EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ

"Hay personas que viven al acecho, esperando el momento de tener la más mínima oportunidad para hundir a su objetivo más débil y cercano".

ACECHO

CAPITULO XXIV

-¿¡Otra vez tú!? – Preguntó ante el asombro de los presentes, incluso del mismo Terry. -¡No es posible que una vez más te interpongas en mi camino! – Le decía a Candy quien la veía sorprendida, pero teniendo una idea del porqué se lo decía.

-Elisa ¿Qué haces aquí? – Le preguntó Tom sorprendido.

-Por lo visto no te hace gracia. – Le dijo a la defensiva. – No puedo creer que siempre te interpongas entre los chicos que amo. – Le decía a Candy sin dejar de mirarla.

-Elisa. – Le decía Candy sorprendida.

-¿Te vas a casar con ella? – Le preguntó furiosa a Tom.

-Eso no te incumbe Elisa, tú no quisiste estar conmigo. – Le dijo Tom furioso sin pensar que estaba dando a entender que así era, que él estaba comprometido con Candy. Elisa volteó a ver a Candy con una profunda tristeza en su mirada, Candy nunca había visto esa mirada en ella.

-Ya veo, entonces debo entender que era mentira todo lo que me decía mientras estábamos juntos. – Le dijo mirándolo a los ojos mientras los suyos comenzaban a desprender unas gruesas lágrimas que comenzaron a inundar sus mejillas. Candy se sentía muy mal y veía a Tom que no era capaz de decir ni una sola palabra.

-Tom. – Le decía Candy para sacarlo de su mutismo. – Elisa tranquilízate por favor. – Decía Candy al ver que Tom no respondía y solo la miraba fijamente.

-¡No quiero volver a verte en mi vida! - Le dijo molesta a Tom cruzándole su cara con una bofetada la cual hizo que el chico reaccionara, sintiéndose de pronto culpable por hacerla sufrir de esa manera. Elisa bajó las escaleras corriendo y Tom la veía bajar apresurada.

-Espérame Candy. –Fue lo único que pudo decir cuando Tom salió corriendo detrás de aquella chica que lo volvía loco y no solo entre sus brazos, sino que también lo volvía loco con sus arranques de niña mimada. -¡Elisa! – Gritaba detrás de ella observando que daba vuelta rumbo a la salida trasera del teatro. Elisa corría decepcionada del vaquero, le había otorgado su virtud y él se iba a casar con la huérfana esa.

-Candy, Candy, siempre tienes que ser tú. – Se decía así misma entre lágrimas sin fijarse hacia donde corría, de pronto unos brazos la jalaron hacia un callejón y de pronto sintió que la golpeaban en la cabeza provocando que la chica cayera desmayada inmediatamente.

Tom llegaba a la salida trasera del teatro buscando en las direcciones que podría haber salido corriendo Elisa, eligió una al azar y lo llevó pronto a la calle, sin embargo no veía a Elisa por ningún lado.


Terry miraba la angustia en el rostro de Candy, sin embargo lejos de preocuparse por ello se alegró de la reacción que había tenido según él, el prometido de la mona pecas.

-¡Vaya! Veo que te quiere mucho. – Le dijo con sarcasmo, mientras Candy volteaba a verlo molesta.

-¿Para qué querías verme? – Preguntó molesta al ver que se veía feliz de que Tom hubiera salido corriendo junto a Elisa, ella nunca se alegraría si lo viera a él sufrir por amor, aunque claro estaba que ella no estaba sufriendo por eso.

-Tranquila. – Le dijo al ver que sus ojos desprendían furia, todo lo contrario de lo que habían desprendido cuando llegó ahí. – Yo quería hablar contigo acerca de nosotros. – Dijo por fin, observando como los ojos de Candy se sorprendían por lo dicho.

-¿De nosotros? – Preguntó sorprendida. Terry asintió.

-Esperaba que ahora que soy libre, tú y yo pudiéramos retomar nuestra relación. – Decía mientras Candy lo observaba confundida como si no le hubiera importado enterarse que estaba comprometida.

-¿Y Susana? – Preguntaba al escuchar que le decía que era libre.

-No pude continuar con ella Candy, decidimos separarnos hace tiempo. – Decía sin dejar de mirarla. – Hace tiempo que terminé mi relación con ella. Después de separarnos caí en una terrible adicción al alcohol y si te soy sincero ella me ayudó a superarlo, sin embargo no pude amarla, ella entendió y decidimos terminar la relación, yo seguí en el teatro buscando la manera de sobresalir y lo he logrado, por eso quería verte, me han ofrecido una gira que durará tres años y me gustaría que la hicieras conmigo. – Candy lo escuchaba como si él estuviera hablando con otra persona.

