Tras mascullar alguna que otra palabrota entre dientes, Matt inhaló y exhaló pequeñas y rápidas cantidades de aire, todas las que tuvo tiempo antes de que el Octavo Señor Oscuro intentase arremeter contra su persona de nuevo, esta vez en forma de patada.
Rodando en el suelo como un cerdo revolcándose en el barro, Yamato consiguió esquivar en el último segundo la ofensiva de ChaosPiedmon, convirtiéndose aquel intento de agresión en una pequeña grieta muy próxima a la esquina inferior derecha del espejo. Sin tiempo que perder, el rubio se irguió sobre su propia fisionomía, pero el Digimon arlequín, espada en mano, recortó las distancias con la intención de no fallar en su golpe por segunda vez, deseoso de ver a su rival partido en dos gracias a su mortífera arma blanca. A escasos centímetros el uno del otro, el ex Amo Oscuro ejecutó una perfecta estocada horizontal que se vio truncada al flexionar Matt sus rodillas y quedar casi a ras del suelo, lo que aprovechó para tomar impulso para así intentar atestarle una puñalada a la variación de Piedmon.
Para fortuna del malvado Digimon, el ataque del muchacho derivó en un simple corte que rasgó una parte de sus ropajes superiores, lo que provocó un evidente bufido cargado de indignación en el Octavo Señor Oscuro. Sin ningún tipo de reparo por su parte, el payaso infernal abofeteó fuertemente la cara del humano, acto que provocó que Matt perdiese durante unos segundos el equilibrio y quedar de rodillas frente a ChaosPiedmon. Aprovechando que su rival se encontraba totalmente indefenso y desprotegido, el señor de aquel demente paraje agarró la cara de Matt con su gran mano, enguantada en blanco y de finos y alargados dedos, para acto seguido lanzarlo a volar contra el espejo de nuevo.
Esta vez el golpe fue más preocupante, impactando así la cabeza de Yamato justo en la pequeña grieta formada con anterioridad casi a los pies del espejo. No sólo la fisura en la superficie pulida se había hecho más profunda, sino que también se encontraba ensangrentada tras el impacto del Elegido de la Amistad sobre tal zona. Por su parte, el principal afectado se encontraba tendido en el suelo, casi a punto de perder el conocimiento y con la vista algo cansada y borrosa. Con pulso algo tembloroso, se llevó los dedos a la zona afectada por el golpe, descubriendo así la sangre que brotaba de la herida, una pequeña brecha ubicada en el lateral izquierdo de su cabeza. En el reflejo del espejo pudo apreciar como algunos jirones de su cabello se habían vuelto rojizos debido a la sangre, además de a Gabumon y a los demás desde el otro lado gesticulando y articulando palabras que apenas pudo distinguir. Por el rabillo del ojo pudo vislumbrar a duras penas como ChaosPiedmon se cernía sobre él, dispuesto a trincharle con su espada.
Sin intención de rendirse, Yamato consiguió ponerse torpe pero rápidamente de pie y esquivar un nuevo ataque por parte del Octavo Señor Oscuro, para así recular en la medida de lo posible y recuperar algo de fuerza y compostura. Desde el otro lado del espejo, los aliados de Yamato aporreaban la barrera que separaba ambas realidades con el único fin de destruirla y ayudar a su desvalido compañero. No obstante, a Gabumon aquella situación era al que más le estaba consumiendo por dentro: su compañero humano no sólo se encontraba al borde del desmayo por claro agotamiento físico, sino que también se encontraba mentalmente quemado debido a las oscuras y perversas intenciones del bastardo de ChaosPiedmon. No podía, ni quería, que Matt librase solo aquella batalla, por lo que, aunque no tuviese ni una sola posibilidad contra el Octavo Señor Oscuro, ayudaría a su compañero y moriría junto a él si era necesario, pero no renunciaría sin luchar.
Fue así como el Digimon con aspecto de pequeño lobo cornudo observó con atención la grieta que se había formado hacía más bien poco tiempo en el espejo, y una idea floreció rápidamente en su mente. Yéndole la vida en ello, casi literalmente hablando, el compañero Digimon de Yamato comenzó a golpear el espejo, justamente en el punto exacto donde se había originado la grieta. Con la desesperación por bandera, Gabumon no cesó en lo referente a arañazos, cabezazos, embestidas con su cuerno, ni incluso con su ataque Minifuego, pero el espejo desde aquella dimensión parecía estar hecho de titanio, pues por muchos golpes que le propinase, la superficie de cristal sólo conseguía agrietarse un poco más, aunque no lo suficiente para que la superficie dañada cediese y así correr el Digimon de nivel Novato a socorrer a su amigo humano.
No obstante, y pese a la concentración del Digimon de Matt en la pequeña fisura que poco a poco iba agrietándose más, éste sintió como el corazón se le paralizaba ante lo que sus ojos presenciaron. Desde lo que para él era el otro lado del espejo, las coreografías de ambos combatientes, similares a una especie de ballet afilado y sangriento, cesaron cuando el Digimon con apariencia de payaso agarró por el cuello a Yamato para acto seguido levantarle del suelo y quedar las miradas de ambos a la misma altura. Ante tal acontecimiento, la sonrisa de ChaosPiedmon se agrandó hasta límites más que exagerados y relució más que nunca. Al igual que su sonrisa, sus ojos parecieron hacerse más grandes y brillantes de pensar en la vida que estaba a punto de quitar. Como último regodeo, rio entre dientes y acercó el rostro del rubio a escasos centímetros del suyo.
- Reconozco que tu desesperado intento por salvar a tus amigos me ha entretenido. Es más, deberías sentirte orgulloso de la guerra que has conseguido darme…, pero ya me he cansado. - comentó, haciendo que el brazo con el que empuñaba la espada retrocediese todo lo posible para ejercer así una mayor fuerza de impacto para atravesar el cuerpo del muchacho. -No te preocupes por tus insignificantes amiguitos. Las chicas, aquí presentes…-señaló con un ladeo de cabeza a las tres espeluznantes, expectantes y sonrientes LadyDevimon. -… Acabarán con sus vidas, pero no sin antes divertirse un poco haciéndoles sufrir. Ahora ha llegado tu fin… ¡Serás el primero de los Niños Elegidos en recibir a los demás en el mismísimo infierno…!
Sentenciando al Elegido de la Amistad, el Octavo Señor Oscuro se dispuso a atravesar con su espada al muchacho frente al él. Empero, un fuerte y rabioso estruendo procedente desde el otro lado del espejo le distrajo, siendo lo único aparentemente visible una proyección de cristales hacia su persona de diversos tamaños, así como una pequeña sombra que terminó por manifestarse en la figura de un pequeño lobo azul y con un cuerno amarillo en la frente que surgió desde el otro lado de la superficie pulida. La variante de Piedmon no pudo evitar desternillarse de risa ante el patético intento de un Gabumon con cara de muy pocos amigos de salvar a su compañero.
- ¡Valiente, pequeñajo! ¡Pero totalmente inútil! Lo único que provocarás es que mate a dos pesadas moscas en vez de una. No te preocupes… ¡Que después de él, tú serás el siguiente…! -exclamó ChaosPiedmon, desviando por completo la lluvia de cristales que el compañero de Matt había provocado con su escape del espejo.
- ¡Minifuego!
Una pequeña espiral de fuego azulado nació de la boca del Digimon de nivel Novato y, aprovechando la guardia baja del Digimon arlequín tras desviar los cristales que se le aproximaban, el ataque característico de Gabumon impactó de lleno en los ojos del Octavo Señor Oscuro. Todo aquello provocó una evidente reacción en cadena: el agarre a Yamato se vio completamente anulado, por lo que corrió a abrazar a su querido Digimon, más que agradecido por haberle salvado la vida. Por su parte, la variante de Piedmon se llevó la mano libre de espada a la zona atacada, gritando por el dolor y despotricando y maldiciendo al pequeño Digimon causante de tal situación. En último lugar, las tres LadyDevimon borraron las sonrisas presentes en sus rostros, sobresaltándose ante el inesperado ataque de su amo, y se dispusieron a atacar. No obstante, su amo, que se había percatado de sus intenciones al escuchar los tintineos provenientes del movimiento de sus cadenas, las frenó de ello con tal solo alzar la mano que hasta hace poco cubría sus ojos.
- ¡Ni se os ocurra moveros…! -gritó a pleno pulmón, apreciándose unas quemaduras negras alrededor de sus ojos, o al menos en la parte blanca de su máscara, así como venas rojas en sus globos oculares amarillos, algo enrojecidos. - ¡Yo me encargaré personalmente de toda esta maldita escoria…!
Completamente enfurecido y fuera de sí, el ex Líder de los Amos Oscuros se presentó frente a Gabumon en un abrir y cerrar de ojos, propinándole una fortísima patada que mandó a volar al Digimon de Yamato. Éste último interceptó a su Digimon, tal y como si de un jugador de rugby con el balón se tratase, pero debido a la fuerza que ChaosPiedmon ejerció en el golpe, ni tan siquiera el Elegido de la Amistad pudo frenar su avance, por lo que él también se vio afectado por el retroceso, y ambos, humano y Digimon, chocaron contra el espejo ligeramente roto por su base. No a muchos metros de distancia de ellos, ChaosPiedmon respiraba agitadamente mientras guardaba su espada con las demás, alzando acto seguido su mano derecha y formando en ésta una esfera de energía, de auras negras. No obstante, Matt y Gabumon parecían por aquel entonces más preocupados por sus amigos, con los cuales intentaban comunicarse con ellos durante aquella especie de tiempo muerto.
- ¡Matt, Gabumon! ¡Salvaros vosotros! Sois los únicos que tenéis una posibilidad contra ese monstruo. Nosotros poco o nada podemos hacer ante el ataque de ChaosPiedmon, pero vosotros podéis salvaros…-dijo Tommy desde el otro lado del espejo, intentando mantener la compostura ante los que bien podían tratarse de sus últimos momentos de vida.
-No…-murmuró el rubio, interrumpiendo su propia frase para captar algo de aire, prosiguiendo segundos después. -… No pienso sacrificar a ninguno de vosotros con tal de salvar mi pellejo…, y creo que Gabumon opina lo mismo que yo…-entre sus brazos, el exhausto Digimon asintió y sonrió débilmente, contagiando así una sonrisa al muchacho. -Sobreviviremos todos…, o moriremos todos…, juntos. No dejaré atrás…, a mis amigos…
Por mucho que lo desease, Yamato se encontraba demasiado cansado como para tan siquiera moverse y huir, pero también era incapaz de vender a sus amigos por salvarse él mismo. Aunque llevase gran parte de su estancia en aquel maldito lugar castigándose a sí por las visiones protagonizadas por una versión oscura de sí mismo, con su decisión final había sentenciado a aquel espectro de una vez por todas. Antes moriría que defraudar, vender o traicionar a sus amigos. De forma casi instintiva, el Elegido de la Amistad rebuscó en los bolsillos de su pantalón hasta encontrar el Emblema de la Amistad, el cual halló junto a la daga de lobo, y lo presenció con detenimiento.
