Muchas gracias por su apoyo, espero que esto les guste.
Declaimer:
Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.
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Episodio
XXV
Más allá de la felicidad
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"Tú existes para mi"
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El tiempo era algo asombrosamente cruel. No había ningún ser que pudiera escapar de sus garras y no poseía diversos sentidos, sólo fluía hacia delante, siempre avanzando sin detenerse por nada ni nadie. Con el paso de los años aprendió a diferenciar las cosas importantes, aunque debía admitir que tenía una debilidad especial por las trivialidades más simples de la vida. El sabor de un helado, la fragancia de las flores, el calor de una caricia, cada uno de esos pequeños detalles estaban profundamente guardados en su corazón, como un perpetuo recordatorio de que la vida era preciosa por sí misma y las cosas que podías crear eran tan infinitas como diversas. Solamente los humanos tenían esa extraña capacidad, sólo ellos podían tomar algo tan diminuto y transformarlo completamente en algo maravilloso e irremplazable. Quizás no tenían todas las respuestas del universo y sin duda el largo de su vida era escaso, pero, ellos sabían cómo hacer que cada segundo valiera la pena.
Suspiró.
Probablemente sólo eso debería ser suficiente para sentirse plena.
Pero…
—¿Estás despierta?
Giró el rostro y se encontró con un par de ojos amables que la observaron atentamente.
—Buenos días, Yamada-sensei—sonrió.
—Buenos días Hyuuga-san—la mayor se acercó al monitor de signos para revisar las lecturas y luego se volvió audaz hacia el cuentagotas de la intravenosa que tenía colocada en la mano derecha—. ¿cómo te has sentido con el nuevo medicamento?
—Un poco mareada, pero nada que no pueda manejar—aseguró fijando sus perlas en el líquido amarillento.
—Ya veo, le pediré a las enfermeras que reduzcan la dosis—comentó haciendo una anotación—. Tus niveles parecen estar dentro del margen y los estudios del otro día salieron mejor de lo esperado—exclamó curvando sus labios—. Solamente nos diste un buen susto con la fiebre de anoche—agregó.
Había transcurrido alrededor de una semana desde que fue ingresada en el hospital para su chequeo de rutina. Estaba acostumbrada a las rigurosas pruebas que le hacían en cada periodo de evaluación. Sin embargo, había tenido una respuesta adversa al nuevo medicamento que comenzaron a administrarle para que las paredes de su corazón se hicieran un poco más resistentes. Por lo tanto, había pasado por una fuerte fiebre durante la noche anterior; incluso podía recordar haber desvariado por algunos minutos mientras las enfermeras luchaban por bajar su temperatura corporal y finalmente, luego de tres horas, sus signos se habían estabilizado y su calentura bajó considerablemente. No era la primera vez que pasaba por algo similar, cuando era más joven, duró tres días inconsciente por una leve infección que le provocó un ataque y mucha fiebre. Así que eso no era nada si se ponía a compararlo. Después de todo, había experimentado un dolor mucho más intenso que ese cuando creyó que había perdido a su querido gato para siempre.
Esa sensación punzante era mucho peor que una herida expuesta en carne viva. Como un fuego que lentamente reducía a cenizas hasta la más pequeña fibra de su alma.
Perder a la persona que más amaba era el dolor más agonizante que alguien podría llegar a sentir.
Era algo que no le deseaba a nadie sin importar las circunstancias a las que pudiera estarse enfrentando. Si se le permitía hablar sobre eso, probablemente diría que era como si tomaran un trozo de su corazón y lo apuñalaran con una cuchilla hirviendo. El calor de la punta cauterizaba la llaga, pero al mismo tiempo desgarraba el camino hacia el interior para alojarse en lo profundo y seguir golpeando sus entrañas. Quizás nunca podría recuperarse completamente y la cicatriz jamás terminaría de cerrarse por el resto de su limitada existencia.
Bueno, al final de cuentas, no es que pudiera hacer algo para remediarlo.
—Lo siento—musitó por lo bajo mientras salía de su propio estupor.
—Por cierto, Kirishima-sensei volvió a llamar ayer, no sé si tu padre te lo mencionó—la doctora Yamada se sentó en la silla junto a su cama en un movimiento sutil.
Hinata la miró fijamente por un par de segundos en completo silencio. Un silencio que era rasgado solamente por el rítmico sonido de las maquinas a las que estaba conectada mientras contaban cada segundo de su vida.
—Escuché un poco sobre eso—profirió tras cuarenta y cinco segundos de mutismo—. Ésta vez encontró un hospital en Alemania que propone un nuevo método, ¿cierto?
—La Universidad de Heidelberg* es una de la mejores en el campo, su hospital lleva al cabo algunas investigaciones importantes sobre afecciones como la tuya—explicó mirando los movimientos de la peliazul concienzudamente, casi como si intentara adivinar los pensamientos que se ocultaban detrás de su rostro tranquilo—. Leí los detalles de la propuesta y posiblemente no seamos capaces de encontrar una mejor opción que esta—entrelazó sus manos sobre la rodilla que cruzó para una posición menos tensa.—. Con las medidas adecuadas, la tasa de éxito es de un 51%—su tono fue contundente.
Siendo honesta, después de tanto tiempo tratándola tenía un par de sentimientos complicados ante el panorama que ella misma mencionaba. Seis años no eran poco tiempo después de todo. Había observado de cerca la evolución de su estado, tanto en la salud como en lo mental, la había visto sobrellevar los declives de su cuerpo con una fuerza y madurez que eran imposibles de ignorar. Quizás nunca conocería a alguien con ese mismo espíritu y optimismo ante un destino casi inamovible. Por ello es que no podía evitar seguir buscando una forma de salvarla aun y cuando ella sólo deseara vivir pacíficamente el resto de sus días. La medicina tenía sus límites y parecía como si los cielos se hubieran empeñado en hacer de Hinata una heroína trágica. Deseaba que esa niña pudiera tener una nueva oportunidad para permanecer en ese mundo el tiempo suficiente para crecer y perseguir sus propios sueños y esperanzas, aun y cuando el camino a seguir no fuera un sencillo en lo absoluto.
—Es… el mayor número hasta ahora—murmuró la muchacha mientras inclinaba la cabeza algo pensativa.
Sus manos se aferraron a la tela de la bata que le cubría el pecho. Sintiendo a través de las puntas de sus dedos esos irregulares latidos que le habían ocasionado tantos problemas desde que tenía memoria.
Su corazón era una carga bastante pesada.
—Sí, es el porcentaje más alto—asintió la Dra. Yamada llevando su mano izquierda a la diestra de la joven, quien, dicho sea de paso, respingó ante las acciones de la mayor—. Hyuuga-san, seré honesta—pronunció dando un ligero apretón amistoso a su palma—, si la decisión dependiera de tu padre y de mí, aceptaríamos esta oportunidad inmediatamente. Dado que los tratamientos anteriores han hecho difícil someterte a un trasplante, es la mejor de las opciones para tu condición—suavizó su mirada y la ojiperla no pudo evitar estrechar la suya.
De alguna forma, no se sentía del todo feliz.
—Yo…—comenzó mientras apretaba los dedos entorno a la tela que la abrigaba, de alguna forma se sintió fría desde la punta de los pies hasta las sienes. Ni siquiera era capaz de sentir la calidez con la que la galena pretendía confortarla a través de su tacto—, no estoy segura de que pueda hacerlo…
—¿Por qué?—la médica enarcó una ceja.
—Me asusta—confesó alejando suavemente su mano de la ajena—. Me asusta aferrarme a una esperanza como ésta—mantuvo su rostro bajo.
No quería que sus verdaderos sentimientos escaparan a través de sus ojos.
