Era temprano en la mañana en el barrio Uchiha, un sector bastante alejado del centro de la aldea. El primogénito del jefe del clan, se encaminaba al pequeño establo que habían construido con su hermano, para la yegua de ambos.

-Buenos días, Hada- saludó al ingresar -Hoy le tocaba a Sasuke alimentarte y sacarte a pasear- caminó a su corral, sin verla -Pero tuvo que salir a una misión a la aldea de la arena y...-

No puedo continuar, la imagen que se presentó frente a él al abrir la puerta, lo dejó impactado. ¿Cómo había ingresado ella allí?

-¿Gaia?- susurró, acercándose -Gaia, ¿Qué haces aquí?- se encontraba acurrucada en el suelo, durmiendo junto a Hada -Despierta...- le golpeó la frente con dos dedos, sonriendo.

-¿Itachi?- susurró adormilada, abriendo los ojos -La extrañaba y vine a verla- confesó, bostezando -Lo siento, pero creo que me dormí- él sonrió.

-Bien. Esta es la prueba de que, la seguridad aquí es pésima- la cargó en sus brazos y la puso de pie -¿Los demás saben que estás aquí?- negó con la cabeza -Después de alimentar a Hada, te alimentaré a tí y luego, te llevaré a casa-

-Gracias, tengo mucha hambre- acarició las grupas del animal con ellos -Por cierto, Itachi...- volteó a verla -Hace unos días conocimos a los Akatsuki-

El genio Hyuga, entrenaba, desde que los primeros rayos del sol se asomaban por el horizonte. Era el único de ellos que, podía manejar un multiplicidad de jutsus prohibidos para la rama secundaria con sólo observarlos. Su talento era innato.

-Neji- llamó una voz cerca de él, mientras realizaba la técnica de puño suave -Neji-

Repitió y él se detuvo, para observar a quién le hablaba. Seguramente, era Tenten, su vieja compañera de equipo.

-¿Dea?- ella estaba sentada detrás de él, sobre una tapia de madera, mirándolo -¿Desde hace cuánto estás aquí?- cuestionó, consternado.

Nadie podía evadir la seguridad de los Hyuga, pero era evidente, que ella sí.

-Desde que empezaste...- lo miró de arriba abajo, lentamente -Eres lindo, Hyuga- eso lo hizo enrojecer -Me distraje al verte entrenar y olvidé a qué venía-

-¿A qué venías?- habló con la voz temblorosa -No creo que a verme entrenar- cruzó sus brazos para tratar de calmarse.

-¿No has visto a Gaia?- se acercó a él, pasando un dedo sobre su pecho -La estoy buscando desde antes del amanecer, cuando me di cuenta que no estaba- levantó la vista para mirar a esos ojos malva -Y mis pies me trajeron aquí, ¿No es extraño?-

-No tanto- tragó grueso -¿Quieres entrenar conmigo?-

No sabía cómo actuar con esa hermosa mujer de ojos hechiceros y sonrisa fácil. ¿Cómo se le ocurrió decirle algo así?

-No soy una Kunoichi, cariño- le acarició el rostro -Pero si quieres, podrías invitarme un té-

-Encantado- formuló con la voz ronca - Sígueme -

Se encaminaron dentro de ese enorme recinto del clan Hyuga.

-Nadie puede saber esto, Gaia- dejó un plato delante de ella con huevos y arroz -Nadie debe saber que soy un doble agente dentro de Akatsuki-

-No lo haré, amigo. No diré una sola palabra sobre eso- llevó una porción de comida a su boca -Esto está muy rico- masticó con cuidado -No sabía que vivías tú solo aquí-

Él vivía en una casa pequeña, hermosa, ordenada y limpia. No parecía el hogar de un hombre soltero.

-Nunca me lo preguntaste- él bebía té, mirándola -Además, eres la primera persona que conozco que no le gusta el té como desayuno-

-Es agua sucia- apartó su plato vacío de ella -Oye, Itachi, ¿Existe alguien importante en tu vida?- Estaba tieso. Le gustó el rumbo que tomó esa conversación -¿Una chica, tal vez?-

-No, claro que no. Quizás Izumi, una amiga de la infancia. Vive aquí, en el clan- respondió sin importancia y se acercó a ella, un poco más -¿Te interesa?- le aferró la nuca, juntando sus frentes -Porque a mí me interesa escuchar lo que dirás ahora-

Ella le dió un pequeño beso en los labios, sin pronunciar una sola palabra.

-Eres un pervertido, Uchiha- le robó otro beso. Era tan lindo y tentador -Pero conozco a un hombre mucho más pervertido que tú- al verlo inerte, se incorporó -Ahora, dicho esto...- sonrió -Me voy- se detuvo en el umbral de la puerta -Si alguien se entera de esto...- volteó, levemente. Él activó su Sharingan, levantandose -Te mato, adiós- dió un paso más, pero volvió a él con urgencia, cerrando la puerta -Son sólo besos-

Lo aferró de la nuca con ambas manos y lo besó con pasión. No tenía importancia, eran sólo besos que quedarían en otra dimensión.

