Orgullo y tradición – El comienzo. CAP 22

La hora del baño era el momento en que solía despejar su mente de cualquier pensamiento negativo, le gustaba llenar la bañera con agua tibia y sumergirse, a veces completamente, hasta que su necesidad por aire lo hacía sacar la cabeza.

Esos pequeños minutos de placer los valoraba más que nadie en todo el universo. Por primera vez en su vida podía darse el lujo de desconectar por completo sus sentidos del mundo que lo rodeaba, no había forma de que los androides atacaran de pronto ahí, como en su época. Y en cuanto a Cell, confiaba en las habilidades del guerrero Goku, después de todo, era el padre de su mentor. No tenía caso pesar en lo que pudiera estar sucediendo afuera, no ganaría nada con estresarse, ya tenía suficiente con los hirientes desplantes de su padre.

"Mi padre" Suspiró, hundiendo su cuerpo en el agua, hasta la barbilla. "Debe de haber alguna manera de acercarme a él, después de todo, se empeñó en tener un descendiente"

No se atrevía a preguntarle, tenía tres semanas con el guerrero de sangre pura en ese lugar y el acercamiento había sido nulo, las únicas palabras que llegó a escuchar hasta ahora, por parte del príncipe, eran despectivas.

Su mundo ardía bajo el cruel fuego de los androides, mientras él se encontraba enfocado en un acercamiento hacia un hombre que aprovechaba cada instante que podía, para mostrarle su desprecio. La culpa se apoderó de él.

"Debería estar pensando en la manera de incrementar mis poderes"

Intentó poner en blanco su mente, despejarse de toda la mierda que lo rodeaba. Era mejor no gastar energías durante su baño, inclusive mentales, las necesitaba para utilizarlas a la hora del entrenamiento.

El sudor escurría por el cuerpo del príncipe, observó de soslayo a uno de los grandes relojes de arena que contaban los segundos dentro de ese lugar, pareciéndole que corría demasiado rápido. Chistó de mal humor, llevaba horas concentrado en optimizar su ki, solucionando una de sus principales fallas; gastaba demasiada energía y su máximo poder duraba realmente poco, por lo que necesitaba enfocarla hacia sus golpes y ataques de mayor potencia.

Vio salir del baño al mestizo, relajado y limpio, molestándose más por el solo hecho de verlo. Tenerlo cerca de él, era un recordatorio constante de su fracaso, le irritaba.

Gruñó antes de dirigirse al baño. -Ya era hora- reclamó con voz áspera y hostil, no supo por qué lo hizo, no tuvo necesidad de acudir al baño mientras entrenaba. Tal vez se le estaba volviendo una rutina fastidiar al muchacho solo porque sí.

Entró desnudándose y lanzando el traje sudado a la tina, después de orinar, procedió a ducharse, apenas tallando el traje y la armadura, solo para quitarles el molesto aroma a sudor.

Libre del peso de la suciedad, se colocó los calzoncillos húmedos después de escurrirles el agua, dejando el traje colgado. Con la temperatura del lugar, bastaban unas cuatro horas para secarse. Tenía con esa nueva costumbre, de andar con ropa interior húmeda, desde hacía una semana, cuando ya no aguantó el olor en su ropa, entonces fue que se dio a la tarea de comenzar a lavarla cuando se aseaba, maldiciendo no haber ido preparado como el híbrido, quien cargaba lo necesario en sus cápsulas.

Antes de avanzar hacia la cocina, miró de reojo hacia la cama del joven, a través de una abertura en el dosel de la cama, lo alcanzó a ver recostado, dándole la espalda, ignorándolo, contrario a su comportamiento a la hora de entrenar y comer, en donde intentaba hacerle plática, e inclusive le dejaba de la comida que preparaba. Pero a la hora de dormir se aislaba, como si todo el desprecio de ese día hiciera mella en su ánimo, el cual se renovaba al día siguiente, en el que se despertaba descansado tanto física como emocionalmente.

No entendía el afán del mestizo por acercarse, la primera semana lo intentó en cada momento que se daba la ocasión, los días posteriores cambió su estrategia, le daba más tiempo y espacio, pero de alguna u otra manera, terminaban cruzando palabra, en todas esas ocasiones, pudo distinguir el brillo ingenuo de esperanza en los ojos azules del medio saiyajin. Parecía que no se daría por vencido.

Abrió la nevera encontrándose con la cena lista para calentarse, era otra cosa que no entendía del muchacho, ¿por qué se molestaba en compartir lo que preparaba? Los saiyajines no eran así, se rascaban con sus propias uñas, siempre fue así con sus pasados compañeros, cada quién cazaba su presa durante las misiones y, cuando se encontraban en alguna nave nodriza, cada quien se ocupaba por llenar sus propias viandas y tarros. No había espacio para la cordialidad entre su raza, sí para el respeto hacia los más fuertes, hacia los de élite y la realeza, nada más.

"Heredó demasiado de los terrícolas" Se quejó en silencio, pero el suculento olor del gran pedazo de carne cocinado, no le permitió continuar con sus pensamientos negativos. A él jamás le saldría tan deliciosa la comida, al menos esa debilidad del crío le beneficiaba durante su estadía.

"Menos mal que carga esas cápsulas con él, la comida que tienen aquí es horrible"

Decidió no pensar más en el asunto y se enfocó en comer. Se dedicaba a forzar su cuerpo, exigirle el doble de lo común, nunca antes de llegar a la tierra, se esforzó tanto en subir su nivel de poder, ¿y cómo hacerlo?, si tenía su tiempo medido por el afeminado emperador, manteniéndolo ocupado, trabajando para él y cuando tenía el tiempo libre, era escaso y se encontraba agotado, en esas condiciones no conseguía ningún avance. Por eso aprovechaba los instantes en que se encontraba en alguna batalla, para enfrentarse a guerreros que significaran un desafío, que lo hicieran llegar hasta sus límites.

