¡Bienvenidos de nuevo!
¿No esperaban otra actualización este año, verdad? Trate de escribir el capítulo tan pronto como pude, espero que les guste. Evitare no tardarme más de dos meses en actualizar el siguiente capítulo, me he puesto la meta de terminar este fic el próximo año. ¡Ya estamos cerca del clímax!
¡No pierdan la esperanza, mucho ánimo a todos!
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Clouds came and covered the sun,
The breath of a baleful unease
Turning to ashes flowers in their fields,
Silenced the birds in their trees.
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En toda su corta vida, jamás había experimentado un dolor como aquel.
Si bien, había sentido desesperación cuando sus amigos fueron heridos en aquella última batalla la cual casi termina con su vida. Había sentido lástima al pelear con su hermano y al rescatar a los dos pequeños siendo controlados por el fantasma de su difunto padre y la máquina Golem. Sintió tristeza al escuchar la tragedia de Chocolove y una gran pena cuando su abuela falleció.
Había sentido dolor, desesperación y tristeza cuando perdió a Matamune. Miedo y angustia al no poder encontrar a Anna.
Pero jamás había sentido el dolor de un corazón roto. Nunca pensó que doliera de tal manera, el que los pedazos astillaran su carne en agonizantes punzadas e hicieran sangrar su alma como si de lágrimas se tratasen. Saber que Anna estaba viva era una alegría inmensa, el tan solo verla a pesar de que podría ser una ilusión o un simple sueño, era reconfortante.
El escuchar su voz y sentir la calidez de su abrazo aún en lo profundo de aquella oscuridad era un alivio que añoraba. Pero dolía, sentir la impotencia de no poder moverse, no poder gritar o hacer algo al tenerla tan cerca pero a la vez, tan lejos de su alcance. Sentir el miedo cuando la rubia cruzó aquella barrera que separaba ambos abismos y el pavor, el gélido terror cuando dejó de respirar en sus brazos fue suficiente para que su alma llorara.
Su corazón no podía soportarlo.
No podía aguantar estar atrapado entre las tinieblas mientras el mundo a su alrededor sufría y se movía sin él, en donde sus seres queridos buscaban la manera de encontrarlo aun y cuando él se había entregado a la oscuridad con brazos abiertos en esperanza de encontrar a Anna. Y aunque lo había hecho, cargaba con las consecuencias de no poder actuar más allá de simple soñar y esperar a que las cosas se resuelvan a su favor como siempre lo han hecho.
Solo podía rogar en silencio a los grandes espíritus por que Anna hubiera despertado con vida en el mundo donde se encontraba y que se mantuviera a salvo.
Su alma estaba varada en pena, el egoísmo y la culpa que sentía lo mantenían atrapado aun y cuando una parte de él se encontraba desesperado por salir de aquella prisión, en donde las sombras atadas a él como si de cadenas se tratasen mantenían su alma enjaulada.
Hace años se había prometido no darse por vencido sin importar cual ardura fuera la situación o cual lastimado se encontrara, aunque su forma de vida fuera tranquila y despreocupada ante los problemas de la vida, aun así el juró jamás rendirse. El seguir luchando por sus ideales y por sus sueños, el seguir el camino que había elegido como shaman.
Pero era difícil no dejarse llevar y ser consumido por el olvido.
Su conciencia y su alma flotaban en el abismo pero el sentimiento de pesadez lo hacían hundirse poco a poco. No sabia cuanto tiempo había pasado desde que hizo aquel pacto pero podía sentir la conexión con su cuerpo quebrándose. El roce de la suave brisa en su piel y el sonido de voces parecían más bien ilusiones y murmullos de una vida pasada.
El deseo de ver a Anna nuevamente era lo único que lo mantenía consciente, pero las ansias de permanecer en la oscuridad tan solo amenazaba con tragarse su última esperanza.
¿Y si se dejaba ir, despertaría en el mundo real?
El confiaba en que sus amigos lo encontrarían, sabía que volverían a estar juntos y que salvaría a Anna de su tormento. Todo se solucionaría, de eso no dudaba así que… ¿estaba bien dejar ir toda esa culpa y miedo que sentía?
-oh"
No, no podía. Debía permanecer fuerte y en el abismo, porque, que tal si Anna regresaba y cruzaba la barrera nuevamente en un intento de buscarlo y al tratar de salir se ahogaba y el no estaba ahí. No es como si su presencia fuera de ayuda, no podía moverse ni gritar por auxilio o de dolor, pero al menos podría ver a la rubia una vez más… No, No, No, no podía pensar cosas como aquellas.
"Yoh"
Debía permanecer positivo y con su espíritu lleno de buena fe para poder salir de aquí sin ninguna carga en su alma. Era difícil, y tal vez la yuxtaposición que se encontraba en su mente era lo que lo mantenía atado a las sombras, el querer salir pero a su vez, permanecer aquí. Sin duda, era un prisionero en su propio ser.
Con la poca conciencia que le quedaba y su mente ocupada, no pudo reconocer el movimiento de las sombras alrededor de él como si de una marea se tratasen ni la textura que se ató a él como una cuerda, sujetándolo con fuerza y jalando su alma en pena. Fue solo hasta que su cabeza fue alzada fuera de aquel lago helado que lo mantenía preso que sus pulmones estallaron en fuego mientras el oxígeno que nunca sintió perder, entraba y llenaba su cuerpo con claridad.
"¡Amo Yoh!" Una voz lo llamó a su lado, aturdido y respirando pesadamentepues su cerebro aún trataba de asimilar la sensación de respirar y pensar a la vez, Yoh movió su cabeza para ver una pequeña bola de luz frente a él.
"¿Q-Que…?" Tragó grueso y parpadeo muchas veces para sacudir el agua de sus ojos y la niebla de sus pensamientos. "¿Amidamaru?"
"Amo Yoh, qué alegría" Su fiel espíritu voló alrededor de su cabeza,y aunque solo fuera una bola de energía azul pálida, Yoh pudo reconocerlo de inmediato. Y ese preciso detalle hizo que su mente se calmará y estableciera un orden en todo el caos que era su ser por el momento. Era como si respirara por primera vez.
"Espera, ¿qué…? ¿Cómo lograste- que haces… que?"
"Hao" Su espíritu respondió con gravedad y con una ligereza de culpa en su voz.
"¿E-El te trajo aquí?" Preguntó confuso y con sorpresa, aunque ahora que había claridad en sus pensamientos podía deducir y comprender de inmediato lo que estaba pasando. "Él sabe dónde está Anna".
Ese maldito tramposo lo sabía todo este tiempo y en vez de decírselo en cara, le mintió y antagonizo en que su confianza en la rubia no era lo suficiente para salvarla. Hao sabía dónde estaba y en vez de rescatarla, dejó que Grimm la raptara. Su cuerpo inerte en el otro mundo había escuchado todo el alboroto de aquellos secuaces, en cómo aquel ser maldito había encontrado a la rubia y llevado a su mundo. Yoh sabía que Grimm no la había encontrado con facilidad, Hao la había vendido. ¿Pero con qué propósito?
Su hermano por más horrible y aterrorizante que fuera, jamás pondría en riesgo a Anna de aquella manera. ¿Cierto? Debía tener un plan, de lo contrario… ¿Por qué Hao dejo que Amidamaru viniera? Podría ser algo tan simple como abandonarlo en el olvido pero Yoh se rehusaba a creer eso. Había una razón, estaba seguro.
"¿Cómo… ¿Qué haces aquí?" Preguntó mientras se aferraba a la orilla de aquel lago. Su cuerpo rogaba por salir de aquella gélida agua que lo había congelado dentro de sí, pero su corazón aun rogaba por quedarse un poco más en caso de que Anna regresara.
"Antes de dejar Nueva York, pude sentir como nuestras almas se desconectaban. Por más que intente buscar el camino, no pude encontrarlo." Amidamaru se lamento y su esfera centello un poco "Hao tenía planes de venir a este lugar, sabía que era un gran riesgo, pero tenía que encontrarlo"
"Gracias" Yoh soltó la palabra con un aliento tembloroso al sentir la gratitud y calidez de su compañero. "Amidamaru, gracias. En arriesgar tu existencia en venir aquí… tú no deberías de estar aquí."
