Capítulo 35

Nadie

—Menuda vuelta absurda estamos dando por aquí, Rachel.

—No te quejes, siempre me dices que nunca vamos andando a los sitios, pues bien, hoy es el día—espetaba sonriente.

—Ya, pero no con este frío, además ¿Por qué venimos por aquí? ¿No habría sido más rápido atravesar por la 61th o la 60th?

—Kate, deja de quejarte.

—Claro, como tú no llevas el carro de tu hija—refutó—no sabes lo que resbala la nieve.

— ¿Por qué no lo dices más alto? —le masculló molesta—a lo mejor en Time Square no se han enterado de que es mi hija.

—No seas imbécil, no hay nadie en esta calle—lanzó una mirada a su alrededor—¿Por qué venimos por aquí? Solo quiero tomarme un jodido café y comprar tres o cuatro, o cinco o seis pasteles. Necesito azúcar después de recorrer toda la manzana.

—Pues ahora te vas a tomar uno de los mejores cafés de todo Manhattan—le respondió satisfecha.

Lo había conseguido. Había logrado que aquella mañana, cuando sus planes no pasaban más que por salir a hacer algunas compras, se convirtieran en un agradable paseo que las obligaba "casualmente" a pasar por la calle que ya tomaban. Justo donde estaba situado el gimnasio de Henry, y donde a aquella hora de la mañana, mucho más tarde de lo habitual, ya debía estar Quinn. O eso esperaba, Rachel.

Lo había hecho por ella.

La conversación por mensajes que tuvo con Quinn durante la noche anterior, no solo la mantuvo distraída tras la cena con los padres de Brody, sino que además le sirvió para averiguar que la rubia había decidido acudir al gimnasio, no solo con la intención de entrenar, sino también para poner punto y final al malestar que sentía por todo lo vivido con Henry.

Por eso estaba allí. Por eso había convencido a Kate para desviar todo el trayecto, cuando le suplicó que la llevase a tomar un café. Lógicamente, la pelirroja desconocía por qué había escogido la cafetería a la que estaban a punto de llegar. O eso creía Rachel.

—Espero que merezca la pena—soltó y Rachel volvió a refunfuñar—Me estás llevando a la boca del lobo.

—¿Qué dices?

—Rachel, ¿estás mirando lo que hay sobre nuestras cabezas? —le replicó lanzando la mirada hacia los edificios, y la morena la imitó—Palomas. Estamos rodeadas de palomas que nos miran desafiantes, esperando cualquier despiste para atacarnos con su mier…

—Cuidado con tus palabras

—Con sus heces—matizó con sarcasmo—las palomitas graciosas nos van a bañar de heces. ¿Te parece bien así?

—Estás insoportable. Deja a las palomas en paz.

— ¿Por qué?, esos bichos no tienen razón de existir.

—Es muy feo eso que dices.

—Vamos Rachel, piénsalo, es un ave que no sirve para nada, no te da comer, no poliniza, no elimina plagas, al contrario, todo lo que hacen es molestar con su extraño sonido, con esos andares que tienen tan, tan egocéntricos. Además de lo que ensucian y la cantidad de infecciones que transmiten. No, no deberían de existir—sentenció e incluso Emily le lanzó una mirada apenada tras el alegato.

— Y eso que eres bióloga—ironizó Rachel—Pobres palomas.

— ¿Pobres? Pobre de mí que se atreven a hacer sus necesidades justo cuando yo, hey—se detuvo rápidamente—¿Esa no es Quinn? —espetó Kate tras observar el enorme ventanal que aparecía a su derecha, y que pertenecía al gimnasio.

Rachel lanzó rápidamente una mirada hacia el mismo y sonrió. Lo hizo disimuladamente, tratando de evitar que Kate fuese consciente de cómo sus planes de poder ver a Quinn, aunque solo fuesen a través de un cristal, se llevaba a cabo sin resultar extraño.

—Sí, es ella—respondía eliminando la sonrisa de su rostro. La imagen que vio no era la esperada y mucho menos la actitud de Quinn.

Henry parecía decirle algo a la rubia mientras ésta terminaba algunos de sus ejercicios, y su rostro después de que el chico se alejara de ella, no era el más alentador. Algo le sucedía y tanto Rachel como Kate se percataron del hecho.

—Qué casualidad, ¿verdad?

—¿Casualidad? ¿Por qué?