Jamás reaccionaría a su llamada, tal y como le dijo ChaosPiedmon, aunque bien podría habérselo dicho con la finalidad de minar su moral desde un principio. Aun así, Yamato sabía que el Octavo Señor Oscuro tenía razón, y que su Emblema jamás reaccionaría. Ya había traicionado a Tai y Sora en el pasado, dos personas por las que, supuestamente, Matt daría la vida, y mucho antes de eso, ya había traicionado la confianza del grupo de Elegidos hace diez años, sólo para conseguir hacerse más fuerte. Era demasiado tarde, por lo menos para él. Ya no tenía perdón, y la sentencia estaba dictada. Empero, no era demasiado tarde para un último acto desinteresado y altruista.
Dejando con delicadeza a Gabumon en el suelo, el rubio se colgó el Emblema de la Amistad en el cuello y avanzó un par de pasos hasta plantarse con los brazos extendidos, como si buscase defender hasta su último aliento a sus amigos. Además, él mismo se percató de que todavía seguía aferrando la daga del lobo, por lo que, como última acción para soltar toda la carga que soportaba su mente, la dejó caer al suelo, liberándose de todo aquello que representaba tal endiablado objeto. Pese a que el muchacho le observaba con mirada firme y decidida, El Octavo Señor Oscuro prácticamente se carcajeó de las intenciones del Elegido de la Amistad.
-Patético…, incluso hasta en tus últimos momentos de vida. Tanto poder desperdiciado por vidas que no valen nada. Eres débil…, y no mereces vivir… ¡Prepárate para morir! ¡Máscaras Cuadradas!
Sin ningún tipo de miramiento, ChaosPiedmon lanzó el orbe de energía negro, dispuesto a evaporar no sólo al muchacho que tenía delante, sino también a su Digimon, así como al resto de sus compañeros y hacerlos desaparecer de la faz de aquel mundo de una buena vez. No obstante, y aunque se encontrase muerto de miedo por dentro, Matt no movió ni un solo músculo al ver como la esfera de poder negra recortaba peligrosamente las distancias. Recibiría él mismo el impacto por sus amigos, sacrificándose en el acto no sólo por los amigos allí presentes, sino también por todos los demás, especialmente por Tai y Sora, aquellos a los que tanto daño hizo en el pasado. Era lo menos que podía hacer por ellos. Dispuesto a aceptar su destino, pensó también en sus padres y en su hermano pequeño antes de desaparecer por completo. No obstante, lo más parecido a un milagro consiguió manifestarse en aquella sala.
Del Emblema de la Amistad, una poderosa luz azulada floreció y salió disparada contra el ataque de ChaosPiedmon, neutralizando por completo el ataque y cegando tanto al Amo como a las tres sirvientas allí presentes. Yamato durante un momento también se vio afectado por tanto brillo, pero en última estancia se limitó a observar no sólo el Emblema de la Amistad, sino también su Digivice, el cual también emitía una luz de la misma tonalidad. Por último, vislumbró como Gabumon, su queridísimo compañero Digimon, también se vio envuelto por la misma luz. Finalmente, los tres receptores de la luz brillaron al unísono con muchísima más intensidad, bañando por completo la estancia con tan bellísimo efecto, escuchándose de fondo un rugido que se tornó metálico, y que revotó incluso en las paredes más recónditas del lugar. Para el deleite de los allí presentes, la llegada del animal más noble de todos estaba a punto de producirse.
Tras varios kilómetros sin parar absolutamente por nada ni nadie, algo en su interior le hizo quedarse totalmente inmóvil, incluso llegar a cuestionarse si esa era la dirección correcta, aquella que le llevaría a las respuestas que tanto estaba buscando. A su extremadamente agudo sentido del oído le llegó un estímulo, un ruido perdido en la más que evidente lejanía que, si bien para cualquier otro Digimon no supondría nada, a él se le asemejaba a un llamamiento.
No se atrevía a conjeturar si era o no una llamada de socorro, pero lo que sí le había quedado claro es que el emisor era igual o muy similar a él. Así pues, ya fuese por instinto o por cualquier otro tipo de sentimiento revoloteando en su mente, el Digimon cuadrúpedo cogió carrerilla y en cuestión de segundos comenzó a volar en dirección prácticamente contraria a la que estaba recorriendo. Algo en su interior le decía que era allí donde, por fin, hallaría las respuestas que tanto ansiaba.
Sus ojos se abrieron de par en par en pleno vuelo, buscando la nueva fuente de poder que había florecido tras un largo periodo de letargo e inactividad. Tanto él como su compañero Digimon estaban en la pura ruina, pero era un precio que se debía pagar en un comienzo, y sobre todo por la gran recompensa que ambos recibirían al final de su empresa. Pese a que el brillo azulado presente en la lejanía suponía la activación de un nuevo Emblema, el Cazador de Datos no se mostraba para nada contento o excitado, ni tampoco W-BlackWarGreymon. Ambos se mantenían serios, casi incluso se podría decir que hasta enfadados.
Su invulnerabilidad frente a los Niños Elegidos y sus Digimon era cada vez menor, prácticamente inexistente por aquel entonces, y no contentos con eso, recientemente les habían privado del lujo de destruir y absorber el Emblema del Conocimiento, sin tampoco olvidar la soberana paliza que recibieron en dicho encuentro. Seis Emblemas absorbidos, uno extraviado y dos más en búsqueda, no era para nada un mal porcentaje de victorias. No obstante, para el Cazador el único porcentaje válido de victorias era el cien por cien. El ser que tenía por meta convertirse en los mismísimos Pilares del Mundo Digital no admitía el fracaso.
Totalmente agarrado a la desgastada tobillera de su Digimon, alzó levemente la cabeza para encontrarse con la mirada rojiza de su enorme Digimon, como si con semejante acto demostrasen estar completamente sincronizados.
-Recuerda lo que hemos hablado, W-BlackWarGreymon: entramos a matar. No nos andaremos con rodeos esta vez. No quiero más fallos, ni distracciones ni errores, ¿entendido?
De forma totalmente automática, la variación de BlackWarGreymon se limitó a asentir, dispuesto a obedecer ciegamente las instrucciones de su compañero. Tras la nueva orden, el Digimon aumentó su velocidad de vuelo, a la par que el Cazador hizo más fuerte su agarre en la tobillera del monstruo digital. No podía esperar a hacerse con el poder de un nuevo Emblema, ni tampoco podía ni quería frenar su deseo de hacer sufrir a los Niños Elegidos. Ya había perdido el Emblema de Conocimiento, ni que decir la mala influencia que esa chica, Sora, supuso para él, hasta incluso el punto de haberla confundido con su querida Odio. Surgió así para él un nuevo objetivo: tras convertirse en el ser más poderoso de ese mundo tras absorber todos y cada uno de los Emblemas, los Niños Elegidos serían los siguientes en ser destruidos, sin excepción alguna. Pese a no ser más que un simple entretenimiento, las trifulcas con aquellos molestos Niños Elegidos se habían vuelto molestas, y todo lo que le era molesto lo cortaba de raíz. Aquello se había vuelto totalmente personal.
Durante unos segundos fue incapaz de moverse, tal y como si le hubiesen lanzado un balde de agua helada. Semejante sensación era una clara evidencia de que algo muy grave y peligroso había sucedido, o bien estaba a punto de suceder. Además, no sólo se trataba de una fortísima sensación de desconcierto, sino que también pudo percibir indicios de una fiera lucha interna y un irrefrenable deseo por hallar la paz. Por supuesto, sabía quién era el portador de semejante sufrimiento, pues no por nada en una ocasión fueron un solo ser. Tal vez ese fuese el motivo de tan repentina sensación que pasivamente había experimentado.
Ni tan siquiera tuvo tiempo para dudar y, como alma que llevaba el diablo, el Digimon de armadura negra reemprendió un rápido y furioso vuelo. La Isla File quedó atrás hace mucho tiempo, persistiendo en su mente el objetivo de salvar a su más reciente rival, de salvarlo de la espiral de dolor y autodestrucción en la que podría llegar a sumergirse si no le ponía remedio alguno. Él mismo sabía que era pasar por todo aquello, y por eso no se lo recomendaría ni a su peor enemigo, pues las consecuencias acarrearían un desgarrador y cruel destino, un destino casi tan cruel como la mismísima muerte.
La intensidad de aquella luz azulada terminó casi por cegar a todos los allí presentes, resintiéndose sus ojos ante tan rápido y brusco contraste entre oscuridad y luz. En medio de tanto brillo, similar al emanado por un santo o un ángel, el Elegido de la Amistad percibió como su Digivice parecía arder al tacto, así como el Emblema colgando de su cuello. Casi parecía que estuvieran reprimiendo la emanación de un nuevo y extraordinario poder, o como si estuvieran esperando el momento adecuado para ello. Ni tan siquiera tuvo tiempo de elucubrar ninguna nueva teoría, pues de ambos utensilios salieron disparados dos haces de luces azulados que impactaron con el cuerpo del pequeño Gabumon, envuelto también por la misma luz azul. Acto seguido, la sala brilló de nuevo, con muchísima más intensidad y cegando por completo a todos los asistentes.
- ¡Gabumon WarpDigievoluciona en…!
Gracias a la metamorfosis conocida como Digievolución, el pequeño Digimon con un cuerno en la frente vio totalmente cambiada su fisionomía. Fue así como poco a poco el compañero digital de Yamato fue sustituido por un enorme lobo de pelaje blanco y azulado, muy similar a la fase de Garurumon, salvo por el hecho de ser una versión algo más grande y totalmente robótica de éste último. Todo su cuerpo estaba revestido de una armadura metálica azulada, exceptuando la zona de su cuello, completamente dorada, así como unas alas similares a unas espadas clavadas en su armadura, las cuales le otorgaban la habilidad de volar y desplazarse por los aires, y una especie de tercera espada a modo de cola. Las únicas zonas desprovistas de defensa alguna eran su mandíbula inferior y las partes inferiores de sus cuatro patas, que presentaban unas garras de color violeta, tal y como Garurumon. Por último, cabía destacar la presencia del Emblema de la Amistad en cada palma de sus patas, aunque no se viese con suma facilidad, así como sus gélidos y amenazantes ojos rojos.
- ¡… MetalGarurumon!
Sin lugar a dudas, el líder de la manada hizo su aparición estelar, dispuesto a inclinar la balanza a favor de los paladines del Bien. Al establecer contacto visual con ChaosPiedmon, MetalGarurumon no se contuvo para nada y le gruñó amenazadoramente, dejando que sus afiladas mandíbulas hiciesen el resto. Por su parte, el Octavo Señor Oscuro se limitó a aferrar dos de sus espadas y colocarse en una clarísima pose de combate. En lo referente al resto de espectadores, las tres LadyDevimon mostraban su frustración ante la llegada de un nuevo y poderoso enemigo, Yamato se encontraba medio ido tras todos los esfuerzos realizados durante acontecimientos recientes, siendo únicamente capaz de manifestar una sonrisa llena de paz y felicidad al volver a presenciar la metamorfosis definitiva de su compañero tras casi diez largos años sin verla. Por último, los prisioneros detrás del espejo quedaron boquiabiertos ante el espectacular porte y poderío de aquella especie de cánido cibernético.