"¿Amo Yoh, que es este lugar?" Su espíritu preguntó, sintiendo -¿o viendo?- el miedo en su expresión.
"Es el abismo" Exhaló temblorosamente una vez más. Si bien, este no era un lugar para espíritus o almas, ambos corrían el riesgo de quedar atrapados y el sentimiento de culpa se apoderaba nuevamente al preocupar y poner en riesgo a Amidamaru. Por más agradecido que estuviera, su espíritu guardián debía salir de aquí cuanto antes.
"¿Cuánto tiempo ha pasado?" Se atrevió a preguntar.
"4 días"
Aquella respuesta hizo que sus ojos ardieran, en alivio o en terror, no podía reconocerlo pero se tragó las lágrimas al escucharlo. Había perdido la noción del tiempo desde su encierro, era como si millones de años hubieran pasado en un abrir y cerrar de ojos. Con su cuerpo caminando sin su consentimiento y su alma y mente atrapados en el abismo, había sufrido una disociación de la realidad.
"Parece eterno" Susurró con una pequeña sonrisa que reflejaba cuán herido su corazón se encontraba. Amidamaru no podía hacer nada más que volar sobre su cabeza en una manera de consolarlo.
"¿Amo Yoh, porque está en este lugar?"
"Creí que al venir aquí podría salvar a Anna" Pero su alma casi termina siendo devorada por las sombras.
Tenía algo de gracia aquel pensamiento, pues todo este tiempo se había estado refiriendo al abismo como un lugar de tinieblas cuando este gran mundo era un enorme cuarto blanco. Ahora podía ver porque era fácil perder la cordura, estar atrapado básicamente en la nada no era algo sencillo de sobrellevar.
Suspirando pesadamente, Yoh se aferró más a la orilla y observó el vacío a su alrededor. Mientras más se desfogaba su mente, podría visualizar las siluetas de los arboles negros y secos que se habrían paso hacia aquel laberinto lleno de puertas. Puertas que contenían las memorias de la rubia.
¿Si se adentraba en una, podría hacer contacto con ella? No, se dijo a sí mismo tan pronto como ese pensamiento cruzó su mente. Ya había estado atrapado en una cadena de sueños de la chica, y por más que lo intentó no pudo rescatarla de aquella pesadilla o alcanzar su subconsciente. Aunque la idea de perderse en sus recuerdos tan solo para verla una vez más era irresistible.
"Hao no mencionó una salida" Amidamaru dijo preocupado mientras flotaba un poco lejos de él para observar el lugar.
"¿Cómo entraron aquí?"
"Por un sueño" Lo que significaba que su espíritu tuvo que hacer contacto con el alma de Hao para poder venir aquí. Aquella idea no le gustaba para nada.
"No tengo control de mi cuerpo, aunque puedo sentir una ligera cadena atándome a el, se esta desvaneciendo"
"Amo Yoh…"
"Si pierdo la conexión con mi cuerpo, tal vez…" Mordió su labio en conflicto y dirigió su mirada hacia el fondo del lago donde la ventana se encontraba. "Tal vez podría entrar dentro del sueño de un sueño y despertar allá"
"No suena muy seguro"
"No" Soltó una pequeña risa "Pero, a menos que algo me despierte en el mundo real, no se otra manera de salir de aquí"
Y no estaba muy seguro si quería hacerlo. Nuevamente, la angustia de perder su única conexión con Anna pesaba gravemente en su alma. No era sano, aquel conflicto que sentía. El siempre pensaba las cosas a la ligera, no demoraba en elegir y era rápido en actuar. Pero al separarse de su mortalidad era como si toda ligereza y paz que antes sentía se hubiera solidificado en ansias y preocupaciones.
Mientras más tiempo se quedará aquí, la posibilidad de quedar atrapado en el abismo y perder su cuerpo aumentaba. Pero a su vez, su única salida sería probablemente una idea suicida. Y si ambas opciones fallaban, perdería a Anna.
"No se que hacer…" Suspiró cansado con su mente hecha un desastre. No era común en él vacilar en sus acciones y estar de indeciso era algo realmente tedioso.
"Amo Yoh, si me permite…" Su espíritu se acercó a él y dio unas cuantas vueltas hasta posarse sobre su cabeza. "Jamás lo había visto tan indeciso en algo, no es común en usted. Se que debe tener miedo, pero ahora más que nunca, no puede dudar en sus acciones. Cualquier cosa que decida, estaré a su lado"
Aquella devoción y confianza hizo que sus ojos ardieran y esta vez no pudo contener las lágrimas que cayeron en su rostro. Si Amidamaru podía verlas, no dijo nada al respecto. Tan solo permaneció flotando cerca de él para brindarle cual poco consuelo podría ofrecerle. Se odiaba a sí mismo por meterse en esta situación, en poner en peligro a sus seres queridos y no poder hacer nada al respecto.
Tenía miedo, si. Su corazón dolía y temía no poder lograr nada. Él sabía lo que tenía que hacer, incluso si su alma le pedía a gritos lo contrario. Tal vez necesitaba que alguien le recordara lo que estaba en juego, recordarle que no estaba completamente solo en aquella penumbra y que aún había esperanza para todos. Si bien, él nunca había estado solo. La única razón por la cual a sobrevivido hasta este momento de su vida, es gracias a todas las personas que lo acompañan y apoyaban.
No podía abandonarlos. A nadie.
"Anna está en el inframundo" Dijo en voz alta para afirmar lo que su corazón temía. "Pero necesito sacarla de ahí. Y para salvarla, tengo que salir de aquí"
"Creo tener una idea"
Realmente Amidamaru era su rayo de esperanza, Yoh no podía estar más agradecido hacia su espíritu. Y aquella esfera de luz que mantenía su forma brillo cálidamente junto a él, como si compartieran los sentimientos de alegría y afecto que sentía en ese momento. Era realmente agradable poder sentir aquello después de tanto dolor y angustia.
"Hao vino a este lugar mediante un sueño. Él dejó su cuerpo atrás y traspasó su conciencia para venir aquí. No estoy seguro cómo despertó pues tan pronto como entramos, me separe de él para buscarlo"
Yoh asintió, entendiendo un poco pero tuvo que apretar sus labios para evitar que estos se fruncieron en disgusto. Si bien, ya lo había considerado. La única manera en que un espíritu pudiera venir aquí, es si fusiona su alma como si de un invitado se tratase. Y la idea de que su hermano hiciera eso con su fiel espíritu no le agradaba en nada.
"Usted y yo somos alma y espíritu." Continuó Amidamaru "Al fusionarme con usted, seremos uno. Nuestra conexión es fuerte y juntos podremos encontrar la cadena que está anclada en el mundo real. El ancla que necesitamos es su cuerpo y un puente como médium de energía que nos permita cruzar"
"Harusame" Yoh concluyó de inmediato.
Amidamaru había entrado en aquella espada tantas veces mientras sus almas estaban fusionadas, que no dudaba en que algunos residuos espirituales permanecieran ahí como un faro guía. Podía sentir aquella cadena atándolo a su cuerpo, era débil pero existía. Y junto a Amidamaru, él sabía que aquella conexión se volvería mucho más fuerte. Solo había un pequeño detalle con ese plan.
"Pero no se donde está. Si han pasado cuatro días, los chicos debieron de haber partido. Mis cosas, las cosas de Anna… ellos…"
"Creo que ya sabe la respuesta" Amidamaru le comentó con gracia a lo cual él no pudo evitar sonreír ampliamente por primera vez después de tanto tiempo.
Esos estúpidos sentimentales, Yoh quería echarse a llorar porque no lo dudaba. Él sabía que sus amigos habían empacado sus cosas y las habían traído con ellos con la esperanza de que él regresará pronto con ellos. ¿No podía hacerlos esperar más, cierto? No cuando ellos creían en él y Anna lo estaba esperando.