—Que pasemos por aquí justamente cuando ella está ahí. —Le dijo buscando su reacción, y Rachel fue capaz de distinguir su tono sin siquiera mirarla. Kate no era estúpida, por supuesto, y sabía que aquel encuentro no iba a pasar desapercibido sin más para ella. Pero Rachel contaba con su gran excusa, y una baza en la que ni siquiera había caído; el horario.

—Pues sí, es casualidad. La cafetería es esa—le respondió lanzando la mirada al frente, a unos 20 o 30 metros.

—¿Tú vienes a esa cafetería?

—Alguna que otra vez—le dijo sin poder evitar volver a mirar de soslayo a Quinn.

—Vaya, pues realmente es el combo de las casualidades. Siempre que paso por aquí y veo a Quinn entrenando con el chico guapo, es más temprano. Esa chica se pasa la vida en el gimnasio, por lo que veo.

—Tienes razón—la miró con más seguridad— Es extraño que esté ahí, ella… Ella suele entrenar más temprano. O al menos eso tengo entendido—Añadió tratando de sonar convincente. —Voy, voy a entrar a saludarla.

—Ok, vamos.

—No—la detuvo—tú no.

— ¿Por? Quiero ver si está ese chico tan guapo que boxea con Quinn—se quejó.

—Kate, no creo que un gimnasio sea el lugar más adecuado para entrar con Em, además, solo va a ser un momento.

— ¿Y qué hago yo aquí mientras? ¿Y Em? Te recuerdo que hace mucho frío.

—Id entrando en la cafetería.

—¿Qué? No, no… No es justo.

—Kate, ¿no necesitabas azúcar? Pues es tu momento. Entra y ve pidiendo lo que te apetezca. Y tú—se acercó a su hija—Pórtate bien con la tía Kate, ¿ok? Vuelvo en un minuto.

—Me parece increíble que me estés privando de ver a mi futuro marido—le recriminó Kate empujando el carrito de la pequeña —De verdad, algún día te arrepentirás de tratarme así.

—Deja de quejarte—le respondió divertida mientras la observaba alejarse de ella— Yo invito.

—Faltaría más.

Rachel volvía a reír ante la ocurrencia de la pelirroja, pero aquella risa apenas le duró lo que tardó en verlas desaparecer en la cafetería. Cuando regresó la mirada hacia el gimnasio, fueron las dudas lo que la asaltaron al no saber si estaba haciendo lo correcto o no.

Quinn no tenía ni idea de había planeado aquel asalto, de hecho, fue algo totalmente improvisado por ella en aquella mañana. Solo pretendía verla, así, desde lejos y a través de un cristal, como había estado haciendo durante casi dos semanas. Pero ver su gesto serio tras el breve encuentro que mantuvo con Henry, le hizo tomar aquella decisión.

Sentía la necesidad de al menos asegurarse que estaba bien.

No tuvo problemas en colarse en el gimnasio, había sido usuaria del mismo y a pesar de que Henry no estaba en la recepción, la chica que la recibía la conocía perfectamente. Agradeció que no fuera el entrenador quien la recibiera, lo cierto es que no se sentía preparada para enfrentarse a él y fingir que no sabía qué hacía un par de días se había acostado con la que ahora era su chica. Con Quinn.

Sonrió de nuevo.

Pensar en Quinn como si fuese su chica le hacía bien, aun sabiendo que no era cierto. Pero sonrió más cuando la descubrió mascullando algún que otro insulto entre dientes, mientras ponía todo su empeño en tirar de las anillas que levantaban las pesas de la máquina que usaba.

—18, 19, 20—balbuceó tras soltar las anillas y relajar sus brazos.

—Si sigues así, Brody te va a envidiar—Le dijo Rachel sin creer que su presencia pudiera hacerla reaccionar como lo hizo.

—Oh dios ¡Rachel! —exclamó levantándose de la banca con tanta rapidez, que llegó a darse un golpe con una de las barras que cruzaban sobre su cabeza.

—Oh Dios, ¿Quinn? —se apresuró a tomarla del brazo cuando la rubia ya se llevaba las manos a la cabeza, aturdida—¿Te has hecho daño?

—Dios, ¡qué dolor?

—Madre mía, Quinn… ¿Qué haces? ¿Por qué te has levantado así? —masculló completamente confundida—¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? —añadió tratando de averiguar que en su cabeza no había vestigio alguno de sangre.

—Lo estoy, estoy bien—le respondió sin dejar de friccionar con su mano la cabeza, como si ese gesto le aliviase el resquemor que seguía invadiéndola. Fue entonces cuando logró mirarla a los ojos, y la confusión también se apoderó de ella—¿Qué haces aquí, Rachel? —trató de sobreponerse.