A pesar de lo que podía ganar si el ángel de la suerte le sonreía en esa ocasión, había muchísimas más cosas que perdería si no lograba soportar la operación. Ella podía morir lejos que aquellos que amaba. Lejos de su familia, sus amigos y, sobre todo, lejos de su persona más preciada: Sasuke. Si ella aceptaba perseguir esa oportunidad, estaría corriendo directamente hacia un destino incierto. Tendría que confiar ciegamente en que sería capaz de volver a encontrarse con ellos al final del espinoso camino que recorrería a partir de ese momento y si no era así, debería conformarse con la promesa de reunirse nuevamente en la próxima vida.
No era tan valiente.
Definitivamente no lo era para nada. Siempre intentaba parecer alguien llena de confianza aun y cuando probablemente era un fracaso total en ello.
No quería admitir su propia debilidad.
—Está bien si quieres pensarlo un poco más—otorgó la mayor poniéndose de pie—. Sé que no es una decisión sencilla, además tiene sus riesgos, no lo voy a negar—tanto ella como Hiashi sabían los diversos escenarios en que podría terminar todo eso, y aunque unos eran menos alentadores que otros, era mucho mejor que continuar con esa eutanasia poética que había escogido—. No haremos nada que tú no desees—exclamó caminado hacia la entrada—. Pero, por favor Hyuuga-san…—se detuvo antes de abrir la puerta para salir—. Intenta considerarlo favorablemente—la observó con un leve mohín en su rostro, como si tuviera la capacidad para ver a través de ella con suma precisión—, trata de aferrarte una vez más a ésta vida, por favor…— quisiera haber agregado, pero eso ya sería cruzar demasiado la línea.
Hinata observó por un largo tiempo el sitio donde se había parado la doctora antes de irse y luego, con suma parsimonia, viró el rostro hacia la ventana del cuarto.
El cielo estaba nublado.
—Lo estoy haciendo—susurró cerrando sus parpados lentamente—. Después de todo… podría ser la última vez…
Ah, no parecía que el sol fuera a salir pronto.
El papel celofán crujió entre sus dedos. No pudo evitar mirar fijamente los pétalos de las flores que la amable florista había puesto en ese pequeño ramo. Las peonias malvas y el brezo rosado combinaban armoniosamente entre sí, como una pequeña obra de arte hecha cuidadosamente para embonar con cada una de las piezas que la componían. El olor era agradablemente dulce, pero no empalagaba el olfato a pesar de ello; deseó que la persona para quien estaban dirigidas las aceptara gustosamente. Después de todo, las había comprado con la única finalidad de hacerla esbozar una sonrisa. No tendría caso haber pasado por esa bochornosa situación si no lograba ese cometido.
—¿Está buscando flores para su novia?
Recordó vagamente la conversación con la dueña de la florería cuando ésta le atrapo mirando la vitrina con una expresión bastante seria.
—No… no es mi novia.
—Oh, ya veo, si me dice un poco sobre la persona podría ser más fácil encontrar las flores adecuadas.
—Son… para alguien a quien le deseo felicidad.
Y eso no era una mentira.
Después de todo lo que había sucedido, lo único que deseaba era que Hinata pudiese ser completamente feliz a pesar de las dolorosas experiencias que había tenido que atravesar últimamente.
Sería muy indulgente de su parte admitir que se arrepentía de haberla involucrado en cuestiones tan problemáticas. Hacía mucho tiempo que había perdido tal derecho. Sencillamente debía aferrarse descaradamente a la decisión que ya había tomado. Ya era un hombre patético desde el momento en que dejó que una chica tan frágil fuera involucrada en toda esa situación.
Ni siquiera era válido arrepentirse de algo en ese punto.
—Kakashi-sensei—respingó al escuchar que lo llamaban de pronto.
Detuvo sus pasos a medio pasillo del concurrido hospital. El Hatake giró un cuarto su rostro y se encontró inevitablemente con un par de azules ojos.
—Naruto—contestó viendo al Uzumaki llegar.
El brazo del adolescente parecía estar mucho mejor que la última vez. El rubio alzó la mano herida para saludarlo y él notó algunos garabatos sobre el yeso de su diestra.
Seguramente sus amigos le habían escrito algún que otro mensaje.
—Ha pasado un tiempo-ttebayo—el ojiazul se paró frente al mayor.
—Sí—asintió acomodándose la mascarilla que casi siempre utilizaba—. ¿También has venido a visitar a Hyuuga?—cuestionó apuntando la bolsa de estampados coloridos que llevaba en su mano sana.
—Ah, sí—sonrió levantando el obsequio—. Parece que Sensei está haciendo lo mismo—señaló con un ligero cabeceó—. No sabía qué traer exactamente, así que Sakura-chan me ayudó a escoger—pronunció.
—Ya veo—asintió—. Entonces, deberíamos apresurarnos y seguir—apuntó sobre su hombro.
—Vale.
Kakashi suspiró para sí mismo, de alguna forma, se sintió un poco más relajado. Honestamente hubiera sido un poco difícil estar a solas con la Hyuuga después de aquel día.
Quizás no era tan maduro como pensaba.
…
Había bastante gente a su alrededor, pacientes, familiares y personal. Escuchaban en la lejanía los mormullos de sus conversaciones triviales y el aroma de los antisépticos resaltaba bastante. Honestamente no le gustaba mucho ese tipo de lugares, al fin y al cabo, no tenía los mejores recuerdos de esos sitios. Pero ya era demasiado viejo para seguir aferrándose a los traumas de su pasado, así que simplemente ignoraría la sensación de incomodidad que le rozaba la nuca.
—Por cierto, Kakashi-sensei—exclamó el Uzumaki al girar en la esquina para dirigirse hacia las escaleras del siguiente piso.
—¿Hmm?
—¿Hoy no vino su novia con usted? —indagó.
—¿Quién…?
—Hablo de esa bonita mujer que estaba con usted la última vez-ttebayo.
El rostro de Hanare vino inmediatamente a sus pensamientos.
Seguramente era ella a quien su estudiante se refería. Sin embargo, no supo cómo debía sacarlo de su error, después de todo, no tenían ese tipo de relación. Aunque dudaba que tuviera la obligación de aclarar eso con el Uzumaki.
Desvió la mirada.
—¿Qué fue lo que te ayudó a escoger Sakura como regalo?
Su mejor opción era evadirlo directamente.
—¿Eh?
—Quiero decir, no hay muchas cosas que se puedan regalar a un paciente—agregó.
Naruto ladeó el rostro, un poco confundido por el cambio de tema tan abrupto que había hecho el mayor. No obstante, cualquier intento por redirigir la conversación a su cauce normal quedo en el olvido al notar la tablilla de identificación en la habitación 321.
"Hyuuga"
Kakashi lo volteó a ver por un segundo y sus ojos se arquearon en compañía de una sonrisa invisible. Tocó dos veces la puerta antes de deslizarla e ingresar de esta forma al interior del cuarto.
—Oh, Kakashi-sensei, Naruto-kun—la melódica voz de la joven que ambos habían ido a visitar los recibió apenas pusieron un pie dentro.
—Que bien, no te despertamos—exclamó el Hatake.
—Es mediodía, no puedo estar durmiendo—respondió ella cubriendo ligeramente su boca para reír.
—Luces bastante animada Hinata-chan—apuntó el blondo acercándose a la cama de la peliazul para extenderle la bolsa de papel.
—Gracias—discretamente echó un vistazo al interior y no pudo evitar sentirse contenta al descubrir un par de epítomes cuyos títulos averiguaría más tarde.
Con tanto tiempo libre, la lectura se volvía algo mejor que la medicina para su corazón.