-Terry yo… - Le decía, sin embargo él no la dejaba hablar.

-Por favor Candy, no me digas que te casarás con ese tipo que corrió tras Elisa, a leguas se ve que hay algo entre ellos, no le importó dejar aquí a su prometida. – Le decía insistente al verla dudar tanto. La tomó de los hombros al ver que ella no reaccionaba de la forma que él estaba esperando. – Yo aún te amo Candy. – Le decía sin soltarla.

Candy volteó a verlo sorprendida de sus palabras, no porque creyera que Tom era su prometido, sino porque le decía las palabras que una vez soñó escuchar de sus labios, sin embargo en esos momentos no causaban ningún efecto en su corazón.

-Candy vayámonos juntos. – Le decía aun aferrando sus manos a sus hombros.

-Terry yo no puedo ir contigo. – Dijo Candy reaccionando de pronto. – Yo ya no te amo Terry. – Le dijo por fin las palabras que él temió escuchar cuando la vio sentada con aquel individuo.

-¿Lo amas a él? ¡Él no te ama! ¡Se ve que está enamorado de Elisa! – Le decía comenzando a levantar su voz a pesar de la presencia de algunos medios que estaban esperando entrevistarlo.

-¡Suéltala imbécil! – Le dijo Tom quien ya regresaba de la persecución y búsqueda que había hecho por Elisa sin obtener éxito alguno.

-¡NO! Ella se va a ir conmigo ¡Tú no la mereces! – Le decía enfrentándose según él a aquel hombre que se había atrevido a quitarle a su tarzán pecoso. - ¡Ella volverá a amarme!

-¡Terry estás loco! ¡Yo ya no podré volver a amarte! – Le dijo dejándolo helado por sus palabras, volteó a ver las miradas de los curiosos y la pose de defensa que tenía Tom frente a él.

-¿A pesar de todo lo prefieres a él? – Le preguntó con coraje, tratando de modular el tono de su voz.

-Terry, él es mi hermano. – Le dijo ante el asombro de Terry. – Yo estoy comprometida con un hombre que amo de verdad. – Le dijo sintiendo pena por lastimarlo de esa manera. – Yo ya no siento nada por ti. – Le dijo una vez más, con pesar en sus palabras, no porque amara a Anthony porque siempre lo había amado, sino porque le dolía ver el sufrimiento de Terry en sus ojos cuando ella lo hacía feliz al lado de Susana.

-¿Y te ama tanto que te dejó venir a verme, sin acompañarte? – Decía terco no quería dar su brazo a torcer quería hacer dudar a la rubia del amor que decía tener por aquel misterioso hombre.

-Me ama tanto que me dio la oportunidad de cerrar un capítulo en mi vida que continuaba abierto, me ama tanto que confía en mí al darme la libertad de hablar contigo sin presionar mis respuestas. Me ama tanto que me ha esperado tantos años para estar conmigo. – Terry la escuchaba dolido, con el corazón sangrando, se había tardado mucho en volver por ella y ahora era demasiado tarde.

-No creo que te ame, tanto como yo. – Le dijo de nuevo.

-No importa si me ama más o menos que tú Terry, lo que importa es que yo lo amo a él. – Le dijo segura, acercándose a Tom quien los observaba tranquilo, Candy había sabido tranquilizar a aquel actor, sin embargo él seguía a la defensiva, por si tenía que obligarlo a que la dejara en paz.

-¿Quién es él? – Preguntó dolido.

-Él es el hombre que amo Terry, él es el amor de mi vida. – Dijo abrazándose a Tom, le dolía ver así al actor, sin embargo sabía que tenía que romper toda esperanza que él pudiera albergar en su corazón, ella ya no lo amaba, y si bien se había tardado mucho en volver a buscarla, agradecía que así se hubieran presentado las cosas, ya que sabía que si se hubiera enterado después de que Anthony seguía con vida y ella estuviera con Terry o con alguien más, no podría ser feliz con ello, no podría soportar ver a su amado príncipe de las rosas ser feliz con alguien más. – Lo siento mucho Terry. – Le dijo tratando de hacerlo sentir mejor, sin embargo no era posible.