Ahora veía tan lejana esa época de su vida, cuando sobrevivir era su meta diaria, creyendo ingenuamente, que bastaba con ser un guerrero prodigio en su raza, para llegar a tener un nivel superior al de Freezer. Qué iluso fue, los zenkai obtenidos de las batallas, jamás serían suficientes para derrotar al culpable del ocaso de su raza, quizá por eso, el lagarto evitaba que sus soldados entrenaran, inclusive sus favoritos, cuya arrogancia cooperaba con los deseos de su amo, creyéndose suficientemente poderosos, como para conformarse con el nivel que poseían.

Un sonoro eructo se le escapó, al beber de una de las gaseosas que el mestizo llevó consigo en sus cápsulas. Giró su cabeza y lo vio que continuaba durmiendo, de todas maneras, si lo había escuchado, no le importaba lo que pensara de él.

"Claro que importa lo que piense"

Le susurró una voz, muy baja, casi imperceptible, a la que decidió ignorar, avergonzado de sus propios pensamientos.

"¿Entonces por qué te esmeras en mantener el personaje que tú mismo creaste? ¿Por qué mantener la pose cuando él te observa? Si no te importa lo que piense, entonces simplemente ignorarías su presencia"

Le volvió a susurrar, como si fuese una molesta mosca rondándolo.

-Debo estar perdiendo la cordura- murmuró antes de beber otro trago, el cansancio comenzó a pegarle con la digestión, si por él fuera, continuaría entrenando en calzoncillos o inclusive desnudo, pero su cuerpo no rendiría al máximo con la fatiga comenzando a cerrarle los ojos.

Dormiría lo equivalente a una noche completa, no como las pasadas, en donde dedicó menos tiempo para el descanso, exigiéndose más, hasta caer rendido y de mal humor. No podía continuar con ese ritmo extenuante, era preciso tomar una buena siesta, tal como lo hacía el muchacho casi diario.

Con esa rutina continuaron las semanas, meses, seis meses más, padre e hijo conviviendo y a la vez no, compartiendo el mismo espacio sin tener ningún acercamiento.

Trunks decidió darle tiempo de acostumbrarse a su presencia, dejar de atosigarlo, respetar su espacio. Tal vez era tímido, tal vez estaba demasiado acostumbrado a la soledad, como su madre le dijo alguna vez.

"Tu padre nunca hizo amistad con nadie, no era muy sociable, se sentía mejor estando solo, o tal vez eso aparentaba porque, ¿quién puede ser feliz en la soledad?"

Sonrió tontamente al recordarla, sin duda la extrañaba demasiado, ahora le parecía tan extraño que alguien tan sociable como ella, se enamorara de alguien tan huraño y malacariento.

Lejos de desanimarse, le dio más curiosidad, le intrigaba en demasía eso que su madre logró ver en el príncipe. Intentaba formular en su mente, las palabras correctas para entablar una conversación, aunque fuera breve, pero para su sorpresa, el saiyajin de sangre pura voló hacia su dirección, aterrizando a un par de metros de distancia.

Quiso hablar, pero la lengua se le pegó en el paladar, era la primera vez que su padre se acercaba, esa acción lo congeló.

-Necesito saber algo- lo escuchó decir con voz áspera y firme, algo típico del mayor.

El viajero del tiempo parpadeó extrañado, tardando unos cuantos segundos en recuperarse, tragó saliva y respondió con nerviosismo bien camuflado. -Escucho.

-¿Qué fue lo que tu madre te dijo sobre mí?- Lo soltó sin titubear, sin pausas. Luego recapacitó sobre sus palabras y antes de que el joven hablara, se adelantó en aclarar. -No es que me importe la opinión que puedan tener de mí, pero algo no concuerda con los hechos ocurridos en esta línea del tiempo con la tuya- cruzó los brazos, abriendo un poco las piernas, acomodando su postura de manera más relajada, eso significaba una cosa; estaba abierto a dialogar, por primera vez desde que entraron en ese extraño lugar.

Era una oportunidad que no dejaría pasar, por lo que sacudió la arena blancuzca que se pegó a su pecho mientras entrenaba y adoptó una pose similar a la del príncipe.

-¿Qué es eso que no coincide?- inquirió con curiosidad.

-Las condiciones en las que se dio tu… concepción en mi línea temporal, fueron altamente influenciadas por tu visita hace tres años- confesó sin dejar de observar cada reacción en los rasgos del juvenil rostro que tenía en frente.

Automáticamente, el ceño del muchacho se arrugó aún más, demostrando molestia.

Entrecerró los ojos antes de preguntar con indignación. -¿Acaso piensas que no soy tu hijo?

-Por desgracia estoy seguro de que llevas mi sangre- escupió consciente de que esa respuesta podría herir sus terrícolas sentimientos. -pero la primera vez que te vi, me refiero a tu primer visita, en ese entonces creí que eras algún crío que Kakaroto tuvo con cualquiera. Podías transformarte en súper saiyajin y te negaste en hablar con alguien que no fuera él- se encogió de hombros, -me pareció lógico, hasta que te vi de nuevo y supe tu nombre, entonces entendí, eras el débil crío que parió Bulma.

-Entiendo…- torció los labios levemente, le molestaba la manera tan ofensiva en que se refería hacia su persona, hasta ese momento, no lo había escuchado pronunciar ni una sola palabra positiva cuando se refería hacia él, todas tenían una carga despectiva, le dolía demasiado, pero evitaba demostrarlo. Tragó saliva para disimular antes de continuar. -Pero no encuentro diferencias en nuestras líneas del tiempo.

Un incómodo silencio se instaló entre ambos, Vegeta dudaba de que el joven tuviera información que despejara sus dudas, de hecho, dudaba que tuviera algo interesante qué decir. Pero la duda lo tenía confundido, le irritaba ignorar detalles, principalmente cuando se trataba de cosas personales.