Gracias a los libros, podía visitar mundos increíbles que jamás hubiera concebido por sí misma. Universos que la envolvían en sus ratos de soledad dando cobijo a su alma, y que, la ayudaban a olvidar su propia realidad por un breve momento. tenía un cariño especial por las obras que la habían acompañado en sus momentos más oscuros, las cuales guardaba cariñosamente en una parte de su habitación y que de vez en cuando tomaba para leer. Probablemente esa había sido una de las razones por las que había aceptado ayudar en el comité de la biblioteca de su escuela en primer lugar.
—Supongo que tu chequeo está yendo bien—soltó Kakashi mientras se paraba al otro lado de la cama. Con un movimiento ameno le entregó el ramo, el cual recibió un poco sorprendida por la elección del obsequio.
—Gracias Sensei—sonrió olisqueando el aroma de las flores. Se sintió un poco hipnotizada por la combinación de colores, pero extrañamente la hicieron sentir alegre—, y sobre eso, no puedo quejarme, el personal de este hospital es maravilloso como siempre.
Más tarde le pediría a Hanabi que las pusiera en agua cuando fuera a verla.
Su familia había estado turnándose para acompañarla todos los días. De hecho, Neji también había estado ahí más temprano, pero tuvo que irse tras recibir una breve llamada de su padre. En realidad, se sentía muy agradecida con sus gestos tan atentos. Siempre estaba siendo cuidada por las personas que la rodeaban y en aquella ocasión no era distinto. Nuevamente estaba recibiendo la calidez de todos ellos. Tanto su familia como sus amigos, incluso su profesor ahora estaba envuelto. Honestamente no quería ser una molestia para alguno de ellos, pero era imposible no tener algún efecto en este punto de su vida.
Quisiera eso o no.
—Ah, cierto, Sakura-chan también vendrá a verte mañana-ttebayo—Naruto se sentó en una de las sillas junto a la cama—. En realidad, también iba a venir hoy, pero su madre le pidió un favor de última hora.
—Hace mucho que no veo a Sakura-san—profirió—. Estoy deseando verla—la Haruno era una persona bastante amable, desde la primera vez que cruzaron palabras había tenido esa sensación sobre ella—. Además, tu brazo está mucho mejor.
—¿Huh? ¡Ah, sí!—levantó su diestra para mostrar la escayola que le cubría desde la muñeca hasta el codo—. Originalmente sólo debo llevar el yeso por tres semanas, pero yo digo que el hueso ya está casi curado—alardeó meciendo el brazo herido frente a su cara.
—Pero no servirá de nada si te confías y te hieres por eso, así que, trata de no sobrepasarte ¿sí? —pidió acomodando los regalos en la mesita junto al lecho.
—Descuida, no lo estoy haciendo—negó fuertemente con la cabeza—. Sakura-chan definitivamente me arrancaría las orejas si lo hiciera—murmuró con un leve escalofrío recorriendo su espina dorsal.
El sólo hecho de recordar como lo había obligado a comer esos almuerzos vitaminados durante los últimos días era suficiente para evitar cualquier comportamiento imprudente de su parte.
—De alguna forma, eso suena serio—musitó conteniendo la risa provocada por su reacción.
—No te burles-ttebayo—suplicó echando los hombros por delante un poco acomplejado—. No tienes idea de lo aterradora que ella puede ser…
—Lo siento—esbozó una sonrisa apenada.
—Escuché que te darían el alta antes de regresar a la escuela—Kakashi pasó las puntas de sus dedos por la tela del saco y fijó sus orbes negros sobre la figura de la muchacha.
Hinata lucía un poco más delgada de lo que recordaba. Su piel que siempre había resaltado por ser de un color lechoso, ahora se denotaba levemente traslúcida, casi como si pudieran ver las ramificaciones de los vasos sanguíneos bajo la epidermis. Quizás la falta de luz solar era la culpable. Aunque dado el clima de la época, no es como si ella pudiera dar paseos a la intemperie para recibir una buena dosis de vitamina D.
—Si todo va bien, sí. Podré volver a mi casa el sábado y descansar un poco antes de la ceremonia de entrada—se llevó una mano a la barbilla—, y si no es así, tendré que quedarme una semana más—levantó su índice y una curva se apareció por la orilla de su boca.
Naruto abrió un poco más sus ojos e inmediatamente los clavó en la expresión del profesor. No estaba demás mencionar que podían pasar perfectamente por un reflejo del otro justo en ese momento. A pesar de todo, no podían comprender cómo es que la chica frente a ellos era capaz de hablar tan tranquilamente de algo así.
Si ella se comportaba de esa manera, ¿Cómo podían evitar que el corazón se les partiera de la impotencia?
Era bastante injusto.
—Hinata-chan…
—¡Ah! Lo siento—sus manos se sacudieron frenéticamente hacia ellos—, no quise sonar de esa forma—negó—. Sólo intento centrar mis ideas—masculló sonrojándose—, el año pasado cogí una gripe horrible antes del alta y todo se fue por la borda—explicó.
—Bueno, no creo que este año ocurra lo mismo—aseveró el mayor.
—¡Exacto!— profirió el rubio levantando su mano sana—, hay que intentar ser positivos-ttebayo—una gota de sudor rodó por su sien—. Dicen que, si piensas cosas buenas, ellas vienen a ti. Así que trata de hacer eso, por ejemplo, cuando realmente quiero un buen tazón de ramen, lo deseó con todas mis fuerzas y en más de una ocasión me he encontrado un cupón de descuento en la cartera—sus palabras salieron con torpeza y presura.
Kakashi enarcó una ceja.
Hinata rio.
—Vale—su pequeño cuerpo se sacudió por las carcajadas que intentaba controlar—, trataré de desearlo como si estuviera pidiendo un buen tazón de ramen.
—Heh… no es el mejor ejemplo, ¿verdad? —sus ojos se entrecerraron, confiriéndole rasgos semejantes a los de un zorro apenado.
La voz de la Hyuuga siguió saliendo en risotadas bajas y armoniosas que llenaron la habitación. Un sonido que ahogaba el perene pitido de las maquinas a las que estaba conectada para monitorear su estado. Después de un par de segundos, carraspeó para recomponer su expresión tranquila.
Gracias al cielo, un poco de color había salpicado su cara, pensó el Hatake.
—Es verdad…—musitó el de cabellera gris tras un pensamiento fugaz que asaltó su mente.
—¿Huh?
—Ese niño…—comenzó—, él… ¿ha venido a verte?
Un silencio sepulcral reinó en la habitación.
Lo único que podía oírse, eran los monitores y tres respiraciones acompasadas. De ahí en fuera no hubo nada más.
Ambos hombres miraron a la fémina del grupo escrupulosamente. Esperando que iniciara una conversación, o al menos, el esbozo de una respuesta.
De algún modo, un aura fría la rodeó.
Hinata clavó sus perlas en la ventana. Dejó que las piedras preciosas de su cara divagaran en la lejanía del panorama. Sus dedos se aferraron inconscientemente a la tela de la sábana.
—No—contestó al fin.
Su voz se había vuelto frágil como el cristal.
—¿Qué estás diciendo-ttebayo?—Naruto parpadeó en repetidas ocasiones.
—Pero… yo supongo… que no le gusta estar en este tipo de lugares por mucho tiempo—se apresuró en aclarar al recordar brevemente cómo la había arrastrado fuera la noche del accidente. Sin embargo, no logró esconder la tristeza que la ausencia de su querido gato le había causado.
Sasuke no había cumplido su promesa.
No había llamado y tampoco había hecho amago de enviarle un mensaje. No es como si necesitara alguna especie de excusa por su falta, pero la ponía sumamente ansiosa el hecho de que él no hubiera dado ninguna señal desde la última vez que habían estado juntos. Las cosas que habían sucedido parecían ser sólo una ilusión debido a eso. Como si nunca hubieran pasado. Tal como una línea que era borrada y de la cual no quedaba rastro alguno de su existencia. Le preocupaba mucho haber imaginado los sucesos de esa noche. Ya que, de ser así, significaba que había perdido la cabeza por completo. Lo peor del caso es que no podía culpar a nadie más por eso; ella era quien había insistido en aferrarse a una persona que lucía como si fuera a desaparecer en cualquier momento.