—Yo, yo, lo siento, Quinn. Te he visto mientras pasaba por aquí con Kate y Em, y te vi desde ahí—señaló hacia los ventanales. —Siéntate Quinn—le indicó señalando hacia un par de banquetas junto al lado de la máquina. —Dios, ¿estás bien de verdad? —insistió viendo como la rubia acataba sus órdenes sin más, y tomaba asiento.

—Sí, sí, estoy bien. ¿Y dónde están Kate y Em? —cuestionó lanzando una mirada hacia el exterior.

—En la cafetería que hay justo ahí enfrente—le dijo aun mostrando un halo de preocupación.

—Bien.

— ¿Estás bien?

—Eh, pues sí, aunque un poco incomoda—respondió bajando la mirada.

— ¿Por? ¿Qué te sucede? —se mostró seria. —¿Te sientes mal por el golpe? Quinn, deberíamos ir al médico.

—¿Qué? No, no… Estoy bien. Tranquila, de hecho, ya no me duele. Me he caído tantas veces de mi cama, que ya estoy acostumbrada a darme esos golpes—trató de bromear, pero Rachel permaneció impasible—Estoy bien, Rach… Tranquila.

—¿Y por qué me has dicho que estás un poco incomoda?

—No, no estoy acostumbrada a estar así—se miró a sí misma—Y que venga a verme mi… Bueno, tú—musitó tímidamente.

—¿Así como? —cuestionó confusa.

—Así, en ropa deportiva y sudando—apartó varios mechones de pelo que caían por su mejilla—es raro.

—¿Qué? Quinn, te recuerdo que te he visto correr, de hecho, hace relativamente poco que casi te mueres por imitar a Usain Bolt en el parque—le sonrió— y hace años también hemos compartido gimnasio alguno que otra vez. ¿Qué estupidez es esa de que estás incomoda conmigo?

—Ya, pero no es lo mismo.

—¿Por qué?

—Ahora, ahora quiero estar siempre perfecta para ti—susurró desviando la mirada.

Tragó saliva.

Rachel intentaba comprender que aquello no era una broma por parte de Quinn. No conseguía asimilar que Quinn Fabray se preocupase por estar perfecta para ella. No podía asimilarlo ni comprenderlo, pero estaba sucediendo y tenía que afrontarlo sin mostrar aquellos nervios que se apoderaban de ella.

—¿Y quién dice que no lo estás? —replicó.

—El prototipo de chica haciendo deporte y sudando no es sexy, no uses esa excusa.

—Bueno, no lo será para ti—añadía la morena—Pero yo no tengo ningún problema con eso, todo lo contrario. Créeme, ojalá todo el mundo así, como tú, cuando haces deporte—Soltó, y las mejillas de Quinn se incendiaron.

—Ok. ¿Has venido solo para subirme el estado de ánimo?

—No—respondía con una amplia sonrisa tras verla actuar de aquella manera. Una nueva versión que ella desconocía, desde luego. Y eso que Quinn estaba realmente acostumbrada a recibir todo tipo de halagos—No, no he entrado solo para eso, en realidad te quería saludar, y ya de paso preguntarte por Henry—susurró—¿Has hablado con él?

—Pues sí, hablé con él cuando llegué—volvía a mostrarse seria.

—¿Todo bien? —cuestionó preocupada.

—Sí, supongo—respondía volviendo a bajar la mirada—Me he disculpado con él por haberme marchado de su casa sin decirle nada, aunque no he podido confesarle que me llevé la botella de ron de su minibar.

—Oh, ¿y te ha aceptado las disculpas?

—Sí. De hecho, no solo me he disculpado, también le he dejado claro que lo que sucedió, no volverá a pasar. Quiero decir, que solo ha sido una noche, y nada más.

—¿Y lo ha entendido? —preguntó tratando de evitar que su estómago no se revolviera como lo hacía cada vez que los imaginaba juntos.

—Sí. Él también pensaba lo mismo que yo—volvía a alzar la mirada—Para él solo ha sido una noche. Me ha pedido que esto no interfiera en nuestra relación aquí, en el gimnasio, y yo lo he aceptado. Por supuesto.

—Oh, ok. Eso está bien, ¿no?

—Sí, supongo.

—¿Supones? ¿No es lo que querías?