-¡Guau…!-fue lo único que pudo vocalizar el joven Tommy ante la transformación absoluta de Gabumon. Con el Digivice en la mano, se dispuso a recopilar los datos de aquel Digimon, pues le recordaba muchísimo a KendoGarurumon, el Digimon en el que se convertía su amigo Koji al emplear el Beast DigiSpirit de la Luz. - "MetalGarurumon: Digimon tipo Cyborg, de atributo Datos y nivel Mega. Se trata de una versión completamente robotizada de Garurumon. No sólo ha conservado su agudeza natural tras verse sometido a la metalización, sino que también es capaz pulverizar al oponente con las innumerables armas ocultas de su cuerpo. Es imposible escapar de este Digimon, incluso cuando las tinieblas invaden su campo de visión. Sus ataques predilectos son el Aliento Congelante, mediante el cual arroja desde su boca aire frío a temperaturas bajo cero que congela todo y detiene las funciones vitales de la víctima, y las Bombas de Congelación, ataque con el que lanza misiles congeladores de todas las armas escondidas en su cuerpo."-tras toda aquella nueva información, el representante de los Espíritus del Hielo guardó su Digivice, aun completamente atónito y embobado por la presencia de MetalGarurumon.-Menuda pasada de Digimon…-murmuró Tomoki sin perder detalle a los dos Digimon de nivel Mega.
-Parece que volvemos a encontrarnos, Piedmon, y es evidente que no en las mismas circunstancias…-comentó el Digimon cuadrúpedo, sin disimular ni un ápice con sus palabras el asco hacia el Digimon arlequín.
-Así es, MetalGarurumon. Volvemos a encontrarnos…, y sí, es más que evidente que no en las mismas circunstancias: ahora soy una variante mucho más poderosa, y vosotros no sois tan numerosos como en el pasado. Me da que ahora vuestras posibilidades son bastante menores…-dijo ChaosPiedmon, señalándole con una de sus espadas y riendo soberbiamente.
-Ya perdiste una vez, y en esta ocasión el resultado no va a ser distinto…, porque te vamos a derrotar…-dijo Yamato, que se acercó lentamente a su Digimon hasta quedar casi a la par que él.
Acto seguido, el Elegido de la Amistad lanzó a los pies del Octavo Señor Oscuro la daga del lobo, completamente guardada en su funda. ChaosPiedmon no pudo evitar echarle un rápido vistazo al objeto que a punto estuvo de destrozar la estabilidad mental de Yamato, para finalmente perderse de lleno observando al propio Yamato. La verdad es que el muchacho seguramente había tenido mejores días: lleno de heridas, algunas más profundas y visibles que otras, unas profundas ojeras en contraste con su pálida tez, la cara sucia debido a una extraña mezcla de sudor y sangre, y sus ropas algo dadas de sí debido a los zarandeos a los que le había sometido el Digimon arlequín. Aun con todo eso, por primera vez el Octavo Señor Oscuro sintió un escalofrío al mirar a Matt a los ojos, pues su mirada destilaba firmeza, determinación e implacabilidad, sumado a un imparable deseo de descuartizarle, como si estuviese presenciando a un segundo lobo frente a él. No obstante, fingió no amedrentarse, mostrando para ello una más que evidente mueca de enfado.
- ¡Eso ya lo veremos, sucias sabandijas! ¡LadyDevimon, atacad!
Acatando ciegamente las órdenes de su señor, las Digimon ángel caído se descolgaron del techo y descendieron en picado, directas a por Matt y MetalGarurumon. El señor de la zona conocida como el Circo de los Horrores no se quedó atrás, por lo que, espadas en mano, también procedió a abalanzarse contra Matt y Gabumon. Por puro instinto, la primera reacción de Yamato fue retroceder un par de pasos, pero MetalGarurumon no tenía pensado moverse ni un milímetro. Ganaría aquella mano sin dejarse achantar por la superioridad numérica.
- ¡Bombas de Congelación!
Con una velocidad mucho más que envidiable, numerosos compartimentos en todas las zonas de la armadura del Digimon lobo se abrieron al unísono, para acto seguido proyectar una gran cantidad de misíles congeladores. La fragmentación de dichos microataques no sólo provocó que los malhechores retrocediesen y se cubriesen ante la tormenta de cristales de hielo que se había generado con la ofensiva de MetalGarurumon, sino que además éste último aprovechó la distracción para girar sobre sus propios talones, hacer subir a Yamato a su lomo y correr a gran velocidad hacia el espejo del que había escapado. Los apresados parecían haber descubierto las intenciones del Digimon lobo, pero fue el propio MetalGarurumon el que les llamó la atención.
- ¡Cuidado! ¡Haceros a un lado!
La orden no tardó en ser acatada, y pasados unos segundos MetalGarurumon se lanzó contra el ya dañado espejo. Fue así como tras un estruendoso placaje el fino y pulido muro de cristal quedó derruido, pudiendo Matt reunirse con todos sus aliados, para finalmente optar por dar esquinazo a ChaosPiedmon durante unos instantes y finalmente atacarle todos juntos. Pese a haberse roto el espejo, para los Niños Elegidos aquel destrozo no supuso un aprisionamiento de por vida, tal y como se habían temido en más de una ocasión. Era más que todo eso: visto desde fuera, podía apreciarse una especie de portal interdimensional, lugar donde ellos se encontraban, con un marco de obsidiana.
MetalGarurumon había destruido la zona física del espejo, pero para nada había dañado la zona espiritual. Aun así, todo aquello escapaba al entendimiento de los Niños Elegidos, quedando más que claro que la zona en la que se encontraban se regía por sus propias leyes del espacio, la dimensión y el tiempo. Sin querer invertir un solo segundo más en descubrir ningún otro misterio, los rehenes en el espejo corrieron hacia el interior de la dimensión del mismo, dispuestos a encontrar la salida a toda aquella casa de locos, siendo seguidos en la retaguardia por Matt y MetalGarurumon. No obstante, la variación de Piedmon y sus lacayas no se lo iban a poner tan fácil.
- ¡Nadie escapa de mis dominios…! ¡Cartas Espada!
- ¡Melodía Mortal!
- ¡Aliento Congelante!
- ¡Aliento Congelante!
Fue así como todos los ataques chocaron entre sí, generando tal cantidad de energía que la zona en la que se encontraba se vio afectada por más de una sacudida durante escasos segundos. No obstante, la mayor duda que invadía tanto a MetalGarurumon como a ChaosPiedmon y sus secuaces fue la procedencia del segundo Aliento Congelante. Empero, la duda para ambos bandos quedó disipada al oírse un poderoso rugido justo detrás del pequeño ejército del Digimon arlequín. Hallábase en la distancia, con porte firme y orgulloso, la silueta de un BlackGarurumon de aspecto más bien futurista. Todo su cuerpo se hallaba cubierto de metal negro, a excepción de la parte inferior de su mandíbula y sus garras, más blancas que la nieve. Su armadura metálica se encontraba ornamentada con dos especies de espadas plateadas en la parte superior de su lomo, a modo de alas que desprendían una fuerte energía, haciéndolo capaz de volar. Además, una tercera espada plateada tomaba la forma de su cola. Por último, cabía destacar sus fríos e insensibles ojos de tonalidad amarillenta.
Yamato se quedó helado, tal y como su propio Digimon, ante la aparición de una versión oscura de MetalGarurumon en aquella sala, ¿acaso había perdido definitivamente el juicio? ¿O, por otra parte, su yo oscuro había conseguido desligarse de él,tomando de una vez por todas la forma física que tanto anhelaba, y consiguiendo lo mismo con MetalGarurumon para forma una versión oscura del Digimon?Ambas teorías eran demasiado locas, pero, de ser verdad, supondría la inestabilidad definitiva para el Elegido de la Amistad. Para su suerte, Matt descubrió un curioso detalle en la fisionomía del Digimon lobo negro del que no se había percatado: alrededor de su cuello colgaba lo que parecía ser un Emblema, tal y como el que él mismo llevaba, pero con la diferencia de una etiqueta morada en lugar de azul, así como un dibujo distinto, que parecía ser una espiral más grande unida a una más pequeña, como simbolizando la unión entre neuronas del cerebro.
Tal revelación provocó que el rubio abriese sus ojos a más no poder, pues aquel Emblema no era otro que el Emblema del Conocimiento, característico de su amigo y compañero Koushiro…, pero, ¿qué coño estaba pasando entonces? ¿Estaría Izzy con su grupo por allí? ¿O ése Digimon había conseguido derrotarlos a todos?Sinceramente, no entendía nada de nada. No obstante, sus pensamientos se vieron interrumpidos al escuchar de nuevo la estridente voz del Octavo Señor Oscuro.
-Vaya, vaya, vaya… ¡Pero si tenemos un nuevo invitado! ¡Y se trata de un Señor Oscuro, nada menos! No es que te necesitemos, pero nos serías de gran ayuda para deshacernos de esta basura…-dijo ChaosPiedmon, con una macabra sonrisa dibujada en su dual rostro.
-No vengo a ayudarte, ni tampoco vengo para destruirlos a ellos. He venido a matarte. Vosotros dos…-con un ladeo de su cabeza, BlackMetalGarurumon señaló a Yamato y a su Digimon. -… Marchaos. Yo me encargaré de ellos. -mencionó el Digimon lobo negro, sin mostrar ni un solo ápice de sentimiento en su voz.
-No sé qué es lo que estás haciendo aquí, ni tampoco me importa el hecho de que quieras acabar con uno de tus aliados. No obstante, tu decisión nos convierte temporalmente en aliados, y yo no pienso moverme de aquí sin luchar. -espetó el compañero Digimon de Yamato, al cual le echó un rápido vistazo antes de ponerse en posición de combate. - ¡Matt, huye junto a los demás! ¡No tardaré en alcanzaros…!
- ¿Estás de guasa? ¡No pienso marcharme sin ti…! –exclamó el muchacho rubio, intentando que su amigo entrase en razón.
- ¡Se acabó la cháchara! -gritó la variación de Piedmon, casi al borde la paciencia, no sin antes señalar a todos y cada uno de los presentes que osaron interponerse en sus planes. -Aliado o enemigo… ¡Os mataré a todos! ¡Cartas Espada!
- ¡Melodía Mortal!
- ¡Aliento Congelante!
- ¡Aliento Congelante!
- ¡Fuerza de Gea!
Ante semejante y poderosísima amalgama de ataques, los desperfectos no tardaron en hacerse presentes. Una desagradable combinación de polvo, tierra, cristales rotos y humo contaminó la ya desagradable atmósfera del lugar, pero lo peor de todo llegó con las violentas sacudidas en forma de terremotos y el posterior preludio a lo que parecía ser el derrumbamiento de la fortaleza de ChaosPiedmon. Aun así, lo que realmente llamó la atención de todos fue la aparición de un nuevo personaje al campo de combate. Rondaba entre los dos metros y los dos metros y medio de altura, y su armadura, con breves y ligeros detalles en un color amarillo chillón, era tan negra que hasta incluso relegaba a un segundo plano a la mismísima noche. Una fría máscara de acero con tres cuernos, dos laterales y uno frontal, cubría del todo su rostro, a excepción de sus ojos, de un frío y espeluznante color amarillo, tal y como su rubia melena cayendo grácilmente hasta casi la zona de sus hombros.