-Yo creí que el imbécil de Kakaroto había procreado dos híbridos, que su legado continuaba de alguna manera- tragó saliva al recordar el sentimiento que lo embargó en aquella ocasión; envidia. No lo reconocía aun, pero sintió envidia de que aquel guerrero de clase baja tuviera descendencia, y no cualquiera, una descendencia que podía aspirar al nivel del súper saiyajin y derrotar al temido Freezer, sin titubear ni esforzarse. Cerró los ojos aspirando hondo, su obstinada personalidad le impedía admitir, que le enorgullecía que su sangre fuera la ejecutora de la venganza de su raza. Abrió los ojos de nuevo, evitando observarlo de frente, no podía darse el lujo de exponer sus pensamientos. -Me empeñé en tener un descendiente para…- bufó con la vista perdida en el horizonte. -Ya no tiene caso…- finalizó negando con la cabeza.

-¿Para qué?- inquirió el medio saiyajin. -Entonces, ¿es verdad que tú buscabas tener un hijo?

El príncipe retornó la vista hacia su vástago, ¿cómo era posible? Se suponía que en el futuro del muchacho, nunca llegó nadie en una máquina del tiempo, para avisar sobre los androides, ni la enfermedad de Kakaroto. No tenía sentido alguno.

-¿Cómo sabes eso? Exijo que me digas todo lo que tu madre te comentó al respecto- levantó un puño amenazadoramente, movimiento que acostumbraba para sacar información cuando fue un soldado al servicio de Freezer, de esas manías que ya no tenía caso utilizar con Bulma o su hijo, pues ellos siempre estaban dispuestos a dialogar, sin necesidad de ser amedrentados. Pero una vieja manía no se podía ir de la noche a la mañana, al igual que las ideas que se le plantaron en la cabeza desde que comenzó a tener consciencia.

-Mi madre…- por un segundo se intimidó con la mirada agresiva del mayor, era notorio que tenía poca paciencia, algo que su madre también poseía. Era extraño, ambos eran tan parecidos y a la vez tan distintos. -Mi madre dijo que cuando te anunció su embarazo, admitiste que buscabas tener un hijo- lo vio entrecerrar la mirada, atento a cada palabra, casi inmutable, -no me dijo mucho, solo que para ti era importante, ya que el señor Goku tenía a Gohan- se relamió los labios antes de continuar con una escueta sonrisa, -que solías fanfarronear al decir que yo superaría el poder de Gohan.

-¿Así que eso pasó?- Aspiró profundo, analizando lo recién escuchado.

"Entonces no fue él, fue el crío llorón de Kakaroto" Pensó, recordando que desde el instante en que Nappa le sugirió tomar hembras terrícolas, para repoblar la tierra con híbridos saiyajin, a pesar de negarse rotundamente y considerarlo una estupidez, muy dentro de sí le surgió la duda, ya que al parecer, los genes terrícolas eran altamente compatibles con los suyos, lo que daría como resultado un margen de error muy bajo, no como los fallidos intentos del guerrero calvo, de los cuales, por fortuna ninguno sobrevivió. Solo que en el futuro del muchacho, fue Gohan el catalizador para que al fin se decidiera a experimentar, tal vez por eso no se marchó al espacio; se quedó para buscar a una hembra, y el hecho de que la científica fuera la escogida, tenía mucho sentido. Se conocía lo suficiente como para saber que inclusive en otras circunstancias, terminaría actuando de dicha manera. Entendió que el deseo de procrear, nació con la sugerencia de Nappa y era cuestión de tiempo para ponerla en práctica.

-Dime una cosa padre- ahora era su turno de preguntar, eso que lo atormentaba desde que lo conoció. -Si querías tener un hijo, ¿por qué me rechazas? Ni siquiera aceptas que entrenemos juntos.

Dándole la espalda al joven, comenzó a caminar hacia donde había estado entrenando minutos antes. -No eres lo que esperaba.

Lo escucho decir, antes de verlo emprender el vuelo, alejándose de nuevo.

-No era lo que esperaba- musitó con un sentimiento amargo. Su madre siempre se aseguró de hacerlo sentir amado y protegido. Cuando era pequeño, solía ser abrazado por ella en las noches, bajo la tenue luz de las escasas lámparas nocturnas, que se filtraba por las diminutas ventanas ocultas entre la maleza del jardín. Escondidos en los túneles de la corporación, que servían para refugiarse en caso de algún ataque, construidos en la época que la patrulla roja amenazaba con invadir ciudades, robar los adelantos tecnológicos y secuestrar a los prominentes científicos. Al caer dicha organización criminal, esos túneles fueron utilizados para salvaguardar los planos y fórmulas de los inventos más importantes de la corporación. Pero después de la derrota de los guerreros a manos de los androides, la científica tomó los túneles como refugio, para ella, sus padres y su pequeño bebé, desde ahí escucharon cómo era atacada la ciudad y su amada corporación.

Entre esas grises paredes creció el niño, saliendo a la luz del sol en escasas ocasiones, escuchando a través de un radio, lo que sucedía al exterior, creciendo la ansiedad en su joven cuerpo.

Al anochecer, enroscaba sus manitas alrededor del cuello de su madre, aferrándose a ella a pesar de tener casi ocho años, en esa época fue cuando Bulma comenzó a relatarle historias fantásticas, en donde ella era una osada jovencita que viajaba por el mundo, inclusive fuera del planeta, conociendo seres extraordinarios, enfrentándose a enemigos poderosos, resultando ilesa a pesar de su frágil condición. Le decía que nunca esperó tener un hijo como él, que había superado todas sus expectativas, que era mucho más de lo que esperaba de un hijo.

No se cansaba de recordarle que era su mejor logro, que su padre estaría muy orgulloso de él si continuara con vida, que de poder verlo desde el otro mundo, probablemente lo estaría.

Constantemente le recordaba que su compañía le brindaba la fuerza necesaria para continuar con sus investigaciones, para luchar por un mundo sin los androides, el mundo que ella conoció, el mundo en el que se enamoró de su padre.

**FLASHBACK**

-Cuéntame de nuevo la historia del reino de los saiyajines- palmeó con entusiasmo la almohada, antes de acomodarse al lado de su madre.