Incluso, mucho más que ella misma.
—Eso…—el Hatake apretó los dientes poco después de dar el primer pinchazo al silencio—. Eso quizás sea mi culpa—bajó el rostro.
Incapaz de mirarla directamente.
—¿Kakashi-sensei?—Naruto no comprendió sus palabras.
Más bien, para ser precisos, dejó de entender la situación desde el momento en que la alegría se convirtió en tristeza.
—¿A qué se refiere?
Perla contra ónix.
—Bueno…—suspiró y tocó el reloj de su muñeca.
La cicatriz ardió como si la herida en ella se hubiera abierto nuevamente. Trató de concretar sus ideas antes de explicar las razones tras su afirmación. Después de todo, ciertamente debía tener algo que ver con esa ausencia por parte del Uchiha.
Luego de pensarlo concienzudamente por todo un día, había llegado a la conclusión de que la mejor forma de ayudar a su estudiante era haciendo las cosas en el orden correcto. Tras hacer par de llamadas a algunos de sus conocidos, logró conseguir que el menor fuera admitido en un programa de ayuda en la clínica de un antiguo compañero de la universidad que se especializaba en tratamientos para adolescentes. Dado que esa persona le debía algunos favores del pasado, el costo no sería un problema para Sasuke, quizás lo único difícil era convencerlo de aceptar la intervención.
O al menos, eso era lo que pensó que pasaría.
Mientras hablaba, las memorias de ese encuentro afloraron en su cabeza.
—Para ser honestos, justo ahora eres un gran foco rojo Sasuke.
—…
—Si hago la vista gorda, ni tu ni yo sabemos si ésta situación puede llegar a repetirse en el futuro y mucho menos si es que habrá alguien más involucrado.
—¿Qué intentas decir?
—Que, así como Naruto terminó envuelto, puede haber más afectados en el futuro.
—¿Estás diciendo que soy una bomba de tiempo?
—No, no creo que seas una bomba justo ahora. Pero…
—Puedo llegar a serlo… una bomba que herirá a otros cuando explote.
—Quizás me estoy equivocando, y probablemente sólo sea una exageración. Pero sé que puede pasar Sasuke, incluso cuando crees que ya lo has superado, ese monstruo vuelve a ti con mucha más fuerza que la primera vez y…
—Lo devora todo sin dejar nada.
—Sí…
—…
—Hyuuga lloró mucho la última vez.
—…
— Justo en este momento, no eres alguien que pueda hacerla feliz. Quizás no seas consciente de cuánto significas para ella y sé que no me creerás si te digo no es la única que se preocupa por ti. Pero, si realmente te importa deberías tratar de ser alguien que pueda pararse a su lado hasta el final.
—…
—Lamento decirlo de esta forma, sé que estoy cruzando la línea, pero no creo que me escuches si no lo digo así. Obviamente no puedo obligarte y también tengo mis propios límites, pero, si deseas convertirte en esa clase de persona. Una que puede mantener su cara alzada con orgullo. Entonces, yo haré todo lo posible para ayudarte.
—…
—¿Me dejarás hacerlo?
—Está bien.
—¿Qué?
—Dije que está bien, no me hagas repetirlo.
—Eres consciente que una vez que comience, no puedes echarte para atrás, ¿verdad?
—…
—No va ser nada sencillo, y es casi seguro que será molesto y problemático en el futuro, quizás quieras huir y olvidarte de todo otra vez. Aun así, ¿estás dispuesto a aceptarlo?
—No volveré a hacerlo.
—¿Huh?
—No voy a hacerla llorar de nuevo.
Aun ahora, le sorprendía la docilidad con la que el Uchiha había aceptado su trato. En otro tiempo hubiera sido absolutamente rechazado y seguramente hubiese tenido que ampararse en la mediación de un tercero. Sin embargo, algo le decía que Hinata había tenido mucho que ver con ese cambio de corazón.
Ella era la razón por la que él quería intentar avanzar hacia delante.
—No sabía que él evitaría verte debido a eso—cerró los ojos e inclinó su cuerpo.
—No… no se culpe—Hinata sacudió enérgicamente su cabeza—, no creo que sea por eso… él debe tener una buena razón para no venir.
—Sé que no servirá de nada que diga algo-ttebayo—interrumpió el Uzumaki, no podía quedarse al margen a pesar de todo—. Pero, no creo que el Teme sea tan amable—sus dos interlocutores respingaron ante las palabras que habían salido de sus labios, se cruzó de brazos y estrechó la mirada—. Quiero decir… él es esa clase de bastardo egoísta, ¿no?
Cierto, Sasuke no era tan considerado para hacer eso.
Hinata volvió el rostro hacia sus manos y las miró fijamente por un minuto completo. Inadvertidamente una sonrisa se comenzó a dibujar en sus labios. Cerró los ojos al tiempo que dejaba escapar una profunda exhalación.
Naruto tenía razón, el moreno nunca se había caracterizado por su comportamiento dulce. Además, tenía su promesa previa de no formar ninguna clase de burbuja protectora a su alrededor. Aun y cuando eso significara herirla en el proceso. Sasuke siempre había sido honesto en ese aspecto. No trataba de ocultar las partes dolorosas, y no evitaba que se enfrentara a ellas. Como si inconscientemente la preparara para los altibajos que la vida a veces ofrecía. Podía haber momentos difíciles, punzantes y tristes que sin duda te asfixiarían, sin embargo, también existían instantes de felicidad, honestidad y calidez que dejaban ver la belleza oculta dentro de los retorcidos corazones humanos. Nadie era perfecto, todos tenían uno o dos defectos que los hacían estar incompletos. Seguramente no había ninguna persona que no los tuviera, y aun así tenían la fortuna de vivir en el mismo mundo y el mismo tiempo.
Sí, algunas vidas nunca llegaban a coincidir, o sólo era por un segundo tan efímero que ni siquiera se podía tocar con los dedos o saborearlo con la lengua. Pero internamente eran como asteroides colisionando unos con otros. Una explosión, un roce, una caricia, no importaba realmente la magnitud del impacto, cada uno de ellos, dejaba una huella en lo profundo de su ser y quedaba grabado para siempre en su memoria. Incluso si no volvían a encontrarse en esa vida, jamás podrían borrar su pequeño infinito de la tela del tiempo. Girando, torciendo y repitiéndose incontables veces, como algo que permanece inmutable en las leyes naturales. Creaba un bucle sempiterno entre el pasado, presente y futuro que los unía más allá de la razón y la lógica de un mundo como el suyo. Los mecanismos de su destino habían estado moviéndose todo ese tiempo sin cesar, desde su primer encuentro aquella noche de lluvia, hasta ese instante que transcurría lentamente en medio de la incertidumbre. Los engranajes continuaban marcando el ritmo de una sinfonía en la que sus sonidos, únicos y hermosos, se separaban y unían, una y otra vez creando una melodía sublime en el universo. Era una rapsodia que sólo estaba compuesta, por y para, ellos.
Lo único que podía hacer ahora, era esperar pacientemente en ese lugar.
Sasuke iría hacia ella sin dudar.