Empero, lo que más intimidaba de aquel ser eran las tres garras que empuñaba en cada uno de sus brazaletes, compuestas por una aleación peculiarmente extraña que conseguía acabar con la vida de todas las especies dragón. Irónicamente, su mejor arma de combate era de la que él mismo debía defenderse si quería conservar su vida. Pese a que había oído hablar de sus hazañas de la boca de Wizardmon, Yamato no pudo evitar sentirse brevemente paralizado por el miedo al reencontrarse con BlackWarGreymon, uno de los más duros rivales de los Niños Elegidos en el pasado por antonomasia.
- ¡BlackWarGreymon…! -exclamó el Elegido de la Amistad, resaltando lo obvio.
- ¿Se puede saber que hacéis aquí todavía? ¡Moved el culo y buscad una salida! Nosotros nos ocuparemos de ellos. -ordenó el Guardián, adoptando una clara pose de combate.
- ¿Nosotros? Puedes irte por dónde has venido. No necesito tu ayuda, ni la de ningún otro, para vencer a este grupo de payasos. -manifestó el lobo revestido de armadura negra, menospreciando por completo el apoyo brindado por el dragón de armadura negra.
-No te estaba pidiendo permiso, BlackMetalGarurumon. Esta vez, el mundo no gira a tu alrededor, pero si insistes en seguir con ese tema…, lo hablaremos más tarde…-finiquitó BlackWarGreymon la conversación, estableciendo acto seguido contacto visual con MetalGarurumon y asintiendo ambos al unisono.
- ¡Me estoy hartando de tanta palabrería…! ¡Cartas Espada!
- ¡Melodía Mortal!
- ¡Aliento Congelante!
- ¡Aliento Congelante!
- ¡Fuerza de Gea!
La titánica colisión de todos aquellos ataques derivó en una cegadora explosión con la que a Matt le lloraron los ojos. Durante escasos segundos, pudo observar como todos los llaveros-juguete que representaban a la Primera Generación de Niños Elegidos y sus Digimon fueron completamente desintegrados debido al poder liberado en la batalla. Yamato sintió un breve escalofrío recorriendo su cuerpo al pensar que así mismo es como acabarían todos si ChaosPiedmon se alzaba vencedor de toda aquella disputa. No obstante, procuró no pensar de nuevo en que tal acontecimiento llegase a suceder. Con los refuerzos recién llegados y el Emblema de la Amistad de su parte, tenían una oportunidad para salir de todo aquel embrollo con vida.
Por ende, y no dispuestos a convertirse en cenizas, los Niños Elegidos comenzaron a correr por las entrañas de aquella extraña dimensión dentro del espejo. El escenario era prácticamente idéntico al presente en un laberinto real, con la excepción de que las paredes parecían estar compuestas de cristal. Además, y por si no fuera poco, había que sumarle el factor seísmo al que los propios cimientos del lugar se estaban viendo sometidos. Efectos de lo más psicodélicos y vertiginosos provocaban a aquel grupo de héroes constantes mareos, sin pasar por alto el hecho de que una enorme tormenta de cristales y humo crecía cada vez más y más a sus espaldas, debido a que los combatientes del exterior se habían adentrado de lleno en el espejo, destruyéndolo todo a su paso en el fragor de la batalla.
Retroceder no era una opción sensata, algo que quedó más que claro cuando llegaron a lo que parecía ser el fin del camino que habían decidido tomar. Frente a los Niños Elegidos se manifestó un abismo que, debido a la característica transparencia del lugar, parecía no tener un fin establecido. No obstante, tras forzar la vista durante unos instantes, descubrieron el fondo del abismo, una especie de plataforma negra a modo de suelo, en la que se erigía lo que parecía ser un enorme espejo que mostraba en su reflejo un enorme portón entreabierto. Semejante e inesperada sorpresa no tardó en hacer mella en el pequeño grupo, atisbándose así un enorme rayo de esperanza y felicidad.
- ¡Mirad! ¡Allí está la salida! - exclamaron los hermanos Ai y Makoto al unísono, sin dejar de señalar el tan ansiado objetivo final.
-Estamos muy cerca, muy cerca…-murmuró Yamato, mordiéndose el labio inferior y, sin pensarlo dos veces, rodeó con uno de sus brazos a los dos hermanos, mientras que con el otro hizo lo mismo con Tommy. -Bien. Vamos allá…
-No estarás pensando en saltar al vacío, ¿verdad? ¿Acaso estás mal de la azotea? ¿Te piensas que soy Spider-Man o qué? -cuestionó Tommy, con un claro tono de desacuerdo y un más que posible miedo a la caída.
Por unos instantes, Matt giró la cabeza para encontrarse muy de cerca con MetalGarurumon que corría hacia su posición, pero que era constantemente frenado por los ataques enemigos. Durante unos breves segundos, el Digimon lobo metálico cruzó su mirada con la del rubio. Ambos asintieron, tal y como si sus mentes estuviesen sincronizadas, por lo que el Elegido de la Amistad volvió su mirada al frente, tomó aire y todo lo acontecido a partir de ese momento sucedió muy deprisa.
- ¡Ni se te ocurra! ¡Matt, te mato! ¡Matt, te mato! ¡Matt, te ma…!
Sin dudarlo un solo instante, Yamato saltó al vacío con los tres jóvenes a su cargo, siendo seguido por Wizardmon e Impmon. Asustados a más no poder ante lo que se vaticinaba como sus cuerpos convertidos en papilla debido al fuerte golpe tras la caída, Ai y Makoto no tuvieron más remedio que cerrar los ojos. Por otra parte, la reacción de Tommy estaba a otro nivel: gritaba a mas no poder, y su rostro había empalidecido, tal y como si hubiese visto un fantasma. A Matt le lloraban los ojos debido a la gran velocidad con la que descendían en aquella travesía suicida.
Sin embargo, MetalGarurumon apareció bajo ellos en un abrir y cerrar de ojos, consiguiendo así agarrarse todos y cada uno de ellos a su lomo o en algún elemento ornamental de su armadura. Pasados unos segundos de elegante y descendente vuelo, la forma Mega de Gabumon dejó a los muchachos en tierra firme, pero tuvo que apartarlos agresivamente de él para así desviar un ataque lanzado por ChaosPiedmon, que seguía muy de cerca, junto a sus esbirras, a BlackWarGreymon y BlackMetalGarurumon, aliados imprevistos de los Niños Elegidos en aquella contienda.
- ¿Qué hacéis todavía aquí? ¡Salid de aquí…, YA! - exclamó MetalGarurumon, interponiéndose entre el espejo y todo aquel que osase acercarse a éste.
Sin pensarlo dos veces, todos y cada uno de ellos fueron atravesando el espejo a la velocidad de la luz. Wizardmon fue el primero de ellos, con el fin de garantizar una mayor seguridad a los muchachos por si les atacaba algún Digimon rival en el exterior. Le siguieron después los dos hermanos e Impmon, continuando por Tommy y finalmente por Yamato. Atrapados todavía en aquel trocito de macabro infierno, MetalGarurumon presenció cómo su versión oscura y BlackWarGreymon se interponían entre sus enemigos y él. Fue BlackMetalGarurumon el que se volteó con el fin de establecer contacto visual.
-Será mejor que abandones este sitio cuanto antes. Nosotros dos les distraeremos, y os haremos ganar algo de tiempo. –sentenció el lobo de armadura negra, totalmente firme en su decisión.
BlackWarGreymon ni tan siquiera se movió, demostrando que no se iría de allí sin llevarse a nadie por delante. Viendo que sería totalmente incapaz de convencer a aquel dúo, MetalGarurumon atravesó el umbral con la finalidad de unirse a los suyos en el escape del desesperante Circo de los Horrores. Por otra parte, todavía en el otro lado de la realidad, ChaosPiedmon reía a pleno pulmón mientras aferraba con ansia sus cuatro espadas, como si en el fondo buscase intimidar a los dos Digimon de negro.
- ¡Oh, es cierto! ¡Lo había olvidado! Vosotros dos sois nuevos aquí, así que no conocéis la regla de esta particular dimensión. Con sumo gusto, os la diré…- ambos Digimon oscuros se miraron de reojo, mostrando la completa indiferencia, casi aburrimiento, que procesaban hacia el Octavo Señor Oscuro. -Veréis…, la gracia de esta dimensión reside en la capacidad limitada de vidas a las que permite escapar de su interior. El mismo número de personas que entran en un comienzo son las que únicamente podrán salir, independientemente de si son los mismos individuos o de todos aquellos que se adentren en su interior entre medias. –explicó la variación de Piedmon, encontrando aquella creación más que fascinante.
-Apropiado para una mente enferma y retorcida como la tuya…- musitó BlackWarGreymon, sintiendo más que repulsión hacia el cabecilla de los extintos Amos Oscuros.
- ¡Pero eso no es todo! ¿Sabéis que sólo ocho almas son las que podrán abandonar esta dimensión? El resto de ellas serán convertidas en datos, destruidas por la propia dimensión por toda la eternidad. Y lo mejor de todo es que… ¡Son siete las formas de vida que ya han salido de aquí…!
-Lo que significa que sólo uno de nosotros seis podrá salir de aquí…- murmuró BlackMetalGarurumon.
-Y el resto morirá irremediablemente aquí dentro…-continuó BlackWarGreymon, finalizando la frase que había comenzado su compañero.
- ¡Exacto! Y os daré un adelanto… ¡Seré yo el único que conseguirá salir de aquí! ¡Y al fin me cobraré mi venganza contra los Niños Elegidos…!
Muy dispuesto a todo, ChaosPiedmon se puso en posición de combate, tal y como sus secuaces, las cuales, pese a las nulas intenciones de su señor por salvarlas, parecían estar más que dispuestas a morir por su causa. Sin embargo, los dos Digimon revestidos de armadura negra no movieron ni un solo músculo, limitándose a mirarse mutuamente por el rabillo del ojo. Realmente parecía como si se estuviesen leyendo la mente el uno al otro. Tras unos segundos de silencio sepulcral, fue la variante oscura de WarGreymon el que retomó la conversación.
-Me estás queriendo decir que…, cualquiera ser que entrase ahora mismo en esta dimensión, fuese cual fuese su identidad o forma, se salvaría por el hecho de haber salido antes que nosotros...
-¡Exactamente! Retorcido, ¿no creéis…?- farfulló el arlequín vestido de negro, regocijándose junto a sus esbirras por tal enfermiza creación.
-¿Incluso si ese alguien surgiese de forma totalmente espontánea aquí dentro…? ¿Podría aún así escaparse si cruzase el umbral antes que cualquiera de nosotros…?
-¡En efecto, amigo mío! Semejante carencia de restricciones es lo que realmente hace tan hermosa a esta dimensión: un simple número es lo único que hay por norma. Da igual si eres inocente o culpable, justo o pecador… ¡Si pierdes tu oportunidad, la Dimensión te tragará…!
Por enésima vez, los villanos de turno rieron entre dientes con la sencilla intención de intimidar a sus dos más nuevos y non gratos invitados. No obstante, lo que tanto ChaosPiedmon como las LadyDevimon no se esperaban fue que los dos Digimon revestidos con armaduras negras comenzaran a reír también, algo que les pilló totalmente de imprevisto. Crispado ante tal seguridad y exceso de confianza, el Digimon payaso estalló por completo.