Una delicada mano le acarició los lacios cabellos con ternura. -¿No quieres escuchar una nueva historia, más divertida?- Intentó persuadirlo, no tenía ganas de tocar ese tema, estaba más sensible de lo común, pues ese día se cumplía un año más de la muerte del príncipe, dato que el pequeño híbrido de siete años ignoraba, no deseaba demostrarle su dolor en un mundo lleno de lágrimas. Delante del niño se las tragaba, ponía la cara más jovial y feliz de su repertorio.

El infante se inclinó para tomar un libro de cuentos que reposaba sobre una mesita de noche, lo hojeó con cuidado, buscando algo en particular, la científica creyó que le pediría uno específicamente. Lo vio pasar las páginas, hasta detenerse en un cuento de hadas, vivamente ilustrado.

Dirigió el dedo índice de su mano derecha hacia la ilustración, apuntando a la imagen de un gallardo caballero, que portaba una armadura plateada, la cual le cubría todo el cuerpo.

-¿Mi papá usaba una armadura como esta?- Preguntó, con los ojitos brillando por la emoción que le provocaba el origen de su progenitor, logrando arrancarle una gran sonrisa a Bulma. Tenía poco tiempo desde que se atrevió a contarle a su hijo, sobre el origen de la raza saiyajin y el destino de su planeta, historia aderezada por su fértil imaginación, ya que prácticamente no sabía nada, pues el príncipe no fue muy conversador cuando llegaron a intimar, y no insistió para darle su espacio, para darle tiempo de acostumbrarse a cosas tan comunes para ella, como conversar después del sexo, algo en lo que el príncipe no tenía costumbre alguna.

Le revolvió de nuevo los sedosos cabellos lilas. -No- rio de buena gana. -Era muy diferente.

-¿Y era más fuerte que Gohan?

Bulma asintió con la cabeza, curveando los labios en una forzada sonrisa, le costaba mantener su ánimo cuando aparecía en su mente, el recuerdo del cuerpo del guerrero, destrozado a golpes, casi irreconocible. Si no fuera por la gentileza de Gohan, no hubiera tenido el valor de recoger los despojos del saiyajin para darle sepultura en el mismo lugar en donde perdió la vida, pues levantar lo que quedó de él, hubiera sido devastador para una mujer que cargaba a un pequeño híbrido de meses de nacido. Sin duda fue una locura llevarlo consigo, una locura de la que se arrepintió después, ya que no pudo llorar ni tirarse sobre la tumba del guerrero, para sacar su dolor, como sintió que debió hacerlo, con Trunks presente tuvo que armarse de valor y tragarse todo el dolor para no alterarlo, pues sabía que el bebé era muy susceptible a sus cambios de humor.

Después de eso, ya no volvió nunca más a ese lugar, no tuvo el valor, además, sentía que los androides saldrían de entre las montañas en cualquier momento, como si para ellos fuese un lugar al que les gustara regresar para regodearse de su poder sobre los huesos de sus víctimas, algo en lo que no estaba muy errada.

Los ojos ensombrecidos de la mujer, no pasaron desapercibidos para el híbrido, que a pesar de su tierna edad, le era posible notar los cambios de humor en su madre y abuelos, por mucho que se esforzaran en ocultarlo detrás de una divertida mascara, él podía percibir sus energías y a través de ellas, su verdadero estado de ánimo.

La observó abrir la boca, iba a decirle algo, pero él se adelantó. -Ya tengo mucho sueño- fingió con éxito un bostezo, -prefiero dormir- colocó de regreso el libro de cuentos y apagó la pequeña lámpara, acomodándose a la izquierda de su madre, su lugar favorito en ese cuarto oscuro, algunos metros bajo tierra. Solo en esas instalaciones ocultas, podían conciliar el sueño.

Después de unos minutos, pudo escuchar la respiración pausada de su madre, señal de que dormía profundamente.

De nuevo no logró obtener más información de su padre, tal vez en otro momento, pero esa noche no. El ki de la científica estaba más inestable que en otras ocasiones, prefirió dejarla en paz, ya buscaría otra oportunidad.

Con el paso de los años, las preguntas acerca del guerrero de sangre pura fueron disminuyendo, no por falta de interés, sino porque al parecer, su madre no sabía mucho del príncipe, o poseía información que por alguna razón, no tenía deseos de revelar; casi podía apostar a que era la segunda opción.

**FIN DEL FLASHBACK**

-Era por eso- balbuceó. Entendiendo el por qué su madre le sacó la vuelta a esa charla, la mayoría del tiempo. Era posible que estuviera enterada, del rechazo de su padre hacia él, no era lo que esperaba.

"¿Pero qué rayos esperaba?" Se preguntó dolido. "No lo entiendo, ¿qué tengo mal, como para decepcionarlo de esa manera?"

Su frágil autoestima tambaleaba, junto con la esperanza de lograr algún acercamiento con ese hombre que idealizó como un ejemplo a seguir, un príncipe llegado de otro planeta, con una armadura de guerrero y porte de héroe. Así se lo describió su madre, cuando era un niño de siete años, cuando se le hinchaba el pecho de orgullo al saber que su padre había dado la vida por ellos, que gracias a su sacrificio continuaban con vida.

Ahora comprendía las palabras que la científica dijo, justo antes de viajar al pasado por primera vez, palabras que le repitió en ésta segunda ocasión.

"Por favor Trunks, no te acerques mucho a Vegeta, no le hagas plática… evítalo"

Le pidió casi como una súplica, con ojos llenos de preocupación. En ese momento creyó, que ella evitaba que se encariñara con el guerrero, y que al regresar al futuro, sufriera por distanciarse de nuevo y para siempre. Pero no, ahora comprendía la preocupación de su madre, ella siempre le ocultó la verdad; él nunca los quiso, nunca se preocupó por ellos ni murió por ellos. La prueba estaba en que los había dejado morir a manos de Maki Gero, no fue que se congelara por el repentino ataque, o que no ayudara por haberlo visto adelantársele. No lo hizo, simplemente porque le daba igual si morían o no.