Miró fijamente la fachada del edificio por quincuagésima vez seguida y, de nueva cuenta, bufó audiblemente mientras echaba los hombros por delante y su aliento creaba estelas de vapor por las bajas temperaturas. Estrechó su azabache mirada y no pudo sino simplemente pasar frustradamente la mano sana por sus despeinados cabellos brunos. Balanceó su peso de un pie a otro y mordió la comisura de su labio inferior mientras volvía a repetir el mismo ritual indeciso que llevaba realizando los últimos días delante del hospital. Hasta cierto punto encontraba ridícula su propia actuación, es decir, siempre había sido un descarado hijo de perra que hacía las cosas como le venían en gana y jamás se disculpaba por ello, pero, justo en ese momento era como si fuera una persona completamente diferente, una que no podía darse semejante lujo. Por una parte, su cabeza se llenaba de todos los recuerdos dolorosos que le habían brindado sitios como ese, por otra, su pecho se estrujaba con una extraña sensación de remordimiento que roñía sus costillas con cada respiro y finalmente, estaba la desesperada añoranza por esa mujer que había puesto su mundo de cabeza, la cual le carcomía las entrañas y el alma hasta orillarlo al punto de la locura.
Tan irónico.
Su antipatía, consciencia y deseo se peleaban por gobernar sus acciones y eso ocasionaba aquel escenario tan absurdo.
—Tch, mierda—gruñó metiendo las manos dentro de los bolsillos de su abrigo y pateaba un montón de nieve que se había acumulado cerca de la orilla de la banqueta. Miró desdeñoso el reloj que se alzaba en el obelisco del nosocomio y atinó a sacudir la cabeza mientras ingresaba de mala gana al interior.
Si continuaba de esa forma, la hora de visita volvería terminar sin que hubiera cruzado por la puerta.
No necesitaba acercarse a la recepción para conocer el camino que debía tomar. Hinata le había enviado un mensaje con todos los datos necesarios el día de su ingreso, y como ya había estado ahí con anterioridad, recordaba perfectamente cuál dirección tomar para poder llegar al piso donde se encontraba la muchacha. Le tomó menos tiempo del que pensó alcanzar las escaleras y no pudo resistir el impulso de resoplar conforme sus pies avanzaban por cada escalón. Con su mano sana tiró de la capucha de su sudadera para cubrirse el rostro lleno de curaciones. En realidad, no estaba cómodo con las miradas de las personas que iban y venían a su alrededor. Pero trató de no parecer errático o dubitativo como el primer día, no deseaba ser abordado por una enfermera como esa vez. Una parte de sí quería dar la media vuelta y marcharse a casa, no tenía por qué soportar todo eso sólo para ver a la Hyuuga por un periodo de tiempo limitado. Sin embargo, había una voz en su interior que lo confrontaba y le exigía ser más honesto, después de todo, la echaba de menos como un idiota, y también le recordaba la promesa que le había hecho de visitarla. Debía ser más conciso y no rayar en lo contradictorio con sus acciones. Definitivamente nunca imaginó lo difícil que sería ser honesto y fiel a sus verdaderos sentimientos.
Las malas mañas no morían tan rápido.
Sus pasos se detuvieron.
Dirigió sus ojos hacia la placa en la pared y una corriente eléctrica lo sacudió de pies a cabeza. Fue como si de pronto el tiempo comenzara a ir más lento. Los sonidos crearon una cacofonía que hacían que el resto de sus sentidos se concentraran en ese pequeño trozo de madera por interminables segundos.
Una vez que llegaba a ese punto, siempre pasaba lo mismo.
Se quedaba parado frente al lumbral del lugar que escondía aquello que era lo más valioso en su vida y que a pesar de su ansiedad por verla, no hallaba la fuerza suficiente en ningún lado para romper la distancia y obtener la cura que adormecería las punzadas de su pecho. Simplemente permanecía ahí, de pie, custodiando la entrada de ese solitario sitio hasta que eventualmente se marchaba de regreso a casa con la necesidad truncada.
Tan patético.
¿Por qué nunca le dijeron que estar enamorado podía volverte un reverendo imbécil?
Ni siquiera cuando vivía sólo esperando la muerte por sus acciones pasadas había sido tan cobarde. Es decir, su orgullo había estado intacto y no lo dejaba rebajarse hasta ese punto. Pero, de alguna forma en esa ocasión era imposible mantener cualquier atisbo de su vanidad. La verdad es que, podía cruzar esos dos metros en cualquier momento, más no lo hacía deliberadamente. Si se permitía llegar a ella así de fácil, terminaría sepultado por el arrepentimiento de todo lo que había hecho hasta el momento.
Kakashi tenía razón.
En su estado actual, era tan inestable como un líquido inflamable y sensible. No tenía la capacidad de responsabilizarse por todas sus decisiones y mucho menos garantizar la felicidad de la mujer que valientemente había tomado su mano para ofrecerle todo lo que ella era.
No podía enfrentarla.
Al menos no sin sentir una desconcertante vergüenza por lo infantil y superficial que había sido sobre la vida y otras cosas. Le había hecho tanto daño. Siempre tan egoísta, tan indiferente y ruin. Nunca se preocupó por ella lo suficiente, no hizo ningún esfuerzo por tratarla mejor y sólo dejó que cargara con las consecuencias de sus demonios aun a pesar de tener sus propios problemas a los que enfrentarse. Hinata se esforzó porque su amor fuera suficiente para llenar ambos espacios y él ni siquiera intentó poner su propio corazón en la línea. Lo único que hizo, fue aceptar todo sin tratar de regresar nada a cambio. No obstante, eso no estaba bien. No podía continuar siendo tan egocéntrico. Necesitaba ser una mejor persona, alguien cuyo valor no se midiera solo por las vanagloriadas promesas que cualquiera podría romper, necesitaba ser un hombre que fuera digno de estar a su lado. Sabía que nadie tenía porque decidir si sus acciones eran correctas o no, si lo merecía o no, pero de alguna forma deseaba ser reconocido como alguien capaz de hacerla feliz hasta el final.
Quería reírse amargamente por el flujo de sus propios pensamientos.
¿Desde cuándo se preocupaba por esas cosas?
Ah, mierda.
¿En qué momento había comenzado a desear la felicidad de Hinata?
Abrió los ojos como platos y se llevó la mano derecha hacia el rostro para cubrir parcialmente su expresión desconcertada. Sus mejillas se sonrojaron débilmente de manera involuntaria y la cabeza le dio vueltas por un segundo. Maldijo una y mil veces su mente por haber creado aquel tren de pensamientos.
Carajo, la amaba demasiado…
—¿Hoy tampoco entrarás? —respingó visiblemente al escuchar una voz aguda desde su costado derecho.
Giró velozmente medio cuerpo y sus ojos se encontraron con una mirada familiar y desconocida al mismo tiempo.
Perla contra ónix.
Se trataba de una pequeña chica, que desde luego era mucho más joven que él, por no mencionar que llevaba puesto el uniforme de una secundaria para chicas que había visto un par de veces en su camino al Instituto. La adolescente entrecerró sus orbes mientras ponía una mano en su cadera y con la otra se acomodaba una crin de su corto cabello castaño tras la oreja.
—¿…?
—¿Y bien Onii-san?—inquirió cruzándose de brazos—, ¿entraras o no al cuarto de mi hermana?—le lanzó una mirada desafiante y aprovechó para observarlo de pies a cabeza con minuciosidad.
Sasuke por su parte enarcó una ceja y hábilmente disimuló la sorpresa que lo había embargado al procesar esas palabras.
—¿Quién?
—¿Huh? ¿Mi hermana no te lo dijo?—masculló—, soy Hanabi Hyuuga—le extendió una mano—. Supongo que esta tendrá que ser nuestra presentación oficial, cu-ña-do.
Sasuke sintió sus pupilas contraerse.
Miró el rostro de la menor e inmediatamente miles de preguntas y alarmas se encendieron dentro de su cabeza.
