All For You

Capítulo 20

"Están Cordialmente Invitados…"

"Ese corazón es tan preciado para mí.

Hoy también y siempre, siempre lo protegeré"

(N/A, notas de la autora)

-dialogo-

"pensamientos"

"recuerdos (dialogo)"

Narración


Era una agradable y calurosa tarde de verano, el sol brillaba con todo su esplendor, reflejando sus rayos hacia el lago, mientras que ellos estaban sentados sobre el verdoso y fresco pasto, a pesar de la brillante luz del sol, había una brisa agradable que los envolvía mientras que las nubes en el cielo recorrían el inmenso cielo azul.

-Candy, ¿quieres bailar?-le dijo al levantarse de su lugar y extenderle su mano a la rubia que aún seguía sentada.

-Terry-contesto ella sorprendida, sin embargo ella accedió con una sonrisa.

-Para que recuerdes Escocia-justifico él al tomarla en sus brazos y sentirse dichoso, listos para comenzar un baile sin música. Bailaron con alegría, sin parar de reír, siendo aquel hermoso paisaje Escoces su pista de baile, sin embargo él se detuvo repentinamente haciendo que la ojiverde chocara con su pecho.

-¿Qué estás haciendo Terry?-cuestiono ella intrigada por el cambio de actitud del joven, quien se había quedado estático observando el rostro de aquella joven que poco a poco se había apoderado de su corazón y de sus pensamientos. Lo haría sin preguntar, se iba atrever hacerlo.

-¡Candy!-aquella voz lo detuvo sintiendo como lo paralizaba, conocía aquella voz, de una forma arrogante, engreída y triunfante.

-¡Anthony!-grito con alegría la joven pecosa alejándose de los brazos de su acompañante y acercándose al dueño de aquella voz. Terry giro para ver aquel encuentro y era la persona que él temía. Sin poder hacer nada, vio como ambos se fundían en un fuerte y demandante abrazo y después quedarse atrapados en la mirada del otro, como si él no existiera, intento dar un paso, pero sus pies parecían pegados al piso.

-Te lo dije Grandchester, ni siquiera debiste meterte en su vida-vio como el rubio le dirigía una mirada triunfante, antes de prestar toda su atención a la joven que estaba en sus brazos, quien parecía embelesada ante el azul celeste de aquel intruso. Anthony poso su mano en la mejilla de Candy con ternura mientras ella cerraba sus ojos y cada vez acortaban la distancia entre sus rostros.

-¡No te atrevas!-exclamo Terry al ver cómo le estaban arrebatando ese momento, pudo moverse, sin embargo a pesar de que corría con todas sus fuerzas jamás los alcanzaba-¡Candy, no!-seguía viendo como ellos estaban a punto de besarse. Mientras que él lo iba hacer sorpresivamente, ellos lo hacían con mutuo consentimiento-¡No!-se despertó agitado, con el corazón acelerado, lleno de miedo e impotencia-Fue un sueño-finalmente comprendió que aquello no era real, a pesar que parte de ese sueño tenía un fragmento de sus recuerdos de aquel verano en Escocia, lo que lo hacía parecer tan real. Seguía sentado en su cama, en la oscuridad de aquella habitación con cortinas lo suficientemente gruesas para evitar el paso de los rayos del sol. Prendió la lámpara del buró y vio el reloj, tenía el tiempo suficiente para bajar y tomar el desayuno, sus ojos no evitaron ver el sobre que estaba a un lado, con su nombre en letras grandes y elegantes, era aquella invitación que él le había mencionado antes de que regresara a Nueva York y de nuevo recordar aquella foto en el periódico, esa mirada-Tengo que verlo yo mismo-dijo sin dejarse arrastrar por aquella pesadilla, a pesar de todo aún tenía esperanzas, después de todo, él lo había alentado a resolver sus compromisos y no podía olvidar aquella despedida en las escaleras de ese hospital, esas últimas palabras, aquel dolor, aquellas lagrimas que ella había derramado y aunque después de abrazarla se había ido sin mirarlo, sabía que ambos estaban sufriendo-No pudo haberme olvidado tan fácilmente, ¿cierto?-pregunto, aferrándose a que su Candy sería incapaz de olvidarlo, dejarlo a un lado por un recuerdo del pasado, pero aun así, estaba ansioso y desesperado por saber la respuesta, por eso él mismo iría a buscarla.


Los periódicos de todo el país nuevamente tenían una noticia relacionada con la misteriosa y acaudalada familia Ardley, anunciando finalmente la aparición del Sr William Ardley, patriarca y heredero del consorcio Ardley, que por motivos aún desconocidos se había mantenido alejado de los negocios y del ojo público, pero que finalmente, en esa noche, en un majestuoso evento seria revelada su identidad en la propiedad que le pertenecía al anfitrión de dicho evento, Anthony Brower Ardley, líder interino del consorcio y que según fuentes confiables, el siguiente en la línea de sucesión, que también era otro de los enigmas que tiene la familia al haber revelado meses antes que su muerte había sido un vil montaje, ¿la razón?, nadie fuera de la familia daba con la respuesta correcta, y aunque hubiera una respuesta correcta, nadie concebía que era razón suficiente para dicha acción, pero solo las altas esferas de aquella familia, a excepción del patriarca, creían que eran válidas.


Latidos, fue lo primero que percibió mientras se despertaba y sus ojos se abrían lentamente, sintiendo ahora que los latidos de su corazón resonaban más fuerte al darse cuenta que aún estaba envuelta en aquellos brazos que la hacían sentir segura, en casa, en paz y que aun así lograban alborotarla, haciendo que sus mejillas se tiñeran de rojo al contemplar aquel rostro, lentamente acerco su mano para que sus dedos lograran tocar sus mechones dorados e ir bajando con cuidado por su frente contemplando sus pestañas, recorriendo el puente de su nariz hasta que finalmente se detuvo en su labios, en donde ya no pudo continuar siendo atrapada por ellos, hasta que al ver como se curveaban retiro rápidamente su mano apenada, sin embargo velozmente fue tomada por el joven que aún mantenía los ojos cerrados e hizo que ella nuevamente acercara su mano posándose sobre su mejilla.

-¿Acaso soy muy feo?-cuestiono cuando finalmente abrió sus ojos y poso su mirada sobre a una sonrojada rubia.

-¿Qué?, ¡no!, no eres feo-reacciono sinceramente haciendo que él sonriera satisfecho, soltando su mano y ella intentara ocultar su rostro al verse descubierta y por haber caído en esa trampa-Solo, quería comprobar que no era un sueño-confeso levantando de nuevo su rostro y cruzar su mirada con aquellos ojos azules que no dejaban de verla con dulzura.

-Si es así, pagara caro el que se atreva a despertarme-contesto mientras se acomodaba de lado para quedar de frente con la pecosa-Porque de todos los sueños que he tenido, tu eres el más hermoso-la rubia era quien sentía que realmente estaba en un sueño al escuchar esas palabras.

-¿No estas delirando verdad?-cuestiono con una risa nerviosa mientras acercaba su mano a la frente del joven, pero al sentirse atrapada en aquella mirada fue imposible concentrarse en la temperatura del rubio.

-Hagamos un trato entonces, si estoy enfermo dejare que me cuides y si no-un breve silencio se hizo presente mientras que Candy no tenía idea de cómo terminara aquella frase-Dejaras que te bese en cualquier rincón de Lakewood, ¿aceptas?, de cualquier forma salgo ganando-la ojiverde de inmediato retiro su mano y se enderezo pero sin ser capaz de formar una palabra-Esta bien, no hay trato-respondió fingiendo desilusión mientras se sentaba en la cama, recargando su espalda en la cabecera.

-¡Acepto!-dijo finalmente, logrando captar la atención del ojiazul, quien sonrió triunfante. La joven tenía un termómetro listo en su cajón, al sacarlo se lo extendió al rubio, quien sin decir más lo puso en su boca, mientras esperaban los minutos no dejaron de verse uno al otro-Bien, ya es hora-la enfermera recibió el termómetro, verificando la temperatura, lo sabía, pero aún le costaba trabajo creerlo-Estas…bi-antes de poder de decir por completo el diagnostico Anthony rápidamente se acercó para besarla sorpresivamente.

-Un trato es un trato-para Candy corroborar eso y recordar lo que había pasado la noche anterior, le dio valor para responder con otro beso que Anthony acepto al entreabrir sus labios y explorar los de ella nuevamente con suavidad, con necesidad del otro, pero con la lentitud para disfrutar el rozar de sus labios. Él la estrecho entre sus brazos y la recostó de nuevo en su cama, deteniéndose por un momento-Aunque al final hare lo que tú me digas-dijo mientras retiraba delicadamente unos mechones rubios del rostro de su pecosa.

-Cumple con tu trato-respondió ella con una sonrisa, aquella sonrisa que había enamorado por completo al rubio ese primer día. Ella acerco su mano al cuello de él para acercarlo a ella, pero el sonido de la puerta abrirse hizo que ella se enderezara rápidamente haciendo que el joven galeno al escuchar el mismo sonido y ver la reacción de la ojiverde se alejó un poco de ella pero no contemplo que estaba a la orilla de la cama, haciendo que cayera de ella-¡Anthony!-exclamo preocupada sin importar quién hubiera entrado a la habitación.