Tragó saliva conteniendo las lágrimas, no le daría el gusto de verlo derrumbado; él se lo perdía. Apretó los puños, negándose a volver a ilusionarse con un acercamiento, le quedaba claro que el mayor no tenía intenciones de entablar ninguna relación, posiblemente tampoco con su madre.

"Es mejor quitarme la venda de los ojos. Solo la usó para cumplir un absurdo capricho… no la merece"

Voló hacia el lado contrario, lo más alejado que pudo, hasta un lugar en donde no eran visibles las habitaciones, ni el príncipe, lo único perceptible desde esa distancia, era el ki del guerrero entrenando.

-¡ERES UN IDIOTA!- Gritó colérico, más para sí mismo, pues era imposible que alguien más lo escuchara. -¡UN IMBÉCIL!... YO… yo te admiraba- musitó la última frase.

Pensó en todas las ocasiones, en que observó a su madre sonreír con la mirada melancólica cuando hablaban de él, no se necesitaba ser un genio para adivinar que a ella sí le dolía la ausencia del guerrero, inclusive le brillaban los ojos cuando relataba la historia de cuando se quedó varado en la tierra, junto con los namekianos, todo lo que tuvo que hacer para que no causara problemas. Lo contaba de tal manera, que parecía una divertida aventura. De cómo lo hizo vestir una ridícula camisa rosa, el día que el señor Goku regresó a la tierra. Ella lo quería, lo quiso, pero sus sentimientos nunca fueron correspondidos.

El aura amarilla característica de su transformación lo rodeó, expandiéndose con furia, expulsando a través de su energía, todo el resentimiento y pensamientos negativos que le invadían. Entrenó a solas, como estaba acostumbrado desde que murió su maestro Gohan, se enfocó en incrementar su ki dentro de él, expandiendo su masa muscular, brindándole un aspecto más intimidante.

-¡¿Cómo es posible que diga que no soy lo que esperaba?!- Bramó envuelto en su aura dorada, embelesado por el enorme poder que recorría su cuerpo, furioso. No recordaba haber experimentado ese nivel de furia, inclusive cuando murió su maestro, sí, le enfureció hasta lograr convertirse en súper saiyajin, pero la furia de ahora era muy diferente, más salvaje, más primitiva. Era como si la parte guerrera de su ser, invadiera cada célula de su interior.

Por primera vez en su vida, sintió orgulloso de su poder, experimentando la arrogante sensación de superioridad, propia de su origen alienígena. Sentimiento enceguecedor, que llevó a sus antepasados hacia la ruina, pues no creían necesario esforzarse para incrementar más su poder, llevándolos a un estado de conformismo, inclusive su padre, el príncipe Vegeta, en el pasado llegó a pensar que no requería de mucho esfuerzo, que con el hecho de ser un prodigio bastaba para que en cualquier momento, emergiera el súper guerrero que dormía dentro de su piel.

Observó los músculos de sus brazos y piernas, más anchos que nunca, pensando que había logrado ascender a un nivel superior que el de la transformación que ya dominaba, inclusive superior a la de su padre, ese que lo despreciaba, que tenía la osadía de escupirle en la cara, que no era lo que esperaba.

Cerró los puños bajando la intensidad de su ki, lo más probable era que el príncipe no fuera ajeno a semejante derroche de energía, sería imposible no haberlo notado, a pesar de la gran distancia en que se encontraba.

-Es mejor controlar mi ki, prefiero sorprenderlo en batalla, demostrarle que lo he superado- dijo con arrogancia, creyendo ingenuamente, que su padre no pudo sostener esa transformación y por eso desechó las intenciones de continuar utilizándola, porque estaba seguro de que él, también la tuvo, o al menos lo intentó. No olvidaba que un par de meses atrás, lo sintió a lo lejos, expulsando esa misma cantidad de energía, para luego disminuirla y no volver a demostrar semejante cantidad de poder. Ahora pensaba erróneamente, que lo más probable era que el guerrero de sangre pura, no pudo sostener esa nueva transformación.

Faltaban ya casi tres meses para que terminara el año en la habitación del tiempo, no hubo ninguna charla más desde aquella ocasión, en donde hablaron sobre los motivos que orillaron al mayor a decidirse por tener un descendiente. El híbrido continuó con su entrenamiento, apartado de su padre, tan lejos, que de no ser por su habilidad para detectar el ki, se perdería para siempre en el basto paisaje blanquecino.

Tomó la rutina de despertar siempre temprano, por fortuna, entre los objetos que cargaba en sus cápsulas, iba un reloj digital, además de uno de pulsera, con los que se ubicaba mejor, que con los enormes de arena. Así podía dividir las horas, como si fuera día y noche, ya que no había sol, ni noche que marcaran los cabios de un día a otro.

Gracias a que las dos únicas camas del lugar, contaban con un grueso dosel, es que podían conciliar el sueño a oscuras, de lo contrario, afectaría a su rendimiento diario y causaría estragos en los resultados finales.

Durante esos meses, Trunks se levantó primero, desayunó y después de lavar sus dientes, volaba lo más alejado que podía, para comenzar con su entrenamiento, sin tener que ver a su padre. Cargaba una cápsula con agua, algo de comida y hasta un botiquín y papel sanitario. Así, tenía lo necesario a la mano, evitando al máximo, tener que interrumpir sus avances y, toparse con él y con sus palabras mordaces. Inclusive realizaba sus necesidades fisiológicas en ese lugar, en medio de nada, pulverizando luego cualquier rastro con un pequeño destello de energía. No permitiría, que si a su padre se le ocurriese volver a buscarlo, viera la prueba de que defecaba en el suelo y terminara burlándose de él, para Trunks no era nada nuevo, por desgracia en el pasado, tuvo que verse en la necesidad de hacer sus necesidades entre los escombros de una ciudad, por miedo de ser descubierto por los androides, que merodeaban cerca. Sin tener idea, de que su padre también tuvo que aguantarse por horas y terminar tomando como baño lugares llenos de cadáveres, en algún planeta conquistado para el emperador. Tenían mucho en común y lo ignoraba.