-¿Se puede saber que os hace tanta gracia, gusanos? ¡Estáis en un serio apuro! No deberíais tomaros el tema tan a la ligera. -comentó el Octavo Señor Oscuro, señalando de forma intermitente a cada uno de ellos con una de sus espadas.
-Aquí el único que ha perdido…
-¡Eres tú…!
Totalmente sincronizados, BlackWarGreymon y BlackMetalGarurumon se vieron envueltos por una intensa luz negra que privó momentáneamente a todos los aún presentes en el interior del espejo del sentido de la vista. Frente a ChaosPiedmon y los suyos se había originado una esfera azabache, irradiante de haces de luz de la misma tonalidad y, acto seguido, como si tratase de un finísimo cristal que podía romperse con tan sólo mirarlo, el orbe se fue disolviendo hasta mostrar a un único individuo que descubrió su rostro, hasta entonces totalmente oculto por una capa negra. El nuevo ser, de apariencia caballeresca y sagrada, se encontraba revestido con una armadura negra en su totalidad, resaltándose sus ojos y el Emblema del Valor grabado en su hombrera izquierda gracias a un brillante tono amarillento. No era sensato obviar el hecho de que poseía un enorme brazalete con la forma de la cabeza de BlackMetalGarurumon en su antebrazo derecho, estando el izquierdo recubierto por un gran brazalete con la forma de la testa de BlackWarGreymon.
Sin mediar palabra, el Digimon conocido como Omnimon Zwart extendió al máximo sendos brazos, dando a conocer sus más mortíferas armas: un enorme cañón negro, surgido del interior del brazalete de BlackMetalGarurmon, y una espada con caracteres amarillos en lenguaje rúnico digital, originada a través del brazalete de BlackWarGreymon. Un poderosísimo haz de energía fue expulsado del cañón negro, mientras que un segundo ataque en forma de enorme tajo se dibujó al blandir su pesada espada. Su objetivo no era otro que aquel cuarteto de malvados Digimon que luchaban a favor de la Oscuridad, aunque su intención no fuese la de acabar con ellos.
En escasas décimas de segundo, ChaosPiedmon y sus secuaces esquivaron los ataques del Digimon Caballero Negro, los cuales levantaron una abundante y rápida cortina de humo. No obstante, lo que ellos no sabían era que Omnimon Zwart buscaba precisamente eso: levantar una cortina de humo, tanto literal como figuradamente hablando. Cuando el humo comenzó a disiparse, los ojos de ChaosPiedmon se abrieron de par en par al presenciar como la unión de BlackWarGreymon y BlackMetalGarurumon comenzó a levitar sobre su propio eje, atravesando poco a poco el umbral que los Niños Elegidos habían atravesado con anterioridad. En ningún momento había buscado acabar con ellos, sino realizar una maniobra de evasión. Por primera vez en todo aquel paraje conocido como el Circo de los Horrores, la expresión de ChaosPiedmon se tornó en una de puro miedo.
-¡NOOOOOOO!
Desesperadamente, la variación de Piedmon comenzó a correr hacia el portal con la intención de aferrarse al caballero de negra armadura y forzarle a quedarse en la dimensión del espejo, para así suplantar su presencia en la verdadera realidad del Mundo Digital y poder capturar de una buena vez a sus escurridizas presas. Por mucho empeño que le puso, su objetivo se vio truncado al cruzar la variante oscura de Omnimon el portal, viendo éste mismo desde el otro lado como el umbral cruzado se convertía frente a sus narices en un espejo. Atrapados desde el otro extremo, ChaosPiedmon y las LadyDevimon aporreaban la superficie sólida y pulida que separaba ambas realidades. No obstante, en sus rostros quedaron dibujadas unas profundas muestras de auténtico terror al vislumbrar como Omnimon Zwart levantaba su brazo izquierdo muy por encima de su cabeza, el cual era el que portaba la espada.
-¡NOOOOO! ¡OTRA VEZ NO!-gritó aterrorizado el ex líder de los ya extintos Amos Oscuros.
Un golpe rápido y conciso de tan enorme arma blanca bastó para destruir el espejo en numerosos trozos de distintos tamaños y formas. No llegaron a permanecer ni tan siquiera cinco segundos en el suelo, evaporándose tras condenar al Octavo Señor Oscuro y los suyos al eterno olvido. Asimismo, y tal como si se hubiese pulsado el botón que pone en marcha una cadena de montaje, la parcela de tierra conocida como el Circo de los Horrores comenzó a moverse sobre el agua. No muy lejos de un Omnimon Zwart que huía del palacio en proceso de derrumbamiento del recientemente fallecido ChaosPiedmon, los Niños Elegidos se vieron acechados por la violenta sacudida que supuso aquel inesperado y progresivamente acelerado movimiento de la tierra, cayendo algunos al suelo por ello. Aquello parecía movido por enormes engranajes o imanes. Frente a ellos surgió la figura del Omnimon negro, suscitando aún más confusión para los allí presentes, a excepción de Matt y Gabumon, puesto que ya conocían quién era ese ser, o, mejor dicho, quiénes componían a aquel ser. Como si hubiese leído la mente del rubio, la variante oscura de Omnimon se vio envuelta de arriba abajo por una brillante luz negra que se desdobló en las dos criaturas que todos conocían.
-¡Esto debe ser lo que nos explicó el Señor Gennai! ¡Estamos regresando a la Isla File! -comentó entre gritos el Representante de los Espíritus del Hielo, ya que la exagerada velocidad a la que se movía la tierra y el ruido que generaba obligaban a ello.
-¡Agarraros a lo que podáis hasta que lleguemos! ¡Ya ha pasado lo peor…!-exclamó Yamato, intentando transmitir un poco de tranquilidad a sus compañeros y aliados.
-Estás muy equivocado, guaperas… ¡Lo peor está todavía por llegar!
De la nada, una voz distante con un claro tono distorsionado alertó a aquella pequeña porción de Niños Elegidos, los cuales no tardaron en descubrir al misterioso portavoz de tan perturbadoras palabras. Como si fuese una especie de mago o ilusionista, hallábase en pleno cielo la imponente figura de un hombre bastante alto a simple vista, probablemente incluso anduviese cerca del metro noventa de estatura. A su vera, una segunda presencia en forma de Digimon, muy parecido a BlackWarGreymon, permanecía completamente inmóvil también. Poco a poco, tanto humano como monstruo digital descendieron hasta ubicarse en aquella tierra anormalmente veloz y en pleno movimiento, aunque a ellos dos aquello pareciese no afectarles en lo más mínimo.
Del Digimon era obvio que lo más destacable era su fisionomía, claramente correspondiente a la de un BlackWarGreymon, tal vez algo más grande de lo habitual, y de melena y detalles rojizos en lugar de amarillentos. No obstante, parecía estar sumido en la ruina, ya toda su armadura se encontraba destrozada prácticamente en su totalidad, a excepción de su pechera y la parte frontal de su casco. Por último, aunque no por ello menos insignificante, cabía resaltar que una estremecedora aura de tonalidades rojas y negras cubría de arriba abajo su cuerpo, como si este mismo fuese un recipiente de pura energía a punto de estallar por tanto poder. De hecho, tal cantidad de poder latente se pudo apreciar en unas fisuras rojizas y palpitantes que se estaban originado en su negra piel, amenazando con explosionar en cualquier momento ante el hecho de tan solamente existir.
En segunda instancia, la estética del supuesto humano que acompañaba al BlackWarGreymon apocalíptico también era muy digna de estudio. Tal y como pudieron conjeturar en un primer vistazo, efectivamente era muy alto, además de pálido. De fina barba y pelo engominado hacia atrás, cubría su cara con lo que antaño pudo haber sido una máscara oval, totalmente deteriorada con el paso del tiempo hasta convertirse en una especie de antifaz que parecía estar a punto de romperse. Dicho complemento no escondía en absoluto sus ojos, rojizos y de pupilas finas y verticales.
Estudiándolo con mayor exigencia, los Niños Elegidos y sus aliados pudieron apreciar que aquel individuo se encontraba desnudo de cintura para arriba, mostrando un cuerpo atlético y bien definido, con numerosos tatuajes tribales y una peculiar cicatriz vertical en su abdomen, como si antaño le hubiesen atravesado con el filo de una enorme espada. Debía ser una especie de motero, dedujeron por las pocas indumentarias que llevaba de cintura hacia abajo. Todo aquello, sumándole la presencia de un Digivice como el de Yamato, pero totalmente negro, en su cinturón, llevó al Elegido de la Amistad a un nuevo nivel de alerta. Por otra parte, BlackWarGeymon y BlackMetalGarurumon no se sorprendieron ante la presencia de aquel ser y su Digimon, pero no por eso bajaron la guardia. Para ellos no eran dos simples desconocidos.
- ¡Vosotros otra vez!- exclamó el Digimon dragón, haciendo gala de sus Mata Dramons, como si buscase asustar a los recién llegados.
-¿Otra vez? ¿De qué los conocéis? -preguntó el rubio, sorprendido ante tan inesperado giro en los acontecimientos.
-Estos dos desgraciados son El Cazador de Datos y W-BlackWarGreymon. Buscan destruir los Emblemas para así absorber el poder que emana de ellos, y convertirse de tal forma en el único y genuino poder del mismísimo Mundo Digital. - explicó la versión corrupta de MetalGarurumon, sin ocultar lo más mínimo el desprecio que sentía ante el par de recién llegados.
-Y ser así los amos y señores de este patético mundo. El Alfa y el Omega. La Luz y la Oscuridad. La Vida..., y la Muerte. Tan sólo un puñado de miserables y tres de los nueve Emblemas son los que nos separan de tremenda hazaña. - comentó el Cazador, apretando el puño derecho en señal de una sutil amenaza a sus enemigos.
- ¿Sólo tres Emblemas? ¿Cómo has sido capaz de destruir los otros seis? Eres un Niño Elegido, como nosotros. No sé cómo tan siquiera te has atrevido a cometer tan horrible acto... ¡Y todo para conseguir un poder que claramente te destruirá...! - contrarrestó el Elegido de la Amistad, dando un paso al frente indignado.
- No estáis en condiciones de exigir una explicación, ni tan siquiera la merecéis. No obstante, he de advertiros que entre todos los Niños Elegidos habéis conseguido terminar con mi paciencia. De modo..., que seré breve y conciso: entregadme ahora mismo los dos Emblemas que poseéis, y prometo que seré magnánimo con vosotros. Algo que no será así si oponéis resistencia... - tal y como si le hubiesen leído la mente, los Niños Elegidos y sus Digimon adoptaron claras poses de ataque. Suspiró, pero de forma totalmente cómica y grotesca. -No aprenderéis nunca, ¿verdad...?
Tras una breve y seca risa, y dibujando tras de sí una torcida y malvada sonrisa, el cuerpo del Cazador comenzó a desprender un aura rojiza, siendo emulado por su Digimon, el denominado W-BlackWarGreymon. Sin previo aviso, sendas auras se tornaron en una manifestación del poder de ambos, creando así una poderosísima ráfaga de aire, teñida de colores rojizos y negros, como si aquello se tratase de una pequeña e insignificante demostración. Por su parte, Yamato y los demás se cubrieron los rostros como pudieron, anonadados ante el poder que un simple humano, si era posible denominarle así, poseía. Comprendiendo que aquellos dos invasores eran huesos duros de roer, los Digimon liderados por MetalGarurumon y Tommy se agruparon tras disiparse las furiosas ráfagas de aire y comenzaron así el ataque.