-Estoy bien-dijo a pesar de que su rostro mostraba una mueca de dolor y se masajeaba la espalda.

-Candy, ¿joven Anthony?-era Dorothy quien no podía creer lo que estaba viendo, su amiga en la cama con su pijama y bata puesta, pero al joven amo con la camisa abierta, fue imposible que su imaginación no estuviera trabajando. El rubio al darse cuenta de ese detalle, se fue abrochando su camisa mientras se levantaba y carraspeaba su garganta.

-Buenos días Dorothy, ¿están listos para recibir a la tía abuela y a mis primos?-cuestiono logrando que la mucama sacudiera levemente su cabeza para poder concentrarse y responder a la pregunta del galeno, quien increíblemente se veía sereno.

-Sí, todo está listo, solo falta que Candy y usted lo estén-no evito dirigir su mirada hacia su apenada amiga y luego hacia el joven amo quien a pesar de mostrarse bajo control un leve sonrojo se hizo presente en su rostro.

-De acuerdo, la dejo a su cargo-hizo un leve gesto con la cabeza y después se dirigió a la rubia. Al verse irrumpida su privacidad, se limitó a tomar su mano pero transmitiendo en su mirada el suficiente afecto para dejarla embelesada-Perdón por no habértelo dicho antes, tanto la tía abuela como Archie y Stear llegaran hoy por la mañana para prepararse para el evento de esta noche-ante los malentendidos que habían tenido días antes, era difícil poder comunicarse correctamente por muy trivial que fuera el tema.

-No tienes por qué disculparte, estaré lista y feliz de recibirlos-respondo ella con una sonrisa, esperando también que sus ojos transmitieran lo dichosa que era a su lado.

-Gracias, vendré por ti en una hora-argumento y posteriormente beso el dorso de su mano, sin embargo, no conforme con ello, beso su frente tomando en cuenta la presencia de Dorothy-Permiso-dijo antes de tomar sus zapatos y retirarse de la habitación.

Al salir de la habitación y asegurarse de que estuviera perfectamente cerrada, se recargo en ella, fue inevitable que una sonrisa iluminara su rostro, eran tantas emociones y el hecho de haber caído de esa cama y verificar que no era un sueño hacia que su corazón siguiera saltando de alegría, sin embargo tuvo que sosegarse al recordar que había un par de cosas pendientes por resolver, la incertidumbre se apodero de él un momento al no saber cómo resultaría, ya que definitivamente sus planes habían cambiado.

-Dorothy…yo-comenzó a decir Candy apenada después de que Anthony se retiró.

-Candy, ¡que felicidad!, ustedes dos, juntos-exclamo emocionada la mucama, quien había visto sufrir a su amiga días anteriores, al fin sus suposiciones resultaron ciertas-¿Cómo fue, como paso?-cuestiono sin poder reprimir su curiosidad, pero al ver como la rubia se sonrojaba, y tomando en cuenta como los había encontrado, comenzó a sentirse algo invasiva-Perdón, Candy, eso es muy personal y yo como tu mucama no debería preguntar eso-

-No, también eres mi amiga-la rubia rectifico su amistad y comenzó a relatarle desde que lo vio en el jardín a mitad de la noche y como le había respondido-Después, solo dormimos juntos, no pasa nada mas-evito contarle ese previo arrebato que tuvieron ambos en donde ella descubrió aquella sensación que solo el ojiazul era capaz de ocasionar.

-Ustedes son jóvenes, están enamorados, son las personas más nobles que he conocido, sería incapaz de juzgarlos-argumento Dorothy mostrando su apoyo aunque mucha gente juzgara el comportamiento de ambos como algo inmoral, para ella, al tratarse de ellos, que fueron separados por una cruel mentira, era un hermoso regalo del destino.

-Estoy tan feliz que no creo ser capaz de parar de sonreír-expreso finalmente al saber que Dorothy realmente estaba allí para escucharla.

-Mantén esa sonrisa mientras te ayudo a prepararte para recibir a madame Elroy y a los jóvenes Cornwell-dijo mientras se dirigía al ropero para elegir un vestido que fuera de acuerdo a la ocasión, sin notar que la ojiverde había cambiado de expresión al haber escuchado de nuevo el nombre de la tía abuela.

-"La última vez que nos vimos, ella no estaba muy contenta de verme"- recordó aquella vez que había regresado de Nueva York y había despertado en la mansión de los Ardley en Chicago.

-Este es perfecto-la voz de Dorothy y al ver el vestido que había escogido, lograron que recuperara su ánimo.

Minutos después la mucama se había retirado para prepararse al igual que todo el personal para la llegada de aquella distinguida y estricta dama, en definitiva sus días de relajación habían terminado. Mientras tanto Candy, se miraba una vez más en el espejo de cuerpo completo, viendo cómo se le miraba aquel vestido color crema, con una cinta gruesa color purpura confundiéndose con el azul ajustándose debajo de su busto y formando un moño en su espalda haciendo que luciera más su figura, un escote sencillo y recatado en v que lograba mostrar un poco la piel de sus hombros, manga corta fruncida al igual que el escote, era un vestido casual y fresco que le llegaba justo debajo de las rodillas lo cual esperaba fuera lo suficientemente decente y aceptable para la tía abuela. El sonido de la puerta hizo que despegara su vista del espejo y posteriormente acercarse a la puerta para abrirla encontrándose de nuevo con aquella mirada que lograba que cualquier preocupación desapareciera, sin pensar que el rubio quien había mantenido sus manos en la espalda, se había quedado un momento sin respiración al verla, como cada siempre que la veía.

-Te ves preciosa-finalmente podía decirlo y no solo pensarlo o susurrarlo, provocando en Candy una risa nerviosa y un hermoso sonrojo en sus mejillas-Es para ti-la rubia por un momento sintió que sus lágrimas estaban a punto de brotar al ver que Anthony mostraba una de sus manos y le extendía una rosa-Floreció esta mañana y quería regalártela-la ojiverde la tomo queriendo apreciar ese momento, la acerco a su rostro para percibir ese inconfundible aroma.

-Muchas gracias, es hermosa-sonrió haciendo que Anthony deseara también apreciar ese momento, cada movimiento, esa hermosa sonrisa que deseaba ver siempre en ella. Sin embargo el calor se apodero del rostro del ojiazul cuando repentinamente Candy beso su mejilla.

-Si así es el agradecimiento, te daré todas la rosas de Lakewood, no, de todo Chicago-el galeno lograba nuevamente que la rubia se quedara sin palabras por algunos segundos, a pesar de los momentos compartidos aun denotaba aquella timidez que para Anthony le parecía adorable.

-Con una es suficiente-dijo mientras se acercaba a la mesa que tenía en su habitación y tenía un florero, agregando de paso un poco de agua-Estoy lista-dijo al acercarse nuevamente a él.

-Qué extraño, a mí me falta algo-menciono Anthony mientras miraba varios lugares como si intentara recordar algo.

-¿Qué podría ser?-cuestiono inquieta al querer ayudarlo y no saber que era realmente lo que le faltaba.

-Solo esto-dijo mientras tomaba a una distraída Candy por la cintura para poder abrazarla haciendo que sus miradas de nuevo se cruzaran, luego acortar la distancia y finalmente besarla sin que ella opusiera alguna resistencia, al contrario, respondió con la misma necesidad aunque la ojiverde sentía que sus rodillas se debilitaban, a lo cual ella lo abrazo del cuello mientras seguía disfrutando de la suavidad de sus labios, la delicadeza y a la vez el ímpetu que había en cada movimiento que ella deseaba con todo su ser corresponder-A partir de ahora siempre me hará falta esto-dijo Anthony aun jadeando y al igual que Candy con los ojos cerrados manteniendo su frente unida a la de ella-Vamos-aunque sentía un vacío soltarla, se limitó solamente tomarla de la mano para dirigirse a la entrada principal de la mansión.

Seguía sin soltarla de la mano cuando los dos vieron como un par de carros entraban por el portal y recorrían el camino hacia a la entrada de la mansión. Para Anthony la última vez que vio a la tía abuela no fue en buenos términos debido a la expulsión de los Legan de Chicago que él mismo ordeno, de la cual nunca se arrepentiría y mucho menos pediría una disculpa, no poseía la misma capacidad de otorgar misericordia que Candy. No pudo evitar pensar también el último encuentro que tuvo su pecosa con la tía Elroy y como exigió que ella se fuera de la mansión y aunque trato de evitarlo, al final ella se fue de allí, haciendo que él se preocupara por su estado. El primer coche se detuvo siendo en donde se encontraba la elegante y estricta dama, al ver como el chofer la ayudaba a bajarse soltó por un segundo la mano de la ojiverde, haciendo que ella sintiera una leve punzada en su pecho, pero aquello no duro mucho ya que solo cambiaba de posición haciendo que ella entrelazara sus dedos con los de él, reafirmando su unión ante una posible negación de Elroy Ardley. Candy noto aquella mirada de determinación del rubio, sin saber que en sus pensamientos recurría la idea de no dejar que los prejuicios de su tía lo separaran de nuevo de la persona que más amaba.