-Adiós, Candy. – Le dijo sin voltear a verla dando media vuelta para dirigirse rumbo a las escaleras que lo llevarían a su camerino, tenía que preparase para partir de ahí cuanto antes, era una única presentación y tendría que partir de gira, esperaba que hubiera sido de manera diferente, sin embargo no lo era.

-Adiós Terry, te deseo que seas muy feliz. – Le dijo por último Candy, mientras Terry le sonreía con sarcasmo. Candy y Tom observaban como el actor se perdía entre las personas evitando a los reporteros para dirigirse tras bambalinas rumbo a su camerino.

-Estará bien revoltosa. – Le dijo Tom tratando de darle ánimo a la rubia que se había quedado triste por la reacción del aquel joven.

-Lo sé Tom. – Dijo únicamente con una sonrisa de lado comenzando a caminar del brazo de su hermano, se sentía un poco triste por haber roto de nueva cuenta el corazón de Terry, pero ella no se sacrificaría de nueva cuenta, amaba a Anthony y era feliz con él, iban a formar una familia y era lo que ella anhelaba, ser feliz por fin al lado de su príncipe de las rosas. - ¿Y tú Tom? ¿Estás bien? – Tom se sorprendió con la pregunta que le hacía la revoltosa, se había dado cuenta de la manera que él menos esperaba, sin embargo nunca se imaginó que aquella caprichosa estuviera ahí en aquel teatro presenciando la obra, la había visto más delgada y su rostro reflejaba una profunda tristeza y al ver sus ojos llenos de odio y tristeza le había roto más el corazón que cuando se negó a escapar con él.

-No lo sé, revoltosa, no lo sé. – Le dijo triste con la mirada perdida hacia el frente, sin desviarla para ningún lado.

Mientras tanto fuera del teatro un par de hombres estaban conversando.

-¿Dónde te metiste? – Preguntó el moreno con molestia al tipo que se le acercaba.

-Fui a buscar cigarrillos. – Le contestó con una sonrisa extraña.

Tom y Candy iban saliendo del teatro ajenos al par de individuos que estaban cerca de ellos, observándolos cada uno con coraje ambos por haber sido rechazados en su momento por aquella rubia de ojos verdes.

-Candy Andrew. – Dijo el moreno. – Va tan tranquila después de haberme rechazado. – Dijo con molestia, siendo escuchado por su lacayo, sorprendiéndose este por lo que había dicho.

-¿Te rechazó? – Preguntó con una sonrisa de medio lado, feliz de no haber sido el único rechazado por aquella joven.

-Nos íbamos a casar, sin embargo no se presentó a la fiesta de compromiso. – Dijo queriendo salir un poco airoso de la situación.

-Yo conozco a su prometido. – Dijo aquel hombre.

-¿Prometido? – Jack asintió.

-¿No lo sabías? – Neal negó frustrado por el comentario.

-¿Es ese tipo que va con ella? – Preguntó con una sonrisa de burla, haciéndosele poca cosa aquel joven para la rubia, como queriendo convencerse que él era mejor.

-Él es Tom Stevens. – Dijo Jack. – Pero el prometido de la señorita Andrew es su hermano Tonny Stevens, el tipo del que te hablé. – Dijo creando en su mente la venganza perfecta para aquel rubio que lo había humillado.

-¿Tonny Stevens? – Preguntó el moreno, recordando que en más de una ocasión había perdido en las apuestas de caballos siendo este nombre el nombre del dueño de los caballos que lo habían vencido, sin embargo no tenía el disgusto de conocerlo. Jack asintió. - ¿Lo conoces?

-Es idéntico a tu primo, el rubio que está en la foto de tu casa. – Le dijo, en ese momento Neal tuvo un mal presentimiento.

-¿Estás seguro? –Preguntó con miedo, no podía ser posible que fuera verdad lo que se imaginaba. – Tal vez por eso se comprometió con él, le debe recordar a Anthony. – Pensaba irritado, le molestaba que ella lo hubiera rechazado y ahora se casaría con un mugroso vaquero.

-Si quieres puedo llevarte ahora mismo a su rancho, es un tipo de dinero, tiene porte y es uno de los ganaderos con más futuro que he conocido. – Neal lo escuchaba estando de acuerdo con él, necesitaba quitarse esa duda de la cabeza, además su madre y su padre se lo agradecerían mucho.

-Bien, pero primero vamos a esperar a Elisa, no sé por qué se tarda tanto. – Decía impaciente.

-La señorita Elisa salió antes que usted, y me dijo que se regresaría a la mansión, al parecer le dolía la cabeza. – Dijo sin mucha preocupación.