—Rachel, me ha dicho algo más, y la verdad, no sé si voy a poder seguir viniendo aquí como si nada—le dijo provocando la curiosidad en la morena— Tiene novia, Rachel—susurró tras asegurarse de que nadie podía oírlas—Me ha dicho que tiene pareja y que no quiere que nadie sepa lo que sucedió.

—Oh dios—se lamentó—hijo de…

—Shhh, no, no digas nada por favor, ya suficiente tengo yo como para encima discutir con él.

—Pero, tú no sabías nada ¿No?

—No, claro que no. No soy esa clase de personas, Rachel. Ya cometí demasiados errores en mi vida como para meterme en una relación por una estúpida noche en la que no sabía lo que estaba haciendo—espetó. — Pero realmente me siento mal por esa chica, y ni siquiera la conozco. Y la verdad, agradezco no conocerla, porque entonces no sé si podría callarme. Si viene por aquí algún día, y sé que es ella…

—No, Quinn. No puedes meterte en algo así.

—Rachel, ¿a ti te gustaría que tu pareja estuviese engañándote y no te lo dijeran?

—No, claro que no, pero tienes que ser sensata. No tienes ni idea de cómo es la relación de ellos dos, no conoces a esa chica, ni tampoco a Henry. Meterte en algo así podría ser perjudicial para ti. Piensa que eres conocida, Quinn. Eso siempre va a jugar en tu contra.

—Tienes, tienes razón. No lo había pensado así. Dios, ahora me da más rabia todo lo que ha pasado. —Dijo llevándose las manos a la cara—No hago nada bien.

—No digas eso. ¿Qué culpa tienes tú de que haya imbéciles que actúen así? De los errores se aprende, y nosotras ya tenemos experiencia en eso. ¿Verdad? —le dijo apartando con dulzura las manos de su cara, y un par de aquellos rebeldes mechones que escapaban de su coleta.

Volvía a sonreír.

Rachel conseguía que Quinn dibujase una leve sonrisa mientras no podía evitar quedarse prendada en sus ojos.

—Así me gusta, una sonrisa de buena mañana.

—¿No, no te molesta que siga viniendo aquí? —fue directa.

—Eh, no soy una persona celosa, aun así, te confieso que los pocos celos que pueda llegar a sentir, los supero al recordar el motivo por el que hiciste eso, con ese… —Le respondió lanzando una mirada hacia la recepción, donde Henry volvía a aparecer.

—Es verdad—susurró Quinn recuperando su atención. — En realidad, la culpa de que yo hiciera eso fue tuya.

—¿Qué? ¿Mi culpa?

—Pues sí, por hacerme dudar tanto.

—¿De qué te he hecho dudar?

—De todo, Rachel—le respondió tratando de contener la sonrisa—Por tu culpa, yo pensaba que mi ejército de fans tenía razón, y he sido la última en enterarme. —Añadió y Rachel entendió el punto de humor que estaba utilizando. Una vez más, Quinn usaba su mejor arma.

—Oh, así que tenían razón, ¿te gustan las chicas?

—Me gustas tú—susurró dejándola completamente fuera de lugar. —¿Me vas a seguir mirando así mucho rato más? —rompió el silencio esbozando una sonrisa—No es que me moleste, pero… ¿Eres consciente de donde estamos?

—Cierto—Soltó desviando la mirada rápidamente—pueden vernos.

—No lo digo por eso—respondía Quinn sin perder la sonrisa traviesa, mientras se aseguraba de nuevo que nadie les prestaba atención—Lo digo porque si sigues mirándome así, no voy a tener más remedio que besarte.

Pudo verlo. Quinn pudo ver como Rachel llegó a tragar con dificultad tras escucharla, y volvía a recuperar esa timidez tan adorable que siempre vio en ella.

—¿Ya, ya no te incomoda estar así vestida y sudada? —le replicó tratando de voltear el juego a su favor, pero Quinn no lo iba a permitir. Volvió a lanzar una mirada a su alrededor, se mordió el labio y se acercó lo suficiente a ella para que la escuchara con apenas un leve susurro.

—Te aseguro que ahora mismo, en quien menos pienso es en mí.

—Oh, Ok—balbuceó Rachel tras aguantarle un par de segundos la mirada, y separarse de ella abandonando su improvisado asiento— Será, será mejor que me marche, Kate debe estar histérica esperándome—se excusó mientras Quinn no podía evitar sonreír por su gesto—Además, le he dicho que la iba a invitar, y es capaz de pedir todo lo que haya con tal de vengarse.

—Sí, será mejor que vayas a intentar evitar la ruina de tu economía—mantuvo el tono de humor.

—Sí, eso…

—¿Estás nerviosa?