- ¡Wizardmon WarpDigievoluciona en...!
- ¡Impmon WarpDigievoluciona en...!
-¡BeastDigiSpirit,Digievolución!
Anunciandose así una triple metamorfosis, los dos monstruos digitales y el joven humano dieron paso a sus mejores versiones como guerreros. El primero de ellos se caracterizaba por ser un Digimon enorme, tanto de alto como de ancho, revestido con una brillante armadura blanca, decorada con numerosos detalles dorados en pies, rodillas, muñecas y hombros, y que parecían guardar relación con los dragones. Cabía resaltar sus alas, grandes y finas, de un fuerte color violeta, y que su rostro se hallaba prácticamente cubierto en su totalidad por un casco blanco con detalles dorados, así como sus dos cuernos, como los de un toro.
Del segundo guerrero se podía apreciar que distaba mucho de parecerse a su antecesor en la línea evolutiva: era un Digimon demonio muy alto y de cabellera rubia, ataviado en ropajes de motero y un pañuelo rojizo atado a su brazo izquierdo. Como si viviese en un Carnaval perpetuo, su rostro estaba parcialmente cubierto por una especie de máscara oval oscura, parecida a la que en su día seguramente tuvo el Cazador, pero con tres muecas en la parte superior de la misma que mostraban sus tres ojos, de color verde esmeralda. Para más inri, portaba lo que parecía ser un potente cañón láser en su brazo derecho, y todo ello sin pasar por alto sus dos pares de alas negras emplumadas en su espalda, siendo las superiores mucho más grandes que las inferiores.
Finalmente, la joven y frágil figura de Tommy fue sustituida por la de un Digimon que, en primera instancia, guardaba un parecido extraordinario con un enorme oso antropomorfizado de pelaje blanco, ojos oscuros, piel amarronada y enormes manos y pies. Dos protuberancias marrones y curvas con forma de cuernos residían en su frente, además de llevar un extraño peinado compuesto por seis arpones a modo de rastas que descendían por su espalda. Como si se tratase de un guerrero vikingo, cubría sus muñecas con duros brazaletes de hierro, sin obviar el hecho de que en cada mano portaba una enorme hacha, siendo dichas armas lo suficientemente motivadoras para sumergirle de lleno en el fragor de una batalla.
-¡ … Dynasmon!
-¡ ...Beelzemon Modo Ráfaga!
-¡ ...Korikakumon!
Fue así como los tres Digimon, imponentes cada uno en sus respectivas versiones, se arrejuntaron con los dos lobos metálicos y la variante oscura de WarGreymon. En cuestión de décimas de segundo, analizaron a sus rivales y atacaron en grupos de tres, pasando por alto la falta de ética y honor que suponía el atacar a un rival que se encontraba en desventaja numérica. Aquello era un acto más propio de seres débiles, viles y miserables que abusaban de seres aún más débiles pero indefensos, sintiéndose por ende poderosos sólo por su superioridad en número. No obstante, aquella se trataba de una excepción bastante justificada, pues los enemigos no eran seres ordinarios, sino más bien individuos con una gran devoción por la destrucción y total falta de moral.
Ante el despliegue y el posterior abalanzamiento de media docena de enemigos sobre sus fisionomías, el Cazador de Datos y su Digimon rieron por lo bajo, para acto seguido tensar sus cuerpos, tal y como si estuviesen canalizando todo el poder latente en los mismos. Tales acciones derivaron en la formación de la misma aura rojiza que envolvió anteriormente sus cuerpos, mas esta vez sendos individuos hicieron gala de una velocidad que, si bien no se equiparaba a la de la luz, poco le faltaba. En menos de lo que duraba un pestañeo, el humano agarró por el cuello a MetalGarurumon con su mano derecha, además de aprisionar a Beelzemon de igual forma con su mano izquierda y comprobando la fuerza de su bota al pisar la cabeza de Korikakumon. Emulando a su compañero humano, W-BlackWarGreymon guardaba la misma pose, haciendo sufrir así a los dos Digimon de negro y a Dynasmon. Matt y los gemelos no podían creer lo que estaban viendo, o más bien no querían creerlo. Aquella instantánea bien podía asemejarse a la de un ejército que diezmaba por completo al ejército rival, y no contento con haber ganado la guerra, procedía a doblegarlo hasta alcanzar el clímax de lo que se convertiría en una muerte violenta, sangrienta y dolorosa. Aquellos dos bastardos estaban disfrutando de lo lindo ante la humillación y el dolor de sus amigos, tratándolos como si fuesen basura.
Reafirmando aún más su brutalidad y sadismo, el Cazador procedió a golpear las cabezas de MetalGarurumon y Beelzemon la una contra la otra, mientras que a Korikakumon le propinó una fortísima patada que lo mandó a volar bien lejos, para finalmente ver frenado su avance gracias a uno de los árboles de la zona. W-BlackWarGreymon, por su parte, se contentó ejerciendo fuerza con su rodilla sobre la espalda de Dynasmon, mientras que estampaba a BlackWarGreymon y a BlackMetalGarurumon, tal y como si fuesen dos baquetas destinadas a aporrear una batería, en este caso el suelo, para así deleitarse con el sonido de la música, representado en esta situación como el sonido metálico de las armaduras deformándose y agrietándose, acompasado todo ello con los gruñidos y gemidos de dolor de los dos Digimon.
Hartos de que las moscas que se hacían llamar sus enemigos no durasen ni medio asalto ante sus nuevos poderes, el no tan humano soltó a MetalGarurumon y a Beelzemon para simplemente dejarlos tirados en el suelo, mientras que la variante oscura de BlackWarGreymon hizo una especie de barrido a modo de patada-remolino con la que desperdigó a sus tres presas por el campo de batalla. En la distancia, Yamato aprovechó que el Cazador no se encontraba en acción para presenciar un par de detalles sobre tan siniestro personaje: respiraba fuertemente, y a un ritmo preocupantemente rápido, casi como si su corazón amenazase con salírsele por la boca. Además, toda la carne visible de su cuerpo parecía estar agrietándose, emanando de dichas grietas pequeños destellos de energía, de una tonalidad rojo sangre. Y no sólo era cosa de la fisionomía del Cazador, pues W-BlackWarGreymon padecía los mismos síntomas. Era evidente que el poder de los Emblemas era demasiado como para albergarse en un par de cuerpos limitados y totalmente perecederos, y tales ambiciones y falta de humanidad serían las que condenarían al Mundo Digital y a todo habitante en el mismo.
Como si supiese que se estaba pensando en él, el Cazador de datos dirigió su mirada hasta encontrarse con la del Elegido de la Amistad, al cual le dedicó una amplia sonrisa con la que mostró su dentadura, poseedora de unos desarrolladísimos colmillos, o al menos para un humano ordinario, asemejándose gracias a tal detalle a un vampiro o un monstruo. Con andares no excesivamente rápidos, mas no por ello para nada inseguros, el destructor de Emblemas comenzó a recortar distancias con el rubio. Ante la intimidante figura de casi dos metros de altura acercándose hasta su posición, y más aun observándoles con aquellos ojos, rojizos y de pupilas verticales como los de un reptil, el instinto de supervivencia de Yamato le instó a aferrar un palo cercano y empuñarlo como arma improvisada, para así no sólo defenderse él mismo, sino también para defender a los gemelos Ai y Makoto de aquel desaprehensivo ser.
No obstante, y todo ello sin detenerse para nada en seco, el Cazador fue más rápido que Matt, y con un veloz movimiento mostró por primera vez al público una de sus pequeñas escopetas de plasma, la cual no dudó en empuñar y acto seguido disparar, acertando así de lleno en el reciente utensilio que el Elegido de la Amistad acababa de asir, por lo que el palo quedó completamente reducido a astillas. Fue así como ambos, el humano y el dudosamente humano, quedaron a unos escasos cinco metros de distancia. De manera instintiva y como hermano mayor, Yamato protegió a los dos hermanos, muertos de miedo tras la espalda de su líder de expedición. Empero, la presencia de menores no consiguió apiadar ni un apice al Cazador.
- Fin de la partida, guaperas. Muere defendiendo tu Emblema.
Todo sucedió en menos de lo que dura una exhalación. Ante el panorama que supondría una munición de plasma destrozando el Emblema de la Amistad que colgaba de su cuello, para que posteriormente penetrase en su piel y matarlo en el acto, el primer acto reflejo de Yamato fue cerrar fuertemente los ojos, esperando así irremediablemente el llamado de la muerte. No obstante, juró presenciar cuando ya tenía los ojos medio cerrados como una enorme y brillante mancha negra se interpuso entre el fogonazo de plasma y él. Un escalofriante silencio dominó la atmósfera, pero aún sentía su cuerpo, sin ningún tipo de herida o anomalía. Por lo tanto, pero no por ello con menos miedo, decidió abrir los ojos, hallando frente a él algo que le acongojó por completo, dejándolo sin habla.
Totalmente erguido pero tembloroso sobre sus cuatro patas, la variante oscura de MetalGarurumon se desplomó lenta y dolorosamente contra el suelo. Yaciendo el Digimon sobre el pavimento, un colgante de color dorado con una etiqueta de color morado al cual había alcanzado el disparo acompañó a su dueño, siendo más que evidente que estaba en los últimos instantes y suspiros de su vida, pese a no haber recibido ningún impacto de la escopeta rival. Con un nudo en el estómago ante la crudeza de aquella escena, Yamato se arrodilló para socorrer a BlackMetalGarurumon, aunque a aquellas alturas tan noble acto ya era del todo inútil. Por el rabillo del ojo, Yamato pudo apreciar como MetalGarurumon y BlackWarGreymon acudieron raudos y veloces a la vera del Digimon lobo negro, como queriendo brindarle compañía. Tristemente, BlackWarGreymon ya conocía como iba a acabar aquella historia, pero fue el Cazador el que se encargó de explicárselo a Yamato y los demás, sin intención de ocultar su sucia y vil alegría ante el sufrimiento de otro ser vivo que a punto estaba de morir.
- Seguro que tus amiguitos de la Isla File no te lo comentaron, pero existen dos formas de destruir a un Señor Oscuro: o destruyes su cuerpo, o destruyes el Emblema que custodia con su vida, literalmente hablando. No suelo frecuentar este segundo método, pero he de reconocer que me resulta más placentero, puesto que así puedo verlos morir lentamente mientras se retuercen de dolor...-dijo el Cazador, no sin dejar de mostrar su aterradora sonrisa, derivando ésta en una fría risa entre dientes.
- ¡Monstruo...! - exclamó BlackWarGreymon, con un profundo deje de enfado y dolor a partes iguales.
- Hijo de puta... ¡Hijos de puta! ¡Los dos! Os juro por lo más sagrado que os mataré... - les amenazó el Elegido de la Amistad, con un tono de voz muy impropio en él, y que incluso a él mismo le estaba asustando.