Golpeaba con fuerza la imagen de Cell, el cual esquivaba con destreza y regresaba los golpes, tenía días entrenando de esa manera, pero se sentía atorado no lograba ningún avance, a excepción de su transformación mejorada, pero no entrenaba mucho con eso, era un as que tenía bajo la manga, e inclusive lo ocultaba del otro guerrero.

-¡No lograré nada así!- Gruñó golpeando el suelo, concentrándose en la energía de su padre, a kilómetros de distancia. Arrugó el ceño molesto por lo que estaba pensando. -Ha incrementado sus poderes… pero no es suficiente.

Gruñó en voz alta, tendría que rebajarse y buscarlo, pero de no hacerlo, corría el riesgo de fracasar en su misión. No podía darse el lujo de fallarle a su madre, de fallarle a Gohan y a todas las víctimas de su línea del tiempo. Regresó a su estado normal, sintiendo su lacio cabello caer sobre la nuca y hombros, tomó de un bolsillo, el pedazo de cuerda que arrancó de los lazos dispuestos para sostener el dosel de su cama, con esa pequeña cuerda se ató el cabello en una coleta, para que no cayera sobre su frente, molestándole la visión al entrenar. Respiró hondo, resignado, a estas alturas ya no esperaba nada de su padre, aun así, emprendió el vuelo hacia la dirección en donde se encontraba el mayor.

Después de veinte minutos de vuelo, logró visualizar al guerrero de sangre pura, transformado lanzando patadas al aire, igual que Trunks, media hora atrás.

-Necesito hablar contigo- dijo apenas aterrizó frente a él, alcanzando a esquivar un puñetazo que iba dirigido al contrincante imaginario del príncipe.

-¡Lárgate! Estorbas- respondió sin mostrar emoción alguna, ahora, lanzando unas cuantas patadas y golpes al muchacho, quien las esquivó con dificultad, pero logró resultar ileso, al menos hasta entonces.

-Es importante padre…quiero hacerte una propuesta- insistió regresándole los golpes.

Vegeta se inclinó hacia la izquierda, lanzando un gancho hacia las cortillas del muchacho, dando en el blanco, pero no pudo festejar su victoria, pues un puñetazo se instaló en su mejilla derecha.

Ambos guerreros llevaron sus manos hacia la zona afectada, fingiendo que dolía menos de lo que parecía. Esos segundos de combate fueron de gran ayuda para detectar una que otra falla en su desempeño, lo que imaginaba Trunks, mientras tanto, la revelación sorprendió al otro guerrero, quien venía menospreciando la utilidad de su vástago a la hora de entrenar.

-¿No me dejarás en paz hasta que barra el suelo contigo?- Inquirió Vegeta, sin mostrar su emoción ante un combate real.

-Quiero verte intentarlo- le respondió su hijo sin titubear, mostrando seguridad en sus facciones, en posición de batalla, una que recordaba haber visto antes.

Tardó unos cuantos segundos en reconocerla, era la misma del mocoso llorón que Kakaroto tenía por hijo. Ya lo había mencionado antes el muchacho, cuando recién entraron a la habitación, lo escucho decir que Gohan fue su mentor, entre otras cosas sin importancia y, a pesar de que los primeros meses entrenaron no muy lejos uno del otro, evitó poner mucha atención a sus movimientos, no quería verse sorprendido mientras lo observara entrenar, no quería pensar, ni siquiera reparar en el hecho de que su experimento no resultó un fracaso, muy por el contrario, superaba cualquier expectativa que pudo haber tenido.

Le hirvió la sangre al ver a su único descendiente, utilizar con orgullo las técnicas de su rival, en vez de las suyas.

"Admítelo, Bulma tenía razón, el crío tiene mucho potencial" Le susurró una molesta voz interna, la misma que le recordaba a diario, que ninguna otra hembra en el universo, le brindaría la sensación de paz que encontraba entre los débiles brazos de la mujer de cabello azul.

-Tsk…- gruñó, ajeno al hecho de que se abría una fisura más, en su duro caparazón de orgullo, una grieta enorme, producida al experimentar de primera mano, el poder que manaba del muchacho que se empeñaba en despreciar.

Irritado por la revelación, arremetió contra el joven, elevando su ki y golpeando con más fuerza, con ira, como si deseara eliminarlo. Pero su subconsciente jaló de las correas de su cuerpo, deteniendo la intensidad de sus ataques, deseaba eliminarlo para borrar de tajo, esos nuevos sentimientos que pensó, jamás llegar a experimentar, a la vez que no deseaba hacerle daño. Sintió deseos de entrenarlo, enseñarle su técnica de combate, heredarle su frialdad. Pero eso último significaba doblar las rodillas, aceptar que estuvo equivocado al juzgarlo siendo un crío, su cabeza dura no se lo permitiría, él no aceptaba errores.

Elevó más su ki, repartiendo diversos golpes al cuerpo del híbrido, quien los esquivó con facilidad al principio, pero conforme avanzaban, su resistencia fue cediendo, hasta perder su transformación.

Jadeando cayo de rodillas, apretando los ojos, soportando el dolor intenso de una patada en su costado derecho, de no haber sido porque alcanzó a girarse, posiblemente hubiera resultado con más de una costilla rota, tal vez tendría alguna astillada, pero era algo con lo que podía lidiar, no sería la primera vez.

-¿No me digas que no sirves para más que eso?- Inquirió el príncipe, con voz áspera, sonriendo burlesco. -Apenas va el calentamiento.

Trunks agachó la cabeza, debatiéndose entre mostrar su verdadero poder, o continuar controlando su ki. Meditó en silencio sus posibilidades, llegando a la conclusión, de que sería mucho mejor mostrar su verdadero poder en batalla, frente a Cell, para callar de una vez por todas, la arrogante boca de su padre.