—No juegues—le amenazó divertida.

—Tienes las mejillas rojas.

—Quinn—insistió lanzando una mirada a su alrededor— Por favor.

—Ok. Ya, ya lo dejo.

—Mejor. No quiero salir de aquí como un tomate—se quejó provocando una nueva sonrisa en la rubia. —Y tú deberías seguir haciendo tus ejercicios, pero procura no golpearte más en la cabeza. Me gustaría poder seguir teniendo conversaciones coherentes contigo.

—Si nadie me asusta…

—Ok. Lo siento de nuevo. Me marcho.

—Perfecto. Hablamos luego.

—Hablamos luego—le respondió regalándole una última mirada antes de girarse, dispuesta a abandonar el gimnasio. Pero no lo hizo. Rachel se detuvo apenas unos metros de ella, y volvió a buscarla. Quinn la seguía observando curiosa.

—¿Sucede algo? —le preguntó.

—Eh, no, pero se me ha ocurrido algo.

—¿El qué?

¿Qué vas a hacer esta noche? —preguntó acercándose de nuevo.

—Pues, supongo que estudiar. Tengo un libreto enorme que aprenderme.

—¿Te apetece que cenemos? —Le interrumpió desconcertándola.

—¿Cenar? ¿En tu casa?

—Eh, no bueno si quieres sí, pero estará Brody, aún sigue aquí—le explicó—Podríamos ir a algún restaurante, aunque tengamos que regresar pronto y…

—Oh, genial. Me encantaría, pero…

—¿Pero?

—¿Crees que es oportuno que salgamos a algún restaurante? ¿No será comprometido si nos encontramos con alguien del teatro?

—Oh, cierto—se lamentó. —Bueno, no sé podemos buscar un lugar lejos de aquí, tal vez podríamos ir a Brooklyn, como antes hacíamos.

—Podemos cenar en mi casa—le dijo sabiendo el enorme esfuerzo que Rachel estaba tratando de hacer—No es un restaurante, pero al menos estaremos cerca de tu casa.

—¿Lo dices en serio? ¿No te importa que cenemos allí? Quinn, si te apetece que salgamos, yo…

—Prefiero cenar en mi casa—la interrumpió de nuevo—El único inconveniente es que estará Superman, pero te aseguro que es menos curiosa que Brody—sonrió.

—Ok.

—¿Estás de acuerdo?

—Sí, por supuesto. Me, me encanta la idea.

—Muy bien, pues tú decides la hora y yo estaré lista. Tendremos nuestra primera cita—susurró y Rachel le sonrió satisfecha sin poder evitar dejar escapar una adorable palmada con sus manos, presa de la emoción.

Gesto que logró que Quinn terminase riendo, más aún cuando intentó recuperar la compostura, y se despidió de ella con una simple mirada.

Una risa que logró mantener hasta que la vio salir del gimnasio, y que podía haber mantenido mientras la esperaba para verla cruzar la calle hacia la cafetería, a través del ventanal. Pero aquel hecho no llegó a suceder.

Quinn no pudo aguardar a verla aparecer en la calle, porque sus ojos fueron a descubrirlo a él. A Matt. Y por supuesto la sonrisa se esfumó y la culpa no tardó en aparecer.

Iba directo hacia los vestuarios que quedaban al lado de la sala de boxeo, y ni siquiera la miró cuando cruzó frente a ella, esquivando toda la hilera de bicicletas estáticas. Tampoco lo había hecho con Rachel, pero a ella ni siquiera tuvo oportunidad de cruzársela.

Tenía que hablar con él. Sabía que tenía que hacerlo, que no podía permitir que lo que habían conseguido lograr en aquellos días, terminase en nada, y sobre todo porque le debía una disculpa. Una gran disculpa.

Aguardó unos minutos, los que sabía que iba a tomarse en el vestuario para prepararse, y cuando creyó haber dejado pasar el tiempo oportuno, fue directa hacia el lugar donde cada día solían encontrarse. La sala de boxeo.

No había nadie, y eso le permitió llegar hasta él con más calma. Matt permanecía sentado en uno de los bancos mientras vendaba sus manos, como era habitual.

—¿Necesitas ayuda? —Le dijo sorprendiéndolo.

—No, estoy acostumbrado a hacerlo solo—le respondió tras mirarla por un par de segundos, y volver a su tarea.