-¡Imbécil! ¿Por qué no la acompañaste? – Preguntó molesto, era un idiota pero siempre se preocupaba por su hermana.

-¡Me tienes prohibido acercarme a ella! – Le contestó en su defensa, Neal estaba furioso con aquel joven, sin embargo sabía que tenía las de perder si de fuerza se trataba.

-Bien, entonces vamos al rancho de aquel tipo. – Le dijo un poco más tranquilo.

-Muy bien, solo dame tiempo de arreglar lo necesario y nos vemos en unas horas, tendremos que ir a caballo ¿Aguantarás? – Le preguntó con burla, sabía que era un señorito pero no tenía idea que aquel joven tan mimado y cobarde era un excelente jinete al igual que su hermana.

-Te veo en las caballerizas. – Dijo Neal, Jack asintió.

Una vez que se retiró el moreno, Jack se introdujo al callejón que estaba detrás del teatro encontrando aún desmayada a la joven Leagan, sonrió de lado mientras recorría su cuerpo de arriba a abajo deleitándose con lo que observaba.

-Hubiera sido más sencillo si me hubieras aceptado desde un principio. – Dijo el asqueroso tipo.

El tipo la cargó en su hombro como costal de papas y se la llevó a aquel cuartucho en el cual vivía cuando no estaba en el cuarto de empleados de la mansión Leagan, sin embargo no esperaba que el golpe que le había dado terminara tan rápido su efecto y la joven comenzaba a despertar cuando sintió que la bajaban a una cama toda vencida.

-¿Qué haces idiota? – Dijo Elisa asustada al recordar vagamente lo que había sucedido. Se sujetó la cabeza dándose cuenta que traía un poco de sangre en su mano. -¿Qué me hiciste imbécil? – Decía enojada y a la vez asustada de tener a aquel tipo tan cerca de ella. -¡No sabes en la que te has metido! – Le decía amenazante, sin embargo sabía que no tenía las de ganar, solo su boca y sus uñas para defenderse.

-Nadie sabe que estás aquí, ni siquiera el imbécil de tu hermanito. – Le decía con una sonrisa de satisfacción que lo único que provocaba en la chica era asco y repulsión.

-¡Déjame ir idiota! – Le decía empujándolo con todas sus fuerzas para dirigirse a la entrada de aquel inmundo cuarto. Sin embargo Jack no iba a permitir que aquella hermosa mujer se le escapara, así que la jaló del cabello obligándola a caer al suelo de golpe, inmediatamente se subió encima de ella y comenzó a besarla en su rostro y a manosear sus piernas, mientras Elisa gritaba desesperada pataleando para buscar la forma de escaparse de aquel desalmado, sin embargo el peso de él sobre su cuerpo no la dejaba avanzar mucho.

-Te digo que me sueltes estúpido. – Le decía molesta forcejeando y moviendo su rostro para todos lados tratando de evitar que besara su boca, le parecía tan asqueroso que lo hiciera.

-Deja de resistirte, nadie sabe dónde estás y nadie sospecha de mí, ni siquiera tu noviecito el vaquero, él se fue muy enamorado con la joven rubia. – Le dijo para lastimarla sabía que eso le dolía a la chica.

-¡Mi padre te matará! – Le decía Elisa tomando valor de hablar a pesar del miedo que tenía y del dolor que le habían causado las palabras de aquel tipo.

-Nadie se enterará que estás conmigo, te llevaré lejos y serás mi mujer quieras o no, aunque no seas una señorita, me gustas y vas a ser para mí. – Le decía necio buscando la forma de besar su boca, cuando por fin lo logró, Elisa sintió unas ganas de devolver su estómago que no podía controlar ocasionando que mordiera el labio de aquel infeliz con tal fuerza que lo hizo apartarse de golpe al sentir el dolor en su boca.

-¡Maldita! – Le dijo apuñando sus manos en señal de coraje, dando una bofetada a la joven que la hizo dar a la cama que estaba detrás de ella, se subió de nueva cuenta a ella y comenzó a manosear todo su cuerpo, Elisa gritaba por ayuda y en su desesperación pudo zafar sus manos de la prisión de aquel tipo formaba con su cuerpo y la cama.

-¡NO! ¡Suéltame asqueroso! ¡Te vas a arrepentir! ¡Te voy a matar! – Le decía tratando de hacer gala de sus comentarios altaneros a los cuales estaba acostumbrada a decir, sin embargo para aquel tipo no le surtían el más mínimo efecto al parecer le gustaba que lo insultaran.