-Tranquila, estoy contigo-por un momento Anthony volteo a ver a la ojiverde pero con una mirada gentil y cálida. Ya teniendo a la tía abuela enfrente su mirada cambio nuevamente-Bienvenida sea Tía Abuela-dijo altivamente y sin titubear, a pesar de que esa fue la actitud que desde niño alarmo a la distinguida dama, ella tenía que aceptar que siempre había sido así y que nunca había sido influenciado por nadie, ni siquiera por aquella niña de ojos verdes de rebeldes modales.

-Bienvenida Tía Abuela-sin embargo en el caso de Candy, era ella quien se dejaba llevar por el apoyo del ojiazul para poder dar aquel saludo decentemente.

-Gracias, es bueno ver que están bien-menciono con la misma actitud de siempre, aunque el par de rubios esperaba alguna severa replica al verlos tomados de la manos, pero lo único que hizo fue mirar aquellas manos entrelazadas de reojo y mantenerse impasible-Estaré un momento en mi habitación, los veré en el desayuno-fue lo último que dijo antes de ingresar a la mansión dejando al par de jóvenes sorprendidos.

-¡Oh por Dios!-sin embargo la reacción vino de la voz de Archie, que al igual que Stear y Patty fueron simples espectadores a la llegada de la Tía Elroy-Hermano dime que estás viendo lo mismo que yo-con sus manos busco al joven inventor sin poder dejar de ver a la pareja, mientras que Candy se sonrojaba apenada, Anthony sonreía divertido por la reacción.

-Sí, eso creo, están tomados de la mano-dijo el mayor de los Cornwell después de restregar sus ojos con los dedos y limpiar rápidamente sus anteojos-Patty, tus lentes deben ser mejor que los míos, ¿no estamos alucinando verdad?-Stear miro rápidamente a su novia, quien intentaba no estallar en carcajadas.

-No, ellos realmente están juntos- argumento mientras mostraba una sonrisa al ver a su amiga tan feliz.

-Basta chicos, no dejen a la dama que los acompaña esperando, entren ya-el ojiazul reprendió levemente a sus primos, quienes se fueron acercados para finalmente dar el correspondiente saludo.

-Descuida, ya me acostumbre a estas situaciones-dijo la joven mientras saludaba a su anfitrión-Candy, me alegro que estés aquí-se acercó a ella para abrazarla brevemente sin dejar que soltara al rubio.

-Yo también me alegro mucho que estés aquí, finalmente conocerás un lugar tan especial para mí-los recién llegados notaron ese brillo en los ojos de la ojiverde y ya no esa sombra de tristeza que la invadía cada vez que alguien mencionaba Lakewood.

-Le prometí a Patty que le daría un breve paseo y contarle de todas nuestras aventuras-comento Stear quien previamente le había platicado a la joven sobre aquel lugar en donde había vivido antes de conocerla y del hermoso jardín que poseía.

-Y no te olvides de tus inventos fallidos-aquel comentario por parte de Archie, logro que su hermano sonriera apenado hacia su novia y brevemente asesinar con la mirada al chico elegante.

-Me parece una grandiosa idea, después de que se instalen y de tomar el desayuno hagamos ese paseo-sugirió Anthony logrando que todos estuvieran de acuerdo-Espero que Lakewood sea de tu total agrado Patty-dijo mientras que con su mano libre hacia el gesto para permitirle entrar primero.

-Te lo agradezco mucho Anthony-contesto ella para después ingresar al lado de los hermanos Cornwell y detrás de los sirvientes que traían las maletas con sus pertenencias.

-¿Estas más tranquila?-cuestiono afectuosamente Anthony dirigiéndose a la ojiverde.

-Sí, aunque no me esperaba esa reacción por parte de la tía abuela-respondió pero sin la tranquilidad de que podía bajar totalmente la guardia, lo que menos quería era pelear con ella, sin embargo si se oponía a que estuviera con Anthony, al menos lucharía por defender sus sentimientos.

-Debe de aceptar que soy muy terco-contesto él con una risa leve para aligerar el ambiente que provocaba hablar de su tía-Y si es necesario le diré que la dueña de esta mano me gusta mucho y que la amo profundamente-menciono mientras acercaba su mano entrelazada a sus labios para finalmente besar el dorso de la joven quien se había quedado sin aliento, erizándole la piel con aquel roce de sus labios y con las mejillas sonrojadas.

-Por cierto, el tío Abuelo-menciono al recordar que la fiesta que se haría esa noche era precisamente en su honor.

-¿Crees que él se oponga?-cuestiono Anthony fingiendo extrañeza ya que después de todo, fue plan del mismo patriarca que ellos estén juntos.

-No, espero que no-negó horrorizada pero no quería adentrarse por el momento en ese tema-Pensé que vendría con ellos y que finalmente lo conocería-antes de saber si estaría en desacuerdo con su relación, quería agradecerle por ofrecerle un apellido y tratarla como una Ardley más, a pesar de que ella renegó las estrictas normas e incluso renunciar a esa protección.

-No, me dijo que llegara justo a tiempo para presentarlo-argumento manteniendo aun el misterio, esperando que Candy no se molestara por el engaño que Albert provoco al ocultar su identidad-Y te puedo asegurar que él no se va oponer a lo nuestro, le pediré permiso para cortejarte y si se niega, nos fugamos-aquello logro arrancar una carcajada en la rubia, alegrando el corazón del ojiazul quien no pudo contenerse tomando delicadamente el mentón de Candy y besarla fugazmente-No pude evitarlo, te ves preciosa cuando sonríes-dijo haciendo que ambos se perdieran nuevamente en la mirada del otro-Y no estaba bromeando, realmente lo voy hacer-argumento fingiendo estar ofendido, sin embargo Candy no evito de nuevo reír aunque esta vez trato de ser más disimulada.

Minutos después el comedor finalmente fue usado, haciendo que tanto Anthony y Candy extrañaran el bullicio de estar compartiendo la comida con el personal, ambos rubios, alejados por algunos años de estar en una mesa bajo las estrictas reglas de Elroy Ardley les estaba cobrando factura, eran comidas silenciosas, en donde únicamente la distinguida dama tenía el privilegio de romper el silencio, más que una norma, era casi ya una tradición. Sin embargo eso no evitaba que ambos compartieran una mirada y una fugaz sonrisa al estar sentado uno enfrente del otro a pesar de estar cerca de la cabecera en donde siempre se sentaba la tía abuela. No obstante la tía abuela estaba al tanto de lo que realmente pasaba y era un precio a pagar por el trato que había hecho con William, además de notar que los ojos de Anthony eran otros cuando miraba a Candy, desde su regreso era la primera vez que los veía, ya que cuando arribo la mansión de los Ardley en Chicago el joven tenía una mirada atormentada y con un gran vacío. El corazón de la dama se estrujaba cada vez que Anthony la miraba de manera tan fría y calculadora, sabía que había un rencor hacia ella, pero siempre se comportó cordial y amable con ella, aunque le dolía que no mostrara algún afecto hacia ella. Noto que cuando se trataba de Candy el brillo en sus ojos regresaba y ese vacío se llenaba con tan solo verla.

-Candice, ¿has disfrutado de tu estancia en Lakewood?-hablo repentinamente la tía Elroy, haciendo que la rubia respingara al ser ella la nombrada.

-Sí, lo he disfrutado bastante-respondió intercambiando mirados tanto con aquella dama como con el responsable de que su estancia se hubiera vuelto inolvidable-Espero que su estancia sea también de su agrado-dijo a modo de cortesía.

-No tengo dudas de que la fiesta de hoy saldrá a la perfección, entiendo que se han esmerado bastante para que sea así-continuo diciendo esta vez para conseguir que el rubio le dirigiera la palabra.

-Fue bastante trabajo, pero complacerá hasta al más exigente-argumento Anthony siendo también un perfeccionista, cualidad que compartía con su tía abuela, a pesar de que el galeno era un poco más flexible ante las contrariedades.

La tensión se había disipado finalmente cuando los más jóvenes salieron a los jardines de la mansión mientras que la tía abuela se quedaría en su habitación para descansar y estar lista para el gran evento. Hacia un clima agradable para dar una caminata a los alrededores de la mansión. En un inicio Patty también se asombró por la hermosa decoración tenía la entrada principal, desde el portal hasta la fachada de la mansión, era una reacción que todos tenían al conocer por primera vez Lakewood.

-Bien, como no quiero ser mal tercio de ninguno de ustedes, seré su guía en este recorrido, así que mejor presten su atención-pronuncio Archie al ponerse enfrente del grupo y ser el único que no llevaba una pareja e intentando no amargarse por ello.

-Sera divertido, quiero que me cuentes de todas las travesuras que hizo Stear-comento Patty emocionada, deseando conocer más cosas de su inventor favorito. Mientras que el susodicho sonreía nervioso esperando que su hermano no contara alguna imprudencia.