—Ok. ¿Me ayudas a mí? No se me da bien eso de…

—Quinn—la interrumpió sin siquiera mírala—He venido a entrenar, si no te importa, prefiero hacerlo solo. —Añadió provocando que la culpa en Quinn aumentase. No le hizo caso, y decidió sentarse a su lado. —¿No me has entendido?

—Matt, lo siento mucho. No me voy a ir hasta que no me dejes disculparme contigo.

—¿Disculparte? ¿Por qué?

—Por lo que pasó la otra noche. Yo, yo lo siento mucho.

—¿Por qué lo sientes? Tú y yo no somos nada. Somos libres para hacer lo que nos dé la gana —respondía levantándose del banco al tiempo que se desprendía de la camiseta y la lanzaba en sobre el banco.

—Vamos Matt, te estoy pidiendo disculpas por lo que sucedió, da igual que no seamos nada más que amigos, sé que no me porté bien contigo.

—¿Amigos? —cuestionó con sarcasmo—¿Somos amigos, Quinn?

—Claro… —Balbuceó, pero el chico volvía a sonreírle con sarcasmo al tiempo que se acercaba a uno de los sacos, donde no iba a tardar en dar el primero de los golpes. Quinn lo siguió.

—Escúchame Matt, yo quiero ser tu amiga, y te lo dejé claro mucho tiempo antes de todo esto, no es justo que ahora te pongas así.

—¿Desde cuándo se utilizan a los amigos?

—¿Qué?

—Vamos Quinn, ¿me vas a negar que me llamaste solo para tener un acompañante y terminar en esa discoteca con Henry?

—Pues sí, te lo niego—le dijo esquivando el movimiento del saco tras los primeros golpeos—Estaba mal ese día y por eso te llamé, porque es lo que se hace cuando estás así, llamar a tus amigos.

—Ya—se detuvo— Estabas tan mal, que discutes conmigo solo para poder meterte en la cama de ese tío. Porque te has acostado con él, ¿verdad?

—Matt…

— ¿Dónde quedó ese me gustas que me dijiste hace unas semanas, Quinn? ¿Y eso de, me quiero centrar en el trabajo?

—Me gustas Matt, pero no quiero hacerte daño.

—¿Por qué eres tan cínica? ¿De qué daño hablas?

—¿Quieres que me acueste contigo una noche y al día siguiente me marche de tu casa, y no piense en mirarte más a la cara? —le replicó con dureza—Porque eso es lo que habría sucedido la otra noche si no me importaras como me importas

—¿Qué? —se detuvo completamente sorprendido.

—Matt, yo no estaba bien, te llamé porque eres mi amigo, y necesitaba salir y quitarme de la cabeza lo que me estaba martirizando y…

—Y entonces apareció Henry—susurró—y quisiste quitarte esos pensamientos de los que hablas acostándote con él.

—Así es—respondía avergonzada—Matt, fue un error, pero tenía que hacerlo, necesitaba creer que yo seguía siendo la misma persona de siempre.

—¿La misma persona de siempre? Ahora entiendo, eso significa que todo lo que me has dicho y demostrado no es cierto ¿No? Resulta que eres como esas de las que tanto te quejas. O tal vez sea que no has dejado la estúpida capitana de las animadoras, como decías.

—No Matt—interrumpía—yo solo quería recordar que lo es estar con un chico—le confesó sin siquiera pensarlo, y el gesto en el chico le hizo arrepentirse nada más decirlo.

—¿Qué? ¿Qué has dicho?

—Hay, hay alguien en mi vida, Matt. Estoy, bueno no sé si estoy enamorada o no, solo sé que esa persona hace que me sienta especial y siento, siento cosas, cosas que realmente se parecen a lo que se siente cuando te enamoras. —Terminó cediendo. Sabía que no era lo correcto, que confesarle algo así a él, precisamente, no podía ser nada bueno. Sobre todo, porque volvía a romper una promesa que le había hecho a Rachel. Pero en aquella situación, y temiendo perder de verdad la amistad del chico, no vio más opción que la de ser honesta con él.

—¿Y por eso te acuestas con un tipo al que apenas conoces?

—Es una chica, Matt. Me he enamorado de una chica. —Soltó y Matt volvía a detener los golpes sobre el saco, que se balanceaba sin control alguno frente a ellos.

—¿Eres lesbiana? —fue directo.

—No—respondió rápida—No, no lo soy, o eso creo. Nunca me he sentido atraída por ninguna chica—bajó la voz—Pero ahora, ahora hay alguien que sí me atrae y, bueno, yo estaba confusa, creía que no podía sentir algo así y por eso me fui con Henry. Sé, sé que es una estupidez, algo de crías—se excusó—pero lo hice y ya no puedo cambiarlo.