Como pudo jaló su cabello haciendo su rostro hacia atrás mientras con la otra mano arañaba su rostro cerca de sus ojos, con las uñas tan filosas que traía comenzó a defenderse y lo empujó hacia atrás logrando una vez más zafarse de su agarre. Jack cayó de espaldas al suelo y Elisa aprovechó para acercarse a la puerta una vez más, sin embargo la tomó del tobillo y la derrumbó una vez más, Elisa lo pateó en el rostro y se puso de pie, jadeando con miedo, sintiéndose totalmente desprotegida y vulnerable por primera vez, nadie la ayudaría, no estaba Tom a su lado para defenderla, no estaba su chofer, ni su hermano, ni ninguno de los empleados que la cuidaban siempre y cumplían sus caprichos, por primera vez se sintió completamente sola y con un miedo inmenso en su corazón.

-De esta nadie te va a salvar. – Le dijo Jack tocándose el labio que sangraba por la mordida y los aruños que tenía en el rostro, así como la patada que le había dado cerca de su ojo. Le dio un golpe en el rostro que la hizo caer de espaldas y golpearse la cabeza nuevamente en el piso, eso provocó que se desmayara. Jack la observó con una mueca de satisfacción en su rostro. –Te lo advertí. – Dijo con burla, de pronto se dio cuenta que se había tardado más de la cuenta con aquella joven y si no quería que Neal lo fuera a buscar tenía que ir inmediatamente con él, de todas formas hacerla suya sin que ella estuviera consciente no le provocaba mucho placer.

La levantó en brazos una vez que se cercioró que aún respiraba y la ató a los tubos oxidados de aquella vieja cama. Antes de salir de ahí se aseguró de cerrar bien la vieja puerta y se retiró rumbo a la cita que había hecho con Neal.

-Ahora a vengarme de la otra rubia y el niño bonito ese. – Decía con una sonrisa siniestra.

Unas sombras que observaban a aquel infeliz se acercaron con cautela al cuartucho donde había dejado a la joven.

-¿Estás seguro que es aquí? – Preguntaba el caballero que acompañaba a aquel que había estado siguiendo al individuo desde que Albert había puesto a vigilar a la mayoría de los Leagan.

-Sí, vi cuando entró con ella a este lugar.

-Bien, vamos. – Dijo una vez que se cercioraron que no había nadie.

Una vez que entraron George se sorprendió con lo que veían sus ojos, Elisa estaba atada a aquella cama con el rostro golpeado y su ropa toda desacomodada, sintió una enorme pena por aquella chica, que si bien sabía que era caprichosa y había sido muy mala con Candy, no se merecía el trato que le habían dado, su hermoso rostro lucía inflamado, tenía un ojo morado, su labio partido y al parecer tenía golpes en la cabeza.

-Hay que llevarla rápido a un hospital. – Dijo George impaciente.

-¡Vamos! – Dijo el de seguridad que lo acompañaba, saliendo por el automóvil que había dejado estacionado cerca de ahí, al regresar George ya llevaba a Elisa en brazos, seguía sin reaccionar y eso lo preocupaba.

Llegaron al hospital rápidamente, entregando a la muchacha a los médicos para que se hicieran cargo de ella, George no podía moverse de ahí, había avisado a Albert de lo sucedido y lo estaba esperando.

-¿Sabes a dónde iba Jack? – preguntó George a la escolta.

-Sí, dijo que llevaría a Neal al rancho de Tonny Stevens. – George se sorprendió por lo dicho.

-Avisa a los demás inmediatamente, van a ir tras ellos antes de que hagan una tontería. – Dijo George preocupado por Anthony. – No permitan que le pase nada a Tonny, por favor. – Dijo casi suplicando en vez de ordenarlo.

-De acuerdo señor. – Dijo el escolta saliendo apurado a su destino. Iría a reunirse con los hombres que estaban vigilando a la mansión de los Leagan e irían a todo galope, le llevaban un par de horas de ventaja, sin embargo tenían ellos la ventaja de que no sabían que estaban siendo seguidos. Llegarían a tiempo para evitar una catástrofe.

Mientras tanto Candy y Tom llegaban al departamento en completo silencio, sin embargo la rubia seguía teniendo la duda de lo que había pasado con Tom y Elisa, no quería quedarse con la duda y seguía buscando la manera de cómo preguntarle, habían ido a cenar por insistencia de ella, ya que tenía mucha hambre, sin embargo Tom casi no había probado bocado.