-Y Candy, te contare alguna historia que seguramente Anthony no se atrevió a contarte, porque de los tres, él era la mente maestra-menciono Archie logrando que la expresión del galeno le causara escalofríos.

-No te pases de listo Archibald-el rubio respondió con una sonrisa amenazadora. Sin embargo para Candy le parecía divertido como los primos reñían amistosamente. Lakewood nuevamente era como ella lo había conocido.

-Bien empecemos-en un intento por huir de la advertencia de su primo comenzó a caminar para que los demás lo siguieran. Inicio hablando de la construcción, los primeros Ardley que habitaron la propiedad y el origen de las rosas del jardín, para después relatar las vivencias que tuvieron cuando los tres llegaron a vivir allí a cargo de su tía abuela. Al llegar al jardín trasero, Anthony aprovecho que todos estaban distraídos en el relato de Archie acerca de las veces que Stear fallaba en componer su coche, para jalar a Candy del brazo, llevarla a un pilar que era parte de la mansión y que era lo suficiente amplio para ocultarlos a ambos.

-¿Qué su..?-antes de que Candy terminara la pregunta, el rubio hizo el gesto para que no dijera nada mientras guiñaba el ojo. Hizo que la espalda de ella se recargara sobre aquel pilar y se aseguró que tanto sus primos como Patty siguieran enfrascados en el relato.

-Me gusta más la historia en la que por fin aprendes andar en bicicleta-Anthony susurro al poner su mirada en ella, mientras que la ojiverde se mostró sorprendida de que supiera su secreto.

-Pero, ¿Cómo lo supiste?-pregunto con volumen bajo pero denotando su desconcierto.

-Te descubrí y ya no pude despegar mi vista de ti-menciono mientras recargaba su antebrazo encima de la cabeza de Candy y la otra tomando su mejilla quien comenzó arder- Así de cautivadora eres-acerco sus labios a los de ella siendo un beso dulce, tierno y prolongado dejando a la rubia sin aliento y con el corazón galopando.

-¡Candy!¡Anthony!-escucharon la voz de Archie al notar que ya no estaban con ellos. Aquello le dio tiempo a Candy para aterrizar nuevamente, ya que al ser besada por el rubio sentía que su cabeza flotaba.

-¡Chicos!-ahora era la voz de Stear acercándose en donde estaban, haciendo que Anthony tomara de la mano a la rubia para salir de su improvisado escondite.

-Aquí estamos-los tres los miraron extrañados pero al notar el silencio y el sonrojo de la rubia dos de ellos comenzaron a sospechar-Candy tenía algo en su ojo y le estaba ayudando-mintió al no desear revelar lo que estaban haciendo realmente.

-Candy, ¿estás bien?-pregunto Patty siendo un poco más ingenua.

-Sí, estoy bien-contesto finalmente la joven enfermera mientras se restregaba uno de sus ojos.

-Si claro, algo en el ojo-Archie susurro escéptico.

-¿A quién quiere engañar con eso?-cuestiono Stear en el mismo tono que su hermano sin creer ni una sola palabra. Ambos hermanos sabían de la astucia de su primo para ocultar la verdad.

-Archie, por favor continua-indico el ojiazul con una sonrisa triunfante y así desviar totalmente el tema.

Sin más que decir continuaron con el recorrido hasta finalizar en una terraza en donde podían descansar y tomar el té. Las chicas tomaron asiento, cuando Anthony estaba por hacer lo mismo fue tomado por cada uno de sus brazos por los hermanos Cornwell. Sabía que el momento de dar explicaciones había llegado y que sus primos estaban ansiosos por todos los detalles.

-Chicas si nos disculpan, hace mucho que no vemos a nuestro primo-comenzó a decir Archie al ver que las jóvenes damas no entendían lo que estaban haciendo.

-Tendremos una charla de hombres, así que permiso-puntualizo Stear, a lo cual a Anthony no le quedó más remedio que encoger sus hombros y guiñar coquetamente hacia a Candy mientras casi se dejaba arrastrar por sus primos.

-Ahora entiendo porque Stear estaba ansioso por enseñarme Lakewood-comenzó a decir Patty al ver que los tres primos Ardley se habían alejado-Es un lugar mágico, y es también donde te conocieron-

-Si a Archie en el portal de agua, luego a Stear y Anthony en el portal de rosas- dijo aquello ultimo con un suspiro siendo inevitable recordar aquel momento.

-Me comento también que llevaban tiempo sin venir desde el accidente de Anthony-comento Patty esperando no abrirle una herida a su amiga con un tema tan delicado.

-Sí, sentí que una parte de mi había muerto, que se había ido junto con Anthony y que el aire de este lugar era denso y asfixiante, Lakewood sin Anthony no tenía ningún sentido para mí-recordar aquellos momentos tan dolorosos hacia que esa opresión en el pecho apareciera de nuevo.

-Comprendo lo que dices, yo estaba tan asustada por lo de Stear-para ella también fue dolorosa la idea de que su amado fuera a la guerra, exponiéndose al peligro, a nunca volverlo a ver, no sabía de lo que sería capaz si eso llegara a pasar-Pero agradezco a Dios que te trajera a Anthony de vuelta, al final tuve razón, sabía que algo bueno surgiría de esto-intento alejar a su amiga de aquella tristeza reafirmándole una vez más la existencia del rubio-Además, gracias a él, los tres primos están juntos y Stear a olvidado por completo la idea de ir a la guerra-Candy recordó aquella platica que tuvo meses atrás con el inventor.

-Los tres paladines- se alegraba que el regreso de Anthony no solo había transformado su vida, si no la de sus seres queridos- Por cierto, ¿has hablado con Annie, va venir, cierto?-cuestiono finalmente al no tocar ese tema teniendo a Archie cerca.

-Sí, hace un par de días, me dijo que estaba saliendo con ese apuesto doctor que conoció en La Gala, y que trataría de llegar antes de que comenzara la fiesta junto con sus padres y Adam-menciono la joven de lentes, a pesar de que apreciaba a Archie, sabía que era más un amor unilateral en donde su amiga Annie era la que terminaba sufriendo.

-Me alegro, el Dr. Shield es una buena persona y ella merece ser muy feliz-Candy esperaba ver a su amiga para comprobar que así fuera. También lo lamentaba por Archie pero si era un amor no correspondido era mejor detenerlo antes de que más personas salieran lastimada, ella ya había traspasado una situación similar.


En el jardín principal los hermanos Cornwell habían escuchado atentamente desde lo que había pasado en La Gala, la orden del tío abuelo para que organizara su fiesta y que esta fuera en Lakewood, la sorpresiva llegada de Candy, la ayuda que tuvo para la fiesta, su paseo con los niños del Hogar de Pony, su paseo en el lago, el beso que ella le dio, el malentendido que tuvieron, ella cuidándolo de su fiebre pero sin dar muchos detalles de su comportamiento y finalmente su confesión en ese mismo jardín.

-Después de todo Albert tuvo razón-dijo Stear aunque de inmediato puso su mano sobre su boca en un intento por no contar de más.

-¿Albert?, ¿acaso ustedes ya lo saben?-cuestiono intrigado el rubio, queriendo saber si su tío había mostrado su identidad con sus primos.

-Espera, ¿Tú ya lo sabias?-Archie dijo, recordando que el líder del clan no fue especifico al decir que Anthony ya sabía su identidad.

-Sí, ¿acaso ustedes sabían que Albert es el hermano de mi mamá y que planeo todo esto?-cuestiono comprendiendo porque no habían llegado antes, el mismo Albert les advirtió.

-Él nos lo dijo días después de que te fuiste-confeso finalmente el joven inventor sintiéndose tranquilo de no haber dicho una imprudencia.

-Al parecer Candy es la única que no sabe-menciono el chico elegante viendo que su primo asentía, pero sin embargo su expresión ocultaba algo mas-¿Acaso hay algo más que Candy no sepa?-cuestiono al notar que todavía había un hueco, que por la emoción de ver juntos finalmente a los rubios no había percatado.

-Yo, no le digo aun la verdad-respondió quedamente el joven-Solo le dije lo que he estado sintiendo por ella-termino por decir con voz más altiva.

-¿Pero porque no le has dicho la verdad, que te está deteniendo?-cuestiono incrédulo el mayor de los Cornwell.

-Invite a Grandchester a la fiesta de hoy-aquella respuesta dejo pasmado a sus primos.

-¿Qué hiciste que, para qué?-cuestiono indignado Archie con unas enormes ganas de zarandear a su primo, pero solo se limitó a apretar sus puños-Ella ya te dijo que te ama, ¿Por qué?-

-Lo hice antes de saber lo que ella sentía por mí, no puedo simplemente a esperar y negarle la entrada-respondió con una sonrisa contrariada-Además no me atrevía decirle la verdad porque no sabía cómo iba reaccionar y en dado caso de que él venga, puede ser muy confuso para ella-

-Archie tranquilízate, Anthony tiene razón, si Candy no toma aquella revelación de la mejor manera, la visita de Terry no le ayudara mucho a Anthony-menciono Stear comprendiendo ese posible escenario y que lo mejor que pudo hacer el rubio era mantener esa mentira un poco más.