Sin embargo, no correspondió su gesto para nada. Sólo se quedó parado sin mover su cuerpo ni siquiera un poco. Analizando meticulosamente las facciones de la castaña, encontró cierto parecido con Hinata. No sólo el color, sino también la forma de sus ojos era similar, la curva de sus labios era parecida también, aunque el semblante de su hermana era ligeramente más afilado. Por lo tanto, no cabía duda sobre la veracidad de sus palabras.
Definitivamente compartían la misma sangre.
Lo más intrigante de aquel inesperado encuentro, eran precisamente las palabras que acababa de pronunciar.
—¿Por qué tú…?
—Hace mucho que noté los cambios de Hinata-neesama—sonrió burlona bajando la mano—. O bien estaba comenzando a enloquecer, o había conocido a un hombre—explicó recordando vagamente el comportamiento de su consanguínea en los últimos meses.
Siendo honesta, a pesar de estar feliz porque su querida hermana luciera tan contenta, lo cierto es que le preocupaba la clase de tipo con el que se estaba relacionando. Nunca les dijo abiertamente que había conocido a alguien, pero si ponías atención serías capaz de notar el aura dulce que sólo las personas enamoradas desprendían. A veces lucía un poco apagada y deprimida, pero casi siempre superaba aquello luego de un par de segundos y de inmediato su alegría refulgía como un sol que iluminaba las sombras. No era extraño que comenzara a tener curiosidad por la persona que la hacía tener todas esas mezcolanzas de emociones, y naturalmente sentía la necesidad de evaluar la clase de chico que era apenas tuviera la oportunidad de conocerlo.
Pero, probablemente nunca hubiera podido imaginar un escenario similar al que se había encontrado días atrás.
Ese hombre que se plantaba frente a la puerta del cuarto para observarla por horas sin entrar todos los días desde que su hermana había sido admitida en el hospital, no era ni por asomo algo parecido a aquel que ella había dibujado en su cabeza. Primero creyó que simplemente era un familiar extraviado al topárselo un día mientras se dirigía a la habitación. No obstante, no se marchó de ahí y simplemente atinaba a vigilar la portezuela, como si esta fuera a abrirse por sí misma para jalarlo dentro, ya que aparentemente no podía hacerlo por sí mismo. Cada día, la distancia entre él y el trozo de madera pintando de blanco, disminuía de cinco a diez milímetros y ella por otro lado, perdía la paciencia a puños. A ese paso, su hermana sería dada de alta sin haberse encontrado con ese tipo que lucía tan desamparado y ansioso.
Así que decidió intervenir.
Sencillamente ya no podía seguir observando la situación tan unilateralmente. Le dejaba un mal sabor en la boca permitir ese comportamiento vacilante. Después de todo, Hinata parecía estar esperando por él todo ese tiempo. No soportaba verla tan triste a causa de ese chico. Aun si su hermana nunca mencionó el motivo de su aflicción, ella sabía que él era el origen de todo.
—Ustedes no se parecen—soltó el Uchiha estrechando su mirada.
Hanabi frunció el ceño.
—¿Qué estás insinuando con eso?
—Ella no es tan astuta—continuó—, es demasiado torpe para serlo—agregó suavemente.
La menor parpadeó un par de veces, en realidad no esperaba que él fuera a decir semejante cosa.
Al menos parecía conocerla.
—¿Lo es?
—Probablemente tú la conozcas mucho mejor que yo—puntualizó desviando la mirada hacia la puerta del cuarto.
Los lazos familiares eran realmente increíbles, después de todo, ellos podían conocer esas pequeñas partes que jamás le mostrarías a un extraño. Las caras que él nunca había visto, los tonos de voz que no sería capaz de escuchar y, por supuesto, las debilidades que sólo mostrabas ante aquellos con quienes compartías sangre, todo y cada uno de ellos, era lados que él sólo podía tratar de imaginar y, aun así, seguro que se quedaba corto.
—No lo creo…—si ese fuera el caso, Hinata le habría dicho todo por lo que estaba pasando y no tendría que estar aparentando saber cada detalle por su cuenta.
Pero ya era tarde para confesarlo. No le quedaba más opción que seguir adelante.
—…
—Aún no respondes mi pregunta Onii-san—insistió moviéndose para encararlo nuevamente—. ¿Vas a entrar a verla o no?— la capucha impidió que tuviera una mejor vista de su expresión.
El silencio reinó por un largo tiempo entre los dos.
La tensión se había expandido y era tan densa que si hubiesen querido, probablemente habrían podido cortarlas con las uñas.
—No.
Giró sobre la parte redonda de sus pies y emprendió el paso con firmeza en dirección a las escaleras para regresar por el camino que había hecho para llegar hasta allí.
Hanabi chistó la lengua.
—¡Ella…!—exclamó dando un paso al frente.
Sasuke se detuvo.
—…
—Ella está esperando por ti—apretó las manos al costado de su falda escolar. La impotencia le hervía en el estómago—. Hinata-neesama está esperándote—reiteró—. Todo este tiempo… sin moverse de ese lugar… tan sola… sigue esperando que vayas a verla—el morocho inclinó su cabeza apenas un poco para mirarla de soslayo a través de la orilla de la capucha—. Ella sería muy feliz—sintió sus ojos humedecerse—. Quiere verte…
Nunca había podido hacer nada por su hermana.
A pesar de ser su familia y haber estado a su lado toda su vida, nunca pudo retribuir todo lo que ella había hecho para ayudarla. Hinata siempre trató de hacerla sentir el amor de una figura materna desde la muerte de su madre. Incluso aparentaba ser fuerte luego de haber sido diagnosticada con la misma enfermedad que se había llevado a su progenitora. Probablemente nunca la escuchó quejarse por ese destino tan cruel e irónico. Al contrario, vivía cada día con tanta intensidad y gratitud que a veces se abrumaba por lo resplandeciente que lucía ante sus ojos. Una vez había leído que las estrellas más brillantes eran aquellas que estaban por extinguirse.
Así era ella.
Hinata era tan deslumbrante precisamente porque estaba desapareciendo.
—¿Crees… que realmente la haré feliz?—musitó girando completamente para encararla.
Se quitó el gorro con ambas manos y dejó expuestas las curaciones que tenía aquí y allá. Hanabi abrió los ojos como platos al notar el estado de su cuerpo. Incluso podía distinguir una ligera colación amarillenta en los moretones que estaban desapareciendo.
Siendo honesta, él lucía un poco aterrador.
Pero, de alguna forma su aura era distinta al de alguien peligroso. Como si una extraña calma melancólica lo rodeara.
Parecía una bestia con las garras rotas.
—¿No lo has visto ya por ti mismo?
El rostro sonriente de Hinata apareció en sus pensamientos.
Uno a uno, los recuerdos de la Hyuuga fueron flotando dentro de su cabeza. Aquella sutil expresión cálida que ella dibujaba cada vez que llegaba a casa, su risa baja, esa misma que soltaba cuando él discutía silenciosamente con Uchiwa por algún comportamiento mimado del felino, el dulce tarareo que pronunciaba mientras cepillaba su cabello cuando utilizaba su regazo para dormir o la danza tenue que hacía mientras cocinaba para la cena.
Siempre… siempre…
Hinata estaba sonriendo en sus memorias.
Ella nunca ocultó su felicidad.
Era tan transparente con sus sentimientos como un cristal. Su corazón quedaba expuesto todo el tiempo, dejando una invitación abierta para tomarlo en cualquier momento que deseara hacerlo. Desde el primer instante que se conocieron había sido así. Aun si salía lastimada, jamás vacilaba en ofrecerle su alma de la manera más pura e incondicional que en la vida hubiera visto en cualquier otro ser humano. Y no es porque no tuviese miedo, de hecho, era imposible que no lo sintiera, era algo natural, como un reflejo innato por la preservación, y Hinata no debía ser una excepción a esta regla del universo. Probablemente siempre estaba aterrada. Pero sólo aquellos que conocían esa sensación podían ser realmente valientes al atreverse a dar semejante salto de fe aun y cuando sabían las consecuencias que podían enfrentar al final de todo. En ese aspecto, Hinata era mucho más fuerte que él. Quizás nunca tuvo una oportunidad de resistirse, casi podía asegurar que estaba destinado a caer en ese amor tan profundo incluso antes de nacer.