-Gracias por el té, Neji- acomodó su traje de sacerdotisa, levantándose del tatami -Por cierto...- se inclinó unos centímetros delante de él -Nadie tiene que saber lo que pasó aquí- miró los rasguños en la espalda de él. El encuentro había sido ardiente - Sólo fueron besos- rozó sus labios con cuidado -No quería irme de este mundo sin besarte una última vez- él asintió, hechizado.

-Vuelve a mí, cuando pierdas de nuevo tu alma- le aferró una mano y la besó -Por favor, vuelve a mí-

-No prometo nada- volvió a besarlo, una vez más y se encaminó a la salida - Recuérdalo, Neji...Son sólo besos-

Si, sólo fueron eso. Sólo fueron besos y un lindo recuerdo de ese hermoso Shinobi de bellísimos ojos malva.

-¡Ay! ¡No le hagas caso al barquero!-

Cantaba por las calles de la aldea ninja. Los habitantes del lugar, estaban abriendo sus comercios esa mañana soleada.

-¡Que en volandas no te llevará si le faltan los besos!- siguió su hermana a sus espaldas -¿Se puede saber a dónde estabas, Gaia?- cuestionó con una pícara sonrisa.

- Fuí a ver a Hada y estuve con Itachi- removió el suelo con la punta del pie -¿Y tú?- levantó la mirada.

- Salí a buscarte cuando ví que no estabas y me encontré con Neji en el camino-

-Si, seguro que te encontraste con la residencia Hyuga de pura casualidad- aseguró sarcástica -Lo hiciste de nuevo, ¿Verdad?- murmuró por lo bajo mirando alredor.

-Si- afirmó con una sonrisa - Sólo quería saber si lo de mis sueños fue real- la observó de reojo -Y lo fue, Gaia... Lo fue- cubrió su rostro, pero no era remordimiento o vergüenza, era otra cosa. Era lujuria -No puedo creer lo que hice con ese shinobi cuando perdí mi alma-

-No me sorprende, hermanita- aferró sus brazos, emprendiendo su andar -Con o sin alma, sigues siendo tú y en ese entonces, necesitabas consuelo-

-¿Y tú? ¿Necesitabas consuelo?-

Tocó el colgante engarzado a tres espirales que adornaban su cuello. Le pertenecía a Itachi, pero ahora, ya no más.

-No, sólo quería saber, como se sentía probar otros besos que no pertenezcan a Keilot- mordió sus labios al recordar el momento -Y fué algo tan exitante que, jamás lo volveré a hacer- suspiró, tocando el dije en su cuello -Gracias a los dioses que no hay Itachis en nuestro mundo-

-Si, gracias a la Dama del Caos que no existen los Hyugas y los Uchihas en ese lugar- sonrió, mirando hacía el frente -¡Keilot! ¡Lai! ¡Aquí estamos!- levantó su mano al llamarlos.

-¿A dónde estaban?- preguntó el primero de ellos, acercándose -Las estábamos buscando-

-Fuimos a ver a Hada temprano- respondió su esposa.

-¿Cómo está?- cuestionó el otro hombre, observandolas con una sonrisa -¿La están cuidando bien?-

-No tienes idea...- respondió su amada hechicera, moviendo la cabeza -Es más, Itachi como agradecimiento, le regaló eso a Gaia- señaló el colgante que llevaba su hermana en el cuello -Los Uchihas están muy agradecidos con ella por haberles regalado algo tan caro-

-Si, es verdad- afirmó esta, ¿Desde cuándo su hermana se había vuelto una vil mentirosa igual que ella? -Ustedes saben que los caballos son un lujo aquí- no titubearon en ningún momento.

-Eso es cierto- el cazador la abrazó por los hombros y aspiró su aroma -Hoy hueles a jazmines más que nunca-

-Que extraño...- respondió ella -Hace días que no me baño- rió con fuerza.

-Eso es asqueroso, Gaia- dijo su hermana.

- Déjame...Puedo apestar cuánto quiera- se defendió.

-¿Estuviste bebiendo té, Dea?- señaló el vidente una pequeña mancha en su traje blanco.

-Si, bebí té con Neji, mientras Gaia e Itachi paseaban con Hada- Era una piadosa mentira a medias -¿Ustedes desayunaron?-

-No, las estábamos esperando para eso- indicó el, aferrando su mano -Volvamos a la cabaña, los chicos estaban preparándolo-

Encaminaron sus pies hacia allí.

No eran malas mujeres, jamás les habían sido infieles a sus esposos, como ellos lo hicieron alguna vez, hace mucho tiempo. Pero la tentación que experimentaron con aquellos shinobis, fue más grande que cualquier cosa. Mentalizandose, una y mil veces, que sólo fueron besos y que por esa razón, nunca más volvería a pasar.