Con fuerzas que creía perdidas, salió de aquella gélida agua que lo mantuvo como prisionero. El querer regresar y sumergirse en aquella oscuridad aún era fuerte, pero sabía que entrar en el lago y tratar de cruzar la barrera sería algo suicida. Nada le garantizaba el poder salir al otro abismo con vida o incluso salir de este mundo maldito. Pero si había una pequeña pizca de esperanza, entonces la tomaría.
"Amidamaru" Lo llamó y aquella esfera de luz se desmaterializó dentro de su pecho, fusionando así su alma con su fiel espíritu.
Yoh pudo sentir una gran calma sentándose en sus hombros, liberando la tensión en ellos y trayendo un poco de paz a su alma. Era reconfortante, saber que no estaba solo. Así que se detuvo un momento para sentir aquella presencia y respirar. Miró aquel lago una última vez, sintiéndose abatido, si. Pero con la promesa de que no abandonaría a Anna, encontraría su propio camino a ella, de eso no lo dudaba.
Sintiendo un poco de tranquilidad, comenzó a caminar por el abismo blanco, siendo guiado por un leve tirón en su interior, como si una cuerda estuviera atado a él y lo atraía hacia un destino. Aquel sentimiento lo estaba guiando hacia el laberinto, el cual entró sin vacilar.
Aún no estaba seguro de cómo regresaría al mundo real, si sería algo tan simple como concentrarse en la conexión con su cuerpo y exorcizarse a sí mismo. Sonaba realmente extraño, sin duda debió de haber aprendido más de Anna cuando era una Itako. Él conocía algunas plegarias para invocar pequeños espíritus, pero nunca pensó que necesitaría uno para invocarse a sí mismo.
Mientras más se adentraba en el laberinto, optó por tararear una de sus canciones favoritas para ignorar el vasto silencio que amenazaba por tragarlo. Era fácil perder la cabeza aquí, el tan solo estar en un enorme espacio blanco sin ruido lo estaba volviendo loco. Amidamaru podía sentir su ansiedad, así que optó por contarle sus últimos recuerdos para pasar el rato.
Entre más caminaba, más podía sentir un agudo sentimiento guiando a su cuerpo. Encontrar su cuerpo sería fácil, pero el puente…. Aunque sus amigos tuvieran sus cosas, necesitaba un milagro para que alguien lo encontrará y llevará a Harusame cerca de él para establecer la conexión.
Sus amigos y suerte nunca le habían fallado, era algo realmente ridículo como las cosas simplemente encajaban a su favor. Pero aun así, no podía dar por hecho que el plan funcionaría de inmediato.
Cuando la sensación se hizo más fuerte, pudo jurar que escuchó algunos murmullos provenientes del mundo exterior. Su cuerpo aún se encontraba con la orden, jamás hubo un momento para hablar sobre ellos como grupo, así que les asignó ese nombre en su cabeza para llamar a aquellos seres que habían desatado el caos en su vida.
Y las ansias de salir de este lugar se intensificaron mientras más escuchaba sobre sus planes, no importaba cuán alto tarareara su canción favorita para bloquear aquellos pensamientos, la desesperación por salir y despertar en su cuerpo era inmensa.
La presencia de Amidamaru se estremeció un poco dentro de él, pues tan absorbido estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta que había detenido su andar frente a una enorme puerta. Considero por un momento si tendría que vivir uno de los recuerdos de la rubia para salir de aquí, pero mientras más observaba la puerta, podía notar una gran diferencia que hacía un escalofrío recorrer todo su ser.
"Es diferente, esta puerta" Murmuró con temor, ojos viajando por el ancho de aquel monolito. No había cadenas en ella, la textura era rocosa y antigua y encima de la puerta, tres gárgolas con caras demoníacas parecían burlarse de él.
"Amo Yoh" La vozde Amidamaru lo mantuvo centrado y firme ante la repentina opresión que la puerta emanaba. No, esta no era una puerta de recuerdos perdidos. Era algo más, algo mucho peor que hacía que su propia alma temblara. Y lo más desastroso era que podía sentir la cadena de su cuerpo viniendo detrás de aquella puerta.
La inquietud de su espíritu se hizo presente, pero esta vez, Yoh no vacilo o se detuvo a pensar en consecuencias. Posando una mano sobre la superficie, empujo con fuerza hasta que la puerta cedió y se abrió silenciosamente. No había sonidos proviniendo de ella, no sabía cómo, pero con tan solo una mirada pudo saber de inmediato lo que se encontraba detrás de aquella puerta.
Había escuchado historias y visto muchas imágenes y adaptaciones, pero no había nada como ver la tierra árida y quemada para reconocer aquel reino desolado y lleno de miseria. No quería entrar ahí, mucho menos con su espíritu, quien no se merecía siquiera ver aquel mundo maldito. Pero era inútil hacerlo cambiar de opinión o abandonarlo, estaban en esto juntos.
"Amidamaru, no te separes de mí" Dijo mientras se adentraba con pequeños pasos hacia dentro.
"Amo Yoh, no puede castigarse a sí mismo" Su espíritu le reprocho, pudiendo saber qué es lo que estaba pensando y las emociones negativas que cargaba consigo.
"No lo hago. Pero si debo cruzar este lugar para salvar mi alma y a Anna, entonces lo haré"
Era la única manera, lo sabía. Era aterrador el entrar ahí y temer quedar atrapado por toda la eternidad. El hecho de que no sólo estaba poniendo en peligro su propia alma sino la de su fiel espíritu le pesaba en la consciencia. Pero si había algo que había aprendido durante su vida como un shaman, era no temerle a la muerte y al más allá. Aunque jamás pensó que entraría en aquel lugar maldito por voluntad propia.
"Estoy con usted, en cada paso"
"Bienvenido al infierno" Dijo con una leve sonrisa, ignorando como la puerta se cerraba detrás de él y lo dejaba atrapado en un nuevo mundo de tinieblas.
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¿Quién demonios era Grimm?
Ren se preguntaba con ojos abiertos en shock mientras escuchaba escondido a lado de una ventana al maldito de Link y a dos chicas gritar y discutir sobre lo que harían ahora que sus planes estaban en ruinas. Quería entrar y maldecir a todos por engañarlos, atormentarlos y jugar con ellos pues cayeron justo en su trampa.
Se sentía humillado y furioso por perder tan fácilmente contra aquel ingrato y no desconfiar desde un inicio a los otros sujetos. Pues el equipo de la peli-blanca se había integrado muy bien con los idiotas de su propio grupo, era demasiado sospechoso que un grupo de desconocidos se acercara e interactuara con buenas intenciones desde que se conocieron en el torneo.
Pero no… mientras más lo pensaba, todo se hacía mucho más claro. Ellos nunca hicieron contacto directo con su grupo en si, con cada nuevo encuentro que tuvieron siempre hubo una persona a la que se dirigían primero.
Anna.
Y mientras más escuchaba, su cuerpo más tenso se ponía con cada palabra y amenaza que se lanzaban entre ellos.
Fue pura coincidencia que encontró este lugar, al despertar solo en aquella silenciosa habitación, se había decidido a salir y buscar buena comida para desayunar. El sol apenas comenzaba a salir, así que no había muchos shamanes fuera en las calles por lo que fue fácil escuchar los gritos y el alboroto proveniente de la pequeña casa.
Reconocer la voz de Link fue sencillo, había estado recordando su molesta risa y burlas desde su pelea en Nueva York. Era un entrenamiento mental para ignorar la ira que sentía, se excusaba a sí mismo y a su espíritu, Bason, para que dejara de preocuparse. Pero tan pronto como escuchó su voz maldecir el nombre de Anna, se congeló contra la pared y escuchó con atención.
Alice no dejaba de llorar por la traición de Bon y la poca vida que a su prometido le quedaba, añadiendo en sollozos en que habían perdido a la rubia y cual poca esperanza tenían. Sumándole a esto, Link y Pamela discutían de cada lado, gritando y maldiciendo a Anna por arruinar sus planes, a su 'Amo Grimm' por arrebatarles su sueños y a los Asakura por entrometerse y siendo inútiles en sus propósitos.