- Ahorraros..., los comentarios...- susurró débilmente el lobo revestido de armadura negra, al cual todos callaron para escucharle mejor, ya que su voz poco a poco se estaba apagando. - Confío en que, entre todos..., conseguiréis vencer a estas dos marionetas del poder..., y así..., estar a un paso más cerca de salvar a este mundo. Un mundo al que..., errónea y ciegamente, contribuí en su destrucción...- reprimiendo como pudo el dolor, redireccionó su mirada hasta cruzarse única y exclusivamente con la del dragón negro, al cual poco le faltaba para dejar de reprimir las lágrimas. - BlackWarGreymon..., quiero darte las gracias. Gracias a ti, he comprendido que todo el mundo..., incluso alguien como yo, nacido y creado de la oscuridad, una máquina de guerra con clara fecha de sentencia..., tiene un propósito en la vida..., y no sólo el que te imponen o te hacen creer. Me enseñaste a pensar por mí mismo, me hiciste luchar contra la Ignorancia que portaba como Emblema..., y eso es algo por lo que siempre estaré en deuda contigo. Hubiese deseado que nuestra amistad se hubiese desarrollado en otras circunstancias..., pero me temo que ya es demasiado tarde para lamentarse por eso. Sólo recuerda..., que el amigo muere..., pero no la amistad. BlackWarGreymon..., gracias..., gracias por todo..., amigo...
- Muérete de una puta vez.
De nuevo, un disparo procedente de una segunda escopeta de plasma enmudeció el lugar, alcanzando el cuerpo del moribundo BlackMetalGarurumon, privándole así de su última conversación en vida. Aun así, eso no fue todo por parte del humano armado, ya que como si de un forajido del Salvaje Oeste se tratara, efectuó un par de disparos más. Uno de ellos arremetió contra el destrozado Emblema del Conocimiento que BlackMetalGarurumon había defendido con su vida, mientras que el otro acertó de lleno contra el Emblema de la Amistad, el cual quedó destrozado al estar claramente expuesto, pendiendo del cuello de un Yamato que había permanecido arrodillado como silencioso acompañante ante los últimos momentos del noble lobo negro.
Tras la destrucción de los dos Emblemas, la tierra sobre la que se encontraban comenzó a desplazarme infinitamente más rápido que antes, y el cuerpo de BlackMetalGarurumon se desfragmentó en diminutos datos de color negro que ascendieron a los cielos, lejos del campo de batalla, lejos de todo dolor y sufrimiento. Acto seguido, dos enormes ráfagas de luz, una de colores azulados y la otra de colores morados, impactaron contra los cuerpos del Cazador de Datos y W-BlackWarGreymon, absorbiendo estos los poderes de sendos Emblemas destruidos. Presenciando como aquellos dos tipejos se llenaban con el poder de los Emblemas y se veían envueltos por sus luces, los Niños Elegidos no pudieron evitar sentir el fracaso aupándose sobre sus hombros, como si fuese una carga con la que se les iba a castigar por el resto de sus vidas.
Una vez que ambos seres oscuros vieron saciada su sed de poder, no pudieron evitar la convulsión en sus cuerpos durante unos segundos, pues tras absorber dos nuevos Emblemas, la fuente de energía en sus cuerpos era tal que incluso ellos mismos deberían cuestionarse porqué siguen poseyendo un cuerpo, cuerpos que a ese paso estaban avocados a su propia destrucción. Sin poder ni querer evitarlo, el Cazador apretó ambos puños sin dejar de reírse, apreciando los allí presentes que su voz se había vuelto muchísimo más distorsionada, grave y aterradora, como si se hubiese evolucionado hasta convertirse en la voz del mismísimo Rey del Infierno.
- ¡Qué poder...! ¡Poder absoluto! ¡Qué bien sienta! - exclamó el Cazador, mostrando un perturbador tono de excitación en su voz.
- ¡Monstruo...! ¡Vas a pagar por todo lo que has hecho!
Completamente fuera de sí, BlackWarGreymon emprendió el vuelo hacia el asesino de BlackMetalGarurumon con la finalidad de acabar con su existencia al perforar su cuerpo con las Mata Dramons de su armadura. No obstante, aquello quedó en una mera y noble intención, pues al Cazador le bastó con extender su brazo y, con la palma abierta, paró en seco el avance del Digimon y lo mandó a volar bien lejos, como si poseyese una especie de poderes psíquicos recién adquiridos. Ante tal gala de aterrador y desbordante poder, el Cazador no hizo intención de ocultar su alegría, riendo despóticamente y casi totalmente audible en cada recoveco del Mundo Digital.
- ¡Es inútil! No sois más que unas miserables y molestas moscas... ¡Todos moriréis en este mundo sumido en el caos...!
Raudo y veloz, o al menos eso pensó él, el Elegido de la Amistad se abalanzó contra el Cazador con el objetivo de atestarle un puñetazo en la cara. Sin ninguna clase de temor ante el acto de agresión del rubio, el compañero humano de W-BlackWarGreymon ni tan siquiera optó por defenderse, sino más bien se quedó estático y sin borrar su villanesca sonrisa de la cara, como si quisiese resaltar una vez más su superioridad. Las hostilidades no se hicieron de rogar, siendo así como el puño cerrado de Yamato alcanzó la cara del Cazador, cubierta ésta con lo que otrora fue una máscara oval. Algo similar a un antifaz era lo que quedaba de aquel accesorio propio de un disfraz, dado el sumo y continuo desgate al que parecía haber estado expuesto. No obstante, y tras un sonido similar de un cristal fracturándose, dicho antifaz no soportó el golpe de Matt y, partiéndose en dos, sendos fragmentos cayeron al suelo, revelando íntegramente el rostro de aquel humano tan perturbador.
El resultado heló por completo la sangre de Yamato, siendo incapaz de poder creer a quién estaba viendo frente a él, pese a que las evidencias eran bastante esclarecedoras. El corte de la cara, una altura algo adulterada..., y el cabello, de la misma tonalidad, únicamente que parecía engominado hacia atrás, aunque si bien aquello también pudo deberse a la presión de la ya extinta máscara cubriendo su rostro. No obstante, y tal y como si le hubiese leído la mente, el Cazador se removió la engominada cabellera, revelándose con tal acción su cabellera original, una mata de pelo mucho más erizada y abundante, similar a la de un personaje de algún anime. Pese a las levísimas diferencias, el mazazo siguió siendo igual o más brutal para Matt: con aquellos reptilianos y rojizos ojos, sumados a una dentadura que parecía querer emular a un vampiro, tenía frente a él a una monstruosa versión de su mejor amigo, Taichi Yagami.
- Tai... ¡Tai...! No..., no puede ser verdad...
Sin previo aviso y sonriente de oreja a oreja, el deshumanizado Taichi le propinó un fortísimo puñetazo a Yamato en plena cara, acto que no solo le hizo sangrar del labio inferior, sino que también le hizo caer de culo gracias a la fuerza ejercida de su agresor. Aquella situación se le hubiese antojado nostálgica, pues en cierta parte el rubio consiguió retrotraerse al pasado, en aquellos cientos en los que Tai y él resolvían las cosas a puro golpe, únicamente movidos por la ira y la impulsividad, tal y como los dos estúpidos críos que antaño fueron. No obstante, aquel hombre frente a él ya no era ese niño de once años. Ni tan siquiera parecía quedar nada de él, no. Tenía frente a él a un monstruo, probablemente al más peligroso con el que jamás tuvo que lidiar. Fueron los gemelos quienes le ayudaron a ponerse en pie, temerosos ambos de que el ya no tan anónimo Cazador les pudiese hacer algo. Empero, suspiraron en cierta parte al ver como su enemigo se desvanecía poco a poco en lo que parecía ser polvo, un polvo que al propagarse por el aire arrojaba adquiría una tonalidad rojiza muy bella. Y fue así como, al desvanecerse su cuerpo de cintura para abajo, el Cazador retomó la palabra.
- El final del camino hará honor a vuestro destino. Los perseguidos se convertirán en perseguidores en esta cruzada, pero será el ejecutor único el que riegue con la sangre de los caídos las praderas del Nuevo Mundo.
Tras aquellas confusas palabras, el Cazador terminó por desaparecer del todo, siendo W-BlackWarGreymon el único enemigo presente en aquel islote que avanzaba por el océano a velocidades de vértigo. No obstante, el Digimon decidió emular de cierta forma a su compañero humano, solo que la finalidad no pareció ser la misma: en vez de convertirse en polvo, la forma corrupta de BlackWarGreymon comenzó a cargar toda su fuera en su interior y, como si no quisiese reprimirla en dicho lugar, la expulsó de su cuerpo a modo de un ataque con forma de ráfaga de aire bastante luminosa. Durante unos escasos segundos, lo que antaño fue conocido como el Circo de los Horrores se tiñó completamente de rojo, siendo aquella táctica la caída del telón perfecta para el Digimon del Cazador. Cuando la luz rojiza cesó por completo, Yamato, Ai y Makoto pudieron apreciar como sus valientes compañeros Digimon retrocedían a sus estados base, a excepción de Korikakumon, que fue sustituido por la figura de Tommy, y BlackWarGreymon, ya que su estado base era el nivel Mega.
Libres y completamente a salvo de toda presencia enemiga, fueron a socorrer a sus amigos tras las batallas en las que tan valientemente habían luchado. No muy lejos de su posición, divisaron una masa de tierra a la que parecían acercarse, por lo que dedujeron que se trataba de la Isla File. Henchidos de alegría, sintieron sus corazones latir desbocados ante el hecho de volver a ver a sus seres queridos y dejar toda la pesadilla recientemente vivida atrás. Además, pudieron apreciar cómo, no muy lejos de ellos, una segunda parcela de tierra, caracterizada por poseer un ecosistema gélido, se aproximaba también de forma paralela a ellos hacia la Isla File. Para Yamato, el primer instinto que se le vino a la cabeza fue el de ponerse a cubierto junto a Tsunomon, por si se diese el caso de que ambas parcelas en movimiento chocasen.
Empero, y lejos de la catastrófica paranoia del Elegido de la Amistad, ambos islotes vivientes encajaron a la perfección con la gran parcela de tierra y sin estorbarse la una a la otra, tal y como dos piezas de un puzzle. Acto seguido, como poseídos por una especie de embrujo, los colores fríos y oscuros del Circo de los Horrores, así como los parajes gélidos de la segunda isla, fueron sustituidos por relajantes colores verdes y paisajes llenos de luz y vida. No cabía duda de que habían regresado a la Isla File, por fin. Sin querer esperar ni un segundo más, todos corrieron entre árboles, arbustos y demás flora hasta que, tras unos escasos minutos, divisaron la Ciudad del Comienzo, y a sus seres queridos en ella. Fue así como, durante unos instantes, se permitieron que la felicidad les embriagase en todas las profundidades de su ser, y todos y cada uno de ellos corrieron a los brazos de sus seres queridos.
- ¡TK!
- ¡Matt!