-De acuerdo, venga o no Terry, sé a quién va elegir Candy- respondió apretando el puente de su nariz, indignado, porque parecía que él era el único que no dudaba de los sentimientos que tenía su gatita hacia su primo. Respiro hondo antes de seguir caminando y alejarse tanto de su hermano como de su primo. Stear decidió seguirlo pasando a un lado del rubio golpeando levemente su hombro en señal de apoyo. Anthony medito de nuevo aquellas preocupaciones que lo habían invadido esa mañana, era hasta irónico que fuera en el mismo lugar en donde la noche anterior Candy se le había declarado y donde él se había dejado llevar por su propio corazón, aunque aún no era del todo sincero, era lo que más le atormentaba.

-"Ella aún tiene el derecho de elegir"-odiaba dudar de él mismo, pero sobre todo de ella, sin embargo, no podía descartar cualquier posibilidad, por mucho que doliera.


Horas más tarde los carruajes y automóviles iban llegando, haciendo que el personal de la mansión los recibiera en la entrada para que ingresaran y así admirar de la elegante decoración de la residencia, admirando el buen gusto en la elección de elementos que hicieron cuando llegaron al gran salón. Esperaban ver pronto al anfitrión mientras disfrutaban de la música suave que tocaba la orquesta que había sido contratada y aprovechar para saludar a la distinguida Elroy Ardley quien también estaba a la espera de su sobrino, sin embargo él apenas iba hacia la habitación de su acompañante, vestido con un esmoquin de tres piezas y corbata de moño color azul casi llegando al negro, contrastando con su camisa blanca plisada que al igual que su traje, estaban hechos a la medida, llevando consigo un joyero color rojizo entres sus manos. Estaba a punto de tocar cuando la puerta se abrió haciendo que Dorothy apareciera.

-Ella ya está lista, puede pasar-sonrió abriéndole el paso mientras ella salía de habitación.

-Gracias-respondió el joven, mientras que la mucama sonreía satisfecha y esperando que el joven amo quedara impresionado. La puerta finalmente se cerró, pero no esperaba que al verla se quedaría sin respiración. Lucía un hermoso vestido de tul azul zafiro, con algunos bordados color plata tanto en la falda como en la parte del pecho, sus hombros totalmente al descubierto, sus mangas eran holgadas y llegaban a mitad del brazo, casi al costado de su cintura llevaba un listón en forma de moño, su pelo totalmente suelto logrando suavizar sus rizos haciendo que parecieran ondas pero manteniendo el volumen y un listón en forma de diadema adornaba su pelo, un maquillaje sencillo con el cual aún podía lucir sus pecas y sus labios levemente pintados de rojo para que resaltaran.

-¿Cómo me veo?, ¿no estoy rara?-cuestiono nerviosa, al principio ella también se quedó deslumbrada al ver al apuesto joven que había entrado a su habitación, no obstante le comenzó a preocupar que Anthony se quedara tanto tiempo callado al verla.

-Me faltarían palabras para describir lo hermosa que eres, con y sin el vestido eres preciosa-dijo finalmente cuando tuvo control de su cuerpo y se iba acercando a ella dejando en una mesa aquel joyero que llevaba consigo. Al estar enfrente de ella, la tomo de la cintura para girarla y que ambos quedaran enfrente del espejo de cuerpo entero, la fue abrazando por la espalda, haciendo que Candy se dejara embriagar con el aroma y el calor que desprendía el ojiazul-Solo mírate en un espejo, esos ojos que tienes, verdes como una preciosa esmeralda, tus pecas, todas ellas son mis favoritas, tu sonrisa, el sonido de tu risa es una bella melodía, tus rizos son como hilos dorados al deslizarse por mis dedos-decía mientras tomaba uno de sus mechones y depositaba un beso, después se sintió atraído por la piel de sus hombros, comenzando a recorrer el hombro izquierdo de la rubia con pequeños besos, causando que ella cerrara sus ojos y dejara escapar un suspiro, cuando el ojiazul estaba por llegar a la mejilla de ella, fue gratamente sorprendido cuando Candy giro su rostro para que sus labios atraparan aquel beso, en su deseo por profundizarlo, la giro para que la pecosa quedara frente a él, sintiendo como ella también necesitaba de él.

-¿Cómo fue?-comenzó a preguntar la ojiverde mientras intentaba recuperar el aliento-¿Cómo fue que comencé a gustarte?-cuestiono sin querer sonar egocéntrica al no decir enamorarse. La pregunta fue inesperada, sin embargo él tenía la respuesta indicada.

-La primera vez que vi tus ojos, me sentí atrapado, al principio no sabía qué hacer, pero cuando te volví a ver sabía que quería estar a tu lado, escuchar tu risa, verme reflejado en tus ojos hasta el punto perderme y a la vez encontrarme, me enamore de ti por tu bondad, tu carisma, eres noble, crees y luchas por lo que crees correcto, eres divertida, alegre, muy lista, humilde y siempre ves por lo demás incluso antes de ti-aunque ambos pensaban en dos puntos de partida diferente, aquello se amoldaba perfectamente a esa vez en el portal de las rosas y en esa vez que ella despertó en la mansión de Chicago. Anthony la tomo de las manos para poder continuar-Candy yo quiero ser esa persona que quiere ver por ti antes que los demás, que luchara y hará lo posible porque seas muy feliz pase lo que pase-al no haber duda en sus palabras, Candy no pudo evitar soltarse suavemente para posar sus manos sobre el rostro del joven y acercarlo a ella para besarlo.

-Yo también quiero ser esa persona para ti-aquellas palabras dichas por la rubia lograron que el corazón de Anthony se alegrara y sentirse cada vez más seguro por lo que pudiera venir.

-Candy, dime que no es necesaria esta fiesta y que nos podemos quedar aquí siempre-dijo mientras la abrazaba y logrando que la rubia sonriera pero al mismo tiempo negara con la cabeza.

-No, tenemos que bajar para que finalmente presentes al Tío Abuelo-respondió mientras se soltaba y se reía de la fingida decepción que mostraba Anthony.

-De acuerdo, traje algunas joyas que eran de mi madre que espero que te gusten-dijo haciendo que la rubia se remontara a esa primera vez que había ido a un baile, ya eran muy pocas la veces que lamentaba que él no tuviera esos recuerdos, incluso estaba dispuesta a que esas memorias nunca regresaran si con ello podía estar al lado de Anthony.

-Tomare solo estas-la rubia había tomado únicamente un par de pendientes en forma de rosa color perla y una pulsera delgada de plata con pequeñas incrustaciones de zafiro y diamante-Estoy lista-después de vestir aquellas prendas.

-¿Y yo como me veo?-cuestiono el rubio mientras levantaba sus cejas y extendía sus brazos para que ella no perdiera ningún detalle.

-Solo acomodare tu moño-dijo para después acomodar aquel moño que se había inclinado un poco y lograr que se mantuviera recto, mientras lo hacía hizo que Anthony fantaseara con un futuro donde ella hiciera lo mismo todos los día.

-¿Sabes atar una corbata?-cuestiono al ser lo que usualmente usaba al ir al hospital.

-No, pero puedo aprender-contesto y al terminar de acomodar el moño besar fugazmente al rubio, también dejándose llevar por esa misma fantasía, él respondió rápidamente con un beso en su nariz.

-Bien, ya es hora-anuncio ofreciéndole su brazo para escoltarla, ella lo tomo sintiendo que el nerviosismo que sentía por estar en una fiesta tan importante, se iba disipando si él se mantenía a su lado.

Cuando fueron bajando las escaleras, como aquella primera vez, las miradas se hicieron presentes, pero esta vez eran de admiración al ver una pareja tan hermosa, susurraban lo guapo, varonil y galante que se veía el rubio, del mismo modo la preciosa joven de ojos verdes, ganándose los halagos desde su elegante vestido, su carismática y angelical sonrisa, siendo uno el complemento del otro. Al estar finalmente abajo fueron interceptados por Annie Britter y su acompañante, a lo cual ambos se alegraron por aquella visita.

-Annie, llegaste, te ves preciosa-alago a su amiga, viendo que llevaba un vestido color lila con un escote discreto en V con las mangas hechas totalmente de tul que hacia parecer que era sin mangas y aquella tela simulaba una hermosa capa, llevando el pelo totalmente suelto con un pasador a un lado de su pelo con pequeñas flores del mismo color del vestido, con algunos diamantes incrustados en este.

-También te ves hermosa Candy, se quedaron impresionados al verte bajar-respondió la pelinegra mientras se fundían en un breve abrazo.

-Annie, me alegro que estés aquí, Candy no estaría totalmente a gusto si no estás aquí-menciono el rubio resaltando la presencia de la hija de los Britter al ser una hermana para la pecosa.