Ren no comprendía a que llevaba todo esto, pero la gravedad del asunto comenzaba a pesarle.
Anna, quien desapareció aquella noche tras una jugada sucia de aquellos bastardos. Anna, quien iba a ser utilizada como sacrificio para un plan nefasto. Anna, quien se encontraba viva en el inframundo -si es que aquel mito existía- estaba atrapada y a merced de un ser de tinieblas capaz de desafiar al mismísimo Shaman King.
Y no solo eso, Ren podía ver la silueta de cierto castaño el cual han estado buscando todo este tiempo frente a la ventana. La furia quería invadir su juicio, quería golpear y zarandear al chico para demandar respuestas a todo este alboroto, pero sus instintos de supervivencia y conservación lo mantenía congelado contra la pared.
Algo andaba realmente mal.
La vida de la rubia corría peligro. Estaba atrapada con un ser de oscuridad pura que amenazaba con destruir el alma de la chica en cualquier momento. Y estos degenerados estaban gritando y llorando porque perdieron la oportunidad de llegar a ella primero. Pero la maldita pregunta dorada sería: ¿Qué demonios quieren con el alma de Anna?
¿Y como es que el estúpido castaño podía estar tan tranquilo tras escuchar aquellas atrocidades? Si alguien siquiera pensara en consumir el alma de su hermana, él ya los hubiera decapitado a todos. Pero Yoh estaba tan tranquilo y callado, era como si no pudiera escuchar o reaccionar.
Lo que había dicho Fausto le pesaba gravemente en sus pensamientos. Yoh había sido infectado con aquella sustancia negra, y cualquiera que fuera su propósito, no podría detenerla. Había estado actuando muy raro el ultimo día que lo vieron, pero Ren asumió que era la preocupación de no encontrar a su prometida lo que lo tenía en aquel estado depresivo.
Aquella chiquilla masoquista se había salvado a sí misma al ordenarle a él que la desangrara para liberar la sustancia de su sangre. Ren podía concluir que se trataba de algún control mental. El cuerpo del castaño no era nada más que una marioneta en estos momentos. Y una parte de él se alegró de que no pudieron llegar a Jeanne también. No podía imaginarse lo que harían con ella si eso llegase a pasar.
No es como si le importase, le gruñía a Bason entre dientes. Pero reconocía que la Iron Maiden era fuerte y con su poder de sanación, podría resucitar y matar a cientos de personas. Y no podían lidiar con eso mientras tenían otros problemas en mano.
Primeramente, tenía que decidir.
Sacar a la rubia de aquel lugar era primordial, si lo que estos inútiles decían era cierto, su alma y el resto del mundo corrían peligro. Ren dudaba por más arrogante y confiado que fuera, si alguien llegase al final del torneo y ganara el título de Shaman King para abrir la puerta al inframundo y sacar a Anna de ahí, ya sería demasiado tarde. No sabe con qué propósito, pero podía imaginarse que no sería algo bueno.
La otra necesidad es salvar al tonto de Yoh. Había un sentimiento burbujeando en su estómago, Ren no quería ponerle nombre, pero sabía que tenía que decirle a los demás sobre el hallazgo. Si algo había aprendido a la mala, es que tenían que trabajar juntos.
Tras unos cuantos minutos, las cosas dentro de la casa se calmaron. Ren miraba de reojo a la ventana por algún movimiento mientras planeaba su escape y como contactar a los inútiles de su equipo. Tenía que poner su orgullo a un lado y actuar cuanto antes de lo contrario… De lo contrario perdería mucho más que solo una amistad.
Decidido, dio un paso hacia atrás pero tan pronto como se movió, una alarma proveniente de su muñeca comenzó a sonar en la silenciosa calle. Ren maldijo y cubrió su oráculo anunciando no sólo la hora y lugar donde le tocaría pelear, sino también alertando de su presencia a los integrantes dentro de la casa.
"Joven amo" Bason murmuró insistente, pero Ren ya estaba corriendo tan rápido y silencioso como podía.
Las calles aún estaban un poco desiertas para poder mezclarse con las personas y escapar. Utilizar los callejones parecía la única opción, y si tenía que pelear con alguien, al menos evitaría daños colaterales y podría utilizar los tejados como ruta de escape.
Este realmente no era su día, odiaba la arena y el calor del lugar. Su habitación era pequeña y húmeda y no había desayunado aún. Y la sola idea de tener que pelear contra aquellos sujetos a tan temprana hora le hacían hervir la sangre.
Sabía que no habría escapatoria tras la persecución, y el no era un cobarde para huir, así que tan pronto encontró un callejón libre, se detuvo y blandió su lanza al momento en que aquel tigre negro apareció enfrente de el, rugiendo y enseñando sus colmillos como si de una sonrisa macabra se tratase.
"La curiosidad mató al gato, ¿lo sabías?" Link le sonrió con burla mientras caminaba detrás de su mascota, arrastrando consigo su cadena.
Ren no reaccionó a la burla y solo le devolvió una mirada tormentosa mientras fusionaba su alma con la de su espíritu silenciosamente y preparaba su lanza para atacar.
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"Tengo hambre"
"¿Qué clase de comida tienen aquí?"
"Carnes y verduras, supongo" Les contestó Manta, haciendo que todos exclamar.
La noche los había agotado, se quedaron hablando y bromeando por horas hasta que poco a poco, cada uno fue consumido por Morfeo. Y cuando llegó la mañana, parecía como si solo hubieran descansado por unos segundos. La comida que había traído Fausto solo les alcanzó para la cena, por lo que se aventuraron en busca de algún local o restaurante para almorzar.
Al no tener noticias de Ren, no sabían cuándo le tocaría competir por la medalla así que optaron por salir en busca de alguna competencia para ver si lo encontraban. A Fausto también le tocaría competir, por lo que estaban atentos por si su oráculo sonaba. Y aunque nadie lo admitiría en voz alta, también estaban en busca de Yoh.
Manta traía consigo en su mochila con la bitácora-V2 y la espada de Yoh. No quería abandonarla en la fría casa o ponerla en riesgo de ser robada. Además, con la suerte de ellos, es muy probable que encuentren problemas o mejor dicho, que los problemas los encuentren a ellos.
Habían escuchado a un grupo de shamanes mencionar como varios pueblos alrededor de las tierras del oriente habían sido cremados y masacrados por un fuego infernal. Todos sabían de quién se trataba y amargamente comprendieron que al consumir todas esas almas, su espíritu de fuego sin duda habrá incrementado su furyoku. Era sin duda un mal sabor de boca que nadie quería mencionar siquiera en voz alta, por lo que optaron no hablar de ello tan temprano en la mañana.
"¿Creen que podamos hacer un tour a la ciudad de Giza?" Lyserg preguntó mientras le daba un sorbo a su té. Habían encontrado un pequeño local donde algunos shamanes disfrutaban de platillos sabrosos por lo que se decidieron a probarlo. Y para sorpresa de nadie, Karim manejaba las órdenes. Horohoro intentó conseguir un descuento o platillo gratis, pero el Apache lo ignoró y amenazó por cobrarles el doble si seguían insistiendo.
"En verdad quieres atravesar el desierto para ver más arena"
"Es un centro cultural, Horohoro. Escuché que los apaches estaban organizando un viaje a las pirámides. Es una buena oportunidad"
"Me gustaría hablar con los sacerdotes y sus métodos de momificación" Fausto comentó casualmente, lo cual hizo que un escalofríos recorriera las espaldas de todos ante la idea.
"¡Mala idea, mala idea!"
Fausto no se sintió desanimado e insistió a Lyserg que compraran los boletos para el viaje. Aunque al peli-verde no le disgustaba la idea, tuvo que recordarle al médico que podría competir en cualquier momento y al no saber el horario ni la locación, no podían irse hasta obtener la medalla.
"También lograron llegar. Me da gusto" Una gentil y melodiosa voz les llamó la atención, y al voltear hacia la entrada del pequeño restaurante, se encontraron con aquella hermosa mujer que les había ayudado en sus horas más difíciles.