Los dos hermanos corrieron a abrazarse, así como Patamon abrazó también al pequeño Tsunomon. Pese a la ternura reflejada en tan sincera escena, Takeru pudo apreciar como su hermano mayor temblaba de pies a cabeza al estrecharle entre sus brazos. No quiso ni imaginarse lo que Yamato, su hermano y su mayor héroe, tuvo que haber padecido en los dominios de Piedmon, o mejor dicho, de ChaosPiedmon. Le comprendía perfectamente, pues pese a que hubiese crecido, él mismo, Takeru Takaishi, seguía sintiendo pavor con tan sólo pensar en el sádico y lúgubre cabecilla de los extintos Amos Oscuros. Borrando los malos recuerdos de su cabeza, abrazó con más fuerza que nunca a su hermano, con tanta concentración que ignoró por completo la presencia del nuevo miembro presente en el grupo de su hermano, uno que sin duda petrificó de pies a cabeza a una jovencita y su gatuna compañera.
- ¿W... Wizardmon...?
- Gatomon..., Kari...
Tanto humana como Digimon corrieron hacia el que en un principio pensaron que se trataba de uno de los más dolorosos fantasmas de su pasado. No obstante, cuando sintieron el tacto del abrazo del Digimon brujo sobre ellas, un escalofrío recorrió sus cuerpos, y ambas comenzaron a llorar como si de dos niñas pequeñas se tratasen. No era para menos, pues las circunstancias de su último encuentro no fueron para nada agradables: el Digimon brujo consiguió manifestarse en el Mundo Real ante los Niños Elegidos en el año 2002 en forma de espíritu para alertarles del peligro que corrían. No obstante, la imagen de Wizardmon sufriendo el más brutal de los ataques por proteger a Kari y Gatomon de Myotismon, durante los acontecimientos del año 1999, era un traumático recuerdo que estas dos pensaron que jamás podrían superar del todo. No obstante, allí estaban, los tres abrazados, dejando el dolor atrás diez años después, algo que conmovió a todos los allí presentes, y en especial a la Primera Generación de Niños Elegidos.
Por su parte, los Tamers presentes en la Isla File tampoco se quedaron cortos de muestras de cariño, y recibieron con los brazos bien abiertos a los benjamines de su grupo. No muy lejos de ellos, los representantes de los Espíritus Digitales festejaron el bienestar del grupo con el regreso de Tommy, que se sintió más que ilusionado tras reencontrarse con sus amigos, en especial con Takuya, al que consideraba una especie de hermano mayor. Los Digimon corrían y jugaban entre ellos, festejando que cada vez faltaba menos para que todos estuviesen juntos de nuevo, y yendo de un lado para otro se encontraba Joe, atendiendo a los recién llegados por si había heridas que sanar. Durante unos instantes, presenciar tales muestras de cariño, amor y camaradería dibujó una mueca de alegría en el cansado rostro de Yamato, para finalmente ser sustituida por una de preocupación, pues no sabía cómo abordar el tema de Tai y el Cazador, y mucho menos con su hermana delante. Tal era su preocupación que ni se percató de la presencia de una persona acercándose hasta su hermano y él. Dicha persona se trataba ni más ni menos que de su ex novia.
- ¿Sora? ¡Sora! No veas lo que me alegra el volver a verte de nue...
El rubio no pudo terminar su frase, ya que la Elegida del Amor le recibió con una soberana bofetada que resonó en todos y cada uno de los rincones de la Isla File. Más de uno de los allí presentes quedó boquiabierto ante la acción de la pelirroja, muchos otros se llevaron las manos a la boca, y otros simplemente no dijeron nada, mas no por ellos se sintieron menos incómodos que los demás. Incluso se pudo apreciar como algún que otro garrulo se rio por lo bajo ante la inesperada bofetada. Por su parte, el agredido simplemente se llevó la mano a la adolorida y enrojecida zona, sin comprender el porqué de tal acción por parte de la pelirroja. Esta, a su vez, miraba fijamente a su ex novio, sin mostrarse alterada en lo más mínimo, como si aquella bofetada hubiese sido un mero movimiento mecánico. Eso sí, Yamato pudo atisbar una pequeñísima pero innegable porción de reproche en sus suaves y ardientes ojos rojizos.
- Eso es por lo que hiciste. - reveló escuetamente la pelirroja.
Aquella información no despejó ninguna duda en Matt. Al contrario, casi le había creado una nueva incógnita, pues no entendía nada de lo que estaba pasando. Acto seguido, y sin ninguna explicación, la expresión de Sora se suavizó, dibujando así una dulce sonrisa en su rostro y, finalmente, besó la mejilla enrojecida de Matt.
- Y eso es por el por qué lo hiciste.
Y dicho todo, Sora finiquitó con un abrazo el asunto. Completamente confuso por lo que allí había acontecido, Yamato se limitó a responder el abrazo de su querida amiga, pero no por ello sin salir de su asombro. Los espectadores poco a poco fueron perdiendo interés y siguieron interactuando entre ellos, pero el Elegido de la Amistad pudo encontrar a una única persona que se encontraba siguiendo el tema desde la distancia. Se trataba ni más ni menos que de Kari, la cual con una media sonrisa y una mirada que rogaba el perdón le había dado la solución a semejante culebrón. Matt comprendió que, durante su ausencia en la Isla File, Kari le habría contado a Sora la pantomima que tuvo que urdir para que la Elegida del Amor cortase su relación con él, puesto que ella realmente a quien amaba era a Tai. No podía existir otra explicación que abordase ese brusco cambio de humor en Sora. Por ende, bastó una simple mirada y una sonrisa cargadas de complicidad para decirle a la hija menor de la familia Yagami que no pasaba nada, que todo estaba bien, a lo que ella le devolvió una hermosa sonrisa desde la distancia.
Sin previo aviso, de la nada surgieron los hologramas de Centarumon y Gennai, y, como era menester, recibieron a los recién reincorporados a aquella pequeña zona segura, así como también recibieron con los brazos más que abiertos a Wizardmon como un nuevo miembro del Ejército de la Luz. Sin apenas tiempo que perder, Yamato, como líder del grupo de expedición, hizo un breve resumen de lo acontecido en los dominios del ya fenecido ChaosPiedmon: el encuentro con Wizardmon, el macabro juego de ChaosPiedmon, la presencia de una persona atrapada en un espejo apareciéndosele a Matt en visiones y la muerte de BlackMetalGarurumon, noticia que el grupo de Izzy lamentó profundamente puesto que gracias a él consiguieron escapar del acoso del Cazador de Datos. Una vez que todos supieron que sólo el Emblema del Valor era el único que permanecía intacto, un enorme miedo se apoderó de Yamato al no saber cómo abordar el tema de que Tai era en verdad el Cazador. Sin embargo, Gennai se le adelantó y fue el viejo quien retomó la palabra.
- Lo que realmente importa es que vosotros estáis bien, y una vez que estéis totalmente repuestos y que el último equipo regrese, lucharemos unidos contra el Cazador. -pese a que sus palabras intentaron animar, más de uno de los presentes siguió bajo de moral, por lo que las palabras del viejo fueron por otros derroteros. - Y Matt..., no dejes que las palabras de ese chico que viste atrapado en el espejo te afecten. Aquello no era más que una argucia de ChaosPiedmon para hacerte perder el juicio. -dijo Gennai, tratando de tranquilizar al Elegido de la Amistad.
- Lo sé, pero es que me hablaba tan directa y personalmente que..., parecía muy real, y además...-en aquel momento, algo hizo clic en la mente del rubio, por lo que no dudo en dedicarle un pronunciado y fruncido ceño al anciano. - Gennai..., yo en ningún momento he especificado que la persona confinada en el espejo se tratase de un chico...
Se produjo un incómodo silencio en el lugar, e incluso se podía decir que Gennai le apartó brevemente la mirada, como si estuviese realmente avergonzado de algún dato que los Niños Elegidos parecían desconocer. Al parecer, el resto de los allí presentes intentó no conjeturar nada de forma prematura, pero Yamato intentó ir más lejos, por lo que siguió dirigiéndose al viejo en un tono que, si bien no expresaba enfado, si mostraba un profundo cansancio ante tantas mentiras.
-Y ahora que lo recuerdo mejor, unas palabras textuales del muchacho fuera las siguientes: "Gennai, por favor, ayúdame". Todo ello mientras era devorado por las llamas...
Irremediablemente, los susurros y comentarios en el grupo comenzaron, totalmente confundidos y preocupados porque la persona que, precisamente les había citado, les pudiese estar ocultando información relevante para la misión en cuestión. El acusado, por su parte, no hacía más que levantar aún más sospechas al mostrarse todavía más avergonzado e involucrado, puesto que aquella ilusión con forma de niño ya le había hecho una mención. Sin embargo, y ya que no recibía ningún tipo de respuesta, Yamato suspiró honda y lentamente, decidiendo desempeñar esta vez el papel del poli bueno.
- Gennai..., si hay algo que nos estés ocultando y que entorpezca la misión..., por favor, agradeceríamos que lo compartieses con nosotros. -dijo el rubio, intentado sonar lo más diplomático posible.
- Tienes razón, Matt. Os estoy ocultando información. -reveló Gennai, por lo que los murmullos no tardaron en incrementarse, por lo que el viejo extendió y alzó sus brazos, consiguiendo que todos los presentes guardaran silencio. - Os contaré todo lo que queráis saber..., pero cuando estemos todos juntos. Así que una vez que Taichi y Rika regresen, os lo contaré..., todo...
- Me temo que el viaje de Tai es sólo de ida...-murmuró el Elegido de la Amistad, sin darse cuenta de cuán siniestra había sonado esa frase.
- ¿Por qué dices eso, Matt? - cuestionó Centarumon, a modo de portavoz de los allí presentes.
Todas las miradas se encontraban estáticas en el rubio, que permanecía más firme y estático que el mástil de una bandera. Sentía un inquietante sudor frío recorriendo su cuerpo, y lo que era peor, sintió como las miradas de Kari y Sora se le clavaban como hierro al rojo vivo en pleno corazón. Se veía incapaz de dar tan mala noticia, además de sentirse un miserable por ensuciar la imagen de su mejor amigo, por muy verdad que fuese y por muy justificado que estuviese en este caso. La cabeza le daba vueltas, estaba destrozado y cansado, tanto física como mentalmente, pero no había vuelta atrás. Suspiró honda y pesarosamente, como rogando a alguien superior el perdón por la acusación tan grave que estaba a punto de hacer.
- Tai no va a ayudarnos a derrotar al Cazador, porque...-suspiró de nuevo, y tras morderse el labio, prosiguió. - Porque Tai es el Cazador de Datos...
El silencio sepulcral tras aquella revelación le heló por completo la sangre. Ni tan siquiera prestó atención a los primeros comentarios que se realizaron, bien fuesen negaciones o acusaciones. En ese momento, no le importaba en lo más mínimo. Lo único que su cabeza y corazón pudieron maquinar era la misma frase una y otra vez, como si estuviese atrapado en medio de un bucle. Siendo preso de un sudor glaciar recorriendo su cuerpo de arriba abajo, cuatro sencillas palabras se volvieron las causantes de su profundo y desgarrador tormento.
- Lo siento mucho, Tai...
Fin del Capítulo XIX
* ¿Qué es lo que oculta Gennai que tanto le avergüenza?
* ¿Será Tai realmente el Cazador de Datos, tal y como Matt asegura?
* ¿Conseguirán Tai y Rika salir airoso del Páramo de la Muerte?
Todas estas preguntas y muchas más serán resueltas en los próximos episodios. Se despide Ashty-1991. ¡Un saludo! ¡Nos vemos!