-Nosotros debemos agradecerte por habernos invitado-menciono con una sonrisa dirigiéndose hacia su acompañante que se había quedado estático ante el saludo de las jóvenes.

-Pensé que nadie notaria que estaba aquí-dijo el médico a modo de broma, logrando que los demás rieran mientras suspiraba aliviado al ver que no estaba siendo ignorado.

-También me alegro que estés aquí Adam, espero que ambos disfruten de la fiesta-el ojiazul estaba contento de ver una cara familiar que no estuviera relacionada a su vida como un Ardley, era su colegia por quien también tenía admiración.

-Sí, aunque es una lástima que no pueda bailar debido a mi pierna-respondió al ya saber de antemano como eran aquellas fiestas y lamentaba no poder sacar a bailar a la hermosa joven que estaba a su lado.

-Descuida, sabes que adoro más escuchar la música que bailarla-argumento la pelinegra con una sonrisa, siendo su gusto por el piano lo que había logrado que ambos se conocieran-Por cierto, acabamos de saludar a dos personas que no imaginaba que estarían aquí-comento sin poder ocultar su emoción, al ver que Candy no parecía tener idea, continuo-A Tom y al Señor Stevens-el saludo que tuvo con ellos fue breve ya que no le dio tiempo de averiguar porque estaban allí ya que se habían acercado a los rubios para ser los primeros en saludarlos.

-Tom, ¿está aquí?- cuestiono asombrada, miro rápidamente a sus alrededores sin tener hasta que lo vio a algunos metros junto con su padre, ambos vestidos con trajes, dejando de lado sus vestimentas vaqueras, volteo para ver fugazmente a Anthony quien respondió con una leve sonrisa, tomo su mano para que lo acompañara en su encuentro-Iremos a saludarlo-le indico a su amiga, quien asintió alegremente-Tom, Señor Stevens-saludo la joven al tenerlos finalmente enfrente, logrando que ambos caballeros se quedaran más asombrados de su belleza al tenerla enfrente.

-Candy, que alegría verte, estas más bella que nunca-dijo altivamente el dueño del rancho Stevens al admirar a la pecosa, quien solo se sintió apenada.

-Por favor, no exagere-respondió con una leve carcajada, para luego dirigirse al más joven- Tom, te ves totalmente distinto de traje-Candy evito decir que se veía apuesto enfrente de Anthony, al recordar como reaccionaba cuando hablaba de alguien más, además de que era más un hermano para ella.

-Me veo extraño, ¿no?-comento incomodo, notando que había muchas personas, sobre todo mujeres que se le quedaban viendo, pensando que era porque se veía raro y no porque en realidad lo veían atractivo.

-Qué hijo tan atolondrado tengo-lamento el señor Stevens chocando su mano en su frente, sin embargo Tom no tenía idea a que se refería su padre.

-¿Y cómo fue que se enteraron de la fiesta?-pregunto la ojiverde esperando que no sonara a una ofensa, ya que de las personas que no recordaba Anthony, era al mismo Tom. Los Stevens se miraron uno al otro sin que una respuesta llegara a ellos.

-Fui yo, quien les dijo-comento el ojiazul, logrando que Candy lo mirara asombrada y queriendo saber, si había una esperanza de que recordara algo-Al llegar aquí, fui a visitar la tumba de mi madre y me encontré con Tom, descubriendo que era la persona que llevaba flores a mi falsa tumba-aquello ultimo trato de decirlo sin amargura, sin embargo era notorio lo desagradable que le resultaba hablar de ello-Hablamos, me dijo como nos conocíamos, de donde era, que también su rancho le vende leche a esta mansión, no fue difícil hacernos amigos nuevamente aunque no lo recordara y fue mi deseo invitarlos, también pensando en que te agradaría-explico el joven, haciendo que Candy estuviera satisfecha con aquella explicación.

-Yo me asombre mucho verlo nuevamente, pero me alegre bastante poder recuperar a un buen amigo-respondió Tom, para la ojiverde fue inevitable conmoverse al ver esa sincera amistad restaurarse entre el joven que la había descubierto a mitad de la nieve y el joven de quien estaba enamorada.

-Joven Anthony, perdone la interrupción, pero ya es la hora-dijo solemnemente George al hacer su aparición enfrente de la pareja y de los Stevens.

-Bien, parece que ya es el momento-menciono el rubio sintiendo por un momento algo de nervios y ansiedad, pero también estaba emocionado por aquella presentación-Ven, vamos-tomo la mano de Candy entrelazando sus dedos y poder pasar por la multitud que los miraron atentamente hasta llegar de nuevo a las escaleras mientras alguien daba la orden para que la música se detuviera-Espérame aquí, todo va estar bien-le dijo antes de besar el dorso de su mano entrelazada y soltarla, había notado que estaba nerviosa por saber finalmente quien era la persona que la había adoptado. El galeno subió unos cuantos escalones para quedar a la vista de la gente, había carraspeado para asegurarse que su voz se escuchara fuerte y clara- Damas y caballeros-la multitud al reconocer a su anfitrión, prestaron su total atención y guardaron silencio -Agradezco enormemente que hayan aceptado la invitación a este gran evento, para mí es un gran honor presentar al heredero y quien el día hoy tomara el lugar como líder del consorcio Ardley, por favor, les pido que reciban con una cálida bienvenida a mi tío, William Albert Ardley-los aplausos no se hicieron esperar cuando vieron a un joven y apuesto caballero de cabello rubio semi largo, vestido con un smoking de tres piezas color vino, al igual que su moño y una camisa plisada blanca, bajando de las escaleras dirigiéndose directamente a Anthony.

-¿Pero que hace Albert aquí?-pregunto sobresaltada la rubia, pero ante el sonoro aplauso de la gente, fue imposible que alguien más escuchara su pregunta, esperando que su amigo no se estuviera metiendo en un problema. Los aplausos fueron cesando esperando escuchar algunas palabras.

-Muchas gracias por el recibimiento, finalmente uno de los secretos mejor guardados de la familia ha sido revelado-comenzó a decir el recién llegado tratando de acoplarse de ser ahora el centro de atención, mientras que unos ojos verdes aun lo veían asombrada-Espero que al ser ahora el líder de los Ardley poder cumplir dignamente con este honor que se me ha otorgado-los aplausos nuevamente se hicieron presentes, pero el afablemente hizo el gesto con sus manos para que le permitieran hablar nuevamente-Pero sobretodo quiero darle las gracias, a Anthony, mi sobrino, el hijo de mi querida hermana Rosemary, por haber ocupado mi lugar mientras hacia mi regreso y por esta maravillosa fiesta que preparo en mi honor, también a Candy White Ardley a quien decidí tiempo atrás adoptar como una de las Ardley y que se perfectamente ha puesto nuestro apellido muy en alto, ven acércate-menciono Albert dirigiéndose a la joven quien se había quedado un momento paralizada cuando vio como extendía su mano, pero al ver tanto a Anthony como a su amigo juntos, el parecido que antes había notado, pero que no se atrevía afirmar abiertamente, sabía que no era una broma lo que estaba sucediendo, fue subiendo los escalones hasta que finalmente tomo su mano hasta quedarse del lado derecho de Albert mientras que Anthony se mantenía del lado izquierdo-En nombre de los Ardley les pido que disfruten de la fiesta-finalizo y asintió con su cabeza para que la música de baile iniciara-Candy, sé que estas sorprendida-de inmediato Albert se dirigió a la rubia quien aún trataba de asimilar aquella presentación y de que Anthony se lo haya ocultado.

-Me imaginaba al tío abuelo, más viejo-pero al ser lo primero que le ocurrió decir a la joven enfermera, no evito que ambos rubios se rieran ante la ocurrencia-Es en serio, ¿Por qué no me dijeron nada?-cuestiono molesta pasando su mirada de sobrino a tío, pero tratando de no llamar la atención y provocar un escándalo.

-Te comprendo Candy, primero que nada le pedí a Anthony que guardara el secreto-antes que nada trato de salvar al hijo de su hermana aunque tuviera que tomar toda la responsabilidad-Prometo contarte todos y cada uno de los detalles, pero hay algo que quiero pedirte primero-

-¿Qué es?-cuestiono intentando ser comprensiva al saber cómo eran los Ardley y los misterios que siempre lo envolvían.

-Un abrazo-pidió Albert haciendo que Candy recordara aquella nota que venía junto con su vestido. Ella asintió haciendo que ambos se fundieran en un fraternal abrazo-Veo que al enviarte aquí con Anthony funciono-dijo cerca de su oído haciendo que la ojiverde se sonrojara levemente y asintiera, la fue soltando haciendo que tanto Anthony como ella se acercaran-Ya, vayan a bailar, después hablamos, tengo que reunirme con la tía Elroy-la pareja al verse sonrieron y se tomaron de la mano para dirigirse a la pista de baile.

-¿Aun sigues molesta, sorprendida?-cuestiono Anthony sin evitar sonar preocupado, cuando ambos ya habían comenzado a bailar al ritmo del vals.