"Buenos días, mi bella Sati!" Ryu se levantó con emoción al ver a su benefactora.
"Buena señora, agradezco su amabilidad" Le dijo Chocolove con sinceridad. Ryu le había contado todo sobre aquella mujer que salvó su alma. Se sentía realmente agradecido por aquella ayuda y sentía el deber de pagarle el favor, pero Sati, como si leyendo sus pensamientos, le dedicó una sonrisa.
"Fue un viaje largo, ¿no es cierto? Pero me alegro que hayas regresado con bien"
"¿Gusta desayunar con nosotros?" Lyserg preguntó con cortesía, viendo como los demás veían a la mujer como si fuera una diosa y no sabían qué más decir.
"Gracias, pero ya he comido. Solo vine a desearles buena fortuna"
"Es muy amable de su parte" Dijo Fausto, sintiendo un poco de intriga ante las palabras de la mujer.
"El torneo será pesado para ustedes de aquí en adelante, pero me gustaría hablar con usted en algún otro momento." Fausto asintió sutilmente, queriendo saber más sobre la técnica de resucitación y el furyoku de sanación.
"¿No pelearán en el torneo?" Pregunto Lyserg curiosos al captar el doble significado de las palabras de la mujer, ganando así miradas de sorpresas de todos en la mesa, menos de Sati.
"No" La budista les confirmo "Mi gente ha visto y peleado en el torneo por cientos de años. Nuestro único propósito siempre a sido custodiar la paz y evitar el caos que Hao Asakura brindara a la tierra con su ascenso"
"Si realmente le temen, ¿por qué huir?" Horohoro preguntó, confundido con las acciones de la mujer.
"Porque detener a Hao no es mi destino. Esa tarea es de los guerreros elementales" Les dijo con una pequeña sonrisa "Tal vez los cinco guardianes podrán derrotar a Hao antes de que las desgracias caigan sobre nosotros"
"Mi señora" Daiei, un pequeño y calvo viejo se acercó a su líder con un además cortes que debían partir, a lo cual Sati le asintió sin problema.
"Fue un gusto, disfruten la comida" Con aquellas últimas palabras de misterio, la Budista salió del restaurante junto a su compañero de equipo y desapareció tras la multitud y vientos de arena, dejando al grupo en la mesa confundidos e intrigados.
"¿Creen lo que dijo?" Preguntó Horohoro. Aquella mujer sin duda era una de las shamanes más fuertes del torneo. Si realmente quería detener a Hao, no entendía porque no llegaría a la final para lograr su cometido.
"¡Por su puesto que le creo! Mi bella Sati no sería capaz de mentir"
"Jamás había escuchado sobre los guerreros. ¿Que clase de mito es ese?" Manta preguntó, inevitablemente pensando que Anna muy seguramente tendría la respuesta y forzaría a que Yoh se convirtiera en uno de ellos.
"Elementales…" Lyserg murmuró mientras sorbía un poco más de su té "Hao tiene el espíritu de fuego. Es claro que tiene que existir el del agua, la tierra y el aire"
Lo había considerado muchos meses atrás, pero la competencia y los X-Laws lo mantuvieron ocupado y no le dio importancia ni curiosidad investigar si realmente había más espíritus elementales. Tener un poderoso espíritu que igualara al desastroso espíritu de fuego era algo que cualquier shaman desearía. Pero en aquel tiempo pensaba que su arcángel y poder de la Iron Maiden serían suficientes para detener a Hao.
¿Pero ahora? La idea era absurda e interesante a la vez.
"Ella dijo cinco guerreros. ¿Cuál es el quinto?" Pregunto Chocolove, contando con sus dedos los cuatro elementos naturales que conocía.
Antes de que pudieran especular más, como un relámpago azotando la tierra, una poderosa onda de furyoku bombardeo los alrededores, haciendo explotar los vidrios de las ventanas y oscureciendo el cielo con mares de arena y polvo. Los gritos no se hicieron esperar, las personas gritaban en desconcierto ante el brutal ataque y corrían por encontrar un refugio ante las violentas ondas de furyoku cortando el aire.
No había duda de quién se trataba, como un escalofrío recorriendo su espalda, Horohoro lo reconoció de inmediato.
"Ren"
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Nada había salido como sus planes.
Sabía muy bien que sólo los tontos eran soñadores, y como pecador, ya había pasado la línea que dividía la fantasía de la realidad.
Por años, soñó en cómo sería su reencuentro y vida con aquella pequeña que le había robado su corazón. Anhelaba encontrarla, estar con ella y vivir más allá de su mortalidad justo como se lo había prometido mucho tiempo atrás. El estar encerrado en la oscuridad no le impedía soñar, las cadenas alrededor de él no le impedían moverse más allá de las tinieblas.
Encontrar aliados fue sencillo, demonios sin alma añorando la libertad, fue fácil convencerlos y atarlos a su voluntad. Incluso si su amo y señor era una deidad cruel con el poder de aniquilarlo, la simple promesa de darles la llave para salir de la oscuridad fue suficiente para convencerlos y traerlos a su lado. Aunque claro, eso no significaba que no les mentiría. Jamás les entregaría aquello que querían, aquello que él se había jurado por proteger.
Solo eran peones y él los usaría hasta llegar a su más querido deseo. No se detendría ante nada ni dejará que nadie se interponga en su camino.
Había asesinado a aquella anciana por lastimar y traicionar a su preciada Anna. Aquella mujer que había cuidado de la rubia, solo la había usado y descartado cuando ya no le servía en sus planes. Tanto dolor y tristeza le había causado en vida, que terminar con ella fue como ofrecerle un regalo a la chica. Pero incluso en muerte, la anciana se atrevió a manchar y contaminar el alma de la rubia con espíritus malditos.
No.
No permitirá que ningún demonio o espíritu tocara su alma, era suya; le pertenecía a él.
Con los Asakura fuera de su camino, su único problema era Grimm. Pero ahora que Anna se encontraba con él, había bajado la guardia y su arrogante confianza pensaba que lo mantendría encerrado por toda la eternidad. La decepción sería para él, pues con Anna tan cerca y su energía conservada por años, faltaba muy poco para romper sus cadenas y reclamar lo que le pertenece.
Salvaría a su preciada Anna de Grimm, no le importaba si tenía que caer en la oscuridad una vez más y teñir sus alas de negro.
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"¡Esperen muchachos!"
"Manta, quédate aquí"
Tan pronto como la nube de humo se elevó, todos entraron en acción. Sin preocuparse por los cristales rotos, salieron del restaurante para ver qué era lo que estaba ocurriendo. Aunque ya tenían una idea de quién estaba detrás de aquel ataque, las ansias y terror de que sucediera lo mismo en aquella noche en Nueva York era suficiente para poner a todos tensos.
Al no ver la inminente figura del espíritu de fuego les reconfortaba, incluso la ausente presencia de Golem les brindaba un gran alivió. Pero eso solo les dejaba una última opción y la idea era igual de peor.
"¡No! No voy a dejarlos" Manta negó mientras corría tras ellos, pero tuvo que detenerse junto con Ryu al ver a sombras demoníacas salir de la arena y atacar a cualquier shaman que cruzara su camino. "¿Esos son...?"
"¿Ya los habían atacado antes, no es cierto?" Fausto murmuró, blandiendo su guadaña con un sentimiento de ansiedad brotando dentro de él mientras que su amada Eliza colocaba una mano sobre su hombro y veía a aquellas criaturas con una mirada seria.
Horohoro, Chocolove y Lyserg se habían adelantado y las sombras les habían cerrado el camino. Había cierto pánico al separarse, pero en un acuerdo silencioso, Ryu y Fausto optaron por defender el área infestada por las criaturas y ayudar a los shamanes siendo atacados.
"Joven Manta, tomé refugio" Ryu le dijo antes de blandir su espada fusionada con Tokagero y comenzar a alejar a las sombrías criaturas lejos de los desafortunados.