-Tom, ¿Aún no vas a decirme lo que sucedió con Elisa? – Se decidió a ser directa con su pregunta, sino el orgulloso de su hermano no hablaría.

-¿Qué quieres que te cuente revoltosa? – Preguntó cabizbajo.

-La verdad, ¿Cómo te enamoraste de ella? ¿Cómo te correspondió? – Peguntaba confundida, sin poder creer que eso estaba pasando entre aquella chica tan malvada y su hermano un ser tan noble y bueno.

-¿Cómo sabes que me correspondió? – Preguntó triste.

-Por que vi el dolor en sus ojos al creer que estabas comprometido conmigo. – Dijo ante el asombro de Tom. – Más allá del odio o del coraje que siempre me ha tenido había una profunda tristeza y dolor y eso lo provocaba el creer que te había perdido, tan es así que prefirió huir antes de que tú se lo confirmaras y Elisa no es así, cuando sucedió lo de Anthony y Terry ella buscaba la manera de herirme, de ofenderme, de humillarme o hacerme quedar en ridículo frente a ellos, simplemente por creerse superior a mí, sin embargo ahora vi algo distinto en su mirada, ella estaba realmente dolida y triste. – Le decía mientras Tom escuchaba todo aquello analizando las cosas.

-Ella decía amarme Candy, de hecho tuvimos una relación muy intensa. – Le dijo dándole a entender a Candy que habían llegado muy lejos. – Candy se sorprendió por lo dicho.

-¿Y qué pasó? – preguntó confundida.

-Ella no quiso huir conmigo. – Dijo triste ante el asombro de Candy. – Sé que me vas a decir lo mismo que Tonny, pero era la única forma de estar juntos, su familia nunca lo permitiría. Candy asintió.

-¿Cómo la conociste? ¿Cómo comenzó todo? – Preguntaba Candy curiosa, quería saber la historia de su hermano con Elisa, de todas formas no tenía mucho sueño. Mientras ellos hablaban Elisa había experimentado aquel trauma en su vida.

-Yo le propuse a Tonny investigar sobre lo que había pasado en el accidente, vigilé un tiempo a los Leagan, tanto a su hermano como a ella, queríamos saber si ellos sabían algo de lo ocurrido con él, para ver si por ese lado lográbamos delatarlos y hacer justicia. Sin embargo una de las veces que seguí a Elisa ella se regresó de pronto en sus pasos, se había molestado con una tal Daisy y la dejó parada y se regresó de golpe, chocamos de repente.

-Eres un idiota ¿Por qué no te fijas por donde vas mugroso? - Me dijo tratando de humillarme. – Dijo Tom con una sonrisa de lado, Candy pudo observar con ese gesto que su hermano estaba también muy enamorado de ella.

-La idiota eres tú por no fijarte por donde caminas. – Le contesté defendiéndome de su trato.

-Eres el andrajoso hermano de Candy. – Me dijo de pronto.

-Más respeto niña burguesa, que tengo más modales y educación que la que tú tienes. – Trató de abofetearme y le detuve su mano, ella me vio con coraje tratando de intimidar con la mirada, sin embargo yo no la dejé se soltó de pronto y me empujó, sin saber por qué la seguí.

-Eres un bruto y un igualado, le diré a mi hermano que te dé un escarmiento. – Me dijo amenazante.

-Tú y tu hermano son un par de niños mimados que no sirven para nada, solo sirven para ofender y humillar a la gente. – Le dije muy cerca de su rostro ella se giró de nueva cuenta para darme una bofetada, sin embargo esta vez sí lo logró, me pegó tan fuerte que la tomé de la muñeca cuando iba a asestarme otra más y la jalé con mi otra mano por la cintura, sus ojos estaban fijos en los míos y de pronto sin saber por qué observé su boca, la sentí temblar entre mis brazos y sus ojos comenzaron a temblar, yo lo que quería era vengarme del golpe que me había dado y la besé, la besé con tal fuerza que no le permití alejarse de mi cuerpo, al contrario en cada empujón que recibía la aferraba más a mi cuerpo sintiendo como poco a poco ella se cansaba de tratar de liberarse, sin embargo yo no la liberaba, yo continuaba con aquel beso que cada vez se hacía más profundo.- Tom dejó un momento de hablar, recordando aquel beso que le había propinado por primera vez a aquella joven tan malvada y prepotente.