-Aunque admito que eres el costal más resistente a la hora del calentamiento… pero dudo que sirvas para más que eso- escupió con la clara intención de herir. Le irritaba que el muchacho buscara acercarse a él en los primeros meses, pero más le irritaba que después lo ignoró, las pocas palabras que le llegó a decir durante ese lapso de tiempo, fueron escuetas, solo para avisarle en dónde dejaba la comida; en el horno o en la nevera. Porque eso sí continuó haciendo, compartiendo de lo que cocinaba.

A veces deseó no tomar los alimentos, pero olían tan bien, y los que tenía la alacena de la habitación no eran apetecibles, por lo que terminaba tomándolos, después de todo, solo era comida y necesitaba recargar las energías para continuar con su entrenamiento.

-¿Cómo vamos a avanzar?... Si nos limitamos a golpear el aire- sonrió, pero no de la manera amable en que solía hacerlo cuando intentó sacarle plática meses atrás, le sonrió de manera retorcida, muy semejante a él. No pudo evitar notar el gran parecido que poseían, inclusive en la mirada, solo los colores le diferenciaban, y la estatura, ya que hasta ahora notaba que el joven había crecido unos cuantos centímetros más, ya lo rebasaba notablemente.

Lo que decía el híbrido tenía sentido, necesitaba esquivar golpes reales, sentir el peligro, poner en práctica su velocidad, encontrar sus puntos débiles y eso, únicamente lo encontraría con un contrincante fuerte. Definitivamente Trunks lo era, pero eso no lo diría en voz alta, ni siquiera le daría la oportunidad a su molesta voz interior, de susurrárselo.

Vegeta hizo un movimiento con su cabeza para destensar los músculos de su cuello, escuchándose el crujir de las vértebras. Luego se posicionó para atacar. -Para tu suerte, hoy tengo ganas de romper huesos- fanfarroneó, agitando el dedo índice y medio de su mano derecha, invitándolo a atacar. -No te limites, no moriré contra ti- agregó, sin mencionar que estaba consciente de que el muchacho se rehusaba a mostrar todo su poder.

Finalmente, a pocos meses de cumplirse el plazo para entrenar, ambos saiyajines se enfrascaron en una pelea, comenzando en iguales condiciones, ya que Trunks sacó la casta, después de escuchar a su padre decir que estaba dispuesto a tener un combate real. Le demostraría de qué estaba hecho, pero sin mostrar lo que guardaba para la batalla real. Su juventud e inexperiencia le jugaron en contra, al creer que su nueva transformación sería de utilidad y que no hacía falta mostrarla para descubrir sus puntos débiles.

A pesar de que ninguno lo demostró abiertamente, disfrutaron del encuentro, el cual fue breve para su gusto. Trunks decidió omitir el consejo de su padre, no tirando a matar, pero sí a ocasionar daño moderado, sin embargo Vegeta, hizo lo mismo, pero engañándose a sí mismo, con el pretexto de que el mestizo debía verlo triunfar sobre Cell y Kakaroto. Y para eso, tendría que permanecer con vida.

El entrenamiento de ese día fue de provecho para ambos, encontrando fallas en su velocidad y técnicas, pero ninguno lo admitió en voz alta. Briefs fue quien recibió más golpes, era evidente que su padre tenía más experiencia, a pesar de que toda la joven vida del híbrido se vio rodeada de peligro, enfrentándose en diferentes ocasiones al par de demonios que azotaban su línea del tiempo, enfrentamientos en los que terminaba huyendo para preservar su vida, no tanto por él, sino por su madre, quien solo le tenía a él, pues sus abuelos ya no estaban en el mundo terrenal.

De pronto, el príncipe detuvo sus ataques de ki. -Ya me fastidié de no recibir ningún golpe decente- escupió saliva hacia el piso. -Deberías retirarte a reponer energías… a ver si en unas horas me puedes servir para algo más, que ser un blanco al cual golpear- fanfarroneó cruzando los brazos. El encuentro lo había puesto de buen humor, a pesar de enfrentarse contra un mestizo, no estuvo nada mal, claro que sería mucho mejor si el entrenamiento se lo hubiese dado él, en lugar del hijo de Kakaroto.

No dijo nada más, se limitó a dirigirse hacia la cocina, dispuesto a engullir las chuletas que guardó para comer más tarde, dejando solo al muchacho, observándolo alejarse.

Ya casi cumplía un año "conviviendo" con su padre, el trago más amargo de su vida, pero aun así era mejor que nada. Al verlo darle la espalda y alejarse, sonrió negando con la cabeza, comenzaba a entender el extraño lenguaje que manejaba el príncipe, no era tan ingenuo como para no captar que lo acababa de adular, muy a su osca manera. Una luz se asomaba al final del túnel, pudo vislumbrar una chispa en los ojos de su padre, por un segundo, efímero, pero ahí estaba; esa mirada que su madre le platicó hace mucho, cuando era un niño de doce años e idolatraba la imagen de su padre.

"No era un hombre de muchas palabras, pero podía decir mucho a través de sus negros ojos; en especial, cuando le brillaban de manera única. Entonces yo podía saber, cuando sus palabras frías tenían que ser descifradas. Hubo un tiempo que fue mi pasatiempo favorito, cuando aprendí a dominar su idioma"

-¿Así que a eso te referías madre?- musitó con la esperanza renovada. Tenía claro que debía darle su espacio, hablar su idioma, ganarse su reconocimiento, conocerlo.

Meditó en silencio unos minutos más, antes de ir a comer algo ligero, los músculos le dolían y le hacía falta dormir.

La terquedad de su padre, era un duro caparazón que evitaba acercarse a él, pero esa tarde logró resquebrajarlo, era cuestión de tiempo para romperlo por completo, debía ser cauteloso.