Manta no quería, realmente no quería correr y esconderse como un cobarde, pero agriamente reconocía que no había nada que pudiera hacer para ayudar. El era un humano común sin poderes ni fuerza y estando en medio de una pelea sólo distraería a sus amigos para mal. Sintiendo impotencia, Manta comenzó a correr hacia el lado contrario, donde todos las demás personas se dirigían.
Un Apache los estaba guiando hacia una ruta de escape, y por un momento Manta se cuestionó porqué no ayudaban en la pelea y dejaban que los participantes arriesgarán sus vidas, pero entre la multitud y caos a su alrededor, la repentina silueta de una persona muy familiar le hizo detener sus pensamientos y andar.
"¿Yoh?"
No lo dudo por un segundo, y entre tropiezos y empujones corrió lo más rápido que pudo hacia donde había visto la ilusión de su amigo. Manta había aprendido desde que empezó su viaje junto con aquel chico despreocupado a siempre seguir su corazonada.
Mientras trataba de no caer y ser atropellado por la multitud, sus ojos buscaban frenéticamente la silueta del castaño. No lo dejaría pasar como un mero espejismo o truco mental, si había tan solo una pequeña oportunidad de encontrar a su amigo, él no dudaría en tomarla.
Logrando salir del camino, Manta miró alrededor en busca de una señal. No lo llamaría destino, tal vez sea intuición pero podía sentir una pequeña vibración en su ser que lo quiera guiar en cierta dirección. Ignorando el peligro y lo imprevisto de la situación, no paró de correr ni de buscar hasta que sus ojos encontraron una inesperada imagen.
Frente a una ventana como si se tratara de un cuadro triste y melancólico, estaba la figura de su mejor amigo.
"¡¿Yoh?!"
Entrando a la pequeña casa, lo primero que notó fue que la puerta se encontraba abierta pero a pesar del caos detrás del muro de cuatro paredes, su amigo parecía no poder ver ni percatarse de su presencia. A pesar de su respiración laboriosa y el fuerte sonido de sus pisadas mientras corría hacia la figura de pie, el castaño no reaccionó.
"¿Yoh, puedes escucharme? Soy Manta. ¡Yoh!" Se aferró fuertemente a sus piernas para asegurarse de que era real, de que no era una ilusión ni un truco. Respiraba, Manta podía sentirlo pero sus ojos que no dejaban de ver el mundo tras la ventana mantenían una mirada perdida que hicieron al pequeño sacudir el cuerpo del chico con fervor.
"¡Yoh!"
¿Que podía hacer? Necesitaba hacer algo, necesitaba despertar a Yoh de aquel estado.
"¿El es Yoh Asakura, cierto?"
Manta se giró en sorpresa al ver de nuevo a la Budista frente a la puerta. Sati le sonrió con calma, su rostro no mostraba ninguna señal de malicia o burla pero Manta ya no sabía en qué confiar. Tomando valor que era producto de la histeria que sentía, se paró detrás de Yoh y tomó su espada en un torpe agarre como forma de protección. No dejaría que nadie lastimara a su amigo de nuevo.
"¿Q-Qué hace aquí?" Le pregunto a la budista con un leve temor en su voz. ¿Me siguió? Se preguntaba mentalmente, ¿Cómo me encontró? ¿Buscaba a Yoh?
"Tranquilo. No voy a hacerle daño" Sati le dijo suavemente mientras daba unos pequeños pasos hacia ellos y al ver la posición defensiva del pequeño, le mostró sus manos libres de armas. "Voy a ayudarlo"
"¿Qué sucede con Yoh? ¿Qué es lo que quiere con él?"
"Su alma fue exorcizada de su cuerpo. Pero su vínculo con su corazón es fuerte, aún está anclado a este plano de vida"
"¿Qué?"
¿Que? Manta no comprendía lo que la budista decía. ¿Exorcizada? ¿Yoh había perdido su alma? No, no eso no podía pasar, no Yoh. Yoh era fuerte y valiente y su corazón era tan grande que sentir sus cálidas emociones era algo natural. No podía perder su alma ¿Estaba muerto? ¿Yoh está muerto?
"Tranquilo" Sati se acercó hasta arrodillarse frente a él y le acarició la cabeza con gentileza en una acción para ahuyentar los terribles pensamientos en su mente. "Tu amigo no está perdido. El puede regresar"
"¿C-Cómo?" Preguntó abrumado. La budista no había hecho nada más que ayudarlos. Había salvado a Chocolove y traído de vuelta. Nunca los había atacado o mostrado hostilidad, así que tal vez, a pesar de tener miedo, estaba bien confiar en ella.
"La espada" Sati le sonrió mientras retiraba su mano de su cabeza y acariciaba el estuche que contenía a Harusame a salvo. "¿Eres un buen amigo, lo sabías?"
Manta no sabía qué hacer, pero por alguna razón quería llorar. Sati, como si escuchara sus pensamientos, dejó salir una pequeña risa para después alejarse un poco.
"Ayúdame a acostarlo"
Entre los dos, maniobraron el cuerpo inerte del castaño y lo acostaron en el suelo. Ver aquella mirada perdida le perturbaba, quería cerrar sus ojos pero si lo hacía, la imagen de su amigo inconsciente le daría mucho más pavor.
"¡Yoh, resiste!" Le dijo con esmero, pensando que tal vez él podría escucharlo de alguna forma.
Concentrado en no llorar y no perdiendo de vista ninguna respiración que hacía su amigo, no sintió cuando Sati retiró la espada de sus manos, pero para cuando se dio cuenta, había un leve zumbido proveniente de la espada que se encontraba sobre el pecho de Yoh y después de una respiración silenciosa, una luz anaranjada comenzó a brillar en su centro.
"¿Qué está sucediendo?"
"El cuerpo es el ancla y la espada es el puente. Todo lo que tiene que hacer ahora, es encontrar el camino"
"¿El camino? ¿El camino de dónde? ¡¿Dónde está Yoh?!"
"Él se encuentra en un lugar oscuro. Su alma será puesta a prueba para regresar" Y ante su mirada conflictiva y llena de terror, Sati le dirijo otra sonrisa reconfortante. "Si confías en tu amigo, no debes temer. El encontrará su camino en la Tierra"
Dejando escapar su aliento para ocultar un sollozo, Manta se frotó los ojos fuertemente para limpiar cualquier rastro de lágrimas. Tenía que ser fuerte, ahora más que nunca. Él confiaba en su amigo, sabía que encontraría su camino de vuelta a ellos, incluso si esperar era angustiante, el no se movería de su lado, estaría allí cuando regrese.
"Yoh, por favor date prisa"
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Había dejado de soñar. No importaba cuanto cerrara los ojos o cuan cansada su mente y cuerpo se encontraran, no podía conciliar el sueño y dejarse llevar por los dulces susurros de las sombras.
Tras despertar ahogándose en los brazos de Grimm, Anna había entrado en un ataque de pánico. No era común en ella, quien mantenía sus emociones bajo control bajo una fría máscara, pero el ver a Yoh y dejar de respirar en sus brazos, solo para despertar junto a Grimm fue suficiente para desatar el caos en su mente.
Se había separado de aquel ser tan pronto como sus pulmones dejaron de arder y con fuerzas que no tenía, gritaba y arrojaba cualquier cosa cerca para alejar al ser maldito. Grimm no le había dicho nada ante su histeria y se retiró sin ninguna burla hacia ella, pero a Anna no le importaba. Solo trataba de respirar y dejar que las lágrimas cayeran.
Si perder la noción del tiempo ya era fácil, ahora era más sencillo que nunca pues desde que despertó no volvió a dormir a pesar de querer hacerlo.
Quería regresar con Yoh, quería ir a casa y olvidar todo este tormento. Jamás había querido correr y esconderse de algo, no desde el Monte Osore, no desde aquella fría noche nevada de su niñez…
Su corazón estaba abierto y vulnerable, y aquella cadena que custodiaba sus memorias se desmoronaba como si de polvo se tratase. Aquello que quería olvidar, aquello que odiaba y le aterraba estaba regresando a ella, justo y cuando su mente ya se encontraba en conflicto.