Cuando atrapo sus labios, buscando la manera de cobrarse aquella bofetada que le había dado y que había logrado que le ardiera el rostro, no se imaginó que le sería tan delicioso besar a aquella joven, la intensidad con la que inició el beso lo fue llevando a acercar el cuerpo de ella hacia él, provocando el roce de sus cuerpos, sintiendo Tom las formas de aquella joven tan cerca de su cuerpo que le proporciono un placer indescriptible, uno que nunca había sentido, aprovechando su cansancio que dejó de forcejear con él y por un momento al querer abrir la boca para seguir con sus insultos él introdujo su lengua en su boca, buscando la de ella mientras con una mano la seguía aferrando a su cintura y con la otra soltaba su mano para dirigirla a su cabeza para evitar que se alejara, ella se había rendido a su beso y él se llenó de satisfacción y orgullo al sentir como sus piernas temblaban y perdían fuerza, obligándose a sostenerla más cerca de su cuerpo.

-Cuando dejé de besarla me volvió a abofetear, sin embargo esta vez fue con menos fuerza, en sus ojos ya no estaba la furia que había tenido antes, al contrario había un brillo diferente, yo estaba igual que ella, aunque lo negué muchas veces sabía que ese beso me había gustado bastante.

-Nunca nadie me había besado. – Me dijo sorprendida, eso me dejó helado, nadie la había besado y yo me había aprovechado sin querer de ella, le besé de una manera brusca y apasionada y a pesar de que me había correspondido me sentí fatal, a pesar de todo era una dama, sin embargo la volví a acercar a mí y esa vez la besé de una manera diferente, tierna y ella me correspondió de la misma manera. – Decía Tom enamorado, Candy lo veía sorprendida efectivamente su hermano estaba muy enamorado de aquella chica y por lo que ella había visto en sus ojos ella también lo estaba, se lo dijeron sus ojos y su reclamo no eran los mismos reclamos que le había hecho por Anthony o por Terry.

-Después de ese beso, la dejé ir. – Decía Tom, recordando que cuando la soltó y le hizo una reverencia para despedirse ella solo lo vio con los ojos muy abiertos, sin decir nada y prosiguió su camino, después de un rato corría rumbo a donde la esperaba su chofer. – Nuestros encuentros después de aquel fueron "casuales", dejé de seguir a su hermano ya que siempre estaba en cantinas o envuelto en peleas callejeras donde siempre acababa perdiendo o pagando para que no lo golpearan. – Candy se rió con el comentario, ella sabía muy bien de lo que hablaba Tom. – Me era más divertido vigilar a Elisa, ella se daba cuenta que la observaba y que la vigilaba y se divertía coqueteando conmigo a la distancia, al igual que yo a ella, me gustaba ponerla celosa cuando sabía que me estaba observando le hacía algún cumplido a alguna señorita o simplemente me quitaba el sombrero cuando alguna pasaba. Eso la hacía explotar de coraje. – Decía Tom con una sonrisa. – Sin embargo eso mismo era lo que la hacía acercarse a mí para "reclamarme" por estarla siguiendo y terminábamos de la misma forma, no sé cuántas veces me abofeteó por "atrevido", lo que sí sé es que cada vez era con menos fuerza y con más ansias esperaba mis besos, al igual que yo los de ella, hasta que poco a poco nos fuimos citando para vernos a escondidas, hasta que yo terminé visitándola por las noches en su cuarto. – Dijo ante el asombro de Candy.

-Muchas veces te vi salir del rancho, pero no sabía hacia donde te dirigías. - Dijo apenada.

-Era la única forma de vernos, a escondidas. – Contestó Tom, con su mirada triste poniendo sus ojos en su hermana y sonriéndole con dolor.

-¿Por qué no hablas con ella?

-¿Qué caso tiene? – Preguntó Tom. – Ella no soporta la idea de vivir con un pobretón como yo.

-¿Ella te lo dijo? – Preguntaba Candy, se negaba a creer que lo que había visto en Elisa fuera mentira.

-No con esas palabras, pero tiene miedo de pasar privaciones. – Dijo suspirando.

-Es normal Tom, ella siempre ha sido una niña mimada y caprichosa, nació en sábanas de seda, nunca ha conocido el hambre o no vestir a la última moda.

-Tengo mi dinero, no pasaría privaciones. – Decía orgulloso.