—¿Una chica? —cuestionaba con apenas un susurro, casi tratando de convencerse a sí mismo.

—Así es, por eso mismo no terminé contigo en tu casa, Matt—volvía a alzar la mirada—eres importante para mí y realmente me gustas, eres un chico increíble, pero ya siento eso por esa chica y no puedo hacer nada por evitarlo.

—¿Estás con ella?

—No—mintió, y ni siquiera dudó. Una cosa era expresarle sus sentimientos y otra exponer a Rachel de aquella forma—Pero mi intención es la de estar con ella, y ahora sé que es posible.

—¿Eres correspondida?

—Algo así…

—Ok. Te confieso que no me esperaba una excusa así. Ya han usado ese truco más de una vez para decirme que no están interesadas en mí, pero no esperaba que…

—No es una excusa, Matt. —Lo interrumpió— Nadie sabe esto, ni siquiera mis amigas o familia, eres el primero en saber lo que me sucede.

—¿Y por qué me lo dices a mí?

— Porque confío en ti.

—Supongo que eso significa que no quieres que nadie se entere, ¿no es cierto?

—No es que no quiera, es que acabaría con mis opciones si así sucediese.

—¿Y me lo dices sabiendo que me gustas? —cuestionó extrañado—No es una buena idea, Quinn.

—Confío en ti—volvía a repetir contundente—Te has portado como nadie se ha portado conmigo desde que regresé a Nueva York, y como ya te he dicho, eres importante para mí—se sinceró—Quiero ser honesta contigo. Si no me estuviera pasando esto, te aseguro que estaría loca por ti. Pero no, no es así. Y no quiero perderte como amigo. Yo sé que puede resultar egoísta por mi parte, y lo entiendo… Pero al menos acepta mis disculpas. —Confesó, pero Matt regresó al saco de boxeo, donde comenzó a golpear con más fuerza aún de la que solía usar. Gesto que hizo que Quinn decidiera que rendirse y dejarlo a solas fuera la mejor de las opciones.

Estaba equivocada. Ni siquiera logró salir de la sala cuando su voz la detuvo.

—¡Quinn! —exclamó Matt deteniendo de nuevo el golpeo, con la respiración acelerada y buscándola con la mirada—No te vayas…

—¿Qué? —cuestionaba Rachel justo cuando Kate ya le mostraba la variedad de pasteles que había comprado, y el café en su vaso, preparado para acompañarlas en su regreso a la casa.

—Que sí Rachel, que he visto al chico guapo que boxeaba con Quinn y he hablado con él—espetaba emocionada—Es un encanto y me ha dicho que soy muy guapa, ¡ah! y también le ha dicho guapa a Em.

—Oh dios ¿Ha visto a Emily?

—Claro, estaba aquí tomándose un café, y le ha dicho que era muy guapa, y luego me lo ha dicho a mí—volvía a hablar entusiasmada.

—¿Dónde está?

—En el gimnasio ¿No le has visto entrar? —cuestionó extrañada—Yo lo he visto desde aquí.

—Vamos—tiró del brazo de la pelirroja obligándola a salir de la cafetería mientras Emily comenzaba a aplaudir por regresar a la calle en su carrito. —Vamos tienes que decirme quien es.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Porque quiero saber si es Matt o no.

—Rachel, que si es. Me ha dicho que se llamaba Matt. Y que sepas que me debes una muy, muy grande, porque le he dicho que Em era mi hija.

—¿En serio? —se detuvo, justo cuando lograba divisar los ventanales del gimnasio. —Necesito saber si es él o no, me da igual que te haya dicho que se llama Matt.

—Ok, pues vamos a buscarlo—le respondió la pelirroja imitando su gesto.

Tenía que hacerlo. Rachel tenía que asegurarse que aquel chico del que hablaba Kate era Matt, porque si era él, estaba en problemas. Primero porque había visto a Emily y no era la primera vez que lo hacía, por mucho que Kate le hubiera dicho que era su madre. Y segundo porque ella estaba con Quinn en el gimnasio cuando se suponía que él entró, y era más que probable que la hubiese visto a su lado.

No lo dudó y consiguió, sin mucho esfuerzo, que Kate siguiera sus pasos para regresar frente a aquellos grandes ventanales que permitían la visión de todo el interior del gimnasio, donde Quinn volvía a detenerse junto a Matt tras la petición del chico.