Sabía que tarde o temprano tendría que afrontar sus miedos, pero no quería hacerlo sola.
Y aquel pensamiento era lo único que la reconfortaba. No había forma de estar segura y tal vez sólo fueran especulaciones ilusas, pero sabía que regresaría al mundo de los vivos junto a Yoh. Estaban en esto juntos, ni la vida ni la muerte podrían separarlos. Estaba segura que su prometido nunca se daría por vencido, así que ella tampoco podría hacerlo.
Le debió haber dado un gran susto, pensaba con pesadez. Yoh podía estar atrapado en aquel abismo, pero eso no significaba que no la había escuchado o sentido. Realmente nunca fue su intención actuar en plan suicida, pero al atravesar aquella ventana que dividía los abismos nunca consideró el hecho de que había agua en el otro extremo. Solo quería llegar a Yoh.
Pero el daño ya estaba hecho y tuvo fortuna de poder despertar con aire en sus pulmones.
Aunque en cuanto su mente se aclaro y pudo calmar sus torrente de emociones, el simple hecho de que Grimm le había dado respiración de boca a boca para salvarla le había repugnado enormemente y era una de las razones por la cual se había encerrado en la habitación.
Cuando el ardor en sus ojos disminuyó y respirar dejo de doler, se arrinconó junto a la ventana y miró por lo que parecieron días el jardín lleno de rosas que crecían en la oscuridad. Era realmente hermoso, macabro y ridículo, pero tenía cierto encanto que hacían que este reino maldito pareciera más bien un paraíso atrapado en una eterna noche.
Pasado el tiempo, nadie vino a buscarla o molestarla. Las sombras que habitaban en el castillo parecieron ponerse de acuerdo para dejarla tranquila, pues no había siquiera una simple mancha moviéndose en su habitación. No debería de hacerlo, pero por alguna extraña razón, el sentimiento de soledad y melancolía querían invadirla fuertemente.
No es que quisiera buscar compañía, pero cuando consideró que era seguro, salió de su prisión personal para buscar un poco de comida. No tenía hambre, no tenía ganas siquiera de comer, pero había algo en su interior, una sensación de náuseas que quería consumir y saciarse.
Caminar le hacía bien, su cuerpo estaba tenso y cansado así que estirar sus piernas hacía que sus músculos dejaran de contraerse. Fueron pocas las veces que había salido de su habitación por voluntad propia, pero encontrar el enorme comedor fue algo sencillo. La mesa se encontraba cubierta por un sedoso mantel rojo, y sobre ella, frutos de todos colores y tamaños descansaban en tazones y bandejas de oro.
Anna tomó su tiempo para comer y probar diferentes frutos, todo menos el fruto rojo que deleitaba su mirada pero no sus ansias. Aquel fruto tentador era imposible de ignorar, una burla de manzana que prometía resolver todos tus problemas a cambio de hacer un trato con el demonio.
Pero ella ya había vendido su alma, ¿no es cierto? Le pertenecía a Grimm.
No podía recordar el porque o cual fue el trato, el porque su alma estaba manchada de negro. Esa cadena de recuerdos era una de las memorias perdidas que le aterraba recuperar, pues no podía siquiera imaginarse lo que la llevó a hacer ese pacto. Y lo que más miedo le daba era si algo en ella cambiaría al recordar.
Se prometió no hacerlo, si tenía que afrontar su pasado, lo aceptaría pero lo dejaría atrás. Aquellas penas y sufrimientos ya no eran parte de ella, tenía un futuro el cual quería vivir, un presente el cual salvar. Ya sucedió, no había forma de cambiarlo, solo había que seguir adelante. Y cualquiera fuera el trato, Anna no se dejaría caer en la tentación por segunda vez.
Una vez que sus ansias cesaron, no le quedaba nada más que caminar y recorrer el castillo. No quería regresar a la habitación sola y pasar la eternidad de horas mirando las cuatro paredes en silencio. Los ventanales de los pasillos eran cautivadores, vitrales cuyos colores resaltaban tras la luz de las lunas. Se preguntaba si podrían tener un vitral en la posada Funbari, llamaría la atención y les traerían muchos clientes.
El largo pasillo conducía hacia un pequeño salón, y tras un umbral se podía llegar las afueras del castillo. Sus pies parecían caminar por sí solos, así que no se sorprendió cuando se encontró frente a aquel jardín. Las flores blancas contrastaban con el color carbonizado del suelo, incluso las hojas y espinas eran negras que era casi imposible distinguirlas de su alrededor.
"¿Sigues odiándolas?" Grimm preguntó detrás suyo, y su presencia junto a ella en el monocromo jardín era como deja vu, una ilusión de un sueño perdido.
"¿Cómo puede haber vida aquí?"
"Siempre ha habido vida en el inframundo. Solo porque nadie la a visto, no significa que nunca a estado ahí"
Realmente no quería verlo, había intentado lo posible por no toparse con él en su caminata, pero estando aquí bajo el cielo oscuro y siendo alumbrados por aquellas dos lunas gemelas, Anna podía sentir la nostalgia no solo proveniente de ella, sino de Grimm también.
"¿Harás que recuerde?" Preguntó resignada.
"Tus memorias están regresando por su cuenta. Si llegara a forzar su corriente y romper las cadenas, solo te causarían dolor"
"¿Que, no me harás daño?"
"No"
Y aquella respuesta tan segura y confiada hizo que Anna volteara a ver al ser maldito.
Su porte seguía siendo el de un régimen supremo, alto y con un auge de poder. Pero había algo en él, algo diferente que la rubia no había notado o tal vez, lo había ignorado. Había tensión en su cuerpo, como si la larga capa roja que llevaba le pesara en los hombros. Su largo cabello plateado no tenía brillo natural, era como si la pigmentación se hubiera esfumado dejando atrás un gris opaco. Y su expresión, aquel ojo carmesí que veía el jardín con un sentimiento que Anna no podía nombrar, destellaba cansancio y melancolía.
"¿Quién soy yo para ti?" Susurró en voz baja, casi rogando por que el ser no escuchara su pregunta y temiendo la respuesta.
¿Un arma, un trofeo, un sacrificio? Realmente, qué significaba ella para que Grimm la buscara con tanto desespero. ¿Acaso su alma valía más de lo que aparentaba? ¿Qué es lo que haría con ella ahora que se encontraba en el inframundo y a su merced?
"Realmente no lo recuerdas" Grimm le confirmó con gracia, mirándola sin malicia pero manteniendo una leve burla en su voz, casi retándola a que le rogara por decir la verdad, a lo cual Anna frunció el ceño y se cruzó de brazos.
"¿Qué soy yo para ti?" Volvió a preguntarle en voz alta, decidida a afrontar la verdad.
Grimm le sonrió, y dio un paso para detenerse a lado de ella. Con las lunas sobre ellos y la figura alta del ser, una sombra cayó sobre ella en señal de mal augurio y oculto tan poca iluminación había alrededor. El ser maldito se inclinó levemente para poder verla a los ojos, y cuando su mirada se posó sobre ese rojo triste, algo dentro de ella se derrumbó.
"Tu eres la luz del inframundo, Anna" Grimm le susurró como si de un secreto se tratase "Reencarnada en cuerpo y alma, una y otra vez para vivir entre los mortales. Tu existencia era alumbrar las sombras aquí, pero allá, las sombras se hambrientan de ti y tratan de consumirte. Es la razón por la cual sufres desgracias, la razón por la cual los oni nacen de ti. Tú los alimentas y das vida con la luz de esta maldita oscuridad"
"Mientes"
"¿Por qué lo haría?"
"No" Se negó fuertemente "Yo soy humana"
Respiraba y sangraba, lloraba y gritaba, ella tenía cuerpo y alma, ella era humana. No necesitaba escuchar los disparates lunáticos de un ser maldito quien gustaba de los juegos mentales. No caería en la trama ni creería las mentiras que le soltaba solo para mantenerla atrapada. Bufando en indignación, Anna se giró para regresar a su habitación, no le importaba encerrarse nuevamente si eso significaba no tener que ver al maldito de Grimm.