Suspiró cansado, su cuerpo mostraba las huellas del enfrentamiento, pero estaba seguro de que cada golpe, cada cicatriz valía la pena. Eran un escalón más que lograba avanzar hacia su meta final; superar a las abominables creaciones del doctor Maki Gero. Cerró el dosel y se dedicó a descansar, estaba seguro de que al día siguiente, su padre sería más exigente.

Mientras tanto el príncipe hacía lo mismo, acomodándose boca arriba, dejándose llevar por el cansancio en su adolorido cuerpo. Entonces, la imagen de ella vino a su memoria, una imagen en específico, una en donde le recordaba su apuesta, en donde le aseguraba que estaba equivocado respecto al crío. Tenía razón, pero aún no estaba completamente convencido.

**FLASHBACK**

Caminaba por los jardines de la corporación, esperando que pasara un tiempo prudente después de su comida, para continuar con su entrenamiento. Iba distraído, pensando en la manera correcta de distribuir su ki durante un ataque en específico, cuando escuchó risas y chapoteos. No pudo evitar sentir curiosidad y voltear a ver hacia la piscina.

La científica parecía entrenar al crío en el agua, lo tenía vestido con unos extraños objetos inflados en sus brazos, lo cuales evitaban que se hundiera. La vio alejarse del menor y salir del agua, tragó saliva al observar las curvas de la mujer, apenas cubiertas por un pedazo de tela en color morado oscuro, que contrastaba con su piel. Sin proponérselo enfocó la mirada en el profundo escote en V, que dejaba ver a la perfección, los atributos hinchados de la científica. No tardó mucho tiempo para que ella notara su presencia, por lo que tuvo que fingir que no la observaba, pero ella no era tonta, sabía que no solo la veía; la admiraba.

-¿Quieres ver el entrenamiento?- Lo invitó sonriendo con malicia. Le demostraría los avances del pequeño, recién había logrado que Trunks nadara varios metros con rapidez, moviendo sus piernitas. Le hizo señas a su hijo desde la orilla para que llegara hasta ella, pero el bebé no le hizo caso, enfocó su mirada en el hombre, recordando su ki.

Vegeta alzó una ceja con burla, ante eso a lo que Bulma llamaba entrenamiento, ajeno a la intensa mirada del infante, ignorando que desde la vez en que intentó asesinarlo, su ki se quedó grabado en la joven memoria del híbrido, por lo que ahora le incomodaba tenerlo cerca, su instinto saiyajin le advertía estar a la defensiva. Como todo bebé cuando se siente incómodo, comenzó a llorar, estirando los bracitos hacia su madre.

Una estruendosa carcajada le hizo compañía al llanto del bebé.

-Ya veo, se ve muy intimidante- dijo sarcástico, riendo entre palabras, -deberías lanzárselo a los androides, tal vez los derrote.

Bulma volvió a entrar al agua para consolar a su hijo con mimos, como siempre solía hacerlo, caminó hacia las escaleras y salió del agua con Trunks en brazos, escurriendo agua sobre el suelo.

La imagen de la silueta de la mujer empapada y casi desnuda, le trajo gratos recuerdos al príncipe, lo único que estorbaba en esa postal, era el bulto que se aferraba a sus generosos senos.

Bulma se acercó hacia él sin dejar de observar a su pequeño, notando que su berrinche subía de tono. Entonces, retrocedió con prisa, logrando que mermara el llanto del menor.

-¿Te das cuenta? Eres tú el que lo altera- lo señaló con las facciones duras, -tu hijo puede detectar que eres insoportable. Eso quiere decir que tiene otras cualidades que desconocemos… tal vez puede detectar eso a lo que llaman ki… o también…

-Dudo mucho que pueda hacerlo- la interrumpió, -se necesita de un entrenamiento apropiado, no eso que haces. Y los saiyajines no nacíamos detectando energías, ¿olvidas acaso que usábamos rastreadores?- entrecerró la mirada.

-Gohan también sorprendió con habilidades que desconocían que poseía- levantó ambas cejas en señal de triunfo. -Quien sabe, tal vez la mezcla de tu raza con la mía, da como resultado a un ser con habilidades nuevas. No me sorprendería que pudiera transformarse en súper saiyajin antes de lo que lo hicieron tú y Goku-. Finalizó dando palmaditas al pequeño, que solo sollozaba, no sin dejar de observar al extraño.

El príncipe la escuchó con una larga sonrisa burlona en sus labios, admirando disimuladamente sus curvas húmedas.

-Me sorprendería si llego a desistir de mis planes para él.

Bulma se estremeció al recordar la sentencia de muerte que amenazaba a su pequeño, pero ir a decirle a Goku, significaba que no confiaba en el potencial de Trunks, por lo que no retrocedería en lo que prometió. Tragó saliva convenciéndose de que el bebé mostraría sus cualidades muy pronto, dejando sin habla al petulante príncipe.

-Desistirás, lo sé- dijo segura antes de dar media vuelta, tomó una toalla con la que cubrió al híbrido y caminó hacia el interior de la propiedad, dejando solo al guerrero de sangre pura, observándola contonear sus caderas al caminar, mostrando la redondez de sus blancos glúteos, que sobresalían del pequeño pedazo de tela que se burlaba de él.

**FIN DEL FLASHBACK**

"Tal vez lo deje con vida y me marche. Depende de mi humor cuando derrote al mentado Cell"

Con ese pensamiento se quedó dormido, ignorando a su orgullo, al menos hasta despertar al día siguiente.


Fin del capítulo.

Me disculpo por tardar mucho estas últimas semanas, pero he tenido días en donde no me siento a descansar más de 15 min.

Desde que me despierto hasta las 11pm estoy ocupada, ténganme un poco de paciencia, se me duplicó el trabajo con la pandemia, principalmente con la escuela de mi niña y absorbe mi poco tiempo libre.

Ya estamos casi al final, 2 capítulos más, según mis cálculos.

Una disculpa si hay errores, me arden los ojos y los siguientes días no tendré oportunidad de subirlo, por eso me apuré hoy.

Nos leemos pronto.