—Dime

—Al menos me has hecho un favor—respondía deteniendo de nuevo la sucesión de golpes sobre el saco.

—¿Cómo?

—Si te llegas a acostar conmigo y luego me dices que te gusta una chica, me habrías hundido para siempre—bromeó al tiempo que esbozaba una ligera sonrisa. Sonrisa que Quinn recibió con los brazos abiertos. —No vuelvas a hacerme algo así, ¿Ok? —le recriminó el chico, aunque su voz sonó con la suficiente dulzura como para saber que no era un ultimátum.

—Gracias

—Somos amigos ¿no?

—Amigos—susurró Quinn acortando la distancia entre ambos. y entregándole un abrazo que Matt no esperaba pero que aceptó con cariño.

Un abrazo que, en ese instante contemplaban Kate y Rachel desde el exterior.

—¡Oh dios! ¡maldita rubia guapa! —exclamó Kate—¿Por qué no me deja a ese chico? —refunfuñó mientras Rachel guardaba silencio.

No pudo evitar que los celos volvieran a acusarla al contemplar la escena, pero su sentido común se interpuso, y la racionalidad tomó la delantera.

—Vamos Kate, vámonos— Acertó a decirle a la pelirroja cuando ella misma tomaba el carrito con Emily, y emprendía el regreso a su casa.

—Maldita rubia de ojos verdes—masculló Kate alejándose del ventanal—¿Por qué tienes que ser tan jodidamente encantadora?

—Gracias por ser tan encantador y aceptar mis disculpas—le dijo Quinn a Matt tras deshacer el abrazo.

—Tienes suerte de que sea encantador—bromeó— Estoy por poner la cara de Henry en este estúpido saco—añadió y Quinn no pudo evitar sonreír arrepentida— Pero bueno, hablemos de cosas bonitas. Como tú sobrina.

—¿Qué?

—Sí, tu sobrina—le repitió provocando aún más su confusión— ¿Tu hermana está casada?

—¿Mi hermana? Eh, sí.

—¡Mierda! No hay manera, no voy a conseguir enamorar a una Fabray nunca.

—No, no entiendo, Matt. ¿De qué hablas? —le preguntó y el chico comenzó a reír

—He conocido a tu hermana.

—¿Qué?

—Sí, he conocido a tu hermana, estaba con tu sobrina.

—¿Mi sobrina? —murmuró tratando de entender lo que le estaba diciendo—pero si mi hermana está en…

—En la cafetería que hay justo ahí, un poco más allá del banco—interrumpía—Estaba tomándome un café y entraron las dos. A ella no la conocía, pero a tu sobrina si la reconocí. Son encantadoras, y es muy joven tu hermana—volvía a sonreír. — Y muy guapa.

—Oh dios—susurró al recordar como Rachel le había indicado que Kate y Emily estaban en esa misma cafetería, y rápidamente la mentira sobre Emily que tuvo que inventarse en la tienda de juguetes aparecía en su mente.

—¿Qué sucede?

—Eh, nada—respondía—No creo que fuese mi hermana—se excusó—Suele estar ocupada por las mañanas.

Tan ocupada que estaba en Lima, pensó Quinn al tiempo que trataba de recuperar la compostura y zanjar aquel tema de conversación—Me espera la destructora de gemelos—bromeó haciendo referencia a una de las máquinas que utilizaba para los ejercicios—Luego vengo y te doy una paliza. ¿Ok? —Le dijo, y Matt la miró un tanto confuso por la situación.

—Ok, chica que aun golpea el saco blando—bromeó tratando de no darle importancia—Te estaré esperando.

Quinn se limitó a sonreírle con toda la convicción que pudo, y regresó a su entrenamiento diario. Un entrenamiento que ya no sabía si iba a poder continuar por culpa de la preocupación, y los nervios que de nuevo la acusaron.

Había tenido de todo en aquella mañana; la conversación con Henry, la sorpresa de Rachel que casi le provoca una conmoción cerebral, y la confesión de sus sentimientos a Matt. Sin embargo, aquella última noticia acerca del encuentro del chico con su supuesta sobrina y con Kate volvía a ponerla en una situación comprometida con Rachel.

Que Rachel viese peligrar la privacidad de su hija por su culpa, era algo que no estaba dispuesta a permitir que sucediese, y de alguna forma tenía que lograrlo.

—No puedes empezar con problemas el primer día, Quinn—se dijo a sí misma regresado a la máquina que iba a destrozar sus piernas—Nada me va a impedir estar contigo, Rachel—volvía a susurrar—nada ni nadie.