-Sorprendida de que todo este tiempo Albert, mi amigo, también es mi padre adoptivo y molesta porque no confiara en mí, ¿desde cuándo lo sabias?-respondió mostrando una mirada vacilante y ansiosa por obtener una respuesta.

-Justo la primera vez que llegue contigo a la pensión-observo que aquellas palabras alteraron a la joven, sintiendo temor al ver cómo había reaccionado-Me dijo, que al verme sus recuerdos habían regresado y me pidió que guardara el secreto para que la transición se hiciera de manera tranquila, quería seguir viviendo contigo para que tu estuvieras tranquila-respondió cabizbajo en un intento por reprimir sus celos ya que no se sentía con el derecho de reclamarle nada por haberle ocultado la verdad sobre Albert y porque también había descubierto algo más que aún no se atrevía a decir-"Tu príncipe de la colina siempre estuvo contigo todo este tiempo"-pensó mientras mostraba una sonrisa contrariada.

-Es verdad yo le pedí que se quedara-recordó aquel día, reconocía que se sentiría triste al ver a su amigo de nuevo marcharse, pero aquello no se compara con el dolor que sentiría si Anthony no estuviera con ella-Al menos ya sabemos que no se opondrá a que me cortejes-menciono logrando que finalmente el ojiazul mostrara una sonrisa y darle entender que ya no estaba molesta.

-Cancelados todos los planes de fuga entonces-dijo fingiendo que lamentaba que ese plan b no se fuera a realizar. Ambos rieron y siguieron disfrutando del baile.

Minutos después todos fueron a disfrutar de la cena que se serviría, ambos rubios pudieron finalmente encontrarse con los hermanos Cornwell y con Patty. Stear al igual que su hermano llevaba un smoking de tres piezas de tonos oscuros, camisa blanca y el moño a juego, a diferencia de Archie que llevaba uno negro, él llevaba uno de color gris oxford. Mientras que Patty llevaba un vestido color turquesa sin mangas con escote cuadrado dejando lucir un cuerpo más esbelto, haciendo que el joven inventor mirara de forma amenazante a quien se atreviera posar sus ojos sobre la señorita O´Brien. Al terminar aquella exquisita cena, la música de baile nuevamente se hizo presente, los rubios nuevamente estaban por entrar de nuevo a la pista, cuando ambos vieron a una persona conocida por ambos.

-¡Karen!-dijeron al mismo tiempo sorprendiéndose de que el otro supiera quien era aquella joven de imponente presencia que se abría paso entre las personas mientras los susurros al reconocer a la bella actriz se hicieron presentes-¿La conoces?-preguntaron de nuevo al mismo tiempo.

-Claro que me conocen, soy famosa-finalmente estaba enfrente de ellos, llevando un elegante y costoso vestido anaranjado de un solo hombro pero llevando un largo tul que podía simular una manga larga, su cabello castaño, largo, sedoso y ondulado-Anthony, tanto tiempo sin verte-lo abrazo percatándose que Candy le dirigía una mirada que ella conocía perfectamente y había visto en otras chicas-Lo mismo digo de ti Candy-de igual forma la abrazo.

-¿Cómo es que Candy y tú se conocen?-cuestiono curioso, aunque sospechaba que cierto actor estuviera involucrado.

-Es una larga historia-rió divertida al recordar que estaba a punto de evitar que la rubia fuera a Nueva York-Por cierto mi tío me pidió que me disculpara contigo por no venir, tenía unos asuntos pendientes que atender y me dijo que esta fiesta sería más acorde a una estrella de Broadway como yo-respondió mientras con su mano removía su cabello de forma glamorosa.

-¿Conoces al Dr. Klaise?-ahora fue el turno de Candy de preguntarle a Anthony.

-Si, en Escocia, también fue donde conocí a Karen y nos hicimos amigos-menciono el rubio queriendo recalcar su relación con la actriz, quien también asintió dándole toda la razón.

-Somos como hermanos, sin ofender a Anthony, nunca ha sido mi tipo-aclaro notando que aquellos dos rubios parecían tener algo, lo último que sabía era que su co protagonista estaba con su antigua rival, si es que pudiera decirle rival a alguien que actuaba como un tronco, aunque también recordó ese ataque que tuvo en donde dijo cosas sin sentido o que bien podría relacionarse con la ojiverde-Mi hombre ideal es…¿pero quién es él?-pregunto repentinamente de forma coqueta cuando sus ojos azules se posaron sobre un joven que estaba siendo rodeado por varias damas para convencerlo de bailar. Ambos rubios se asombraron al dirigir su mirada hacia el mismo lugar que Karen.

-¿Tom?-cuestionaron de nuevo al mismo tiempo, mirándose uno al otro, incrédulos de que aquel vaquero fuera el tipo que buscara Karen.

-¿Lo conocen?, ¿saben qué?, olvídenlo, me iré a presentar yo misma-dijo sin querer perder más su tiempo, acercándose donde estaba el hermano de Candy, quien se había quedado impactado ante la belleza y seguridad de la hermosa actriz, logrando que las demás damas se fueran alejando derrotadas.

-¿Estás seguro que ella nunca te gusto?-cuestiono Candy aun insegura, al reconocer lo hermosa que era Karen como para no atrapar la atención del galeno.

-Le tengo cariño, es verdad, casi te puedo asegurar que es lo mismo que sientes tu por Tom, no es por nada, pero él no es nada feo, solo mira como atrapo la atención de Karen-respondió divertido al ver como su amigo trataba de no cohibirse ante los coqueteos de la intérprete de Julieta. Era tan inútil que Candy tuviera celos de Karen como de Anthony tenerlos de Tom, fácilmente la rubia lo comprendió y confió plenamente en ello.

-Demonios, llegue tarde para que me presentaran a esa belleza-se escuchó decir de Archie quien había llegado a su encuentro y lamentaba no haber sido presentado ante Karen.

-Lo siento primo, Tom se cruzó antes-respondió divertido el ojiazul, aunque dudaba un poco de que Archie estuviera interesado en alguien más que no fuera la hija adoptiva de los Britter, aunque el chico elegante no lo aceptaba abiertamente.

-Lastima, aunque también vine para darte una sorpresa-menciono el menor de los Cornwell mientras levantaba su brazo hacia una cierta dirección haciendo que alguien se acercara, siendo reconocido de inmediato por Anthony, quien no evito ponerse sumamente feliz por verlo.

-¡Papá!-el joven rubio no se limitó para acercarse y abrazar a aquel hombre de cabellos grises, quien respondió con afecto el gesto de su amado hijo-¿Pero cómo es que, cuando?-eran tantas las preguntas mientras la alegría lo seguía invadiendo.

-El mismo William me invito y me pidió que viniera, no pude negarme, porque también quería verte, ya te extrañaba-menciono a pesar de que el lugar en el que se encontraban le traía aun recuerdos dolorosos, pero por su hijo sería capaz de ir al fin del mundo.

-Yo también-respondió, a pesar de que mantenían su comunicación por medio de carta, no se comparaba con tenerlo presente-Papá, quiero presentarte a alguien muy especial-dijo sintiendo que todavía no podía contener la emoción de tener a las personas que más quería, reunidas-Ella es Candy, la dueña de mi corazón-la ojiverde paso de estar conmovida a sonrojada con tan semejante presentación.

-Es un verdadero placer Candy, espero que mi hijo no te haya dado problemas-a pesar de tener un rostro serio, poseía una mirada dulce y una sonrisa amable, además ser quien le había heredado su sentido del humor a su hijo.

-Para mí también es un honor Señor Brower y de ninguna manera su hijo me ha dado problemas-respondió entre risas viendo como Anthony se apenaba por el comentario de su padre.

-También lamento interrumpir el re encuentro, pero la tía abuela quiere que nos tomemos las fotos familiares en el estudio-menciono Archie indicándoles que todos debían dirigirse hacia ese lugar.

Anthony tomo la mano de la ojiverde convirtiéndose cada vez en una costumbre, al llegar, todos los demás estaban reunidos, la tía abuela, Albert y Stear junto con Patty. Cuando todos se tomaron una foto de manera individual a excepción de Patty y Vincent Brower, el actual cabeza de la familia Ardley quiso primero tomarse una foto solamente con Candy y Anthony, haciendo que ella quedara sentada en una silla, su espalda recta y mirando hacia la cámara, mientras que ambos rubios estaban de pie dejando a la rubia en medio. Después le pidió al capitán Brower que se acercara, manteniendo a Candy en la misma posición, dejando atrás a Anthony, quedando en medio de Albert y su padre, posteriormente tanto Albert como el capitán se alejaron permitiendo que la pajera pudiera tomarse una foto, los hermanos Cornwell se acercaron para que Candy tuviera una foto con sus tres paladines reunidos, incluso dejo que solamente los tres se tomaran la foto y aunque al principio hubo tensión, la tía Elroy se acercó para estar finalmente con sus sobrinos nietos como cuando habitaban Lakewood . Luego todos se acercaron, incluyendo a Patty, haciendo que las tres damas estuvieran sentadas mientras los caballeros quedaron detrás de ellas de pie. Al finalizar y salir nuevamente a disfrutar la fiesta, uno de los sirvientes se acercó rápidamente a Anthony quien le susurraba mostrando preocupación en su rostro.