Y conociendo muy bien sus intenciones, Grimm la detuvo sin necesidad de tocarla. Con un simple deseo de detenerla, su cuerpo se congeló en su andar y la furia y miedo invadieron sus nervios.
"Oh Anna, Anna" El ser le reprocho con gentileza mientras caminaba nuevamente para quedar frente a su inmóvil cuerpo. "Aun no entiendes nada. Te he perdido de mi lado una y otra vez. Encontrarte es sencillo, pero mantenerte aquí es un desafío. Ningún humano puede permanecer en el inframundo sin perder la cordura, a menos que sea por voluntad propia. Por años pensé que jamás volverías a mi, hasta que ocurrió. Aquel día en el que caíste al abismo ¿Lo recuerdas?"
Anna exhaló temblorosamente, confirmándose a sí misma que podía respirar y el aire en sus pulmones era real. Aquello que la atormentaba, aquello que rogaba olvidar estaba regresando. Destellos de imágenes corrían ante sus ojos, mostrando reflejos de aquellas memorias de su niñez, aquel día nevado en donde todo cambio. Su miedo, su terror, y su furia. Podía recordar las emociones que corrían por sus venas, podía sentir la gélida nieve alrededor siento bañada por cálida sangre bajo sus pies.
Su desesperación, su soledad y deseo. Podría sentir el pavor dentro de ella cuando el desastre ocurrió, la tristeza en su corazón cuando su amigo jamás regreso y la ciega esperanza cuando le ofrecieron salvación.
"Hiciste un pacto conmigo" Grimm murmuró mientras acariciaba levemente su rostro, limpiando una lágrima rebelde que escapaba de su corazón al recordar aquella noche.
"N-No, yo… yo no sabía…"
"Eras tan solo una niña. Pero cuando caíste en el abismo, tu juraste tu amor eterno hacia el inframundo, hacia mi. Me diste tu alma a cambio de tu maldecida vida y por un momento, Anna, mi dulce Anna, por un momento el sol comenzó a salir nuevamente" Grimm exhaló en anhelo, haciendo que un escalofrío se apodera de ella al sentir frías manos posarse sobre su rostro y presenciar el gruñido violento que se formó en la voz del ser. "Pero el te arrebató de mis brazos"
Solo podía pensar en dos nombres, en un demonio y en un shaman quienes la aceptaron y protegieron antes de que la tragedia ocurriera. Hao… Hao la había abandonado; no realmente si lo que admitió bajo su afiebrado balbuceo tras su pelea en Hawaii era algo que notar. Pero él no había estado ahí cuando se desató el caos, solo hubo alguien más.
"Tu querido ángel de las sombras" Le confirmó Grimm.
"Luci..." Susurró aquella parte del nombre del que alguna vez fue su más querido protector "¿Qué hiciste con él?"
Grimm no dijo nada, pero por la sonrisa satisfactoria en su rostro podía darse una idea. No podía recordar más allá de eso, el cómo había escapado y sobrevivido o que había pasado con aquel demonio. Pero si Grimm tuvo algo que ver con su desaparición entonces… entonces…
"¿Qué es lo que quieres de mi?"
"Quédate conmigo"
Aquellas palabras sonaron más como una súplica que se rehusaba a creer. No podía aceptar la historia del ser hasta que recordara todo, no podía confiarse y dejarse engañar tras unas dulces palabras llenas de soledad.
"El inframundo está muriendo, Anna. Por miles de años ha sobrevivido por su propia voluntad y mi poder. Pero ya no es suficiente"
"¿Por qué ahora?" Trató de mover su cabeza para escapar del agarre de aquel ser quien la sostenía sin lastimarla, pero su alma se encontraba atada y congelada sin querer alejarse de la deidad oscura frente a ella. "¿Por qué no matarme o esperar a que muera?"
"Porque tu debes vivir y entregarte a tu destino. Si no hay luz en la oscuridad, solo habrá muerte y miseria. El mundo será consumido por las tinieblas y ni siquiera tu querido Shaman King será capaz de detener el caos que desatará la calamidad"
Eso era imposible, se negaba mentalmente. No había nadie más poderoso que el dios que vivía dentro de los grandes espíritus, aquel ser supremo que brindaría paz o salvación a la tierra. Ella sola no sería capaz de detener la destrucción del mundo, solo era Anna… solo era…
El miedo, el terror, la furia, su desesperación, la soledad y el deseo que sintió aquella vez volvía a apoderarse de ella. No quería creerlo, no podía, pero…
"Si lo hago… ¿Prometes dejar a Yoh libre?" Susurró dentro de lo más profundo de su corazón.
"Te doy mi palabra" Grimm le aseguró mientras movía sus manos para acariciar su cabellos dorados "Los Asakura solo eran un señuelo para llegar a ti. Mi propósito siempre ha sido tenerte a mi lado nuevamente"
"¿Y si me rehusó?" Anna trató de sonreír con arrogancia pero sus labios tan solo temblaron "¿Me tendrás como tu prisionera? Ya he muerto en mi sueño, que te hace pensar que no volveré a hacerlo?"
"Porque eres humana" Grimm le sonrió y se inclinó hasta descansar su frente como la suya. Pavor, miedo y disgusto eran sensaciones que debería de sentir pero solo había un placentero zumbido dentro de su alma mientras el ser oscuro le susurraba verdades vacías. "No dejarás que el mundo muera por tu culpa"
Ella no era un martyr para entregar su vida a una causa que no le pertenecía. No abandonaría su planes y su futuro ante las palabras de un ser que la había cazado y atormentado. Incluso si su corazón se partía y su alma lloraba, ella no podía caer ante la tentación y la promesa de salvar al mundo cuando su propia vida era un desastre.
Grimm se equivocaba; era humana, pero aun así era egoísta. No se sacrificaría para salvar a la humanidad que alguna vez le hizo daño. Se rehusaba a cargar el destino de ambos mundos y aceptar las palabras del ser maldito. Encontraría la manera de escapar de este lugar y regresar junto a su propia luz. Yoh. Eso era todo lo que importaba, el mundo entero podría ser consumido por las sombras, no le importaba mientras ella regresara a su hogar.
Mentiras, Mentiras, Mentiras! su corazón gritaba. Si la oscuridad se apoderaba del mundo y destruía todo a su paso, no habría una posada a la cual regresar. No habría cielo ni tierra el cual disfrutar, no habría vida que vivir o un futuro el cual desear. Si el inframundo colapsaba y devoraba a la Tierra, ni ella ni Yoh podría vivir una eternidad tranquila.
Solo serían sombras de un sueño.
Grimm la tranquilizó en un susurro, frotando y restregando las lágrimas silenciosas fuera de su rostro y soltando el agarre que tenía en su alma, pero aun así, ella no se movió. No podía, no mientras la oscuridad alrededor de ella se extendiera en un intento de consumirla. Estaba atrapada entre el deseo de salvar y la furia de destruir.
Cual poca esperanza le quedaba parecía ser apagada como si la flama de una vela hubiera sido esfumada. Aquel ojo carmesí que la miraba con tanta melancolía nublaba todas sus ilusiones que alguna vez soñó.
Solo había cenizas y oscuridad.
"Quédate conmigo, Anna"
.
.
.
Are we the plaything of fiends,
or merely the dreams
that we're telling ourselves?
.
¡Gracias por leer!
¿Grimm miente? Nada es lo que parece, no pueden confiar en nadie. Y no se preocupen, más adelante exploraremos que es lo que los demás quieren con el alma de Anna. Sin duda, este es uno de mis capítulos favoritos, pues finalmente comenzamos a descubrir el pasado de Anna y como se irá ligando con los arcos del manga.
Nota: Estoy considerando traducir este fic al idioma inglés. Aunque probablemente sea hasta el próximo año, pues quiero concentrarme primero en terminar la historia. Tal vez haga la traducción en el fic de AO3 y mantenga esta versión en español en ffnet. Los mantendré informados.
Kudos~