-Yo lo sé, pero ¿Ella lo sabe?- Tom negó. – Habla con ella Tom. – Volvió a decir Candy despidiéndose de su hermano porque el sueño ya la estaba dominando. – Buenas noches, intenta dormir. – Le dijo antes de retirarse a su habitación, lo dejó pensativo con la mirada perdida en la ventana, recordando a su berrinchuda pelirroja.

A la mañana siguiente en el hospital George recibía la visita de Albert quien había llegado en cuanto le fue avisado.

-¿Cómo se encuentra? – Preguntó preocupado.

-El médico dice que los golpes de su rostro no son de cuidado, el tipo no logró forzarla está bien en ese aspecto. – Dijo con el mayor respeto que pudo. – Sin embargo…

-¿Sin embargo? – Preguntó poniendo en alerta sus sentidos.

-Sin embargo aún no despierta, los golpes en su cabeza al parecer si fueron serios, tal vez pierda la memoria. – Dijo George con pesar.

-Hay que atrapar a ese tipo. – Dijo Albert molesto, no le caía bien Elisa, pero desde que le habían dicho que era acosada por ese joven había puesto a seguirlo, si hubieran actuado antes tal vez nada de esto hubiera pasado.

-No te preocupes, los hombres ya fueron tras Neal y Jack van directo al rancho de Tonny, ya deben de estar por llegar.

-Espero que Anthony y los muchachos estén bien. – decía Albert preocupado. - ¿Nadie sabe lo de Elisa? – George, negó. – Me voy inmediatamente al racho de Tonny, George.

-Voy contigo. – Le dijo su fiel empleado. Ambos dieron rápidas instrucciones a los médicos y salieron de ahí apurados, el tiempo apremiaba y lo más probable era que Neal se diera cuenta de que Anthony seguía con vida.


Candy se levantó muy de mañana por las náuseas que sentía vomitando como nunca lo había hecho, eso despertó a Tom quien escucho el ruido que hacía la pecosa en el baño.

-Candy ¿Te encuentras bien? – Preguntó tocando la puerta del baño para ver si podía entrar a ayudarla.

-Sí Tom, no te preocupes. – Dijo la rubia sintiéndose mareada y sentándose en el piso. Comenzó a sospechar ahora sí lo que le ocurría, puso más atención a sus síntomas y empezó a hacer cuentas, sospechando algo que si bien para muchas personas era evidente al no tener experiencia alguna las había pasado por alto, de todas formas ¿Quién le iba a decir? La señorita Ponny nunca tuvo hijos propios, la hermana María menos, Annie y Patty ambas eran señoritas, total que estaba rodeada de puras inexpertas, que decir de los hombres ellos nunca sabían nada de nada, sin embargo ella al ser enfermera debió de haber conocido algunos de los síntomas, pero no eran tan intensos como le habían dicho en sus clases, salvo ese día, era el primero que se levantaba con tanto mareo o vómito.

-¿Estaré embarazada? – Pensaba ilusionada, su corazón se aceleraba solo de pensarlo, sentía felicidad y miedo al mismo tiempo. - ¿Qué dirá la señorita Ponny y la hermana Maria? – Era su mayor preocupación, sabía bien que Anthony estaría igual de feliz que ella, tenía que volver cuanto antes para avisar a su príncipe de la noticia. – Pero antes tengo que ir al hospital. – Dijo decidida para corroborar aquello que ya sospechaba.

Continuará…

Bueno hermosas damas hasta aquí el capítulo. Sé que todas se preguntan cómo Candy no se da cuenta que esta de encargo si es enfermera, primero que nada quiero recordar que la historia se desarrolla a principios del siglo XX, y aunque ella es enfermera es inexperta e inocente aún, y los leves mareos que tenía los atribuía a que se levantó de golpe, la falta de alimento creyó que era normal como a veces pasa, la náusea era leve y la atribuyó a algo que le había caído mal o a las malpasadas que tenía y el no comer ciertas verduras creía que era porque simplemente no traía ganas. Además las mujeres que podrían tener experiencia con los síntomas eran mujeres que nunca habían estado embarazadas o que no tenían trato con gente en ese estado, así que fue fácil para Candy dejar todo pasar y hasta que se levantó de golpe con nausea matutina, mareada y con falta de apetito a parte que no había tenido su periodo por fin la hizo sospechar.

Espero que les haya gustado el capítulo y que se hayan entretenido un poco, espero sus comentarios por favor. Quiero agradecer a cada una de las nuevas lectoras que siguen esta historia, gracias por agregarla a sus favoritos y por sus PM les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Saludos y bendiciones.