-Comprendo, iré ayudarlos-sin embargo el joven galeno respondió tranquilo haciendo que aquel sirviente se retirara rápidamente.

-¿Todo está bien?-cuestiono Albert en un intento por ayudar a su sobrino, no obstante el respondió negando levemente con su cabeza.

-Nada de lo que debas preocuparte, es tu fiesta y lo único en lo que tienes que pensar es divertirte, yo me encargo-respondió su sobrino impidiéndole que se involucrara en algún tema de gestión de la fiesta.

-Pero nosotros podemos ayudarte, ¿no?-menciono Archie, refiriéndose tanto a él, como a su hermano.

-De acuerdo-afirmo, pero desafortunadamente tuvo que detener a la pecosa que también tenía la intención de acompañarlos-Por favor, espérame aquí, volveré enseguida-le dijo denotando su mortificación por tener que separarse un momento.

-Pero yo quiero ayudar-la ojiverde trato de insistir pero el rubio tuvo que resistirse.

-Lo sé, no tardare lo prometo, además hay algo que quiero mostrarte-le menciono no queriendo arruinar la sorpresa que tenía en mente.

-Está bien, te esperare-para Candy fue más difícil no caer bajo aquella dulce mirada mientras él depositaba un beso en su mano antes de irse junto con sus primos.

-¿Te parece si bailamos?-cuestiono enseguida Albert asegurándose que su hija adoptiva pudiera prestarle su atención.

-Pero…-respondió ella al dirigir su mirada hacia su amiga Patty, no deseaba dejarla mientras Stear estaba ofreciendo su ayuda.

-Descuida Candice, yo estaré junto a la señorita O'Brien, no le pasara nada-menciono la tía Elroy incentivando a la joven aceptar la invitación de William.

-Ve Candy, yo también cuidare de la Señora Elroy- respondió la joven y asi evitar que su amiga se preocupara.

-También puedes decirme Tía Abuela-dijo la distinguida dama logrando que Patty se sonrojara ya que con ello aceptaba abiertamente su futura unión con el joven inventor.

-Vamos-la rubia finalmente aceptaba la mano de su amigo para dirigirse a la pista de baile.

-¿Aun sigues sin creer que soy el tío abuelo William?-cuestiono divertido después de haber comenzado el baile.

-Estoy tratando de asimilarlo todavía, todo este tiempo estuviste de un lugar a otro sin un lugar fijo-dijo pero sin intención alguna de ofenderlo o de que sonara un insulto.

-Lo sé, me nombraron sucesor cuando era muy joven debido a que mis padres fallecieron cuando era muy pequeño-recordó lo preocupada que estaba su tía Elroy tanto por la edad y porque era un chiquillo despreocupado que solo deseaba pasar su tiempo con los animales y la naturaleza-¿Sabes?, también Lakewood fue mi hogar, es muy significativo que mi presentación haya sido aquí-después de terminar de bailar y dirigirse nuevamente con Patty y la tía Elroy, sin embargo fueron interceptados por otro sirviente de la mansión.

-Una disculpa por la intromisión, pero hay alguien esperando a la señorita Candy en el balcón principal de la mansión-menciono, haciendo que tanto Albert y la ojiverde se miraran mutuamente, pero al recordar aquellas últimas palabras de Anthony, la joven se mostró emocionada.

-Muchas gracias iré enseguida-respondió haciendo que el empleado hiciera una leve reverencia y poder retirarse.

-Ve Candy, no lo hagas esperar-mientras tanto Albert la animó para no postergar aquel encuentro, la joven asintió con una sonrisa y se dirigió a aquel lugar.

-"Es aquí"-llego la joven, recordando que en aquel lugar había convivido por primera vez con los primos Ardley y la habían alejado del bullicio en su primer baile-"Que raro, no hay nadie"-pensó mientras salía al exterior y se acercaba a la barandilla para recargar sus manos y esperar pacientemente a su amado Anthony. Fue hasta que sintió una mano sobre su hombro desnudo lo que hizo que ella sonriera rebosando de alegría y volteara rápidamente para poder recibirlo-Ant…-sin embargo las palabras murieron en sus labios y la sangre parecía desaparecer de su cuerpo cuando descubrió que el joven que tenía enfrente no era el rubio. Una vez más fue víctima de la confusión. Su cuerpo temblaba e incapaz de emitir algún sonido, intentando creer lo que sus ojos miraban. Era el joven castaño, de ojos color zafiro que había visto por ultima vez en ese hospital de Nueva York, vestido con un smoking blanco y una corbata roja, luciendo imponente, con una presencia digna de una estrella de Broadway.

-Al parecer de nuevo no soy quien esperabas-menciono sin la intención de ocultar su molestia.

-Terry-alcanzo a responder en un susurro apenas audible.

-Había soñado tantas veces con este encuentro, pero mi imaginación no le hace justicia a lo hermosa que luces ahora-dijo al admirar lo deslumbrante que se veía, por un momento sintió que habían pasado años sin verla, había cambios en ella, pero cada uno de ellos eran sumamente favorables-No sabes lo mucho que te extrañe-intento acercarse a ella para estrecharla finalmente entre sus brazos y así asegurarse de no dejarla ir nunca más. Sin embargo el temor se hizo presente cuando ella dio un paso atrás en un claro gesto de rechazo.

-Terry, no, espera, ¿Por qué estás aquí?-finalmente pudo hilar más de una palabra, deseaba comprender como había llegado allí, porque quería rehacer algo que ella ya había dejado atrás y que no tenía ninguna solución.

-Yo lo invite-la voz firme de Anthony se escuchó en la entrada del balcón y después un estruendo en el cielo, originado por las luces del cielo a causa de los fuegos artificiales que los iluminaba a los tres en aquel balcón.

-Pero, ¿Cómo, porque?-ahora más que nunca Candy necesitaba una explicación, sentía que el aire comenzaba a faltarle y las lágrimas asomarse por sus ojos, estaba asustada a pesar de que el rubio le sonreía dulcemente aunque había un atisbo de dolor en el azul de sus ojos. Los fuegos artificiales cedieron un poco permitiendo que el silencio se presentara de nuevo.

-Candy, vine por ti, después de todo, solo te puedo elegir a ti, fui un idiota no haberlo hecho en Nueva York-finalmente dijo aquellas palabras que tenía guardadas en su corazón y que cada día lo habían atormentado por no haberla detenido.

-Terry, lo siento, no puedo-a la pecosa le dolía decir aquellas palabras, su intención nunca fue estar en esa situación y lastimarlo. Su corazón y sus brazos ansiaban estar con el único dueño de su corazón, inicio su marcha para ir en la dirección donde estaba Anthony y que finalmente nadie tuviera duda sobre sus sentimientos, pero solo dio unos pasos cuando la mano de Terry había tomado su brazo para detenerla.

-Candy, no lo hagas-suplico, al igual que en su sueño ella intentaba alejarse de él, pero en la vida real no lo permitirá.

-Terry, ¡basta!-quería soltarse, pero el actor era demasiado fuerte y la intensa mirada que le dirigía le advertía que no estaba dispuesto a dejarla ir una vez más.

-¿Acaso estas sordo?, ¡suéltala!-el estruendo en el cielo nuevamente se hizo presente después de que Anthony tomara fuertemente el brazo del actor, el dolor hizo que cruzara una mirada asesina hacia él, pero como en ese primer encuentro en Chicago, él no se dejaba intimidar, porque no era flaco, ni mucho menos débil, tenía una mirada sin una señal de duda y que era como el fuego mismo que resaltaba aún más con las luces que iluminaban el cielo.

CONTINUARA…


¡DRACARYS!

¡Hola!

Aqui es el momento en donde todas gritamos, ¡NOOOOOOOOOO! otro maldito cliffhanger, por poco y pense que no estaria listo, pero se fue alargando se fue alargando hasta llegar hasta este momento y listo.

Obvio que Anthony se acuerda de Tom, pero aun no se atreve a decir la verdad, les puedo decir que es para mantener el drama un poquito mas, solo tengan paciencia, pero de que es un hecho de que ya al ver ese encuentro con el actor, sus dudas desaparecieron. ¿Va dar lucha?, para nada, si él ya gano, muajajaja.

Espero que no haya visto forzada la amistad de Karen y Anthony, y si asi fue, les aseguro que he visto cosas mas locas en este mundo del fanfiction. ¿Pero que les parecio ese inesperado ship?, ¿que les parecio la presentacion del famoso tio abuelo?, ¿que creen que pase en el siguiente?

Yo senti que la energia en esta historia cambio, supongo porque es un poco mas melosa, pero manteniendo un poco el drama.

Muchas gracias por los reviews, les agradezco infinitamente

No olviden que si quieren seguir mas esta historia pueden darle like a la pagina de Facebook ALL FOR YOU - FFCC y la pueden buscar también como allforyoucandyFF.

Cuídense mucho y hasta la próxima.

#Quedateencasa

Besitos.