Su encuentro siempre fue algo inevitable.
Sin importar nada ni nadie, debían hallarse el uno al otro a pesar de todo el caos que los rodeaba. Como si el hilo rojo en su dedo hubiera estado enroscándose hasta acortar la distancia que los separaba. De alguna forma, lo más irritante de todo eso, era el hecho de que él no había sido el primero en entenderlo.
Tal vez debería aprender a ser un poco más como ella.
Tenía que dejar de huir.
La nieve había comenzado a caer de nuevo. Uno a uno, lo copos se dispersaban grácilmente y se estrellaban sobre las superficies de afuera. Los copos caían y se acumulaban diligentemente. Se preguntó cómo era posible que un espectáculo tan hermoso, la hiciera sentir tan triste. Y comprendió que quizás estaba reflejando sus propios sentimientos en una imagen abstracta, sus sentimientos también estaban cayendo en el fondo de su corazón. Caían y se acumulaban como partículas que volvían pesado el interior de su pecho. La verdad es que no podía ser tan fuerte como pretendía. Sentía que se estaba ahogando. No obstante, se aferraba desesperadamente a la idea de que todo su esfuerzo no era en vano. No podía serlo. Y quizás era demasiado ingenua, pero no planeaba retroceder después de haber llegado tan lejos. Jamás se arrepentiría de sus decisiones, buenas o malas, eran suyas y sólo suyas, nadie más había decidido por ella. Con su propia fuerza, con sus propios pies, ella había intentado atrapar la felicidad por sí mima.
Y eso no se lo podían arrebatar.
Aun si estaba destinada a morir, nadie podría negar nunca que ella había hecho su mejor esfuerzo.
Sonrió rota.
Sí, había hecho lo mejor…
Pero, a pesar de ello, ¿por qué seguía estando sola? ¿Por qué seguía separándose de lo que más anhelaba? ¿Por qué era tan difícil hacer que Sasuke la quisiera como ella a él? Honestamente estaba llegando al límite, ya no podía seguir cruzando líneas y muros que su querido gato creaba para mantenerla alejada. El tiempo se le estaba agotando y aún no era capaz de hacer que su amor fuera correspondido. Sí, quizás él le había dejado en claro que ella estaba dentro de su corazón, sin embargo, ella se volvía cada día un poco más ambiciosa. Deseaba que él le dijera lo mucho que la amaba. No era suficiente con sólo saberlo, necesitaba escucharlo. Era tan frustrante amar a alguien que era como un gato. Después de todo, jamás sería honesto, él siempre sería esquivo, y probablemente no lograría que expresara abiertamente lo que realmente tenía en su corazón.
Él nunca diría las palabras que tanto esperaba escuchar.
Suspiró audiblemente y cerró los ojos con fuerza. Recargó la cabeza contra la almohada y dejó que el sonido de la máquina de signos tranquilizara sus pensamientos.
Estaba volviéndose demasiado ansiosa.
Comenzaba a odiarlo.
Escuchó el sonido de la puerta al abrirse y pensó para sí que Hanabi había tardado más de lo normal en llegar. Después de todo, usualmente la menor se iba directamente al hospital después de asistir a su práctica y hacía un buen rato que Naruto y Kakashi se habían ido. Recordó las flores que el profesor le había obsequiado y se enderezó para coger el ramo de la mesita.
—Me alegra que llegaras, ¿podrías poner esto en agua por…?—exclamó girando la cabeza parsimoniosamente—,… favor.
Abrió sus ojos de par a par.
Ónix contra perla.
Una corriente eléctrica sacudió todo su cuerpo de pies a cabeza violentamente y la respiración se le cortó apenas distinguió esas facciones tan filosas que podría observar por horas y no cansarse de ellas.
Hacia tanto tiempo que no veía su rostro.
Quizás, no eran tantos días, pero para ella había sido como si cada segundo fuera un siglo tras otro. Volvió el rostro hacia su regazo y un picor extraño le atacó el pecho. Apretó los labios en una línea recta casi perfecta y sus manos se crisparon sobre la sabana que cubría sus piernas. Los pitidos de la maquina se incrementaron y trató de calmarse antes de que la alarma sonara.
Sasuke por otro lado permaneció estático sobre sus pies. Probablemente esa era la mayor distancia que podía recorrer llegados a este punto. Pero, eso también sería una mentira. En realidad, estaba luchando fuertemente contra el impulso de cruzar los dos metros y medio que los separaban para estrujarla entre sus brazos. Nunca pensó que la había echado tanto de menos hasta ese momento.
Su ceño se arrugó.
—Sasuke…—un escalofrío le recorrió la espina dorsal al escuchar cómo pronunciaba su nombre. Su mano sana se cerró.
—…
—Ha… ha sido un tiempo—saludó torpemente mientras intentaba formar una sonrisa.
No funcionó.
—Tú…—comenzó él, pero la garganta se le había resecado y no pudo dejar salir su voz como quería. La tenue luz del lugar hacia que la piel de Hinata luciera aún más pálida y pese a ello, podía notar un par de círculos negros bajo sus ojos.
El remordimiento lo atacó.
Hinata Hyuuga era tan frágil.
Todo ese tiempo había estado haciendo que alguien como ella se esforzara demasiado por una persona tan egoísta como él. Aun y cuando ella tenía que soportar todos los estragos de su enfermedad, cuando debía estar conectada a todos esos cables que monitoreaban su estado, y aún si ella luchaba por no mostrar su propia debilidad a pesar de ser prácticamente imposible en esa situación, aun así, ella seguía insistiendo en mostrarle la felicidad que le causaba su presencia.
Ella era tan tonta.
¿Por qué no le reprochaba nada?
Quizás, sería más fácil acercarse a ella si actuara de esa manera.
—Ah, lo siento—pronunció llevándose una mano al cabello para acomodarlo detrás de su oreja. Sus mejillas se sonrojaron levemente—. Probablemente sea un poco incómodo para ti verme así—sonrió, pero, por primera vez sus ojos no lo hicieron también. Su corazón dolió—. De haber sabido que vendrías habría intentado verme un poco más… bonita—su voz se apagó y sus orbes de abrieron tanto como fue posible al notar como una cortina húmeda le nublaba la vista—. ¿Eh?... ¿Qué… es…?—se tocó la comisura de los parpados y distinguió las incesantes lagrimas que abandonaban sus cuencas.
¿Por qué había comenzado a llorar?
—¡…!—el moreno respingó y cruzó el abismo que los separaba automáticamente al ver el llanto de la joven, no obstante paró apenas unos centímetros antes de tocar su cabeza.
¿Tenía derecho a tocarla a pesar de ser el motivo de sus lágrimas?
Mierda.
—Lo… lo siento—hipó restregando la base de sus palmas contra su rostro en un vano intento de frenar el llanto—, lo siento… lo… siento…
Estaba tan abrumada, justo ahora, su corazón parecía estar rompiéndose en dos.
De un momento a otro fue consciente de la auténtica diferencia entre ellos. Aquella por la cual, en realidad, era prácticamente imposible que alguna vez estuvieran en la misma frecuencia. Ella no podía seguir viviendo sin él, pero él no. Sasuke no la necesitaba para continuar viviendo en un mundo que la dejaría atrás.
Él podía seguir adelante.
Sin importar cuántas mentiras formulara para ocultar ese horrible sentimiento, lo cierto era que estaba totalmente celosa del Uchiha. Envidiaba el mar infinito de posibilidades que su querido gato poseía en su futuro. Un futuro en el que ella no estaba contemplada. Su destino era marchitarse en un lugar como ese: El desolado y frío cuarto de un hospital. Las maquinas jamás se volverían cálidas, y quizás lo último que escucharía sería ese estoico sonido que pitaba en sus tímpanos midiendo el largo de su vida despiadadamente.
—Deja de llorar…—su voz rozó la indiferencia, pero al mismo tiempo, fue una súplica desesperada.
—Lo… siento… lo siento—pronunció aletargada escondiendo su rostro entre las palmas de sus manos—. Es sólo… que… tenía… tantas ganas de verte…—confesó. A pesar de la putrefacta sensación que se anidaba en su alma, eso no era falso—. Pensé que moriría—Sasuke chasqueó la lengua ante sus palabras. Odiaba escucharla decir algo como eso.
—Eres… tan… estúpida—gruñó y sintió como el centro de su cuerpo hervía descontroladamente.
Estaba comenzando a sofocarse.
—Lo sien…
La abrazó.
Sus ojos casi salen disparados y los lagrimones borbotaron en la comisura de sus parpados inferiores. Su nariz chocó contra la parte interna del hombro del moreno y algunos de sus mechones crespos le rozaron la mejilla cuando él la envolvió posesivamente entre sus brazos. Su mano sana se perdió entre la melena azulada de su nuca y con la otra maniobró para aferrarse a la parte trasera de su cintura a pesar del yeso. Sintió que la intravenosa de su brazo izquierdo punzaba y luego algo húmedo corrió por el filo de su extremidad. Gracias a la delgadez de la tela de su bata, pudo distinguir perfectamente el calor del cuerpo ajeno y entrecerró su mirada al aspirar profundamente ese agradable olor que él desprendía. Dudo por un segundo el corresponder sus acciones, pero casi de inmediato se rindió ante ese pensamiento. Aún si era sólo un sueño más, o si simplemente estaba sucumbiendo a la locura…
Aceptaría ese pequeño trozo de felicidad.
—Tú eres realmente irritante—susurró contra su coronilla.
Ah, era tan pequeña.
—…—apretó la tela del abrigo que le cubría la espalda a su querido gato.
El pelinegro movió la cabeza para pegarse un poco más a ella e inconscientemente terminó hundiendo el rostro en hueco entre el cuello y hombro de la joven.
Ese punto era el más cálido de todos.
—Deberías enojarte—espetó cerrando sus orbes negros y dirigió su nariz al arcó de su cuello lentamente—. Sé más egoísta—su voz acarició las últimas palabras—. Deberías odiarme…—se apartó de ella casi a regañadientes y clavó sus penetrantes ojos en las facciones dulces de la Hyuuga.
Acunó su mejilla y con una expresión complicada de describir para cualquier ser humano limpió el resto de sus lágrimas.
—Eso es imposible—soltó sin siquiera dudarlo.
El universo podría haber nacido con esa simple mirada, pensó.
Automáticamente, torció una sonrisa.
—Tú eres imposible—musitó acariciando el borde de sus labios.
La besó.
La besó largo y tendido, sin prisa y sin ninguna restricción. La besó como si fuera la última vez que probaría sus labios. La besó como si estuviera diciendo hola y adiós en la misma oración.
Simplemente la besó con amor.
—Te amo—articuló la ojiperla cuando el chico soltó su boca por un momento para recuperar el aire que faltaba en sus pulmones. Sintió que, si no lo decía en ese momento, después sonaría como una oración burda y vacía.
Sasuke la observó.
Suspiró audiblemente y dejó caer su frente contra la de ella en un acto de total resignación.
Suficiente.
Ya no lo aguantaría.
—Lo sé—murmuró restregando sutilmente sus cabezas.
Ella se quedó quieta. Él estaba actuando más dulce de lo normal. Quizás eso no era buena señal.
Por alguna razón, su pecho ardió horriblemente.
—¿Está bien?—utilizó la poca valentía que le quedaba para coger la mano con la que el muchacho le tocaba el rostro.
Era tan cálido que quiso grabarlo para siempre en sus memorias.
—¿…?—presionó la mano ajena para sentirla más de cerca y poco después volvió a clavar sus perlas en él.
La sangre inundó sus mejillas y el brillo de sus pupilas fue tan inusual que le hizo pensar lo hermosa que se veía en ese momento.
Hinata era preciosa.
—¿Está bien… ser… tan feliz?—cuestionó al fin.
Sasuke respingó.
¿En serio estaba preguntando eso?
Quiso reírse amargamente. Nuevamente estaba sobrevalorando la fuerza de Hinata. Ella era más humana de lo que había pensado hasta el momento. Al igual que él, ella también se ponía ansiosa por ser digno de las cosas buenas que sucedían en su vida. Ella también estaba asustada, también usaba una máscara para cubrir sus cicatrices y, sobre todo, también quería darle un sentido a su propia existencia más allá de todo. Quería volverse un hombre digno de ella tan pronto como fuera posible.
No volvería a soltar su mano, jamás.
Más allá de la felicidad, lo que en verdad deseaban… era tiempo.
Tiempo para demostrar que ambos se merecían el uno al otro. Que a pesar de los altos y bajos desde la primera vez que se habían cruzado, no era un encuentro destinado al fracaso y la fatalidad. Nunca creyó en dioses ni nada parecido, pero, si es que había alguno allá afuera que pudiera escucharlo, aunque fuera sólo un acto de misericordia egoísta, rogaba desde lo más profundo de su corazón, y con toda la sinceridad de su cuerpo, que, si era posible, ellos pudieran quedarse juntos para siempre.
—¿No puedes hacer que ella se quede, Nii-san?— pensó desesperadamente mientras volvía a fundir sus bocas en un beso voraz.
—Sasuke…—jadeó cuando él la liberó para besar otras partes de su rostro.
Mejillas, nariz, sienes, parpados y por último su frente.
—Escucha—masculló contra su epidermis—. Lo que voy a decir, no volveré a repetirlo a menos de que hagas todo lo posible para quedarte—exclamó bajando su rostro para mirarla directamente y que, de este modo, no quedara ninguna apertura para la duda.
—¿Huh?
—Te amo…
Ella la única de la cual no quería despedirse.
No la dejaría irse tan fácilmente.
El infinito podía comenzar justo en ese momento para los dos. Se aseguraría de amarla tan profundamente que, de no ser escuchado, sin lugar a dudas, la encontraría rápidamente en la siguiente vida.
Se quedaría junto a ella hasta el final.
.
Entonces comprendí que solamente podrías ser tú.
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.-*+*-.
Continuará
'-+*+-´
.
Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews, Follows, y Favs. Me alegra saber que les gusta esta historia, en serio. Lamento los errores, trataré de corregirlos.
En realidad, la historia se iba a acabar originalmente en este episodio, pero, creo que aún falta por contar algunas cosas, así que lo extenderé sólo un poco más, pero sin lugar a dudas, el final ya está muy cerca. Así que agradezco a los que han estado fielmente conmigo, que sé, soy una muy mala persona por tardar tanto, pero no saben lo importante que es para mí su amor por ésta y mis otras historias.
Muchas gracias.
*Universidad de Heidelberg: La Universidad Ruprecht Karl de Heidelberg (en alemán: Ruprecht-Karls-Universität Heidelberg; también conocida simplemente Universidad de Heidelberg), la más antigua de las alemanas, se creó en el año 1386 en la ciudad de Heidelberg, Baden-Wurtemberg.
#YoMeQuedoEnCasa
Sin más por el momento. Esperaré ansiosa sus comentarios.
Akari se despide.
Yanne!
